Pareja: MenCharaMen
Long fic. AU. Vampiros. Sobrenatural. Romance. Humor. Drama. Tragedia. Muerte de personaje. Angst. Incesto. Lemon
Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, sólo la historia es de mi autoría
N/A: originalmente esto fue un drabble que escribí para Halloween y que sylveob narusasu volvió doujishin. Decidí hacerlo long fic, pero quiero evitar problemas, así que aclaro que ese dou lo hicimos juntas, yo escribí y ella dibujó. No estoy plagiando el dou. En los créditos nos pusimos la una a la otra para evitar malentendidos.
Cap 1: Mosquito
Debería estar clavando una estaca en el corazón de aquel insolente vampiro que tenía delante suyo. Sin embargo, estaba allí compartiendo una bebida con aquel retorcido ser de la noche. La criatura más oscura que se podría encontrar una persona tras ocultarse el sol y la mayor desgracia para quien se cruzara con aquella boca letal.
―¿Dónde tienes el blanqueador? ―preguntó Charasuke estando sus rostros a milímetros de distancia, con la diferencia de que ese idiota estaba suspendido de cabeza en el aire.
―No tengo ―respondió serio al verlo flotando como si nada. Notó que le dedicó una mirada de fastidio antes de irse volando a toda velocidad a su cocina.
Cerró los ojos rogando paciencia esperando que ese torpe terminara de jugar con las pertenencias de su hogar. Mas el sonido de su cocina siendo arrasada por aquel torbellino con apellido Uchiha, lo forzó a levantarse de su cómodo asiento para ir a verlo. Al cruzar la puerta presenció todos sus envases de líquidos de limpieza vacíos dispersos en el suelo, mientras Uchiha hacía alguna mezcolanza extraña pareciendo una bruja en lugar de lo que realmente era.
―¿Qué tanto haces, mosquito? ―interrogó esperando una buena explicación para el saqueo cometido a sus gavetas.
―No tienes blanqueador así que estoy improvisando ―comentó riendo mientras mezclaba lavandina, quitamanchas y demás cosas―. No te quejes que por tu culpa estoy todo manchado.
―Casi te disparo en medio del pecho ―le recordó con los brazos cruzados mientras su ira iba creciendo―. ¿No debería preocuparte más estar en la casa de un cazador que posiblemente te asesine pronto?
―Me preocupa más estas horribles manchas de sangre que tengo por tu maldita culpa, idiota ―reclamó echándose su mezcla de productos de limpieza sobre las manchas de sangre en su camisa.
Menma bufó con molestia al verlo luchar contra aquel líquido carmesí que osaba arruinarle la ropa a ese vampiro creído. De no ser por ese raro comportamiento seguramente lo habría baleado y dejado muerto en algún callejón oscuro para que el sol volviera cenizas su cuerpo al momento de amanecer. Sin embargo, recordó el motivo por el cual seguía allí y por el que estaba en su casa en esos momentos.
Namikaze Menma era un hábil cazavampiros entrenado en distintas artes marciales y armas. Su nombre era bastante conocido entre aquellos seres chupasangre, además de temido obviamente. Siempre implacable, nunca piadoso. El frío cazador que no se tentaba por nada ni por nadie. Salvaba personas, empero no sentía "lazos" o un apego real hacia ellos. Ni quisiera sus compañeros cazadores, puesto que su comodidad era trabajar en solitario. Justo como en ese momento. Llegó a un bar donde se rumoreaba un vampiro iba frecuentemente. Se encargaría de exterminarlo y seguir su camino en busca de otro.
No fue ningún problema identificar al mosquito. Lo vio en la barra seduciendo a una incrédula mujer con palabras al oído. Al momento en que su presa y su víctima se dirigieron al segundo piso para tener más "privacidad", supo que debía actuar. Con gran sigilo se acercó hacia la puerta y se mantuvo en posición de ataque esperando algún grito o momento indicado para atacar. Por ello guardaba sumo silencio intentando averiguar qué estaban haciendo exactamente.
―¡AHH! ―gritó la mujer desde el interior dándole a Namikaze la señal que necesitaba para actuar.
De una sola patada abrió la puerta y apuntó con su arma al vampiro allí dentro. Su mirada de odio y frialdad fue cambiando a una más incrédula y confundida. Lo que podía estar viendo era algo con lo que jamás se había topado en toda su vida como cazador. Y siendo sincero consigo mismo, Menma no sabía qué hacer. Por primera vez el eficiente cazador se sintió imposibilitado de realizar su deber. Frente a él estaba la mujer abrazando al vampiro, el cual viéndolo de cerca parecía un adolescente. Aunque tomar una cajita de jugos para niños le hacía verse aún más infantil.
―¡¿Quién eres?! ―preguntó a gritos, para su sorpresa, la mujer―. ¿Por qué tienes esa arma en tu mano? Sea a quien sea que busques no se encuentra aquí.
―¡Señora ese es un vampiro! ―exclamó el de ojos azules viendo como el vampiro ni siquiera se movía ni dejaba de tomar su cajita de jugo―. ¡Es muy peligroso!
―¡¿Señora?! ―cuestionó con ira arrojándole el cenicero que estaba en la mesa―. Ya sé que es un vampiro.
―¿Lo sabe? ¿Usted está loca? ―interrogó sin poder creer que alguien se acercara por voluntad propia a un asesino.
―No nos interrumpas ―dijo empujándolo hacia la salida mientras se acercaba a susurrarle al oído―. Ya sé que los vampiros no existen, pero ese chico en verdad lo cree y tiene fetiche por la sangre ―explicó de lo más natural, siendo consciente de las practicas del "vampirismo". Algo que no pasaba de personas que genuinamente se creían esas criaturas inexistentes.
―¿Qué? ―preguntó Namikaze dándose la vuelta para dejarla fuera de la habitación y poder enfrentarse cara a cara con aquel ser.
Oyó los gritos de parte de la mujer sacada. Incluso golpeaba desesperada la puerta esperando que le abriera, sólo cuando se cansó se retiró de allí frustrada. No conocía al chico más que de esa noche, por lo cual no tenía motivos de peso para quedarse allí e insistir. Mientras tanto, dentro de la habitación Menma no dudo en disparar al azabache, siendo esquivado casi exitosamente. Y ese "casi" se debía a que logró atravesar su cajita de jugo salpicando al propio vampiro, revelando que era en realidad sangre.
―¡Oye! ―protestó el de ojos oscuros mirando su ropa sucia―. Me manchaste de sangre, maldito.
―¿Esa sangre es de la mujer que eché? ―cuestionó recargando su arma sin perder ni un segundo de vista al vampiro―. ¿Por qué la cajita de jugo tenía sangre?
―¿Esperabas que la mordiera en el cuello? ―preguntó rodando los ojos mientras se cruzaba de brazos―. Me hubiera ensuciado mucho. Al morderla me habría salpicado todo, tendría manchas en mi ropa y el olor encima iugh ―dijo con una expresión de asco―. Por eso tomo sangre con popote, es más civilizado. Con mis colmillos no puedo tomar en un vaso o copa normal.
―¿Iugh? ―repitió el cazador como pregunta. Eso debía ser una broma. ¿Qué clase de vampiro le tenía asco a ensuciarse con sangre?―. ¿Bebes de una cajita y con popote sólo por eso? ―interrogó imaginando que eso era parte de alguna astuta trampa puesta por el otro.
―¿Algún problema con eso? Yo no te estoy reclamando por entrar como un psicópata a este cuarto pri-va-do ―remarcó separando las sílabas para darle énfasis.
―¿Qué le hiciste a esa mujer? ¿Usaste tus poderes? ―interrogó mientras le disparaba haciendo que Charasuke se pegara al techo moviéndose de forma más similar a la de una cucaracha que la de un vampiro.
―Usé dos palabras mágicas ―respondió el vampiro haciéndolo creer que tenía la habilidad de hipnosis y mientras él intentaba deducir eso, Uchiha terminó apareciendo frente a su rostro de la nada―. "Por favor" ―susurró tranquilo dejando sin palabras al otro.
―Eres raro, mocoso ―suspiró Namikaze sin saber cómo matarlo. Sus ojos se veían en cierto modo "inocentes", sin aquel toque de deseo de sangre y muerte que caracterizaba a los de su clase―. No te comportas como un vampiro.
―No sé cómo se comportan ―respondió sencillamente mientras le mostraba su cuello―. Hace dos meses me mordieron y bueno… no tengo idea de qué demonios está pasando, pero cuando tengo citas, digo que mi fetiche es el vampirismo y me dan su sangre voluntariamente.
―¿No matas? ―cuestionó apuntándole con la pistola en medio de los ojos.
―Me la dan voluntariamente ―contestó señalándola destrozada cajita―. No tengo necesidad de matar a nadie si sólo creen que tengo gustos raros.
Antes de que el cazador pudiera seguir hablando con su presa, oyó como más personas gritaban desde el primer piso. Otros cazadores y vampiros estaban teniendo fuego cruzado abajo. Uchiha se acercó curioso por el ruido, mas fue detenido por la mano bronceada de Menma, quien le indicó guardar silencio y seguirlo sin decir nada. Él sabía que sus compañeros exterminarían sin piedad a cualquiera con colmillos, incluyendo al rarito que tenía sujeto por la muñeca. Menma se encontraba en un serio dilema moral. Por un lado, el chico era vampiro. Solución: matarlo. Sin embargo, por el otro fue víctima de un vampiro. Solución: matarlo. Empero, yendo contra lo lógico que sería sacarlo de su sufrimiento dándole muerte, no podía.
Fue hacia la ventana sin detenerse a pensar y saltó asustando a Charasuke por la repentina acción. Según los pensamientos de Namikaze, no podía deshacerse de él sin pensarlo fríamente y en caso de permanecer más tiempo allí, sus compañeros no lo dejarían meditar una decisión razonable. Sólo le dispararían al chico y pasarían a matar al siguiente chupa sangre. En esos momentos maldijo ser tan solitario, ya que no contaba con nadie a quien preguntarle o pedir una segunda opinión sobre lo que debía hacer. Y por ello recurrió a algo que jamás pensó hacer: huyó. Empeorando las cosas hacia su casa, con un vampiro y dejando por los suelos su reputación al huir de una batalla.
―Hey, torpe te estoy hablando ―llamó Charasuke sacándolo de sus recuerdos y reflexiones―. Tengo hambre ―reclamó como un niño berrinchudo.
―Dijiste que no te gustaba la sangre ―dijo tratando de desviar la atención del Uchiha, ya que aún estaba muy concentrado en su problema con qué hacer con él.
―No me gusta tenerla sobre mí ―comentó señalando su ropa―, puede que a ti no te importe oler como un tampón usado, pero a mí sí.
―¡¿Qué dijiste?! ―preguntó sujetando el cuello de su ropa con molestia―. Tú ni siquiera eres capaz de guardar tus colmillos, no tienes derecho a criticarme ―reclamó con enojo.
―No sé cómo se guardan ―respondió Charasuke mirándolo ofendido y un poco apenado por tener sus dientes afuera desde hacía semanas.
―¿Cómo has sobrevivido? ―cuestionó con molestia soltando desganado. No ganaba nada peleando con el chupasangre.
―Evitando el sol, teniendo citas y bebiendo sangre ―enumeró como si se tratara de algo muy normal y cotidiano―. Me he basado en lo que pude averiguar por internet y películas ―afirmó orgulloso.
―Idiota ―suspiró fuertemente mientras se sujetaba el puente de la nariz―. Mira, niño lo mejor será que vengas aquí cuando quieras sangre.
Charasuke lo miró unos momentos sorprendido antes de acercarse y abrazarlo por el cuello mientras le sonreía alegremente. Ante eso el de ojos azules lo miró con fastidio. Teniéndolo tan de cerca era indiscutiblemente comparable a un fastidioso mosquito. Quizás debería aplastarlo como a uno y liberarse de él.
―Ya sabía que soy irresistible, pero es la primera vez que un hombre desea mi atención ―dijo dramático el vampiro mientras restregaba su mejilla con la de él―. Al menos eres el primer chico que se me declara.
―Idiota ―insultó dándole un fuerte golpe en la cabeza―. Hay muchos cazadores en esta ciudad. ¡Y tú andas correteando como la madre de Bambi en el bosque! ―exclamó con seriedad y pena ajena por semejantes tonterías que dijo―. No todos te tendrán piedad.
―¿Y por qué quieres que viva? ―interrogó con primera vez con seriedad―. Yo soy técnicamente un "no-muerto". Ya no puedo ir a la escuela y no quiero unirme a aquellos que me hicieron esto. ¿Qué debería hacer yo que no sé ni qué soy ni cómo debería comportarme?
Namikaze se sorprendió un poco por aquella seriedad en el otro. En toda la noche y pese a que intentó matarlo no había perdido esa sonrisa que encontraba tan molesta, mas ahora parecía que no tenía mucho interés en nada. En resumen: ese chico estaba perdido respecto a su propia identidad. Charasuke había guardado silencio esperando una respuesta que Menma no podía darle. Se dio cuenta de ello por la forma en que aquellos ojos azules comenzaron a mirar el suelo pensativamente. Soltó un suspiro al estar cargándole un problema suyo al que debería darle muerte.
―Pronto amanecerá ―comentó el de ojos oscuros para romper la tensión―. Te agradecería algo si no fuera porque me dejaste sin comida y me ensuciaste ―agregó yendo hacia la puerta.
―Es en serio ―afirmó Menma evitando por un momento que el vampiro se fuera de su casa―. Si quieres sangre ven aquí. Muerto tampoco averiguaras qué puedes hacer en tu condición.
Charasuke se dio la vuelta por un momento arrojándole una rosa roja que el cazador la atrapó con sus manos. Apenas le dio un leve asentimiento y una sonrisa. No afirmó que iría con él, mas tampoco lo negó. Posiblemente tendría que cazarlo de nuevo si quería ganarles a sus compañeros. Sonrió imperceptiblemente una vez que se halló solo en su casa. Las cacerías nocturnas serían más interesantes a partir de ahora. Una vez que aquel mosquito cruzó el umbral decidió ir a recostarse para descansar un poco. Había sido una larga noche y necesitaría dormir toda la noche para renovar energías y cumplir con sus obligaciones diarias. Su rutina siguió su curso como si nunca hubiera conocido al mosquito. Todo parecía tan monótono como de costumbre. Y debería serlo, pues nada había cambiado. Sin embargo, seguía con la duda al respecto de si fue buena idea o no dejar a un chupa sangre libre.
Durante sus vigilancias no había encontrado rastros de esa sanguijuela. Otros vampiros seguían rondando por allí. Especialmente en plena madrugada era sencillo atraparlos intentando devorar borrachos, drogadictos o prostitutas. Aunque sonara mal, eran personas que nadie extrañaría. Del tipo de víctimas ideales para los vampiros por lo fácil que sería para las personas darle una explicación lógica a sus desapariciones o muertes. Su racha seguía siendo tan buena como lo era habitualmente. La práctica y maestría en las armas lo hacían tan o más letal que esos seres chupa sangre. Finalmente, tras una larga noche de matar pudo irse a la cama. Mas, no dejaba de pensar en el mosquito que dejó libre "Le ofrecí mi sangre, pero no ha venido. ¿De verdad habrá aceptado el trato o sólo era un truco suyo?". Pensó enojado por sentirse timado. "Si mañana no se aparece por aquí iré a cazarlo personalmente". Al menos esa era la idea. Menma se encontraba dormido en su cama hasta que sintió una gota de "agua" en su cara. Abrió los ojos viendo a Charasuke en el techo pegado como una cucaracha.
—Por tu bien espero que sea agua —dijo sentándose en la cama con cara de molestia.
—Bueno... En realidad —dijo bajando para responder en un susurro a su oído.
Un rato después, la policía sacaba esposado a Charasuke de la casa de Menma.
—¡Ya les dije que soy inocente! —gritó Uchiha enojado—. Sólo vine a visitar a mi enamorado, ¿acaso no conocen el romance con vampiros?
—¿Qué demonios es está cosa? —preguntó un oficial al ver su mano llena de brillitos.
—Polvo de hadas —respondió Charasuke—. Los vampiros lo usamos para volar, por eso brillamos como diamante.
—¡Lo vi esnifando ese "polvo de hadas"! —gritó Menma desde su ventana—. Por eso se está confundiendo de película.
—¡Tú cállate! —gritó Charasuke mirándolo mal—. Estás haciendo mucho escándalo por un poquito de baba que se me cayó sobre ti.
—¡Te denunciaré por invasión de propiedad privada, acoso y drogadicción! —amenazó el cazador.
—¡Sólo te cumplía la fantasía romántica de vampiros de cualquier puberta! —se quejó Uchiha.
—¿Qué tiene de romántico que me acoses mientras duermo? —preguntó Menma muy enojado—. ¡Te voy a clavar una estaca!
—¡Mejor clávame otra cosa! —gritó con burla Charasuke, pero al ver la cara de Menma se arrepintió—. Mejor llévenme, oficiales.
Las venas en el cuello y frente de Namikaze resaltaron del puro enojo que sentía contra el otro. ¿Qué clase de idiota regresaba a la casa de un depredador natural como él? Si bien era cierto que le ofreció su sangre porque la otra noche le estropeó la cena, debió ser más inteligente y darse cuenta de que no tenía tiempo pues pronto amanecería. Estuvo a punto de darle fin a su miserable existencia, pero el escándalo que montaron por su pequeña pelea atrajo la atención de sus entrometidos vecinos. Como ya faltaba poco para que amaneciera no era de extrañar que gente trabajadora se estuviera levantando de sus camas cuando él apenas iba a tocar la suya. También era común que algunas madres se levantaran poco antes del amanecer para preparar todo lo que sus hijos necesitaran. Siendo algunos del turno matutino poco margen de tiempo se les daba a esas pobres madres. Bufó con molestia cuando vio a una de sus vecinas y sus hijos mirándole con fijeza.
―¡Es el vampiro, mamá! ―gritó uno de esos mocosos del demonio señalándolo.
―No seas grosero, cariño ―regañó Shizune, una mujer bastante joven de cabellos oscuros mientras hacía acelerar el paso a su pequeño―. No deberías decir esas cosas en voz alta.
"No debería decirlas directamente. ¡Soy un cazador de vampiros con un demonio!" Pensó frustrado. Él tenía una rutina similar a la de un vampiro, ¡pero por una buena causa! Para poder derrotar a los vampiros, debía conocerlos, entender sus hábitos y mimetizarse con ellos. Aprender de sus costumbres como ellos aprendían las humanas. Además, siendo que esos chupa sangre cazaban de noche no tenía sentido buscarlos de día. Una rutina de vida normal lo tendría demasiado cansado en la noche como para hacer algo, pero esa costumbre de dormir de día y salir de noche únicamente, le habían dado la fama de ser un vampiro para los niños del vecindario.
―Y pensar que los oficiales de policía se llevaron a uno verdadero ―suspiró el rubio apoyando su cabeza contra el marco de la puerta―. Uno de… ¿verdad? ―preguntó para sí mismo dándose un fuerte golpe con la palma de la mano abierta―. ¡Mierda! Podría comerse a esos oficiales de policía por mi culpa.
Sin perder el tiempo se volvió a vestir con su ropa de cazador y armado con pistolas y dagas salió rumbo a la comisaría. El único problema era que no estaba seguro a cuál se lo llevaron. Una posibilidad era identificarlo de acuerdo con las víctimas que dejara atrás. Empero, prefería que no hubiera bajas por involucrar civiles a una disputa que no debería ser de ellos. "Malditos vecinos metiches, torpe mosquito y estúpido de mí no darme cuenta de que ese bicho volvió para matarme mientras dormía y ahora en venganza seguramente morderá a todos esos oficiales. Con tantas donas seguro están rellenos. Deben hasta verse jugosos para un mosquito". Reflexionó llegando a la primera estación de policía cercana a su hogar. estacionó su motocicleta afuera e ingresó al establecimiento. A simple vista todo se veía en orden. El recepcionista alzó la mirada para verle fijamente a la espera de una justificación para estar allí.
―¿Desea algo, señor? ―preguntó con seriedad, pero sin llegar a ser brusco.
―Venía buscando a un amigo mío ―mintió el cazador notando como le estaba escrudiñando con la mirada―. Él tiene el cabello negro y los ojos oscuros, la piel muy pálida y se cree un vampiro por alguna razón que no entiendo.
―¿Cuál es el nombre de su amigo? ―interrogó mientras revisaba la lista con las personas detenidas esa noche.
―¿Su… nombre? ―repitió Namikaze de manera tonta al caer en cuenta de que había obviado un detalle de suma importancia al respecto del mosquito.
―¿Y bien? ―preguntó el recepcionista mirándolo con aburrimiento―. Por favor dese prisa.
―Un momento ―pidió el rubio poniéndose nervioso.
Ahora que lo pensaba en toda la noche en ningún momento le había preguntado su nombre al mosquito. Se refería a él como lo que era; una sanguijuela, un mosquito, una molestia y varias cosas más. Meditó un poco si su nombre podía hacer alguna diferencia. Siendo ese chico un ser de la noche con fuerza sobrenatural y una boca mortal, para él sería un juego escaparse de una simple celda hecha por humanos no calificados para ser sus carceleros. Era ridículo pensar que él se dejaría encarcelar mansamente. Aunque también cabía la posibilidad de que se dejara encerrar para tener donde esconderse. Una celda oscura de donde nadie lo sacaría. Al fin y al cabo, los vampiros no tenían familia ni amigos, sólo comida. En cuanto se convertían atacaban incluso a sus seres queridos. "Si sabré yo lo que significa convertirse en una de esas cosas". Pensó Menma frunciendo el ceño. Cambió su estrategia entonces y sacó su celular para llamar a sus colegas.
―¿Menma-kun? ―interrogó una voz femenina con clara duda.
No la culpaba. Él nunca dependía de sus compañeros ni les pedía información siquiera. Sólo iba a buscar armas, municiones y con que le dijeran el área donde había pistas era suficiente para ponerse en marcha. De lo demás él se encargaba de manera eficiente. Los vampiros después de todo sólo tenían dos modos; aquellos que asesinaban sin tener consciencia de sí mismos y los segundos podían comunicarse como ellos, pero nunca probaban otro alimento que no fuera sangre y eran débiles ante todo lo relacionado a Dios. No le era problema identificarlos. Sólo le bastaba estar un rato en el bar y fijarse en quienes no bebían o comían nada. Un par de pequeñas pruebas chocándose con ellos adrede para volcarles su "bebida", ―la cual en realidad era agua bendita―, y en cuanto comenzaba a humear su piel producto de las quemaduras era hora de actuar. Con el mosquito que tenía acosándolo no tuvo que hacer mayores cosas. En primera, hasta el bartender dijo que ese idiota era un vampiro. En segunda, no ocultó sus colmillos. Y para concluir, él pedía sangre abiertamente.
―Necesito que revises si ha habido incidentes en la última hora ―ordenó sin siquiera molestarse en saludar―. Asesinatos o accidentes de autos, específicamente de la policía.
―Es demasiado pronto para saber ese tipo de informes ―le aclaró al otro lado del celular―. Tendría que ser en una zona muy transitada o tener a alguno de los afectados pidiendo auxilio.
―¿No has recibido llamadas de emergencia?
―Hemos recibido demasiadas ―respondió la fémina soltando un suspiro audible denotando cansancio―. En la redada de anoche hubo muchas bajas de nuestro lado y del suyo. El problema es controlar a los civiles. Ellos sólo vieron o, mejor dicho, oyeron disparos y gritos dentro de un bar.
―Qué entrometidos son cuando no se requiere de los vecinos ―gruñó el cazador queriendo golpearse así mismo con la palma de la mano―. En ese caso mantenme informado si sucede algo.
―Espera, Men... ―Ni siquiera la dejó terminar de hablar cuando cortó la llamada.
El sol ya había salido por completo. Cualquier vampiro inteligente o con el mínimo sentido de supervivencia estaría escondido en un lugar oscuro. Tal vez no debería preocuparse por el pervertido bicho que llevó a su casa en un lapsus de completa estupidez e imprudencia. "No debí ilusionarme tan rápido. Creí haber encontrado la respuesta a mis problemas, pero resultó ser otro asesino chupa sangre". Pensó maldiciéndose así mismo por haber caído ante sus embrujos. Seguramente ese mosquito había usado algún tipo de hipnosis en su contra. Sí, eso debía ser. Él no era el problema, era producto de alguna estratagema de ese moreno. Debía reconocer su habilidad para fingir inocencia e idiotez por partes iguales. Por un momento realmente se había planteado ayudarlo creyendo que era sólo un mocoso confundido víctima de los vampiros.
―Pero no volverá a suceder. La siguiente vez que nos veamos voy a ponerle fin a tu existencia, ser-cuyo-nombre-desconozco-por-no-preguntar ―amenazó Namikaze soltando un suspiro de cansancio―. Esa declaración de guerra sonaría mejor si supiera como se llama ese mosquito.
Soltó un corto bostezo dándose cuenta de que debería estar durmiendo cómodamente en su cama. Si no fuera por ese bichejo todo estaría en su lugar y podría llevar a cabo su rutina de costumbre. Por la tarde tenía clases en su universidad y lo último que le apetecía ir desvelado arriesgándose a quedarse dormido a mitad de las clases. Él se jactaba de ser un buen alumno y no iba a sacrificar su vida académica por nada del mundo. Debía darse prisa y reparar su error para poder conciliar el sueño a gusto. Pues le parecía imposible cerrar los ojos a sabiendas de lo que podría ocasionar el moreno estando en libertad. Se volvió a subir a su moto y comenzó a recorrer la ciudad en busca de pistas.
―Ya es mediodía y aun nada ―gruñó Namikaze con frustración.
Se detuvo para comer algo cuando su estómago rugió reclamando algo de alimento. Al menos debía tomarse unas cuantas tasas de café y comer algo o de lo contrario terminaría desmayado. Estaba desvelado y estresado. Llevaba literalmente desde el amanecer recorriendo distintas calles y autopistas. En ninguna se registró nada extraño. Sí hubo algunos accidentes como peatones atropellados por conductores imbéciles, otros que producto de carreras ilegales a plena luz de día habían embestido a quienes conducían acorde a la ley. Eran sucesos trágicos por los inocentes, pero producto del propio egoísmo y vanidad humana. Gente a la que no le importaba cómo sus acciones afectaran a un tercero. En ocasiones las personas bajo la protección de los cazadores hacían cuestionable su tarea. Mientras seguía intentando degustar aquel café y olvidarse de la cara desagradable de la humanidad que tanto se intentaba ignorar, su celular comenzó a sonar.
―¿Bueno? ―interrogó con su característico tono de hastío y fastidio.
―Al menos deberías saludar más educadamente ―regañó la fémina al otro lado de la línea.
―Al grano ―ordenó con premura, sin siquiera mostrar alguna pisca de arrepentimiento por su brusquedad y falta de educación anteriores.
―Luego de horas buscando lo que pediste ―habló con una voz claramente acusatoria hacia él―, encontré el reporte de una patrulla desaparecida a primeras horas de esta madrugada. Los oficiales a bordo no se han presentado a la estación que les corresponde para marcar el fin de sus turnos ―explicó con voz monótona siendo profesional en su trabajo.
―¿Cuál fue la última ubicación donde se los vio? ―interrogó teniendo un mal presentimiento al respecto.
Hubo un largo minuto de silencio en el cual el cazador sólo oía la respiración de la joven a través de la bocina. Ya intuía la respuesta, pero requería de la confirmación antes de actuar.
―Fueron a tu dirección ―habló finalmente la chica soltando un audible suspiro.
―Eso es todo lo que necesitaba saber ―dijo de manera cortante completamente fría―. Envíame al celular donde fue vista esa patrulla luego de dejar mi casa. Estoy seguro de que en las cámaras de tránsito aparecerán.
Luego de dar instrucciones, y sin esperar una confirmación, cortó la llamada. Se tomó unos momentos debatiéndose entre azotar el celular contra el suelo y tener que pagar por uno nuevo o guardarlo y evitar un gasto inútil. Se decidió por lo segundo. Puso a salvo el pequeño aparato y luego soltó un gran grito de frustración por cómo se estaban tornando las cosas. Y la falta de sueño no mejoraba su estado de ánimo. Arrancó la moto y aceleró a máxima velocidad hacia su propio hogar, desde donde pensaba reconstruir el recorrido previo a la presunta tragedia. Cuando llegó a su destino, llegó el mensaje con la información antes solicitada. Según veía la estación de policías más cercana era la que él visitó unas horas atrás. Sin embargo, nunca llegaron. La siguiente cámara los ubicaba en una calle en dirección una parte poco transitada de la ciudad. La última foto captada de la patrulla mostraba cómo se dirigían al área donde estaba un frondoso bosque. Un lugar famoso por la gran cantidad de suicidios en el mismo.
―¡Pero ¿qué?! ―gritó con sorpresa Menma al ver el auto estrellado en uno de los árboles.
Ni siquiera estaba oculto, pues nada más entrar notó cómo había pedazos del auto tirados en el suelo. El espejo retrovisor parecía haberse caído producto de su choque con algo. Los arañazos en la pintura a los lados del vehículo le hacían deducir que estuvieron rozándose contra los árboles, cuya superficie también presentaba lesiones. La madera más superficial había sido arracada coincidentemente a la altura donde el auto tenía la pintura resquebrajada. No había duda. Algo sucedió dentro de aquel auto que les hizo perder el control y estrellarse. Llamó por el celular a los cazadores para informar acerca de su hallazgo, pues no debían dejar que el público descubriera este tipo de incidentes o provocarían pánico colectivo. Si alguien había llegado antes que él a la escena, deberían hacer un control de daños cuanto antes. Revisó el interior del auto encontrando apenas algunos rastros de sangre no muy importantes. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue el techo del auto.
―Pareciera que algo pesado los golpeó desde arriba ―dijo Namikaze tocando la superficie contando tres valles en el techo―. Alguien intentaba abrir el auto desde arriba. ¿Sería algún amigo del mosquito intentando rescatarlo? ―preguntó para sí mismo.
Tras inspeccionar cada rincón y asegurarse de no dejarse ninguna pista de relevancia. Salió de allí para revisar los alrededores. Había marcas de garras en los árboles, descartadas como pertenecientes a un animal por su naturaleza. Se veían cuatro grandes líneas como si fueran dedos humanos, pero con una capacidad destructiva mayor a la de uno. Contó al menos cuatro árboles con esas marcas. Y al siguiente, manchas de sangre. La salpicadura le hizo pensar que esas garras en vez de cortar a un árbol cortaron a una persona. En el mejor de los casos, el golpe habría sido fatal y le ahorraría el sufrimiento de ser el juguete de un vampiro. Empero, no parecía ser el caso. Había una especie de charco de sangre, ya seca debido al calor del sol, pero una línea recta le hizo saber que la víctima se arrastró intentando huir de la criatura. Nuevamente vio manchas en varios árboles.
―¡Ese maldito mosquito! ―maldijo el rubio apretando los puños―. Se dedicó a hacerles sufrir antes de matarlos, pero ¿dónde están los cadáveres?
Colocó su mano bajo su propia barbilla pensando en la muy remota posibilidad de que siguieran con vida. Al menos uno de ellos. Pues siendo dos, quizás sólo uno fue asesinado y el otro logró huir. Si ese era el caso no sería difícil buscar un paciente reciente que estuviera histérico hablando de ataques de vampiros. Después de todo, en su mayoría eran ignorantes en el tema. Los altos mandos de la policía eran quienes sabían de los cazadores de vampiros. Si bien era cierto que existían las excepciones, ―sólo para aquellos que tuvieron un altercado con un vampiro y sobrevivieron al mismo―, no eran muchos los que conseguían tal hazaña.
Era tener muy mala suerte responder a un llamado de emergencia y tener que toparse con un vampiro. Las armas de la policía eran ineficientes contra ellos, pero algunos religiosos podían salvarse al llevar con ellos colgantes con cruces o algún accesorio bendecido por la iglesia. Tras un ataque como ese era frecuente que los oficiales cayeran en un estado de histeria tal que los hacía parecer locos. Era allí cuando los cazadores o altos mandos hablaban con ellos al respecto. No estaba muy esperanzado de que alguno de ellos supiera qué era un vampiro, pero podía especular que alguno contara con, al menos, la suerte de que amaneciera antes de ser asesinado y lograra escapar.
―Como sea, no gano nada quedándome aquí pensando ―se dijo así mismo con reproche.
Menma regresó a su moto y condujo en dirección al hospital más cercano. Primero intentaría recabar pistas de algún paciente de urgencias que coincidiera con los oficiales que buscaba. Esta vez sí tenía sus nombres gracias a las identificaciones tiradas en el suelo junto a trozos del uniforme de policía. Seguramente se cayeron durante el ataque. Fuera como fuera el caso tenía un nombre y una foto para preguntar por su paradero. Tras un largo rato conduciendo llegó al primer hospital.
―Disculpe ―llamó Namikaze a la recepcionista de cabellos rubios.
―¡Eres el psicópata! ―señaló una muy sorprendida Ino.
―Eres el ganado ―dijo el cazador viéndola con cara de circunstancias, pues su comentario iba referido a la naturaleza de la relación entre humanos y vampiros.
―¡Qué grosero! ―espetó Yamanaka con indignación―. Sé que Charasuke es todo un playboy, pero eso de decirme "ganado" es muy ofensivo ―regañó señalándolo con su dedo―. Yo soy especial, no como las otras con las que sale.
―Eres una más en su ganado ―aseguró el rubio pensando en convencerla de alejarse de un asesino serial como el mosquito.
"Al menos ya sé el nombre del mosquito. Tiene un nombre muy particular, no me será difícil averiguar sobre él".
―Tú opinión me importa una mierda. Yo sé que él me llamara de nuevo ―presumió ella cruzándose de brazos sobre su propio vientre para hacer resaltar sus atributos delanteros―. No quiero presumir, pero soy irresistible e imposible de olvidar.
―Sí, como sea ―cedió Menma viendo que no llegaría a ningún lado hablando con una potencial víctima―. ¿Ha llegado a urgencias un paciente de nombre Maito Gai? ―preguntó con seriedad―. Es un viejo amigo mío y no hemos sabido nada de él desde anoche. Temo que haya tenido un accidente ―mintió con su elaborada mentira.
―Déjame revisar la lista ―pidió Yamanaka cumpliendo con profesionalismo su tarea―. En nuestra base de datos no hay nadie con ese nombre, pero hay algunos sin identificar ―dijo girando la pantalla de su ordenador para mostrarle las fotos de los rostros de los pacientes sin nombre―. ¿Lo identificas aquí? ―preguntó amablemente―. Nos sería de gran ayuda para contactar con sus familiares.
El rubio observó con detenimiento a cada una de las personas en las fotos sin suerte alguna. Un sujeto de grandes y pobladas cejas junto con un peinado de tazón muy fuera de moda sería fácilmente reconocible en cualquier lugar, pero nada. Entre todas las víctimas no se encontraba el susodicho. Agradeció la ayuda por mera educación y salió de allí rumbo al siguiente hospital. Repitió el mismo procedimiento fingiendo ser un amigo preocupado y obtuvo exactamente el mismo resultado. Lo intentó un par de veces más antes de resignarse a que no fue a algún hospital. Al ver que estaba atardeciendo, se decidió patrullar en busca del mosquito. Seguramente andaría en bares y con lo poco que se esforzaba en ocultar su verdadera naturaleza, las cosas le serían más sencillas. O eso creyó, hasta que preguntando por Charasuke a los bartenders, le decían que esa noche no había ido.
―¡¿Qué sucede con ese jodido bicho?! ―se quejó molesto Namikaze manejando su motocicleta rumbo al siguiente bar hasta que un grito llamó su atención.
―¡Un vampiro! ―gritó una mujer atrayendo la atención de Menma.
Sus ojos azules se dirigieron al sitio donde provenía aquella voz viendo a una mujer de largos cabellos oscuros siendo sujetada por la cintura por Charasuke.
Continuará….
