Chapter 3

Advertencia: descripción de ataque de pánico.

¿Señora Tsukishiro?

Se levantó de golpe. El doctor se veía cansado. Su expresión era indescifrable, no sabía si venía con buenas o malas noticias.

Soy yo. Digame como esta, por favor.

Se encuentra estable, lo peor ya pasó. Él estará bien. Lo están moviendo al área de terapia intensiva y le dirán cuando pueda ir a verlo.

Quería abrazar al doctor pero no le pareció prudente.

Muchas gracias. De verdad, gracias.

En ese momento sintió un vacío. El vacío que llegó y nunca se fue. Yukito estaría bien, pero ¿como superarían lo que sucedió con Yue?

Ese había sido un día difícil en el trabajo. Todos tuvieron drama en el recreo. Todos querían hablar sin alzar la mano. Tuve que mandar a un niño a la oficina por patear a otro. La directora había decidido que ese era el día perfecto para observarme. Estaba a punto de entregar mi renuncia; gracias a Dios que ya era el final del día. Uno de mis estudiantes más problemáticos se acercó. Ay, no.

—¿Señorita Kinomoto? —preguntó con timidez. Después de lo sucedido, decidí retomar mi apellido de soltera. Me dolía mucho que me llamaran por el apellido de mi esposo.

—Dime, Hiro, —respondi de forma solemne.

—Disculpe que fui malo hoy. Mañana seré mejor.

Quería llorar y abrazarlo en ese mismo momento. Me entregó una nota que decía "Lo siento" y se alejó para unirse con el resto de sus compañeros. Creo que volveré mañana.

Todo ese día me había hecho sentir que era un presagio de lo que pasaría esa noche en mi cita. No tenía altas expectativas. Daisuke me había dado los detalles del lugar pues yo no quería que pasara por mi. Era una precaución que siempre había tomado de joven y la cual no pensaba abandonar, no que hubiera salido mucho en mi juventud. Tenía a Meiling lista con una llamada de emergencia por si necesitaba escaparme. Miré la hora y salí corriendo. No quería llegar tarde.

Me llegaron tres mensajes seguidos.

Li Syaoran

Li Syaoran

Li Syaoran

Eso era todo. Decidí por fin bloquear su número, regañándome por no haberlo hecho antes. Ya no quería saber nada más de él. Sabía que quizá estaba siendo injusta pero no podía olvidar las últimas palabras que me había dicho.

—¡Hola Kero! —saludé a mi cachorro al llegar. Kero casi me tumba brincando sobre mi por la emoción. —Ya, ya. Tranquilo chico. Oye, hoy no te puedo sacar a correr, tengo una cita.

El perro se quedó pasmado como si entendiera lo que le acababa de decir. Lo deje salir al patio de atrás mientras subía a mi habitación a arreglarme. Tenía años sin salir en una cita así que fue muy incómodo el tratar de decidir que usar. Conocía el restaurante al que iríamos, pero jamás había ido. Era semi formal por lo que opté por una falda de tubo negra que me llegaba por encima de la rodilla, y una blusa holgada de color rosa palo. Era ropa que ya no usaba y se sentía extraña en mi. Nunca me vestía así para el trabajo o para ver a mis amigos. Me maquille ligeramente, otro hábito que hacía mucho había abandonado. A decir verdad, estuve a punto de buscar un tutorial pero fue casi como andar en bicicleta; nunca se olvida.

Fui por Kero y le dejé varios premios de perro para que no resintiera que lo iba a dejar de nuevo. Le rasque detrás de la oreja, prometí que volvería pronto, y me encamine hacia mi carro para ir a la dichosa cita.

Mientras más me acercaba al lugar, más nerviosa me sentía. No sabía si eran nervios buenos o malos. Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía cómo se veía el tipo. Me di una palmada en la frente mentalmente y le mandé un mensaje rápido diciéndole cómo estaba vestida. Espere en el lobby del restaurante un momento. Había llegado 3 minutos tarde, pero para mi era un nuevo récord. Quizá él era de esas personas super puntuales y se había cansado de esperar. Quizá podría volver a casa, ponerme mi pijama, y ver una película con Keto. Era el plan perf…

—¿Sakura?

Joder.

Volteé y me quedé sin aliento. Era un hombre muy atractivo. Cabello rubio algo desordenado, ojos azul claro, y hoyuelos a causa de su sonrisa con dientes perfectos. Tenía la espalda ancha, mandíbula cuadrada, y por su camisa negra se notaba que tenía buen músculo. Maldición Tomoyo. ¿No podía haberme advertido?

—Daisuke, me imagino, —respondí extendiendo mi mano.

—Solo Dai, es un placer, —tomó mi mando y le dio un ligero beso. Sentí como me sonrojaba ligeramente.

Si Yukito pudiera verme ahora… No, Sakura no hagas esto. Tú puedes. Quédate en el presente.

—¿Has venido aquí alguna vez? —me preguntó el joven de ojos azules.

—No, pero he escuchado hablar mucho de él. Todos dicen que la comida es deliciosa.

—Esperemos que si, no puedo arruinar tu primera cita. Dice Tomoyo que llevas viuda tres años, ¿cómo te va con eso?

—Como dicen los adictos, un día a la vez, —lo mire con detenimiento, tratando de detectar lo que me temía.

—Si, mi esposa falleció hace 5 años. El tiempo no lo hace mas facil, solo tolerable.

Fue entonces que se me salió una rotunda estupidez.

—Osea que Eriol y Tomoyo nos vieron y dijeron "mira estos dos tienen historias trágicas, juntemoslos", —solté sarcásticamente.

Mire hacia abajo avergonzada pensando que Daisuke se iría en ese momento. Pero solo escuche una melodiosa risa. Lo volteé a ver y tenía lágrimas en los ojos.

—Lo siento, no quise…

El estaba jadeando.

—Perdon, estoy bien. Es solo… de todas las respuestas, no pensé que fueras a decir eso, —estaba doblegado de la risa y no pude evitar reir yo también. —¿Cómo voy con lo de la lástima por cierto? —pregunto agarrando compostura.

—Creo que mejor que yo. Lamento lo de tu esposa.

—Y yo lo de tu familia. No lo imagino. ¿Quieres hablar de ello?

—La verdad no. Para nada, —dije siendo sincera. Ese completo extraño estaba logrando una honestidad en mi ya hace tiempo olvidada.

—Perfecto, —contestó. —¿Cual es tu opinión sobre libros de terror?

—Oh, los odio. Soy muy miedosa, —dije rápidamente.

Y así, entre preguntas triviales y bromas, pase una noche buena con alguien fuera de mis seres queridos. Alguien que no me miró como si estuviera rota porque en cierta manera él también lo estaba. Talvez, solo tal vez algun dia podria estar tan rota pero funcional como el.

Tuvimos una pequeña discusión sobre la cuenta. Yo quería pagar mi parte pero el dijo que él debía hacerlo ya que él me había invitado. Yo conteste que era una cita a ciegas entonces técnicamente, nadie había invitado a nadie. La conversación estaba en terrero de coquetería pero traté de mantenerme al margen lo más posible. Al final, la mesera nos dejó saber que la cuenta ya había sido pagada pues Dai había dejado su tarjeta cuando llegó. Él celebró su victoria y yo rodé los ojos.

—Muchas gracias por la velada, Sakura. En verdad me la pase increíble, —dijo Dai al acompañarme a mi auto.

—Lo mismo digo yo. Gracias por invitarme.

—¿Puedo invitarte a salir otra vez? Eriol y Tomoyo no se tienen que enterar.

Me reí un poco. Se sentía bien, no era la misma risa de antes pero el agujero en mi pecho estaba en paz.

—Suena bien. Nos vemos.

El se acerco mucho a mi y sentí terror de que me fuera a besar porque la unica reaccion logica para mi era golpearlo. Dai se pasó de largo y abrió la puerta de mi auto para mi.

—Descansa, Sakura.

Maneje con cierta inquietud después de pensar en lo que yo creí que sería un beso. Entonces llegaron los recuerdos de mi primera cita con Yukito. Fuimos a un festival de la luna. Me gano un oso de peluche al cual le puse su nombre, sin saber lo que significaba. Sentí lágrimas derramarse por mis mejillas y el agujero tomó control de mi cuerpo y mente. No podía respirar. Ya casi llegaba a casa y Kero me ayudaria. El siempre lograba calmarme.

Me estacioné y salí del auto lo más rápido que pude. Sentía como el ataque de pánico quería tomar control. Comencé a tambalearme por la falta de aire, todo comenzó a oscurecerse. Sentía mis latidos en mi cabeza.

—Oye, ¿estás bien? —preguntó una voz.

La conocía. La conocía pero no podía pensar. No podía respirar.

—Kero, —logre musitar. —Kero.

—¿Qué carajos es un Kero? —preguntó la voz confundida.

Fue entonces que lo escuchamos ladrar. La voz tomó las llaves de mi mano y salió corriendo para dejar salir a mi perro. Kero llegó a mi y se recostó sobre mi pecho. Sentí que mis pensamientos volvían a ponerse en orden. Mi respiración volvía a estar bajo mi control. Pero mis latidos… Esos no estaban bien. Mire a la figura frente de mi que me miraba con suma preocupación.

—¿Qué carajos haces aquí?