En una celda de Azkaban, un hombre con los cabellos platinos y ojos grises como el mercurio contaba ladrillos. Cualquiera podría pensar por su mirada gélida y abstraída que se había vuelto completamente loco en su encierro. ¿pero no era eso lo que hacia Azkaban con sus prisioneros?

Un año de encierro no había sido suficiente para que un Malfoy perdiera la cordura

Hermione se dirigió al Ministerio Australiano para usar el traslador internacional que había solicitado el ministro inglés para traerla de vuelta a Londres.

El café que había tomado esa mañana en la panadería de Mónica Wilkins se estremecía en su estomago por los nervios. Lyra había llorado todo el camino hacia el ministerio porque no quería marcharse de su casa, a ella le encantaba vivir con su madre en ese apartamento, le encantaba bajar a desayunar con su amiga Mónica que le regalaba croissants y galletas y le encantaba como el marido de Mónica, Wendell la cogía en brazos y le hacía el avión.

Hermione la cogió en brazos al entrar en el ministerio y le susurró al oído.

-Londres es maravilloso, mamá te va a llevar a un parque enorme donde podremos correr y jugar. Te va a encantar.

- Buenos días Señorita Granger. Mi nombre es James Harnnet. Ya está todo preparado; en diez minutos estará listo el traslador a Londres.

Hermione solo pudo asentir y agarrar a su hija más fuerte para darse el último empujón que necesitaba.

Harry se frotaba la cicatriz mientras leía una carta que ya había perdido toda esperanza en recibir. No podía creer que al fin Hermione había decidido ponerse en contacto con él.

Había pasado mucho tiempo que dejo de escribirle, se había rendido...había asumido que el día que perdió a su mejor amigo también la había perdido a ella. No podía entender que motivo tenía Hermione para irse de esa manera y olvidarse de todo y todos. Kingsley lo había tranquilizado a lo largo de los años diciéndole que ella estaba bien, que necesitaba estar lejos de la guerra pero Harry no podía entenderlo, ella siempre había sido una auténtica Gryffindor, siempre había luchado por sus amigos, por sus valores y sus ideas. No, no tenía sentido que hubiera desaparecido de esa forma durante tanto tiempo.

-Harry...estás bien? - Ginny se había acercado lentamente al verlo frotarse la cicatriz.

-Si; es la costumbre. He recibido una carta de Hermione.

- Hermione? Se ha dignado a dar señales de vida? Que tal sus vacaciones, mientras todos estábamos aquí luchando y muertos de preocupación por ella, como si no tuviéramos bastante con la muerte de...- Ginny rompió a llorar, la noticia de la carta de Hermione la habia pillado desprevenida y todas las emociones guardadas durante años salieron a flote.

Harry la rodeó con sus brazos. - Tranquila, es normal que te sientas así, yo también estoy enfadado pero es Hermione, tiene que haber algún motivo. Pronto lo sabremos.

-Que quieres decir con pronto lo sabremos?

- Que está de camino a Londres.