Los personajes de She-ra and the Princesses of Power son propiedad de Noelle Stevenson y Dreamworks Animation y las razas y ubicaciones son propiedad de Games WorkShop.


(En colaboración con davidomega59)

Luthor Harkon con frecuencia extrañaba el viento salado de los mares del Viejo Mundo y la fangosa humedad de las selvas de Lustria y ahora solo el aires gélidos y macabros con costas áridas y diezmadas era lo que encontraba allá donde las corrientes marítimas lo llevaban.

Pocos tesoros, pocos lugares que saquear, pocas ganas de tocar tierra y pocos incentivos para tan siquiera intentarlo. Muy poco de mucho. Nunca pensó que un vasto océano le ofrecería tan poco, a tal punto que la misma palabra le resultaba amarga y le hacía apretar los colmillos.

Ni siquiera esas ruinas infestadas de demonios tenían algo realmente valioso que pudiera valer realmente la pena, al menos las pocas piezas de oro que encontró estaban bien y eran de buena calidad, lo supo cuando les hincó el colmillo.

Ahora bien, él no conocía ese mundo y era un detalle que se le escapó por un tiempo y rebuscando entre los alfeñiques grumetes que se unieron a su tripulación recabó algo de información que le resultó de su interés, al menos entre las pocas palabras que pudieron articular con sus lenguas podridas pero sabía de alguien que le diría aquello lo quería escuchar y tal vez así la suerte volvería a sonreírle a los infames.

— ¿Sabes una cosa, Hans? —, le dice el capitán al zombi hordeano, — Matar a alguien para que no hable de más se hace con frecuencia porque funciona, es eficaz… cuando no te topas con alguien como yo. Porque para los tipos como yo, la muerte solo es una forma más fácil para hacer cantar a las pequeñas avecillas como tú. Y bien, Hans, ¿qué sabes sobre una tal She-ra?


La-La-La-La

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ta

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti

Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la

Let's start a new life from the darkness

Until the light reveals the end

Sinister faces, growing curses

This is my last war

La-La-La-La

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti (Angels playing disguised)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ta (With devil's faces)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti (Children cling to their coins)

Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la (Squeezing out their wisdom)

La-La-La-La

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti (Angels planning disguised)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ta (Rastis! Rastis!) (With devil's faces)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti
(Children cling on to their)

Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la (Very last coins)

Destruction and regeneration.

You are the real enemy. (Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la)

War!.


Ya las dudas rondaban por las cabezas de los eslizones sobre su frágil alianza con los elfos, sobre todo con aquellos que durante siglos saquearon sus templos y lugares sagrados y las mismas no hicieron más que aumentar en el tiempo que llevaban en ese mundo.

Tek'un insiste en mantener las formalidades el tiempo que haga falta o hasta que las circunstancias ameriten dejarlas de lado y a promover la colaboración entre los tres bandos. Ya los guerreros saurios mantenían afiladas sus armas y los eslizones siempre tienen listas sus cerbatanas mientras vigilan su campamento por las noches, aunque saben que entre las sombras están sus asesinos y sus brujas listos para contraatacar.

Y la actitud casi indolente de los elfos silvanos no mejoraba la situación pues, a pesar de las críticas a sus parientes en la isla de Ulthuan, su actitud no era mucho mejor, muchas veces viéndolo a ellos por encima del hombro como si fueran seres vivos de segunda categoría. Como si no supieran que ellos fueron los primeros nacidos, aquellos que los Ancestrales eligieron para ser la mano de su Gran Plan.

Y ante esto tanto Tek'un como Millhadris hacían hincapié en que no estaban en su mundo y quien tuviera más logros en su haber importaban poco o nada. Lo que importaba era lo que fuera a pasar en ese mundo pues de eso dependía el futuro del suyo. Pues bien, bajo esa línea de pensamiento Ukutki'e lidera una pequeña partida de eslizones a territorios un poco más alejados de lo establecido. Aunque preferiría que tuviera una escolta de terradones como siempre lo hace, Tek'un considera que no es prudente soltarlos aún para mantener un perfil bajo aunque sea ridículo, pues los Dioses Oscuros ya deben de estar al tanto de su presencia ahí.

Fue fácil distinguir las rurales edificaciones que los habitantes de ese mundo usaban como hogar, ahora derruidos y envueltos por la maleza con un ligero mal olor pululando por el aire. Muebles sucios, platos rotos, paredes manchadas, entre otros objetos personales quedaron dentro de las viviendas. Ecos de una vida rural tan simple y plena como las circunstancias lo hubiera permitido. Afuera el pasto ennegrecido creció y la maleza reclamó lo que pudo, algunas paredes ya tenían algunas raíces negras.

En el mismo exterior los desdibujados surcos en la tierra trabajada por los que vivieron ahí mientras aquí y allá un azadón, o una pica, o unas tijeras de jardín tiradas y oxidadas. Una pelota desinflada yace en el marco de una puerta con líneas talladas de manera ascendente y una pequeña muñeca envuelta en una delgada sábana yacía recostada en una caja al lado de una pequeña cama con flores dibujadas en la madera.

Ver tal estado de abandono hizo sentir raro al eslizón. Algo que tal vez ya había sentido pero no sabía como definirlo. Un chasquido de uno de sus compañeros los hace voltear y le entrega un libro con tapa hecha de cuero con escritos en sus hojas.

— Un lenguaje extraño. No lo entiendo —, dice Ukutki'e, — Hay que encontrar a alguien que sí lo lea.

— O que alguien encuentre a otro que lo lea, — sugiere otro eslizón, Ukutki'e ordena regresar de vuelta con el resto de los suyos y los elfos.


La vida en la superficie siempre sería difícil, no importaba si se era un skaven o no. Las inclemencias del tiempo, las plagas y enfermedades que devoraban la vida de los humanos, los enemigos que los acechaban e incluso el propio humano cuando se volvía contra sí mismo. No muy diferente de lo que es el Imperio Subterráneo, vaya, pero la diferencia que lo definía todo era simple. El sol.

La tierra es algo que sobra en los dominios skaven y el agua podía ser a veces sucia e infecta y otras veces fresca y limpia cuando se recoge de los nacimientos en las montañas, aunque esta última muchas veces se lo guardaban los propios jefes de guerra. Más el sol marcaba la diferencia, pues bajo su luz la vida crece y prospera haciéndola más o menos digna.

Kalmtrunkz tenía un par de ideas de como los humanos sobrevivían a las cambiantes estaciones cada año, por lo que buscó un lugar más o menos seguro en la superficie y aún con la ausencia de sol pues la luz del día en ese mundo venía por parte de las lunas, en especial cuando no había nubes disformes que interrumpieran el proceso natural, Kalmtrunkz en secreto hizo un pequeño hoyo en la tierra donde plantó una semilla.

Durante semanas y semanas esperó y regó hasta que un pequeño tallo empezó a crecer, con el tiempo el tallo creció, le salieron hojas y vio una pequeña peculiaridad que le hizo darse cuenta que la cosa iba según los planes. Cuando hubieron pasado dos semanas más un tomate no muy grande pero rojo y regordete había crecido. Kalmtrunkz lo tomó entre sus manos, lo observó, o mejor dicho lo contempló. Lo sostuvo con sus andrajosos dedos y como si fuera una beta de piedra bruja, trató con sumo cuidado y volvió a la Madriguera de Cristal.

Una vez allí reunió a sus aliados de confianza, Kalmtrunkz podía decir que confiaba en ellos plenamente, cosa muy extraña en una sociedad como la de los skavens donde la traición y los engaños están a la orden del día. En una recámara privada Kalmtrunkz saca aquello que plantó y lo mostró ante aquellos tres skaven.

Khak, Cava-terrenos mira con confusión al vegetal y al skaven que lo cultivó, dándole vuelta a esa idea. Girgiz Slynker se pone sus lentes de ingeniero para analizar aquello que se le presenta, intenta tomarla con la brusquedad propia de su especie pero Kalmtrunkz lo aparta antes de que haga algo imprudente. Y Rotkiz, media-cola empieza a olfatear el vegetal y empieza a sentir algo de apetito.

— ¿Qué es eso? —. Pregunta Rotkiz.

— Cosas-Humanas lo llaman "tomate". Está en todas partes del otro mundo. Se vende por montones para calmar su hambre. — Responde Kalmtrunkz.

— Y la nuestra también, si-si —. A Rotkiz se le haca agua la boca mientras más lo huele.

— Poco lo creo yo. Comida-tomate tarda mucho en crecer, necesita muchos cuidados y nosotros muchos-muchos somos. Además, ninguno sabe como se hacen, no-no. — Argumenta Girgiz.

— Estar de acuerdo con Kalmtrunkz, pero estar de acuerdo con Girgiz también, si-si —, habla entonces Khak, — Cuando el hambre llegue y la desesperación, no habrá suficiente cosa-tomate para todos, y nos comeremos a los nuestros como siempre-siempre.

— Pues les enseñaremos. Más semillas hay que buscar, si-si. Espacios más grandes-grandes hay que trabajar y no será para todos, no-no, — esto sorprende a los tres skavens, — Solo aquellos que cumplan con su deber con la madriguera comerán, aquellos que desfallezcan sin la fuerza suficiente serán comida, los enemigos muertos del Clan Mors, serán comida, pero este —, mete sus garras en el vegetal y unas gotas de su jugo cae al suelo, — Este será el primer paso hacia una nueva prosperidad lejos de la miseria de la Rata Cornuda, — Kalmtrunkz dividió el tomate en cuatro partes más o menos iguales, — Coman.

Los cuatro skavens comieron de aquel alimento, primero con insaciable hambre pero al sentir lo dulce de su sabor y lo suave de su textura degustaron con más calma dejando un buen regusto en sus paladares acostumbrados a las sobras y la carne de los suyos cuando se canibalizan sus restos.

— La Rata Cornuda nos hace destruir y corromper todo en las tierras de cosas-humanas o cosas-elfas. Pero al final no habrá comida si se destruye todo, y los cosas-humanas y cosas-elfas siempre tienen comida sin comerse entre ellos, si-si. Esto ser manjares, y serán la prueba de que prosperaremos sobre los demás clanes sin la rata cornuda ¡SI-SI! —. Proclamó el ahora líder de clan Kalmtrunkz.


Con cada paso que da Vokzend el musgo de tumba crece con insectos demonio volando a su alrededor y mientras los nurgletes corren y juegan siendo seguidos por una escolta de Portadores de Plaga alrededor de la Gran Inmundicia que es seguida de cerca por Gamond y la pequeña Silvy.

Es ella que al ver un arbusto con pequeños frutos morados da un salto de los hombros de su mutante padre para recoger un poco de aquellas hierbas para acercarlas a su gran amigo.

— Mira, Vokzend, ¿crees que esto puede servir? —, el demonio da una amplia sonrisa mientras extiende su enorme mano para arrancar el arbusto completo. Revuelve las hierbas y sus ramas en su mano, mezclándolas con las secreciones que emanan de las pústulas de sus manos hasta convertirlo en una pasta verde y gris y la dejó caer frente a la niña, — ¿Qué es eso?

— Espera —, dice Vokzend mientras busca por mórbido cuerpo hasta encontrar un nurglete, lo agarró y embarró un poco de esa pasta sobre el pequeño demonio del cual empezaron a brotar forma fúngica de tallos negros y duros como si fueran cuernos y otras protuberancias igual de duras, — Golpea, — ordena el demonio.

El nurglete usa su cuerpo para atacar a otro usando sus queratinosas mutaciones y lo mutila con fiereza hasta que más y más protuberancias crecen y crecen hasta que no puede moverse más, dejándolo solo como una pequeña bola de hongos y tallos.

— ¿Qué se supone que tenía que hacer eso? —. Pregunta Silvy.

— Crudo —. Artícula Vokzend quien vuelve a tomar la pasta entre sus manos y continuar su marcha.

— ¿Crudo? —, repite Silvy, — ¿Hay que hervirlo o algo?

— Es una opción. La refinación de enfermedades y su esparcimiento es algo que todo hijo del Padre Nurgle debe hacer. Pues así como Padre Nurgle trabaja siempre para crear la plaga perfecta, nosotros debemos hacer lo mismo. Un jardín debe estar bien cuidado para que su belleza pueda ser admirada —. Aclara Vokzend.

— Tú debes ser un gran creador de enfermedades —. Asume Silvy. La Gran Inmundicia ríe.

— Hay otro. Uno que una vez fue un simple nurglete, pequeño y juguetón que cayó en el caldero del Padre y bebió la toxina que preparaba, su mayor creación hasta el momento. Un nurglete que se convirtió no solo en la viva imagen del Padre sino en su más grande orgullo. — Relata Vokzend.

Ku'Gath

Ku'Gath

Ku'Gath

Ku'Gath

Cantaban los nurgletes alrededor de Vokzend.

— El Padre de la Plaga —, nombra Vokzend, — Le gusta jugar en el plano material con aquellos que lo habitan y empiezo a entender porque. Los nurgletes son una extensión más del Padre Nurgle, para saber el verdadero potencial de la plaga hay que probarla en aquellos que tanto le temen para que vean que el miedo es innecesario pues Nurgle nos acoge a todos.

— Ku'Gath, — repite Silvy, — ¡Eso es! Me volveré tan buena como él, y lo traeremos aquí para que vea lo que hemos logrado y será mi amigo también. ¿Puedes ayudarme?

— Juntos trabajaremos —. Le dice Vokzend a Silvy mientras sigue con su paso por los bosques mientras ambos empiezan a entonar una canción con renovados ánimos.


— ¿De verdad mal gastaron un día entero de exploración solo para traer un libro inentendible? —. Recrimina Velshakir mientras ve el diario encontrado por los eslizones en su tienda de campaña personal.

— No es lengua oscura por lo que puedo ver pero no quiero correr el riesgo. — Dice Aegnir mientras sostiene con recelo el diario.

— ¿La puedes leer? —. Pregunta Millhadris.

— No. — Niega Aegnir.

— ¿Qué parte de que no podemos perder el tiempo es la que no han entendido? —. Se exaspera la corsaria druchii.

— No es una pérdida total —, Interviene Tek'un, — Se puede traducir y saber más.

— ¿Saber más de qué? —. Inquiere Velshakir.

— Localizaciones, líderes, nombres, tal vez mapas —. El eslizón trata de ser razonable.

— ¿Y cómo sugieres que traduzcamos una lengua sin tener la más mínima idea de la forma en la que se escribía aquí? — Alega Velshakir.

— No tenemos que hacerlo nosotros —, dice Ukutki'e, — Podemos hacer que alguno de ellos lo traduzca. Solo hay que encontrarlo.

— No parece escrito por un adorador, sino más bien por una persona común, tal vez antes de la llegada del Caos. No podemos coaccionar a un fánatico a leerlo, preferiría arrancarse la lengua antes de hacerlo —. Dice Millhadris.

— Eso podemos hacerlo más fácil —. Habla Alas Negras ganándose una mirada molesta de la elfa silvana.

— Princesa, sé lo que vas a decir ahora y te digo desde ya que si quieres buscar sabandijas que de alguna manera hayan sobrevivido, estás por tu cuenta. Ya bastante tengo con que tengas a las lagartijas buscando señales en el cielo sobre ese Elegido, mucho menos para salvar a pobres desgraciados —. Dice Velshakir.

— No te preocupes, no iba a mencionarlo delante tuyo —. La druchii aprieta los dientes.

— Ven, Tek'un, tal vez haya algo en las ruinas que encontramos que nos ayude a empezar a entender este idioma. Tal vez tome tiempo encontrar a alguien de este mundo —. Dice Millhadris, el eslizón y Aegnir la siguen.

Ukutki'e también se va por su lado.

— Ya están empezando a dar problemas —. Susurra Velshakir a Alas Negras.

— A veces la información es mejor que una espada —. Dice el druchii.

— ¿Qué sugieres?

— Robar ese libro, buscar sobrevivientes por nuestra cuenta, sacar la información que podamos y encontrar la forma de usarla a nuestro favor.

— ¿Y si encontramos sobrevivientes… y no quieren cooperar?

— Nunca dije que tenía que ser por su voluntad.

— Infórmame cuando consigas ese libro. Cuando lo tengas podrás partir de inmediato. — Ordena Velshakir

Afuera de la tienda, Ukutki'e escuchaba lo que los druchii mejor sabían hacer; conspirar.

— Mordieron el anzuelo. — Le dice al eslizón que lo acompañó en la expedición.

— ¿Funcionará?

— El fin justifica los medios para ellos. Imagina lo que nos podrían hacer si las cosas se complican. — Justifica Ukutki'e.


Adora revisaba los mapas repasando las vías y caminos recorridos en las expediciones de Bow para trazar nuevas rutas, tal vez así podían encontrar a más sobrevivientes. Ya le había mencionado al chico que considerara ir un poco más allá de lo establecido, que no fueran búsquedas de un día, si no expediciones largas para aumentar sus probabilidades.

Ambos eran conscientes de los peligros que eso implicaba pero debían empezar a dejar el miedo de lado y empezar a tomar valor si querían recuperar Etheria.

— Es la tercera vez esta semana que revisas esos papeles, — una voz conocida y molesta le habla, — No hay lugares o villas cerca a las montañas que tienen frontera con el Reino de las Nieves. Cualquier rastro de civilización está más allá. Tal vez deberías dejar de pensar en buscar a más personas y pensar en alimentar a las que ya tienes aquí. El hambre es un gran aliado de la desesperación.

Era un alivio que Glimmer ya no frecuentara a Shadow Weaver como antes pero la sola presencia de la hechicera la hacía sentirse mal y no estaba de humor para aguantar las palabrerías de esa mujer.

— La reina se te ha adelantado a eso. Y aunque no haya indicios de rebelión no puedes…

— Sé bien lo que Glimmer ha hecho, — la interrumpe Adora, — Y no estoy de acuerdo, me desagrada, pero no quiero perder el tiempo discutiendo con ella. Mi plan está empezando a tomar forma.

— Ah, si. Me habló sobre tu opinión respecto a sus decisiones. Sobre no sacrificar la libertad por la seguridad, ¿pero te has detenido a ver a tu alrededor? —, cuestiona la hechicera, — ¿Qué libertad tienen las personas aquí? ¿Qué seguridad pueden tener mientras son asediados sin siquiera saberlo?

No dejes que te confunda, Adora se dice a sí misma.

— Todo eso se los pudo dar She-ra, ahora ya…

— ¡Basta! —, espeta la rubia, — No voy a permitir que me digas que si o que no puedo hacer. Lo hiciste durante toda mi vida y no dejaré que vuelva a pasar. Tampoco permitiré que alguien que no ha hecho nada para ayudar aquí me "aconseje" sobre como debo hacer las cosas. He recopilado suficiente información para saber como empezar, ahora debo saber donde empezar. Y solo así no tendremos que arruinar la confianza de los que viven aquí.

— Confianza, honestidad, solidaridad. Todo eso existía en la vieja Etheria y mira como acabó. Adora, solo quiero que hagas lo que debe hacerse, no permitas que esas debilidades te frenen —. Hay algo en sus palabras que le causaban asco a Adora, no podía escucharla más.

— Quiero que te vayas… ahora —. La hechicera entre cierra los ojos, hay algo raro en ese fondo blanco de su máscara pero no quería tener sus presencia delante.

Cuando Shadow Weaver se da la media vuelta Adora vuelve su mirada a los mapas, y sin que la rubia lo vea, la mano de Shadow Weaver se dobla hacia adelante, se contorsiona de forma desagradable como si hiciera un gesto desesperado y se gira a Adora rápidamente. El cuerpo le tiembla , como si hubiera despertado abruptamente de un sueño terrible y logra articular una sola palabra:

— ¡Adora! —, así como su semblante cambió vuelve a ese silencio raro y aparta la mirada, dándole la espalda a la rubia que no se molestó en voltear mientras que una voz audible únicamente para la propia hechicera se queja "Que molestia".

— Creí haberte dicho que te fueras —. Por el rabillo ve la sombría figura retirarse en silencio.

— "No dejes que esas debilidades te frenen", si como no —, farfulla la rubia, — Como si ella me conociera.

La confianza, la honestidad, la solidaridad, el valor; todo eso fueron los pilares que sostuvieron la Rebelión y así debe permanecer. Lo hacían por el bien de la gente, por su libertad y su seguridad, sin necesidad de sacrificar una cosa o la otra porque no hay necesidad de elegir.

Aunque claro…

La gente que protegíamos ahora nos quiere matar.

De todos los testimonios que había escuchado había una constante que se repetía entre todo aquellos que se unieron a Lilith: la inconformidad.

Inconformidad con la Rebelión, con She-ra, con las princesas. Les ofreció la fuerza para destruir aquello que los amenazaba y ellos la tomaron, y con esa fuerza nació su fe por esos entes que llaman dioses y así como creció su fe también su odio hacia la Rebelión por no haber hecho lo suficiente.

Se evita la confrontación directa para no arriesgar a los suyos y tampoco dañar a la gente, pero ya se lo han dicho, una vez que el Caos te toca no hay vuelta atrás. Ya no son ciudadanos indefensos, son adoradores consumados dispuestos a dar todo por el favor de sus dioses.

No podían seguir actuando como si siguieran peleando contra la Horda, debían recuperar Etheria y borrar todo rastro del Caos de su planeta, y debían hacer lo necesario.

Mientras le daba vueltas a esa idea intentado encontrar un argumento en contra más parecía que su moralidad era un lastre que debía soltar.


Entrapta miraba a las estrellas y era de esas pocas veces en las que mil pensamientos no pasaban por su mente al mismo tiempo. No pensaba en las temperaturas extremas a las debían estar ardiendo esos astros o cuantos miles de años se extinguieron y no es hasta ahora que su luz llega hasta ellos o como el vacío oscuro del espacio se expande más y más.

No.

Pensaba en algo que le contaron hace tiempo, pensaba en alguien que conoció. Pensaba en los avances de su investigación con Hordak y de los logros y cosas que compartieron juntos, como el Señor de la Horda pudo ser tan transparente con alguien como ella, tratándola como igual, demostrando respeto. Fue lindo sin duda, ojalá con Catra las cosas hubieran sido iguales.

(Suena "A Certain Magical Index III OST 1_ Believe in Miracles")

— Hola, — una amigable voz la acompaña de repente, — ¿Quieres que te acompañe? —. Pregunta Scorpia.

— Por supuesto —. Responda la científica.

Ambas se quedan viendo hacia las estrellas sin decir nada por un rato hasta que la chica de coletas quien decide hablar.

— Scorpia.

— Dime.

— Tu, eh… —, por un momento piensa de verdad lo que va a decir, — ¿Extrañas a Catra? —. La escorpión baja la mirada, un profundo pesar crece en su pecho.

— Las cosas terminaron muy mal con ella. Yo no quería seguir aguantando la forma en la que me trataba pero al final volví por ella. No podía dejarla y… no hice lo suficiente —. Muchas veces la imagen de la figura de Catra cayendo a ese vació la atormentaba profundamente.

— Ella me lastimó, me echó a Isla Bestia y me hizo quedar como la mala pero aún así creo que la pasamos bien en algunos momentos —. Dice Entrapta.

— Cuando nos sentamos en el sofá para ver como los robots peleaban contra las princesas. — Menciona Scorpia.

— Catra se molestaba mucho cuando eran destruídos. Yo pensaba "¿por qué se enoja? Puedo construir más" —. Recuerda Entrapta.

— O como se erizaba su cabello cuando la tomabas por sorpresa —. Ambas ríen al recordar la expresión desencajada de la felina cuando eso pasaba.

— Me hubiera gustado poder verla otra vez —, dice Entrapta, — Poder decirle que… que la perdono. A pesar de todo.

— Cuando activó el portal nos llevó a otra realidad donde todo parecía ir bien para ella. Tal vez… en algún otro mundo, o tal vez si las cosas hubieran sido diferentes, habríamos sido mejores amigas.

Ambas vuelven a guardar silencio.

— La extraño. — Susurra Entrapta.

— Si… si, yo también —. Scorpia ve hacia las estrellas creyendo en su corazón que las tres pudieron haber compartido semejante vista las tres juntas. — Si la estrellas fugaces existen de verdad y pudieras pedir un solo deseo ¿Cuál sería?

— Creo que... que pediria que podamos estar juntas de nuevo, y ser amigas. — Responde Entrapta.

Un par de estrellas titilan y un par de ojos ven con extraña fascinación ese cielo despejado.


— Catra, entra, la cena está lista —. Llama Ursa.

— Voy enseguida —. Catra da un último vistazo antes de entrar a la casa.


A warning to the people

The good and the evil

This is war

To the soldier, the civilian

The martyr, the victim

This is war

It's the moment of truth, and the moment to lie

The moment to live and the moment to die

The moment to fight, the moment to fight, to fight, to fight, to fight

To the right, to the left

We will fight to the death

To the edge of the earth

It's a brave new world from the last to the first

To the right, to the left

We will fight to the death

To the edge of the earth

It's a brave new world, It's a brave new world, It's a brave new world

A brave new world

The war is won

The war is won

A brave new world