Disclaimer:
Este es un trabajo de ficción, inspirado en el universo de Harry Potter y en los personajes que tanto amo. No intento, bajo ningún motivo, tomar autoría del trabajo original de J.K. Rowling. Todos los derechos pertenecen a la creadora de esta increíble saga.
Nota de autora: Octubre 23, 2024. Empecé a escribir "Por mi ventana" cuando tenía 14 años por lo que la historia está muy mal redactada. Después de 20 años regreso porque le tengo mucho cariño a esta historia y me he decidido a terminarla, esta vez bien y con episodios más largos y detallados. Estaré actualizando todos los capítulos para que se refleje mi nuevo estilo de escritura y seguiré subiendo capítulos nuevos. Tengan paciencia, lo haré con esmero procurando no demorarme para que puedan disfrutarla completa. Gracias si me lees desde el inicio y si apenas descubres esta historia, espero que te guste.
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Capítulo I
Secretos
Los rayos del sol se filtraban a través de las cortinas de la habitación, brillando con una intensidad que parecía iluminar cada rincón, mientras las aves entonaban melodías alegres en el exterior. Sin embargo, para la joven Hermione, ese día soleado solo acentuaba su melancolía. Recostada en su cama púrpura, rodeada de libros y notas, intentaba leer, pero las palabras se convertían en un mero murmullo sin sentido en su mente.
Frustrada, su mirada comenzó a recorrer la habitación, como si buscara respuestas entre los objetos que la rodeaban. Finalmente, se detuvo en uno de sus libros de Hogwarts, su corazón oprimido por recuerdos que no podía ignorar. Con un movimiento brusco, lo agarró y lo lanzó hacia el armario, sintiendo una mezcla de ira y tristeza. Regresó a la cama, el pulso acelerado con su mente en un torbellino de pensamientos.
Miró por la ventana, su corazón pesado de nostalgia. Recuerdos dolorosos la invadían, sombras de un pasado que se negaba a desvanecerse. Cada imagen era un eco en su mente, una ráfaga de risas, discusiones y despedidas que la arrastraban a un abismo de tristeza. Una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla, seguida de otra y otra más, hasta que su almohada se convirtió en un refugio.
La puerta se abrió con un crujido suave y su madre, una mujer de cabello castaño que emanaba calidez, entró en la habitación. La preocupación en su rostro era palpable.
—Hermione, ¿te encuentras bien? ¿Por qué lloras? —preguntó con voz suave, casi temerosa.
Hermione se limpió rápidamente las lágrimas, como si intentara borrar la tristeza antes de que su madre pudiera verla.
—Estoy bien —respondió tras una pausa, forzando una débil sonrisa que no logró llegar a sus ojos.
Su madre, escéptica, se sentó a su lado y la observó fijamente, intentando descrifrarla.
—Sabes que puedes contarme lo que te sucede —dijo con ternura, como si las palabras pudieran deshacer el nudo en su corazón.
La joven desvió la mirada, temía que si la miraba a los ojos se quebraría frente a ella y no podía permitirse algo así.
—No pasa nada, mamá. Estoy bien, gracias por preocuparte —murmuró, bajando la cabeza y recargándose en la almohada, dejando que la sombra de sus pensamientos la envolviera nuevamente.
Su madre pese a estar preocupada, salió de la habitación para darle su espacio. Hermione no se comportaba así, usualmente era una persona muy alegre y cálida pero sus sospechas eran correctas. Desde hace bastante tiempo notaba un tono sombrío en sus ojos y a veces pareciera que no estaba ahí con ellos, como si su mente se fuera a otro lado. Las primeras veces que lo notó decidió desestimarlo. "Seguro es mi imaginación" se decía a si misma, pero continuó pasando, cada vez más hasta que se volvió algo constante. No quería admitirlo pero verla así sólo le confirmó lo que pensaba y temía. No obstante, sabía que insistir no era la respuesta; el pesar de su hija estaba conectado con el mundo mágico, y sabía que ella no quería hablar de eso porque se los pidió explícitamente tras su último año en Hogwarts, así que decidió alejarse de el. Sea lo que sea que hubiera vivido durante su estadía en esa escuela, durante esos 7 años, algo la había cambiado. Cerró la puerta de su habitación y la dejó sola.
Fuera, la luz del sol comenzó a cubrirse por nubes oscuras, y el canto de los pájaros se apagó lentamente. Pronto, gotas de lluvia comenzaron a golpear el suelo, transformando el día brillante en una atmósfera gris y melancólica.
—Las cosas deben ser así —se repitió a sí misma—. Entonces, ¿por qué me siento de esta manera?
Cerró los ojos, tratando de escapar de la realidad, pero las imágenes la persiguieron. Recordó momentos que la habían marcado, momentos que habían desgastado su corazón. Abrió nuevamente los ojos, intentando concentrarse en la lectura, pero el cansancio la abrumaba. Las lágrimas de las noches anteriores la habían dejado exhausta. Finalmente, cerró el libro y se dejó llevar hacia un mundo de sueños, donde la tristeza no podía seguirla.
Sin embargo, incluso en su sueño, los recuerdos persistían, inquebrantables y dolorosos, entrelazándose con su ser. Eran parte de ella, huellas imborrables de una vida que deseaba dejar atrás, secretos que la seguían como sombras en la noche.
