Cartas a Saori
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6
Noches en Bergen
parte 1
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Asgard
Días después
Esa tarde Freya y Freyr se encontraban en una de las salas de estar de su casa descansando por un momento. Esa sala tenía bellos tapices decorando las paredes de piedra gris, un mueble con algunas antigüedades estaba a la izquierda opuesta de la habitación, en el centro estaban las dos sillas que los ocupantes de la casa usaban con frecuencia y, sobre este mueble rústico de madera, colgaba una pintura que mostraba a los hermanos con ambos padres.
Freyr estaba en el lado izquierdo inferior de la pintura, tendría unos diez u once años, a su derecha se veía a su hermana de ocho años. Arriba de Freya estaba posicionada Gerda, la mamá de ambos, quien fuera en vida una bella joven, de largos cabellos color arena y ojos verdes, que falleció no mucho después de que esa pintura fuera realizada seguida de su esposo. El Consejero Njord, padre de los hermanos, estaba al lado izquierdo de su mujer, justo arriba de Freyr, un hombre unos diez años mayor que su esposa, de cabellos rubios rizados y ojos verdes quien murió no mucho después de ella.
La gente decía que al consejero Njord se lo llevó la tristeza.
Freya miraba el cuadro con nostalgia lanzando un largo suspiro. Aún los extrañaba, sobre todo a su mamá con quien tuvo una relación muy estrecha heredando de ella diversos objetos que le pertenecieron.
—Hermano —dijo ella de pronto— ¿quisieras montar a caballo un rato? Hay que aprovechar los días soleados que aún tenemos antes de la llegada del invierno.
—Me agrada la idea —Freyr lanzo una sonrisa a la joven levantándose—, vamos. Hace tiempo que no salgo a montar.
Las caballerizas estaban ubicadas en la parte trasera de la casa, el hogar de los Folkvangr tenía algunas personas a su servicio quienes atendían las necesidades del hogar así como el cuidado de los caballos. Tenian tres caballos fiordos a su disposicion; el caballo propiedad de Freyr tenía el crin cortado con estilo "cresta de dragon" en color blanco, el de Freya el crin negro y el último era color bayo en su totalidad.
Ambos se prepararon con ropa adecuada para el paseo saliendo de casa minutos después.
Cabalgaron rumbo hacía el noreste, hacía los vastos bosques de Vanaheim ubicados a varios de kilómetros de su hogar, acercándose al área del único lago que se extendía varios metros delante de ambos. Los hermanos se detuvieron en una de las orillas mirando con nostalgia ya que ese sitio en particular estaba lleno de memorias para ambos.
—Recuerdo mucho cuando papá nos traía aqui luego de montar durante varias horas —dijo Freya lanzando un largo suspiro.
—Lo recuerdo. Decía que venir al lago le daba paz y más cuando los cuatro cabalgabamos hasta aquí para gozar de los bosques, el silencio y la bella vista.
Las altas montañas de Helheim se alcanzaban a ver desde su posición luciendo hermosas a pesar de que la zona tenía muy mala fama. Ambos bajaron de sus caballos tomando asiento por un momento en una zona verde bajo los altos pinos mirando hacía el lago.
—¿Odr te ha invitado a pasar la tarde en su casa? —preguntó Freyr dedicando una mirada afectuosa a su hermana.
—Si, vamos los dos. Te mostraremos la casa que están construyendo para nosotros.
—De acuerdo.
Se quedaron un poco más charlando sobre el pasado, los días felices de su infancia que terminaron abruptamente cuando sus padres fallecieron quedando al cuidado de un tío, el hermano mayor de su madre, quien apoyó a Freyr en su educación y entrenamiento militar falleciendo un año antes de que su sobrino tomara el lugar de Njord como consejero imperial.
El joven asgardiano alcanzó a agradecer a este tío todo su apoyo conservando una pintura de él en otra de las salas de su casa. Freyr pensó en narrar a Saori ese viaje, las memorias de su infancia que revivían al estar en el lago así como otras vivencias del día.
—Es hora de marcharnos o se hará tarde —dijo Freya de pronto alrededor de una hora después.
Los dos cabalgaron de regreso a Alfheim dirigiéndose al hogar de Odr, la casa Skogkatt, que había pertenecido a la familia del prometido desde hacía muchas generaciones. Odr decidió construir una propiedad por aparte para él y su futura esposa, ya que tres de los seis hermanos aún vivían en el hogar familiar y el deseaba un espacio privado e íntimo para ambos.
Tomaron la desviación cabalgando despacio mientras charlaban sobre el pasado, sobre los días en que su tío Skinrir los crió a pesar de su condición precaria de salud y el futuro de Freya uniendo las casas Folkvangr y Skogkatt en una sola familia más amplia y noble.
El sendero que tomaron los llevó directo a la construcción que Odr conducía.
La estructura de la casa grande de dos pisos hecha de piedra gris estaba casi terminada, faltando solo la torre de la chimenea y una parte de las caballerizas. Odr se acercó alegremente a recibirlos haciendo que uno de sus sirvientes se encargara de los caballos.
—¡Me alegra que hayan venido! —dijo el joven de cabellos rizados negros y ojos azul claro— Entren, les mostraré como vamos.
Freya se adelantó tomando a su prometido de la mano mientras Freyr cruzaba la puerta encontrándose con las primeras decoraciones de la casa: tapices gruesos en tonos oscuros, muebles rústicos hechos en el hogar de una de las dos familias de la región que se dedicaba a proveer mueblería a las casas nobles. Así como cuadros de marcos anchos, estantes, librerías y demás.
—Tu casa tiene muy buen gusto —comentó Freyr analizando todo a su alrededor—, los tapices hechos por la familia E… de Asgard lucen muy bien en tu hogar.
—Así es, de hecho el Señor Olav me comentaba que sus tapices son muy demandados en los mercados de Muspelheim. Según dijo, a la gente en Midgard les atraen y los compran a pesar de los precios elevados —Odr parecía muy sorprendido al decir todo esto—. El señor Olav está muy agradecido de poder verse beneficiado de esas ventas.
—Me alegra mucho escuchar eso.
Freyr sonrió para sus adentros al escuchar esto pues, poco a poco, la gente de Asgard se veía beneficiada por la gente del exterior quienes demandaban productos provenientes de la pequeña nación.
Tal y como Saori decía, debía ser paciente pues los resultados no se verán de la noche a la mañana sino que tomaría tiempo, pero las ventas que cerraba el confeccionista de tapices ya eran una prueba tangible de que sus charlas hacían que la gente de fuera se interesara.
Al regresar a casa pasaron por enfrente de la enorme residencia de una de las familias más antiguas e ilustres de Asgard, los Breidablik, quienes fueron padres del dios Guerrero Syd de Mizar y quienes jamás lograron reponerse de la pérdida de su único hijo. Freyr observó la casa por unos momentos sin detenerse puesto que, desde hacía un tiempo tenía en la mira la historia de Syd y su hermano gemelo caído en desgracia.
La ley de los gemelos, una de las leyes más horribles de la pequeña nación, una en la que Freyr estaba trabajando para abolir pues, llevaba semanas armando un proyecto al respecto esperando que fuese tomado en consideración a futuro. La sola idea de que las familias tuvieran que abandonar o matar a uno de sus gemelos recién nacidos, le parecía una abominación.
Lanzó un largo suspiro siguiendo a Freya camino a casa.
Esa noche Freyr estaba en su estudio escribiendo a Saori, narrando esas experiencias, sus impresiones al respecto y lo feliz que estaba por los primeros resultados de los que tenía noticia. Además incluyó varias líneas donde expresaba su deseo de volver a verla añadiendo que anhelaba su compañía y esperaba reencontrarse con ella en septiembre.
—"Espero que todo haya ido bien estos días. Me cuesta expresar por escrito lo mucho que quiero verte y lo feliz que fui a tu lado esos días en los Estados Unidos. Te veré en Bergen en la fecha acordada, estoy deseoso por nuestro encuentro".
Estuvo a punto de escribir "estoy ansioso por tenerte", pero logró contenerse a tiempo riendo un poco ante sus tonterías. Se recargó en la silla echando la cabeza para atrás sin dejar de sonreír teniendo a Saori en sus pensamientos, cerró los ojos recreando esos besos compartidos, el rostro de la joven cuando le confesó sus sentimientos y las caricias que siguieron a eso.
—Saori, ya quiero verte y sentirte… —susurró—. Ya quiero escuchar tu voz, sentir tu mano cálida en la mía y tus brazos rodeandome —se tomó un momento sumergiéndose en sus dulces recuerdos hasta que el sonido de una puerta lo sacó de sus ensoñaciones.
—Freyr, ¿tienes un minuto? —Freya llamó a la puerta de su estudio abriendo la puerta.
—Por supuesto, ¿qué sucede?
Freya se adelantó tomando asiento delante del escritorio de su hermano mirando hacia abajo y reflexionando un momento antes de continuar.
—Cuando regresamos a casa pasamos frente a la casa de los Breidablik, fue una sensación extraña a pesar de que ya pasaron poco más de ocho años desde que él murió.
—Lo sé. Fue un suceso desafortunado, pero debes entender que Syd solo cumplía con su deber, fue llamado por la señorita Hilda y debía acudir.
—No lo entiendo Freyr… solo sé que el hombre con quien mi padre me comprometio desde la infancia, falleció en una batalla sin sentido hace ocho años.
De alguna forma Syd y ella lograron congeniar pese a sus notables diferencias. Ella aceptó ese compromiso a tan tierna edad ocultando todas sus inquietudes y miedos llegando a querer a ese joven con el paso del tiempo. Freyr pensó un poco antes de hablar, puesto que sabía lo mucho que ella sufrió su pérdida a pesar de que trató de ocultarlo.
Freyr no quería eso para su hermana sintiendo alivio al conocer esta a Odr.
—Freya, deja de pensar en el pasado. Tienes un gran futuro por delante y ya guardaste luto por cuatro largos años —respondió Freyr con suavidad mirando a su hermana condescendiente.
—Odr es un hombre maravilloso y sé que seré muy feliz a su lado. Solo que… la muerte de Syd me pareció tan injusta. Primero lo que ocurrió con su hermano y luego él…
Freya jamás se atrevería a reconocer que Syd nunca estuvo interesado en ella sentimentalmente. Solo se casarían porque así estaba programado y eso era todo, además Syd no era del agrado de Freyr, pues era muy prepotente y en su familia había historial de infidelidades así que Freya estaba mejor sin el.
—Si, pero ya terminó. Las batallas han quedado atrás y hemos gozado de ocho años de paz, como era antes.
—De acuerdo… —respondió ella lanzando un largo suspiro— Siento haberte importunado con mis cosas. Me retiro a dormir.
—No me importunas, Freya. Siempre tengo espacio para escucharte.
—Gracias, Freyr —respondió dibujando una sonrisa tierna que rara vez mostraba—. Espero que un día de estos te consigas a alguien especial. Va siendo el momento, ¿no crees?
—No tengo tiempo para eso por ahora —respondió sin dar más importancia.
—Vamos, trabajas demasiado. Tener una persona especial que te cuide te vendrá bien.
La observó salir del despacho cerrando la puerta sin dejar de pensar en la charla.
—Ya tengo una persona especial… solo espero que llegue a amarme un día de estos —pensó.
Devolvió su atención a esa ley debía ser abolida. Fuera de Asgard las cosas eran tan diferentes, las familias no se debaten entre un gemelo y otro; mientras que en la pequeña nación de Odin, dar a luz a gemelos era poco más que mala suerte y una maldición que debía ser sacada por la puerta de atrás sin que nadie lo sepa.
Freyr terminó su carta pocos minutos después guardandola en su gaveta retirándose a dormir.
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Bergen, Noruega
Septiembre
Freyr llegó a la ciudad aquel día por la mañana llevando consigo una maleta pequeña de viaje dándose prisa pues debía verse con un agente inmobiliario antes del mediodía. La casa elegida para la estancia de la pareja se encontraba alejada de la ciudad unos cuantos kilómetros. Se trataba de una construcción cuadrada de dos pisos y madera oscura con techo a dos aguas. El agente llevó a Freyr a recorrer la propiedad sólo para asegurarse que cumplía con sus requisitos.
El asgardiano quedó complacido al confirmar que la casa tenía un amplio patio trasero cuya barda de protección estaba muy cerca de la costa. En el segundo piso, justo afuera de la amplia alcoba, estaba la terraza cuya vista daba directo al mar. Revisó la alcoba asegurandose que la cama fuera mullida y todo estuviera en orden así como que tuviera cortinajes gruesos que no dejaran pasar la luz.
—Es perfecta —confirmo al agente inmobiliario quien le miro sonriente ajustando los últimos detalles.
Apenas se quedo solo en la pequeña residencia, Freyr puso manos a la obra ya que planeaba sorprender a Saori con un ramo de flores que quería comprar en una bonita tienda ubicada un par de calles más allá; adquiriría dos, uno para colocar pétalos por todo el edredón de la cama y otro para entregarlo.
Dentro de la alcoba se encontraba un baño privado donde había una tina muy amplia la cual les vendría perfecto ya que cabían dos personas al parecer, esperando no tener problemas al compartir la bañera con Saori. Su metro ochenta y siete no pasaba desapercibido y sería muy incómodo no poder moverse con libertad en una simple bañera.
En la planta baja se encontraba una pequeña sala de estar de muebles compactos y al frente un televisor junto con la puerta que daba al jardín. Al lado opuesto, justo donde estaba la puerta principal, se encontraba la cocina también compacta con una barra desayunadora que la separaba de la sala de estar. Se notaba a todas luces que esa propiedad estaba destinada a los turistas quienes la tendrían por un par de días ya que una casa así sería muy difícil de habitar por una familia de más de dos personas.
—Debo darme prisa —Freyr miró su reloj de pulsera observando que faltaban alrededor de tres horas para que el vuelo de Saori aterrizara y aún debía ver que comestibles comprar.
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Saori decidió viajar sola en esa ocasión sintiéndose algo culpable apenas llegó al aeropuerto, no obstante ahora mismo gozaba de una bebida en la sección ejecutiva del avion. Dejar a Tatsumi en casa resultó ser toda una proeza, al final salió airosa pese a que el mayordomo se quedaba intranquilo.
—¡¿Que quiere viajar sola, señorita?! —decía Tatsumi exaltado— ¿Por qué? Puede ser peligroso para usted, le ruego lo reconsidere —suplicó mirándola con aprehensión.
—Deja de armar tanto escándalo —ordenó la joven autoritaria—. No estaré sola, Freyr me ha invitado y se ha comprometido a cuidarme bien y ver por mi comodidad. Creo que él es lo suficientemente confiable para que estés tranquilo.
—Si, lo sé pero…
Los caballeros de bronce tampoco lograron convencerla recibiendo observaciones, peticiones a que lo reconsiderara y más.
—Vamos, chicos. Ya soy adulta, nada me pasará. Solo asistiré a unas conferencias y eso es todo. Dejen de comportarse como si fuera directo a la trampa de un dios maligno —les dijo algo cansada de tanta sobreprotección.
—Sabemos que estarás bien —replicó Seiya observandola socarronamente—, solo no podemos dejar de preocuparnos, es la costumbre. Al menos déjanos llevarte al aeropuerto.
—Está bien.
Y así la joven llego con toda la comitiva, encabezada por Tastumi, al aeropuerto haciendo que la gente creyera que era una Idol o algo así.
—Señorita… —dijo Tatsumi suplicante.
—Tómalo con calma, llamaré a casa apenas aterrice. Encargate de todo en mi ausencia.
—Si… como diga.
Cuando logró dejar atrás a su club de fans, es que fue directo a la bonita sala de espera revisando su bolso por un momento. En la última y tierna carta enviada por Freyr estaban los datos de la propiedad así como una confirmación de que él la buscaría directo en el Aeropuerto, adicional añadió un número de teléfono en caso de complicaciones.
—Bien… —se dijo tomando aire— Allá voy.
El vuelo proveniente desde el aeropuerto Narita de Tokio aterrizó en Bergen al dia siguiente a la hora estipulada. Saori se molestaba al pensar que todos a su alrededor creían que no sabía cómo conducirse en un aeropuerto o sortear a los guardias migratorios y demás, viajaba todo el año siendo ella quien realizaba los trámites mientras Tatsumi esperaba.
La joven comenzó a sentir como su corazón se agitaba mientras esperaba paciente su maleta en la banda recolectora de equipaje. Apenas tomó sus pertenencias, esperó unos minutos pensando que se desvanecería en cualquier momento ya que sentía que le faltaba el aire.
—Calma… todo estará bien… él está afuera esperando así que date prisa.
Freyr estaba de pie justo frente a la puerta por donde salían los pasajeros recién llegados esperando que ella apareciera en cualquier momento. La divisó cruzando la puerta mirándola con aprehensión, lucía hermosa llevando un vestido sencillo y un par de zapatos bajos y abiertos. Los ojos de Saori se cruzaron con los de Freyr apresurando el paso para echarse en sus brazos estrechándolo fuertemente disipando su nerviosismo.
Se besaron un largo rato apartándose de la multitud que los rodeaba para compartir un par de caricias antes de ponerse en marcha.
—Te eché de menos —susurró Saori al oído de su compañero estrechándose en su pecho musculoso recibiendo un beso en la frente.
—Yo también, no sabes cuanto —Freyr acarició delicadamente el rostro de la joven intercambiando otro prolongado beso con ella.
Un momento después, ambos abordaron el transporte que los sacaría del área del aeropuerto llevándolos hasta la propiedad rentada. Freyr abrazo a Saori explicándole diferentes datos sobre la ciudad enfatizando las vistas del mar que esta ofrecía sin embargo, la chica poca atención prestaba ya que aún estaba aturdida por la emoción del momento.
Freyr anunció que estaban por llegar separándose un poco de ella. Saori noto que este estaba nervioso ya que su respiración agitada se percibía fácilmente contagiandola de los mismos nervios. La chica cerraba los ojos respirando profundo sintiendo como la mano de Freyr sujetaba la suya, Saori abrió los ojos mirando a su futuro amante quien le devolvió una mirada tierna tratando de tranquilizarla.
El taxi llegó a su destino un momento después, Saori descendió del vehículo observando todo a su alrededor: la casa se le antojo íntima y acogedora, su ubicación apartada de la ciudad y de la carretera le pareció estupenda. Los dos fueron al interior de la propiedad más nerviosos que hacía un rato, pues el comportamiento de ambos era de lo más torpe chocando uno con el otro en cada paso que daban y tartamudeando un poco.
—Subiré a darme una ducha rápida y… te espero en la habitación —el rubor en sus mejillas debía ser muy evidente puesto que ella se giró un poco para que no la viera.
—S… si, claro…pero ¿no estas cansada o algo? —No, dormí lo suficiente —respondió con suavidad.
Freyr la ayudó con la maleta saliendo de la alcoba emparejando la puerta.
Los fuertes latidos de su corazón estaban por volverlo loco buscando cómo calmarse. Cerró los ojos por un momento tocando su pecho, hizo un par de ejercicios de respiración logrando tranquilizarse pensando en lo que estaba por acontecer.
Sentía que sus conocimientos de anatomía se borraban de su memoria sintiéndose torpe e ignorante.
Saori estaba conmovida por lo que sus ojos veían en esa habitación: las cortinas estaban corridas, las dos lámparas de mesa ubicadas en cada lado de la cama estaban encendidas creando un ambiente acogedor; además, el cobertor estaba cubierto con pétalos de rosas blancas encontrando un ramo de flores colocado en el centro de la cama.
La joven sonrió ampliamente dándose prisa, no quería hacer esperar a Freyr más tiempo, comenzando a sentirse impaciente por unirse a él. Apenas salió del baño, sacó de su maleta una cajita que colocó en una de las mesas de noche.
La puerta de la habitación se abrió un momento después, Freyr entró cerrando la puerta detrás suyo encontrando a Saori vestida con una bata de satin rosa que apenas si cubría lo esencial dejando al descubierto sus torneadas y largas piernas.
—Gracias por las flores y por preparar esta habitación maravillosamente —Saori tomo el ramo de rosas dejándolo en la mesa más cercana volviendo a sentarse en la cama.
—Me alegra que te haya gustado.
Freyr tomó asiento al lado de la joven abrazándola sintiendo la delicada tela de la bata bajo sus dedos y deleitándose con el aroma de su piel, comenzó a besar su cuello lentamente dejando un prolongado beso más en sus labios que tenían un gusto a fresas.
—Dame un momento —Freyr se puso de pie sacándose la ropa, apenas se quitó la camisa, Saori noto las largas y pronunciadas cicatrices que tenía en la espalda.
—Esas heridas… —dijo preocupada— ¿son de aquella vez en Asgard?
—Si, pero no repares en ellas, no duelen ni nada, solo son poco agradables a la vista.
Freyr se sentó a su lado nuevamente mientras Saori se aproximaba a él sintiendo su cuerpo firme, paso sus dedos por la musculatura de su brazo deslizandolos hacia las cicatrices que sobresalían demasiado en su espalda. El joven la observaba expectante, el que ella lo tocara así se sentía bien.
Un instante después, Saori se abrió un poco la bata descubriendo un delicado juego de lencería recargandose en la cabecera de la cama, Freyr acomodo los almohadones para ella esperando que estuviera cómoda, acto seguido, se acercó lentamente. Dejó un beso en sus labios deslizando sus dedos suavemente desde las mejillas sonrosadas de su pareja hasta la altura de sus pechos los cuales acarició por debajo de la bata sintiendo la tela de la fina prenda que ella vestía.
Saori sonrió mirándolo con ternura invitándole a continuar aunque debía decirle algo que era importante.
—Freyr… no quiero romper el momento. Es la primera vez que yo… que estoy con un hombre —dijo ella tímidamente.
—En estos momentos estamos en la misma condición —respondió el joven en voz baja deslizando sus dedos hasta la zona del vientre sintiendo la suave piel alabastra de la joven observando por un momento el fruto entre sus piernas —, eres la primera con quien estoy.
—Me alegro… —dijo ella sonrojada.
Saori lo tomó de los hombros acercándolo un poco hacia ella besándolo una vez más. Ahora Freyr deslizó la bata dejando al descubierto el hermoso cuerpo de su amante deleitándose con lo que veían sus ojos. Acarició delicadamente los suaves pechos de la joven sintiendo como estos reaccionaban a su tacto haciéndola gemir un poco.
El sostén estaba sujeto por el frente con un pequeño moño hecho con el listón que sobresalía de las costuras siendo un detalle que al joven asgardiano agradó mucho. Soltó el listón deslizando la pieza de lencería por ambos lados mientras Saori lo miraba recostada ya que él continuaba sentado a su lado. Estaba muy sonrojada sintiendo como los dedos de Freyr se deslizaban por su pecho izquierdo, en ese punto ella se incorporó un poco sacándose la bata y el sosten quedando prácticamente desnuda frente a él.
—Eres muy hermosa.
Apenas vio que él estaba por recostarse a su lado, Saori se recorrió más hacía el centro del lecho dejándole el espacio suficiente para que él no fuera a caerse uniéndose en un largo abrazo. La joven estaba extasiada acariciando la espalda de su amante, al mismo tiempo este la rodeaba con sus brazos besándola en el cuello quedando encima de ella.
—¿Puedo? —pregunto respetuoso recibiendo una señal de afirmación.
Acercó los labios al pecho derecho de Saori hundiéndolos en la suave piel que se irguió un poco bajo el movimiento de su boca. Con la otra mano acaricio el pecho izquierdo haciendo que ella lanzara un leve gemido mordiéndose un poco el labio inferior. La estaba llevando a través de un mar de sensaciones nuevas que se incrementaban conforme la mano de Freyr recorría el camino desde el tórax de su amante hasta la zona oculta bajo la última pieza de lencería que deslizo lentamente depositando la ropa a un lado.
La beso una vez más pasando su mano por el fruto oculto y húmedo entre las largas piernas de su compañera quien tampoco perdió el tiempo acariciando los torneados pectorales de Freyr. Saori tuvo que dejar salir otro gemido un poco más alto ya que su amante saboreaba la piel de sus pechos mientras le acariciaba la entrepierna sintiendo la piel mojada haciéndola arquear la espalda al llegar al clímax.
El se recostó a su lado sintiendo como ella lo presionaba fuertemente acariciando sus pectorales y abdomen marcado buscando algo más abajo en el cuerpo de su hombre sorprendiendose al ver su tamaño. Saori lo froto delicadamente devolviendo las caricias una a una haciendo que fuera Freyr quien dejara salir leves gemidos de su boca.
Las manos de su bella amante eran hábiles a su manera y no se cohibió haciendo que su miembro alcanzara su tamaño máximo.
No logró imaginar en los pasados días lo que sería hacer el amor con ella.
Fue Saori quien trajo de oriente la protección adecuada para que ambos lo pasaran bien sin culpas acercando la cajita que estaba sobre la mesa de noche y que él observó con curiosidad.
El momento de consumar su relación llego cuando Freyr se colocó encima de ella tranquilizandola, podía sentir como el corazón de Saori latía con intensidad sintiéndose afortunado en ser el primero en hacer latir así el corazón de su bella chica. Ambos se acomodaron preparándose ya que aún eran algo torpes para lo que seguía. La joven cerró los ojos relajando su cuerpo cuando sintió que Freyr entraba en ella haciéndola levantarse ligeramente del dolor lanzando un gemido más fuerte avergonzandose un poco.
—Tranquila —le susurró al oído abrazándola—, no te haré daño.
—Lo sé… solo estoy nerviosa y tensa —respondió aferrándose a él sintiendo como su cuerpo se unía al de ella lentamente hasta que su virilidad estuvo completamente dentro.
Se quedaron así por unos momentos para que ambos pudieran acostumbrarse al cuerpo del otro, Saori pasó las manos por la espalda y el cabello de Freyr quien la besaba apasionadamente estrechándola un poco más.
El comenzó a moverse encima de ella suavemente al inicio deslizandose con cuidado para no lastimarla ya que también quería encontrar su propio ritmo al hacerla suya. Saori reacomodó su postura bajo su amante moviendo sus piernas de tal forma que el dolor fuera lo menos molesto buscando el placer de ambos esa primera vez.
El encima de ella, mirándola con ternura, incrementó gradualmente la intensidad de sus embestidas. Estar en el interior de su amante se sentía muy bien, Freyr sentía como si estuviera en un especie de sueño del que no quería despertar, pues estaba disfrutando del cuerpo de su pareja moviéndose dentro de ella y Saori lo miraba risueña intercambiando palabras dulces, sonrisas y una complicidad que quedó sellada esa tarde.
Llegaron al clímax relativamente rápido ya que era la primera vez que ambos se sumergían en el cuerpo y la intimidad del otro. Se quedaron abrazados por un largo rato intercambiando un beso, una caricia, palabras dulces y sus primeras impresiones sobre lo que acababan de hacer. Saori lo observó dormir por unos momentos mientras desviaba la mirada hacia el techo sobre su cabeza acariciando el cabello de su amante.
Del hombre que ahora era suyo.
—¿Estas bien? —pregunto Freyr un momento después.
—Si, hay que comer algo.
—¿Quieres salir a cenar?
—No —dijo ella sonriente—, quiero que nos quedemos en esta casa. No veo la necesidad de salir hasta que vayamos a la Universidad para tus pláticas.
—Entonces mañana estaremos aqui todo el día, te tendré para mi —Freyr rio un poco— ¿buscas compensar el tiempo que tardaremos en vernos nuevamente?
—Si, no te veré los siguientes meses asi que debes compensarme ese tiempo —Saori le guiñó un ojo sonriendo traviesa.
—Serás la culpable de que esté adolorido el resto de la semana, feliz, pero con el cuerpo adolorido.
—Nos dolerá el cuerpo entonces.
Bajaron a la cocina para cenar algo prolongando su charla lo más posible sentados en los sillones con el televisor sonando de fondo.
El ramo de rosas que estaba sobre la cama ahora estaba dentro de un bonito florero sobre un mueble cercano.
—Me siento culpable al reconocer que fue buena idea que dejaras a Tatsumi en Japón. Creí que vendría contigo.
—No, estos son los días para ambos asi que le deje una lista larga de tareas para tenerlo entretenido.
—¿Por cierto, no debías llamarlo por teléfono? —comentó Freyr recordando su breve charla en el aeropuerto.
—¡Dioses, es cierto!
Saori se levantó de un salto ubicando el teléfono al lado de la puerta haciendo una llamada de larga distancia, Freyr la observó riendo discretamente, amaba estar a su lado dándose cuenta que comenzaba a enamorarse de ella.
Sentimiento del que no se arrepentía en absoluto pues esos días nadie podría quitárselos.
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Continuará…
