[Drabble]
Un sorbo de cerveza
—Shion x Yuzuriha—
Esa noche, Albafica de Piscis y Shion de Aries fueron juntos a una taberna a beber un poco; el santo de piscis no tardaría en llamar a Yuzuriha para pedirle un favor.
Advertencias: WHAT IF. / OOC. / Lenguaje soez. / Mención a actos sexuales.
Disclaimer:
Saint Seiya © Masami Kurumada.
The Lost Canvas © Shiori Teshirogi.
Un sorbo de cerveza © Adilay Vaniteux/Rashel Vandald.
Aclaración: Este fic participa en el FLUFFTOBER 2024 realizado por el grupo en Facebook "Es de fanfics".
Día 23: Confesión borracha.
Notas:
Andamos repitiendo parejitas. No siento que maneje muy bien las personalidades de Shion y Yuzuriha, pero haré lo que pueda acá. Será cortito y bonito.
Saludos y ojalá les guste.
NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.
•
Yuzuriha de Grulla nunca creyó vivir para ver esto.
—¿Cuánto bebió? —preguntó anonadada, a Albafica de Piscis.
—Sólo un tarro —respondió él, con los ojos entrecerrados—. Y ni siquiera lo terminó.
Con una mueca, Albafica alzó el tarro que mencionaba, y, en efecto, sólo estaba vacía la mitad.
—En nombre de todo lo sagrado —resopló ella, llevándose una mano a la cara—. ¿Y sólo están ustedes aquí?
—Sí; se supone que íbamos a beber sólo un poco, y después irnos a nuestras casas… pero… míralo.
Con el mismo semblante de decepción que ella, Albafica señaló con ambas manos a Shion, quien estaba sentado, con la cabeza pegada a la mesa. Inconsciente. Su cabello se desplegaba por encima del mueble de madera, y sus manos colgaban afuera de ella. Se veía muerto.
—Gracias por avisarme —resopló Yuzuriha—. Me lo llevaré a casa.
—No hay problema. ¿Necesitas ayuda o…?
—No te preocupes. Vete y salúdame a Agasha.
—Está bien, qué pases una buena noche —le deseó el santo de piscis, pagando lo consumido al dueño de la taberna para después marcharse.
Desde que se casó, Albafica de Piscis era más delicado y amable al tratar a otros. Agasha realmente era una buena influencia para él.
Volviendo al asunto que le había traído acá, Yuzuriha inhaló profundo y se inclinó hacia su propio marido, buscando levantarlo para llevárselo. Para ella, no fue ningún problema cargar los 80kg de Shion. El problema fue que él se despertó a mitad del camino y comenzó a balbucear.
—Mi bonita señora —le dijo al oído, sonando como un bobo—, buenas noches tenga usted. Es todo un placer para mí saludarla.
—Shion, estás borracho.
—Sí —se rio—, ya lo sé. Miro doble… o triple…
—Y con medio tarro de cerveza —bufó ella.
—El doble de lo que tomé la última vez… hace… tres años… creo…
De pronto, la amazona sintió cómo Shion abrazaba con suavidad su cuello con sus brazos, y su cintura con sus piernas. Menos mal que ninguno vestía su armadura. Y él no estaba siendo brusco.
—Guarda silencio —le ordenó ella—, espera a que lleguemos a casa; y si te atreves a vomitarme encima te lanzaré por un peñasco.
—Qué desagradable —bisbiseó él—. Jamás le haría eso a este monumento que tengo como esposa.
Frunciendo el ceño, Yuzuriha se dijo que no iba a permitir que Shion olvidase esto.
—Te dije que te calles.
—Como mi señora me ordene. Si me callo, ella me ordena… bueno, ella me ordena que me calle… pero, si me callo ahora, ella estará menos molesta… ¿o cómo era? —claramente fingió desanimarse—, soy un desastre.
—Sí, lo eres.
—¡Oh! Qué cruel —dramatizó, ahora fingiendo estar llorando—, Yuzu. Yuuuzu… mi Yuzu-Yuzuuu, ¿dónde estará…? ¿Me extrañará…? —canturreaba en voz baja.
—Baja la voz, alguien podría oírte —pidió Yuzuriha.
Shion se removió sobre ella y se dirigió a su oído para susurrarle:
—Oye, bonita… ¿puedes guardarme un secreto?
A punto de llegar a Aries, la amazona volvió a inhalar profundo, buscando una paciencia que no tenía.
—Claro. Dime.
Yuzuriha pensó que Shion se había quedado dormido porque se quedó en silencio, entonces masculló:
—¿Shion?
—Mande —saltó sobre sí mismo—. ¿Ya me dirías cuál es tu secreto?
—¿Qué secreto? Tú ibas a decirme un secreto.
—Nop, tú ibas a decirme un secreto a mí —hizo una pausa y luego dijo—: ¿Quieres saber un secreto?
—¡Ya dime el secreto!
—No me grites así.
—Discúlpame —dijo Yuzuriha siendo sincera, reconociendo que, en efecto, estaba siendo muy dura—. Estoy algo tensa.
—Me pone triste que estés tensa.
—Bueno… dejaré de estar tensa cuando me digas ese secreto.
—¿Qué secreto?
Gruñendo en el interior de su garganta, Yuzuriha apretó las piernas de Shion con sus dedos hasta casi encajar sus uñas.
No buscaba lastimarlo… pero tampoco se esperó que él se tensase y gimiese; y no precisamente de dolor.
—Cariño —susurró Yuzuriha, comenzando a subir las escaleras. Menos mal que su hogar era Aries—. ¿Te excitó lo que hice? —murmuró divertida.
—Nooo —susurrando muy bajito, arrastró la "o"—, un pocooo…
Riendo, Yuzuriha al fin pudo verle algo positivo a esto.
Shion no era un mojigato… por completo; pero tampoco era muy abierto en temas sexuales. Solía alterarse un poco rápido y era complicado para Yuzuriha averiguar sobre la marcha qué y qué cosas eran del agrado de su amado, cuando estaban en la alcoba. Le costó muchísimo convencerlo de dejarse montar ya que, gracias a la estricta educación a la que estuvo sometido desde siempre, Shion no siempre estaba seguro de probar nuevas posturas. Ella casi tuvo que obligarlo en esa ocasión. Pero al final, era divertido oírlo pidiéndole a su esposa tomar el control.
—¿Y? ¿Cuál es tu secreto, amado mío? —le preguntó ella, usando un tono más suave, caminando hasta la alcoba que compartían.
Lo dejó sobre la cama y lo observó, cómo él la miraba con un brillo adorable en sus ojos. Sin poderse resistir, Yuzuriha se inclinó para tomarlo de las mejillas y tocar su nariz con la de ella.
—Dímelo, por favor.
Yuzuriha pensaba que iba a obtener una respuesta dulce, o una más seria y picante.
—Los lirios me hacen estornudar mucho —masculló adormecido, causándole una ligera impresión a Yuzuriha, quién ya se lo había imaginado.
En sus cinco sentidos, Shion sólo decía que esas flores no le gustaban, y para respetar la decisión de él, Yuzuriha nunca se atrevió a llevar un ramo de esas a casa.
—Y me duele mi nariz —agregó lastimero.
—Pobre de mi esposo —susurró Yuzuriha dándole un corto beso—. No dejaré que esas flores malas te hagan daño.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Y como si aquello hubiese sido su "beso de las buenas noches", Shion inhaló profundo y se quedó dormido.
Reincorporándose, Yuzuriha lo acostó bien sobre la cama y fue afuera a buscar una cubeta que pudiese dejar a un lado de la cama, junto a Shion… sólo por si acaso. Se cambió la ropa, se acomodó en su sitio y trató de dormir estando sentada.
—FIN—
¡Gracias por leer y comentar!
Pobrecito Shion, no es fuerte contra el alcohol xD
Saludos y hasta pronto.
Reviews?
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