Alumbramientos y temores


El Bridgertonverso pertenece a Julia Quinn


Aunque la etiqueta del fic sea Bridgerton, este fic pertenece al fandom de los Rokesby, precuela de los Bridgerton, pero no hay etiqueta en Fanfiction para dicho fandom.

También aclaro, que si solo has visto la serie, puedes leer este fic perfectamente, puesto que no contiene spoilers de la saga principal.

También aclaro que solo he leído el primer libro de la saga de los Rokesy Por culpa de Miss Bridgerton, así que, pido disculpas por posibles incoherencias con respecto a los otros tres libros de la saga.

Este libro también podría considerarse una secuela de Adaptándose a ser lady Kennard, aunque no es necesario leerlo para entender este fic.


Este fic participa en el Reto "Multifandom 5.0" del Foro "Alas negras, palabras negras"


Tabla nº6 Verbo


Prompt: Emoción


— Empuja, Mary, empuja. — la animaba su madre mientras la joven daba a luz.

— ¡AAAAAAHHHH!

— Ya veo su cabecita. — se alegró lady Alexandra Bridgerton.

— Vamos, Mary. — la envalentonó Billie mientras le secaba el sudor de la frente con un paño.

— ¡AAAAAAAAAHHHHHHH!

Mary estaba sudada. Era su primer parto. Sabía que iba a ser largo. Pero, nunca pensó que dolería tanto.

Todas las personas de la casa esperaban que todo fuera bien. Nadie lo decía en voz alta, pero cada vez que una mujer se enfrentaba a un parto, ponía en riesgo su vida. Podía morir durante el alumbramiento o de fiebres puerperales.

Lady Helen Rokesby no podía imaginarse que su única hija muriera con apenas veinticuatro años. Billie no podía imaginar perder a su mejor amiga, su hermana de palabra y compañera de aventuras durante toda su infancia. Lady Alexandra Bridgerton era la mejor amiga de Helen y ambas niñas nacieron con pocos días de diferencia. Las ponían en la cuna juntas. Tampoco podía imaginarse un mundo sin Mary.

Todo iba a salir bien.

Debía ir bien.

Finalmente, se oyeron unos sollozos.

— ¡Es un niño! — exclamó Helen limpiando la sangre de su nieto y depositándolo en brazos de su hija.

Mary sonrió y sostuvo a su bebé recién nacido.

— Voy a avisar a Felix. — exclamó Billie saliendo de la habitación.

— Te acompaño. Ya no tenemos nada que hacer aquí. — le secundó su madre.

Lady Alexandra Bridgerton y lady Sybilla Rokesby corrieron al salón donde esperaban los hombres de ambas familias. Lord Bridgerton y su hija pequeña, que había ido y viniendo de ambas estancias para avisar de posibles avances a los varones, y lord Manston junto a sus hijos y yerno.

Los únicos que no estaban presentes eran Edmund y Hugh Bridgerton y Nicholas Rokesby, quienes estaban en Eton.

La preocupación de Frederick Manston y Felix Maynard era palpable. Eran su hija y esposa respectivamente de quien se trataba.

Al entrar las mujeres en la sala, todos los hombres se levantaron con silencio y pesar.

— ¡Ya ha nacido! — chilló Alexandra.

— ¡Es un niño! — vociferó Billie.

— ¿Mary está bien? — preguntó Felix.

— Sí. Si no, Billie y lady Bridgerton no estarían tan contentas. — reflexionó en voz alta George Rokesby.

— Señoras, caballeros. Iré a ver a mi esposa y a mi hijo. — se despidió Felix tras hacer una venia.

Billie fue a abrazar a George. Su marido y hermano de Mary. Ella también estaba embarazada. De cuatro meses. Estaba asustada.

— George, por un momento pensé… por un momento pensé… que Mary…. — sollozó.

— Tranquila. Mary está bien. Es fuerte. — la tranquilizó. — No pienses más en eso. Todo ha ido bien.

— Familia, hay que celebrarlo. El nacimiento de mi sobrino, que espero que los padres pronto nos digan su nombre y nos bendigan con más niños en un futuro. — exclamó Andrew abriendo una botella de licor. Por suerte, su barco zarparía en unas semanas y había podido estar presente en el alumbramiento de su primer sobrino.

Todos, a excepción de Billie, brindaron. Billie tuvo que avisar al servicio que le trajeran un zumo.

…..

Decidieron quedarse unos días más para ayudar a Felix y a Mary Maynard en todo lo que pudieran. Además, de momento, las tierras de los Bridgerton y de los Rokesby iban viento en popa y no necesitaban su supervisión. Solo la de los arrendatarios.

Billie estaba encantada de pasar tiempo con su recién nacido sobrino y ahijado Reginald todo lo que pudiera o viéndolo en brazos de Mary. También deseaba poder recibir a su bebé dentro de unos meses. Ya se imaginaba dando lugar a escenas tan tiernas como las que tenían su mejor amiga con su hijo.

Solo había un pequeño detalle que a Billie le preocupaba.

¿Y si era niña?

Billie había tenido la suerte de que su padre era un hombre más abierto de mente y permitiendo que la acompañara en sus reuniones con los arrendatarios tanto cuando era pequeña como cuando se convirtió en una mujercita. Billie se había empapado de todo el conocimiento que se necesitaba para cuidar la tierra, los diferentes tipos de abono, los frutos que se necesitaban, etc. También había tenido la suerte de poder llevarlo a cabo en Audrey Hall ahora que su padre era mayor y Edmund demasiado joven. Incluso, después de casarse, su padre todavía la necesitaba yendo y viniendo de Crake House a Audrey Hall a caballo, en carruaje, desde que se quedó embarazada.

Quería que sus hijas disfrutaran de lo mismo que ella.

Sabía que era imposible a corto plazo.

Y por eso la sociedad no se lo pondría fácil.

— ¿Quieres acompañarme en un paseo? Podemos dejar a Reginald con la niñera. — le propuso Mary.

— ¿Seguro que estás bien? — Billie estaba preocupada.

— Sí, necesito que me dé el aire y salir de estas cuatro paredes. — respondió Mary sonriente. — Si vemos a Felix le diré que necesito despejarme y salir de casa. Agradezco que sea tan sobreprotector, pero ahora necesito caminar y pasear.

Billie le trajo su chal y Mary se peinó el pelo, se un vestido de campo y salieron a pasear.

— ¿Qué te ocurre? Te veo muy pensativa estos días. — le preguntó la nueva mamá cuando estuvieron solas.

— Solo estoy pensando en mi bebé.

— El parto saldrá bien. No te preocupes, Billie. — la tranquilizó.

— No es el parto lo que te preocupa. Es el sexo del bebé.

— Sois muy jóvenes. Si no hay heredero esta vez, habrá la próxima. Además, George y yo tenemos tres hermanos, no hay prisa por tener al futuro conde de Manston.

— No me preocupa el sexo del bebé por eso. Seguro que Edward está bien, pero dudo que él y Andrew vayan a casarse pronto. Es complicada la vida de casados con la de un soldado o un marinero y Nicholas es demasiado pequeño.

— Entonces, ¿qué es lo que te preocupa?

— No quiero que sea niña. No quiero que pase por lo mismo que tengo que pasar yo. — se sinceró Billie con tristeza. Después de pensarlo unos minutos, le explicó: — He tenido la libertad de poder llevar las tierras de mi padre y George y yo estamos de acuerdo en que ambos llevaremos las suyas cuando Edmund pueda hacerse cargo del vizcondado. Pero, no sé si mi supuesta hija tendrá la misma suerte. ¿Sabes lo que es tener libertad, encontrar lo que te gusta y quieres hacer y que te lo quiten solo porque eres mujer? Si alguien de fuera de nuestras familias se enterara, George y padre serían la risa del reino.

Mary lo pensó y le respondió:

— Bueno, como dices, George está decidido en que el condado lo llevéis los dos. Así que, si tu supuesta hija resulta ser una copia de ti, recibirá el apoyo de su padre. Yo no tengo esa suerte.

Billie la miró sorprendida. Mary jamás se lo había dicho.

— ¿A qué te refieres? — preguntó Billie sorprendida.

— Me gustaría ir a la universidad. Estudiar historia o filosofía. — sonrió Mary soñadora. — Pero la universidad está prohibida a las mujeres. Tú has tenido suerte de poder encargarte de las tierras porque tu padre te permitió acompañarte cuando eras pequeña y así supiste todo lo que necesitabas cuando él médico le recomendó bajar el ritmo. También tuviste suerte de que el heredero y tú os llevéis siete años, siendo Edmund demasiado pequeño. Y también de que a tu padre le pareciera bien que tú te encargaras de las tierras. Sé que a mi padre le pareció una idea descabellada. Por muy bueno que sea, no es tan abierto de mente como el tuyo. Él nunca me hubiera permitido hacerme cargo de las tierras si algo les hubiera pasado a mis hermanos. Y esa es otra. Tú has podido saborear tu vocación, yo ni siquiera eso. Aunque, quisiera llevar las tierras como tú, jamás habría tenido oportunidad. Tengo cuatro hermanos varones. Los Rokesby no tendremos una crisis sucesoria.

— ¿Por qué nunca lo comentaste?

— Siempre fuiste la más rebelde… la que siempre se subía a los árboles cuando yo me quedaba abajo para ser la precavida del cuarteto entre tú, Edward, Andrew y yo. Todos ya esperábamos que te inclinaras por querer hacer lo mismo que los hombres. Nadie lo esperaría de mí. Y como ya te he dicho, tu padre es más abierto de mente en ese sentido que el mío.

— ¿Felix lo sabe?

— Entre la luna de miel, el embarazo y tu boda no hemos tenido tiempo. Tampoco no es fácil. No es algo que una mujer pueda confesar libremente. ¿Tú lo hablaste con George?

— Sí y me apoyó en todo. Sobre cómo educaríamos a esa supuesta niña. Pero ahora lo que me preocupa es que la sociedad no le dé la espalda o no caiga en desgracia si se enteraran.

— Mientras tenga a sus seres queridos, nada debería importarle. Tú en Aubrey Hall eras feliz cuando no ibas a Londres. Y ahora como vizcondesa seguro que podrás encontrar tu lugar, un perfecto equilibrio entre lo que se espera de ti y lo que quieres hacer.

— Gracias. ¿Sabes? Creo que deberíamos ser sincera con nuestras parejas. Yo volver a comentarle mis miedos a George y tú revelarle tu sueño a Felix. Y cuéntaselo también a tus hermanos. No creo que George, ni Andrew, ni Edward, si estuviera aquí, — Billie casi no conocía a Nicholas, era mucho más pequeño que ella y casi no se habían relacionado. — se lo tomen mal. No son nada cerrados de mente. Te apoyarían.

— Que elogio más bonito has dicho de mis hermanos y no, tampoco creo que se lo tomen mal. Pero, no sé si me siento preparada. Tampoco me gusta esconderles secretos. Puede que se lo diga, pero primero a Felix.

Esa misma noche, Mary se reunió con Felix en su habitación. Ellos dormían juntos, aunque tuvieran sus propias habitaciones para recibir visitas o sus momentos de soledad.

— Felix, si yo quisiera hacer algo que está vetado a las mujeres. ¿Me apoyarías? — preguntó cuando se acostó a su lado.

— Depende, si quieres unirte al ejército, no. No quiero que te maten. ¿Por qué? Hay algo que quieras hacer.

— Sabes que siempre me ha gustado mucho la historia y la filosofía. Me gustaría estudiarla en la universidad.

— Eso es imposible. Está prohibido a las mujeres y necesitarías un permiso del rey para ello. Y, aun así, estaría muy mal visto. Podrían hablar mal sobre ti y la sociedad te daría la espalda.

— ¿Pero a ti te parece bien o no? — preguntó preocupada.

— Yo quiero que seas feliz. Y no sé si podrías serlo con todo el mundo dándote la espalda. Pero, no sé… quizás en algún otro país de Europa se permita a las mujeres estudiarlo… o algún filósofo o historiador darte clases privadas... podemos buscar uno. — le sonrió su esposo.

— Eres un encanto, Felix.

….

A la hora de acostarse, Billie se tumbó al lado de su esposo.

— George, ¿recuerdas lo que hablamos hace unos meses? ¿Sobre si tendríamos una niña?

— Sí, que, si salía igual de alocada que tú y amara cuidar las tierras, la apoyaríamos. ¿Por?

— ¿Y si el resto de la sociedad lo descubre y le da la espalda? — preguntó preocupada.

— Oh, no creo que se atrevan a dar la espalda a la hija de un conde. Además, los Rokesby y los Bridgerton somos muy numerosos y siempre nos apoyamos. La gente no querrá perder oportunidades de negociar o desperdiciar crear una alianza o tener otra influencia.

Billie se lo pensó.

— Todo saldrá bien, Billie. Lo prometo. — susurró George.

Billie sonrió.

….

A la mañana siguiente, Mary se reunió con Andrew, quien estaba comiendo unas galletas.

— Andrew, necesito que me guardes un secreto. — entró corriendo.

Andrew levantó la vista hacia ella. Era un caballero, pero, no se levantaba cuando entraba su hermana. Solo si estaba embarazada y no había asiento libre.

— Depende, ¿de qué secreto se trata?

— Felix y yo vamos a buscar un tutor para que me dé clases de filosofía e historia. No se lo digas a padre y madre hasta que no lo tengamos listo.

— Pues vale, pero te costará hacerme padrino de Reginald. Ya que la madrina es Billie.

— Hecho.

Mary vio a George hablar con un lacayo, que le había mandado una misiva de un arrendatario. Cuando se despidió del criado que la trajo, Mary se le acercó.

— George, necesito que me guardes un secreto.

— ¿Billie o Andrew ya te han vuelto a arrastrar a otra aventura alocada?

— No, le he comentado un deseo que tengo a Felix y esta feliz de que lo hagamos realidad. Queremos contratar un tutor para que me dé clases de filosofía e historia.

— Pero tú nunca has recibido ese tipo de clases. — preguntó George sorprendido arrugando el ceño.

— Leía libros de la biblioteca familiar a escondidas. No se lo digas a padre y madre, al menos, hasta que yo te lo diga.

— Bien. Solo te costará hacerme padrino de tu segundo hijo. — respondió después de esperar unos segundos.

— Hecho.

Meses después, Billie dio a luz a su primera hija, Cassandra Mary Rokesby, quien heredó su personalidad, fortaleza y rebeldía.

En ese momento, Mary ya había empezado sus clases de filosofía e historia con un profesor de universidad de origen extranjero.


Me encanta la amistad entre Mary y Billie, así que, ya tardaba en escribir un fic sobre ellas.

¿Sé nota que Billie es uno de mis personajes favoritos? Solo he escrito dos fics de este fandom y en los dos ella es la protagonista.

¿Opiniones?

Hasta la próxima