-¿Qué te puedo decir, Harry? -decía Ron, mientras iba caminando al lado de Harry para la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras-. Lo mío con Parvati es como un fuego fuera de control… Como cuando se prenden fuego todas las provincias por los incendios forestales, ¿viste?
-Sí… -Harry estaba hasta las bolas de Ron hablando de Parvati.
-Me empieza a comer la boca y me pongo re duro, amigo…
-No me interesa el detalle, Ron.
-El otro día me mandó mano en toda la chota.
-¡Ron! Callate la boca, pelotudo, que te llega a escuchar Hermione y te tira los pájaros come-pingos. No sabés como duele esa mierda.
-Bah, ya me chupa un huevo Hermione, Harry. Ya fue para mí. No existe.
-Hace menos de una semana estabas re obse con la mina stalkeándola por todas las redes y garpando para que te haga shows en Only Fans, ¿no te acordás?
-No existe más. Caput. Que la chupe. Me tenía harto siendo tan lenta. Parvati es lo mejor que me pasó, Harry. Pará que te cuento del otro día cuando me manoseó todo el guanaco en la clase de Pociones. Vos no te diste cuenta porque estabas ahí a full con el libro del Pibe…
-¿Cuándo te la vas a garchar?
-Dice que no quiere perder la virginidad todavía, que tenemos que ir de a poco. Pero me deja chuparle las tetas.
Justo cuando dijo eso último, apareció Hermione enfrente de ellos viniendo desde otro pasillo. Puso una re cara de asco y se fue a los pedos de ahí.
-¿Viste que te dije? -dijo Harry-. Yo sabía que nos la íbamos a cruzar. Esta escuela es un pañuelo, te cruzás a todos todo el tiempo. ¿Habrá venido ya el forro de Snape?
En ese momento apareció Snape justo delante de ellos, saliendo de otro pasillo.
-Vamos a ver… mmm… -el profesor se quedó pensativo, como que reflexionaba sobre lo que había escuchado-. Vamos a sacarle… treinta mil puntos a Gryffindor.
-¿Quéééééééééééééééé? -dijo Harry.
En ese momento escucharon un ruido re zarpado desde las escaleras, viniendo de los pisos inferiores.
-Sí, el dulce sonido de los rubís del reloj de arena de Gryffindor yéndose todos al carajo -dijo Snape, con una sonrisa re de hijo de puta-. Me encanta… Supongo que ni siquiera debe haber treinta mil rubís en esa cosa. Deben haber quedado con saldo negativo, como la SUBE de un Weasley -entonces se dirigió en general a todos los alumnos que estaban esperando afuera de su aula-. ¿Entramos?
Mientras entraban, Harry se quedó mirando a Malfoy, que cursaba esa clase con ellos. El pibe no había ni sonreído con el bullying que acababa de hacerles Snape. En otros tiempos hubiera estado jodiéndolos una hora después de eso, pero esta vez siguió serio y en su mambo, se metió en el aula y se fue a sentar con su amigo Goyle, re en la suya.
Harry vio que Ron iba a sentarse con Parvati, y él fue para donde estaba Hermione, que lo miró con cara de culo pero lo dejó sentarse al lado de ella.
-¿No te parece raro que Malfoy no le festejó la joda a Snape? -le preguntó Harry a su amiga en un susurro.
-Debe seguir mal por la muerte de su amigo Crabbe, ¿no te parece?
-Nah. No tenés idea, Hermione, esto tiene que ser otra cosa.
-Solamente porque vos y tu amigo, Harry, tengan el rango emocional de Juan Darthés, no significa que Draco también.
-Paráááá, amiga, ¿estás poniéndonos por debajo del Jimenero de Malfoy? ¿No te das cuenta que se hizo un tattoo de la Mona Jiménez?
-Según vos, Harry -dijo Hermione, fría.
-Ron no es tan malo, che…
-No vuelvas a hablarme del pajero chupa-tetas ese, ¿estamos? -susurró Hermione, re furiosa, sacando su libro de Defensa de la mochila con la re brusquedad-. No existe más para mí. Nunca más voy a hablarle a ese pelotudo.
-Pero Hermione…
-Potter, ¿por qué no venís acá al frente? -dijo Snape entonces, y todos se quedaron callados-. Quiero que nos cuentes a toda la clase ese chisme espectacular que me imagino que estabas compartiendo con Granger.
Toda la clase empezó a cagarse de risa en susurros mientras lo miraban.
-Estoy seguro de que todos se mueren de ganas de conocer la vida sentimental de tus amigos, Potter -dijo Snape, y todos se rieron ya en voz re alta, sobre todo los de Slytherin. Todos menos Draco, que seguía en su mambo. -Contanos, ¿qué pasó esta semana? ¿Weasley ya aprendió a ponerse los preservativos?
Pansy Parkinson empezó a reírse tan fuerte que se puso toda roja.
-Sí, profesor -dijo Harry, mirando a Snape re serio y con cara de orto-. Estuvo aprendiendo a ponérselos porque tu vieja le dijo que no quería arriesgarse a volver a tener de hijo a otro tumor inabortable retrasado con el feto muerto de su gemelo en la nariz y el pelo más grasa que hijo de L-Gante con Nathy Peluso.
Todos los que un minuto antes se estaban riendo se quedaron en silencio y boquiabiertos de la sorpresa. Se hizo un silencio que se extendió por toda el aula. Hermione estaba boquiabierta con cara de terror.
-Un googolplex de puntos menos para Gryffindor -dijo Snape muy despacio, sin despegar sus ojos negros de Harry-. Potter, detención en mi despacho desde el próximo sábado… y todos los sábados hasta que termines tu educación mágica… si es que alguna vez la terminás… a las ocho de la noche. Ahora todos abran sus libros en la página trescientos noventa y cuatro…
A la salida de la clase, Hermione lo cagó a pedos.
-¿Sos pelotudo, Harry? ¡Ya no vas a poder ir a las reuniones de Francella ni a las fiestas en el Gran Salón, ni siquiera a tus clases particulares con Darín!
-Mirá, Hermione, no me hinches las pelotas -dijo Harry, re caliente-. Me chupan bien la pija Darín, Francella y Facundo Arana, todos juntos. Me pudrió esta escuela de mierda.
-¿Qué decís?
-Es todo una mierda. No nos dan ni comida, me mandan a garcharme a Julieta Prandi que es imposible, vos y Ron no se hablan, ahora tengo que pasar también todos los sábados con el forro hijo de mil puta de Snape…
En ese momento, Snape apareció justo delante de ellos, viniendo de doblar por otro pasillo. Revoleó los ojos con cansancio.
-No existen más puntos que pueda descontarle a tu casa miserable, Potter, creo que no van a poder salir del saldo negativo hasta dentro de tres generaciones… Vamos a agregarte detención también los domingos. Misma hora que los sábados, en mi despacho.
Y siguió caminando, ondeando su capa tras de sí.
Harry le dio una patada a una estatua con todas sus fuerzas, se fracturó tres dedos del pie y terminó en la enfermería.
…
Esa madrugada, Harry estaba solo en la enfermería, que daba más tristeza que el hospital Pirovano. La camilla donde estaba acostado tenía los hierros sobresalidos y oxidados y el último chico que había entrado ahí por un dolor de muelas esa tarde acababa de morir minutos atrás.
Harry vio cómo se llevaban el cadáver y cerraban la puerta de la sala, dejándolo solo. Entonces empezó a sumirse en pensamientos oscuros sobre todo lo que estaba pasando ese año en la escuela…
Necesitaba saber qué tramaba Malfoy. Era urgente. No podía esperar más. En cualquier momento, el pibe iba a hacer algo. Pero… ¿qué?
Entonces se le ocurrió una idea: ¡Dobby! Ella iba a ayudarlo. Dobby era una empleada doméstica, una mujer paraguaya de cuarenta y siete años re pobre que antes laburaba limpiando y cuidando a los pibes en lo de los Malfoy, y que Harry quiso "liberar" en segundo año… El flaco presentó una denuncia en la AFIP, que intimó a los Malfoy a pagarle los aportes, ellos se negaron y la rajaron a la mierda. Desde ese día, Harry le decía a todo el mundo que la había "liberado", y la mina lo odiaba y le tenía toda la bronca por haberla hecho perder el laburo, pero como hablaba para la mierda porque nunca había ido a la escuela y además hablaba medio en guaraní Harry no le entendía nada y pensaba que estaba re feliz.
Aunque Harry nunca lo supo, la mina habló en Hogwarts para tratar de que lo echaran del colegio, y para calmarla un poco le dieron laburo en las cocinas. Desde ese día, Harry creía que ella lo amaba y cada vez que la veía la saludaba re feliz, mientras ella lo re puteaba y le deseaba la muerte.
Harry sacó su celular del bolsillo, buscó a Dobby en Whatsapp y le tiró un mensaje.
"Ke paza, Jarry", le puso Dobby, que escribía para la mierda.
"Podés venir? Estoy en la enfermería".
"Ok. Llendo".
Dobby apareció mágicamente al lado de la cama de Harry. Su contrato de "trabajadora particular semi-esclava", como se le decía a ese trabajo en el mundo mágico argentino, le permitía aparecerse y desaparecerse en cualquier lado, por si hacía falta limpiar algo rápido.
-¿Cómo andás, Dobby?
-Lá puta, este pendejo de balde que no liga ni túke… -la mina hablaba todo rápido y para adentro y encima que usaba todas expresiones paraguayas ni se le entendía lo que decía.
-Sí, sí, gracias, no hace falta que me des más las gracias por todo, Dobby -le dijo Harry, re sonriendo-. No me debes nada… Aunque bue, la verdad, sí me vendría bien un favor en este momento, ¿sabés?
-Este vyro tuja tovatavy, curepa… -la verdad es que la mina quería mandarlo a la mierda, pero ahora que era empleada de Hogwarts técnicamente los estudiantes eran sus amos, así que tenía que obedecerlo.
-Sí, Dobby, de nada, de nada… Escuchame, quiero que investigues a Malfoy. Cada movimiento que hace, a dónde va, qué come, qué caga, cuánto caga, qué tan mal huele su mierda…
-Añamechu, este puñetero pretende que Dobby le espíe al otro vyro. Tekaka la eréa…
-Dobby, ya te dije que no hablo taka-taka -dijo Harry-. Pero no tenés nada que agradecerme, ¿dale? Ahora obedeceme, por favor.
Dobby estaba tan indignada que agarró una lámpara de la mesa de luz y empezó a darse con todo en la jeta con ella, gritando de la rabia que le provocaba la actitud de sorete egoísta de Harry, mientras se golpeaba a sí misma re sacada.
-¡NO, DOBBY! -Harry saltó para sacársela-. ¡Basta! ¡Ya no tenés que castigarte! ¡Sos una empleada doméstica libre!
La posta era que de libre no tenía nada, porque ahora tenía un contrato con Hogwarts que era todavía peor que el de los Malfoy, pasa que Harry no entendía una goma. Temblando de la bronca, la mina lo fulminó con la mirada mientras agarraba una lapicera de su bolsillo y escribía algo en una libretita. Harry espió para ver las anotaciones: "Mirar kaka del chiko Malfoi".
-Eso es todo, Dobby, avisame en cuanto tengas noticias.
-Pedazo de tarúpido arruinado… -la mina trató de hablar más lento, para que Harry le entendiera-: Amo Potter, el añamemby… el pibe Malfoy, éh el hijo de la antigua casa de Dobby… Va a ser difícil para Dobby poder…
-Dobby, ¿yo te pregunté qué tan fácil o difícil iba a ser?
-No, amo. Disculpe…
-Disculpe la chota -dijo Harry-. Vos te estás abusando ya conmigo. Soy bueno pero no boludo, Dobby. Ahora agarrá esta lámpara y date un buen par de golpes en la jeta.
Harry le pasó la lámpara de nuevo, y la mina volvió a darse golpes en la cara con ella.
-¿A…Así está-está bien se… señor?
-Sí, ahí está bien… empleada doméstica de mierda.
Dobby se giró sobre sí misma y se desapareció.
-Estoy del orto, la puta madre -dijo Harry en voz alta, solo-. No me aguanto más a nadie. Al próximo pelotudo que entre por esa puerta le rompo la cara a piñas.
En ese momento se abrió la puerta de la enfermería y entró Hermione.
-Hermione, ¿qué hacés acá?
-Harry, vine a verte -Hermione llegó hasta la cama y se sentó en el borde-. ¿Es un buen momento?
"A menos que hayas venido a mostrarme las tetas, es un momento de mierda", pensó Harry, pero pensó que era mejor no decírselo.
-Vine a hablar con vos -dijo ella-. Imaginé que ibas a estar despierto mirando reels, jugando algún jueguito del celu o alguna de esas cosas de pibe looser. La cosa es que necesito hablar con alguien, y vos sos mi amigo…
"Uhh, ahora qué mierda le pasa a la pelotuda esta…", pensó Harry, pero de nuevo se quedó callado.
-Tengo que hablar con vos de… de sexo.
"¿De sexo?", pensó Harry. "Bue, más vale entonces que hayas venido a pedirme perder la virginidad conmigo, porque si no te podés ir bien a la concha amarilla de Crookshanks".
-Me estoy cogiendo a McLaggen -dijo Hermione.
Harry asintió lentamente, mordiéndose los labios con cara de sufrimiento.
-Ay, pobre Harry, ¿te duele mucho el pie? Tenés cara de estar sufriendo tanto…
-No te haces una idea -alcanzó a decir Harry. ¿Ésta la estaba poniendo y él no?
-Como te decía, me lo estoy garchando -dijo la piba-. Para convencerme de que Ron ya fue para mí. Ya fue posta. Nunca más ese tarado. O sea, la verdad que McLaggen es un pelotudo, pero…
Harry se puso a escuchar toda su sarta de pelotudeces de mujeres que no le importaban una mierda, tratando de aguantarse las ganas de mandarla al recontra carajo. ¿No veía que Harry estaba del orto? ¿Qué mierda le importaba a él si se estaba garchando a Peeves?
-…Además, nunca te dije… -seguía la flaca-. Vos sos mi amigo y debí haberte contado. Seguramente te vas a sorprender mucho, Harry, pero yo… yo… tengo un Only Fans…
-¡No me diiiigaaas! -Harry puso una cara como de sorpresa totalmente falsa-. ¡Qué increíble, Hermione! -sonó más falso que surfer boliviano.
Después de un discurso que duró una hora y media, Hermione decía:
-…Así que voy a ir con McLaggen a la fiesta de Navidad del sábado que va a dar Francella en su despacho. Va a haber un montón de celebridades: vienen Paredes, Icardi, Wanda Nara, Flor Vigna, Yanina Latorre, More Rial, Nicki Nicole…
-Qué, bueno, Hermione -dijo Harry, re resentido-. Lástima que yo tengo castigo con Snape…
-Ay, sí, Harry, me das una lástima… -dijo Hermione, aunque tenía el celular en la mano y se mandaba mensajes con McLaggen mientras sonreía, y tenía cara de que el sufrimiento de Harry se lo pasaba bien por toda la raya del orto-. Ron está con Parvati, seguro están ahí re dándole matraca todo el día… Yo estoy garchándome a McLaggen… A Ginny me enteré que Dean Thomas se la está re culeando a lo loco todos los días sin parar… -decía todo eso mientras escribía en su celular a toda velocidad, sonriendo, re en otra-. Vos sos el único que no la pone, Harry…
Al final terminó de escribir y se quedó ahí sonriendo, como si se hubiera olvidado de qué hacía ahí.
-Bueno me voy, Harry, que andes bien, gracias por escucharme, sos re buen amigo -y le dio unas palmaditas en el pie de los dedos fracturados, haciendo que Harry quedara boquiabierto y con los ojos apretados por el dolor, pero ella no se dio ni cuenta-. ¡Nos vemos!
Y se fue a la mierda.
…
El sábado siguiente, todos estaban en la fiesta de Navidad de Francella pasándolo re bien. Bueno, todos los del "club de los favoritos del Guille", por lo menos. Esos que pudieron ir ahí, como Hermione, pudieron disfrutar de una cena elegante con comidas caras e invitados famosos. Después la negrada se juntó en el Gran Salón para bailar cuarteto y cumbia villera mientras chupaban vino del tetra. Ahí estaba Ron con Parvati. Harry, en cambio, fue el único que no pudo festejar Navidad en ningún lado y en cambio lo pasó en el despacho de Snape ordenando unos ficheros llenos de polvo que databan del año 1945.
-Y esta caja de acá tiene los ficheros de los alumnos que le tocaron el culo a alguna profesora durante el primer gobierno de Perón -le decía Snape, acercándole una caja enorme-. Quiero que los ordenes por número de documento del alumno, y cuando termines los vuelvas a ordenar todos por orden alfabético del apellido, y cuando termines los vuelvas a ordenar todos por altura del alumno, y cuando termines los vuelvas a ordenar todos por fecha, y cuando termines los vuelvas a ordenar todos en el mismo orden en que estaban al principio de todo. Le puse un encantamiento a la puerta del despacho que la cierra mediante magia hasta que hayas hecho todo exactamente como te lo dije, y no va a dejarte salir de acá hasta que hayas terminado… Yo le calculo que unas cuatro o cinco horas, porque además los ficheros tienen un encantamiento explosivo que va a hacer que salgan volando por el aire desparramándose por todo el despacho una vez cada diez minutos… Bueno, suerte con eso, Potter, yo me voy a la fiesta de Francella.
Snape se acomodó el smoking ante un espejo de cuerpo completo que había en la pared.
-Qué le vaya bien, profesor -ironizó Harry, lleno de ira-. Abríguese bien, no vaya a agarrarse un resfriado -se rascó la nariz, con toda la bronca.
Snape entendió el doble sentido sobre su nariz, pero no dijo nada, se fue del despacho y cerró de un portazo.
Harry tardó más de siete horas en acomodar los ficheros. Tuvo que intentar como mil veces ordenarlos en menos de diez minutos, pero era imposible, salían todos volando por todos lados. Por momentos se daba por vencido y se quedaba ahí sentado mirando la pared en ese despacho oscuro, frío y lúgubre, con el sonido que le llegaba de lejos de las fiestas que estaban teniendo lugar en toda la escuela. Encima Snape había puesto un encantamiento que bloqueaba la señal del 4G, así que ni siquiera tenía internet en el celular.
De pedo logró acomodar todos los ficheros a las chapas en un momento, en el orden que le faltaba, y la puerta del despacho se abrió.
-Se va a la mierda…
Harry salió de ahí a toda velocidad, con el cagazo de que la puerta fuera a cerrarse de nuevo. No fue sino hasta que corrió hasta dos pisos arriba de ese que ya se sintió más tranquilo.
Miró la hora: las tres y media de la mañana. Ya no tenía sentido querer ir a ninguna de las fiestas. Ya debían estar todos ebrios en el piso o garchándose a alguien en las habitaciones. Si caía ahí solo y todo careta iba a ser para pasarlo mal. Decidió irse a la pieza a dormir, ya fue.
Mientras subía las escaleras al siguiente piso todo de mal humor, Harry escuchó unas voces sospechosas, unas voces que, como él, estaban lejos de la fiesta, más adelante en ese pasillo desértico…
Harry sacó la capa para volverse invisible de la mochila y se la puso. Entonces empezó a acercarse en puntitas de pie para que no lo escucharan…
Había dos figuras allá adelante, pero estaba muy oscuro para verlas. Alcanzó a escuchar una voz muy familiar hablar…
-¡Él me eligió a mí! ¡A mí! -era la voz de Draco Malfoy-. ¡Esta es mí misión! ¡Yo tengo que hacerlo!
Entonces una voz femenina respondió:
-¡No seas idiota, Draco! ¡No vas a poder hacerlo! ¡Tenés que dejarme que te ayude!
Harry se acercó más. ¿Quién era la mujer con la que hablaba Draco? ¿Quién…?
Se acercó tanto como se animó, con el corazón latiéndole a toda velocidad… Pero no reconoció a la mina. Era una señora grande, medio vieja, rubia teñida… No la había visto en su puta vida.
-¡Es mí misión! ¡Mía! -repetía Draco, como histérico-. ¡No voy a fallarle!
-¡Ya le estás fallando! -dijo la mujer, que sonaba re turbia-. ¡El amo no puede seguir esperándote! ¡Si no vas a cumplir la misión, tenés que dejar que yo me encargue…! ¡Que yo te ayude…!
-¡No! -gritó Malfoy, re sacado. ¿Estaba… llorando? -Yo… Yo puedo… Estoy teniendo muy buenos avances…
-¿Muy buenos avances? -la señora largó una carcajada cruel-. Bueno, más te vale, pendejo… O ya sabés… Tu familia va a ser boleta.
Y la mina se fue caminando a toda velocidad justo para donde estaba Harry.
Entonces Harry se quedó como piedra, pegado a la pared, viendo a la señora esa pasar caminando justo por delante de él… Sintió todo un re escalofrío. Esa mujer tenía cara como de Voldemort, o sea así re turbia, re oscura, daba un re cagazo. Por un momento pensó que iba a girar su horrible cara hacia él y lo iba a mirar fijamente o algo así, pero por suerte eso no pasó. La mina siguió caminando y desapareció por las escaleras.
"El Mapa del Vigilante", pensó Harry al toque. "Saco el mapa y me fijo ahí el nombre de la vieja esta".
Abrió la mochila y empezó a revolver todo, pero no lo encontró. Lo había dejado en su pieza como un pelotudo.
Empezó a caminar para allá re rápido, pero después de haber cruzado ese pasillo fue bajando la velocidad…
Ya fue. La vieja esta ya iba a haberse ido a la mierda para cuando hubiera llegado a su pieza y agarrado el mapa. No tenía sentido.
Empezó a caminar más lento y en esas vio a Ginny. La piba volvía de la fiesta con Dean Thomas, de la mano, los dos re felices y sonriéndose mientras se daban picos y se miraban a los ojos, una mezcla entre románticos y alcoholizados…
Harry se acercó a Ginny y le pellizcó un pezón a través de la capa para hacerse invisible. No lo hizo de pajero ni por nada sexual. Fue un acto de bronca.
-¡AY! ¡DEAN! -gritó Ginny, masajeándose la teta, adolorida-. ¿Qué hacés, tarado?
-Nada… ¿Qué pasó?
-Ay, qué boludo, me dolió… Ay, me voy a la cama.
Ginny se separó de él y se fue a la pieza re caliente, sin dejarlo defenderse. Dean se quedó ahí parado sin entender qué mierda había pasado para hacerla enojar así de la nada…
Harry sonrió y siguió caminando para su pieza también, pero un poco más contento.
