Advertencia: Este capítulo tiene violencia física y contenido sexual.
Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo XIII: Intimidad
Los minutos transcurrían de forma diferente cuando un vampiro se alimentaba de un humano. Para el humano, cada segundo podía costarle la vida; para el vampiro, eran los únicos momentos que valían la pena, por lo que buscaba extender ese tiempo lo más que pudiera. Era una contradicción poco conveniente para la víctima.
O al menos eso pensaba Yuzu, preocupada de que Shu la matara en ese mismo lugar. Por alguna razón, el rubio parecía fascinado con su sangre y llevaba un buen rato siguiendo las líneas que le dibujaban el busto sobre el sujetador. La castaña agradecía que tuviese esa mínima consideración con ella, pues dudaba poder detenerlo en caso de que quisiera desnudarla por completo. Aun así, cada vez que encontraban miradas reconocía el deseo encendido en sus ojos azules.
—Tu sangre está ardiendo —susurraba él, conteniendo la agitación en su voz estoica—. ¿Estás segura de que no quieres hacerlo? Después de todo, no le debes ningún tipo de fidelidad a Laito.
Su presa tenía una actitud resignada, por lo que esta propuesta ni siquiera la sorprendió.
—Solo toma tu premio y déjame en paz.
Yuzu ladeó el rostro con amargura, pero Shu no podía dejar de mirarla.
En contraste con la calma que siempre aparentaba, su mente se encontraba aturdida, cegada por el hambre y la creciente excitación. Hacía lo posible por disimular la necesidad, cada vez más evidente en su rostro cadavérico, centrando su concentración en aquel cuerpo menudo, humano y cálido, tan distinto al suyo. Pero estaba llegando a su límite.
—Esto es malo —advirtió.
—¿Ah? —Yuzu no sabía a qué se refería.
—Creo que quiero más…
En ese momento, el vampiro acercó su rostro hacia ella. La castaña notó que sus labios estaban peligrosamente cerca, ¿acaso quería besarla?
—Shu, espe… —intentó detenerlo, sintiendo el barrido de su respiración sobre la boca.
Pero una voz cantarina que ambos conocían muy bien los interrumpió:
—¿Qué estás haciendo, Bitch-chan? —Sobresaltada, Yuzu echó su cabeza hacia atrás, apoyando su nuca en el brazo del sofá. Laito se encontraba justo atrás de ella, sonriendo como un idiota—. ¡Eres tan mala! Te dije que me avisaras si jugabas con alguno de mis hermanos.
—La-Laito… —murmuró la humana, nerviosa de ser vista con Shu sobre ella. Estaban en una posición demasiado comprometedora.
"¿Estará celoso? No, no lo parece…"
—No me digas que intentas usar a Shu para desquitarte —dijo Laito con su entusiasmo habitual—. ¡Eres tan linda! ¡No cabe duda de que eres la mujer perfecta para mí!
—¡Deja de sacar conclusiones! —respondió Yuzu, molesta y avergonzada a la vez.
Apartó un poco a Shu con la intención de incorporarse, pero este movimiento bastó para que Laito notara las múltiples mordidas en su pecho y la cremallera del pantalón de su hermano, totalmente abajo.
—Mmm, se ve que se divirtieron —comentó, aguzando la mirada.
Yuzu conocía bien esa sombría expresión. De golpe comprendió que la imaginación de Laito estaba yendo muy lejos. Y eso podía costarle caro.
—¡N-no, espera…! ¡No es lo que piensas! —saltó asustada.
—¿Por qué le estás dando explicaciones? —intervino Shu con tono aburrido.
—Es que…
—A Laito no le afecta lo que hagas, ni con quién. Solo le importa pasar un buen rato. —Shu se mantenía indiferente, pero había una nota mordaz en su comentario. Como para remarcar esto, dedicó una media sonrisa a Laito—: ¿No es así, hermanito?
El aludido enarcó una ceja, comprendiendo que el mayor buscaba provocarlo. Sin embargo, su irritación no era algo que estuviese dispuesto a mostrar o, al menos, no de forma convencional.
—Estás en lo cierto —afirmó, acomodándose en el sofá, justo atrás de Yuzu—. Así que… divirtámonos juntos, ¿sí?
—¿Q-qué? Estás bromeando, ¿verdad? —exclamó la humana, removiéndose con todas sus fuerzas para escapar de ahí. No obstante, ahora eran dos vampiros contra ella: bastó que Laito la sostuviera de las muñecas y Shu le sujetara la cadera para inmovilizarla—. ¡Shu! ¡¿Qué estás…?! ¡Ah!
Antes de asimilar lo que pensaban hacer, Shu se acomodó entre sus muslos y besó uno de ellos, provocándole un inesperado cosquilleo cerca de la entrepierna. Contuvo su reacción y lo observó con desprecio. No esperaba que accediera a participar en los juegos de Laito, ¿acaso también le gustaba "compartir" a sus presas? Hasta el último minuto tuvo la esperanza de que él no fuese tan depravado como sus hermanos, pero tal y parecía que se había equivocado.
Yuzu continuó resistiéndose, sobre todo cuando Laito le arrancó el sujetador para tomar sus pechos entre las manos. El frío contacto la hizo estremecer, pero se mordió el labio para reprimir cualquier sonido.
—Qué obstinada eres, pero eso lo hace más interesante —comentó Laito, besándole la extensión del cuello y oído, lugares en los que la chica era especialmente sensible.
Y de pronto, sintió una dolorosa punzada en la pierna. Shu acababa de enterrar sus colmillos ahí, arrancándole un fuerte alarido que se mezcló con los gemidos que estaba conteniendo.
—¡Ah…!
—Nfufu, eso es, solo disfrútalo —rio Laito, sin dejar de retorcer sus pezones, alternando la suavidad con la fiereza, provocando su respectiva erección—. Ah, Bitch-chan… Vieras la expresión que tienes en estos momentos, ¿tanto te gusta cómo lo hace Shu?
La castaña no quería admitir que era Laito quien le producía ese placer, pues la mordida de Shu le ardía bastante. El mayor levantó la vista con aparente desinterés, observando la interacción de la pareja: Yuzu parecía estarse debatiendo entre sensaciones opuestas y no dejaba de luchar, mientras que Laito le besaba la piel y miraba a su hermano con cierta frialdad.
Shu volvió a beber de ella, esta vez más fuerte.
—¡Argh, me duele! —le reclamó Yuzu, colocando una mano en su cabeza rubia.
Sabía que hacer eso no sería suficiente para detenerlo, pero al menos dejaba en claro que el mensaje era para él.
—Ah, me gusta esa reacción. Yo también quiero… —susurró Laito, besando la nuca de la humana antes de encajar sus colmillos ahí.
El dolor y el miedo volvieron a invadirla, provocándole varios quejidos y nuevas lágrimas. "Esto es demasiado… No puedo con los dos, no voy a resistir", pensaba, sintiendo como su consciencia se iba desvaneciendo a causa de la excesiva pérdida de sangre.
—Ya… paren… por favor… —sollozó, convencida de que aquel sería su último respiro.
Sin embargo, justo antes de desmayarse, Shu se detuvo.
—Gracias por el bocado —murmuró con una expresión indescifrable en el rostro y la sangre derramándose de la comisura de su boca, para entonces desaparecer.
Una vez más dejaba a Yuzu a merced de Laito, pero en esta oportunidad sentía el peso de la decisión en todo el cuerpo, como si supiera de antemano que se iba a arrepentir.
Kim perdió la noción del tiempo, y con ello, la poca compostura que le quedaba.
El mismo beso que al principio recibió con gran impresión provocaba en ella algo nuevo, nublando su mente de cualquier pensamiento que pudiese frenar el deseo. Se permitió rodear el cuello del vampiro, atrayéndolo hacia su cuerpo desnudo y caliente.
Subaru intentaba mantener el control de la situación, pero la intensidad del momento se lo hacía cada vez más difícil. Con lentitud se separó de los labios de Kim, apoyando su frente contra la de ella, cerrando los ojos para perderse en su aroma. Sus corazones golpeaban con fuerza, al unísono, y el agua de la regadera no dejaba de caer.
—Ah… ah… Subaru… —jadeó Kim.
—¿Q-qué sucede? —preguntó él, un poco asustado al notar el ritmo errático en las respiraciones de la chica.
—Me siento un poco extraña…
—¿Te duele algo?
Kim lo abrazó con todas sus fuerzas, buscando desesperada las palabras adecuadas para explicarse.
—Haz que pare. Mi cuerpo… está muy caliente… —susurró contra su oído, aprovechando la posición para ocultar el rostro enrojecido del escrutinio ajeno.
Subaru sintió un cosquilleo en el vientre que lo puso en tensión. Sujetó a la chica de los hombros, apartándola para estudiar con detenimiento su expresión deshecha y la piel expuesta, exenta de censuras. Tragó saliva al comprender dónde se originaba el problema: aquella zona tan delicada que tenía entre las piernas, la fuente inmaculada de su deseo. El agua de la ducha disimulaba el abundante líquido que provenía de su interior, pero Subaru no necesitó tocarla directamente para comprender lo que estaba pasando allá abajo.
Kim notó los ojos del albino sobre ella, y se sintió tan avergonzada que creyó que en cualquier momento se largaría a llorar. No recordaba tener ningún tipo de experiencia sexual, pero estaba segura de que esa era la primera vez que su cuerpo recibía tanta estimulación. No tenía idea de qué hacer, ni siquiera se atrevía a obedecer el impulso de tocarse estando Subaru tan cerca de ella.
"Estúpida pócima afrodisíaca de Reiji."
El vampiro tardó un poco en salir de la impresión que le suponía verla así, temblorosa y excitada, pero finalmente escapó de aquel ensimismamiento en el que sus propias fantasías lo habían encerrado y se dispuso a sostener la barbilla de la chica con una mano.
—¿Quieres que te haga lo mismo que te hizo Ayato? —le preguntó de forma directa, sin dejar de mirarla.
—¿Eh? —saltó Kim, sintiendo cómo una ola de calor la inundaba ante la propuesta.
Pero Subaru no parecía estar jugando. Su expresión era demasiado seria, incluso amenazadora.
—Contéstame —exigió él, acortando la distancia entre sus rostros.
Kim parpadeó, confundida. Había comprendido durante la investigación de Reiji que no quería que nadie además de Subaru la tocara, pero resultaba bastante incómodo recordar las acciones de Ayato. Sin poder evitarlo, su mirada se dirigió hacia las marcas en su pecho.
—Él me…
—Él te tocó aquí —la interrumpió el albino, suspirando con pesadumbre. Parecía estar conteniendo su enojo y algo más—. ¿Debería… tocarte yo también? —Al darse cuenta de lo que dijo, frunció el ceño y sus mejillas se ruborizaron de inmediato—. Digo… No me parece bien que ese estúpido haya llegado más lejos que yo.
La licántropa se sobresaltó ante la pregunta y permaneció expectante, con la ansiedad carcomiéndole los sentidos. Sí, claro que quería que fuese Subaru y no Ayato quien la hiciera sentir bien, pero no era correcto decirlo… ¿O sí? Después de todo, ellos no tenían esa clase de relación.
La mente de Subaru funcionaba a mil por hora en ese momento. Sabía que Kim se encontraba en un estado de vulnerabilidad absoluta, salida de su propia normalidad, y no quería realmente aprovecharse de eso… Sin embargo, los celos que sentía hacia Ayato lo estaban empujando cada vez más. ¿De qué otra forma podría arrancar ese horrible recuerdo de ella? ¿Cómo podría ignorar el origen de su furia, sino concretaba lo que sus impulsos le pedían?
El daño y la tortura que Reiji infringió en su piel… La sangre que Ayato tomó y que dejó una herida ahora limpia bajo el agua, pero ardiente como su codicioso deseo de poseerla.
No podía pensar en otra cosa. No soportaba que otro la hubiese tocado antes que él.
—Ah, solo tú… —intervino ella con un hilo de voz, apenas audible.
—Habla más fuerte. No te escucho bien —le exigió Subaru con dominancia.
—Solo contigo… Quiero hacer esas cosas. Si eres tú… —confesó la chica a duras penas, tensando sus extremidades que no dejaban de temblar por una sensación mucho más fuerte que el frío.
Este susurro acabó por quebrar la fuerza de voluntad del vampiro, quien no necesitó nada más para decidirse. Una media sonrisa apareció en su rostro, esbozando cierta arrogancia al saberse escogido. Acarició el cabello de Kim mientras acercaba su rostro hacia ella.
Nadie más podía ayudarla en un momento como ese. Nadie más que él podía tenerla.
Tenía que ser él.
—De acuerdo. Te daré lo que quieres —susurró cerca de su oído, arrancándose la polera empapada antes de seguir besándola.
Kim sintió un alivio inexplicable al tener la fría piel del vampiro sobre la suya, que ardía como si hubiese un incendio en su interior. La ternura del comienzo se convirtió en besos voraces y llenos de pasión, acelerando a un ritmo vertiginoso mientras Subaru introducía su lengua sin ningún tipo de pudor en la boca de Kim. Y ella comprendía, abandonando toda timidez, que ese descontrol era justamente lo que necesitaba de él.
—Te voy a quitar ese desagradable olor que tienes —comentó el albino tras un profundo jadeo.
Deslizó su boca por el cuello ajeno, explorando los pechos de la muchacha con ávido interés. Su diestra se ciñó al izquierdo, presionándolo con fuerza entre sus dedos, mientras el filo de su lengua lamía el ya erecto pezón derecho. Kim no pudo contener sus gemidos, dejándolos escapar a merced de los movimientos de Subaru, incitándolo cada vez más.
—Ah… Subaru…
—Increíble —comentó él, observando su rostro de reojo—. Son tan pequeños y suaves, pero… con solo tocarlos reaccionas así, ¿eh?
Por su tono de voz, Kim supo que se estaba burlando de ella. Intentó rehuir de esa sonrisa maliciosa con la vergüenza a flor de piel, pero la fuerza descomunal de Subaru no le permitió moverse de su sitio. Él siguió jugueteando con sus pezones, para luego detenerse sobre las marcas de Ayato.
—Tsk, bastardo… Cuando lo vea, voy a…
Sin acabar la frase, Subaru apegó su entrepierna al cuerpo de la chica.
—Tú… estás muy cerca… —advirtió Kim.
Pero fue completamente ignorada por Subaru, quien empezó a succionar uno de sus pechos. Y luego el otro. Varias marcas rojizas nacieron de sus acciones, ganando visibilidad sobre las de Ayato. Hecho esto, el vampiro la observó satisfecho y volvió a dirigir sus grandes manos hacia ella, pellizcando sus pezones con las yemas de los dedos. Kim volvió a reaccionar.
—Eres muy sensible en esta zona, ¿de verdad no sentiste placer cuando Ayato te tocó aquí? —preguntó él, dejando escapar un gruñido celoso.
Sabía que estaba mal pensar en ello, pero no podía borrar de su mente las expresiones de Kim cuando estuvo con el pelirrojo.
—¿Q-qué dices? Cla-claro que no… —Kim le respondió con dificultad, un poco molesta de que volviera a mencionar a Ayato.
Sin embargo, Subaru se estaba comportando de manera intimidante. Más de lo normal.
—Entonces… ¿Solo te gusta cuando soy yo quien lo hace? —Sin previo aviso, los labios de Subaru empezaron a besar su oreja que acababa de volver a la normalidad, provocándole un fuerte escalofrío—. Contéstame, de otro modo… —insistió, mordiendo el lóbulo con suavidad— no te dejaré escapar.
El albino recargó un poco más la entrepierna contra la chica, sin darse cuenta que su erección se volvía evidente. La cabeza de Kim empezó a dar vueltas y se vio incapaz de responder a su pregunta.
"Está duro…", pensó ella, cada vez más poseída por el placer.
—Subaru… yo…
—¿Mmh?
—Aún me duele… ahí abajo —confesó con la mirada vidriosa, tan roja como sus mejillas se lo permitían.
No era la respuesta que Subaru estaba esperando, pero enseguida supo a qué se refería. Hizo una pequeña pausa en la que contuvo la respiración.
—¿Estás segura? Puede que… no pueda detenerme —advirtió él.
—No quiero que te detengas. —Y dicho esto, Kim presionó su propia entrepierna contra el bulto del vampiro. Un gesto atrevido y más que sugerente.
"Siento un calor infernal en todo mi cuerpo. Necesito sentir a Subaru en cada parte de mí."
Comprendiendo el mensaje, el vampiro apagó la ducha antes de seguir repartiendo besos y lamidas por su pecho, bajando por el torso y llegando hasta el vientre. Deslizó la boca por sus piernas, dando pequeños mordiscos en el interior de sus muslos, rozándola con los colmillos sin lastimarla.
—En unos momentos el dolor pasará. Tendrás que confiar en mí —murmuró, haciendo vibrar su garganta con el siseo de su ronca voz.
Quería reconfortarla, remarcarle que él estaba a cargo para que se permitiera disfrutar, pero Kim se sentía demasiado nerviosa por tenerlo en esa posición. Él podía verla muy bien desde ahí, incluso podía apreciar detalles de sí misma que ella desconocía. Esta posibilidad provocó una nueva oleada de excitación, la cual le obligó a desviar la mirada para ordenar sus pensamientos, nuevamente descontrolados.
Sin más preámbulos, y aprovechando la breve distracción de la chica, Subaru acercó los labios hacia su feminidad y empezó a besarla con dulzura. Con suma alteración, Kim tensó su entrepierna.
—¡Ah, Subaru…! —exclamó, colocando sus manos en la cabeza del muchacho, jalándole el cabello en un intento desesperado de separarlo de su cuerpo por la incomodidad de la inexperiencia.
No obstante, el vampiro se aferró a ella, sujetando sus muslos con fuerza y separándolos hacia sus respectivos lados. Abrirla le permitió realizar la tarea con mayor facilidad: su lengua no tardó en adentrarse en la vulva de la muchacha, cuya fuerza empezaba a aflojar.
—¡Ngh, Su-Subaru! ¡Ese lugar es…! —Kim empezó a gritar salida de sí, sin entender la serie de sensaciones que la recorrían desde afuera hacia dentro.
Después de un rato, las exclamaciones y las quejas se transformaron en gemidos llenos de placer, provocados por el delicioso contacto que se producía entre el interior de su cuerpo y los hábiles movimientos del albino. Él estaba concentrado en su tarea, regocijándose con el olor que emanaba Kim y sintiendo cómo la dureza de su miembro se acentuaba con cada reacción suya, con cada melodioso sonido que su voz producía.
Esta vez, solo para él.
—Se siente bien, Subaru… —dijo de pronto la licántropa, creyendo que su cabeza estaba a punto de estallar.
Al escucharla, el vampiro sonrió con picardía. Su boca exploró a gusto su interior, concentrándose de tanto en tanto en el clítoris, moviendo el filo de su lengua sobre él, provocando que Kim se estremeciera aún más. La velocidad fue incrementando y, al cabo de varios minutos, Subaru pudo introducir con cuidado uno de sus dedos, sintiendo cómo su cavidad lo recibía con la piel encendida y mojada, envolviéndolo casi por completo. Luego introdujo un segundo dedo, generando una placentera reacción en Kim.
Los dedos de Subaru entraban y salían de ella mientras una corriente recorría cada uno de sus poros, indicándole que algo estaba por pasar. Una sensación completamente desconocida que la muchacha no supo interpretar.
Subaru estaba hechizado con aquella expresión que nunca había visto antes, escuchando el curioso sonido que provocaba su intimidad cada vez que se introducía en ella. Y apenas notó que estaba bien lubricada, liberó su torturada erección. Kim la contempló con cierto temor debido a su tamaño, pero no opuso resistencia al momento de sentirla acariciar su entrada.
El miembro del albino estaba tan caliente que no parecía ser la extremidad de un vampiro y, ansioso por ser atendido después de tanto tiempo, se coló entre los muslos de Kim, frotándose entre ellos y contra su viscosa entrepierna, provocando una fuerte estimulación para ambos.
Subaru no pudo contener más los sonidos guturales que venían de su garganta mientras sostenía a la chica de las caderas y la utilizaba para masturbarse, abarcando la superficie de su abertura en un placentero vaivén. Los labios inferiores no tardaron en lubricarse más, acostumbrándose a la virilidad ajena y presionando el clítoris contra ella.
Los brazos de Kim rodearon el cuello del vampiro, comprendiendo que faltaba poco para el gran momento. Buscó la boca de Subaru, pero el beso que compartieron fue más bien breve, pues de sus labios no podía escapar nada más que no fuese un jadeo o un gemido descontrolado. Subaru se deleitaba escuchándola y, acompañado del movimiento realizado con su pelvis en la superficie de Kim, notó que estaba llegando a su límite. En ese momento, el albino detuvo sus desesperados movimientos para acomodarse en el interior de la licántropa y penetrarla de una vez por todas.
"Quiero hacerte mía. Solo mía", pensó Subaru, poseído por aquel oscuro sentimiento que estaba lejos de desaparecer.
Kim supo lo que estaba por ocurrir cuando sintió a Subaru acariciando su viscosa superficie con la punta del pene. Cerró los ojos, notando como la gran erección se abría paso dentro de ella. Y a pesar de todo el placer que sentía, tuvo mucho miedo.
—E-espera, Subaru… —pidió con un hilo de voz, sintiendo un dolor punzante contraer su entrada.
—¡No puedo esperar! La última vez que lo hice… Ayato… —bramó Subaru—. ¡No permitiré que se quede con tu primera vez!
La incomodidad se apoderó del cuerpo de Kim, quien sintió cómo todo su ser se cerraba ante la posibilidad de ser invadida. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Basta, Subaru!
Y solo entonces el albino reaccionó, percatándose de lo que estaba a punto de hacer. Kim no estaba lista, no solo su boca se lo decía, sino también su cuerpo. La única forma de concretar el acto era por la fuerza, y eso…
"Eso no me hace diferente de Ayato."
—Lo… lo siento.
La disculpa hizo eco en el baño, enfriando de golpe la ardiente situación. Subaru se retiró suavemente, observando a Kim con un fuerte sentimiento de culpa. Y ella le correspondió con lágrimas en los ojos, sin saber qué decir.
Al cabo de un tenso silencio, el vampiro encendió la regadera otra vez y Kim se sobresaltó al sentir el agua fría sobre la espalda.
—¡O-oye…! —se quejó, pensando que aún no habían terminado.
Pero apenas levantó la vista Subaru ya no estaba.
Varias horas más tarde, Yuzu se despertaba en un sitio desconocido.
—¡Al fin despiertas, Bitch-chan!
La humana parpadeó repetidas veces y de forma débil, hasta lograr enfocarse en esos ojos perversos que la observaban con falsa amabilidad. Estaba tendida de espaldas sobre una superficie dura. Intuía que se trataba de una mesa de madera.
—La-Laito… ¿Dónde estamos? —le preguntó, notando que su entorno estaba tan oscuro que solo podía verlo a él.
—Ah, esta es la cámara de torturas —respondió el vampiro con simpleza—. Creí que sería un buen lugar para castigarte.
—¿Para… castigarme?
—Así es, así que ¡quítate la ropa!
—¿Eh?
—Vamos, ¡apresúrate!
Laito jaló los restos de su vestido, animándola con una gran sonrisa. Sin embargo, Yuzu estaba demasiado aturdida como para siquiera entender su orden.
—Pe-pero…
—Bitch-chan, realmente no estoy de buen humor —se impacientó él, sin dejar de sonreír.
Solo en ese momento la castaña recordó lo sucedido con Shu y no tuvo otra opción más que desnudarse.
—Ah, pobrecita —comentó Laito, observándola con atención mientras se arrancaba los harapos que la vestían—. Shu dejó marcas en tu cuerpo, en partes que solo yo debería tocar. Se salió con la suya, ¿no?
—La-Laito…
Estar a solas con él le devolvía un amargo recuerdo. Los gemidos que escuchó en su habitación le confirmaron lo que ya sabía: no podía contar con su ayuda, mucho menos cuando se encontraba en peligro. Para Laito lo más importante era su placer, ya fuese con o sin ella. No creyó que esto la afectaría tanto, pues ya sabía qué clase de sujeto era, pero después de su conversación con Shu reconoció el origen de tanto dolor.
Sin poder evitarlo, sus ojos volvieron a empañarse. Laito colocó una mano en su hombro, interrumpiendo sus cavilaciones:
—No soporto ver estas marcas —murmuró—. Tendremos que sacarlas, ¿no crees?
—¿Eh? —Yuzu no comprendió el significado de sus palabras, pero apenas volteó a verlo vio que tenía una daga y la dirigía hacia su pierna—. ¡Ah!
El filo del arma no tardó en rebanar su piel sobre la mordida que Shu dejó, agrandando la herida y haciéndola sangrar otra vez. La castaña intentó apartar a Laito golpeándolo con un codo y con la mano contraria lo sujetó de la muñeca, desesperada por detenerlo.
—No te preocupes —le dijo él, malicioso—. Lentamente sacaré la piel donde él se atrevió a tocarte.
—¡Detente, por favor! —gritó Yuzu.
—¿Qué estás diciendo? —Laito se liberó de su agarre con mucha facilidad, para así continuar lastimando esa sensible zona de su muslo—. Este es tu castigo. Eres mi presa, pero aun así seduces a otros. Chica mala.
—Eso… eso no es así…
—¿Hm? ¿Qué tanto balbuceas?
—Esto no hubiera pasado si tú… me protegieras de tus hermanos… —Yuzu habló a duras penas, sin poder dejar de llorar—. Si tú… ¡no te hubieras acostado con otra mujer!
Este reclamo retumbó en las paredes de la cámara de torturas, adquiriendo fuerza por los celos inevitables. Laito se detuvo, observándola con un cruel destello en la mirada mientras sus colmillos asomados esbozaban una pérfida sonrisa.
—Ah, eso no se puede evitar, Bitch-chan. ¿Cómo quieres que me conforme con una chica tan común como tú? La forma de tu cuerpo no está bien, no eres atractiva. Si Shu se fijó en ti, solo fue porque me perteneces. Así somos todos, ¿no? Nos sentimos atraídos por las cosas que les pertenecen a los demás —dicho esto, Laito acercó su boca hacia el regazo de Yuzu y deslizó su lengua por la herida sangrante—. Yo también me fijé en ti por eso. Arrebatarte de las garras de Kanato era un placer del que no pude privarme; pero, si tuviera que elegir, preferiría una mujer más bella como la chica de hace un rato o la pequeña Kim.
Yuzu sintió un nudo en su garganta y se llevó las manos hacia el rostro, disimulando los sollozos que nacían de las frías palabras del vampiro. No lograba entender por qué la estaba tratando tan mal, incluso más de lo normal. Si lo de Shu le había molestado tanto, aquella era una forma muy extraña de demostrarlo.
—Por favor para, no me digas esas cosas… —le pidió.
—¿Estás dolida? ¿O acaso estás celosa? —le preguntó Laito, sin piedad—. Tus lágrimas y el sabor de tu sangre me lo dicen. Me encanta verte así.
—Eres… muy cruel.
—¿Tú crees?
—Ugh…
La humana ya no podía ocultar las lágrimas que recorrían sus mejillas. Se sentía demasiado humillada. No obstante, la sonrisa de Laito desapareció, dando paso a una severa expresión. Uno de sus dedos empezó a escarbar en la herida, utilizando el filo de su uña y una fuerza monstruosa para abrirla aún más.
—¡Ah! ¡Laito, detente! ¡Me duele! —le gritó Yuzu, jalándole el cabello en plena lucha para liberarse.
Este movimiento provocó que el fedora cayese al suelo.
—¿Qué te duele más, esto o la herida que Shu te dejó? —preguntó Laito, esbozando una nueva sonrisa llena de sadismo.
—¡Esto! ¡Sabes que no lidio bien con el dolor! ¡Detente, por favor! —volvió a suplicar la chica, moviéndose con algo de dificultad para acudir a su estrategia desesperada: tocar la entrepierna del lujurioso vampiro—. Haré lo que sea, por favor…
Más que una insinuación, era una propuesta. Yuzu prefería ser usada para satisfacer a Laito antes que prestarse como sujeto de torturas, ya había tenido suficiente con Kanato. Sin embargo, el vampiro le corroboró que no estaba de humor para jugueteos: le sujetó la muñeca y la aprisionó a su costado, apartando la mano intrusa de su cuerpo con mucha seguridad.
—Bitch-chan, haremos las cosas a mi modo hoy —le advirtió Laito, desplazándose de tal modo que subió a la mesa para colocarse sobre ella.
La castaña quedó paralizada, comprendiendo que el sexo no la salvaría en esa oportunidad.
Laito continuó rebanando la superficie de su piel con el cuchillo, eliminando de esa manera todos los rastros de mordidas que Shu repartió por su cuerpo. Por la misma razón, Yuzu no tardó en tener el busto completamente ensangrentado y ardiente, dándole la excusa perfecta al vampiro para alimentarse de ella.
Cuando los colmillos de Laito se desencajaban por enésima vez de su hombro, lo escuchó susurrar:
—Solo recuerda este dolor que solo yo puedo provocarte —jadeó, excitado—. ¿A quién temes más ahora? ¿A Kanato o a mí?
Yuzu no entendía por qué mencionaba a Kanato, tampoco sabía qué hacer para tranquilizarlo. Su consciencia pendía de un hilo a causa de toda la sangre perdida en un mismo día, sentía que en cualquier momento iba a desvanecerse para no despertar. Estaba aterrada de Laito, pero… necesitaba entender su reacción.
"¿Por qué está tan enojado? Es como... si estuviera perdiendo la razón."
La humana débilmente rodeó su cuello y le robó un beso, pero Laito se separó de inmediato, impidiéndole alargar el momento.
—¿Crees que soy idiota? —le preguntó, dedicándole otra vez una perversa expresión—. No hay forma de que un beso pueda ayudarte.
—No me hagas más daño… por favor… —suplicó la chica.
—Imposible, imposible. Debo impregnarte con mi aroma y marcarte con mis colmillos otra vez. —El vampiro se inclinó para inspirar cerca de su pecho cubierto de rojo—. Ah, la esencia de Shu sigue en tu cuerpo.
De pronto, Laito se incorporó y la sostuvo entre sus brazos, levantándola de la mesa de torturas como si de una princesa se tratara.
—Tendremos que trabajar duro, ¿no, Bitch-chan?
Pero Yuzu no pudo responder. Lo último que vio fue el filo de unos colmillos que le enseñaban una sonrisa insana, pero triunfal.
NOTAS DE LA AUTORA:
¿Querían cochinadas? Pues aquí las tienen (?)
No, mentira, en realidad este capítulo estaba planificado así hace años. Espero haberle hecho justicia y que lo hayan disfrutado. La idea era contrastar la relación entre Kim y Subaru con la de Yuzu y Laito.
KimWolfMoon: Me hace muy feliz que te gustara la escena SubaKim. La de este capítulo fue más ardiente que romántica, pero de igual manera espero que haya cumplido tus expectativas (aunque la corté en la mejor parte xD pero dejar con las ganas era parte del objetivo). Y sí, el lore de Yuzu apenas está comenzando jiji gracias preciosa por siempre comentar.
¡Gracias por leer! Por favor no olviden dejar reviews para mantener la motivación.
