Descargo de responsabilidad
¡Atención lectores!
Este fanfic contiene elementos de auto-inserción, lo que significa que el autor se ha insertado a sí mismo en la historia. Si no te gusta este tipo de contenido, te recomiendo que no lo leas.
El autor no pretende que este fanfic sea una representación precisa de sí mismo o de las personas que lo rodean. Es una obra de ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Sin embargo, si no te importa la auto-inserción o incluso te gusta, ¡adelante y disfruta de la historia! He hecho todo lo posible para que sea entretenida y atractiva para todos los lectores, quizás, independientemente de sus preferencias, o no, que importa solo busco contar mis ideas que me explotan en la cabeza ya sean buenas o completamente basura.
El autor no pretende ser un experto en ningún tema que se trate en este fanfic. Toda la información se ha obtenido de la investigación y el conocimiento personal del autor, y no debe tomarse como un hecho absoluto.
Este fanfic es una obra de ficción y no debe tomarse como algo real. Los personajes, eventos y lugares descritos en este fanfic son ficticios y no tienen ninguna relación con la realidad.
El autor no se responsabiliza de ninguna ofensa o daño que pueda causar este fanfic. Si te sientes ofendido o molesto por el contenido de este fanfic, por favor deja de leerlo y contacta al autor.
Yo, en calidad de Autor, por este medio declaro que renuncio a todos los derechos de autor, derechos de propiedad intelectual y derechos conexos que pudiera tener sobre los personajes, historias, obras literarias, ilustraciones, manga, anime o cualquier otro contenido creativo creado por mí y mencionados en la obra.
A partir de esta renuncia, cedo cualquier derecho moral, de autor o cualquier otro derecho de propiedad intelectual que pueda poseer sobre los mencionados personajes, obras o contenido, en su totalidad, a menos que se especifique lo contrario de manera explícita y por escrito.
Entiendo que esta renuncia es irrevocable y se aplica de manera global a todos los derechos mencionados anteriormente, incluyendo cualquier derecho futuro que pudiera surgir en relación con los mismos.
Al leer este fanfic, aceptas los términos de este descargo de responsabilidad.
Gracias por tu comprensión.
Espero que disfrutes de esta historia. Si tienes alguna pregunta o comentario, no dudes en dejarlo en los comentarios.
Capitulo cuatro
El gato se deslizó de mi hombro y comenzó a explorar el apartamento, como si fuera su propio reino. Me quedé sentado, observando cómo inspeccionaba las golosinas y el salmón que había comprado. Estaba cansado y ansioso, pero también curiosamente expectante sobre qué pasaría a continuación.
El gato miró alrededor del apartamento con una curiosidad que iba desde los pósters en las paredes hasta las figurillas y otros objetos esparcidos. Sus ojos recorrían cada rincón, evaluando el entorno con una intensidad inesperada. Sin embargo, a pesar de su evidente interés, no dijo nada. Su silencio era casi tan pesado como el cansancio que sentía.
Me quedé observándolo, sintiendo una mezcla de incertidumbre y anticipación. El gato parecía estar en su propio mundo, evaluando mi entorno con una mirada crítica, pero sin emitir juicios. En el fondo, sabía que el silencio del felino podía significar muchas cosas: desde la aprobación hasta la desaprobación, o simplemente un momento de reflexión.
Me dejé caer en el sofá, observándolo con una mezcla de impaciencia y expectación. Estaba claro que el gato estaba evaluando el lugar, y me preguntaba si este momento de observación era parte de su manera de evaluar cómo y cuándo ofrecerme la ayuda que había prometido.
Finalmente, el gato se acercó a las bolsas de golosinas y comenzó a examinar los diferentes paquetes. Se detuvo en una bolsa específica, la que contenía los dulces en forma de pez, y la olfateó con interés.
—Bien —Dijo, finalmente rompiendo el silencio —Vamos a ver si esta cosa cumple con las expectativas que me han dicho —
Con sorprendente destreza, el gato se levantó sobre sus dos patas traseras y se acomodó en el sillón como si fuera un humano, mirando los paquetes con un aire de crítica. La escena era tan surrealista que, en lugar de asustarme, empecé a encontrarla extrañamente normal.
El gato se sentó erguido en el sillón, sus patas delanteras apoyadas en el borde como si estuviera en una reunión importante, y comenzó a revisar las golosinas con un entusiasmo que no esperaba.
Me quedé allí, observando, y no pude evitar pensar en lo absurdo de la situación: un gato parlante en mi sillón, revisando golosinas y actuando como un crítico culinario. A pesar de lo inusual, estaba empezando a aceptar que, en mi vida, algunas cosas simplemente se volvían normales con el tiempo.
Al menos, esperaba que esta extraña rutina diera sus frutos y que finalmente recibiera la ayuda que tanto necesitaba para controlar mi energía interna.
Ante la primera mordida, el gato se quedó mudo. Sus ojos se abrieron con una sorpresa que nunca había visto antes en él. La expresión en su rostro cambió de una actitud desinteresada a una mezcla de sorpresa y éxtasis.
—Oh, por Byakko, esto es... —Dijo, deteniéndose para saborear el bocado —Es... ¡es increíble!
Su reacción fue tan inesperada que me detuve a mirarlo, casi sin aliento. Era evidente que la golosina había superado sus expectativas, y el gato estaba claramente impresionado. Se tomó su tiempo para saborear el dulce, casi como si estuviera degustando un manjar de alta gama.
—No puedo creer que algo así exista —Continuó, mientras disfrutaba de su recompensa —¡Esto es mucho mejor de lo que había imaginado! —
Me quedé observando, sin poder evitar una sonrisa al ver la emoción del gato. Aparentemente, había encontrado un placer genuino en las golosinas, continuó comiendo con visible deleite, sus orejas erguidas y su cola moviéndose en un ritmo de satisfacción.
—Nunca he probado algo así —Murmuró con la boca llena —No esperaba que algo tan simple fuera tan... delicioso —
Su actitud había cambiado drásticamente de la indiferencia a una auténtica apreciación. Me miró con un aire de sorpresa, como si la experiencia de los dulces hubiera alterado su percepción de las cosas.
—Bueno, ahora que todo está en su lugar —Dijo, con un tono que sugería que el análisis de su entorno había terminado —Vamos a empezar con eso de la energía interna. Lo primero que tienes que hacer es... descansar —
—Eh? —Respondí, confundido.
El gato suspiró con evidente exasperación.
—En verdad que eres un idiota —Murmuró —Pensé que tu dueña ya te lo había explicado, demonio. Pero parece que te tocó una de esas... —El gato hizo una pausa, claramente frustrado.
—¿Um? —Dije, tratando de procesar sus palabras.
—Actualmente tu energía está totalmente desequilibrada. Tu despertar la ha puesto en un estado caótico, y solo ha empeorado con tus intentos de usarla sin control —Continuó el gato, con un tono que mezclaba irritación y paciencia —Así que relájate, ¿quieres? —
Me quedé allí, tratando de procesar sus palabras. La idea de "descansar" sonaba simple, pero la forma en que el gato lo decía, casi con desdén, me hizo sentir totalmente estúpido.
—¿Así que solo debo... descansar? —Pregunté, intentando comprender cómo eso ayudaría a mi situación.
El gato asintió con gravedad.
—Exactamente. Tu energía necesita estabilizarse antes de que puedas hacer algo más. No va a funcionar si sigues forzándola. El descanso permitirá que tu cuerpo y mente se ajusten —
Decidí seguir su consejo. Aunque no entendía completamente cómo el descanso podía resolver mi problema, estaba dispuesto a intentarlo. La noche había caído, y la luz que se filtraba por la ventana estaba teñida de tonos oscuros y suaves.
Me dirigí hacia la cama, sintiendo el peso del día y la frustración acumulada. Mientras me acomodaba, miré por la ventana y observé el cielo nocturno, que ahora estaba salpicado de estrellas.
Era todo por hoy. Cerré los ojos, intentando dejar de lado la confusión y el estrés, y me permití sumergirme en el descanso que el gato había recomendado. Con un suspiro, trate de conciliar el sueño. Al menos, hoy había aprendido algo nuevo, incluso si era a través de un gato parlante que parecía tener un gusto peculiar por las golosinas.
Fue una noche sin sueños. La oscuridad y el silencio me envolvieron, proporcionando un descanso profundo que necesitaba desesperadamente.
Al día siguiente, me encontraba aún en la cama, disfrutando de una agradable pereza matutina, cuando de repente el grito del gato me sacó abruptamente del sueño.
—¡Demonio! ¡Demonio! ¡Hay un gran problema! ¡Ven conmigo rápido! —La urgencia en su voz me hizo saltar de la cama casi de inmediato.
Me levanté de golpe, confundido y adormilado —¿Eh? ¿Qué...? ¡¿Qué pasa?! —Balbuceé mientras trataba de enfocarme mientras el gato corría hacia la cocina. Lo seguí sin dudar, esperando lo peor.
—¡Dime! ¿Qué pasa? —Pregunté de nuevo, esperando algo catastrófico. Sin embargo, lo encontré sentado frente a un plato lleno de comida.
El gato me lanzó una mirada seria, como si la situación fuera de suma importancia.
—Quédate conmigo mientras como —Dijo con total seriedad.
—¿Ese es el gran problema? —Pregunté incrédulo, sintiendo cómo mi corazón volvía a su ritmo normal.
El gato asintió, con una expresión que sugería que no había nada más serio en el mundo en ese momento —Me siento nervioso cuando no hay nadie a mi lado mientras estoy comiendo —Respondió, sin rastro de vergüenza.
Solté un suspiro largo. Este gato, definitivamente, tenía una forma única de entender lo que era una "emergencia". Pero, bueno, ¿Qué más podía hacer? Me quedé allí, viéndolo comer, aceptando que este tipo de situaciones serían la nueva normalidad en mi vida.
Sin nada más que pudiera hacer, me resigné y me puse a preparar mi propio desayuno, ya que estaba en la cocina. El gato continuó comiendo en silencio, ocasionalmente echándome un vistazo como para asegurarse de que no me moviera de su lado. Mientras cocinaba, no pude evitar pensar en lo surrealista que se había vuelto mi vida desde que este felino peculiar había aparecido.
El sonido del café hirviendo y el aroma del pan tostándose llenaban el ambiente, creando una atmósfera de calma que contrastaba con el inicio tan abrupto del día, creando un ambiente casi normal. Mientras terminaba de preparar mi comida, me di cuenta de que, de alguna manera extraña, estaba empezando a acostumbrarme a la compañía de este gato parlante.
—Bien, ¿Qué vamos a hacer hoy? —Le pregunté al gato, esperando algún plan para avanzar en mi entrenamiento.
—Nada —Respondió él con absoluta indiferencia.
—¿Qué? ¿Cómo que "nada"? —Protesté, incrédulo.
El gato me miró de reojo mientras terminaba de comer.
—No creerás que es suficiente descansar un solo día, ¿verdad? —Dijo, casi con burla en su voz —La energía interna no se estabiliza solo con una siesta. Debes darle tiempo a tu cuerpo para que se ajuste, y eso significa más descanso. No puedes simplemente arreglar un caos de un día para otro
Me quedé en silencio, procesando lo que había dicho. La idea de no hacer nada más que descansar durante otro día entero me resultaba frustrante.
Suspiré, resignado. Parecía que el proceso iba a ser más largo de lo que esperaba, y el gato, por supuesto, no tenía prisa en resolverlo.
—Así que... ¿simplemente seguimos descansando? —Pregunté, tratando de ocultar mi frustración.
—Exactamente. Tu cuerpo y tu energía necesitan tiempo para recuperarse y ajustarse. No lo apresures. Solo relájate, y deja que todo se estabilice. Ya veremos si mañana estás listo para algo más, pero si insistes haz algo de ejercicio —Respondió el gato, mientras terminaba de comer su desayuno con total tranquilidad.
El gato había dejado claro su punto. Aunque seguía frustrado por la falta de progreso, sabía que forzarme no sería de ayuda. Decidí seguir su consejo, al menos por hoy.
—Ejercicio, ¿eh? —Murmuré. Tal vez eso podría ayudarme a calmar mi mente y liberar algo de la energía acumulada en mi cuerpo. Sin más opciones, me levanté y comencé a estirarme, preparándome para hacer algo ligero.
—Pero nada exagerado —Añadió el gato desde su lugar en el sofá, como si hubiera leído mis pensamientos —Solo lo suficiente para mantenerte ocupado sin perturbar tu energía. No soy un milagroso, solo un gato que sabe un par de cosas —
Asentí en silencio, aceptando el hecho de que este proceso iba a ser más lento de lo que había anticipado. Aunque aún no entendía completamente cómo todo esto funcionaba, el gato parecía saber más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Salí del departamento y me dirigí a un parque cercano para hacer algo de cardio. La idea de hacer ejercicio al aire libre era bastante refrescante después de estar en casa durante tanto tiempo. Sin embargo, cuando me volví para asegurarme de que el gato no se quedara atrás, me sorprendió al ver que me estaba siguiendo, moviéndose con agilidad a pesar de sus pequeños pasos.
—¿En serio vas a seguirme? —Pregunté, sintiendo una mezcla de curiosidad y resignación.
—Solo estoy supervisando que no hagas ninguna estupidez mientras corres. No quiero tener que rescatar a un demonio agotado en medio de la calle —
Con un suspiro, empecé a trotar por el vecindario. El aire fresco de la mañana era revitalizante, y aunque no había hecho ejercicio en un tiempo, sentí que moverme me ayudaba a despejar la mente. Mientras corría, el gato se mantenía a una distancia prudente, caminando con calma como si simplemente estuviera paseando.
—No te preocupes tanto —Dije mientras me esforzaba por mantener un ritmo constante —No planeo hacer nada imprudente —
El gato, con su andar relajado, no pareció impresionado.
—No se trata de planearlo. A veces, las tonterías simplemente ocurren —Replicó con un tono que dejaba claro que no estaba dispuesto a tomar riesgos innecesarios.
Me reí a pesar de la situación. El gato parecía tener una manera única de hacer las cosas, y su actitud despectiva, aunque irritante en ocasiones, tenía un efecto inesperado en mi estado de ánimo. La rutina de ejercicio se estaba convirtiendo en una forma de liberar algo de la frustración acumulada.
A medida que avanzaba, me di cuenta de que el gato estaba cada vez más cómodo en su papel de observador. Su presencia, aunque extraña, me proporcionaba una especie de compañía que, en medio de todo este caos, resultaba reconfortante.
—Así que, ¿tienes alguna otra recomendación para el día? —Pregunté mientras trotaba por una zona más tranquila del vecindario.
El gato me miró con su expresión habitual de indiferencia, pero esta vez parecía pensativo.
—No realmente. Solo asegúrate de no hacer nada que te deje más agotado de lo necesario. El descanso es importante, y también lo es la moderación. Pero, si insistes en hacer algo, tal vez podrías buscar algo que te relaje más allá de esto. No todo tiene que ser estrictamente físico —
—Hablas como un anciano —Mencioné, con una sonrisa que trataba de ocultar mi diversión.
El gato se volvió hacia mí con una mirada ofendida, sus ojos brillando con indignación.
—¡Oye, eso es un insulto para mí! —Protestó —Te advierto que no soy tan viejo. ¡Es más, aún conservo mis nueve vidas! —
—¡Lo siento! —Exclamé, sorprendiendo a algunos transeúntes con mi tono elevado —No era mi intención ofenderte —Consciente de que algunos transeúntes me observaban, confundidos por mi conversación con "nadie".
El gato se estiró y se acomodó con una actitud de satisfacción, claramente complacido con la reacción.
—Bueno, solo para que lo sepas, los gatos no tenemos el concepto del tiempo como los humanos. Así que, aunque pueda parecer que tengo una actitud de anciano, en realidad estoy bastante joven, relativamente hablando —
—Cielos, sí que tienes actitud —Respondí, sintiendo que la conversación con el gato se estaba volviendo cada vez más surrealista.
—¿Actitud? —El gato arqueó una ceja con una mezcla de sorpresa y orgullo —Solo soy yo siendo yo. Y, para que conste, los gatos tenemos—
El gato siguió con su discurso, lanzándome una última mirada de "mejor escúchame bien" sentí cómo se alargaba la lista de sus "sabias recomendaciones" en mi cabeza. Decidí que ya había escuchado suficiente por un día; su tono era una mezcla entre el de un sabio y el de un petulante maestro que no pide permiso para impartir lecciones.
Me giré, fingiendo no darle importancia, y me ocupé en otros pensamientos mientras él seguía murmurando sobre la sabiduría felina y lo "profundo" de su naturaleza. Era difícil no reírme, pero sabía que, si lo hacía, le daría aún más combustible para seguir hablando.
Por suerte, con el pasar de los minutos, el gato pareció perder interés, quizás convencido de que había "impartido suficiente conocimiento por hoy". Al final, se quedó dormido con su típica expresión de superioridad, como si me hubiera hecho un gran favor al compartir su perspectiva.
Suspiré y miré al cielo, sintiendo cómo el día se estiraba interminable ante mí. Supongo que me esperan días aún más largos, pensé, mientras me preparaba mentalmente para la interminable paciencia que necesitaría para convivir con mi pequeño "mentor" y sus lecciones.
El día siguiente empezó de manera inesperada. Apenas había salido a trotar, cuando el gato se acercó, aparentemente alarmado, y comenzó a llamarme con insistencia.
—¡Demonio! ¡Demonio! ¡Es realmente grande! —Exclamó, tironeando de mi manga como si hubiera descubierto algo de vital importancia.
—¿Qué es esta vez...? —Pregunté, resignado.
El gato me señaló con la pata hacia un punto más adelante, donde, en efecto, había un gato tumbado en el césped, aparentemente disfrutando del sol.
—¿Ves a ese gato que está ahí? —Dijo, con un tono lleno de misterio —¿Sabes en qué está pensando? —
—No estoy seguro... ¿en qué está pensando? —respondí, más confundido que otra cosa.
El gato me miró con una expresión de incredulidad, como si no pudiera creer que me hubiera atrevido a preguntar.
—Te acabo de preguntar. ¿Por qué me preguntas lo que te acabo de preguntar? —Me miró como si fuera yo el que estuviera actuando raro.
—¿Eh...? —balbuceé, confundido. Mi mente trató de procesar lo que acababa de decir, pero no tenía mucho sentido —¿No me decías que adivinara ya que sabías la respuesta? —El gato arqueó una ceja, como si fuera una obviedad que ya debía saber.
—¿Qué? ¿Cómo podría saber lo que otros gatos están pensando? —Replicó, mirándome ofendido.
—Pfff... —El gato soltó un suspiro exasperado, mirando con desdén.
—¿Qué es tan gracioso? —Me espetó el gato, frunciendo el ceño.
—Es solo que... —Intenté recomponerme, pero el absurdo de la situación seguía haciendo efecto en mí.
—¡EH! ¿Qué pasa con eso? —Me miró ofendido, inflando su pelaje.
—¡Hahaha! —Me reí a carcajadas, la absurdidad de la situación me superó por completo. La expresión del gato, entre confusa y enfadada, solo hizo que me fuera imposible dejar de reír.
Después de mi arrebato de risa y de recibir una mirada asesina por parte del gato, intenté recuperar la compostura, limpiándome las lágrimas que se habían formado en mis ojos. El gato seguía allí, con la cola erguida y una expresión de puro desdén, como si su dignidad se hubiera visto seriamente afectada por mi reacción.
—Ya, ya... no es para tanto —Dije, tratando de calmarme y volviendo a retomar mi entrenamiento, aunque todavía con una sonrisa en los labios.
A pesar de su mirada indignada, el gato permaneció a mi lado mientras completaba el resto de la rutina. Quizás, en el fondo, le divertía que sus intentos de impartir sabiduría acabaran en momentos absurdos como este. Una vez que terminé, me estiré para relajar los músculos y nos dirigimos de regreso a casa, con el gato caminando a mi lado, recuperando su pose de orgulloso y misterioso.
El sol ya comenzaba a ponerse, y el silencio entre nosotros se sentía cómodo, una especie de tregua después de un día de entrenamiento y "lecciones" inesperadas. Al final, su compañía, aunque fuera con sus aires de sabio incomprendido, se había convertido en una extraña fuente de tranquilidad.
—Haa, solo te lo diré una vez. ¡Escucha con atención! —Exclamó el gato, como si fuera a revelarme uno de los secretos más profundos del universo.
—¿Qué cosa? —Respondí, sorprendido por su tono serio.
Me crucé de brazos, tratando de mantener una expresión seria, aunque la expectativa de lo que fuera a decirme me resultaba un poco cómica.
—Todos los artistas marciales, incluidos los espadachines, se centran en su cuerpo, o, en otras palabras, en su interior. Después de un interminable fortalecimiento y entrenamiento, obtienen el misterioso poder llamado "Touki" —Hizo una pausa, observándome con detenimiento, asegurándose de que no perdía ni una palabra —Por otro lado, los magos se centran en su entorno, es decir, en el exterior. Analizan el "Mana", el poder misterioso que rodea a la naturaleza, y buscan comprender los principios, las leyes y la lógica del mundo.
Mi mente se quedó atrapada en las palabras del gato. Aunque su tono seguía siendo algo pedante, había algo de sabiduría en su discurso. El contraste entre los artistas marciales y los magos, con su enfoque en lo interno y lo externo, era una perspectiva que nunca había considerado de esa manera. Sin embargo, algo me decía que había más de lo que estaba diciendo, y no pude evitar preguntarme si estaba realmente listo para aprender lo que implicaba todo esto.
El gato, por primera vez, cambió su tono. Su voz, normalmente arrogante y llena de desdén, se tornó grave y profunda, como si estuviera a punto de revelar algo que trascendiera todo lo que me había dicho antes. Me miró intensamente, como si estuviera observando algo dentro de mí.
—Pero también existe una tercera categoría que es poco conocida actualmente, debido a todas las facciones. Mucha gente dice que son una existencia que hace demandas obstinadas al mundo —Comenzó, con un tono que no dejaba lugar a dudas de que esto era algo importante —Son una existencia que pide que ocurra lo imposible. Son una existencia inédita que ignora las leyes y el sentido común del mundo y hace realidad su voluntad, que sinceramente espera. Eso es lo que se conoce como un "místico". —Pero no entendí esa última palabra.
Me quedé en silencio, completamente cautivado por sus palabras. La idea de alguien capaz de desafiar las leyes naturales parecía sacada de un cuento épico.
—¿A quién llaman obstinado? —Continuó el gato, casi como si se estuviera quejando —Como místico, tengo mucho de qué quejarme, pero en realidad, la mayor parte de lo que dicen es cierto. Pero... ¡deben entender una cosa! Los místicos necesitan una voluntad lo suficientemente fuerte para que sea posible cambiar el mundo entero por ellos mismos. ¡Necesitan un corazón extraordinario e inigualable que ni siquiera puede ser imaginado por las existencias normales! Por lo tanto, el poder de un místico es proporcional al "poder de su corazón" —Sentenció, fijando sus ojos en mí con una intensidad casi palpable —¡Puede que me equivoque, pero sentí una voluntad abrumadora de ti! ¡Eso es suficiente! Con la más mínima ayuda, puedes despertar tus artes místicas. ¡Una que definitivamente será de ayuda para tu problema de energía interna! —
El gato, satisfecho tras su discurso, me lanzó una última mirada cargada de autosuficiencia, como si esperara que yo asimilara sus palabras al instante y sin cuestionamientos. Luego, con su típico aire de superioridad, se estiró lentamente, extendiendo cada una de sus patas con un deleite exagerado, como si acabara de cumplir una misión importante y ahora se mereciera todo el descanso del mundo.
Finalmente, se acomodó sobre una pequeña pila de cojines que había convertido en su trono personal, cerrando los ojos con aire solemne. Era casi cómico verlo allí, aparentemente convencido de que me había revelado los misterios del universo, y que ahora el mundo debía alinearse en torno a su sabiduría.
Al terminar de comer, me encontré con una escena que no podía ser más absurda, como sacada de una caricatura. Ahí estaba el gato, con unas gafas grandes y redondas que le daban un aire completamente ridículo sobre su cara, un moño rojo perfectamente atado al cuello, un libro en una pata y un puntero de madera en la otra. Lo más surrealista era que estaba de pie, en dos patas, con una postura que emulaba a un maestro dando una lección. La imagen era tan surrealista que por un momento me quedé paralizado, incapaz de reaccionar.
—… ¿Gato?... —comencé, incrédulo —… ¿De dónde has sacado esas gafas? —Pregunté, incapaz de contener mi sorpresa ante la absurda escena.
El gato, sin perder su aire solemne, levantó una de sus patas delanteras, señalándome con una gran seriedad.
—¡El atuendo es importante! —Respondió, con una solemne dignidad en su voz, señalándome con el puntero —¡Cosas triviales como esta pueden alterar tu mentalidad! —
—Ya veo... —Respondí, aunque no estaba seguro de cómo exactamente unas gafas y un moño podían cambiar la forma en que pensaba.
—Como te dije antes —Continuó, sin perder ni un poco de su aire autoritario —Tu corazón es crucial en las artes místicas. ¡Necesitas el corazón para convertir tu deseo en realidad! En tu caso, es para que no te mate tu dueña, ya sea directa o indirectamente —
—Si... —Asentí, sabiendo que, en efecto, el peligro provenía de esa dirección y que, por más surrealista que fuera el momento, tenía sentido.
El gato observó fijamente, como si estuviera esperando una respuesta, como si sus palabras fueran una verdad indiscutible.
—Entonces, ¿Qué crees que debes hacer para fortalecer ese deseo? —Preguntó, dejando escapar un suspiro que sonaba casi como una advertencia.
El gato, sin previo aviso, dejó el libro en el suelo y comenzó a arrancar varias hojas de él. Con una precisión que me sorprendió, las fue dispersando por toda la sala, sin ningún tipo de cuidado, las fue dispersando por toda la sala, cubriendo una gran parte del suelo con las hojas desordenadas, como si fuera parte de alguna clase extraña de ritual.
Me quedé en silencio por un momento, pensando en su pregunta. No estaba seguro de cómo encontrar una respuesta adecuada. Mi mente comenzó a divagar entre varias opciones, pero todas parecían insuficientes.
—No estoy seguro... —Respondí finalmente, frunciendo el ceño mientras procesaba lo que acababa de decirme. Mi mente no lograba encontrar una respuesta clara, pero el gato parecía estar tan convencido de que tenía una clave, que me sentí presionado a dar una respuesta.
El gato dejó de mover las hojas y me miró, como si esperara que finalmente entendiera.
—Lo más común y fácil es la superstición —Dijo, como si estuviera revelando un gran secreto.
—¿Superstición? —Pregunté, alzando una ceja, algo desconcertado.
—Sí. Como un rumor que no tiene pruebas razonables. Sin embargo, eso en sí mismo es una creencia, y nada es más importante que eso en las Artes Místicas. No importa lo infundada que sea la historia, el poder de las artes místicas depende de la fuerza con que se crea en ellas. La gente de la antigüedad veneraba las piedras grandes o el sol como dioses, y se dice que trataban de cumplir sus deseos a través de ceremonias religiosas —Explicó, como si estuviera transmitiéndome el conocimiento ancestral de su especie —Utilizaban creencias religiosas, consideradas las más fuertes entre las creencias. Es efectivo sacrificarse a uno mismo como precio.
Un escalofrío recorrió mi espalda ante la mención del sacrificio, pero el gato rápidamente continuó.
—Sin embargo, es mejor evitar esas cosas. En lugar de despertar las artes místicas... —Hizo una pausa significativa —…Es más probable que seas arrastrado por los susurros de un en su lugar.
Antes de que pudiera reaccionar, el gato saltó de repente y aterrizó con agilidad en mi pecho, casi derrapando por el impulso. Con una pata agarró mi ropa, mientras que con la otra sostenía el puntero de madera con tal firmeza que parecía más un maestro estricto que un simple felino. Sus patas traseras se apoyaron en mi torso, como si estuviera completamente convencido de que yo debía quedarme quieto y escuchar.
El viento que generó su salto hizo que algunas hojas volaran por el aire, creando una pequeña tormenta de papeles que caían por toda la habitación. Me sentí atrapado en una escena completamente surrealista, pero el gato, con su actitud inquebrantable, parecía ignorar todo eso.
—De todos modos, el método que mejor se adapta a ti es el entrenamiento de buscar un fuerte deseo mediante la meditación —Exclamó el gato, como si fuera lo más obvio del mundo, con esa expresión suya de superioridad.
Y antes de que pudiera procesar su afirmación, me lanzó una pregunta casi como un grito.
—¿Qué estás haciendo? —Rugió, me quede un poco desconcertado por su repentina cercanía y por el caos que se había desatado en la sala debido a su salto.
Antes de que pudiera reaccionar, el gato soltó el puntero, y con un rápido movimiento, me agarró las mejillas con sus pequeñas patas delanteras. Su mirada se fijó en la mía, más intensa que nunca, como si estuviera tratando de transmitirme algo a través de sus ojos.
—¡Apúrate y ponte a meditar! —Me ordenó con una urgencia que no había mostrado antes, como si fuera crucial que lo hiciera de inmediato.
Todo en ese momento parecía ridículo y surrealista, pero el tono de su voz y la intensidad de sus ojos me hicieron pensar que quizás no estaba tan equivocado. ¿Meditación? ¿Cómo podía buscar un deseo profundo, algo que no entendía por completo, mediante la meditación? Mi mente estaba un torbellino de dudas, pero de alguna manera, me sentí obligado a intentarlo, especialmente con el gato actuando como si fuera una cuestión de vida o muerte.
Respiré hondo, intentando calmar mi mente, mientras el gato seguía observándome con una intensidad que solo él podía mostrar.
Me quedé en silencio, con el gato aferrado a mi rostro, y aunque era una escena extraña, sabía que no tenía mucho margen para cuestionar sus órdenes. Suspiré internamente, aceptando que no tenía más opción que seguirle el juego, al menos por ahora.
—Está bien, lo haré... —Dije, intentando tranquilizarme y dejando de lado la incomodidad de la situación.
El gato bajó con agilidad de mi pecho, volviendo a su "puesto de maestro". Tomando su puntero y manteniéndose erguido sobre sus patas traseras, comenzó a hablar de nuevo con una autoridad que no esperaba de una criatura de su tamaño.
—¡¿Qué?!… ¿Quieres que haga un entrenamiento de meditación por varias horas al día? —Le pregunté, un tanto incrédulo por lo que estaba sugiriendo.
El gato llevó el puntero a su oreja de alguna forma absurda, dejándolo allí mientras cruzaba los brazos, asintiendo con la cabeza con un aire de sabiduría.
—¡Nya! ¡Es completamente diferente!... una promesa... —Dijo con un tono de certeza, se tapó la cara con una pata, como si estuviera sopesando algo en su mente —No, ¿debería usar una palabra más fuerte? Sí, llamémoslo un contrato —
—¿Un contrato? —Repetí, confundido por el cambio tan abrupto en la conversación.
El gato asintió con una seriedad casi exagerada, mientras movía su puntero con elegancia, como si de un libro antiguo se tratara.
—Medita y haz una oración con sinceridad mil veces al día —Ordenó, claramente convencido de que había dado la solución definitiva.
—Mil veces al día... con sinceridad... —Repetí en voz baja, aun procesando lo que me estaba pidiendo.
El gato parecía más entusiasta ahora, levantando la cabeza con una especie de satisfacción. Sus ojos brillaban con intensidad mientras me miraba fijamente.
—Vierte tu corazón en el pensamiento de cómo puedes avanzar, y hacerte más fuerte con cada día que pasa —Continuó, agarrando nuevamente el puntero y adoptando una pose tan dramática que me hizo pensar en un líder espiritual de antaño.
—Es similar a la superstición que mencioné antes —Añadió, haciendo un gesto amplio con una pata —Solo porque entrenes en la meditación cada día, no significa que vayas a alcanzar el punto que deseas —
Mi mente comenzaba a vislumbrar lo que trataba de decir, pero el gato no me dejó interrumpirlo.
—¡Sin embargo! —Gritó, ahora con una energía renovada —Solo repitiendo acciones relacionadas con tu deseo, tus creencias y el poder de tu corazón se harán más fuertes. ¡Se hará más fuerte con cada día que cumplas el contrato! De ahora en adelante, ¡vierte todo tu corazón en ello! —
Su última exclamación resonó en la habitación como un grito de desafío. Sin embargo, a pesar de la locura de todo esto, el gato parecía tan convencido de que este "contrato" era lo que necesitaba que no pude hacer otra cosa que asentar con la cabeza.
La incomodidad de la posición en la que me encontraba era casi insoportable, pero el desafío que el gato había lanzado me mantenía firme. Ya llevaba varias horas sumido en esa meditación, luchando contra el cansancio, y preguntándome si realmente estaba haciendo lo correcto.
—Uf, esto es difícil... —Murmuré para mí mismo, soltando un suspiro y ajustando mi postura, con las piernas adormecidas por la inmovilidad tratando de mantener el enfoque.
La pregunta persistente seguía rondando en mi cabeza: ¿Solo tengo que dar una oración sincera, con toda sinceridad del corazón? ¿O debería verter mi pasión en cada palabra? ¿Quizás recordar mi pasado y reflexionar sobre todo lo que había pasado hasta llegar aquí? ¿O debería desear con todas mis fuerzas una habilidad increíble? Una que fuera lo suficientemente poderosa como para sobrevivir en este mundo peligroso...
Al final, la duda me nublaba más que la convicción. No estaba seguro de qué se esperaba de mí, pero el peso de la promesa que el gato había dejado en el aire me empujaba a seguir intentándolo.
Mientras tanto, el gato, en su mini trono de cojines, me observaba en silencio. Aún con su atuendo peculiar las gafas, el moño rojo y el puntero, parecía más como una figura majestuosa que un simple felino. Se quedó quieto por un momento, pensando para sí mismo, con su mirada fija en mí.
Desde su cómodo asiento, sus pensamientos parecían estar lejos de los míos, aunque su mirada no me dejaba de evaluar. No necesitaba que dijera nada para saber que, en su mente, estaba considerando si realmente había entendido lo que él había intentado enseñarme.
El gato suspiró para sí mismo, aunque no lo escuché, sumido como estaba en mi propio intento de meditación.
—Es suficiente por ahora que hayas empezado a pensar en ello —Reflexionó el felino para sus adentros —Definitivamente, serás capaz de despertar mientras trabajes duro. Las artes místicas despiertan con esfuerzo, eso puede que sea completamente infundado, pero... para el actual tú, tal despertar le conviene —
El gato se acomodó en su trono y, aunque no lo admitiera abiertamente, parecía satisfecho con el pequeño progreso que había visto en mí. Sabía que no iba a ser un camino rápido ni fácil, pero el simple hecho de empezar a cuestionarme, de buscar ese deseo sincero dentro de mí, ya era un buen comienzo.
Y yo... aunque mi cuerpo empezaba a adormecerse por la prolongada postura, me di cuenta de que, tal vez, ese era el verdadero inicio de un camino que nunca habría imaginado recorrer.
Lección de Artes Místicas - Día 2
Los primeros días de este entrenamiento con el gato fueron agotadores, pero, de alguna manera, extrañamente satisfactorios. Pasar horas meditando no era algo que hubiera imaginado hacer, pero si esta era la forma de despertar las artes místicas, entonces no tenía otra opción más que seguir adelante.
Lección de Artes Místicas - Día 4
Ya era más de las once de la noche. La oscuridad de la habitación solo era interrumpida por la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana. Mis piernas estaban entumecidas y mi espalda dolía. A pesar de eso, había algo reconfortante en el silencio de la noche; como si, en medio de esta oscuridad, estuviera un poco más cerca de alcanzar ese deseo que debía encontrar dentro de mí.
Lección de Artes Místicas - Día 10
El tiempo se estiraba como un elástico a medida que pasaban los días. Cada día, más cansado que el anterior, me encontraba en la misma postura, repitiendo oraciones sinceras, tratando de despertar algo en mi interior. ¿Sería suficiente todo esto?
—…Ya han pasado diez días... —Murmuré, mientras el cansancio se apoderaba de mi voz—¿Realmente estoy haciendo esto bien? —No pude evitar que la duda se colara en mi mente—¿Podría ser... que solo estoy perdiendo el tiempo? —
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un conocido sonido en la habitación: el suave crujido del suelo y ese peculiar tono de voz que solo el gato podía tener.
El gato aún conservaba su ridículo "atuendo" de maestro, con las gafas y el puntero en una pata. Parecía siempre estar preparado para dar otra de sus lecciones.
—Demonio —Me llamó. Su voz fue lo suficientemente fuerte como para sacarme de mi ensimismamiento.
—Gasp, gasp... ¿Hm? —Levanté la mirada, notando su mirada penetrante.
El gato me observó con una seriedad inusual antes de lanzar su pregunta:
—¿Sabes qué es lo que enfría el corazón ardiente y que rompe un corazón duro como una roca en granos de arena? —
Hubo un silencio pesado en la sala, interrumpido solo por mi respiración entrecortada. No sabía qué responder, así que simplemente esperé. El gato, viendo que no respondía, dejó escapar un suspiro y continuó.
—Es la duda. La duda hacia ti mismo —
El aire se sintió más denso de repente, y sus palabras penetraron más profundo de lo que esperaba.
—Es natural —Prosiguió —Tu corazón no puede permanecer siempre igual. Cuando la pasión ardiente que antes tenías desaparece, y tu cuerpo se vuelve pesado, empiezas a tener pensamientos inútiles. En esos momentos, tus pensamientos tienden a fluir negativamente —
El gato hizo una pausa, sus ojos brillando en la penumbra, como si estuviera esperando que esas palabras hicieran eco en mi interior. Luego, agregó con un tono más suave.
—Por eso no lo haces solo, lo haces acompañado. Cuando no crees en ti mismo... cree en otros que creen en ti —Repitió el gato, saltando nuevamente hacia mí y aferrándose a mi ropa con sus pequeñas patas delanteras.
Sentí un nudo en la garganta. Las palabras del gato, aunque dichas en su habitual tono de superioridad, tenían un matiz de sinceridad que no podía ignorar. ¿Podría ser que realmente creyera en mí, a su extraña manera?
Esta vez, sus ojos brillaban con una intensidad que me hizo sentir como si estuviera bajo un foco de luz en la oscuridad. Con su cara a tan solo unos centímetros de la mía, gritó con un entusiasmo desbordante.
—¡Y cuando esa persona comience a luchar, devuélvele la creencia que te dio! —Su voz resonaba en la habitación mientras yo lo miraba, perplejo —¡Cuando estés con otros, tus pasos serán mucho más imperturbables!
Sin embargo, todo ese fervor que intentaba inyectar en mí se desvaneció rápidamente en el aire. Con cuidado, lo agarré por el torso y lo bajé al suelo. Sus ojos redondos me miraron con una mezcla de sorpresa y confusión.
—…Pero probablemente no tengo a nadie que crea tanto en mí —Murmuré, evitando su mirada.
El gato, por un instante, pareció quedarse congelado. Luego, inclinó la cabeza a un lado, como si no pudiera entender mis palabras.
—¿Eh? ¿Por qué? ¿Por qué piensas eso? —Preguntó, con un tono que casi sonaba ofendido.
Apreté los puños, sintiendo una presión en el pecho que no podía ignorar.
—…Yo era un cobarde que estaba ocupado evadiendo y huyendo de todo... —Las palabras se me atragantaban en la garganta —No hay nadie que quiera y crea en mí —
Intenté dar media vuelta, deseando salir de esa conversación que de repente se había vuelto demasiado incómoda. Pero antes de que pudiera dar un paso, el gato se interpuso en mi camino, sus ojos brillando con una determinación que no había visto antes.
—Yo creo en ti —Dijo, con una voz inesperadamente firme. Sus palabras cayeron como una piedra en el estanque de mis pensamientos. —¿No te lo dije antes? Que eres como varios cientos de guijarros en un valle... bueno, me equivoqué —Me quedé en silencio, sin saber qué responder a eso, pero él continuó.
—Sigues siendo un guijarro... ¡pero eres un guijarro súper suave, robusto y bonito! No creo que mucha gente odie un guijarro tan bonito. Como referencia, ¡tu dueña es un rubí! —El gato se alzó un poco más, como si intentara darles aún más peso a sus palabras, y con un tono que casi sonaba vulnerable, añadió —Bueno, aunque soy un gato y no una persona... —
El gato, con un leve suspiro, parecía haber llegado al final de su discurso motivacional. Volvió a estirarse con elegancia y, mientras sacudía su moño rojo como si estuviera arreglando los pliegues de una capa real, me miró por última vez.
—…por lo que he visto, un gato como yo sabe que uno no está realmente solo. Quizás solo necesitas pensarlo un poco más. Así que no saques conclusiones por tu cuenta, ¿sí? —
No supe qué responder, así que simplemente lo miré en silencio. Parecía satisfecho con eso, y con un repentino golpe de energía, declaró:
—¡Bien! ¡La lección de hoy ha terminado! —Su voz resonó en la habitación con un entusiasmo renovado.
El gato, con su típica gracia, saltó del trono de cojines y se dirigió hacia la puerta, dando la espalda con un gesto dramático.
—Piensa en ello en tu habitación. ¡Entonces, me voy! —Dijo antes de desaparecer por el pasillo con un elegante movimiento de cola.
Dejé escapar un suspiro, y la habitación se quedó en un silencio que, por primera vez en días, se sintió cómodo. Sus palabras resonaban en mi mente como un eco lejano.
—Alguien que crea en mí, eh... —Murmuré, mientras mi mirada vagaba por la sala vacía. Me quedé ahí, absorto en mis pensamientos, repasando los recuerdos que había estado evitando hasta ahora.
"...Si no tuviera a mi familia, probablemente ni siquiera sería la persona que soy en la actualidad... Quizás, solo tal vez, también Rias... y el gato... creo que todos ellos creyeron en el inadecuado yo."
Era una realización que me golpeó con fuerza. Durante tanto tiempo, me había considerado solo, atrapado en una lucha interminable por mejorar. Pero, en realidad, siempre había habido personas a mi alrededor, apoyándome, creyendo en mí, aunque yo no lo notara.
—¿Podría yo también convertirme en alguien que pudiera dar tanta creencia a los demás? ¿Alguien que inspire a otros como ellos me han inspirado a mí? —
Ese pensamiento, esa pequeña chispa de esperanza, se aferró a mí mientras sentía que el cansancio del día finalmente me alcanzaba. Lentamente, me dejé caer en la cama, abrazando esa nueva resolución como un faro en la oscuridad.
—Quiero ser esa persona. Pase lo que pase —
Con ese último pensamiento, mis ojos se cerraron y, por primera vez en mucho tiempo, me quedé dormido con una ligera sonrisa en los labios.
El ambiente en la habitación cambió repentinamente, como si un peso invisible se hubiera liberado en el aire. Una extraña energía comenzó a emanar del cuerpo del joven, envolviéndolo en una tenue luz. El gato, que había estado haciendo su habitual siesta en otro rincón, se despertó de inmediato. Sus ojos brillaron con un destello de sorpresa mientras corría a toda velocidad hacia el cuarto.
—¡Demonio, has despertado las artes místicas! —Exclamó el gato, sus ojos muy abiertos al ver la escena frente a él.
El muchacho flotaba en el aire, completamente inmóvil, rodeado por una barrera translúcida que brillaba con una luz suave, casi etérea. Era como si el espacio alrededor de él se hubiera distorsionado, creando un reino aparte que no pertenecía al mundo exterior.
El gato se acercó lentamente, con cautela, hasta que finalmente tocó la barrera con una de sus patas. La superficie tembló ligeramente al contacto, como una película de agua bajo una brisa ligera.
—Parece que has entrado en tu propio corazón para cumplir tu deseo... —Murmuró el gato, observando la barrera con un aire de asombro y, quizás, un leve toque de orgullo.
El espacio que se había creado era un refugio perfecto, un lugar donde nadie más podría intervenir. El gato lo reconoció al instante un reflejo de la voluntad del joven que ahora lo aislaba del mundo exterior.
—Un espacio en el que nadie pueda entrar e interferir contigo... —Continuó el gato, mientras miraba al joven con una expresión seria —Un espacio solo para ti, el más ideal para que sigas entrenando hasta que logres un resultado que te satisfaga... —
Se quedó en silencio por un momento, sus bigotes temblando con cierta inquietud.
—Podrás salir cuando obtengas un resultado con el que estés satisfecho... —Añadió en voz baja —Pero no sé cuándo ocurrirá eso —
El gato dejó escapar un suspiro, reconociendo la incertidumbre del proceso. No había forma de predecir cuánto tiempo el joven permanecería atrapado en su propio mundo interior. Podría ser un simple día, un mes... o incluso años.
—Podría ser mañana, un mes, un año, o incluso... —su voz se apagó, mientras sus ojos se entrecerraban con preocupación —No sé por qué te menciono esto, ya que ni siquiera puedes escucharme en este estado... —
El gato se giró, caminando en círculos nerviosamente antes de volver a mirar al joven, que seguía flotando, totalmente absorto en su propio entrenamiento.
—¡Por favor, mantente a salvo, demonio testarudo! —Exclamó finalmente, sabiendo que sus palabras caerían en oídos sordos.
El gato se dio la vuelta y se alejó con un suspiro, murmurando para sí mismo. Aunque la barrera lo excluía, sabía que, en el fondo, la decisión y la fuerza de voluntad del joven serían la clave para salir de ese lugar. Sin embargo, el tiempo seguiría corriendo, y no había forma de saber cuánto le costaría alcanzar el "resultado" que tanto buscaba.
La habitación quedó en un inquietante silencio, con solo el suave resplandor de la barrera iluminando la penumbra. Afuera, la noche continuaba, ajena al misterioso entrenamiento que acababa de comenzar en su interior.
—… ¿Eh? ¿Qué es este césped? —Murmuré para mí mismo mientras observaba mis alrededores.
De nuevo, estaba en este lugar. El sueño de la pradera negra. El mismo paisaje desolador que ya había visto antes, el ambiente seguía siendo tan oscuro e inquietante como siempre. Siempre igual, sin cambiar en lo más mínimo. Era un espacio que se extendía en todas direcciones, sin un solo punto de referencia, sin una colina, sin un árbol. Solo una vasta extensión de hierba negra que parecía no tener fin.
A pesar de la oscuridad omnipresente, podía distinguir ciertos detalles. La textura de la hierba bajo mis pies era extraña, diferente de la hierba común. Cada hoja era de un negro tan profundo que daba la impresión de absorber cualquier rastro de luz que pudiera existir en este lugar. Pero, aun así, la oscuridad aquí no era completa. No había una fuente clara de luz, ningún sol o luna que iluminaran el cielo, que permanecía completamente vacío, sin una sola estrella que rompiera su negrura.
Sin embargo, el entorno no era del todo opaco. Una tenue luminiscencia emanaba de algún lugar, quizás del mismo aire, permitiéndome ver lo suficiente para distinguir las formas a mi alrededor. La hierba negra se movía suavemente, como si fuera acariciada por un viento que no podía sentir en mi piel. Era un movimiento lento y rítmico, como el oleaje del mar, pero aquí, en este lugar, no había viento ni sonido alguno. Solo el perpetuo silencio, denso y opresivo, como si este lugar existiera fuera del tiempo y el espacio.
No había frío ni calor, solo esta constante y extraña sensación de vacío, de algo que debería estar aquí pero que no lo estaba. Y, como siempre, la misma pregunta rondaba mi mente. ¿Qué se supone que debo hacer aquí?
Había estado viniendo a este lugar en mis sueños desde hacía algún tiempo, pero nunca lograba entender por qué. Era frustrante. Al principio, había intentado moverme, buscar algo, una salida, una pista, cualquier cosa que rompiera la monotonía de esta pradera negra. Pero después de un tiempo, me di cuenta de que era inútil. No importa cuánto caminara, nunca encontraba nada.
—Otra vez aquí... —Susurré, más para romper el silencio que por esperar una respuesta. No había nadie más en este lugar, ni rastro de vida, ni siquiera el sonido de mis propios pasos resonaba en el suelo.
Suspiré y me dejé caer al suelo, sintiendo cómo la hierba negra se amoldaba a mi peso. No era ni dura ni blanda, simplemente estaba ahí, indiferente a mi presencia. Quizás esta vez... pensé, cerrando los ojos, intentando concentrarme.
Había algo en este lugar, lo sabía. Algo que estaba destinado a encontrar, a descubrir. Tal vez, en esta pradera infinita y oscura, se escondía una respuesta que buscaba sin siquiera saber cuál era la pregunta correcta. Pero, por ahora, solo me quedaba este constante vacío, esta soledad y la incertidumbre que me acompañaba en cada uno de estos sueños.
—¿Es esto parte de las artes místicas? —Me pregunté en voz baja, sin esperar una respuesta.
Algo llamó mi atención, al principio no lo tomé en cuenta. Era apenas una sensación sutil, algo que rozaba la periferia de mi conciencia, como un susurro en medio del viento que no podía captar claramente. Pero a medida que el tiempo pasaba, la sensación se fue intensificando, como una presión que aumentaba lentamente, haciendo que el aire alrededor de mí se volviera más denso.
No había voces, no había sonidos que pudieran explicarlo. Era solo un presagio, un sentimiento que crecía con cada segundo que pasaba en esta desolada pradera. Sentía como si algo estuviera observándome, algo que no pertenecía a este lugar, algo que se deslizaba entre las sombras sin hacer ruido, pero cuyo peso en el aire era inconfundible.
Cerré los ojos por un momento, intentando concentrarme, pero lo único que podía sentir era esa presencia persistente, esa presión invisible que se acumulaba a mi alrededor. Era como si estuviera siendo atraído por algo, una fuerza invisible que me empujaba a mirar más allá de las sombras que me rodeaban.
Cuando abrí los ojos de nuevo, la pradera seguía igual. La oscuridad no había cambiado, pero algo dentro de mí me decía que no estaba solo. Como si una parte de este lugar tuviera una conciencia, o tal vez fuera un reflejo de algo más profundo que se ocultaba dentro de mí.
Mi respiración se hizo más pesada, y la sensación de estar siendo observado se hizo más fuerte. ¿Qué era esto? ¿Por qué sentía que algo estaba cerca, esperando? No podía verlo, no podía oírlo, pero el presente se sentía como una cuerda tensa, que estaba a punto de romperse.
La duda se apoderó de mí, pero también algo más. Era una mezcla de miedo y curiosidad, como si ese presagio no fuera algo que debiera temer, sino algo que debía enfrentar.
Y así, sin saber por qué, comencé a caminar hacia lo desconocido, hacia esa presencia que no podía ver ni comprender, pero que me llamaba con una fuerza inexplicable.
Por lo que parecieron horas, seguí caminando en la oscuridad. Cada paso se sentía como una eternidad, cada respiración era más pesada, y el suelo bajo mis pies parecía volverse más blando, más extraño, como si estuviera cambiando lentamente. La pradera negra seguía extendiéndose, inmensa e interminable, sin un solo punto de referencia, solo la sensación persistente de que algo, o alguien, me observaba.
A pesar de que la oscuridad me rodeaba, había algo en el aire, una energía sutil, casi palpable, que hacía que mi piel se erizara. Los susurros de la pradera parecían moverse con el viento, pero eran tan débiles que podría haber sido solo mi mente jugando trucos. Sin embargo, la sensación nunca desapareció; era como si la pradera misma tuviera un corazón que latía al mismo ritmo que el mío.
Los minutos se convirtieron en horas, y aunque el tiempo parecía dilatarse de forma extraña, no podía detenerme. Algo me impulsaba hacia adelante, algo que me decía que debía seguir, que la respuesta estaba más allá de lo que podía ver o entender.
