Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro. One shot para participar en la Fiesta de Halloween de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma con el tema #Leyenda. Relato basado en la leyenda mexicana de El callejón del beso.


Te besaré en el callejón.

Parte 3.- La promesa del guardián.

Antes de ir hacia la tienda de hechizos, Akari y Ryoga decidieron que era mejor si el par de prometidos comiera algo para recuperar fuerzas. Se habían detenido a comprar un par de bentos chicos en una tienda cercana a una de las entradas de Chinatown. Ryoga y Ranma estaban ordenando en el mostrador la comida que se disponían a consumir, sin embargo, el joven de colmillos notaba al de trenza un poco extraño.

—Oye, Ranma.— No sabía cómo hablar del tema, ya que tenía meses que no se tocaba el asunto de lo ocurrido en China entre los dos.

—¿Sí?— Preguntó mientras miraba el mostrador con interés. Aunque más bien lo hacía porque identificó el tono de voz de Ryoga, lo que significaba una no muy grata plática para él.

Ryoga supuso que comenzaría a esquivar el asunto, así que trató de tantear el terreno con un poco de amabilidad. —Verás... te notas un poco tenso. ¿Ocurre algo?

Lo sabía. Debía haber previsto que no se lograría escapar de eso. Para Ranma, de por si ya resultaba complicado disculparse con Akane todo el tiempo que podía, y ahora, tener que hablar directamente de cómo se sentía con otra persona le producía un rechazo inmediato. —No, yo... estoy bien.— Contestó tranquilo en apariencia.

Iba a comprobar si realmente se encontraba bien. —¡Oh! Akane está en problemas.

Ranma, de inmediato, volteó la mirada hacia atrás. —¿Eh? ¿Akane? ¿Que?— Comenzó a alterarse, pero tan pronto como la vio sentada mientras platicaba con Akari se trató de calmar. Avergonzado carraspeó. —Ah, ya... yo...

—No tienes que esquivarme.— Suspiró con nostalgia. —Creo que entiendo lo que pasa. Sientes miedo de que durante esta misión algo le pase a Akane, ¿No es así?

No pudo evitar agachar la mirada, demasiado avergonzado y con cierto pesar. Parecía que era más transparente de lo que quería ser, porque hasta alguien un poco torpe como lo era Ryoga pudo notar que, en efecto, ese era su temor. Trató de disipar el nudo que se había formado en su garganta para poder hablar de forma apropiada. —Akane no puede volver a pasar por lo mismo. Es decir... ni ella ni...

—Ni tú.— Cuando lo miró asentir, sonrió compasivo. Le había quedado una huella enorme al chico, y difícilmente se le borraría. —Ranma, Akane estará bien. Ella es fuerte, y tú lo sabes.

—Es fuerte, pero no lo suficiente para sobrevivir de nuevo a algo que pueda lastimarla. Ryoga...— Miró con un ligero toque de melancolía a Ryoga. Estaba mostrando su parte más vulnerable al joven Hibiki, y eso no era común en él. —De verdad, ¿Todo estará bien?

Ranma podía ser un tonto y a veces algo insensible, pero en esos momentos se le notaba demasiado acongojado. Necesitaba consuelo, por lo que Ryoga no dudó en dárselo. —Te lo aseguro. Y que me parta un rayo si no es así.

Sonrió un poco más tranquilo. —Gracias.

—Oye, Ranma, ¿Y cuando le piensas decir que la amas? Porque para mi ha quedado claro, pero no para Ukyo, Shampoo y Kodachi. Ni para ella.

Asintió. —Ya sé.— Suspiró. —Se supone que hoy le confesaría todo a Akane, pero en cuanto lo quise hacer nos vimos envueltos en este caos. Quería decírselo en un lugar tranquilo, porque no soy capaz de hacerlo en Nerima.— Agachó la cabeza. —Ryoga, ¿Cómo haces para decirle a Akari que te gusta sin morir de vergüenza?

Ryoga rascó su nuca, nervioso. —Ah, bueno, en realidad yo... yo tampoco le he dicho que me gusta.— Comenzó a reír, un poco histérico.

Ranma bufó. —Debí suponerlo.

—Cómo sea. No debes preocuparte. Nada malo va a pasar. Confía en todo.

El de trenza miró discretamente a Akane, quien reía con alegría, contando algo a la joven de cabellos verdes a su lado. Esperaba que nada negativo ocurriera durante todo ese día, porque no podría soportarlo. Se aseguraría de protegerla todo el tiempo como un guardián, era una promesa silenciosa que quería mantener intacta.

Mousse caminaba en dirección a alguna parte, con cierta rigidez en sus movimientos y los ojos completamente rojos. Los habitantes de la zona no parecían inmutarse ante lo que observaban. Sin embargo, el pequeño grupo de alumnos de la escuela Furinkan pudieron distinguir de quien se trataba. Buscaron con la mirada a Ranma y Akane, pero no los encontraron junto a ellos. Supusieron que se metieron de nuevo en líos, ya que siempre algo los acechaba. Con un suspiro decidieron no decirle a la profesora quienes faltaban. No querían que ella se desmayara de la impresión.

Llegaron a la tienda de brujería y hechizos de la familia Xu. Se ubicaba en una calle escondida en el corazón del barrio chino. A simple vista uno podría suponer que era una simple casa, pero una vez que te acercabas eras capaz de notar una vibra intensa emanando del sitio. Los cuatro chicos sintieron algo de escalofríos recorres sus espaldas, pero con todo eso decidieron entrar.

Por dentro, el lugar era aún más extraño. Tenia ciertas cosas raras pegadas a la pared, como una especie de pergaminos con un par de caracteres chinos desconocidos para todos. El aroma existente, de inciensos herbales inundaba sus narices, pero al mismo tiempo les mareaba con intensidad, provocando un cierto rechazo en todos. El lugar se mantenía iluminado gracias a los faroles tradicionales con motivos dorados que colgaban del techo. En medio de toda la enorme estancia había colocada una gran mesa circular, y encima de ella, un pequeño altar con una estatuilla de plata se alzaba, indicando que se trataba de una tienda de hechizos y clarividencia. Ciertamente la magia de aquella familia sería superior a los embrujos que Shampoo solía usar contra Ranma. No tenían pruebas, pero es lo que suponían de tan solo mirar el ambiente del lugar.

Con mucha precaución se adentraron aún más. Ranma y Ryoga decidieron quedarse por delante de las chicas a modo de protección. Mientras tanto, Akane trató de despertar sus sentidos, ya que Akari era la menos fuerte del grupo. El cuarteto de jóvenes sintieron como cerraban la puerta detrás de ellos. Giraron los rostros, pero fue en vano. No había nadie parado cerca de la entrada.

—Vida y muerte. Es lo que dicen los pergaminos en la pared.

La voz de aquella persona se les antojaba enigmática. Cuando voltearon a ver al dueño de ese sonido, casi se caen del susto por la impresión. Frente a ellos, un hombre vestido con una especie de túnicas de color negro se mantenía parado, manteniendo una mirada apacible pero misteriosa. Los largos cabellos negros caían en cascada por su espalda y hombros, infundiendo autoridad. Sus ojos eran apenas un par de pupilas sin color, completamente blancas, y se notaba que la edad pasaba presurosa en aquél extraño. —Bienvenidos.

Ranma carraspeó, intimidado por la presencia de la persona rara. —¿Es esta la tienda de la familia Xu?

El hombre sonrió. —Así es, Ranma Saotome.

El resto de la pandilla seguía revisando los alrededores de la zona. Buscaban con demasiado ahínco en cada rincón que pudiesen. Sin embargo, Shampoo notó la ausencia de Mousse gracias a que ya llevaba alrededor de media hora sin experimentar las molestas insistencias del chico pato. Esto la alertó un poco, porque aunque lo quisiera negar, por dentro consideraba al muchacho como un gran amigo.

—¿Dónde poder estar tonto de Mousse?— Susurró para ella misma. El sexto sentido de amazona le estaba indicando que no sucedía nada bueno, y que probablemente el tonto se había metido en líos.

Ukyo y Kodachi se le unieron de inmediato. Ambas no habían podido localizar a Ranma por su cuenta, así que no les quedaba otro remedio que unir fuerzas para lograr dar con su ubicación exacta.

—Shampoo, ¿No tienes señal de Ranma?—Preguntó Ukyo con la voz afectada gracias a la gripe.

La joven china negó. —Y ser extraño que Mousse no estar molestando. Algo deber estar pasando.

Kodachi rodó los ojos, un poco cansina. —¡Por favor! ¿Qué tiene eso de extraño? Seguramente con lo ciego que está terminó perdido.

Shampoo se irritó, así que decidió encarar a la loca de los pétalos negros. —Shampoo ser excelente amazona, y tener sexto sentido desarrollado. Corazonada decir que Ranma poder estar en problemas, al igual que Mousse. Así que, si ustedes querer recuperar a airen, deber cooperar.

Para la rosa negra, el que la amazona le haya encarado de esa forma le infundió la duda. Era verdad que nadie de ellos podía experimentar un día normal, así que no tomó en balde las palabras de la chica. —De acuerdo. Los rollos primavera han ganado esta discusión.

Ukyo no pudo reprimir la pequeña risa al escuchar el apodo "cariñoso" de Kodachi hacia su enemiga. Shampoo rodó los ojos, aunque no le daría el gusto de verla enojada. Si, fue ofensivo, pero viniendo de una chiflada que debería estar en un manicomio ese apodo era el menos agresivo. —Entonces tener que buscar en barrio Chino primero.

Todos estaban sentados alrededor de esa fina mesa de madera de pino, expectantes a lo que el hombre tenía que decir. Los faroles no hacían más que aumentar el misterio detrás de lo que estaba por ocurrir, y de cierta forma, agradecían que no se hayan topado con algún espectro atroz o un monstruo.

—¿Y bien? ¿No nos va a decir que sucede con ese pergamino?— Preguntó el de trenza impaciente.

El hombre sonrió de lado, demostrando la superioridad que su magia le brindaba. —La magia de mi familia es muy poderosa. Somos chamanes experimentados, por lo que no es de extrañar que muchos acudan a nuestra ayuda para solucionar sus problemas.

—Eso no resuelve las dudas.— Reclamó Ryoga con hostilidad. Si había algo que detestaba eran las respuestas vagas y confusas.

—La magia tampoco resuelve todo.

Akane plantó sus palmas de forma agresiva sobre la mesa, sorprendiendo a todos, menos al hombre de cabellos largos. —¡Díganos de una buena vez que sucede con el pergamino!

—Mi nombre, estimados Akane, Akari, Ryoga y Ranma, es Tiang Xu.— Aquél sujeto les repartió una carta a cada quien, las cuales se mantenían volteadas. Al mismo tiempo las develo, mostrando ciertas figurillas que simbolizaban algo diferente. —El pergamino tiene un sello que coloqué a petición del descendiente del samurái Tatsuo. Esa magia se puede revertir, pero tiene un costo alto. Soy un profesional, por lo que mis servicios no son gratis.

—¿Y que tiene que ver eso con las cartas que nos ha dado, señor?— Akari era la más tranquila de todos, ya que pensaba que no valía la pena exaltarse en esos momentos. Necesitaban conservar el temple para poder resolver el problema sin contratiempos.

—Las cartas frente a ustedes son del tarot perteneciente a mi familia, y los representan a cada uno.— Señaló primero a Akari. —La tuya es referente al granjero. Personas que suelen preocuparse y cuidar de los demás, pero que tienden a ser demasiado indulgentes con quienes no deberían.

La chica se quedó congelada ante la respuesta del hombre. —¿Huh?

Tiang Xu señaló a Ryoga. —El viajero. Un alma errante que ha buscado por mucho tiempo su hogar. Es una pena que aún no estés estabilizado del todo.

Ryoga frunció el ceño, confundido. —¿Qué?

Luego, el hechicero se detuvo en Ranma y Akane. Afiló su vista, alternando miradas entre los dos. —Akane Tendo tiene la carta del sol. El astro que brilla. Una persona pura, y de buen corazón, aunque el fuego interior a veces le domine por completo. Ranma Saotome es la Luna. Aquél silencioso satélite que está presente por las noches. Guardas muchas cosas por dentro, y eres fiel a quienes aprecias. Un excelente guardián. Sin embargo...— Tocó sus sienes, respirando profundamente y cerrando los ojos. Ante esto, dos cartas más se manifestaron en medio de ambos chicos. —La carta de la muerte. Un nuevo comienzo. Y... los enamorados. Vaya, vaya. Amor. Un sentimiento poderoso. Quien lo diría.

Ranma enrojeció por completo, aunque no sabía si de pena por la insinuación del hombre, o gracias al enojo. Ese sujeto lo estaba sacando de sus casillas, por lo que dio un puñetazo a la superficie de madera. —¡Déjese de tonterías!

Tiang Xu, el hechicero, no evitó la pequeña carcajada que emanó de su interior. —Necesito que me traigan un objeto valioso para mi familia. Un medallón de plata. Está oculto en la casona de Takahiro. Alguien lo robó, lo dejó ahí y quiero recuperarlo. Lo haría yo mismo, pero esa casona tiene un hechizo que no me permite entrar. Es un hechizo de magia oscura poderoso. En cuanto a las cartas, me temo que hay cosas que deben resolver y enfrentar durante la misión de ayuda para Ming Ue.

Akane, consternada, observó al hechicero. No se veía pizca de maldad en él, al menos no por ese momento. —Creí que usted era malo.

—Soy un experto en magia. Mi familia me enseñó a usar ambos tipos, pero si me lo preguntan, prefiero la magia blanca. El sello del pergamino es del tipo oscuro, pero ese medallón de plata resulta necesario para revertir todo el trabajo que me encargaron hacer.

—En ese caso, creo que debemos apresurarnos. Ya son las tres de la tarde, tenemos poco tiempo para unir esos pergaminos.— Mencionó Ranma, levantándose de su asiento.

—Antes de que se vayan he de advertirles que Tatsuo no se las pondrá fácil.— Tiang Xu colocó unos polvos en la bandeja que se encontraba colocada junto a la pequeña estatuilla de plata. De ahí emanó un humo de color negro, muy parecido al que el samurái invocaba cada vez que aparecía. La figura de un par de personas en problemas apareció. Ambos estaban siendo separados por alguna fuerza extraña, moviéndose con desesperación. —Veo que dos de ustedes están en peligro.

Ranma se tensó, y su mirada se ensombreció por completo. —¿Quienes?— Preguntó, entre el dilema de querer saber y de preferir seguir en ignorancia con respecto a aquello.

—No lo veo con claridad.— El hechicero de la familia Xu podía presentir de quien se trataba la persona que podía estar en problemas, pero supuso que no era un tema tan sencillo de tocar. Sus poderes le aseguraban que ambos chicos sobrevivieron a un hecho fuerte, y estaba más que seguro de que el joven Saotome no estaría contento de saber lo que Tatsuo quería hacer con ellos dos. —Solo puedo advertirles que deberán prepararse para luchar con todas sus fuerzas.

La atmósfera de tensión se volvió tan filosa como un cuchillo, que simplemente dejó con la respiración entrecortada a Ranma. No podía permitir que sucediera de nuevo, no quería que su prometida volviese a estar en peligro de muerte. Ryoga y Akari se miraron mutuamente. La chica supo gracias a Akane y a su novio sobre lo ocurrido en China, así que dedujo que al joven de trenza no le había sentado bien el recibir esa advertencia del brujo.

Akane, por otra parte, percibió lo que su prometido sentía. Sabía que él se encontraba preocupado por su seguridad, pero debía estar consciente de que ella podía defenderse sola. Si, en Jusenkyo casi muere, aunque gracias a ello se dio cuenta de la fortaleza que ella poseía, y por lo tanto, decidió ser de utilidad a Ranma cuando fuera necesario, razón por la cual había estado entrenando arduamente durante todos esos meses. Era su deber de artista marcial volverse más hábil en la lucha. Como parte de los Tendo, su honor estaba antes que su propia salud. Discretamente tomó la mano del joven de iris azules, haciendo que el le mirara a ella. Le sonrió, conciliadora, transmitiendo con sus propios ojos avellanas que todo estaría bien.

Para Ranma, eso fue como un tónico relajante que, sin lugar a duda, tomó con gusto. Apretó el suave agarre en la mano de Akane, y observó al hechicero fijamente. —Entonces así será. Lucharemos hasta el cansancio.

El resto se levantó de la mesa, cada uno decidido a dar lo mejor de sí para poder enfrentar el obstáculo que se les atravesara con facilidad. La decisión estaba tomada. Irían por ese medallón, y luego de ello, cumplirían la promesa hecha a Ming Ue.

Sin embargo, el ambiente pronto se vio interrumpido. Un ruido en la entrada alertó a todos. La puerta del lugar se abrió, develando a un joven de cabellos largos y lentes gigantes. Todos sabían de quien se trataba. Incluido el señor Xu, quien notó algo extraño en ese pobre hombre. —¡Hola, chicos!— Saludó con entusiasmo.

—¡¿Mousse?!

Shampoo hablaba animada con un par de residentes del barrio, mientras que Ukyo, Kodachi y Tatewaki esperaban sentados afuera de ese supermercado de artículos chinos gigante. Veían a la gente pasar presurosa y animada. Algunos turistas parecían entusiasmados, mientras que el resto de los habitantes cargaban una especie de ofrendas en canastas delicadas hechas artesanalmente. Incluso, muchas mujeres vestían ropas tradicionales en colores rojos y dorados, además de portar maquillajes extravagantes y joyería fina.

—¿Por qué tratan de vestirse de esa forma tan forzada? A muchas no les sienta bien el rojo.— Dijo Kodachi mirando con cierta envidia a un par de muchachas jóvenes que lucían sensacionales en sus vestidos.

Ukyo limpió su nariz por milésima vez en el día, sintiendo el dolor en su piel por la irritación del movimiento. —Hoy conmemoran a las leyendas de este lugar. Los dos trágicos amantes que sellaron su promesa de amor en el callejón.

—Nada mejor que una leyenda de amantes trágicos para amenizar el día.— Suspiró la rosa negra mirando hacia la nada con expresión soñadora.

—Pensé que hoy se festejaba Halloween.— Mencionó el mayor de los hermanos Kuno con contrariedad en su rostro.

Ukyo bufó. No entendía como alguien tan torpe e idiota como Tatewaki podía haber pasado hasta preparatoria. —Halloween no es fecha oficial en Japón, tonto. Aquí predominan las tradiciones, ¿Lo olvidas?

Kodachi miraba con interés algunas piezas chinas exhibidas en una de las tiendas de enfrente. —¿Esos son vestidos de novia?

—Parece que si.— La castaña se estiró. —Si estás pensando en comprar uno, olvídalo. Ran-chan no creo que quiera casarse con una chiflada como tú.

—De igual forma no lo compraría. No es igual de elegante que mis vestidos finos. Además, no me hace falta. Si beso a Ranma en el callejón del que habla la leyenda no será necesario usar ningún truco, porque significará que el destino nos reunió.— En su mente, una imagen de Ranma y ella se reproducía. Imaginaba al de trenza con un traje elegante y fino, mientras que ella era cargada en sus brazos vistiendo su tradicional vestido de novia negro. Y detrás de ambos, Ukyo, Shampoo y Akane lloraban desconsoladamente por perder al amor de su vida.

A Tatewaki, su hermano mayor, le daba repelús Kodachi. Era demasiado desquiciada como para tener las peores alucinaciones en su cabeza. Claro que el no era consciente de que su propia mente tampoco era cuerda, y que él podía llegar a ser igual de loco que su hermana. Porque, claro, la alucinación de él besando a Akane en el callejón mientras Ranma era pisoteado por un toro era más sana que lo que su hermana veía en sueños.

Shampoo se acercó de nuevo hacia el grupito, con una sonrisa de victoria en su rostro. —Preguntar a habitante si ver a airen. Señor decir a Shampoo que lo vieron ir hacia tienda de hechizos de familia Xu. Darme la dirección en un mapa, así que apresurar antes de que sea tarde.

Todos retomaron energía al escuchar aquello. Con sus armas listas caminaron hacia la dirección que le fue indicada a Shampoo, esperando encontrar a Ranma y Akane. Debían evitar que ese par se besara en el callejón, o de lo contrario, ninguno de ellos tendría oportunidad de estar junto a quien amaban.

—Así que te perdiste buscando un amuleto para la vieja momia, ¿Eh?— Preguntó el de ojos zafiros al pobre chico ciego.

Acomodó sus lentes, como siempre hacía cada vez que se intentaban resbalar del puente de su nariz. —Si. Es que no sabía la dirección exacta del lugar.

A Ryoga había algo que no le cuadraba con esa respuesta, porque el que siempre se perdía era él. —Mousse, yo soy el del pésimo sentido de la orientación. ¿No tenías un mapa contigo?

Tatsuo, quien controlaba al joven chino, cayó en cuenta del error que había cometido. —Ah, si. Bueno, perdí el mapa.— Trató de reír espontáneo, lo cual funcionó, ya que ninguno de los tres chicos objetó algo más.

—Dejen en paz al pobre de Mousse. Ya bastante habrá tenido con tener la mala suerte de perderse, ¿No es así?— Reprochó Akane, quien iba acompañada de la cuidadora de cerdos. Mantenía el pergamino en sus manos, ya que se había ofrecido a ser la cuidadora de tan importante pieza. Si lo dejaban en la tienda de hechicería, habría el riesgo de que el mago pudiera pasar por un destino parecido al que sufrieron los dueños de la tienda de antigüedades.

Ranma rodó los ojos. Si bien era cierto que su confianza hacia Akane había aumentado, aún sentía celos al notar como ella solía procurar el bienestar de otros chicos. —No es necesario que lo defiendas.

—Así como no es necesario que lo hostiguen. Tonto.

En forma de burla, Ranma se adelantó hacia su prometida y le sacó la lengua. Akane simplemente suspiró, dándole un pequeño golpe en el brazo para luego reír un poco. El de trenza sonrió, enternecido con la chica Tendo. Era imposible enojarse con ella, aunque a veces los celos le dominaran.

Akari los miró de reojo, y decidió dejarlos caminar solos, volviendo a tomar el lugar al lado de Ryoga. —Son muy lindos. ¿No crees, Ryoga?— Agarró el brazo del chico, apretándolo ligeramente, esperando que él le correspondiera.

El chico de los colmillos soltó una risa nerviosa. —Si, lo son.

Mousse caminaba al otro lado de Ryoga, observando con atención el pergamino que Akane llevaba en sus manos. Esperaba el momento oportuno para arrebatarle a la joven la pieza clave, aunque no sería tan sencillo. Tatsuo, al controlar el cuerpo y mente de aquel pobre estúpido pudo percibir el nivel de poder de los cuatro chicos. Akane Tendo era una jovencita que había sobrevivido a algo muy grande, su aura transmitía fortaleza. Y ese tal Ranma Saotome emanaba un aire heroico, además de poseer el vigor y energía dignos de un gran luchador.

Tenía que andarse con cuidado para no arruinar el plan que había trazado, ya que ese par de chicos realmente podían llegar a darle una buena batalla. No conocía el nivel de combate de los dos al cien por ciento, pero si usaba al idiota que tenía hechizado, entonces no sería tan fácil quitarles el pergamino.

Ming Ue se encontraba parada en el balcón de su casona, mirando hacia el horizonte. Había estado un poco preocupada, pues desde hacía una hora comenzaba a sentir un debilitamiento en ella que no era nada normal. Había usado toda su magia en crear esos anillos que los dos chicos portaban, pero se encontraba segura de que algo más sucedía. Con pesar, se dio la vuelta. Sin embargo, al hacerlo, un mareo le invadió. Se agachó, tratando de estabilizarse. —¿Qué sucede?— Preguntó para si misma. Su propia silueta comenzaba a difuminarse, y eso era una mala señal. Al parecer, Tatsuo estaba controlando su pergamino para hacerle daño y que ella desapareciera para siempre, sin la oportunidad de irse al más allá.

Debía advertirles a los chicos de lo que le estaba sucediendo, para que se dieran prisa.

Llegaron después de un rato a la casona donde antes residía Takahiro. Para su sorpresa, la gente desapareció en cuanto se iban acercando a las calles aledañas al lugar. Era como si los habitantes supieran que es lo que estaba a punto de ocurrir, y por lo mismo decidieran ocultarse.

La casona donde vivía Takahiro no se veía grande a simple vista. Era, más bien, una especie de casa pequeña tradicional, sin muchas pretensiones. Enfrente de esa construcción se encontraba la de Ming Ue, que a diferencia de la otra, si tenía más complejidad en sus formas y decoraciones. La calle estrecha parecía terminar en los extremos de las casas, demostrando que era un callejón sin salida.

—Vaya, que hermosas casas.— Murmuró Akari, totalmente asombrada por la visión de tan romántico lugar.

La temperatura del lugar descendió, y el viento comenzó a soplar, embravecido. Akari y Ryoga sintieron miedo, aunque para Ranma y Akane, era una sensación ya conocida por ellos. Mousse se mantuvo firme en su lugar, sin demostrar ningún sentimiento. Ming Ue apareció enfrente de los chicos, pero esta vez el aspecto que demostraba era deplorable. Cuando finalmente se manifestó por completo, cayó al suelo. Inmediatamente, Akane se apresuró a tratar de ayudarla, pero al ser un ente fantasmal ella no pudo tocarla.

—¡Ming Ue! ¿Estás bien?— Preguntó la joven de los Tendo, preocupada.

La fantasma negó. —No. Mi pergamino está siendo fuertemente manipulado. Me temo que Tatsuo está actuando con fuerza...— Se detuvo, mirando fijamente a Mousse. Había algo en aquél chico que le causó extrañeza, pero no sabía porqué. Incluso, llegó a pensar que estaba siendo manipulado por el samurái. Aunque claro, descartó la idea. No debía ser tan paranoica.

Mousse, o más bien, Tatsuo, presintió aquello. Con cuidado trató de decir algo para pasar desapercibido. —Entonces no tenemos tiempo. Sugiero que entremos a la casona para recuperar el medallón.

Ryoga observó a Akari. —Me temo que tendrás que quedarte afuera. No quisiera que salieras lastimada. ¿Podrías hacer guardia?

La joven de cabellos verdes asintió. Tomó las manos de Ryoga, y le dedicó una dulce mirada. —Por favor, ten mucho cuidado.

Esto lo desestabilizó, provocando un gran y enorme sonrojo en él. —S-si...

Ranma observó de reojo a Akane. De verdad temía por su seguridad. La carta que el mago le mostró le hizo sentirse como un verdadero guardián, como la luna misma, que ahora deseaba que su prometida no se arriesgara más. —Uhm... oye... yo... ¿Y si te quedas junto a Akari?— Rascó su nuca, un poco ansioso. —Es que, bueno... creo que estarías más segura si tu te quedas aquí.

Ella negó. Podía pelear contra los chicos que la asediaban antes de que Ranma apareciera en su vida, así que era capaz de hacerle frente al estúpido fantasma. Ya no le tenía miedo. —No. Ranma, también soy una artista marcial. Es mi deber ayudar a la misión.

—Pero, Akane...

—Lo digo en serio.— La decisión en sus ojos era firme. No cedería por nada del mundo. —Estaré bien.

Suspiró. Era tan obstinada, pero a él le encantaba eso de ella. Era imposible negarle su derecho a pelear. —Bien, no queda opción. —Aún así, la promesa de ser su guardián en todo momento no desapareció.

Ranma, Ryoga, Akane y Mousse entraron a la casona. Ming Ue se quedó junto a la chica de pelos verdes para cuidarla, esperando que nada malo ocurriera.

Mousse y Ryoga buscaban dentro de la cocina, con la esperanza de que el medallón se encontrase ahí dentro. Los cuatro habían decidido que era mejor que se dividieran en grupos de dos y así agilizar la búsqueda. Tatsuo, quien controlaba al joven de lentes, sopesaba el vigor del joven que estaba a su lado. Era fuerte, aunque no suponía una gran amenaza para él. Observó con repulsión la cocina de la casona en la que alguna vez había habitado aquél hombre que osó conquistar a la muchacha a quien pretendía.

Detestaba todo el ambiente hogareño de ese lugar. No suponía más que una inspiración para sacar adelante su plan.

—¿Has encontrado algo, Mousse?— Preguntó el de colmillos, revisando la alacena.

El joven chino negó. —Nada. La búsqueda no está dando frutos.

Ryoga estaba pensativo sobre lo que el hechicero le había dicho. Su carta parecía hacer referencia a la situación actual con Akari. Tal como se lo había confiado a Ranma, su relación se encontraba estancada. No avanzaba ni retrocedía con la muchacha menor de la familia Unryu. Por más que él quisiera, le era imposible decirle lo que sentía. Tal vez el miedo que residía en el se debía al hecho de ser ese viajero errante toda su vida. Un viajero que simplemente deambulaba sin tener a alguien que considerara un hogar. Era por esa razón que, en Akane, supuso que aprendería lo que era. Pero ahora, con Akari, lo descubría. Y sentía pánico tan solo pensar que eso podía acabar algún día, tal como con la menor de los Tendo.

—Oye, Mousse...

Escuchó como ese idiota le hablaba. —¿Si?

—Antes de que llegaras a la tienda, el hechicero nos dijo algo sobre unas cartas. La mía era el viajero errante. Significa que aún mi vida no está del todo establecida.— Le miró, dejando de buscar el medallón. Sus orbes ámbar reflejaban un estado de vulnerabilidad que pocas veces sentía tan profundo. —Creo que me aterra decirle a Akari lo que siento, porque podría desvanecerse, y entonces me quedaría solo. De nuevo.

Por dentro, Tatsuo sintió asco. Le repugnaban los seres humanos por su capacidad de sentir emociones. En vida, él detestó haberse enamorado de Ming Ue. Aborreció demostrar debilidad, y cuando se enteró de la muerte de ella, asesinó al padre de la muchacha para cobrar parte de lo que se le fue negado. Controló los recuerdos que le vinieron a la mente, y con una sonrisa contestó a lo que ese tipo le decía. —Deberías dejar atrás ese miedo. Ella no se irá de tu lado.

Ryoga suspiró, mientras continuaba con la búsqueda. —No lo sé, no estoy tan seguro de eso.

Con cuidado, Mousse desenfundó una especie de navaja que llevaba consigo. Tatsuo se felicitó de haber escogido a aquél muchacho. Estaba cargado de armas que le ayudarían a recuperar ese pergamino. Trató de que su voz saliera lo más natural posible. —¿Por qué lo dices?

—Porque con Akane sucedió. Ya sabes, lo que pasó hace meses. Fuiste testigo del verdadero lazo de amor entre Ranma y Akane.— Soltó una risa irónica. —A veces siento que eso puede llegar a pasar con Akari. Que un día me dé cuenta de que no me ama, y... me deje. No quiero pasar por lo que ese idiota tuvo que atravesar.

—Bueno. No recuerdo que pasó.

Ante eso, el joven de los colmillos frunció el ceño. Esa voz no era propia en el chico, sonaba más grave e intimidante. Giró su rostro, solo para ver, con horror, como Mousse le atacaba con una navaja.

Akari Unryu era una chica que, a simple vista, podrías pensar que sería sedentaria en cuanto a ese tipo de aventuras locas en las que había monstruos y fantasmas acechando constantemente.

Pues era todo lo contrario. En realidad, su familia había tenido enfrentamientos con espíritus. O bueno, los cerditos que entrenaban. Pero eso no significaba que no pudiera ayudar en lo que sea.

Tras pensar lo que el mago le dijo sobre sus cartas, logró llegar a la conclusión de que era tan indulgente con Ryoga que, por la misma razón, no avanzaba en su relación con el muchacho. Si, agradecía que se preocupara por ella y que la protegiera, pero Akari no deseaba sentirse inútil. Y el nunca le preguntó si ella podía ayudar. En realidad, nunca le preguntaba nada y tomaba iniciativa, era ella quien siempre lo hacía. No le había escuchado decir un te amo, o siquiera un te quiero. Incluso, hacia un rato le había tomado del brazo, con la esperanza de que le respondiera sin titubear, y no obtuvo el resultado que deseaba.

Ryoga era un poema difícil de descifrar para ella. No sabía si le amaba, o si no era así.

—¿De verdad crees que ese medallón pueda estar en esas jardineras?— Ming Ue presentía que la muchacha no se encontraba bien. Y, en realidad, se le notaba a leguas. El ceño fruncido de la chica delataba una clara frustración, y, bueno, la agresividad con la que buscaba solo reforzaba esa teoría.

Akari rascó la tierra con más ahínco, ayudándose de su pala improvisada. Tomaba con cuidado el pedazo de aluminio que arrancó de un adorno de jardín, para no cortarse. —No lo sé. Pero no me quedaré sin hacer nada.

Ming Ue se acercó a ella, con intenciones de saber que es lo que le ocurría con exactitud. —Mi magia se está yendo. Lamento no poder ayudar mucho en esta ocasión, pero si hay algo que te molesta, puedes decírmelo. Tal vez encontremos una solución a lo que te aqueja.

—Es solo que Ryoga me tiene harta. Quiero avanzar con el, pero la forma en la que no toma iniciativa me hace sentir que no hay algo recíproco.— Jadeó furiosa. Su brazo se movía a una velocidad un tanto brusca, de un lado a otro, abarcando una buena parte de la jardinera. —Sabia que estaba enamorado de Akane, y no lo culpo. Es una chica linda, pero, ¿Qué acaso no piensa decidirse ya? O mejor dicho, ¿Qué no le gusto siquiera? ¿No es suficiente que ame con locura su maldición?

La fantasma apenas y entendió el lío. Aún así, comprendió lo que ella estaba sintiendo. —¿Tu le has dicho ya lo que sientes por el?

Se detuvo. —Si.

—¿Y le has dicho que deseas avanzar?

—Con indirectas.

—Esa es una movida ambigua. Al igual que la decisión de él.

—¿Huh?

—Cuando Takahiro y yo nos conocimos, ambos estábamos indecisos. Yo le decía indirectas, y él no las captaba. ¡Estaba tan frustrada, que quería matarlo!— La melancolía llegó a sus ojos ámbar. Recordar muchas cosas no era sencillo. A pesar de ello, disfrutaba enormemente de rememorar los momentos que pasó junto a el. —No fue hasta que me di cuenta de que no estaba diciendo las cosas claramente, que por fin pudimos avanzar. Le decía que le quería, más nunca le ponía énfasis a lo que deseaba.

—La carta que sacó el mago me dijo que yo era indulgente.— Soltó una pequeña risa irónica. —Pero creo que lo he sido conmigo misma, más que con Ryoga. Me he perdonado tanto mi cobardía, que no me he dado cuenta de que también debería decirle claramente que deseo que seamos novios oficiales. Y en sí, decirle todo lo que quiero.

—Entonces, en cuanto está misión termine, díselo. Así sabrás su respuesta.

—¡Lo haré! ¡Lo prometo!— Con energías renovadas siguió excavando, pero no pudo hacerlo gracias a un ruido metálico que sonó al momento de volver a apoyar la pieza de aluminio en la tierra. —¿Qué es eso?

Akari dejó la pala improvisada a un lado, y con sus propias manos tomó el objeto lleno de tierra que se encontraba hundido en esa parte. Lo sacudió, hasta que finalmente una pieza de joyería plateada apareció, brillando.

—¡El medallón!— Exclamaron ambas mujeres con alegría.

Sin embargo, un ruido las alertó. Provenía de adentro de la casona. Alarmada, pero con valentía, Akari decidió entrar al edificio en compañía de Ming Ue, sosteniendo firmemente el medallón y protegiéndolo como un gran tesoro.

Akane buscaba por todos los cajones disponibles el objeto de plata, pero todo estaba siendo inútil. No había rastros del medallón en ninguna zona. Suspiró fuertemente, y se sentó en el suelo, comenzando a rendirse.. El pergamino lo dejó al lado de ella, cerca. Su prometido, quien registraba la habitación de al lado, escuchó la queja de Akane. Salió de la recámara y se asomó por la puerta. Cuando la encontró en el suelo, se preocupó, así que dejó su tarea y avanzó, adentrándose a la habitación que alguna vez perteneció a Takahiro.

—Akane, ¿Ocurre algo?— Preguntó servicial.

Pudo notar seriedad y preocupación en los orbes azules de Ranma. No deseaba que se agobiara por ella, y aún así, pensaba egoístamente que le gustaba. No por hacerlo sufrir, sino que, gestos como esos le calentaban el corazón. —Tranquillo. Es que… todo se está volviendo complicado. No encuentro el medallón, y nos queda poco tiempo para unir los pergaminos.— Suspiró, un poco desanimada.

Ranma odiaba verla rendirse. Aunque la comprendía, porque era verdad. La búsqueda atrasaba su meta inicial de unir los pergaminos. Pero no era el momento de renegar. Así que, intentó hacer que se sintiera mejor de la forma que sabía que funcionaría. —¿No eras una artista marcial?

Alzó una ceja, interrogante. —Si, ¿Y qué?

—Yo pensé que eras fuerte como un gorila.

—¡¿Que dijiste?!— Comenzó a irritarse un poco.

—Eso. Que se supone tienes la fuerza de una gorila. Además, ¿A donde se ha ido la chica terca y obstinada de hace rato?

—¡Tonto!

Tomó las comisuras de su boca, y juguetonamente las extendió, sacando la lengua. —Gorila.

Iba a alzar su brazo para darle un puñetazo, hasta que conectó todo. Hacía tiempo que no le decía que era fuerte como un gorila. Entendió lo que trataba de hacer. Era su modo de consolarla, logrando que ella prestara atención a sus palabras para que se le olvidaran sus pesares. Enternecida, Akane sonrió, y bajó el brazo lentamente. —Tienes razón. Soy fuerte como un gorila. Y aunque tu eres un tonto, juntos podremos lograr que los pergaminos se unan.

La miró, sonriendo, embelesado por toda su aura. Era una chica hermosa. Y aunque sonara demasiado loco, debía darle las gracias a su padre por comprometerlo con ella. En un acto impulsivo, levantó su mano, e intentó acercarla lentamente a la mejilla de la joven. Su corazón estaba latiendo muy rápido, podía sentirlo correr, emocionado y asustado por el movimiento tan arriesgado que estaba haciendo.

Akane notó los movimientos robotizados de su prometido, pero no dijo nada. Simplemente le observó, atenta y con la mirada dulcificada. —Ranma...

—Akane... yo...— Con suavidad movió sus dedos, intentando darle una suave caricia a su prometida.

Sin embargo, el momento fue interrumpido gracias a la presencia de una tercera persona. En la puerta, Mousse aparecía solo, sin Ryoga. Lentamente se adentró, notando como ambos chicos se apartaban ligeramente, sonrojados. Ugh, en serio le repugnaban los humanos y sus sentimientos.

—M-Mousse...— Murmuró Akane, algo cohibida gracias a lo anterior.

—¿Y Ryoga? ¿E-Encontraron el medallón?— Preguntó Ranma, desviando la mirada hacia un lateral. Estaba a nada de decirle a Akane lo que sentía, pero parecía que el destino no deseaba que eso ocurriera.

—No.— Respondió seco.

La voz de Mousse no sonaba como a él. Ahora parecía tener impreso un deje de rencor y maldad. Ambos decidieron mirarlo fijamente, olvidando lo que había sucedido antes de la interrupción.

—Mousse... ¿Todo está bien?— Preguntó intrigada la chica de cabellos cortos.

—Me temo que Ryoga...— Sacó un trozo de tela de la bandana perteneciente al joven Hibiki. Lo dejó caer lentamente al suelo, develando que estaba manchado de sangre. —No está en condiciones de ayudarlos.

—¿Qué?

Y tan pronto como esa interrogante salió de los labios de Ranma, las puertas de la habitación y del balcón se cerraron mágicamente, dejando al par de prometidos sin escapatoria alguna.

Akari y Ming Ue llegaron hacia donde estaba la cocina, encontrando la puerta del lugar cerrada. Iban a pasar de largo, cuando escucharon con claridad como alguien estaba intentando derribar la puerta. Akari se acercó con rapidez, posando su oído en la superficie de madera.

—¿Hola?— Preguntó.

—¿Akari?— Era la voz de Ryoga, y sonaba un poco mal. Iba a tocar el picaporte de la puerta para tratar de abrirla, pero antes de siquiera rozar el objeto, escuchó al chico de los ojos ámbar gritar. —¡Apártate de la puerta y escóndete por debajo de la mesa del comedor!

—¿Eh?

—¡Hazlo, por favor!

Le obedeció, agachándose y ocultándose tras las sillas de madera del lugar. Aferró con sus manos el medallón, y lo acercó a su pecho, temiendo lo que estaba a punto de suceder. Ming Ue se quedó cerca, observando en dirección a la puerta, intrigada.

¡Bakusai Tenketsu!

Akari miró los trozos de la puerta caer en varias direcciones, con mucha violencia. Por debajo de la mesa, divisó los pies de Ryoga. Salió de su escondite, solo para encontrarlo malherido en le brazo, sangrando. Asustada se acercó al joven, sosteniéndolo del otro brazo y haciendo que tomara asiento en el suelo lleno de trozos de madera.

—¡Ryoga!

Ming Ue se acercó a ambos chicos. La herida, aunque no era profunda, si era grande. —¿Qué fue lo que pasó?— Preguntó, asustada.

Ryoga hizo una mueca de dolor. Quien hubiese imaginado que las dagas de Mousse eran tan dañinas. —Parece que Mousse nos está traicionando.

El espectro supuso que fue lo que sucedía. —No es su amigo. Es Tatsuo. Seguramente lo está controlado.

Akari se quitó el suéter que llevaba consigo, y lo ató al brazo de Ryoga para detener el sangrado. Ante esto, el joven gruñó por el dolor. —Dios mío. ¿Qué haremos?

—Trataré de detener el sangrado.— Ming Ue tomó lugar por detrás del joven Hibiki, y con lo restante de su magia tocó la herida. Cerró los ojos, concentrándose, mientras que todo comenzaba a brillar.

—Mousse, ¿Qué diablos está pasando?— Preguntó Ranma. Realmente era todo extraño, jamás lo había escuchado hablar así, tan amenazante.

El joven chino sonrió de lado. —¿Le hablas al esqueleto que tomé prestado?

Esqueleto. Inmediatamente escucharon esa palabra, supusieron que es lo que había pasado. Akane, por instinto, tomó rápidamente el pergamino, protegiéndolo con sus manos.

El joven chino lanzó una de las armas escondidas que tenía, con la intención de herir a los chicos. Ambos la esquivaron, siendo Ranma quien tomó a su prometida y la hizo a un lado, abrazándole para impedir que le lastimaran. En cuanto el arma se atoró con un pedazo de madera del mueble, Mousse lo tomó, jalando la cadena de la daga y haciendo que el mueble se moviera hacia los chicos. El de trenza hizo que ambos se agacharan al suelo, escuchando como el mueble terminaba impactando hacia la pared, provocando grietas en el lugar.

Ambos chicos se levantaron rápido y corrieron hacia el balcón. Con lo que no contaban, era con que Mousse, o mejor dicho, Tatsuo, usó sus poderes para cerrar la puerta, dejando a ambos prometidos sin escapatoria.

Con la maldad en su voz, comienzo a reír de la forma mas terrorífica que le permitió ese cuerpo humano. Una risa que ni Ranma ni Akane habían escuchado salir de la boca de aquel chico. Les heló la sangre por completo.

—He de admitir que no le tenía fe a este idiota. Pero, en realidad es muy bueno. Un amazonas como él, con trucos bajo la manga es la mejor forma de combatir a dos simples humanos.

Akane le retó con la mirada. —¡Deja al pobre de Mousse en paz!

—¿Y crees que una niñita como tú me obligará?

Ranma colocó en su rostro una mueca de superioridad. —Tal vez no lo sepas, pero Mousse es un ciego tonto.— Se plantó descaradamente, adoptando su típica pose de pelea. —Y a ese ciego lo derroto hasta con las manos atadas.

Tatsuo sacó de la manga de Mousse unos nunchakus, los cuales movió con maestría. —Entonces, demuéstralo. ¡A luchar!

—Akane.— La susodicha miró al de ojos azules, quien se encontraba totalmente concentrado en el oponente. —Mientras lucho, asegúrate de tratar de abrir la puerta del balcón.

—Si. No dejes que te golpee duro.— Soltó para tratar de destensar sus propios nervios. Estaba preocupada por Ranma. Ella creía que Mousse siendo controlado por ese samurái si representaba un peligro latente.

—¡Ja! No me tocará ni un solo pelo.

En ese momento, la lucha comenzó. Ranma decidió atacar a Mousse con el tenshin amaguri ken. Claro estaba que Tatsuo reconoció la estrategia, por lo que decidió aplicar la misma técnica pero con los nunchakus. El de trenza los esquivaba, pero le sorprendía la velocidad con la que ese pato tonto estaba atacando. No era como pelear con el mismo Mousse de siempre, más bien, era como luchar contra Saffron. Uno de los nunchakus rozó su mejilla, provocándole una cortada algo chica. Se limpió los pequeños rastros de sangre con el dorso de su mano.

—Mas que un pelo, toqué tu piel.— Se mofó el de cabellos largos. —Peleas como una niña.

Akane se molestó con esa frase, al igual que Ranma. ¿Pelear como una niña? Pues entonces Ranma Saotome le demostraría lo que significaba eso.

—¡Me las pagarás!

Volvió a atacar, intentando patear al chino. Tatsuo lograba evitar que el de trenza le tocara siquiera la ropa, aunque le duró poco el gusto. Akane, mientras tanto, tomó los picaportes de la puerta que daba hacia el balcón, intentando jalar. Forcejeaba lo más que le permitía su cuerpo, aunque le resultaba imposible intentar abrir esa pieza de herrería. Entonces comenzó a patear la superficie, esperando que eso debilitará el candado. Tatsuo fue consciente de aquello, y lanzó una daga en dirección a la chica.

—¡Akane, cuidado!— Gritó Ranma mientras seguía atacando.

La de cabellos cortos giró, y al ver el arma dirigiéndose a ella rápidamente la esquivó. Cuando dicha arma se clavó en la superficie de madera, la tomó y la lanzó en dirección al chico controlado por Tatsuo, lamentando hacerle esto y disculpándose por dentro. La acción de la joven dio un inesperado resultado. En un pestañeo, gracias a que Mousse se distrajo con aquello, Ranma logró detener la cadena de los nunchakus, tirando de ella y provocando que el joven chino cayera de bruces al suelo, sin sus lentes.

Tatsuo intentó observar sus alrededores, pero todo estaba borroso. Ese chico tenía razón, el idiota que había escogido no veía bien sin sus lentes. Comenzó a tantear el piso, tratando de obtener de vuelta el objeto deseado. Oyó movimiento, por lo que decidió que debía darse prisa antes de que ese par escapara.

Ranma se acercó a Akane, intentando abrir la puerta del balcón, aunque no fue necesario que lo hiciera. Tan pronto como escuchó un crujido, tomó a Akane y se hizo a un lado junto con ella. La puerta se hizo trizas gracias a un par de armas conocidas para ambos chicos. Oh si, los bomboris de metal ya eran muy familiares para los dos.

Y es que claro, no podían tener la peor suerte del mundo.

—¡¿Shampoo?! ¡¿Ukyo?! ¡¿Kodachi?! ¡¿Kuno?!— Exclamó Ranma con cierto temor. Ver a todos esos locos ahí le generaba un escalofrío terrible, porque eso significaba que todo se iría al garete.

Kuno pudo notar como Ranma sostenía a su amada Akane de los brazos. Esto no le hizo ni una pizca de gracia, por lo que su cuerpo comenzó a temblar de furia. Tomó su boken, dispuesto a luchar contra el idiota. —¡Saotome! ¡Suelta a mi amor!

Pero antes de que siquiera lograra atacar, las tres chicas se le adelantaron, empujando al mayor de los Kuno. Las tres chicas comenzaron a jalonear los brazos de Ranma, pidiendo su atención y reclamándole un beso de amo verdadero en ese callejón. Akane, por una parte, estaba estupefacta. El pergamino seguía en sus manos, y por lo que estaba viendo, a Tatsuo le costaba trabajo encontrar los lentes.

Todo se volvió un absoluto caos cuando escuchó como Ryoga gritaba desde afuera del cuarto su ya tan conocida técnica del bakusai tenketsu. Obviamente se apartó del lugar, dejando que los restos de la otra puerta volaran en todas direcciones.

De repente, toda la escena se estaba convirtiendo en el pan de cada día. Un absoluto desastre.

Pero claro, en medio de todo eso, nadie predijo el movimiento de Tatsuo.

Un espeso humo de color negro invadió el lugar, haciendo que todo se oscureciera. Los movimientos eran caóticos, y la densidad de esa nube asfixiaba por completo. Todos tosían, cubriendo sus ojos ante la acidez de la sustancia que habían arrojado en el ambiente.

Pudo sentir como alguien le tomaba de los brazos. Se negó, intentando forcejear y temiendo lo peor. Pasaron segundos llenos de angustia e incertidumbre, en los que una sola promesa se mantenía en la mente del joven. La promesa de un guardián.

—¡Ranma!

—¡Akane!

Y cuando esa densa niebla se despejó, todos estaban ahí. Todos, menos alguien.

—¿Ranma?— Akane miró desesperadamente a los alrededores, al igual que el resto de la pandilla. Pero era inútil.

Ranma había desaparecido junto a Tatsuo. Y milagrosamente, el pergamino y el medallón seguían ahí.


¡Hola a todos!

Perdonen la demora, y perdonen por la extensión del capítulo. La verdad, me tomé un descanso de una semana entera. Aparte de ello, estuve algo ocupada. Pero bueno, aquí les traigo otra actualización de la historia. Quería terminar esta participación para la semana que sigue, pero se me complica. Aún así, les adelanto desde ya que estoy preparando otras dos historias para la dinámica de Halloween. Dos one-shot, y esos si que los tendré listos para dentro de una semana.

Bueno, lo de las cartas del tarot, la mitad de las cosas me las inventé yo. Las cartas de los amantes y de la muerte son reales, y simbolizan lo que describí. Pongan mucha atención en las descripciones de los significados, porque el siguiente capítulo tendrá mucho énfasis en ello, sobretodo con respecto a Ranma. Será una actualización interesante y llena de pelea, así que anticípenlo.

Quedan solo dos actualizaciones más por añadir, por lo que de todo corazón espero que les esté gustando. Muchas gracias a quienes me han dejado reviews, favoritos y seguidos. Aunque no lo parezca, si leo sus comentarios, y me agrada mucho saber sus opiniones. En serio, gracias.

¡Que tengan un buen día!

Con amor, Sandy.