Abraza la manada
23
La última fuerza
Tercera parte
Los heridos tardaron en llegar y eso a Candy le pareció una buena señal o, al menos, eso fue lo que dijo a sus cuatro ayudantes, pues sólo estaban ellos ya que Sofía había sido llamada a pelear también. Sin embargo, sabía que no debía confiarse, pues las heridas de los cambiantes que tenía en ese momento no eran leves.
Candy empezó a ordenar a sus cuatro asistentes qué debían hacer, buscar y hacia dónde moverse para no estorbar el paso y no perder el tiempo. Los chicos estaban nerviosos, pero obedecían lo mejor que podían.
—¡Abran paso! —gritó Jess desde la puerta de la enfermería algunas horas después. Llevaba a Louis, su hermano mayor, arrastrando.
Los presentes en la enfermería despejaron una cama y ayudaron a Jess a cargar a su hermano que, con una mano cubriéndose el ojo, se dejó mover por los adolescentes.
—¡Su ojo! —informó Jess a Candy, quien ya había detectado la herida.
Louis había recibido un zarpazo limpio en la cara por parte de uno de los cambiantes que tenían plata en las garras, lo que había causado que esta traspasara la retina y le marcara buena parte de la cara. La hemorragia era escandalosa y la sangre goteaba hasta el pecho de Louis, donde tenía otra herida.
Los cristales vibraron otra vez y los adolescentes gritaron, asustados por lo cerca que habían percibido el ruido.
—¡Mantengan la calma! —ordenó Candy, pero ya los tres estaban corriendo hacia la ventana para ver lo que ocurría, sólo Jess seguía al lado de su hermano.
—¡Fuego! —gritó uno de ellos y todos voltearon hacia afuera.
Las llamas consumían las copas de los árboles y el entorno se volvió naranja. Los cambiantes que convalecían en la enfermería se levantaron y vieron lo que ocurría con el bosque.
—Nos necesitan allá afuera —dijo una de ellos a Candy. Apenas podía caminar, pero no se quedaría de brazos cruzados.
Los demás asintieron y empezaron a salir de la enfermería. Tras cruzar la puerta, se transformaron y buscaron una manera de contener el fuego. Sólo Louis se quedó con ellos porque no podía ver nada.
—Jess, desinfecta la herida —ordenó Candy, sin perder la calma— Louis, recuéstate.
El cambiante obedeció y Candy fue hasta los tres adolescentes que, presas del pánico, no podían apartar la mirada del fuego.
—¡Escúchenme bien! —exclamó Candy llamando su atención y los chicos la miraron de inmediato—. Prometieron obedecer y es justo lo que harán ahora. Vayan con los cachorros y los demás. —Tomó la mano de uno y la apretó con demasiada fuerza, pero necesitaba traerlos a la realidad—. Abran el túnel y váyanse de inmediato. Bill tiene la ruta que deben seguir una vez que salgan.
—¡No, Candy! —chilló una de las adolescentes.
—Avisaré a una patrulla para que los alcance y los proteja, pero por ahora, ustedes, los mayores, deben cuidar a los niños —agregó sin hacer caso a la angustia de los chicos para no caer ella misma en ese callejón sin salida.
—Yo iré detrás —intervino Louis—. Candy tiene razón, ustedes pueden proteger a los cachorros.
—Curaré rápido la herida de Louis y él los alcanzará, pero deben darse prisa y no perder más tiempo —ordenó sacándolos de la enfermería—. Jess los alcanzará en un momento.
Los tres chicos obedecieron y corrieron escaleras arriba para reunirse con los cachorros. Candy quitó de las manos de Jess el líquido y el algodón que usaba para desinfectar porque le temblaban las manos. Louis intentaba no quejarse, pero la retina era una parte sensible y emitió un gruñido.
—Hay que buscar a Elizabeth —dijo Candy mientras limpiaba el ojo de Louis, pero la hemorragia aumentó y ella dejó escapar una maldición—. ¡Gasas! —pidió a Jess.
—¡Ya no hay!
—¡Rápido, una toalla! —gritó señalando el estante y Jess corrió a darle lo que pedía.
Puso la toalla en el rostro de Louis y buscó con la mirada qué necesitaría para suturar, pero no había nada. Todo se había acabado.
—Necesitamos ir a la bodega por suministros —dijo a Jess—. Quédate con él y no dejes de hacer presión. —La joven asintió—. Evita que se duerma —añadió por lo bajo.
Candy salió corriendo de la enfermería, directo a la bodega que estaba cerca de la cocina y de la puerta trasera. Tomó una caja y empezó a meter todo lo que necesitaba.
—Candy…
La enfermera gritó.
—¡Jess! ¿Qué haces aquí? Te dije que te quedaras con tu hermano.
—Lo sé, pero él…. Me dijo que no te dejara sola —contestó la niña, contrariada por no saber a quién obedecer primero.
—Ayúdame, entonces —dijo Candy, sabiendo que entre más rápido tomaran los suministros, más pronto volverían.
Candy tosió y, llevándose una mano a la boca, buscó el origen de aquello que le picaba la garganta. ¡El humo! Pensó de inmediato, y se apresuró todavía más a salir de la bodega para poder sacar a los cachorros de la casa.
Un grito de terror surgió del cuerpo de Jess y luego se oyó un golpe sordo. Candy corrió en dirección a la chica y se arrodilló ante ella tan pronto como la vio inconsciente en el piso. Sin embargo, no tuvo tiempo de revisarla, pues una sombra se cernió sobre ella y la obligó a levantar la mirada.
Sintió la fuerza abandonar su cuerpo y cómo el miedo la consumía, impidiéndole mover las extremidades.
—Jefa Candy —dijo Aquiles en tono burlón, haciendo un asentimiento de cabeza lleno de ironía y superioridad.
—¿Cómo entraste? —preguntó Candy.
—Por la puerta —dijo señalando con su índice—, después de la explosión, desde luego.
Candy retrocedió y se incorporó para no ver desde abajo a Aquiles, dio otro par de pasos hacia atrás y chocó contra algo duro. Unas fuertes manos se enterraron en sus brazos y la sujetaron con fuerza. No necesitaba voltear para saber que se trataba de Héctor.
—¡Mira a quién tenemos aquí! —dijo en el mismo tono burlón de su hermano, pero cerca de su oreja—. Nuestra anfitriona favorita.
Candy movió la cabeza hacia un lado para evitar que el aliento de Héctor la tocara, pero la tomó de la mandíbula y empujó su cara hacia él.
Sabía que no podía pelear, tampoco serviría de nada gritarle que la soltara porque no lo haría. También sabía que ambos estaban ahí únicamente por ella, de lo contrario ya tendrían a los cachorros y su deber era alejarlos de ellos.
Ahogó sus quejas y lágrimas y miró de frente a Aquiles.
—Anthony los matará —amenazó.
Éste se acercó a ella y sin decir palabra alguna, le hizo una seña a su hermano para salir de ahí.
—Ya veremos —se mofó mientras caminaba.
—¿Quieres que le saquemos a esta cómo escapó su compañero? —preguntó Héctor.
—No, tengo una idea de qué pasó y quién lo ayudó. Me las pagará al volver.
Héctor la arrastró por el pasillo que llevaba a la cocina y la arrojó hacia el exterior, haciendo que Candy cayera sobre sus rodillas. Ella se levantó deprisa y en un desesperado intento, empezó a correr, pero pocos metros después, Héctor le dio alcance y la sujetó del brazo con violencia.
—¡Suéltame, maldito! —gritó con desesperación y haciendo todo intento por zafarse.
—¡Cierra la boca si no quieres morir de una vez! —gritó Héctor levantando una mano para golpearla, pero detuvo su movimiento en el aire.
—¡Vámonos! —le dijo Aquiles, quien de inmediato adoptó su forma de lobo y empezó a avanzar. Era un enorme lobo negro con una mancha gris en la punta de la cola.
Candy forcejeó un poco más. Ya no le importaba que fuera un movimiento imprudente, su instinto de supervivencia le gritaba que buscara la manera de escapar y ella lo intentaría.
—¡Me estás hartando, maldita perra! —gritó Héctor arrojándola nuevamente sobre la tierra.
Candy se tropezó con su propio pie y apenas pudo meter las manos. Se arrastró unos metros en la nieve que ya cubría el suelo y volteó su cuerpo para no darle la espalda a Héctor que, como buen cazador, disfrutaba de asustarla y la seguía con paso lento.
—¿Por qué no me matas de una vez? —lo retó Candy.
Héctor rio a carcajadas.
—¿Eso quieres? —dijo acercándose a ella. Se inclinó y la tomó del cuello, levantándola como si no pesara nada. Candy se sujetó a la mano que la asfixiaba y pataleó, pero no podía zafarse. Sus uñas se enterraron en las manos de Héctor, pero no le hacían ningún daño.
—No te mataré, no todavía —dijo aflojando el agarre de su cuello. Candy tosió—. Primero quiero… —La olió—. Quería estrenarte, pero veo que no perdiste el tiempo con tu compañero.
Lo que hizo a continuación, terminó de aterrar a Candy. Héctor la sujetó de la cara y hundió su rostro en su cuello, frotando su nariz contra ella, después le lamió la mejilla y sonrió al ver cómo ella se retorcía, presa del asco y el pánico.
"¡Anthony!" pensó cuando Héctor la sostenía unos centímetros arriba del suelo y la volvía a arrojar al piso. Se golpeó el brazo y no dudó en que se lo había fracturado, pues el dolor era insoportable. Las lágrimas inundaron sus ojos y se limpió el rostro con fuerza.
—Te mataré, eventualmente lo haré, pero primero debo quebrar a tu compañero y la única manera de hacerlo es mostrándole cómo te cojo hasta romperte. Cuando él suplique, cuando se doblegue, entonces puede que te mate.
Héctor la levantó con violencia del piso y la arrastró por el bosque, siguiendo a su hermano, quien no los perdía de vista, pero no intervenía.
—Tenemos un problema —dijo Héctor a Aquiles. —Completaron el vínculo.
—Le diré a padre. No la sueltes y no te apresures —ordenó Aquiles.
Héctor sujetó a Candy del brazo que se había lesionado y tiró de ella en medio del bosque hasta llegar a un alejado claro, lejos de la pelea.
Candy oía cómo ambas manadas se enfrentaban y aunque tenía ganas de gritar, supo que no la escucharían, aunque tuvieran una aguda audición.
"¡Anthony, ayúdame por favor!" Suplicó en su mente mientras Héctor jalaba de ella.
Aquiles se detuvo en medio del claro y pareció olfatear el aire, pero Candy sabía que su sentido estaba atrofiado, así que no sabía lo que hacía.
—Padre, tenemos a su compañera y… Héctor dice que completaron el vínculo.
—No importa. —Aquiles oyó la voz de su padre en su cabeza—. No la lastimen hasta que lo guíe hacia su posición. Tomó mi casa para volver con su compañera, veamos qué hace sin ella.
Héctor empujó a Candy al centro del claro y ella hizo lo posible por no volver a caerse. Se mantuvo de pie y sintió que algo le rozaba la espalda baja. Abrió los ojos, sorprendida por su suerte y se llevó la mano a la espalda para verificar que el arma seguía en su poder. La sacó de inmediato y tras quitar el seguro apuntó en dirección a Héctor, el cambiante que tanto daño había infringido a Anthony y que pretendía abusar de ella.
El arma estaba tan fría, como sus manos, que tuvo miedo de fallar, pero no podía darse el lujo de dudar. Héctor la miró, sorprendido por su acción y dio un paso al frente. El miserable no huía y la retaba a disparar. Candy puso el dedo en el gatillo y presionó…
Un fuerte golpe la empujó desde el costado y la tiró al suelo. La bala se desvió y se enterró en el tronco de un árbol, el arma escapó de sus manos y fue a dar varios metros lejos de ella.
Desorientada y adolorida, Candy buscó la fuerza que la había empujado y se topó con el enorme lobo negro de Aquiles. Él gruñó y ella dio un paso atrás.
Héctor se transformó en el acto. Su lobo también era negro, completamente negro. Se pavoneó frente a ella y después de lanzarle una amenaza en forma de gruñido se situó al lado de su hermano.
—Contrólate —ordenó Aquiles.
"Lección número uno en combate, nunca le des la espalda a un lobo" recordó Candy y, encaró a ambos lobos. "Y nunca, nunca pierdas estabilidad" miró al suelo y enterró los pies en la tierra, se irguió tanto como pudo y se movió en cuanto Aquiles y Héctor lo hicieron en torno a ella, asechándola.
Ninguno de los dos la atacó, pero Candy no podía huir, no había manera de que saliera viva de esa cacería en la que ella era la presa.
De pronto, ambos lobos hicieron una reverencia en su dirección y Candy dio un paso atrás, sin saber qué ocurría. Pero la respuesta llegó en forma de gruñido a sus espaldas. Volteó y tuvo que levantar la cabeza para observar a un lobo todavía más grande que Aquiles y Héctor de un intenso y oscuro color negro, cuyos potentes ojos ámbar parecían lanzar fuego. Era Rodrick.
El lobo saltó sobre ella y aterrizó frente a sus hijos, quienes de inmediato rodearon a Candy en medio de gruñidos y lanzando mordidas al aire.
Estaba en medio de los tres Bennett y no tenía manera de darle la cara a uno sin prestarle la espalda a otro.
"¡Anthony!" Repitió su mente cuando sintió el aliento de uno de los tres lobos en su cuello.
*C & A*
Anthony y Gabriel se deshicieron de los tres atacantes y hubieran querido avanzar en busca de los Bennett, pero el fuego cambió sus planes y se desviaron hacia el sur para controlarlo.
Tras correr unos metros, una cambiante lo enlazó para decirle que se estaban ocupando del fuego, pero que necesitaban ayuda. Anthony detuvo su paso y se comunicó con Víctor.
—Yo me encargo —dijo su tío en medio de su lucha y organizó a su patrulla para desviarse al sur y contener el incendio.
La rabia del momento y los recuerdos del pasado lo hicieron correr como nunca antes y rebasando a su propia patrulla llegó primero a la zona incendiada. El fuego consumía los árboles y el humo negro se formó con rapidez. Sabía que si no lo controlaban pronto, la nube negra llamaría la atención de los humanos y era un problema que debía evitar.
*C & A*
Al saber que Víctor se encargaba del incendio, Anthony y Gabriel reanudaron su búsqueda de Rodrick. Volvieron sobre sus pasos y olfatearon.
—Dividámonos —dijo a Gabriel y le señaló el camino de su izquierda para que avanzara, mientras él iba en dirección opuesta. Su olfato le decía que estaba cerca, muy cerca pero no podía verlo todavía. El bosque era espeso y ni siquiera los destellos del incendio iluminaban esa zona.
Anthony decidió intentarlo una vez más. Volvió a su forma humana y gritó:
—¡Rodrick! —Miró en todas direcciones— ¡No tienes a dónde volver! ¡Tu guarida es mía! ¡Tu casa es mía! ¡Tu manada es mía! ¡Ataca!
Lo escuchó, estaba cerca, sentía su mirada encima de él y volvió a transformarse. Su olor ahora era mucho más fresco y perceptible. Se movió en dirección al olor y oyó claramente, a pesar de su sigilo, cómo Rodrick corría entre los árboles.
No había tiempo que perder.
Anthony echó a correr detrás de él sin avisarle a Gabriel y tras seguirlo por un par de kilómetros, solo gracias al olfato, pudo verlo moverse entre la naturaleza. Su lobo era tan negro que se confundía con la noche, pero esa noche los sentidos de Anthony estaban más que desarrollados.
Estaba tan cerca de atraparlo. Solo debía acelerar su paso y…
"¡Anthony!" Escuchó cómo lo llamaban y se concentró en identificar la voz, después se oyó un disparo y su corazón se aceleró. Detuvo su carrera de golpe.
"¡Candy!"
Lo supo de inmediato y por un instante, pensó que su cuerpo flaquearía, pero no, no podía darse por vencido en el momento en que Candy más lo necesitaba.
Concentró todos sus sentidos para saber dónde estaba. Ahuyentó el ruido de la pelea, concentró su olfato para buscar su aroma, mismo que podía detectar a metros de distancia y, al parecer, el aire decidió ayudarlo, pues una brisa sopló en la misma dirección que se había escuchado el disparo.
"No, por favor" suplicó al darse cuenta que era la misma dirección en que Rodrick se movía.
Corrió. Corrió como nunca lo había hecho. Forzó a su cuerpo a moverse y aunque había peleado toda la noche no se sentía cansado, al contrario, la ira hervía en su cuerpo y lo ayudaba a seguir.
Llegó a otro claro cubierto de nieve y rodeado de árboles intactos.
¡Candy estaba ahí! Rodeada por tres lobos negros que solo lo estaban esperando a él para hacerle más daño. Rodrick estaba más cerca de ella, la olfateaba por detrás y entreabría el hocico, gruñendo para intimidarla.
No lo pensó. Anthony se abalanzó al trío y saltando sobre las cabezas de Héctor y Aquiles y rodeando con rapidez la figura de Candy empujó por los aires a Rodrick.
—¡Anthony! —la escuchó gritar y vio cómo corría a refugiarse detrás de un árbol. Asintió. Su compañera era inteligente.
Anthony bloqueó el paso de Aquiles y Héctor para llegar a Candy. El primero amenazó lanzando una mordida al aire y el segundo dio un paso al frente.
—¡Déjamelo a mí! —pidió y, sin más, atacó a Anthony.
El jefe Brower supo que se trataba de Héctor. Esperaba esa pelea, su ataque y su ira, y no esperó a que el otro diera el primer golpe. Anthony lanzó primero sus garras sobre su rival y le nubló la visión. Héctor aulló y sacudió la cabeza, gotas de sangre pintaron la nieve y el lobo usó todo su peso para abalanzarse sobre Anthony, quien ya lo esperaba y, sin abandonar su posición de defender la de Candy, detuvo el impacto y cayó sobre Héctor. Este se retorció.
—¡Es mío! —dijo Héctor a su hermano cuando notó que Aquiles quería intervenir en la pelea.
Candy miraba la lucha detrás del árbol y se cubría la boca para ahogar su angustia y no distraer a Anthony. Vio con terror cómo Héctor se liberó del agarre del Anthony y ahora lo tenía debajo de sí, buscando la manera de morderlo en la yugular.
"¡Gabriel, Víctor! ¡Alguien, ayúdenos!" suplicó en su mente y, de inmediato buscó con la mirada el arma que debía estar cerca.
En el instante en que Candy desvió la mirada se escuchó un doloroso chillido y el silencio azotó el claro.
La sangre de su enemigo le invadió el hocico; era tibia y espesa. Su pata se hundió en el pecho del cambiante que luchaba por liberarse y gruñía con odio e ira; sentía su pulso rebotarle en su pata e hizo más fuerza. Tenía que matarlo, no podía dejarlo escapar. Tenía que vengarse por lo que había hecho a su compañera… El odio volvió a invadirlo y con un solo movimiento…
Anthony se enderezó, sacudió la cabeza y miró a Aquiles con verdadero odio. Tenía los ojos inyectados de sangre y de sus colmillos también goteaba la sangre de Héctor que ahora, yacía muerto sobre la nieve.
Aquiles no esperó, ver a su hermano muerto lo llenó de rabia y retó a Anthony. Él estaba cansado, le dolía ya el pecho por los zarpazos que Héctor le había lanzado; tenía una herida sangrante en una pata trasera y el lomo le ardía, como si los latigazos de días atrás fueran recientes.
"En una verdadera pelea no hay descanso" recordó las palabras de su tío y confrontó al segundo cambiante, lo retó con su posición y recuperando el aliento, esperó su ataque; pero un tercero se unió a la lucha. Rodrick volvió al campo de batalla y, tras ver a su hijo muerto, aulló y ordenó a Aquiles matar a Anthony.
—Juntos —le dijo al momento que acechaba a Anthony y buscaba un punto certero de ataque.
Eran dos contra uno.
Eran dos moles fijas en el suelo, con las orejas levantadas y el pelo de todo el cuerpo, erizado por la rabia; sus colmillos estaban expuestos y sus miradas las mantenían fijas en Anthony.
Candy no podía más, no soportaba ver cómo Anthony peleaba solo contra los Bennett. ¿Por qué nadie venía a ayudarlo?, ¿dónde estaban los demás?, ¿dónde estaba la guardia de Anthony?, ¿dónde estaba Gabriel?
La lucha parecía más una borrasca. Candy sólo podía diferenciar el color blanco de Anthony luchando contra el negro de Aquiles y Rodrick, pero no tenía manera de entender si estaba ganando o si en cualquier momento escucharía la última exhalación de su compañero.
Estaba aterrada, desesperada y frustrada por no poder hacer nada en favor de Anthony. El arma estaba lejos y aunque la tuviera en sus manos, no podría disparar sin arriesgarse a dañar a Anthony. Su cuerpo temblaba con violencia y la sangre le bombeaba tan rápido que sentía que su cabeza estallaría.
—¡NO! —gritó al ver que Rodrick y Aquiles tenían sometido a Anthony.
Dio un paso al frente y después, todo fue muy confuso.
Anthony ya no podía combatir. Sí, era más fuerte que el día anterior, era más fuerte que muchos de los cambiantes en ese momento, pero había peleado toda la maldita noche y ahora tenía a dos lobos encima de él, atacando sin estrategia, sólo guiados por la rabia, lanzando sus garras y sus fauces contra él que, ahora sólo podía intentar esquivar. Estaba perdiendo…
Rodrick lo tenía sujeto del cuello y Aquiles usaba todo su peso para impedir que se moviera. Una garra lo lastimó otra vez en el pecho y los colmillos del más viejo le rozaron la yugular, cuando…
Una loba blanca golpeó con fuerza a Rodrick y éste, por efecto dominó, empujó a su hijo. El impacto no fue tan fuerte, pero le dio segundos valiosos a Anthony para incorporarse. La recién llegada se colocó delante de él, mientras se incorporaba y los otros dos volvían al ataque. Se detuvieron al ver que Anthony no estaba solo y repensaron su ataque. La loba esquivaba cada intento de ellos de acercarse al jefe Brower; gruñía y les cortaba el paso, ni siquiera Anthony podía escapar de esa barrera.
Rodrick lanzó sus garras contra la recién llegada, pero ella se levantó en dos patas y lo rasguñó en el hocico. Anthony la rodeó y atacó a Aquiles, lanzándolo varios metros lejos de ellos. Con la fuerza que le había dado ese golpe, también empujó a Rodrick y junto con su aliada lo atacaron en el suelo. Pero el viejo líder no se daba por vencido y su hijo tampoco, quien se recuperó del golpe de Anthony y volvió al ataque, mordiéndole las patas traseras en un intento por alejarlo de su padre.
Un agitado lobo color marrón se unió a la pelea. Era Gabriel que, tan pronto como identificó a Aquiles atacando a su líder, lo arrastró de las patas traseras, alejándolo de Anthony y la loba que lo ayudaba.
Estos siguieron su lucha contra Rodrick. La loba blanca seguía interponiéndose entre él y Anthony, cubriendo su pecho y garganta con su cuerpo, pero no le estorbaba. Se movían en sincronía y Rodrick no tenía manera de tocarlo.
—Muévete —ordenó Anthony a la loba cuando notó que podía dar un golpe certero.
Ella obedeció y Anthony, con el hocico abierto se aventó contra Rodrick, mordiéndole directamente la yugular. Enterró sus dientes y sintió cómo su sangre le llenaba la boca. Rodrick se retorció, luchando por un segundo más de vida, pero no conseguiría más. Un agudo y lastimero aullido salió de su cuerpo y dejó de moverse. Anthony lo liberó hasta que sintió cómo la vida lo abandonaba y aventó el cuerpo lejos de ellos.
La loba gruñía y respiraba agitada. Asustada y aturdida, con las orejas bajas y la cola entre las patas, miró a Anthony.
—Lo hiciste bien —le dijo acercándose a ella.
La loba chilló y agachó la cabeza, pero después la sacudió y mareada retrocedió unos pasos para después caer inconsciente sobre la nieve.
*C & A*
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Queridas lectoras:
Cruzo los dedos para que este capítulo les haya gustado y no las distraeré con mis discursos; sólo quiero agradecerles su tiempo y apoyo.
Gracias a:
Julie-Andley-00: hola, espero que el capítulo te gustara. Un saludo.
GeoMtzR: Hola, Geo, ¿cómo estás? ¿más tranquila? Espero que sí y que el capítulo te haya gustado. Acertaste en las malas intenciones de Héctor, pero ya pasó. Te mando un abrazo y muchas gracias por leerme.
Mayely Leo: hola, gracias por tus lindas palabras. Saludos.
Marina777: hola, espero haber saciado tu curiosidad con este capítulo. Saludos.
Nos leemos pronto
Luna
