*Nota Aclaratoria: En este capítulo empezarán a aparecer escenas que no habían visto... mera anotación, gracias por permanecer acá, lo valoro infinitamente.
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Lunes 9 de noviembre
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—¿Qué piensa hacer ahora? —Preguntó moviendo las hojas que tenía en las manos lentamente, estar en jurídico en ese momento cuando podría estar siguiendo el proceso previo a la detención de Pansy y el lloriqueo de todos los Slytherin de su generación, significaba una pérdida de tiempo ofensiva.
—Quiero volver a mi puesto, pero sé que no será sencillo, así que me conformo por ahora con realizar trabajo administrativo… pero quiero volver. —El hombre dejó que las gafas en la punta de su nariz se desplazaran hacia arriba alzando la cara; tenía la apariencia de un suricata que le miraba con suma atención, sosteniendo sus papeles en esas pequeñas dos manitas que le pendían a altura casi del cuello.
—Como sabe hay todo un proceso jurídico, señor Weasley, usted fue destituido por no cumplir con los estándares que su oficina requiere. —Comentó como si el pelirrojo fuera un idiota y no comprendiera nada.
—Lo sé, pero estoy dispuesto a pelear por mi puesto… sé que es posible repetir las pruebas y repetir algunos entrenamientos. —Se había inclinado en dirección al escritorio y tenía la mano derecha apoyada firmemente en él, el hombre inclinó la cabeza a un lado; ya no parecía un suricata, ahora era la viva imagen de un chihuahua.
—¿Es consciente de que repetir los entrenamientos y pruebas es un proceso largo y tedioso? —Ronald asintió, no tenía miedo de eso y sabía con certeza que debía regresar a la oficina, así que carraspeó un poco antes de añadir.
—Necesito volver al trabajo, ubíqueme donde quiera mientras tanto, haré las pruebas mientras hago labores para congraciarme. —Las pecas se le habían remarcado en el gesto adusto que decir aquello le causaba, el hombrecillo rebuscó torpemente entre hojas y empezó a enumerar sin decir ni sí ni no.
—Bueno… hay un puesto libre en San Mungo como agente de seguridad en el área de afectaciones mentales… un puesto en Saneamiento de áreas mágicas controladas… hay otro en monitoreo de uso indebido de la magia…
—¡Ese! —Golpeó la superficie lisa del escritorio con tanta fuerza que el sujeto dejó caer todos los papeles en sus manos a excepción de aquella hoja con la vacante, que le tendió con los ojos curiosos e inquietos. —Debo estar en esa oficina. —Murmuró Ronald después, como si la energía anterior se le extinguiera y diera paso a una calma seria y melancólica, tenía en el rostro una mueca de incómoda aceptación, y luego de firmar todos los documentos necesarios para su regreso y de comprometerse a repetir cursos y entrenamientos, así como pruebas y más pruebas como si empezara de cero, se fue por el pasillo rumbo a su nuevo empleo: vigilancia del uso indebido de la magia.
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Fue hasta su armario y sacó de él ropa, tenía que arreglarse y salir de ahí, todo le dolía, pero tenía la imperiosa necesidad de tomar aire, arrojó las prendas sobre la cama y volvió a su mesa de noche, de ahí tomó el vaso y bebió largo y profundamente, la poción era densa y sabía a menta, a raíces con el lodo adherido a sus nudos y recovecos, el líquido le cayó al estómago frío y pesado, y sintió de inmediato un mareo; el efecto fue profundo, la visión se le nubló y todo estaba doble, tuvo que apoyar sus manos sobre la cama y respirar lento, separó las piernas como para evitar caerse y dejó que aquella sensación espantosa le agolpara la cabeza largo rato casi sin quejarse. Tras un largo momento de hartazgo y desconcierto, se dio cuenta que empezaba a dolerle menos la espalda, la poción estaba funcionando y lo agradecía mucho; alzó la cara aún a ojos cerrados y apretó los dientes, las sienes estaban como embotadas pero no dolían, hizo muecas con el rostro, mostró los dientes e infló las mejillas con fuerza, ya no sentía la tirantez de la frente ni de la nuca, ahí donde había tenido heridas.
Al fin se concentró en lo suyo, se quitó una a una las prendas de la pijama, sí, todo seguía magullado pero ya era funcional, mientras se ponía unos jeans, blusa negra de mangas largas y cuello justo y se ajustaba un colorido chaleco rojo, daba vueltas a la idea de salir; en la puerta de su casa, tomando las llaves del platito a un costado de la puerta, pensando en lo profundamente muggle que era aquello, decidió que debía ir a ver a su madre, se puso las gafas de sol y una boina negra y echó a andar escaleras abajo. El primer escalón fue dolorosísimo, como si se hubiera roto la rodilla al descender, pero tuvo que armarse de valor y seguir, no se iba a detener por aquello, ya en la puerta del edificio encontró que había mucho sol y las gafas casi le eran apenas una protección, por la calle, caminando lentamente, se dio cuenta que era demasiado llamativa. Aquello le reconfortó.
Mientras se filtraba por pasillos y callejones para dar pequeños saltos de aparición y no acabar inconsciente del esfuerzo, por fin dio con la casa de su madre y en la puerta los elfos le recibieron con profundas reverencias y enormes sonrisas; en el pasillo rumbo a la habitación principal se dio el tiempo de pensar qué le iba a decir, porque aunque en su cabeza ya se iba formulando una trama lo suficientemente buena para hacerla funcional, por dentro, la realidad era que no tenía coartadas ni pretextos. Mucho menos cuando se trataba de su madre.
La encontró sentada frente a una mesa de juegos que solía tener cerca para cuando se le antojara, tenía en la esquina a su izquierda una taza humeante de té, en las manos sostenía una baraja y tenía muy avanzado el solitario para cuando cruzó la puerta; la luz de la ventana caía sobre su rostro y Pansy se preguntó por qué nunca le habían dicho que se le parecía, siempre habían dicho que tenía un aire a alguna tía, una prima, hasta a su abuela, pero nunca a su madre. Muchas veces aquello la irritó, porque le hacía sentir justo como muchas veces le mortificó sentirse: ajena a ella.
—¡Querida! —Alzó los ojos y le miró con una sonrisa dulce y reconfortante, Pansy sintió que le flaquearon un poco las piernas, pero se le aproximó con un paso firme y le besó la mejilla.
—¿Cómo estás madre? —Demetria sonrió cuando la sintió besarle, luego dejó las cartas sobre la mesa para ir a ponerlas en torno a su rostro delgado y aprisionarlo para verlo más de cerca.
—Esas ojeras me dicen que mucho mejor que tú, Little P… ¿por qué te has levantado de la cama?, deberías estar tendida descansando. —Pansy desvió su mirada hacia el extremo de la habitación huyéndole a sus ojos porque temía que pudiera leer en ellos, tragó saliva y fue a sentarse junto a ella sacando un bolsito del bolsillo de su pantalón.
—He dormido mucho, pero descansado poco, mamá… no te preocupes, quería venir a verte. —Aquello debió inquietarla, porque en serio Demetria se turbó con aquel comentario, Pansy siguió en lo suyo, sacó del bolsito de tela una botella del tamaño de su mano, acercó la taza de té y vació una buena cantidad del contenido del frasco en ella y le dio vuelta con la cucharilla. —Me preguntaba, si sabes algo de los muchachos. —Demetria se dio vuelta completa hacia su hija y le miró en silencio, Pansy miraba la taza de té, finalmente se la llevó a los labios y dio un sorbo largo y suave, pasando aquella poción con la lentitud de quien en serio, desea que aquello le mate.
—¿Qué ocurre, Pansy? —Quiso saber ignorando su pregunta, su hija se inclinó atrás terminando cada gota del brebaje, luego se volvió a verla, dejó la taza sobre la mesa y suspiró mirándola.
—Mama… ¿puedes confiar en mí? —Demetria asintió temblorosa e insegura y Pansy le sonrió para tranquilizarla, pero aquello sólo la hizo sentir extrañamente incómoda.
—Sí, Pansy. —Little P se esfumó de pronto y quedó frente a ella sólo la mujer que trabajaba en el Ministerio, la que había logrado buenas cosas, la que había sufrido daños severos en combate.
—Yo te quiero… a mí modo. —Se sonreía de lado, Demetria leyó en aquello como una intención más de disculparse por pasados conflictos, de zanjar rencillas previas, quizá sobre todo llevada por el haber estado tan cerca de la muerte; Demetria se acercó a su hija y la rodeó con su brazo para tenerla contra su pecho.
—Lo sé, pequeña… no te preocupes, vas a estar bien. —Pansy apoyó su cabeza en la de su madre y cuando le sujetó la mano con fuerza, apretó también con toda la que pudo; algunos minutos después empezaron a reírse de otras cosas, hablaron de cosas de chicas, recuerdos de la infancia, momentos que les habían alegrado. Como hacía mucho tiempo, Pansy volvió a sentirse bien con su madre, y aquello la reconfortó.
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No habría manera de entender ya nada de lo que ocurría, el corazón hecho pedazos era lo que le quedaba entre las manos, entre la esperanza y su realidad, miraba a todos lados y no comprendía como era posible que todo al final se resolviera, que al final estuviera viva, estuviera libre, estuviera prácticamente sana e incluso, con salpicaduras de heroína… ¿pero de qué había servido si al final del día, la había perdido?; ¿cómo poder afrontar que en medio de una victoria a medias, de un logro sorprendente, se sentía rota y vacía?
Al final… ¿había valido la pena o simplemente había entregado demasiado por nada?
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—Alguien más debe saberlo, si ella acepta, alguien más debe saberlo al final, Harry. —Hermione estaba inquieta, tanto que tenía que sincerarse, Harry levantó la taza de té y bebió con cuidado, aprovechando aquello para sopesar lo que iba a contestar, Hermione siguió hablando mientras daba vuelta a la cucharilla con la que había azucarado su café. —No podemos ser los únicos con conocimiento del hecho, es peligroso, sobre todo para cuando esto termine y sea necesario quitarle el peso de la farsa.
—Si esto llega a terminar y los tres salimos bien librados, no habrá problema, nosotros vamos a decir lo que debamos para hacer que nada la afecte, por eso no te preocupes. —Sonrió de lado, mirándola con la cara gacha y por sobre las gafas, con un gesto perverso.
—¿Qué ocurre? —Hermione se sentía sobrecogida, el gesto del rostro de Harry la asustó, mas el muchacho con los ojos fijos en ella masticó la tostada que tenía en la mano y luego carraspeó para decir.
—¿Qué asuntos te traes con Pansy? —Algo le escocía en la garganta al decir aquello, pero procuraba sonreír porque tenía que darle confianza a su amiga, sus sospechas eran cada vez más fuertes, pero quería que ella se sintiera cómoda de decirlo.
—¿Asuntos? —Hermione había dejado por completo de comer, el interés por la comida se esfumó al tiempo que cabía en su cabeza la posibilidad de que Harry tuviera alguna sospecha, tragó saliva y lo miró más fijamente para añadir. —Ella es mi amiga. —Masculló de pronto, se le salió sin saber cómo y Harry se sorprendió de aquella confesión, pero supo que su amiga estaba confesando un pequeño pecado para ocultar algo mayor.
—Cuando esto termine, si es que logramos que las cosas funcionen, sé que me hablarás con mayor sinceridad, Hermione. —La castaña bajó la cabeza hacia su comida y luego atinó a cortar algo de lo que tenía delante, se llevó un bocado y lo aprisionó entre los dientes con fuerza.
—¿Por qué piensas que no me sincero contigo? —Quiso saber con una voz trémula y extrañada, Harry también se concentró en su comida un rato, Hermione entonces se volvió a mirarlo.
—Tengo la sensación de que crees que mejor me convendría no saber. —Masculló suavemente, luego y como para zanjar el asunto, bebió de su té nuevamente, se limpió los labios con la servilleta y añadió más animoso. —Me cercioraré de dejar evidencia de lo que ocurre, de forma documental, haré una carta acorazada y la entregaré a alguien de mi absoluta confianza… te sugiero hacer lo mismo.
—Sería un bucle, Harry… la única persona de mi entera confianza eres tú. —Sonrió pensando que al menos ahora la cosa se ponía menos tensa.
—Créeme, encontrarás a alguien, yo ya tengo alguien en mente. —Hermione alzó las cejas sorprendida y Harry, que sabía lo que estaba pensando añadió rápidamente. —No, no es Ginny, esto tiene que quedar fuera de nuestro círculo cercano para mayor seguridad.
—¿Entonces? —Preguntó interesada, aquello era nuevo y le inquietaba bastante.
—He pensado en Luna, ella sabrá resguardarla y entregarla a la persona correcta cuando sea necesario. —Hermione asintió convencida de que tenía razón y luego se lamentó en voz alta.
—Te me has adelantado, me dejas sin opciones confiables. —Harry le guiñó un ojo.
—Siempre puedes darle la tuya a Ron y no decirle lo que contiene. —La mera idea de hacer aquello la hizo fruncir los labios y a Harry aquello la hizo reír con ganas.
Too much of something is bad enough
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—Tome asiento por favor. —La mujer que lo recibió en la oficina parecía tener todos los años del mundo, un cabello negro lacio y unos ojos pequeños y azules un poco velados, Ronald se sentó mirando a todos lados, había en el escritorio un montón de pergaminos apilados, un pisapapeles detenía quietas algunas hojas para hacer avioncitos de colores y un tintero lucía lleno y brillante sobre una bonita placa de madera recubierta de brillante barniz oscuro.
—Gracias. —Masculló esperando, aquella mujer lo miró largamente, como esperando a que él dijera algo, sintió el sonrojo escalar a sus mejillas. —Bueno, me dijeron que me presentara con usted.
—Señor Weasley, voy a ser muy sincera… comparado con su empleo anterior, el puesto para el que se está postulando es algo muy… vamos… —Parecía renuente a decirlo con claridad, Ron sintió que se le coloreaba de carmín la nariz. —… es demasiado poco.
—No me molestará volver a escalar, si a eso se refiere. —Intentó sonreír, la mujer le miró con la cabeza un poco gacha y las cejas alzadas, pareció decidirse y abrió la boca para sincerarse.
—Señor Weasley voy a ser muy clara, muchos menosprecian nuestra actividad, y sí, en realidad es quizá muy simple… pero voy a ser sincera, mi oficina funciona con fuerza, funciona bien y no quiero tener problemas… considero que sus pasados resultados y sobre todo su actitud, es un problema. —Ron sintió que palidecía, cerró las manos en fuertes puños que apretaron el reposabrazos en que descansaba, habría podido ponerse a gritar como un histérico, pero se aguantó porque no tenía de otra, debía quedarse con el empleo, era de vital importancia ahora más que nunca. —Así que voy a decirlo claramente, no quiero problemas, Señor Weasley, al primer problema usted se va, no le debo nada a usted ni a sus amigos, si quiere intentarlo en mi oficina lo hará bien. —Ron asintió con suavidad, los ojos desorbitados, la boca seca y los labios casi en una línea difuminada por la tensión; pareció que el primer asentimiento no había sido suficiente pues su nueva jefa calló, así que volvió a hacerlo, ahora con un movimiento más fuerte, más claro. —Muy bien, empezará ahora mismo, preséntese con Tolomeus en el escritorio 15, tenga un buen día.
La vio darse la vuelta y sujetar un compendio de hojas que estaban en una mesilla a su lado, para ponerse a leer ignorando su presencia, se sentía herido y ofendido, pero se obligó a agradecer con un asomo de voz, se levantó y se fue; por el pasillo sus zancadas sacudían las lámparas del piso inferior, cuando cerró la puerta tras de él los goznes temblaron. Qué costoso era lograr lo que se proponía.
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Iba llegando al fin a su oficina cuando vio la figura alta y corpulenta esperándola, inmediatamente sintió un golpe de infinito afecto formándose en su cuerpo hacia él, al acercarse y sentir su aroma herbal, al ver su cabello quebrado y oscuro se sintió aún mejor. Tanto alivio de una persona casi parecía una locura.
—¡Neville! —Exclamó emocionada y él se volvió para verla de frente, se estrecharon y atinó a hacerle un gesto cariñoso acomodándole el cabello de la frente, él sonrió con su rostro regordeto y su cuerpo alto, Hermione agradeció aquella presencia.
—Vine en cuanto vi tu carta, no sueles llamarme con tanta vehemencia y hace mucho que no teníamos oportunidad de cruzarnos… me alegra saber de ti. —Neville la siguió mientras entraban a su oficina, Hermione hizo una señal a su asistente, no quería que les interrumpieran por ningún motivo, una vez cerrada la puerta, la castaña hizo una seña a su ex compañero de clase para ver si quería beber algo, él asintió y Herms se ocupó de servir un par de copas.
—También a mí me alegra verte, han sido días de locos… necesitaba que vinieras, espero no haber arruinado algo en Hogwarts. —Neville recibió de manos de su acompañante la copa, un whisky, sonrió mientras se acomodaba la túnica negra que le caía sobre las piernas, negando suavemente dio un pequeño sorbo, al tiempo que ella se situaba del otro lado de su escritorio y lo imitaba.
—Descuida, tenemos actividades normales pese al descontento de los alumnos, muchos están siguiendo las noticias del ataque al Ministerio, tengo un par de alumnos afectados directamente. —Hermione aceptó aquellas noticias con la solemnidad que se requería, luego de dar ella el sorbo y respirar con suavidad, quiso ir directo al grano.
—Neville, es justo de eso de lo que quiero hablarte… te he pedido que vinieras con más razones que sólo saludarte y verme reconfortada por tu presencia. —El joven sonrió asintiendo e hizo una seña con su cabeza como para que continuara con calma, mientras se echaba atrás en su asiento. —¿Has sabido de algún movimiento interno entre tus alumnos que pueda ser sospechoso?
—Mis alumnos son jóvenes inexpertos, Hermione… lo más sospechoso que puede uno encontrar son los muchos artilugios Weasley y el que a veces los usen para fines para los que no fueron creados. —La sonrisa displicente de Neville hizo a Hermione carcajearse con una sorna que sólo de vez en cuando y a ella, él podía permitir.
—¿Recuerdas las cosas sospechosas que hacíamos nosotros durante nuestra estancia en la misma torre? —Aquello hizo al profesor de Herbología sonrojarse y carraspear con una sonrisa de embarazosa complicidad.
—Bueno, son gajes de ser alumno de Hogwarts y pues… lo mío es gaje de ser profesor ahora. —Se llevó la mano a la cabeza y se acomodó el cabello, luego de reír un poco, ambos se relajaron más, entonces pudo abrirse con plena confianza. —Hay cosas, Hermione… eso es cierto, hay cosas… no sabría por dónde comenzar, pero sí he visto cosas raras.
—¿Qué cosas? —Quiso saber mirándolo fijamente, Neville se inclinó un poco para poder fruncir el ceño con confianza, miró a un lado como buscando entre sus recuerdos algo que le hiciera poder ordenarlos como debía ser.
—Son chicos, Hermione… ¿sabes lo que le haría a cualquiera de ellos el ser puesto en la mira del Ministerio por la sospecha de uno de sus profesores?, ¿en qué mejoraría la situación por la que ya están pasando? —Hermione miraba las hojas de pergamino sobre su escritorio, Neville tenía razón en protegerlos de ello, pero ella también la tenía en intentar saber; esperó un poco antes de poder añadir sin sentirse del todo insegura de aquello.
—Me gustaría decirte que no habría riesgo, que si me dices lo que sospechas simplemente vigilaremos, porque al final son jóvenes que no entienden lo que hacen… pero luego pienso en nosotros escapando de Hogwarts en quinto curso o entrando encubiertos en él para pelear una gran batalla… son niños, Neville… pero no todos piensan, actúan o deciden como niños. —Neville asintió con seriedad, luego volvió a beber de su vaso antes de comenzar a hablar finalmente.
—Hay rumores entre la mayoría de los integrantes de Slytherin, sobre todo entre los chicos que ostentan apellidos "puros". —El tono que manejó el Jefe de la Casa Gryffindor hizo a Hermione fruncir el ceño, recordó las tradicionales rencillas entre ambas casas, la esmeralda y la carmesí y se preguntó si no sería en gran medida eso lo que también su amigo cargaba encima y le hacía ver cosas donde quizá, sólo quizá, no las había. —Ha habido más peleas entre las casas y una creciente presencia de acoso contra los mestizos o hijos de no magos… a veces la situación se siente como la de nuestra época de estudiantes.
—No puede ser bueno si las cosas ya llegaron hasta pasillos de Hogwarts. —Murmuró con la cabeza gacha, Neville asintió y añadió suavemente. —Pero seguramente es solamente la rencilla común, Neville, ¿cómo darnos cuenta de que es algo más allá de un problema normal de los conflictos de siempre entre casas?
—No estoy seguro, Hermione, pero trabajamos para que las cosas se remedien en medida de lo posible… no hay nada peor que entender que si no hacemos algo, puede ser peor. —Hermione suspiró pensando y repensando las cosas. —Ambos vimos el efecto de la rencilla entre Slytherin y Gryffindor, aún me pregunto qué hubiera ocurrido si no hubieran existido desde el comienzo… te imaginas poder departir alegremente en una reunión con los verdes sin tener un atisbo de remordimiento o sospecha…
—A veces pienso mucho en ello, Neville. —Masculló mirando a un rincón de su oficina, sentía la imperiosa necesidad de salir huyendo directo a buscar a Pansy, de saber lo que pasaba por su cabeza tras la charla con Harry, lo deseaba más que nada; Neville la observaba en silencio, esperando que dijera algo más, pero ella se quedó absorta en sus pensamientos por un largo rato que él aprovechó para ultimar su copa.
—¿Qué ocurre? —Quiso saber de pronto, mirándola fijamente, analizando sus facciones con fijeza, Hermione se volvió a mirarlo como si se hubiera olvidado de su presencia, había en el rostro de su amigo una genuina preocupación que la hizo sentir un nudo en la garganta.
—Neville… una vez te dieron un premio por oponerte a tus amigos, ¿recuerdas? —El hombretón volvió a inflarse como había hecho entonces, la sonrisa de orgullo que se le formaba en los labios era inmensa y genuina, asintió con fuerza y decisión. —¿Podrías guardar un gran secreto aunque esto significara tener que conocer una faceta mía que no conoces?
—Lo dices con una solemnidad que asusta… dudo que vayas a confesarme el ser vampiro o tener tratos con algún grupo de vendedores de sangre de unicornio, Hermione. —Neville se había terminado su copa, así que estaba un poco abierto a la broma.
—Creo que lo que tengo que contarte, quizás acabe siendo más terrible que esas dos opciones. —Sonreía cabizbaja, trémula y aquello a él no le gustó nada; al fin asintió con firmeza no sin antes pedirle que volviera a servirle algo en su copa vacía con una seña sutil, Hermione asintió y sirvió más para sí también.
Al principio creyó que sólo iba a contarle el asunto del trato secreto con Pansy y Harry, pero cuando se dio cuenta había empezado a hablar de la picadura de avispas… de pronto simplemente no podía contenerse.
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—¿Quién es?
—Tenemos que hablar.
—Un momento.
La espera fue larga, pero finalmente luego de un rato se abrió la puerta y pudo entrar, no acababa de sorprenderle que teniendo una hermosa casa, siempre buscara refugiarse en aquel departamentucho en una zona muggle cualquiera; pensar en él escondido ahí, siempre le hacía pensar en que estaba metido en cosas muy oscuras, cuando Nott abrió la puerta, le llamó poderosamente la atención que tuviera una pluma en los labios, además estaba en mangas de camisa y la llevaba arremangada por sobre los codos.
—¿Interrumpo? —Preguntó revisando el lugar, era muy el departamento de soltero de un hombre cualquiera, en un rincón había un pequeño bar, un elfo preparaba en una cocina más al fondo lo que parecía ser un refrigerio de fiambres y en una mesa redonda al centro del lugar, Nott volvió a sentarse y pareció terminar de escribir algo con premura.
—Para nada, estaba escribiendo una carta… siéntate, Pansy, un segundo. —Le dijo suavemente mientras garabateaba sobre la hoja un par de líneas más, ella se sentó con cuidado de no mover ningún papel de la mesa, miró a todos lados, había estantes en toda una pared y numerosos paquetes aún en su papel de embalaje.
—No sabía si sería prudente venir. —Confesó cuando al fin Theo se volvió a mirarla dejando de lado las hojas dobladas como para ser enviadas luego, el elfo doméstico se acercó con un servicio de té y ofreció a ambos, Pansy aceptó con un movimiento de cabeza.
—No voy a decir que me ha sorprendido verte aquí… aunque voy a ser sincero, la prudencia habría hecho que esperaras a verme en casa y no en este mi refugio. —Theo le analizó fijamente un momento, antes de añadir mientras ella daba un sorbo a su té humeante. —Casi te asesinan ese día, Pansy… estuvo demasiado cerca.
—De eso vengo a hablarte… primero quiero agradecerte por haber intervenido. —Nott negó con la mano como si le estuviera dando las gracias por cubrirle el sol cualquier día por la calle.
—Creo que habrías hecho lo mismo. —Pansy asintió, la mano le temblaba porque lo que iba a decirle le tenía muy nerviosa.
—Theo… tú estabas ahí porque…
—Porque tenía que estar ahí, salvarte lo prueba, nada más. —Atajó él poniéndose en pie y yendo por uno de los paquetes en un rincón alejado de donde ella estaba, la habitación se llenó de olor de pan tostado, ajo, jamón, aceitunas, mostaza.
—No, no tenías que estar ahí… fuiste convocado por…
—Pansy, eres una leal servidora del Ministerio, lo demostraste ese día en el ataque… ¿por qué vienes a preguntarme esto? —Theodore le clavó una mirada airada, Pansy no sabía cómo manejar aquello, así que se obligó a ser ella misma; analizó un momento la situación, no era para menos la defensiva de su compañero, por el contrario, era lo más lógico.
—Salvarme te excusa de estar ahí por mero interés propio… algo me dice que no sabías las dimensiones de lo que iba a ocurrir. —Theo que estaba de espaldas a ella levantando un paquete para traerlo a la mesa se quedó congelado, volvió sus ojos hacia ella y pareció pensarlo un poco, entonces Pansy continuó sin darle tiempo a añadir algo. —¿Tiene esto algo que ver con las cartas?
Theodore Nott se quedó de un palmo por apenas un instante, Pansy sonrió mientras se inclinaba en su asiento con una autosuficiencia que lo hizo fruncir el ceño; Pansy no sentía eso en lo más mínimo, pero debía aparentarlo, debía sostenerse en esa postura aunque fuera sólo por un momento más. Nott miró al elfo que se acercaba a la mesa con una charola de emparedados, dejando el paquete de lado fue a sentarse frente a Pansy y con la voz más tosca que antes, se volvió al pequeño sirviente.
—Níveo, sirve whisky. —Pansy tomó aquello como un triunfo en su arremetida, Nott aflojó la tensión y suspiró llevándose la mano al cabello para peinárselo y darse un respiro. —Entonces eres de las convocadas… ¿la contestaste?
—La eché a la chimenea. —El elfo le tendió la copa y ella la sujetó para dar un trago largo y fuerte que vació la copa, Nott la miraba con interés y algo de incrédula diversión.
—¿La quemaste? —Preguntó con cierto aire divertido que no pudo evitar, Pansy tuvo oportunidad de perder algo del miedo anterior, el elfo volvió a llenar su copa, mientras su amo la bebía también al completo y se la acercaba para recibir más; la mano de Nott buscó uno de los emparedados, Parkinson asintió entonces mientras lo veía comer.
—El ataque al Ministerio fue justo después de que la recibiera y la quemara, Theo… la carta volvió, pero luego nada… necesito saber si van a insistir. —La pregunta era seria, su interlocutor estaba mordiendo el emparedado con golosa mueca, ella atinó a tomar uno de la charola porque sintió que tenía que hacer algo además de observarlo comer.
—¿Y para qué quieres que insistan? —Mascaba el pan y el jamón con ánimo renovado, Pansy entonces se atrevió a decir las cosas, mucho más relajada y quizá, más convencida de que hacía lo correcto al hablar con él.
—Porque ahora sí quiero contestar. —Theo le miró con profundo interés y ella atinó a sostenerle la mirada con una sonrisa, aquello se iba tornando interesante.
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—… es necesario que vea los informes, los he dejado sobre su escritorio, también recibió una lechuza urgente de su novia, aunque no parecía muy urgente ya que el avechucho estuvo parado en la ventana un buen rato hasta que le abrí la puerta para que entrara… vino a buscarlo el profesor Longbottom, pero como no lo encontró se fue directo a la de la señorita Granger. —Gideon iba y venía de lado a lado por la oficina, Harry miraba un par de hojas con atención asintiendo a lo que le iba diciendo, se levantó las gafas de la punta de la nariz y se volvió a mirarlo con seriedad.
—¿Te trajeron los registros del Departamento del Uso Indebido de la Magia? —El chico negó con la cabeza mientras le extendía un folder color azul con rapidez.
—Pero vinieron del Departamento de Misterios a traerle esto. —Harry sujetó el documento que le tendía su asistente, entonces cayó en la cuenta de algo, así que no dejó de mirarlo como pensando si hacerlo o no.
—Gideon, ¿exactamente de qué rama de los Burke eres? —Preguntó a ello como si supiera algo de la familia, cuando la realidad era que no recordaba nada de cuando estudió un poco de historia de las familias mágicas más importantes.
—Pues… mi padre era uno de los hijos menores de la rama de los Burke que poseen parte de la tienda Borgin & Burkes… eran cuatro hermanos varones y dos mujeres, pero ellas y dos de ellos murieron de viruela de dragón hace unos años… mi padre era el menor, así que mi tío heredó la tienda. —Harry asintió al escuchar aquello, en realidad no le interesaba, su pregunta iba hacia otro sentido de las cosas.
—Los Burke son una de las últimas casas puras que existen… ¿no es así? —Gideon le miró un instante como si no lo comprendiera, luego el rostro pareció iluminársele mientras asentía.
—Ah, sí… mi familia es muy vieja, somos pocos, con parientes lejanos muy viejos y pocos jóvenes, pero sí, es verdad… de hecho, somos una de las familias que aparecía en la lista inicial de los Sagrados Veintiocho. —Hasta no decirlo, Gideon no cayó en cuenta de que tenía aquello relación con lo que estaba ocurriendo en las oficinas a su alrededor.
—¿Tienes hermanos, Gideon? —Preguntó con calma, siendo muy sutil para acercarse a la pregunta que en realidad le importaba.
—Una hermana, está en quinto curso en Beauxbatons. —Harry frunció el ceño al escuchar aquello y su asistente se apresuró a agregar. —Mi madre es de ascendencia francesa, de una muy antigua familia pura… mi hermana recibió la invitación a la academia de mi madre y mi padre creyó que sería mejor alejarla un poco del ambiente tenso en Hogwarts… a mí no me fue muy bien por ser tan puro.
—Dime algo, Gideon… ¿recibiste la carta? —Le escrutó el rostro con muchísima atención, Burke sonrió triste y desencantadamente, parecía casi dolorido.
—No, para nada… no es algo para lo que quieran a un Burke… somos tan pocos y de tan bajo renombre ya, que nadie nos considera para nada. —Harry vio cierto aire extraño en el rostro de su asistente e iba a preguntar algo, cuando la puerta se abrió de golpe y la humanidad enorme de Ronald Weasley entró con una gran sonrisa; se puso de pie, lo estrechó entre sus brazos y entonces Gideon abandonó la oficina, Harry pensó que luego tendría la oportunidad de retomar aquella conversación.
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—Neville. —Parecía escucharlo en el fondo de su cabeza, como un eco lejano, como la voz metida dentro de un coco vacío que espera abandonado en una playa a que alguien pueda levantarlo; con los ojos clavados en el fondo oscuro tras ella, pensaba y repensaba, mezclando ideas y recuerdos, así como comentarios que acababa de escuchar: recordó aquella ocasión en que Pansy Parkinson le gritara gordo y bobo en medio de un pasillo, con risas de todos los verdes como fondo y adorno magistral, hubo ocasiones en que dijo a Ron cosas horrendas sobre su situación económica y desgracia familiar, o que atacó a Harry por su pasado violento, a Hermione por su sangre… entonces miró a la castaña que le miraba expectante. —¿Neville?
Aquello, que preguntara su nombre, le hizo mirarla fijamente y volver a repetir en su cabeza las palabras que acababa de escuchar Ella está cerca de mí, me siento bien a su lado, pero no sé qué hacer, Neville, ¿qué hago?, y volvía a sentir la misma extraña angustia dentro del pecho, una terrible angustia de no saber qué decir; pero luego, se venía una verdad pasmosa y terrible que le erizaba la piel todavía más: Pansy se va a infiltrar en el grupo que planeó y perpetró los ataques al Ministerio… y soy plenamente consciente de que lo hace por miedo y lo hace también para ayudarme a mí.
—No puedes… —Murmuró mirándola fijamente, mirándola con los ojos trémulos y sacados por completo de su zona de confort, porque estaba contemplando y escuchando un imposible, algo que necesariamente no podía ni debía ser. —… no puedes pedirle que haga algo así, Pansy, nada lo justifica… ¿comprendes el riesgo que implica para ella? —Se enfocó en la parte antiética y amoral de la situación, antes que volverse a lo que más pasmado lo tenía, que era la relación de ambas y el tinte que estaba tomando tras el rompimiento de la castaña con Ron.
—Harry le propuso el plan, yo sólo estuve ahí para apoyarle. —Neville tendió la mano hacia su vaso y se lo llevó a los labios para dar un sorbo, mientras lo hacía, negaba con la cabeza mirándola fijamente, Hermione sintió aquello como una recriminación y volvió a hablar. —¿Qué se supone que hiciera, Neville?, debía decirle ahí a Harry que no podía mandarla a una misión de ese tipo, ¿así nada más?, eso le haría sospechar de mí.
—¿Sospechar de qué? —Se descubrió preguntando pasándose con fuerza la bebida, casi atragantándose, Hermione tenía los ojos abiertos como dos enormes girasoles que miran directo al sol, se le notaba nerviosa.
—Sospechar, Neville… sospechar. —Exclamó acalorada dando vuelta a su silla giratoria para ponerse en pie, el hombretón le siguió con la mirada mientras avanzaba lejos de su escritorio, moviendo las manos con premura. —No quiero que sepa lo que está ocurriendo con Pansy, Nev… no quiero que se dé cuenta.
—¿Pero darse cuenta de qué? —Preguntó, era más para confirmar lo que sospechaba que porque no lo supiera, en el fondo necesitaba que ella lo dijera claramente, con total seguridad, pero ella negó con la cabeza y rodeó por la oficina sin atreverse a mirarlo ahora. —Hermione, ¡es Pansy Parkinson!, puedo citarte cada frase hiriente, cada cosa horrenda que te dijo en la escuela… ¡por amor de Merlín, lloraste tantas veces por el acoso de esa petulante engreída! —Vio a su compañera sacudirse, enrojecer de frustración y soportar la presión lo mejor que podía, la realidad es que él era el que no creía lo que había escuchado de su boca, así que tenía que dejarlo claro, tenía que hacerla entender y entrar en razón. —Pansy Parkinson es una mala hierba, Hermione, lo sabes tan bien como yo, tú lo sabes.
—No, te equivocas, Neville, ella no es mala persona, ella no es nada de eso… tú no la conoces. —Finiquitó sacudiendo las manos de lado a lado, como si marcara una línea entre los dos a la altura de sus caderas, Longbottom se puso de pie y echó a andar hacia ella, le puso las manos en los hombros y la hizo mirarle fijamente.
—Hermione, piénsalo… ¿cuánto realmente conoces de Parkinson?... ¿por qué estás poniendo tu confianza en ella?, ¿porque te llevó sopa y cuidó de ti unos días? —Preguntó mirándola, con la serenidad metida en los ojos, intentando entender qué pasaba por aquella cabeza que siempre había considerado infranqueable e infalible.
—Porque he mirado sus ojos como veo los tuyos, porque guarda en su boca verdad… porque la he visto como nadie más, Neville. —Hermione sonreía tristemente, Neville frunció el ceño mirándola con extrañeza, sorprendido y quizá desencantado en el fondo. —Neville… ella es humana como tú y yo… yo he sentido esa misma rabia de ella, tú has sentido el mismo miedo que ella… ella es humana, como nosotros. —Aquello lo sacudió, claro que había sentido miedo, muchas veces, por muchas cosas… y sabía que Hermione siempre había ocultado cuando se enfurecía, cuando odiaba de verdad, porque no estaba en su esencia hacerlo y se lo impedía; llevó su mano enorme a la mejilla de Hermione y la acunó con cuidado, parecía mentira que se abriera justo con él, eran amigos, la adoraba, pero no tenían ese nivel de intimidad desde hacía muchos años.
—Sabes de mis muchos miedos, Hermione, tú lo sabes… —Masculló intentando sonreír, ella asintió sin dejar de sostenerle la mirada. —… ahora temo también por esto, ¿lo comprendes? —Su compañera pareció pensarlo un momento, luego asintió.
—Por eso te lo he contado a ti… tú mejor que nadie entiende lo que siento ahora… ese miedo que sientes, Neville, es el terror que siento yo. —Longbottom entrecerró los ojos pensando en sus palabras, comprendió la dimensión de lo que estaba enfrentando.
—¿Cómo te ayudo? —Quiso saber, la ex Gryffindor desvió entonces la mirada, y antes que pudiera decir algo se acercó a él y lo abrazó con mucha fuerza.
—Sé mi confidente, ayúdame a no enloquecer. —Pidió en un murmullo que se ahogó contra su pecho enorme, Neville la abrazó también con fuerza, apoyando su barbilla contra su cabeza y dando un suspiro largo y profundo.
—No sé qué vamos a hacer, pero voy a estar para apoyarte… si me permites decirlo, te agradezco y me sorprende bastante este voto de confianza. —Sonrió y sintió a Hermione hacer lo mismo, ella alzó la mirada y la fijó en el rostro de su amigo, recordó aquella noche cuando intentó contenerlos a los tres, tembloroso y empequeñecido.
—Siempre has sido merecedor de confianza, tú, el Gryffindor que fue merecedor de la espada. —Le guiñó un ojo con socarronería y Neville volvió a abrazarla fuerte contra su pecho, ya no sentía angustia, ya no sentía miedo, la quería muchísimo e iba a ayudarla, por Merlín que lo haría ahora más que nunca; la abrazó tan fuerte que creyó que la lastimaría, luego la alejó un poco y le escrutó el rostro con una seriedad salida de la nada.
—Pero… ¿en serio has besado a Parkinson? —Hermione se puso colorada hasta la raíz del pelo y entonces él soltó una pregunta muy real, pero que a ella la hizo echarse a reír divertida. —¿Y no tiene lengua bífida?... porque no me sorprendería para nada, creo que si Luna entrara desnuda, no me sorprendería nada, nada.
Y Hermione se reía por aquella ocurrencia, aunque en el fondo Neville no estaba bromeando del todo, nada, nada.
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Cuando cerró la puerta a su espalda, el movimiento de su mano empujándola fue como un tirón ardiente que le cruzó desde el hombro derecho hasta el costado del lado contrario, sólo entonces se dio cuenta que sentía el cuerpo entero aterido de dolor, fue como si de pronto los párpados le pesaran y como si la respiración empezar a costarle horrores; los pasos que tuvo que dar camino a su habitación fueron un martirio, era como tener que arrastrarse por una vereda cubierta de vidrios rotos, había sido una tontería levantarse tan rápido de la cama, incluso con la poción cada cierto tiempo, el desgaste había sido fatal. Roar salió del baño y se metió entre sus piernas ronroneando para recibirla con interés, pero a ella le dolía hasta respirar, cuando se tiró en la cama, el pequeño felino dio un salto para ponerse junto a ella, sofocada, tenía la frente perlada en sudor y se sentía incapaz de moverse siquiera para acomodarse bien en la cama.
Estaba ahí, pensando en la carta que no había vuelto a ver, pensando en que no tendría que haber salido a la calle todavía, pensando en Nott y su charla casi "casual"; con un movimiento de varita, hizo aparecer sobre su mesa de noche el frasco de la poción recetada por el sanador para curar sus heridas, ni siquiera la diluyó en agua, ni siquiera se tomó la molestia de medir la dosis, sólo la sujetó con gran esfuerzo y la acercó a sus labios para dar un trago profundo y desesperado. Casi en seguida sintió el hormigueo de alivio, pronto, en unos minutos, estaría en condiciones para dormir, miró al vacío oscuro de su habitación por un largo rato, entonces se descubrió llorando, llorando mientras pensaba en que no quería hacerlo, no quería entrar en aquel torbellino, tenía miedo, muchísimo, pero no podía negarse ya.
Odió a Potter y la forma como la convenció, vendiéndole la idea de que, si hacía esto, al final, se reivindicaría, no habría más discriminación ni miradas turbias, no más crítica, no más odio, ahora sería respetada como debía ser; era estúpido, porque ya era respetada, su trabajo le había dado un nombre, muchos ni siquiera recordaban su etapa de perversa colegiala abusadora… pero no era suficiente, siempre iba a sentir la mirada de repudio de algunos, el desprecio de otros. Pensando en aquello, tuvo que reconocer la verdad: había aceptado el plan de Potter no por reivindicarse, no para salir adelante, no para sentirse en paz. Lo había hecho para ser merecedora de Granger.
Y en la oscuridad de su cuarto, mientras le ganaba el sueño, no podía dejar de pensar en que la única razón para hacer aquello, la verdadera razón para hacerlo era que quería ganarse el respeto y el amor de Hermione, hacer cosas buenas, muy buenas, para impresionarla… y se dio cuenta también de que eso no era necesario, que debería ganársela por lo que ella era, como había empezado a hacer, que todo era un teatro inútil. Pero era tarde y estaba hasta el cuello, hundida, perdida… y mirando en la oscuridad el rostro dulce y gentil de Hermione, justo antes de quedarse dormida, no tuvo más remedio que acariciar un poco a Roar en su costado y murmurar.
—Te odio.
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