Abraza la manada
25
Tiempo de cambios
Anthony había pasado tres días velando el sueño de Candy, estudiando sus movimientos e identificado cualquier otro cambio inesperado. Verla transformarse en loba había sido una visión, un hecho extraordinario que sabía que nunca olvidaría. Su compañera ahora era como él y en realidad no sabía por qué, pero agradecía en su corazón que así hubiera sido, pues eso la mantuvo viva.
En serio creía que el Destino había trenzado sus caminos, pero sabía que no podía quedarse con esa sola idea, suponía que tenía algo que ver con sus genes, lo investigaría, juntos lo harían, pero no esa noche… Esa noche fue para ellos, para descansar, para amarse.
Recordó la abrupta transformación de Candy después de la pelea y cómo había caído desmayada sobre la nieve. Temió perderla y la tomó entre sus brazos después de forzar su cambio. Ella no respondía, pero los latidos de su corazón le dijeron que estaba viva. Revisó su cuerpo en busca de heridas y no había ninguna.
—¡¿Es Candy?! —preguntó Gabriel, confundido, acercándose a Anthony.
Él no respondió y Gabriel no insistió. Lo urgió a que la llevara al interior de la casa y le aseguró que él y Víctor se encargarían de lo que pasara después.
La batalla había terminado y, al morir Rodrick, su manada había sentido el vínculo romperse así que, sin líder, no sabían cómo actuar.
A Anthony no le importaba en ese momento lo que pasara con los demás, lo único que quería era que Candy despertara, pero su compañera había forzado su cuerpo y necesitaba descansar. Eso lo entendió después de que Sofía la revisara.
—Está bien, Anthony —dijo más de tres veces la cambiante—. Su cuerpo está procesando el cambio y no me preguntes sobre eso, porque no tengo idea de cómo es posible, pero no tiene ninguna herida. Déjala dormir.
Candy tenía los labios entreabiertos, sus mejillas estaban teñidas ligeramente de rosa y su pecho subía y bajaba a un ritmo tranquilo. Anthony sonrió. Su hermosa compañera había dormido tres días seguidos y aún tenía sueño. Tampoco es que la hubiera dejado descansar mucho mientras estuvo despierta.
Le besó la frente y se levantó con lentitud de la cama. Ella no se movió y Anthony fue hasta el baño a preparar la tina. Al volver a la cama, Candy lo esperaba con los ojos bien abiertos y una hermosa sonrisa. Le extendió los brazos y él se acostó a su lado, dejándose envolver por ella.
—¿Acaso tú te volviste vampiro y ya no duermes? —preguntó ella con voz divertida. Él también rio—. Siempre que abro los ojos ya estás despierto.
—No te preocupes por mí, he dormido bien —contestó Anthony e hizo un movimiento para que ella quedara entre sus brazos—. Nunca mejor —agregó besándole la frente. Lo decía en serio, por primera vez en días, que se le habían hecho eternos, se sentía tranquilo, a salvo y feliz de tener a Candy a su lado, sana y salva, como lo había prometido desde que la encontró en el bosque, meses atrás.
Permanecieron unos minutos abrazados, en completo silencio y disfrutando del calor que emanaba de sus cuerpos.
Los pensamientos de Candy eran un tren descarrilado. Tenía tantas dudas y preguntas que no sabía ni por dónde empezar.
—Puedo oír tu mente trabajar a mil por hora —dijo Anthony por lo bajo—. Debemos tomarnos esto con calma. —Candy lo miró a través de sus largas pestañas—. Hay mucho que debemos aprender de ti, pero te juro que no estarás sola. Pediré consejo de otras manadas e investigaremos a fondo tu cambio. No descansaré hasta que tengamos todas las respuestas y estés segura de tu naturaleza.
Candy se enderezó de su lugar y tomó el rostro de Anthony entre sus manos para después besarlo con profundidad, pasión e infinito amor. Confiaba en Anthony y eso era lo único que le importaba en ese momento.
*C & A*
Mientras Anthony bajaba a la cocina para llevarle de comer, Candy se sumergió en la tina del baño. El agua tibia relajó su cuerpo, quitó la tensión de sus músculos y despejó su mente. Olía a sexo, sudor y a Anthony, pero en serio necesitaba ese baño. Se dio cuenta de que la fractura de su brazo estaba curada y agradeció su nueva biología.
Recordó fragmentos de la pelea y poco a poco las muertes de Héctor y Rodrick fueron claras en su mente. Se removió con nerviosismo en la bañera y el agua salpicó el suelo. Anthony había acabado con Héctor, juntos habían vencido a Rodrick y…
—Gabriel se encargó de Aquiles —dijo Anthony en el transcurso de la noche. Cuando no estaban haciendo el amor, Candy le hacía decenas de preguntas a Anthony. El destino de Aquiles fue una de las primeras—. Se vengó por lo que hizo a Aaron y la pelea que tuvieron en la cabaña.
—Llegó a tiempo —dijo Candy—. Recuerdo que iba a atacarte por detrás…
Anthony se aclaró la garganta y se frotó el cuello. Había algo más…
—¿Qué pasa? —preguntó Candy con seriedad.
—No fue casualidad que Gabriel llegara —contestó Anthony—. Tú lo llamaste —agregó mirándola fijamente a los ojos y Candy entreabrió la boca para decir algo, pero las palabras no salían de su boca.
—El enlace mental —afirmó ella después de pensarlo un poco y Anthony asintió—. ¡No puedo creerlo!, recuerdo que pensé en él y en Víctor cuando peleabas, quería que alguien te ayudara, pero…
—No sólo los llamaste a ellos —agregó Anthony—. También me llamaste a mí.
"¡Anthony, ayúdame!"
Candy recordó cómo pensó en Anthony con desesperación cuando Héctor la tenía amenazada, pero no tenía idea de que, ya desde ese momento, su cuerpo se estaba preparando para cambiar y que sus habilidades empezaban a despertar.
—Cuando despertaste, oíste lo que le dije a Gabriel y eso fue a través del vínculo mental —dijo Anthony emocionado e inquieto por la experiencia.
—¿Qué? —exclamó Candy. La información era demasiada y, aunque una parte de ella quería un descanso, otra necesitaba saber todo, absolutamente todo lo que estaba pasando con su cuerpo y con su manada—. Creí que el enlace era bidireccional.
—También yo, pero… —Se encogió de hombros y se metió una uva a la boca. Por la noche sólo habían consumido frutas y jugo.
—¿Cómo es posible? —preguntó Candy.
—Una razón sería nuestro vínculo— dijo Anthony dándole a morder una fresa—. En teoría fui yo quien te convirtió y por eso puedes compartir mis habilidades.
—¿Y la otra? —preguntó Candy tras masticar.
Anthony no respondió de inmediato, así que Candy le pasó una mano por enfrente para que reaccionara y contestara. Anthony parpadeó y sonrió, se había quedado mirando los labios de Candy y no perdió la oportunidad de besarlos.
Candy le acarició el rostro y le ofreció sus labios. Estaba segura de que podía pasar el resto de su vida en esa posición y nunca se quejaría.
—La otra razón es que mi compañera hace lo que se le da la gana con las reglas —bromeó Anthony cuando liberó su boca con sabor a fresas y a ella misma.
—¡Anthony! —Se quejó ella y lo empujó de la cama. Él cayó de espaldas sobre el colchón y rio a carcajadas.
¡Hacía cuánto que no escuchaba su risa! Candy se mordió el interior de la mejilla para no contagiarse de ese hermoso sonido y rodó los ojos.
Anthony rio todavía más y, abrazándola por la cintura la hizo caer sobre su cuerpo.
—Mi hermosa revoltosa —dijo al tiempo que deslizaba sus dedos entre los rizos de Candy. Ella le sonrió—. Gracias por dejarme entrar a tu vida, —La besó con delicadeza—. Gracias por ser mi compañera. Te amo, Candy, te amo —susurró.
—¿Aunque rompa las reglas? —preguntó Candy mirándolo a los ojos con coquetería.
—En especial por romper las reglas.
*C & A*
Candy cerró los ojos y descansó su cuerpo en el agua. Anthony sólo tenía que ir a la cocina y ya se había tardado mucho tiempo. Salió de la tina y se secó de pies a cabeza.
—Candy…
La rubia gritó al oír la voz de Anthony y lo buscó con la mirada, pero al darse cuenta de que no estaba, entendió que le estaba hablando en su mente.
—Candy —repitió—, debo encargarme de un asunto, pero no tardo. Descansa un poco más, por favor.
La voz de Anthony en su cabeza no tenía punto de comparación, no era como recordar su voz o escucharlo desde lejos. Era una sensación totalmente nueva y emocionante, pues se sentía como la propia voz de su cabeza, era algo que ya formaba parte de su ser.
—Esperaré —dijo, pero su respuesta se oyó en voz alta y Candy frunció el ceño, molesta por no haber logrado responderle.
Candy se arregló con esmero. Quería verse bonita para Anthony y presentarse de manera adecuada con la manada, si es que él la dejaba bajar ese día pues había sido enfático en que debía descansar mucho después de su abrupta transformación.
Miró hacia la puerta y, con su peculiar sonrisa, se situó en medio de la habitación. Había suficiente espacio y sabía que no haría un alboroto. Se irguió tanto como pudo y se llamó loca por pensarse y sentirse más alta. Tras una profunda inhalación, cerró los ojos y extendió los brazos, como si tomara un baño de sol. No sabía cómo controlar la transformación, pero supuso que ese sería un buen comienzo. Al expirar, abrió los ojos y esperó ver su forma de loba frente al espejo, pero solo su reflejo humano le devolvió la mirada.
—Otra vez —se dijo en voz alta para darse ánimos y volvió a cerrar los ojos, esperando que, de alguna manera su cuerpo cambiara, pero…
—¿Qué haces?
Candy abrió los ojos y gritó:
—¡Anthony, me asustaste!
Él tenía una bandeja de comida en las manos y luchaba por reprimir una sonrisa. Entró despacio a la habitación, creyendo que Candy tomaba una siesta, pero se quedó estático al verla tan hermosa en ese vestido. Su aroma le inundó las fosas nasales y decidió observarla. De inmediato se dio cuenta de lo que intentaba hacer y una sonrisa se imprimió en su rostro. Verla intentar el cambio era lo más tierno que había visto nunca.
—¿Qué haces? —volvió a preguntar mientras dejaba la bandeja de comida en la mesa y se acercaba a ella.
—Nada… nada —contestó Candy, sonrojada por haber sido sorprendida en su intento de cambiar y contrariada por no haberlo logrado. Se alisó el vestido y volvió a mirarse en el espejo.
Anthony la tomó de la cintura y bailó con su cuerpo hasta tenerla entre sus brazos. Ella se dejó llevar, pero no lo miró a la cara, estaba apenada y sus mejillas lo decían todo.
—Tienes que practicar —le dijo Anthony con voz tranquila, animándola a no perder la paciencia—. No siempre será tan fácil, pero lo dominarás. —Le besó la punta de la nariz y Candy asintió—. Yo te ayudaré.
*C & A*
Después de mucho rogarle, Anthony autorizó que Candy saliera de su habitación esa noche. Le dio consejos e instrucciones para evitar sentirse abrumada por los ruidos y olores que había en casa.
Bajaron las escaleras tomados de las manos y, al llegar al último descanso, toda la manada los recibió vitoreando, silbando y aplaudiendo. Al fin veían a sus líderes juntos y no iban a dejar pasar la oportunidad de celebrarlo.
Candy estaba roja de emoción y apretaba la mano de Anthony. Él tenía razón, los ruidos eran más intensos, agudos y muy específicos. Podía oír los murmullos tan claros como si estuvieran hablándole de frente. Las voces de todos eran más fuertes y profundas. Si Candy no supiera lo que le había pasado, habría pensado que todos habían cambiado y ahora hablaban más fuerte, pero ellos no habían cambiado, ella, sí.
Los olores eran otro asunto. En cuanto los miembros de la manada se acercaban a ella y la abrazaban, percibía el olor de cada uno: jabón, comida, perfume, madera, chocolate, café, alcohol… olía absolutamente todo.
—Ven aquí —le dijo Anthony cuando notó que arrugaba la nariz. Ella se refugió en su abrazo y hundió la cara en su cuello. El aroma de Anthony era medicinal y de inmediato borró todos los demás olores—. ¿Mejor? —preguntó cuando ella se alejó.
Candy asintió.
—Gracias —dijo por lo bajo.
—Cuando quieras —le besó por milésima vez en el día la mejilla y…— Debes conocer a alguien.
Víctor apareció en su campo de visión tomado de la mano de una hermosa mujer madura. Él sonreía ampliamente y sus ojos tenían un brillo especial que Candy nunca antes había visto en él. El porte de la mujer era envidiable y su cabello castaño contrastaba con la luz que emitía el candil de la estancia, pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos color miel, ambarinos y brillantes.
—¡Amelia! —exclamó Candy sin pensarlo dos veces y abrazando a la mujer que tan pronto la vio, le dedicó una cálida sonrisa. No hacían falta presentaciones.
Víctor y Anthony intercambiaron una cómplice mirada y el primero vio en aquel genuino gesto a su prima Rosemary, años atrás, abrazando a su compañera. Todavía no podía creerlo, Amelia estaba viva, había vuelto a sus brazos después de salvar a su sobrino y, en el momento justo para defender a la manada.
Lucille había sido la encargada de llevarlo con ella después de la batalla. Ella, al igual que todos, tenían la orden de no revelar que Amelia estaba viva, pero al saberse vencedores y comunicarse con ella, Lucille lo llamó con urgencia a su posición y Víctor corrió a auxiliarla. Creyó que había un problema más y corrió lo más rápido que pudo, como si fuera detrás de una presa, pero su carrera se frenó de inmediato cuando un viejo y conocido aroma le golpeó la nariz. No había sido sutil, en realidad le invadió el cuerpo y confundió sus sentidos, justo como hacía tantos años cuando la conoció…
"Voy a morir", pensó al reconocer el aroma, pero no tuvo miedo. Si la muerte olía como ella, la aceptaría con gusto.
*C & A*
—¡Muchas gracias por lo que hiciste por nosotros! —dijo Candy sin soltar el abrazo—. ¡Gracias por ayudar a Anthony! —expresó con una mezcla de llanto y emoción.
—¡Mi niña…! —sollozó Amelia abrazando fuerte a la rubia que, con voz quebrada, le daba la bienvenida a su hogar.
Ambas se separaron y rieron por verse llorando al mismo tiempo. Amelia le limpió las lágrimas con ternura maternal.
—Eres tan hermosa como Anthony dijo. —Amelia acomodó los rizos que cubrían la mejilla de Candy y picó su nariz con el dedo. Candy sonrió ante el mimo.
—Tú eres extraordinaria. Anthony me contó cómo lideraste el ataque y Víctor me ha dicho muchas cosas sobre ti.
—Creele la mitad, siempre ha exagerado —. Amelia dirigió una pícara mirada a su compañero y sonrió al ver al hombre enamorado que el Destino le había devuelto—. Ven, tienes que saludar a los demás —dijo, y su brazo y el de Candy se enlazaron para después caminar juntas por la estancia, saludando a los demás cambiantes.
Víctor y Anthony se volvieron a mirar, incrédulos por haber sido abandonados por sus parejas en medio de todos. Se encogieron de hombros y caminaron detrás de ellas. Víctor no tenía intenciones de volver a alejarse de Amelia y Anthony cuidaba los gestos y movimientos de Candy para identificar en ella alguna incomodidad.
—¡Jess! —gritó Candy, emocionada cuando la adolescente la encontró en medio del salón—. ¡Gracias a Dios estás bien! —exclamó abrazándola para después revisar sus heridas—. No sabes cuánto lamento lo que te ocurrió, lo siento mucho —decía con palabras atropelladas mientras abrazaba a la joven tal vez con demasiada efusividad.
—Estoy bien, Candy —contestó Jess—. Fue un golpe duro, pero no te preocupes, por favor. Estoy bien, mi hermano está bien y todos los cachorros —dijo al tiempo que todos a los que había nombrado se reunían en torno a ellas.
Louis no había perdido el ojo, pero tendría una cicatriz de por vida. Sus tres asistentes de la enfermería y Billie intentaban controlar el entusiasmo de los cachorros y se turnaban para abrazar a Candy y agradecerle lo que había hecho por ellos y sus familias. Los niños llamaron su atención al tirar de su vestido y Candy se hincó para escucharlos a todos.
—¡Un brindis! —exclamó Gabriel y su voz silenció todo el salón. Todos levantaron sus copas o buscaron la más cercana—. ¡Por Candy!
—¡Por Candy! —repitieron todos y la rubia no supo qué hacer. Sólo podía sonreír y agradecer con la cabeza a todos por su cariño y su valor. Estaba demasiado emocionada, feliz y aliviada de ver a los miembros de la familia a salvo. Anthony le acercó una copa y bebieron al mismo tiempo que los demás.
La cena se extendió hasta bien entrada la madrugada y Candy y Anthony volvieron a su habitación hablando, todavía con mucha energía, de lo que había ocurrido durante la cena.
—Amelia es increíble —dijo Candy cuando se cambiaba de ropa—, y Víctor está tan feliz que casi no lo reconozco, parece otro hombre.
Anthony sonrió, no tenía palabras todavía para expresar la emoción que le daba ver a sus tíos reunidos y la nostalgia que sentía por imaginar que sus padres nunca tendrían esa segunda oportunidad para amarse. Candy pareció notarlo y se acercó a él. Lo consoló con palabras cariñosas y de aliento, como sólo ella sabía hacerlo y Anthony sollozó entre sus brazos.
Habían ganado mucho en los últimos días, pero eso no dismiuía el dolor de la pérdida. Nada podía curar el dolor de la muerte de su madre y su hermano años atrás; la soledad a la que habían sido condenados él y su padre, al mismo tiempo que Albert. Nada sanaría el sufrimiento por las recientes muertes; tal vez sólo el tiempo les enseñaría a vivir en una nueva realidad sin aquellos a quienes habían perdido.
—A dormir —pidió Candy besando con ternura los labios de Anthony—. Tenemos un día importante por delante.
—Sí, jefa —asintió Anthony al devolverle el beso.
*C & A*
En otra habitación del tercer piso, una pareja también se preparaba para dormir…
—¿Cansada? —preguntó Víctor acercándose a Amelia por detrás para abrazarla. Ella miraba por la ventana de su habitación y evocaba los días felices de su juventud, al tiempo que intentaba convencerse de que realmente estaba en su hogar
—¿Por qué?, ¿quieres salir a patrullar? —Besó la mejilla de su compañero y se apretó contra su cuerpo.
En su juventud disfrutaban de la quietud del bosque nocturno y salían a recorrer los alrededores con el pretexto de patrullar.
Víctor apoyó el mentón en el hombro de Amelia y la abrazó con fuerza. Todavía le costaba creer que ella estuviera viva y de vuelta en casa. Recordó el momento en que la creyó muerta y el mismo miedo de aquel entonces lo abrasó por dentro y se intensificó al imaginar todo lo que ella había sufrido a manos de Rodrick. Si tan solo…
—¿Sabes qué es lo bueno de un mal pasado? —preguntó Amelia tras un rato de silencio—. Que por mucho que lo intente, no puede competir contra la dicha del futuro—. Giró sobre su eje y quedó de frente, mirando a Víctor, quien bajó sus manos hasta la espalda baja de ella—. Los últimos años fueron un infierno para ti y para mí —acarició su mejilla y delineó las pequeñas arrugas que había en las comisuras de sus ojos—, pero no dejaremos que eso nos impida ser felices de ahora en adelante. Todavía tenemos mucho qué contarnos, pero no para empañar nuestro futuro, sino para volver a conocernos. Quiero saber todo de ti, qué has hecho estos años, qué te gusta, qué odias; quiero saber si sigues comiendo terrones de azúcar cuando nadie te ve o si tu ataque doble sigue siendo tan bueno como lo recuerdo.
Víctor sonreía ante las palabras de Amelia y se deleitaba con el timbre de su voz; una voz que nunca se había borrado de su memoria y que ahora podría escuchar por muchos años más. Los ojos ambarinos de ella se clavaron en sus pupilas y los vio inundados de lágrimas. Apoyó su frente en la de ella e inhaló su aroma, ella hizo lo mismo y sus bocas se encontraron en un beso tierno y cálido. En ese instante volvieron a ser unos muchachos, igual de discretos y delicados que cuando se habían conocido y reconocido como compañeros.
—Quiero conocerte —murmuró Víctor y Amelia sonrió al recordar que esas mismas palabras las había dicho años atrás.
—Corres el riesgo de enamorarte —contestó, evocando también las palabras dichas por ella siendo una joven.
—Me gustan los riesgos.
Víctor volvió a tomar sus labios y Amelia correspondió, aferrándose a su cuerpo. Se movieron con torpeza hacia la cama y cayeron uno encima del otro entre risas, besos y caricias.
Recostados en la cama y envueltos en un abrazo, Amelia y Víctor hablaban de todo aquello que les venía a la mente y querían que el otro supiera.
—Ahora entiendo por qué Gabriel te admira tanto —expresó Amelia después de oír la historia de cómo Anthony y Gabriel habían llegado a la manada y la cacería que este último y él emprendieron para hacer justicia.
—Es un hijo para mí —confesó Víctor—, sin él y Anthony en casa me habría amargado por todo lo que perdimos.
—Te entiendo —murmuró Amelia y se acurrucó en el pecho de Víctor—. Yo también tengo hijos y sin ellos…
—¡Qué!
Víctor se levantó de la cama como si una familia de pulgas lo hubiera atacado y miró a Amelia fijamente con el ceño contraído. Ella se mostraba seria, pero sus mejillas comenzaron a bailar y las comisuras de sus labios, a curvarse para estallar en una sonora carcajada.
—Unos chicos que fueron capturados por Rodrick igual que yo se volvieron mi familia —dijo en tono tranquilo tendiéndole la mano para que volviera a acostarse a su lado.
—¡Ah..!
—Mi amor, sigues siendo un inocente para las bromas —le besó la mejilla y rodeó su cuerpo con los brazos.
—Supongo que es bueno que tuvieras a alguien, ya que juntos no pudimos ser padres… —dijo Víctor con verdadero pesar al volver a los brazos de Amelia.
—Aún no es tarde para nosotros —afirmó Amelia— y lo sabes. Somos más resistentes que los humanos. —Tomó su barbilla y lo besó.
Víctor no aceptó ni negó la propuesta, sólo sonrió y tomó a su compañera entre sus brazos para volver a amarla.
*C & A*
A la mañana siguiente se llevaría a cabo el funeral. Toda la manada se levantó temprano y se reunió en un alejado claro donde los cuerpos serían incinerados y después, depositados en la cripta de la manada; un lugar tranquilo y cuidado en el bosque al que todos tenían acceso y completa paz cuando asistían a honrar a sus muertos.
Anthony habló primero y muchos derramaron lágrimas al escucharlo agradecer el sacrificio y valor de los caídos; juró honrar su memoria y dio paso para que los familiares de cada uno pudieran despedirse. Volvieron en silencio a la casa de la manada e hicieron un almuerzo al aire libre, donde las lágrimas y recuerdos se combinaron con las anécdotas de la batalla y los lamentos del estado del bosque.
—Lo recuperaremos —prometió Anthony a todos—. El equilibrio del bosque se ha roto, pero haremos todo lo que esté en nuestras manos para restaurarlo.
*C & A*
Un par de noches después del funeral, la manada se volvía a reunir para una ceremonia diferente. El salón de baile estaba dispuesto para recibir a los nuevos integrantes de la familia, tras largas conversaciones con el jefe Brower.
Él y su hermosa compañera se colocaron en medio del salón después de una solemne entrada y todos guardaron silencio. Gabriel y Víctor se dirigieron a la puerta y, tras un asentimiento de cabeza por parte de Anthony, abrieron las puertas para que un grupo de cambiantes desconocidos entrara.
Candy sabía lo que ocurriría, pero estaba nerviosa, pues era la primera vez que vería dicha ceremonia y ella estaba al centro de todo.
El grupo entró con paso decidido, pero los que estaban nerviosos no podían negarlo si les preguntaban. Había cambiantes de todas las edades; jóvenes recién convertidos y adultos dispuestos a corregir sus errores pasados.
Candy miró de reojo a aquellos que habían sido sometidos por la manada de Rodrick, no sabía qué esperar de ellos, tal vez desconcierto, rechazo o desaprobación por la ceremonia, pero no detectó nada de eso en sus caras. Todos guardaban silencio, pero intercambiaban miradas y ligeras sonrisas.
Con discreción y elegancia, se llevó una mano al pecho e intentó calmar los latidos de su corazón.
El grupo avanzó en filas de cinco y se detuvo como un pequeño pelotón delante de ella y Anthony. Candy podía notar la culpa en sus ojos y se le hizo un nudo en la garganta. Recordó que Anthony le contó cómo ellos también fueron víctimas de las mentiras, manipulación y abuso de poder de Rodrick y se limpió una traicionera lágrima del rostro.
—Jefe Anthony, jefa Candy —dijo uno de los mayores en edad—. Nuestras acciones pasadas son reprobables. —Miró con vergüenza a aquellos que fueron sus prisioneros y continuó—: Hicimos daño a miembros de nuestra especie en múltiples ocasiones y nunca podremos expiar esos pecados. Usted, al tomar la casa de Oregon pudo tomar como prisioneros a nuestros cachorros o matarlos, pero no lo hizo. Al vencer al jefe Rodrick pudo condenarnos a muerte y tampoco lo hizo. En unas horas nos ha demostrado una manera diferente de liderazgo y de la manera más humilde queremos pedirle que nos acepte en su manada.
La seriedad en el rostro de Anthony le sumaba edad; se veía serio, sereno y su mirada irradiaba severidad y liderazgo. Miró a todos y cada uno de los presentes en ese grupo y asintió levemente con la cabeza.
—Sean bienvenidos —dijo y su voz resonó en los oídos de toda la manada, incluso de Candy, quien se sintió invadida por una nueva y cálida sensación de pertenencia.
Después, uno a uno juraron lealtad a Anthony y él recitó su parte con todos, quienes también dirigieron palabras de respeto hacia Candy. Ella respondió a cada una y estrechó la mano de todos.
Al terminar el último juramento, la manada hizo un brindis y Candy y Anthony caminaron entre los miembros para intercambiar breves frases de aliento y apoyo.
Candy conoció a cada nuevo miembro y, tras intentar memorizar sus nombres, ideó en su mente un plan para conocer la salud de todos. Ahora ellos eran su responsabilidad y pondría todo su esfuerzo y conocimientos para mantenerlos sanos.
—¡Candy!
La rubia giró al reconocer esa voz y exclamó con gran sorpresa al ver a Elizabeth usando un hermoso vestido invernal y llevando su largo cabello castaño suelto.
—¡Lizzie! —exclamó y abrazó a la joven—. Me da tanto gusto verte, creí que te habías ido sin despedirte.
—Nada de eso —negó Elizabeth tomando las manos de la rubia—. Estuve en la enfermería con Billie y después tuve que salir al pueblo más cercano para comunicarme con mi padre. Le envié un telegrama para decirle que estábamos bien.
—¿Cómo está Billie? —preguntó Candy, sintiéndose culpable de inmediato por no haber estado para atenderlo.
—Llevará sus cicatrices con orgullo —contestó sonriente—. Nos iremos mañana al mediodía.
Candy abrazó a Elizabeth una vez más y le agradeció por todo el apoyo. De no ser por ella, muchos cambiantes habrían muerto por envenenamiento y las bajas durante la batalla habrían sido mayores.
—Para eso están los amigos —contestó Elizabeth—. Siempre que nos necesiten, aquí estaremos.
—Y nosotros también —aseguró la rubia—. Por favor, dale a tu padre las gracias de mi parte.
—Le diré. ¡Por cierto! Investigaremos tu caso. Le dije a Anthony que yo nunca había oído de un humano que se convirtiera, pero alguien en mi manada debe saber algo y, en cuanto tenga información concreta, se las enviaré.
—¡Oh, Lizzie! Gracias. —Candy abrazó con más fuerza todavía a Elizabeth y juntas se acercaron a la mesa para beber juntas. Se les unieron Amelia y otras cambiantes y charlaron como amigas que se conocen de toda la vida.
—Te ves hermosa con ese vestido —halagó Candy y Elizabeth dio un par de vueltas para modelar.
—Lo vi en el pueblo y no lo pude resistir, encantador ¿cierto?
Al igual que sus ojos, el estilo de Elizabeth era indescifrable; unas veces, como Candy la había conocido, era una mujer con un estilo masculino y cómodo y otras, como esa noche, era la chica más femenina y elegante del condado.
Un cambiante la invitó a bailar y Lizzie se perdió entre las parejas.
—Jefa, ¿me concede este baile? —preguntó Gabriel al acercarse a Candy y ofrecerle su mano.
—¡Encantada! —aceptó la rubia de inmediato y siguió a su amigo al centro del salón de baile.
—Preguntarte cómo te sientes debe ser la pregunta más absurda, pero no se me ocurre otra manera —dijo él al cabo de un rato.
—Y decirte que estoy bien sería la mentira más grande del año —aceptó Candy tras dar una vuelta, guiada por Gabriel—. Aún no creo todo lo que pasó y tampoco entiendo cómo es que cambié. ¿Tú tienes alguna idea? —preguntó esperanzada, pues Gabriel era la persona que siempre, después de Anthony, la sacaba de dudas.
Él apretó los labios y negó con la cabeza.
—Eres un misterio. Yo nunca había escuchado que un humano se transformara.
La respuesta no satisfizo a Candy, pues era la había recibido desde que se enteró de su cambio.
—¿Crees que sea permanente? —preguntó—, ¿qué tal si nunca lo vuelvo a hacer?
Esa era la duda que más acechaba a Candy, pues no le daba miedo ser como Anthony, sino dejar de serlo. Habían pasado varios días desde su transformación y su cuerpo no había vuelto a experimentarlo, lo que preocupaba a la rubia, pues sabía que los primeros días el cambio era incontrolable.
—Dudo que sea algo de una sola vez —contestó Gabriel, pensativo, intentando dar una explicación al cambio de Candy, pero la verdad era que no tenían ninguna—. Pero encontraremos información. Tal vez…
—¿Sí? —Candy lo incitó a continuar. Estaba ansiosa por conseguir cualquier información.
—En unas semanas, Víctor, Amelia y yo viajaremos a Oregon a organizar la nueva adquisición del jefe, tal vez encontremos información en los libros que tengan allá o con los cambiantes que viven ahí.
—¿Irán a Oregon? —repitió Candy con sorpresa.
—Los miembros nuevos no vinieron con las manos vacías, muchos son administradores de los negocios de los Bennett y sus bienes pasarán a manos de Anthony, ¿no te lo dijo?
—Sí, pero… la verdad no le hice mucho caso —contestó Candy ruborizándose pues estaba segura de haber oído los planes de Anthony en un descanso que se dieron durante la noche, pero su cuerpo y su mente habían estado concentrados en otra cosa que no eran en absoluto negocios.
—Partiremos en unas tres semanas, cuatro si nos retrasamos con los pendientes que tenemos.
*C & A*
La reunión terminó y la casa de la manada poco a poco se hundió en el silencio. Las manadas aliadas que permanecían en el territorio partirían al día siguiente y ya tenían todo preparado, al igual que Elizabeth. Los nuevos miembros fueron acomodados en el segundo piso y en la casa de Harmony, temporalmente. Las patrullas no se habían detenido y mantenían una estricta vigilancia, por si algún renegado decidía traspasar el territorio.
—Voy en un minuto —dijo Candy a Anthony cuando llegaron a la puerta de su habitación—. Revisaré a Aaron.
La rubia entró a la habitación después de avisar su llegada, y Odette y sus padres la recibieron con una sonrisa cansada. Aaron seguía en coma, pero estable. Candy revisó sus signos y ajustó la dosis del antídoto que cada día era menos necesario.
—Él sabrá cuándo despertar —dijo a los tres cambiantes que no se despegaban de la cama del hombre.
Los padres de Odette vivían a las afueras de Chicago y, tras enterarse del ataque buscaron la manera de entrar al territorio, pero no lo lograron hasta que Amelia los reconoció en las afueras del bosque y se le unieron en combate. Una vez terminada la batalla, no se separaron de su hija ni de su sobrino.
—Descansen, no tiene caso que los tres estén despiertos toda la noche —ordenó y esperó a que solo uno de los tres acompañara al paciente durante la noche.
Candy salió de la habitación de Aarón y entró a la suya, donde la oscuridad y el silencio reinaban.
—No enciendas la luz —ordenó Anthony y Candy sintió cómo sus palabras tenían un efecto distinto en ella. Acababa de recibir una orden directa del jefe de la manada y su cuerpo no le permitía desobedecer.
Avanzó con paso lento al interior de la habitación y gradualmente su vista se acostumbró a la falta de luz y pudo distinguir la disposición de las cosas y los muebles. Su piel se erizó por la emoción de ver en la oscuridad y caminó con paso más firme.
Unos cálidos brazos la rodearon por la espalda y sintió un beso en el cuello.
—Debes estar alerta —le dijo al oído con voz grave y una llama se incendió en su interior—. Tu vista, tu olfato y tu oído tienen que estar pendientes de todo lo que ocurre a tu alrededor.
Las manos de Anthony bajaron hasta su vientre y la hizo girar para que estuvieran frente a frente. Ella puso las manos en el pecho de él y entornó los ojos para mirarlo en la oscuridad, pero le era difícil después de haber perdido la concentración gracias a su cercanía.
—Dime qué hueles —ordenó rozándole la oreja con sus labios.
Candy cerró los ojos e inhaló profundamente.
—A ti —contestó jadeante.
Un —mmm— negativo salió de Anthony—. Pon atención —volvió a ordenar.
La rubia torció el gesto e hizo un nuevo intento, pero el olor que imperaba era el de Anthony.
—Concéntrate.
Ignoró el olor de Anthony e imaginó la disposición de la habitación. Lo que tenía más cerca era la mesa central y se imaginó viéndola y…
—¡Chocolate! —exclamó al descubrir el olor.
Anthony sonrió, pero ella no se dio cuenta.
—Sigue.
Esta vez se imaginó cerca del escritorio…
—Vino.
—Uno más —murmuró Anthony y Candy apretó los puños. Su mente avanzó hasta su cama.
—Flores… espera… ¿rosas?
Anthony sonrió, complacido por las respuestas de su compañera y la besó sin previo aviso, larga y profundamente, bebiendo de su dulce sabor e hipnotizado por la pasión que ella desbordaba en ese beso. Candy rio en su boca y lo abrazó con más fuerza.
La condujo hasta la cama y la sentó en ella, después se abrió paso entre sus piernas y se hincó. Extendió la mano y tomó la rosa para delinear el rostro de Candy con sus pétalos. Ella cerró los ojos ante la suave caricia y dejó escapar un seductor suspiro.
—¿Sabes lo difícil que es conseguir rosas últimamente? —preguntó Anthony acariciando los labios de su mujer; ella se movió hacia él, atraída como un imán y Anthony tomó sus labios, cálidos y ávidos de probarlo—. Tendremos rosales en la entrada de la casa, ¿te parece? —preguntó él después de culminar el beso.
Candy gimió como respuesta y tomó el rostro de Anthony entre sus manos para volver a besarlo.
—No hemos terminado —dijo Anthony con voz ronca y luchando por resistir solo un poco más a la excitación de su cuerpo y la de su compañera.
—¿Qué más? —preguntó Candy con frustración. Esperaba pasar pronto la siguiente prueba de Anthony porque no sabía cuánto tiempo más resistiría su cuerpo el deseo de tenerlo dentro.
—Audición —contestó Anthony—. Dime qué escuchas.
—De acuerdo… —Asintió y se concentró, pero era noche y la casa y el bosque dormían, así que no había ruidos—. No escucho nada.
—Concéntrate —ordenó Anthony con voz de mando— y no tuerzas los ojos.
El hecho de que Candy todavía no pudiera ver bien en la oscuridad, no quería decir que Anthony tuviera el mismo problema. Rio por lo bajo y se concentró.
La prueba resultó más tardada, pues las respuestas que Anthony esperaba no eran las que Candy daba. Ella dijo que oía su respiración y el leve sonido que hacía el colchón ante sus movimientos.
—Esos sonidos los perciben todos los humanos. Tú eres una cambiante —dijo serio y eso casi sonó como un regaño.
Cerró los ojos y concentró su atención en la ventana, estaba cerrada, pero sabía que el sonido que Anthony quería estaba en el exterior y lo buscó. El silencio era abrumador, pero…
—¿Un grillo? —dijo, insegura de su respuesta.
—¿Dónde?
—En… en la entrada… creo que en el segundo escalón.
—¡Excelente!
Orgullo era la palabra exacta para describir lo que Anthony sentía en ese instante y su voz lo denotaba.
Candy respiró aliviada y se dejó caer en la cama, rendida ante la prueba del jefe Anthony.
—Lo hiciste muy bien —la felicitó Anthony—. Imagina lo que harás una vez que empieces a entrenar. —Su emoción era contagiosa.
Candy no dijo nada y se emocionó ante la idea de recibir entrenamiento. Sabía que no sería nada fácil, como la reciente prueba había demostrado, pero no claudicaría y cada día se esforzaría por hacerlo bien.
Anthony le levantó su pierna derecha y desató su bota para quitársela con delicadeza, hizo lo mismo con la otra y le dio un suave masaje en las piernas y los tobillos. Un traicionero gemido salió de su boca ante el contacto y las manos de Anthony subieron lentamente hasta quitarle las medias y tocar su piel desnuda. Su nariz acarició sus muslos desnudos y depositó un cálido beso cerca de su centro.
—Lo hiciste tan bien que debo recompensarte —prometió Anthony con voz ronca y excitada.
Candy se levantó y se apoyó en sus codos para intentar ver los movimientos de Anthony quien, con dedicación y ternura se deshizo de la ropa interior de la joven y deslizó su lengua por los húmedos pliegues de su intimidad.
—Seré tu fiel discípula —gimió Candy al sentir la lengua de Anthony deslizarse en ella, lamiendo su carne.
La risa de Anthony rebotó contra su piel.
La tomó de las caderas para controlar el ritmo y su boca navegó por cada rincón de aquella sensible y sensual zona.
Candy echó la cabeza hacia atrás y se dejó llevar por el placer que le causaba el movimiento de su hábil lengua. Sus caderas se movían al compás, empujando hacia su boca, y hundió los dedos en el cabello de Anthony quien, al sentir la presión, se movió con más profundidad y aumentó la intensidad de su mudo discurso de amor y adoración hacia su mujer.
Su placer se disparó cuando Anthony introdujo sus dedos y empezó a moverlos dentro y fuera de ella, mientras su lengua seguía envolviéndola. Sus gemidos se multiplicaron y tuvo que apoyar las piernas en los hombros de Anthony para darle un mayor acceso.
Gritó su nombre cuando su lengua se hundió en ella y tocaba la cumbre del placer. Anthony terminó de beber de aquel mar de seducción y erotismo, destinado únicamente para él.
Aturdida y satisfecha, se dejó caer en la cama y aflojó las piernas, mientras Anthony dejaba un tenue camino de besos y ligeras caricias en su piel sensible.
—Eres perfecta —susurró Anthony y Candy se estremeció de placer ante sus palabras.
Le acarició el rostro y tiró de él hasta quedar encima de ella. Lo besó al instante, entrando a su boca sin prisa y deslizando sus manos a través de su pecho para quitarle la camisa. Anthony gimió en su boca y ella sonrió. La piel de él ardía en deseo y Candy lo ayudaría a liberarse de esa pasión.
Giraron sobre sus cuerpos y ella se acomodó a horcajadas, encima de él, sin detener sus besos y su inquieto recorrido de caricias. Frotó su cuerpo contra el de él y su piel, sensible por el último orgasmo, gruñó ante la tela que se interponía entre ellos. Anthony tomó con fuerza sus labios y la pegó a su pecho, mientras intentaba deshacerse de su ropa. Ella lo ayudó y sonrió complacida al tenerlo desnudo bajo su cuerpo.
—Estoy en desventaja —murmuró él con seducción y diversión mientras la desnudaba.
Acarició sus senos tan pronto saltaron a la vista y Candy gimió cuando sus manos ejercieron una leve presión. La sujetó de la cintura y olisqueó, lamió y chupó sus pezones, duros y excitados.
—¡Anthony…!
Las manos de Candy se sujetaron de su espalda y sus caderas siguieron moviéndose al compás de las de él.
—Te necesito dentro —jadeó ella en sus boca.
—Soy tuyo —contestó Anthony besando su marca y encendiendo más la pasión de su cuerpo. Sus hábiles dedos encontraron su clítoris y gimió al sentirla otra vez, lista para él; pero esta vez ella tenía el control, ella comandaba los movimientos…
Hundió sus caderas y se llenó de él. Inició un placentero vaivén que incrementó lentamente hasta encontrar su propio ritmo y el placer de ambos.
Anthony veía una hermosa amazona que tomaba lo que era suyo y soltaba palabras de emoción y deseo que se fundían con las de él al sentirla.
—Te sientes tan bien…— gruñó Anthony y sujetó sus caderas para moverse con ella, embistiendo, cortándoles el aliento y llegando cada vez más profundo.
—¡Anthony! — Chocó su frente con la de él y apretó su cuerpo en torno a él al sentir cómo Anthony se desbordaba dentro de ella y emitía un salvaje y seductor gruñido. Gritó al encontrar su segundo orgasmo de la noche.
Se mantuvieron en esa posición hasta volver al mundo real y regular sus respiraciones. Sonrieron al encontrar sus miradas y se besaron lentamente. Anthony se dejó caer de espaldas con lentitud para no soltarla y permanecieron abrazados, intercambiando caricias y breves frases de amor.
Las noches de invierno eran largas y ellos, una pareja deseosa de amarse.
*C & A*
Queridas lectoras:
Estoy muy contenta de que les haya gustado el cambio de Candy y espero que este capítulo también. Las cosas empiezan a tomar su lugar y la tranquilidad a reinar en casa.
Creo que se han resuelto dudas respecto a Víctor y Amelia y quiero agradecerles nuevamente por el interés que prestaron a ellos, les confieso que el personaje de ella no estaba previsto en el borrador, pero me alegra haberla insertado. La pareja ya está reunida y quién sabe qué les depare el destino, pero, eso sí, juntos.
Sé que quieren saber ¡qué pasa con Albert! y a qué hora llega, pues bien, el siguiente capítulo se titula "Líder y patriarca" y al fin sabremos cómo cambiará el futuro de los Andley.
Me despido, no sin antes agradecer a:
Cla1969: hola, gracias por comentar, te debo una disculpa porque sin querer hice spoiler en mi respuesta a tu comentario anterior, te dije que Gabriel había matado a Aquiles y eso no lo mencioné hasta este capítulo, pero gracias por leer y siempre comentar. Te mando un abrazo.
Marina777: hola, mil gracias por comentar qué bueno que sí te gustara la transformación de Candy. Insisto, se han resuelto dudas y los cabos que quedan sueltos, también se resolverán, por lo pronto, espero que este capítulo haya sido de tu agrado. Te mando un saludo desde México.
GeoMtzR: hola, al jefe le encantó la nueva loba, tienes razón en que no se despegará de ella nunca más porque sí, son el uno para el otro. Me encantan tus suposiciones con Albert, pero creo que sólo tenía un cartucho para la transformación espontánea y lo usé con Candy, pero quién sabe… Albert puede encontrar la felicidad sin ser un cambiante, esperemos a ver qué pasa. Muchas gracias por tus lindas y alentadoras palabras y sí, la imagen de portada, eran ellos, desde siempre. Te mando un fuerte abrazo y espero que estés muy bien.
Mayra: hola, muchas gracias por tu comentario, ahora sí, Candy y Anthony juntos hasta el final que es como nos gusta verlos. Saludos.
Mayely Leon: hola, muchas gracias por tus comentarios, ojalá te haya gustado este capítulo y nos sigas acompañando en los siguientes.
Julie-Andley-00: hola, creo que eres la única que vio venir el cambio de Candy, pero fuiste muy discreta y no nos dijiste. Qué bueno que sí te gustara el giro que dio la historia y cómo se van calmando las cosas para la manada. Te mando un saludo.
Nos leemos pronto
Luna
