Harry voló a toda velocidad hasta la Sala Común de Gryffindor, empujando pendejos para pasar, subiendo escaleras a los re pedos…
Entró y corrió hasta donde estaban Ron y Hermione, que levantaron la cara y se lo quedaron mirando así todo transpirado y loquito, con las bocas re abiertas.
-Harry, ¿qué…? -empezó Hermione, pero Harry la interrumpió, re sacado:
-¡NO HAY TIEMPO! -le gritó en la jeta, escupiéndole toda saliva encima-. ¡Me escapé con la excusa de que venía a buscar mi capa para hacerse invisible, pero en realidad fue para hablar con ustedes, o sea, la tengo conmigo la capa, escuchen, esto es re importante, escuchen bien, miren no tengo tiempo…! ¡No…! ¡Ay!
Harry se quedó con los ojos en blanco y cayó de espaldas al piso, desmayado.
-¡Harry!
Ron y Hermione corrieron y se pusieron uno a cada lado de él.
-¡Harry, despertá! -gritó Ron, sacudiéndolo.
-Está desmayado, ¿qué pudo haber sido tan groso para que le pase esto?
-Es como si acabara de vivir demasiadas emociones tremendamente zarpadas que terminaron haciendo que se desmayara -dijo Ron, pensando a toda velocidad-. Diría que acaba de conocer a Messi o algo así, pero na, es imposible…
-Harry dijo que no tenía tiempo y que tenía que decirnos algo urgente -dijo Hermione, desesperada-. ¡Tenemos que ayudarlo…! Este es mi momento para demostrar mi lealtad… Este es mi momento de importancia en la trama, como cuando en primer año todos nos sacrificamos para que Harry pudiera pasar todas las pruebas y llegar al final ante el espejo del OJETE, donde estaba el Piedrazo Filoso…
-Pero, ¿qué podés hacer? -dijo Ron-. ¿Cómo podés reanimarlo de una forma que demuestre tu lealtad y que sea compatible con el sexto año en Hogwarts, donde somos unos adolescentes mucho más grandes y que ya no jugamos al truco ni andamos en esas giladas de las pruebas esas de cuando teníamos once años?
-No mires, Ron… -Hermione entonces se bajó el cierre de su pantalón de jean. Ron quedó petrificado, aunque desvió la mirada como ella le pidió. Y entonces Hermione agarró una mano del desmayado Harry, se la llevó adentro del pantalón e hizo que Harry le tocara toda la concha.
Al toque, Harry abrió los ojos de par en par y se sentó en el piso.
-¡Wow, funcionó! -dijo Ron, sonriendo-. ¡Funcionó, Hermione! Che, Hermione… Ya está, ya… Ya funcionó, ya fue.
-Ah, sí, sí -Hermione se sacó la mano de Harry del pantalón y se volvió a subir el cierre, nerviosa-. Ejem… ¿Qué te pasó, Harry?
-Gracias, Hermione, ya estoy bien -Harry respiró hondo y miró a sus dos amigos-. Escúchenme bien: Malfoy planea algo re turbio. ¡Esto es posta! No discutan ni me interrumpan. Lo escuché decir que va a ser hoy, esta noche, y además dijo que hay algo, alguna cosa, que necesita y que está acá mismo en Hogwarts. No sé qué va a hacer, pero seguro es algo re malo, malísimo, y hay que detenerlo. Yo no voy a estar, porque tengo que irme con Messi a Parque Patricios a descubrir la identidad del anti-messias, me está esperando afuera…
-¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?! -la boca de Ron quedó abierta hasta el piso de la envidia.
-…Y mientras no estoy, quiero que patrullen todos los pasillos y que reúnan a todos los ejércitos que armamos el año pasado: el Ejército de Dumbledore, la Armada Elba Gina y la Agrupación Supermerk2 feat. Los Palmeras. Ron, si tienen éxito en detener a Malfoy, te prometo que te consigo una camiseta firmada…
Ron se dio un golpe en el pecho y se puso recontra derecho mientras hacía un gesto como de militar obedeciendo una orden con la mano en la cabeza.
-¡Señor, sí, señor!
-Buenísimo. Y a vos, Hermione, te prometo que te consigo un desodorante para conchas, que me quedó un terrible olor a pescado muerto en la mano. ¡Gracias, amigos! ¡Nos vemos!
Harry salió corriendo de la Sala Común a las chapas y se puso la capa para hacerse invisible mientras corría. No paró hasta llegar al vestíbulo, donde Darín lo esperaba.
-¡Acá estoy! -susurró Harry, re agitado.
-Joya -dijo él, que no podía verlo-. Vení conmigo.
Harry caminó al lado del director, intrigado. ¿A dónde se habría metido Messi? Pero entonces vio un auto re de alta gama espectacular estacionado cerca de la salida, con los vidrios todos polarizados. Tenía que ser él.
-¿No se Aparece? -le preguntó Harry a Darín, fascinado.
-No, usa lo mínimo de magia posible -explicó Darín, serio-. Le gusta mantener un perfil bajo. Nos vemos más tarde, Harry… Espero que vuelvas con esa evidencia… o ni te gastes en volver.
Darín se fue, caminando de vuelta al edificio del colegio con las manos en los bolsillos, de espaldas. Harry pensó que a veces el tipo era tremendo hijo de puta, pero capaz que no era el villano, como tanto decía Hermione, si no que era solo su personalidad bien de mierda que tenía.
Y Harry se acercó solo al tremendo cochazo, que atrás decía Porsche, alumbrado por los últimos rayos de sol de la tarde, por ese atardecer fascinante que se cernía sobre él como un manto de cielo sangrante, dando paso a una noche que iba a ser como ninguna otra…
Se subió al asiento del acompañante y cerró la puerta. Nunca había estado en nada tan lujoso en su vida. Entonces vio al asiento del conductor y se le frunció todo el culo. Messi estaba sentado ahí, con una campera deportiva y unos lentes para el sol Hawkers re facheros, de su propia línea.
-Abrochate el cinto, Harry -dijo Messi mientras miraba para adelante, con esa cara de ser la persona más espectacular del universo-. Aunque estemo' yendo a una misión donde los dos podemo' morir, no significa que no tengamo' que respetar las leyes de tránsito, ¿sabés?
-Wow -Harry se abrochó el cinturón, impresionado por todo lo que era Messi.
¿Una misión donde los dos podían morir, había dicho? ¿Estaba yendo con Messi en un cochazo a una misión donde los dos podían morir…? Fuaa… ¿Había algo más copado y buena onda en esta vida que esto?
El Porsche aceleró y agarró por la avenida Pasco, en dirección a Temperley.
Messi apretó el acelerador hasta el máximo permitido y frenó cuando llegaron al primer semáforo. Se ajustó sus gafas, re serio.
-Harry, ¿'tás preparado para esta misión? -le preguntó, siempre mirando al frente.
-Ehhh -Harry estaba tan emocionado que no podía ni hablar-. ¿Qué tenemos que hacer, Leo? Darín me explicó algo, pero me olvidé todo en cuanto te vi aparecer, para serte sincero.
El Messias esbozó una media sonrisa y arrancó otra vez, con el semáforo en verde. Resultaba impresionante ver a un argentino respetando las leyes de tránsito. Era alguien de otro mundo...
-Yo te explico, Harry -dijo Messi, pasando por el bajo nivel, bajo las vías del tren, y cruzando después el centro de Temperley hasta doblar por Dorrego-. Lo que pasa acá es que, ¿viste que capturé a Perón hace un par? No sé si te acordá'…
-Síííí, obvio -dijo Harry, viendo como Dios seguía por Dorrego hasta hacer una curva por Richieri y otra por Monseñor Piaggio, antes de mandarle derecho por Molina Arrotea, pegándole para el centro de Lomas de Zamora.
-Bue, lo que pasó fue que…
Pero Messi se quedó callado, porque un pelotudo acababa de cruzársele por adelante y lo obligó a clavar los frenos. Messi bajó la ventanilla, re caliente.
-¡¿SO' PELOTUDO, FLACO?! -le gritó, haciéndole gestos con la mano.
El del otro auto también frenó y se iba a bajar, re caliente. Pero cuando vio quién era el que le hablaba se quedó ahí quieto, con la boca abierta hasta el piso en una cara re graciosa.
-¿QUÉ MIRÁ', BOBO? -le gritó Leo-. ¡ANDÁ PA' ALLÁ! ¡ANDÁ PA' ALLÁ, BOBO!
Y volvió a arrancar, derrapando el Porsche y siguiendo de largo.
A Harry casi se le escapa una lágrima de la emoción. No podía creer lo que acababa de presenciar. Ese momento valía más que su vida.
Messi llegó al centro de Lomas de Zamora y agarró por Camino Presidente Juan Domingo Perón, siempre para el Norte.
-Esta calle con este nombre de mierda, todavía nadie lo cambia… -tiró el Diez, que había quedado caliente pero se fue calmando-. Bue, Harry, como te decía, despué' de que derroté a Perón me fui a Francia, donde estaba en ese momento, pensando que todo ya estaba bien, que ya no había ningún villano ni nada por acá, ¿viste?
"Pero ahora me habló Darín pa' decirme del loco este que apareció. Así que no pude decir que no. Le dije a Ricardo, 'mirá, amigo, mi compromiso con la Argentina es total. Si me necesitan, yo voy'. Así que vine, ¿'tendés?
-Wow, sos mi ídolo -dijo Harry-. ¿No me firmás una camiseta, Leo? Es para mi amigo Ron.
Harry había hecho dos cosas al volver corriendo del despacho de Darín: una fue ir a la Sala Común para avisarles a Ron y Hermione del plan de Malfoy; y la otra fue pasar por la Sala de Trofeos, donde se choreó dos camisetas de la selección para que se las firmara Leo.
-Sí, no hay drama -dijo Messi, que aprovechó el semáforo para agarrar el fibrón que le pasaba Harry y firmarle la camiseta.
-Mil gracias, Leo. Y esta otra para mí, si no te jode.
Harry se guardó las dos camisetas en la mochila con una lágrima cayéndole del ojo, mientras el semáforo cambiaba de nuevo y Leo aceleraba.
-¿Y cómo vamos a hacer para atrapar al anti-messias?
-Es fácil, Harry, es como cuando jugás un partido contra Francia -Messi se ajustó los lentes y aceleró por la misma calle, siempre todo derecho-. La clave es conocer al rival, conocer cómo piensa, cuále' van a ser sus movimiento'. Si vos tené' claro eso, e' una boludés, ¿entendés? No pasa na'.
"Mirá, el chabón este que me contó Ricardo tuvo una infancia re difícil, ¿viste? El padre lo cagaba a palo', el hermano lo cagaba a palo', por eso se volvió así de loquito. Desde chiquito mató a otro' nenes, era re violento el guacho. La familia lo volvió así. No podemo' cambiar la infancia del pibe, ya 'tá, ahora con todo lo que hizo no queda otra. Tenemo' que ir y vencerlo. Pero sabiendo eso que te digo, podemo' saber como piensa el pibe, ¿entendés?
Harry escuchaba con más atención de la que puso en sus seis años de educación mágica todos juntos, fascinado. Aunque ya tenía las camisetas firmadas, ahora estaba pensando en cuándo sería un buen momento para pedirle una foto. No quería quedar re pesado.
Después de un rato llegaron al Puente De La Noria. Lo cruzaron y siguieron por ahí todo derecho, hasta que Messi empalmó con la Autopista Dellepiane, se subió y le metieron por ahí todo derecho para el lado de CABA.
-Pero no es una justificación eso, Harry -decía Messi ahora-. Vos so' un pibe huérfano, la peleaste desde chiquito con tus tío', tuviste una infancia de mierda también, ¿o no? Y mirá cómo te convertiste en un buen pibe. Darín dice que so' buena persona, que sos buena gente. Es má' importante eso que lo de ser El Elegido, Harry, eso tenés que tener claro vos.
Harry no podía creer que Messi le estuviera diciendo eso. Messi lo estaba coucheando... Era increíble. No caía todavía, se sentía como si fuera todo irreal.
-Vos y yo vamo' a ser un equipazo, Harry -siguió Messi, mientras agarraba ahora por la 25 de Mayo-. El Elegido y el Messias. El que la profecía dice que es la fuerza del bien, o sea yo, y el Wachín que Sobrevivió, o sea vos…
Llegaron finalmente a la puerta del Instituto Bernasconi, en Villa Crespo. Ya era totalmente de noche y los faros del auto alumbraban el gigantesco edificio que tenía como tres pisos y ocupaba como una manzana entera, todo enrejado y rodeado de un parque. Harry imaginó que de día debía ser un edificio bastante lindo, pero ahora de noche daba un julepe que te cagabas encima.
Messi apagó el motor del auto y se escucharon unos grillos en la noche. Por fuera de eso, era todo un silencio abismal.
Entonces Leo apoyó una mano arriba del volante y se giró para encarar a Harry, a punto de darle un discurso… A Harry se le puso la piel de gallina. Fue como si estuvieran a punto de jugar el partido de sus vidas y el capitán estuviera por dar las palabras motivacionales.
-Bue, Harry, se nos viene un partido difícil -le dijo-. Ya te hablé del rival, sabemo' que el tipo está preparado, que viene de matar a un montonazo de magos y brujas… No hay que subestimarlo. Va a ser un rival complicado, pero vo' y yo venimos de derrotar a Cristina y a Perón, y esta noche vamo' a estar los dos junto', peleando juntos…
Harry sentía que iba a desmayarse. El corazón le iba a explotar en cualquier momento.
-Como te dije, vamo' a ser un equipazo, y si trabajamos duro creo que tenemo' buenas posibilidades contra este rival. Va a ser difícil, pero hay que ponerle huevo, hay que salir a la cancha y darlo todo, Harry.
-Obvio, Leo… -dijo Harry, llorando mientras asentía con la cabeza.
Messi se guardó el celu en el bolsillo, se sacó los lentes con un efecto re de canchero mal y le guiñó un ojo a Harry.
-Vamo'.
Y se bajaron los dos del auto al mismo tiempo, cerrando la puerta y caminando hacia las rejas que rodeaban el edificio los dos juntos, como un tremendo equipazo de la re putísima madre...
Messi le tiró un alohomora a la puerta de las rejas y se mandaron por ahí. Subieron por unas escaleras hasta la entrada principal… Harry sentía una emoción impresionante por estar ahí con el Messias, pero también un alto cagazo por lo oscuro, silencioso y lúgubre que era ese lugar… Tenía la sensación de que el Petiso Orejudo iba a estar ahí adentro, listo para cometer otro asesinato con ellos…
-Por acá, Harry -Messi abrió la puerta con la varita y se metieron los dos.
Era como una escuela enorme, gigante, toda oscura y tenebrosa, con espacios abiertos enormes y escaleras antiguas. Toda la construcción era re antigua pero refaccionada. Iban alumbrado todo con sus varitas, pero el edificio era tan grande que la luz no alcanzaba las paredes. La sensación era de terror, como si algo fuera a saltarles encima en cualquier momento, con cada paso que daban...
-Es enorme -susurró Harry, cagado de miedo-. ¿Cómo vamos a saber en qué parte de este lugar el Petiso Orejudo cometió el asesinato?
-Vos no te preocupes, Harry -susurró Messi, que estaba mandando un Whatsapp re tranquilo-. Justo Antonela me preguntó si llegamos bien… Nada, Harry, yo voy a saber. Voy a usar una magia re avanzada para fijarme eso.
Siguieron caminando por las distintas salas mientras Leo apuntaba su varita a las paredes y al techo, pronunciando hechizos re complejos que Harry no conocía.
-En la época en que el Petiso Orejudo mató a Gesualdo Giordano en este lugar esto no tenía nada que ver con lo que estás viendo -le explicó Messi a Harry.
-Sí, Darín dijo que era una quinta. ¿No, Leo?
-Sí, Harry, la Quinta Moreno. Perteneciente al famoso perito Francisco Pascasio Moreno, que delimitó la frontera con Chile. Este lugar está lleno de historia Argentina…
Sin salir de su fascinación, Harry caminó junto a Leo por unos pasillos oscuros y siniestros, y empezó a notar los serios problemas de mantenimiento del edificio, que ahora que lo veía bien no estaba tan lindo como le pareció al principio. Se sentía como uno de esos edificios de las películas de terror, y no podía sacarse de la cabeza la sensación de que los observaban, de que el Petiso Orejudo estaba ahí, oculto en algún lado…
Harry sentía que tenía que hacerse el valiente con Messi, pero la posta es que le temblaban las patas. ¿Y si el Petiso Orejudo aparecía ahí y hacía con ellos lo que más le gustaba hacer, o sea matar gente? El pelotudo de Darín le había contado a todos los profesores que ellos iban a ir ahí… Harry no dejaba de pensar en eso.
-Acá, Harry -susurró Messi, frenándose frente a una pared de piedra enorme y vacía y alumbrándola con su varita.
-¿Qué tiene esta pared, Leo? -susurró Harry, al que le temblaba la voz.
-Alguien lanzó un maleficio de ocultismo en este lugar… Es acá.
Harry tragó saliva, cagado de miedo.
-Los rastros que dejó su crimen no se pueden borrar, ¿viste? -susurró Leo, que estaba tranquilo y concentrado-. El Petiso no pudo borrar los rastros de su asesinato, pero estoy seguro de que habrá venido acá en algún momento de todos estos años y tirado todos los maleficios que pudo para ocultar la zona donde quedó la evidencia. No quiere que nadie la vea, que nadie descubra su identidad secreta.
Leo se quedó mirando la pared mientras la apuntaba con su varita y recitaba todos encantamientos raros que Harry no conocía.
-Pide un sacrificio para pasar… Pide sangre… En su ignorancia, el Petiso Orejudo habrá pensado que esto alejaría a los magos que quisieran entrar, Harry… O que debilitaría a su enemigo…
-Pero si pide sangre, ¿eso no debilita a su enemigo?
-No a mí, porque para eso te traje -Messi se acercó a Harry, peló un cuchillo y le hizo un corte en el brazo, del que salió un hilo de sangre. Harry pegó un grito y vio cómo Messi salpicaba su sangre contra la pared. -Perdón, Harry, pero mi sangre es infinitamente más valiosa que la tuya… Todavía tengo que jugar el Mundial 2026.
El muro de piedra se abrió y los dos se metieron adentro, Harry agarrándose el brazo que todavía le sangraba.
Ahora estaban en un lugar re diferente al anterior. Era como haber viajado al pasado. Esta sala, en vez de tener la arquitectura de la escuela, tenía unas paredes mil veces más viejas, un olor a encierro tremendo y la oscuridad era todavía más espesa. Era tan grande que no llegaban a ver el otro lado.
-Harry, creo que esto ya no es más el Instituto Bernasconi -susurró Leo, que arrugaba la cara mientras levantaba su varita tratando de que alumbrara todo ese lugar, pero era tan grande que su luz apenas iluminaba unos metros alrededor de ellos-. Creo que esta sala es parte de la Quinta Moreno… Como si se hubiera conservado una parte todos estos años, aunque eso es imposible…
"Imagino que el Petiso Orejudo ambientó a propósito este lugar así, para asustar al que viniera acá a chusmear… Todo se ve exactamente como seguramente se vio en la época en que el Orejudo cometió ese crimen… Mirá, Harry, mirá.
Harry, que tenía un cagazo tan grande que en cualquier momento se le mojaban los calzones, miró a donde le mostraba Leo: La sala gigante era una mezcla entre un lugar interior y exterior, porque si bien tenía techo y paredes en los bordes, todo en el medio era un cuerpo de agua gigante, lo que seguramente antes había sido el estanque de la Quinta Moreno.
Messi hizo que la luz de su varita se intensificara y que flotara bien alto, iluminando todo por arriba de la superficie del agua, viajando cada vez más lejos, alumbrando ese lago enorme y negro...
-Mirá allá, Harry. En el medio.
A Harry se le paró el corazón. En medio del estanque había una pequeña isla, a muchos metros de distancia, y el medio de ella se veía claramente, iluminado por el Lumos Máxima de Messi y por una luz verdosa propia, el horno de barro donde el Petiso Orejudo había matado al nene de tres años, clavándole un clavo en el cráneo.
Harry no lo aguantó más. Ya no pudo disimular el cagazo.
-Abrazame, Leo -susurró, acercándose a Messi.
-No tengá' miedo, Harry -Messi dio un paso adelante, acercándose a la orilla del lago-. Vo' nomás tené' que acordarte de estas reglas, y obedecerlas pase lo que pase: Primero, tené' que obedecerme en lo que sea que te diga, sea lo que sea, incluso si te ordeno que huyas y te salves y me deje' a mí solo. ¿Tamo'?
-Bueno.
-Bue, Harry, eso primero… Segundo, Francia -Messi le guiñó un ojo-. Y tercero, no toques el agua. No seas pelotudo, ¿tamo'?
-Dale. Joya.
-Bueno. A ver, vení acá y dame una mano.
Messi estaba moviendo su varita en el aire y conjurando toda una serie de encantamientos híper complicados que Harry no entendía ni en pedo. Pero en esas saltó una cadena del agua y él la atrapó al vuelo. Entonces le pidió a Harry que tirara. Harry fue tirando de la cadena y algo empezó a salir del agua negra como la noche…
-Qué pesada que está, la concha de la lora… -dijo Harry, tirando con todas sus fuerzas, pero eso que estaba ahí era pesadísimo.
-Es algún tipo de embarcación -dijo Messi, mirando cómo Harry traspiraba, tirando re fuerte, mientras él lo miraba ahí cruzado de brazos. Después de que Harry casi se desmaya del esfuerzo, sin poder más, al final Messi dijo: -A ver, bancá que te ayudo.
Y le tiró un encantamiento que hizo que la embarcación saliera del agua en un segundo.
Fue zarpadísimo. Lo que estaba ahí hundido era gigante. Era una construcción altísima que salió del agua haciendo ondas por toda la superficie del lago, haciendo que la luz mágica de Messi parpadeara de forma macabra con todas las sombras que proyectó.
-¿Qué mierda…? -Harry no entendía. ¿Qué era esa cosa gigante que había emergido del agua?
Un submarino. Era un submarino antiguo y gigante, que quedó anclado en la orilla justo delante de ellos.
Harry leyó el nombre de la embarcación, grabado en el frente a pocos metros de su cara, y casi se cae de culo:
"ARA SAN JUAN".
Los dos se quedaron en silencio unos segundos ante ese descubrimiento.
-La puta madre… ¿O sea que el Petiso Orejudo estuvo atrás de esto también? -preguntó Harry, boquiabierto.
-Posiblemente él mismo lo hundió -dijo Messi, pensativo-. No me sorprende. Según mis investigaciones, también estuvo implicado en el caso Maldonado. Las dos cosas pasaron el mismo año… O sea que lleva en nuestra época más tiempo del que pensábamos, porque eso fue como en el 2017… Por lo visto, esta es la única forma de cruzar hasta la isla del medio, Harry. Vení, subí.
Harry estaba todavía más cagado que antes. Se subió al lado de Messi a la parte de arriba del submarino, que era plana y se podía caminar. Por suerte, no fue necesario meterse adentro. El submarino, que flotaba con la mitad de abajo hundida y la mitad superior emergida, empezó a moverse solo hasta la isla del medio del lago, con ellos dos arriba.
Mientras avanzaban, no se escuchaba nada más que un murmullo suave del agua negra. Era antinatural. Harry tenía toda la piel de gallina. Entonces miró para abajo y ahogó un grito.
-Me-Messi -tartamudeó, poniéndose pálido.
-Tranca, Harry, no pasa ná… -lo tranquilizó el astro, que estaba re tranquilo a pesar de ya haber visto lo que Harry le señalaba… Allá abajo, se podía ver por las ventanas redondas laterales del submarino que adentro había cadáveres. A pesar de que claramente eran personas muertas, Harry juró que uno se movió, desapareciendo de al lado de la ventana. -Son los tripulantes del submarino, los que fallecieron en el incidente… -explicó Leo-. Imagino que el Petiso Orejudo reanimó sus cuerpos con un inferi. Pero no dejes que te asuste, Harry, no pueden hacerte daño…
-Menos mal…
-A menos que salgan de ahí adentro. Ahí somos boleta.
Harry tragó saliva, nervioso.
-Pero imagino que el Orejudo habrá puesto algún encantamiento que mantiene cerrada la puerta del submarino para que los inferi no salgan a menos que uno se mande la gran cagada, la que no hay que mandarse... como tocar el agua, por ejemplo, o algo así. Mientras no lo hagamos, estamo' a salvo.
El submarino golpeó contra la islita y se frenó. Harry y Messi bajaron por el lado opuesto y pisaron tierra firme. Ahí en el medio estaba el antiguo horno de barro, que daba más miedo cuando uno se acercaba… Parecía tener algo adentro…
Messi y Harry se acercaron, lado a lado.
-Mirá, Harry, tá' acá adentro -le susurró él.
Harry vio que había una luz adentro del horno. Tenía como un fuego verde que al parecer estaba prendido permanentemente, pero que iluminaba menos que un fuego normal, como si estuviera muerto, como si fuera un fuego fantasma...
Y arriba de él, en los hierros donde se apoyaba lo que uno fuera a cocinar, había un pequeño cráneo humano con un clavo clavado.
-Hasta acá llegué, me voy a la mierda -Harry se dio la vuelta, pero Messi lo frenó.
-No seas cagón, Harry -le dijo-. No es el cráneo del nenito real. Ese fue enterrado en otro lado hace más de un siglo. El Orejudo habrá puesto esto para asustar al que llegara hasta acá, para eso nomá'. Adentro de este cráneo falso estará la evidencia seguro, la que vinimos a buscar, la que el anti-messias no quería que nadie pudiera agarrar, la que nos va a decir quién es…
Messi metió la mano y quiso sacar el cráneo, pero no pudo. Ni se movió.
-Mmm… Lo dejó fijo con algún encantamiento. Sí, sabía que no iba a ser fácil... La evidencia es un hechizo, Harry. Al abrir el cráneo, seguramente podamos ver la imagen de él, ver exactamente quién es él hoy en día, cómo luce… La imagen va a revelarse sola en nuestras mentes. Deberíamos haberlo podido ver directamente al llegar hasta acá. Pero se ve que el Orejudo, en su intento de ocultarlo tanto como fuera posible, logró meter el hechizo dentro de este cráneo y le puso una maldición que lo deja inmóvil… mmm… -se quedó pensativo, mientras lo miraba-. Si pudiéramos sacarlo de acá, te apuesto a que podríamos incluso llevarnos el cráneo con el hechizo dentro, como prueba…
-¿Y por qué él lo dejó acá? -preguntó Harry-. ¿Por qué no se lo llevó a la mierda?
-El hechizo está atado a este lugar, donde ocurrió el hecho, él no puede sacarlo -explicó Leo-. Pero si el mismo asesino quiso ocultarlo tanto, es posible que el hechizo sí nos permita a nosotros sacarlo de acá, llevárnoslo, porque va a saber que nosotros queremos descubrirlo, que tenemos buenas intenciones… Así funca la magia, Harry. Es re piola.
"Pero el Orejudo la puso difícil igual… Rodeó la evidencia con toda esta magia negra, con este lago que creó él mismo, con toda esta escenificación, con esos inferi… Sí, sabía lo que hacía el tipo… Habrá pensado que nadie iba a tener los huevos para llegar hasta acá.
-Yo la verdad que estoy a punto de mearme encima -admitió Harry, que miraba nervioso a las ventanas del submarino, donde sabía que había cadáveres reanimados dentro.
-Pero incluso si alguien llegaba hasta acá, habrá protegido este horno de barro con la protección más fuerte de todas -dijo Messi-. Habrá puesto algún maleficio bien oscuro, podés apostar… Uno de la re puta madre… ¡Ajá! Mirá esto, Harry…
Messi señaló adentro del horno y Harry vio que al fondo de todo, en una parte que no habían visto antes, había una botella de Fernet de 750 ml., llena y cerrada.
-¿Qué hace eso ahí? ¿El Orejudo era alcohólico? -preguntó Harry.
Messi sacó la botella con la mano. Esta sí que salió fácil. El Diez se quedó mirándola, pensativo.
-No creo que sea Fernet normal esto. Estará alterado… Harry, lo que el Orejudo haya puesto acá adentro puede ser algo que me haga delirar, que me haga recordar algo terrible, que me haga gritar hasta la locura… Incluso algo que me genere alguna lesión que me impida volver a jugar al fútbol de por vida.
-¡No, Leo! ¡Eso no! ¡Dejame tomar la poción a mí, te lo suplico!
-No, Harry, no puedo…
-¿Por qué no? Dijiste que vos eras más valioso que yo.
-Y lo soy, Harry, pero no puedo dejar que un menor de dieciocho años tome alcohol. Va en contra de mis principios morales.
Harry pensó en decirle que se la pasaban chupando birra de manteca, vino y fumando porro en la Sala Común todos los fines de semana, tanto él como todos sus amigos, pero se lo pensó mejor y dijo:
-Sí, es verdad, soy menor. Gracias, Leo. Bueno, ¿qué hago yo entonces? Me aseguro de que te tomes todo el Fernet, ¿no?
-Sí, Harry, hasta el fondo, sí o sí. Cuando termine la botella, seguro que vamos a poder mover el cráneo y sacarlo de ahí. Y entonces vamos a ver la cara actual del Petiso Orejudo, la que se alteró mediante magia tantas veces a lo largo de los años… Vamos a saber en quién se convirtió y a resolver el misterio.
Messi levantó la botellita, la destapó y miró a Harry a los ojos.
-Acordate, Harry, no toques el agua… No seas boludo. ¿Tamo'?
-Sí, tamo', Leo.
-Salud, Harry.
Y Messi le dio un trago a la botellita de Fernet puro.
-Uufff… -Messi se relamió la lengua-. Está re puro esto. Re áspero…
Harry lo miró con preocupación.
-¿Cómo te sentís, Leo?
-Por ahora solamente siento que 'tá re fuerte… Normalmente lo tomo 70-30 yo, pero esto es Fernet puro… Claro, esto es lo que él debía querer… el Orejudo… que sea así de fuerte…
-Tenés que seguir tomando, Leo. ¿Te acordás? Me dijiste que, pase lo que pase, te obligue a seguir tomando.
-Tené' razón, Harry -Messi asintió y entonces le dio otro trago.
Preocupado, Harry vio cómo la cara de Messi se arrugaba toda… Era como si estuviera tomando algo re asqueroso.
-¡LA PUTA MADRE! -gritó Messi, con los ojos re cerrados-. ¡ESTÁ MUY FUERTE…! ¡RE PURO…! -entonces su cara se volvió toda angustiosa, como si un zarpado dolor se apoderara de él-. ¡ANTONELA, NO…! ¡ANTO, TE JURO QUE NO LE MIRÉ EL CULO A ESA MINA, TENÉ' QUE CREERME…!
Messi empezó a llorar, y Harry se quería cortar los huevos. Esto estaba re difícil… No podía ver a Leo llorar, le partía el alma. Ya le había pasado con todas las finales perdidas y ahora de nuevo, la puta madre…
-Tenés que seguir tomando, Leo -dijo Harry, limpiándose sus propias lágrimas de la cara-. ¿Te acordás?
-No… No puedo… -dijo Messi, llorando-. No puedo tomar má'… Por favor, no me obligues.
Harry levantó la botellita y se odió a si mismo por hacer lo que hizo: le apoyó la botellita en la boca a Messi y lo obligó a tomar contra su voluntad.
-Tomá, Leo, tomá… Esto va a hacerte sentir mejor -le mintió.
-¿Qué me bolaceás, gil? -dijo él-. ¿Te pensás que soy tarado? Bue, ahí voy… -Leo le dio otro trago y entonces empezó a gritar con todas sus fuerzas. -¡NOOOOOOO! ¡NO, MBAPPÉ, NOOOO! ¡NO PODÉS OBLIGARNO' A JUGAR LA FINAL DE NUEVO! ¡NOSOTROS YA GANAMO' HACE DOS AÑOS…! ¿CÓMO EL QUE VAR LO ANULÓ? ¡NOOOO! ¡PERO PASARON DOS AÑO'…! ¡NOOOOO!
-Tomá, Leo, seguí tomando -dijo Harry, obligándolo a seguir-. Si lo tomás, el VAR va a dar por ganado el partido contra Francia otra vez. Te lo prometo. De verdad.
-Sí, sí… dame, por favor… -llorando como nunca, Messi le dio otro trago a la botella directo del pico.
Harry se quería cortar los huevos. Se sentía la peor mierda del mundo. Si lo vieran los hinchas hacerle eso a Messi lo linchaban en patota…
-¡MÁTENMEEEE! -gritó Leo entonces, sin dejar de llorar-. ¡MÁTENMEEEE! ¡SOY HORRIBLE! ¡ERRÉ TODO' LOS PENALES! ¡PERDIMO' POR MI CULPA…! ¡YO TUVE TODA LA CULPA DE LO QUE PASÓ EN BRASIL EN EL 2014…! ¡Y CON CHILE TAMBIÉN…! ¡MÁTEEEEENMEEEEEEEEEEEEE!
A Harry le caían todas las lágrimas. No se podía contener. Lo que estaba pasando era demasiado para él. Demasiado terrible… Sentía que no iba a poder seguir…
-Tomá, Leo, tomá… -le dijo, con la voz quebrándosele-. ¡Ya falta poco! ¡Un traguito más nada más, posta! ¡Si tomás esto se termina! ¡Si lo tomás… te juro que la pelota entra!
Con una re cara de asco y dolor, Messi se terminó toda la botella, haciendo fondo blanco. Al toque, Harry fue hasta el horno de barro, metió la mano adentro y logró sacar la calavera. La sostuvo en su mano, mirándola...
Por fin la tenían. Estaba ahí… La respuesta al misterio estaba en la palma de su mano…
-¡Tenías razón, Leo! ¡La calavera salió! ¡Está acá!
Pero Messi tenía la mirada perdida y estaba ahí quieto, tirado en el piso, inmóvil…
-¿Leo? -Harry se guardó la calavera en la mochila a toda velocidad y se acercó a él corriendo-. ¿Estás bien? ¡Respondeme, Leo!
Los ojos de Messi giraron lentamente hacia él.
-Coca, Harry -susurró entonces, como si estuviera a punto de morir y esas fueran sus últimas palabras-. Coca.
-Coca, sí… -Harry miró alrededor, desesperado, pero no había ninguna Coca-Cola por ahí-. No hay, Leo… Che, ¿no querés agua mejor? Hay un lago lleno de agua acá mismo.
-Harry, ¿sos pelotudo? -le dijo Leo-. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no toques el agua?
-Uh, disculpá, tenés razón, Leo. Me olvidé…
-Quiero Coca.
-Sí, claro, claro. Ese Fernet estaba re puro, necesitás Coca… Bue, cuando salgamos pasamos por un kiosco, aguantá un cachito, ¿dale?
-Necesito Coca ya -Leo sacaba la lengua, como si estuviera a punto de morir de una sed mortal y solo una Coca-Cola pudiera salvarlo-. Tiene que haber… ahí.
-¿Adónde?
-Ahí… adentro.
Y a Harry se le frunció todo el culo al ver que Messi señalaba con un dedo… a la escotilla de entrada del submarino.
-La concha de mi madre… Leo, este submarino se hundió hace banda, si llega a haber una Coca-Cola ahí adentro seguro está re vencida ya…
-Quiero Coca, Harry -repitió Leo, y Harry vio que empezaba a desmayarse, como si estuviera por morir.
-¡NO! ¡LEO, NO MUERAS! -Harry se puso de pie de un salto y se quedó mirando el submarino, cagado como nunca, pero buscando la valentía en su interior-. Está bien, Leo… Por vos voy a hacerlo… Todavía tenemos que ganar el Mundial 2026… Fuerza, Harry, vos podés… Sos un Gryffindor, metele onda, loco… -cerró los ojos con fuerza-. ¡Esperame acá, Leo, ya vengo!
Harry fue corriendo hasta el submarino y se frenó donde estaba la escotilla de entrada, con ese coso redondo que había que girar para abrirla...
-La puta madre… -Harry respiró hondo, giró el coso ese y la puerta de metal se abrió con un chirrido.
Harry miró adentro. El submarino estaba re oscuro y tenía un tremendo olor rancio y a muerte…
-¡Lumos! -Harry alumbró con su varita y empezó a caminar adentro, buscando una cocina por ahí. -Tranqui, Harry, tranqui… No te pongas nervioso…
Harry caminó por lo que parecía ser una sala de comandos. No había inferis a la vista… por ahora.
Con el corazón latiéndole a toda velocidad, atravesó otra sala y entonces vio que había una mini cocinita que se había mantenido bastante bien. Tenía una heladerita en un rincón. Ahí tenía que ser…
Harry respiraba re nervioso mal. Ahí estaban las mismas ventanas redondas donde antes había visto esos cadáveres, desde afuera… Ahora él estaba adentro, moviéndose por ahí… Estaba todo re oscuro mal, no se veía nada excepto en las partes donde alumbraba su varita…
Temblando de miedo, abrió la puertita de la heladera y sintió un olor nauseabundo que casi lo hace vomitar. Había cartones de leche todos rancios y podridos, bichos caminando entre medio de la comida vieja… Era un asco eso.
Tapándose la nariz, buscó con la mirada, alumbrando con su varita en esa oscuridad total. Le pareció que la oscuridad se hacía más intensa. La luz del horno de barro, color verde, ya no resplandecía en el exterior de la ventana, como si se hubiera apagado…
Entonces Harry la vio: Había una Coca-Cola ahí en la heladera, en el estante de más abajo.
Sin dejar de taparse la nariz, Harry estiró la mano…
Y la estiró más…
Y entonces cerró la mano en torno a la botella y la agarró.
Su corazón se frenó. Pensó que, si esto fuera una historia ficticia, en este momento seguro aparecía alguno de esos cadáveres de los antiguos tripulantes y lo agarraba por el cogote…
Pero no. No pasó nada. Harry sacó la botella de la heladera y la sostuvo en la mano, respirando re nervioso, con el corazón en la garganta.
-Uf, menos mal -dijo Harry, aliviado, al comprobar que esa idea no había pasado.
Más tranquilo, cerró la puerta de la heladera.
Justo atrás, la luz de su varita alumbró el cadáver todo putrefacto de un tipo de unos cincuenta años, con cachos de huesos a la vista, la carne podrida colgándole en la cara, los dientes partidos visibles porque le faltaba la mitad de la mandíbula y toda la carne de su cuerpo descompuesta.
-¡AAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
El inferi le saltó encima al tiempo que otros cinco cadáveres putrefactos aparecían desde distintos escondites todo alrededor y de varias zonas de la cocina, todos agarrándolo del cuello, de los brazos y los pies, tirando de él.
Se habían escondido a propósito…
-¡NOOOOOOOOO! -gritó Harry, y los apuntó con su varita como pudo-. ¡EXPELLIARMUS! ¡GARCHASEMPRA!
Uno de los cadáveres empezó a gritar mientras se le abría todo el orto, pero apareció otro atrás y se le tiró de cabeza a Harry encima, gritando con la boca toda esquelética abierta de par en par...
-¡CONFRINGO! -gritó Harry, y su varita provocó una explosión que destruyó la mitad de la sala.
El agua empezó a entrar por todos lados. Empezaron a hundirse.
¡Qué pelotudo! ¡Los cadáveres esos podían respirar abajo del agua, pero él no! Harry empezó a hundirse junto con el submarino y con los inferis, que no dejaban de atacarlo. El agua llenó al toque toda la sala hasta el techo, y Harry empezó a hundirse con todos los inferi en las negras aguas de ese lago de la muerte, donde en solo segundos iba a morir y a convertirse en cadáver él también, para rondar eternamente junto a las víctimas del ARA San Juan en los recuerdos de un siglo atrás del Petiso Orejudo…
Se quedó sin aire. No podía respirar. Estaba ahogándose, y los inferi lo abrazaban y lo ahorcaban…
Esto era el fin...
Y así fue.
Y Harry murió.
FIN.
Bueno, gente, espero que les haya gustado el fic. Les mando un saludo a todos y…
¡Ah, re! Te imaginás que terminaba así. Re choto. Jajajaj.
Na. De repente todo se volvió amarillo. ¿Qué pasaba…? Había fuego. Un fuego que espantaba a los inferi, haciéndolos retroceder, ahí bajo el agua… Algo había pasado…
Lo soltaron. Harry pudo nadar. Empezó a nadar hasta llegar a una de las partes destruidas del submarino y salió por ahí, y después de dar varias brazadas llegó hasta la superficie del lago, sacó la cabeza e inhaló una fuerte bocanada de aire, que le llenó todos los pulmones…
Y entonces vio lo que había pasado.
No lo podía creer. Messi, el D10S, el astro, el Messias, estaba parado arriba de la punta del horno de barro, y con su varita mágica estaba conjurando mediante magia cientos de pelotas de fútbol prendidas en llamas, que pateaba de formas híper espectaculares y las mandaba volando a muchos metros de distancia por encima del submarino naufragante y del lago, todas prendidas fuego y largando chorros de llamas y fuego por todos lados. Y los inferi huían cuando las pelotas les caían cerca o encima, porque se ve que no se bancaban el fuego...
-¡Leo! -gritó Harry, nadando hasta la superficie y reuniéndose con él en la isla-. ¡Te traje la Coca-Cola!
Le tiró la botella, que Leo atrapó al vuelo. Incluso debilitado por la terrible poción diluida en Fernet que acababa de tomar, Leo siguió pateando esas pelotas de forma híper profesional mientras destapaba la botella de Coca y le daba un buen trago.
Entonces, Leo miró a la cámara, sonrió y dijo:
-Nada como tomar una buena Coca-Cola para hacerme patear así el fulbito. Me gustan todas: la zero, la sin-azúcar, la light… Aunque mi verdadero amor é' esta, la clásica -guiñó un ojo y le dio otro trago a la botella, se limpió los labios con el dorso de la mano y saltó del horno de barro, reuniéndose con Harry.
-¡Vamo', Harry! ¡Salgamo' de acá!
-¿Pero cómo? ¡El submarino se hundió!
-Yo me encargo…
Leo sacudió su varita y entonces un montón de objetos de oro empezaron a materializarse mediante magia alrededor de ellos. Eran… copas. Cientos de copas de todo tipo, todas de fútbol... Harry distinguió Copas de Ligas, Copas de la Champions, de Mundiales de Clubes, Supercopas y hasta la famosísima Copa del Mundo.
-La verda' es que las llevo siempre conmigo, Harry, a todos lados -admitió Leo, mientras movía su varita y las hacía flotar en el aire y esparcirse por arriba de la superficie del lago-. Las llevo con un encantamiento de invisibilidá'.
Todas las copas se alinearon formando un camino dorado y perfecto por encima del agua que conducía directo a la otra orilla del lago.
-Wow… Mierda que son muchas -dijo Harry.
-¡Vamo', Harry!
Harry empezó a correr con Leo por el camino. Las copas estaban flotando de forma firme, sin siquiera moverse mientras corrían por encima de ellas. Cada tanto aparecía algún inferi, pero Leo conjuraba más pelotas de fuego con su varita y se las pateaba directo en la jeta, haciendo que volvieran a hundirse en el agua.
Sin embargo, a mitad de camino, Harry vio que Leo rengueaba.
-¡Leo! ¿Qué te pasa? -preguntó Harry, preocupado.
-El tobillo… -Leo hizo una mueca de dolor-. Mi vieja lesión… La de la Copa América… Creo que me duele de nuevo…
-Pateaste muchas pelotas en llamas, es normal… -Harry miró nervioso a la orilla a la que iban, caminando sobre las copas doradas-. Ya falta poco… Ya casi estamos, Leo… Por favor, aguantá…
Llegaron a la otra orilla y salieron de ese lugar, de vuelta en el Instituto Bernasconi. Cuando cruzaron del otro lado de esa puerta y volvieron a la oscuridad y el silencio del instituto, la pared se cerró mediante magia y Harry le dio una patada, como para quedarse seguro de que no volviera a abrirse y dejar salir a los inferis.
-Tengo la calavera -se acordó Harry, emocionado-. ¡Lo logramos, Leo! ¡Tenemos la prueba que va a decirnos la identidad real del Orejudo! ¡Vamos! ¡Tenemos que salir de acá…!
Pero casi se cae de culo al ver a Leo… El chabón estaba re débil pero mal... Apenas podía respirar. Se agarraba la pierna y se notaba que tenía un re tirón ahí…
-Harry… Necesito que manejes vos -dijo Leo, con una re cara de dolor.
-¡Obvio, Leo! ¡Vamos! No te preocupes, yo manejo.
Harry lo ayudó a caminar, agarrándolo por debajo de un brazo y caminando junto a él, junto a su ídolo de toda la vida, junto al único y mayor héroe que hubiera tenido nunca, que acababa de salvarle la vida a él, a Harry, de una forma impresionante, de película…
-Vamos, Leo, un paso más… -decía Harry, ayudándolo a caminar hasta la salida del edificio-. Guarda las escaleras… Así… Vamos, Leo… Ya casi estamos en el auto… No te hagas drama vos, yo te llevo… Vos no te preocupes…
-No toy' preocupado, Harry -dijo Messi, en un susurro, mientras giraba la cara y lo miraba con una sonrisa débil-. Toy' con vo'.
