Abraza la manada

24

¿Quién es ella?

—Revisa la correspondencia, sólo avísame si el jefe de Montana ya respondió y asegúrate de que las patrullas estén listas para esta noche. —La voz de mando de Anthony era vibrante, diferente, si Candy lo analizaba, pero estaba demasiado dormida como para encontrar las diferencias. Sólo le divirtió la idea de que, acostado en la cama, con ella entre sus brazos, sus órdenes tuvieran el mismo poder que si las estuviera dando desde su escritorio.

—Sí, jefe —asintió Gabriel.

—¿Alguna novedad de los nuevos? —preguntó.

—Hay algunos indecisos, pero creo que jurarán. Los últimos que no quisieron, se fueron anoche.

—No nos confiemos, vigila las fronteras y que Lucille les muestre a los dudosos.

—De acuerdo —dijo Gabriel.

Sus escuetas respuestas también divirtieron a Candy. No se imaginaba lo que Gabriel pensaba del cuadro que tenía de ella y Anthony. Aunque, de pronto, se sintió incómoda de estar siendo observada mientras dormía por un hombre que no era Anthony e instintivamente se removió en la cama.

—Vete, tal vez despierte —ordenó Anthony y Candy supuso que Gabriel obedecía, pero no escuchó ni su afirmación, ni la puerta abrir y cerrarse. Aun así, supuso que había salido.

Una vez a solas, se abrazó al cuerpo de Anthony que la tenía rodeada y buscó el calor de su pecho. Estaba tan cerca que podía jurar que oía su corazón. Con una mano, Anthony le quitó el cabello de la cara y, con la otra, acarició su espalda. Ese simple movimiento hizo retorcer a Candy de placer y se apretó más al cuerpo de Anthony. Levantó la cara, aún sin abrir los ojos, y buscó con su nariz su cuello. Le gustaba el aroma de Anthony y en ese momento parecía más intenso. Sonrió y por fin habló.

—¿Sabes que Gabriel odia revisar la correspondencia? —preguntó con un tono divertido al imaginarlo refunfuñar mientras descifraba caligrafías de todos los tipos.

—¿Por qué crees que se lo pido? —respondió Anthony sin ocultar el tono de burla.

—Eres malo.

—Soy el jefe —añadió él mientras dejaba un rastro de caricias por la espalda y los brazos de Candy—. Además, estoy ocupado —dijo mientras le besaba la frente.

—¡Sí, claro! —exclamó Candy—. Debes verte muy ocupado en esta posición mientras él trabaja.

Los ojos de Candy le pesaban, todavía no podía abrirlos por el sueño que la consumía, pero sus demás sentidos parecían haber despertado ya; sobre todo su tacto, pues buscó el rostro de Anthony y acarició su mejilla. Él se dejó tocar y besó la muñeca de su mujer, que estaba a la altura de boca. Ella sonrió y bajó su mano hasta colocarla en su cálido pecho.

—Candy… —La voz de Anthony tenía un todo diferente, de eso no había duda, su nombre acababa de sonar como la de los padres cuando llaman a sus hijos por haber hecho una travesura.

El —Mmm— de Candy se escuchó somnoliento.

—Termina de despertar, amor —dijo Anthony en un tono cariñoso.

Candy se separó de su abrazo y se estiró tanto como pudo; las piernas, el torso y los brazos. Sintió que había descansado como hacía mucho no lo hacía. Su cuerpo resentía los días de sitio, pero ahora se sentía recuperada. De pronto recordó… ¡Los días de sitio!

—¿Qué hora es? —preguntó alarmada mientras intentaba abrir los ojos. Anthony la miraba embelesado—. Debo estar en la enfermería —dijo haciendo un brusco intento por levantarse de la cama.

—Tranquila, todos están bien. No hay heridas graves y las pocas que hay, ellos se han encargado de curarse. Han aprendido mucho de ti en poco tiempo —la tranquilizó Anthony, pero ella negó con la cabeza.

—Aun así, debo revisarlos con detenimiento, pudieron haber pasado algo por alto y en la noche será peor; además, ¿qué haces aquí?, tenemos que reunirnos con los demás para planear nuestros siguientes movimientos. —Se iba a levantar de la cama, pero Anthony la detuvo rodeándola nuevamente con sus brazos.

—Candy… —Ahí estaba otra vez ese tono—. El sitio terminó hace tres días.

—Hace tres días no estabas aquí, Anthony —replicó Candy.

—Candy, escucha. —Se colocó encima de ella y tomó su cara entre sus manos, llamando toda su atención—. Te digo que el sitio terminó hace tres días, ya todo acabó.

La mirada de Candy se posó en la de Anthony, era seria, serena y no, no había rastro de mentira o duda. El sitio a la manada había realmente terminado.

—¿Y qué pasó? —preguntó Candy, confundida por todo aquello que desconocía.

—Te contaré. —Anthony dejó un beso fugaz en sus labios y maniobró para que, esta vez, Candy quedara encima de él, pero ya sentados.

La espalda de Anthony reposaba en la cabecera de la cama y, la de Candy, en el pecho de él. Sus manos se entrelazaron y él respiró con profundidad.

—Rodrick está muerto. Héctor y Aquiles están muertos también. Su manada ahora es mía. —El cuerpo de Candy se tensó ante las noticias.

—¡Muertos! —repitió y no supo si lo que sintió fue alivio o mera impresión; después frunció el ceño—. ¿Cómo que la manada es tuya?

—Al morir un jefe en batalla, la manada tiene la opción de jurar lealtad al vencedor, reagruparse y nombrar a un nuevo líder o separarse.

—Y ellos, ¿te juraron lealtad?

—La mayoría, unos cuantos se han ido, prefieren estar solos antes que unírsenos y hay otros que aún están decidiéndolo.

—Pero… nos atacaron… ¿cómo pueden unirse, así como así?, ¿cómo puedes confiar en su lealtad? —balbuceó Candy sin entender cómo Anthony abría las puertas de su casa a los que días atrás estaban dispuestos a tomarla por la fuerza.

—Es como nuestro vínculo. —Empezó a explicar Anthony—. Cuando lo aceptas no hay manera de que traiciones o abandones a tu pareja. Así con ellos, una vez que juran lealtad a un nuevo jefe no pueden darle la espalda. Algo especial se activa en nosotros, algo fuerte, poderoso, que nos domina.

—Pero…

—Ellos confían en que en esta manada tendrán un hogar, mi protección. No puedo dudar de ellos si quiero que confíen en mí. Es recíproco. Ellos son parte de nuestra familia ahora y merecen una segunda oportunidad. El liderazgo, si se le puede llamar así, de Rodrick estaba basado en el miedo y la dominación. Muchos de los cambiantes, a pesar de ser miembros oficiales de la manada, eran tratados sin respeto, como inferiores y eso no es justo para nuestra especie. Rodrick obligó a muchos a cometer atrocidades aprovechándose del poder que tenía como líder; no te diré que todos son inocentes o que no sabían lo que hacían, pero no todos son como él y sus hijos.

Candy no preguntó nada más de inmediato, sino que guardó silencio y analizó la situación. Le costaba trabajo entender, pero Anthony tenía razón… merecían una segunda oportunidad.

—¿Qué es lo que Lucille les mostrará? —preguntó Candy tras un breve silencio y Anthony no respondió en seguida.

—Nuestra estructura —dijo al fin—, nuestro territorio, como es debido, sin invadir y nuestro estilo de vida.

Candy no estaba convencida de que entraran a la manada aquellos que solo tres días antes estaban atacando el territorio de Anthony, pero también sabía que aún tenía mucho que aprender de las tradiciones, el orden y la organización de las manadas. El mismo Anthony le había confesado una vez que a él le había costado años entender todo esto y ella apenas llevaba unos meses en la manada.

—Candy…

—Anthony, te juro que si vuelves a usar ese tono, te tiraré de la cama —Lo interrumpió antes de que continuara.

—¿Qué tono? —cuestionó Anthony tras besarle una oreja y bajar hasta su nuca. Candy cerró los ojos, disfrutando el contacto y moviendo el cuello para darle mejor acceso y recibir un camino de besos en esa zona—. Es el mismo tono de siempre —susurró entre besos—¿no lo escuchas igual?

Ella negó con la cabeza. —Es raro —respondió enderezando un poco su cuerpo que comenzaba a deslizarse sobre la cama, quedando más recostada que sentada.

—Ya te acostumbrarás —le dijo por lo bajo y Candy sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Anthony extendió un brazo a la mesita de noche y tomó un vaso de jugo para darle de beber a Candy. Ella lo tomó entre sus manos y bebió de un largo trago el contenido. Si había dormido tres días, estaba deshidratada.

—Gracias —dijo al devolverle el vaso vacío.

Volvieron a abrazarse y Candy se acurrucó más en el cuerpo de Anthony. La tranquilidad de saberse vivos y victoriosos no tenía precio y agradeció en silencio por la suerte que habían tenido.

—Candy, necesito que hagas algo para mí. —Candy lo miró de reojo, pasando por alto el tono de su voz—. Cuéntame todo lo que recuerdas de la última noche del sitio.

En ese momento, vinieron a la memoria de Candy imágenes, sensaciones y recuerdos inquietantes de aquella noche. Se removió, nerviosa, en la cama, pero Anthony la tranquilizó con pequeñas y cálidas caricias en sus brazos, así como un par de besos en el cuello, a la altura de su marca.

—¿Para qué? —preguntó, insegura de querer evocar esos recuerdos que eran… borrosos, ahora que lo pensaba.

—Para tener un panorama completo de lo sucedido. —Su voz era tranquila—. Es como un informe, solo eso, por favor.

—De acuerdo… —murmuró Candy e hizo memoria…—. Estaba en la enfermería revisando a Louis, tenía una herida en el ojo derecho y un zarpazo en el pecho, pero la más preocupante era la del ojo. ¡Por Dios! Ni siquiera pude contener la sangre —exclamó preocupada, moviéndose de la cama.

—Calma, calma —La detuvo nuevamente Anthony—. Él está bien, Sofía se encargó.

Candy asintió y llevándose una mano al pecho para calmar su corazón, volvió a los brazos de Anthony y continuó su relato.

—Tenía que desinfectar, pero se me habían terminado los suministros. Sólo estábamos Jess y yo en la enfermería, los demás seguían en el campo y los chicos estaban preparándose para salir por el túnel. —El volumen de su voz disminuyó—. Cuando vimos el incendio, les pedí que recogieran a los niños y salieran por el túnel, yo los alcanzaría después de curar a Louis y conseguir una patrulla que nos escoltara.

—Era lo que tenías que hacer —reconoció Anthony y le besó el cuello para calmarla, pues su cuerpo empezaba a temblar.

—Anthony, ¿los niños…? —preguntó con miedo.

—A salvo.

—El incendió…

—Controlado.

Candy respiró aliviada, llevándose una mano al pecho. La manada estaba a salvo y eso era lo importante.

—Fui a la bodega por suministros y Jess me siguió. Tomamos un par de cajas y eché gasas, algodón, solución, desinfectante, todo. De pronto, escuché cómo Jess gritaba, se oía aterrada, así que la busqué entre los pasillos de la bodega y… vi a Aquiles, estaba junto al cuerpo de Jess y… ¡por Dios!, ¿ella está…?

—Está bien, está viva —respondió Anthony antes de que ella terminara su pregunta.

—Después… Intenté huir, retrocedí, pero Héctor me tomó por sorpresa. No sé cómo entraron, fue después de que inició el incendio, pero no sé cómo pasaron la defensa. —La voz de Candy contenía rabia y desesperación—. Héctor me sujetó con fuerza y yo no pude zafarme. Entre los dos me sacaron de la casa. Intenté escapar, pero de pronto… Aquiles se transformó y vigilaba el camino, mientras Héctor tiraba de mi brazo. En pocos minutos ya estábamos en el bosque y me arrastraron hasta el claro, escuchaba la pelea en el frente, pero sabía que, aunque intentara pedir ayuda, nadie me escucharía.

Anthony la apretó contra su pecho. Nunca se perdonaría lo que su compañera tuvo que sufrir sola en esos minutos al lado del maldito de Héctor.

—Héctor me arrojó sobre la nieve, dijo… dijo cosas obscenas y lo que me haría mientras tú… mientras tú… —Su voz se quebró.

—Shh, ya me hago a la idea. ¿qué más? —Dijo Anthony apretando los puños, conteniendo también su rabia y su culpa. Le había prometido a Candy que nadie la tocaría y esos dos entraron a su casa sin ningún problema para llevársela sin que él pudiera hacer nada.

—Terminó sus amenazas, recordé el arma que Gabriel me dio e intenté defenderme, pero Aquiles me empujó y la perdí. Héctor se transformó también. Me levanté de la nieve e intenté no darles la espalda, como ustedes me enseñaron y un segundo después ellos estaban haciendo reverencia en mi dirección. Volteé a ver ante quién se inclinaban y lo vi, vi a Rodrick, transformado y gruñéndome. Era enorme, olía extraño, como a carbón o a quemado, a humo… en realidad no sé a qué olía, pero era horrible —dijo con asco—. Se me acercó sin dejar de gruñir, intenté dar un paso atrás, pero los otros dos estaban muy cerca de mí y uno me empujó. Volví a caer al suelo y, de repente, ya estaba rodeada por los tres. Héctor y Aquiles sólo me veían, cuidando mis movimientos, pero Rodrick gruñía.

Candy se llevó una mano a la cabeza, sus recuerdos empezaban a ser confusos y lo atribuyó al miedo y adrenalina que sintió en el momento.

—Iba a matarme, sentí su hocico muy cerca de mí cuando tú llegaste. Sentí cómo lo golpeabas y él salió volando varios metros, pero se levantó. Anthony, estaba más aterrada porque eran tres contra ti y yo no podía hacer nada. Me escondí detrás de un árbol para no estorbarte y te vi pelear con Héctor y ¡Anthony, estás herido!

—Ni un rasguño, te lo juro —contestó tomando sus manos con firmeza.

—Vi cómo Rodrick te atacaba cuando se recuperó del primer golpe que diste… los vi pelear y… creí que iba a matarte, vi cómo te tenía ya sobre la nieve, su pata te tenía inmovilizado y, ¡Anthony, tuve tanto miedo de perderte!, no sabía por qué nadie venía en tu ayuda y… cuando creí que te iba a matar apareció otro lobo, ¿cierto?

—Sí —dijo Anthony en voz muy baja—, una loba.

—Sí, la vi llegar, pero no pude reconocerla. A estas alturas conozco a todos los lobos de la manada, pero a ella nunca la había visto. Sólo agradecí que llegara a ayudarte. Vi cómo atacaba a Rodrick, lo distrajo y tú pudiste levantarte. Se interpuso entre ustedes hasta que pudiste atacarlo y después… no sé qué pasó después, es lo último que recuerdo.

Candy se frotó las sienes, buscando en su memoria qué había pasado después, pero no lo tenía claro; ni siquiera recordaba en qué momento perdió la conciencia ni entendía por qué había dormido tres días seguidos.

—Bien, Candy, lo has hecho bien. —Besó su mejilla e invocó un silencio que sirvió para que Candy pusiera en orden sus pensamientos. Tenía que darle tiempo para comprender lo que había vivido.

—Anthony, ¿quién era esa loba? —preguntó al fin.

—Una nueva integrante de la manada —contestó Anthony con calma.

—¿Nueva?, ¿apenas logró convertirse?

—Así es.

—Se trata de Jess, ¿cierto? —concluyó Candy—. Ella está en la edad de la transformación y era el miembro más cercano a nosotros, sabía lo que había pasado y vino a ayudarnos.

Era un razonamiento lógico y Candy agradeció haber recibido auxilio. Anthony y ella le debían la vida a esa chica.

—Candy, era una loba recién convertida, pero no se trata de Jess—. La voz de Anthony había adoptado la seriedad que usaba al tratar asuntos importantes de la manada y, con Candy sólo usaba ese tono cuando estaba a punto de darle explicaciones importantes de su estilo de vida. Era el mismo que usó al reencontrarse y explicarle su naturaleza, hacía ya varios meses.

—Entonces, ¿quién era? —preguntó al incorporarse de la cama y girar su cuerpo para ver de frente a Anthony. Él le tomó las manos una vez que ella estabilizó su peso y le hizo delicadas caricias con los pulgares.

—Eras tú —dijo, al parecer, sin pensarlo mucho; pero la verdad era que había tenido tres días con sus noches para pensar cómo decirle a Candy que ahora, ella era como él, y como el resto de su manada, y la mejor forma era hacerlo sin rodeos.

Candy se tensó al escuchar esas palabras que carecían de todo sentido para ella. Era imposible que ella fuera una loba, pero Anthony no mentiría con algo así, ella lo sabía y, al mirarlo a los ojos, lo confirmaba. Entonces empezó a hacerse muchas preguntas que no pudieron salir de su boca hasta que las redujo a un simple—: ¿Cómo?

Anthony percibía con toda claridad cada reacción física en el cuerpo de Candy. Sintió la tensión de su cuerpo y cómo, por un segundo, se tambaleó sobre la cama, por eso la tenía sujeta de las manos, para darle estabilidad. También sintió cómo su pulso se aceleraba y observó cómo sus pupilas se dilataron. Su vínculo era el responsable y por este mismo, también percibió sus emociones, los nervios, la confusión y la ansiedad de conseguir respuestas. Él no las tenía todas, pero estaba dispuesto a buscarlas.

—Al completar el vínculo —respondió—. Sabías que al hacerlo yo me volvería más fuerte, pero no te preocupaste por preguntar qué pasaría contigo.

Tenía razón, Gabriel le había explicado que al ser una pareja, Anthony obtendría la "última fuerza". Su fuerza física, que era lo primero que necesitaba para vencer a Rodrick, aumentaría, así como sus otras habilidades y sentidos. Estaba tan desesperada por hacer que Anthony fuera más fuerte, que estuviera más protegido frente al enemigo que no se molestó en saber si en ella habría cambios, lo cual, si lo pensaba, no podía ser posible, pues ella era completamente humana.

—No entiendo… yo soy humana, no tengo ni una gota de cambiante, ¿por qué?, ¿cómo?

Anthony llamó su atención al sostener su cuerpo con firmeza. Una mano se posó en su espalda baja y la otra en su nuca.

—No sabemos —dijo y Candy no se sintió más tranquila—. En nuestra manada nunca había pasado algo así y… por lo que hemos investigado hasta ahora, hace décadas que no ocurre.

—¿Ya lo has investigado?

—Hay muchos visitantes en casa. Recuerda a nuestros aliados, está Elizabeth también y no recuerdan que haya pasado con frecuencia.

—Pero tienes una teoría —afirmó Candy al ver el rostro sereno de Anthony. Él esbozó una discreta sonrisa. ¿Había algo que ella no supiera de él?

—Creo que hemos malinterpretado la teoría de la última fuerza —dijo tras exhalar con profundidad—. No se reduce a potenciar nuestras habilidades ni a un simple intercambio físico. Es una afirmación de que nos pertenecemos el uno al otro. No se trata de darnos fuerza, tú eres mi fuerza, Candy —dijo acunando su mejilla con su cálida mano.

—Y tú eres la mía —murmuró Candy acercando su rostro al de Anthony para besarlo.

—En cuanto te transformaste me diste el valor y la seguridad para seguir luchando. Lo hiciste justo cuando creí que ya no podía aguantar más. Me protegiste, me defendiste y peleaste a mi lado. Rodrick no pudo vencernos porque estábamos juntos. Tú eras la fuerza que necesitaba para terminar la pelea. —Anthony le rozó los labios con delicadeza—. Tu loba es hermosa, poderosa y fuerte —halagó él y Candy se sonrojó de pies a cabeza.

—Ni siquiera recuerdo qué pasó —dijo ella bajando la mirada.

—Tu transformación, al igual que la mía, no se dio en un entorno tranquilo. Ocurrieron porque nuestras vidas corrían peligro y tu cuerpo reaccionó para defenderse, para defendernos. Yo tampoco recuerdo la mía.

Candy suspiró, había demasiada información que procesar, un cambio extraordinario para el que no había una explicación sólida, aunque la teoría de Anthony le gustaba. Ser igual que él era la confirmación de que debían estar juntos, de que eran almas gemelas y de que nada podía separarlos. Ella tenía la fuerza para protegerlo como él lo hacía con ella. Eran iguales, una pareja.

—Pero te debo una disculpa, Candy —dijo Anthony sacándola de sus pensamientos. Ella lo interrogó con la mirada—. Más de una, en realidad… —añadió con seriedad—. No tenía idea de lo que podía pasar al hacerte mi mujer y te obligué a entrar a una vida que tal vez no querías, decidí por ti y lo lamento, Candy, en serio lo lamento. Desearía que hubiera sido de otra forma, que no te enteraras del poder que yo recibiría. Te juro que tenía un plan, tú lo sabías, iba a vencer a Rodrick siendo el mismo Anthony, el mismo líder. Pero no pude contenerme al volver a verte después de todos esos días encerrado por Rodrick. En cuanto te vi dirigiendo nuestra manada, ocupándote de los heridos, la defensa, la protección de los cachorros, te deseé como nunca antes porque sabía que este es tu lugar, a mi lado. Intenté negarme a volverte completamente mía, te juro que lo hice, pero… —Sonrió como un soldado vencido—. Tú no ayudaste mucho. Me ofreciste por completo tu cuerpo y tu corazón y te tomé. Candy, ni siquiera te traté cómo deseaba. Quería… te merecías que la primera vez que entrara en tu cuerpo fuera diferente, que te tomaras tu tiempo para sentir, para decidir, para disfrutarlo.

Las palabras de Anthony fueron interrumpidas por los labios de Candy al chocar contra los suyos. Le rodeó el cuello con ambas manos y lo atrajo hacia ella para profundizar el beso. Se acomodó a horcajadas sobre él, sin dejar de explorar su boca. Anthony la tomó de las caderas y la acomodó mejor en su cuerpo, encendido por el deseo de hacerla suya nuevamente.

—Una vez me explicaron que el vínculo es recíproco —dijo Candy muy cerca del rostro de Anthony y él asintió.

—Lo que yo te ofrezca, tú también me lo darás. Lo que tú sientas, yo lo sentiré. Lo que sufras, lo que disfrutes, yo lo sentiré tanto como tú —aseguró Anthony y sus palabras sonaron como una hermosa promesa para Candy.

Ella volvió a besarlo.

—Si sentimos lo mismo —dijo Candy entre jadeos— sabes que yo también te deseaba desde el momento en que te vi volver. Anthony, no lo habría querido de otra forma, necesitaba ser tuya, deseaba sentirte dentro de mí, saber que nada podía separarnos. Necesitaba asegurarme de que mi Anthony había vuelto a mí y de que lucharía por nosotros dos y por nuestra manada. —Estas últimas palabras llenaron de orgullo a Anthony—. Y si en mis manos estaba darte un poder para que siguieras peleando, entonces no tenía nada qué pensar. Anthony, mi vida es tuya, si te sirve de algo, entonces te la entrego.

Esta vez fue Anthony el que la besó primero, recorrió su espalda con sus manos y subió una hasta enredarla en sus rizos. Candy sabía las palabras, no necesitaba aprenderlas, ella las conocía, las albergaba en su corazón y las decía cuando era necesario. Candy era su alma gemela.

—Todavía te debo una disculpa —afirmó Anthony con seriedad tras besarla. Candy frunció los labios—. Te puse en peligro, no supe cuidarte y caíste en las manos de Héctor. —Su voz se descompuso y se rompió en un gruñido de rabia—. Perdón, Candy; pensar en lo que te hizo e imaginar a lo que pudo llegar…

—Mírame, Anthony —pidió Candy tomando el rostro de él entre sus tibias manos—. Estaba aterrada por lo que haría, pero tú, Anthony, tú llegaste a salvarme, a protegerme como siempre lo prometiste. —Besó sus labios mientras él le sostenía la mirada—. No es tu culpa lo que ocurrió, tú mismo me lo dijiste al volver, toda esta violencia fue responsabilidad de ellos, no nuestra. Por favor, no quiero que carguemos con el remordimiento de algo que no fue nuestra culpa.

Un ligero beso rozó la boca de Anthony y Candy echó para atrás la cabeza de inmediato, esbozando una sonrisa de forma juguetona. Él buscó sus labios y reafirmó el agarre a su cuerpo.

—Tus heridas… —Candy palpó el torso de Anthony hasta llegar a su herida del costado izquierdo. Él la dejó hacer y sonrió ampliamente, pues la puñalada era ahora una fresca y sana cicatriz que, si bien no se borraría, nunca volvería a ser un peligro, al igual que las lesiones de la espalda. Candy respiró aliviada y murmuró un—: gracias a Dios. —Apoyó la frente en la de Anthony y sus alientos se cruzaron poco antes de fundir sus bocas en una sola.

—Te amo, compañera —dijo Anthony deslizando sus dedos por debajo del camisón que la cubría y acarició su piel desnuda. Buscó con la mirada su aprobación y ella asintió. Anthony le levantó la prenda a la altura del abdomen y Candy terminó de quitárselo por encima de la cabeza. Volvía a estar completamente desnuda ante él, que la miraba con admiración y profundo deseo. Ella le quitó la camisa y regó un apasionado camino de besos desde su cuello hasta su pecho, pues estaba segura de que no lo lastimaría.

Volvieron a besarse y Anthony la giró sobre la cama hasta quedar encima de ella, después se deshizo del resto de su ropa. Candy lo recorrió con la mirada y abrió las piernas para que él se acomodara entre ellas. Le besó todo el cuerpo entre suspiros y palabras tiernas y eróticas por parte de ambos. El vaivén de caderas pronto se hizo más rápido y necesitado el uno del otro.

—Te deseo —murmuró Anthony rozando su miembro sobre la humedad de ella.

—Hazlo —respondió ella y sin esperar más la penetró lenta y placenteramente.

Un gemido, un jadeo y hasta un gruñido precedieron a la explosión de placer que ambos sintieron al mismo tiempo. Sus cuerpos se tensaron, la calidez de uno invadía al otro y sus movimientos eran acompasados.

Las sensaciones no se comparaban a las de la primera vez, pero no eran ni mejores ni peores, solo eran placenteras, satisfactorias y exquisitas para ambos.

—Te amo, Anthony —susurró Candy cuando volvió a su cuerpo después del éxtasis. Él reposó su frente en el tibio pecho de ella y la besó entre los senos. Se tumbó al lado de ella y la atrajo hacia su pecho. Se fundieron en un abrazo y descansaron unos minutos hasta volver a saciarse del placer que les daban sus cuerpos.

*C & A*


Queridas lectoras, ¿cómo están?, ¿qué les pareció el capítulo?, ¿emocionadas, decepcionadas? Creo que nadie vio venir esto y muchas creían que se trataba de Amelia, pero quien salvó a Anthony fue Candy.

Les confieso que este capítulo fue el que detonó toda la historia; la pelea y esta escena fueron las primeras que imaginé, así que era inevitable para mí llegar a este punto, como ya lo dijeron ellos, una confirmación de que Anthony y Candy deben estar juntos.

Ya huele a final y los cabos sueltos que quedan se resolverán próximamente, así que espero que continúen para saber qué pasa después de toda esta guerra y evolución de Candy.

Me despido, no sin antes agradecer, como siempre a:

Marina777, hola, ¿Cómo sigue tu curiosidad? Espero que te gustara este desenlace y que nos acompañes hasta el final. Saludos.

Cla1969: hola, al fin todos murieron, incluso Aquiles, quien fue aniquilado por Gabriel, como ya dijo Anthony, tenían una deuda pendiente. Espero que te gustara este capítulo. Saludos.

Mayely Leon: hola, espero que tu angustia haya llegado a su fin con este desenlace de la batalla. Saludos.

Carito Andrew: hola, ojalá tus uñas sigan en tus dedos, pero si no, dicen que el ajo es un buen remedio natural para fortalecerlas. Los Bennett quedaron hechos polvo y ya no son una amenaza para nadie. Esperemos que ni los libros de historia los registren. Saludos.

Mayra: hola, espero que estés más tranquila con el fin de los Bennett, la loba que defendió a Anthony se desmayó, pero ya pasó y ahora está más que bien.

GeoMtzR: hola, Geo, ¿cómo estás? ¿te sorprendí?, ¿te gustó este giro en la historia? Espero que sí, o de lo contrario, se me cae toda la historia. Geo, debo admitir que a veces creo que jackeas mi computadora pues sacaste la misma conclusión que Candy respecto a la recién transformada, pero también te falló, aunque estuviste muy cerca, y pensar que fue Rose fue algo lindo, yo creo que, en espíritu ahí estaba la mamá de Anthony. Muchas gracias, como siempre, por tu tiempo. Te mando un fuerte abrazo.

Maria Jose M: hola, se cancela el negocio de las alfombras porque no queremos porquerías adornando la casa ja, ja, pero al fin han desaparecido los Bennett y ya no serán un problema, sólo un amargo recuerdo. Espero que este capítulo te haya gustado y que este giro que hemos dado, también. Te mando un abrazo y espero que estés bien.

Julie-Andley-00: hola, ojalá que te haya gustado el capítulo y que tus dudas se hayan disipado. Te mando un abrazo.

Nos leemos pronto

Luna