Capítulo 3: Nostalgia
Después de tres otoños de concentración y búsqueda, Pandora pudo encontrar lo que más anheló desde que había cumplido sus quince años, aquel día que Ker apareció ante ella para encomendarle la misión que por herencia pertenecía a su familia… Una maldición.
Con mar de lágrimas y sacrificio, la chica localizó el cuerpo elegido por Hades, el de un joven llamado Shun, con la edad de quince años, quien era el dueño del corazón y alma más puros sobre la tierra. De la misma manera que ocurrió en el pasado, el dios de la oscuridad reclamó a su mismo receptor como voluntariosa señal para retar a Athena, demostrando así que él podía hacer lo que le plazca, sin importar lo que ella determinara.
Pocos días habían transcurrido desde que la dama había llegado a Grecia, a la ciudad de Santorini, pues ahí vivía su objetivo, quien en esos momentos se encontraba finalizando su jornada escolar, o más bien su clase extra. Ya tenía analizados todos sus movimientos.
- Ahí está…
La escuela se encontraba prácticamente desierta, mientras por el gran portón salía un joven de cabello verde y ojos esmeralda; era tal y como lo recordaba, y quizás mejor, pues debido a que ahora poseía una vida tranquila y acomodada, con una familia que lo amaba, su semblante era más relajado.
- Un muchacho afortunado, con una familia…
El corazón de Pandora se estrujó al mencionar la última palabra, pues le parecía mentira que años atrás ella se encontraba en su misma situación… Sin embargo, decidió tragarse su dolor, pues para cumplir con su objetivo necesitaba un corazón frío, pero sobre todo un alma despiadada.
Sin dudar, ni un minuto más, se acercó al joven con descaro y fingida inocencia.
- Disculpa…
Shun detuvo su andar al encontrarse con la misteriosa niña, la que por alguna extraña razón se le hizo terroríficamente familiar, pero no supo descifrar por qué.
La vio bonita, vestía una blusa blanca y falda negra, y su piel tan pálida le hizo imaginar que no era griega como él, sino de otra nacionalidad.
- ¿Me hablas a mí? – preguntó Shun, sorprendido.
- Claro que sí. – respondió la joven, riéndose. – ¿O ves a alguien más por aquí?
- Tienes razón, qué tonto soy. – respondió con timidez.
El joven comenzó a sentirse extraño ante la joven, sobre todo cuando cruzó sus ojos con los de ella, los que parecían que lo estaban embrujando de manera hipnótica. Todo su cuerpo comenzó a pesarle, mientras el mareo se hacía presente para molestarlo.
- ¿Te pasa algo? – preguntó Pandora, acercándose a tocar el rostro del joven, mientras fingía preocupación por su estado.
La dama había logrado lo deseado. Gracias a su poder de manipulación mental, poco a poco, había comenzado a dominar al joven para que este hiciera su voluntad, sin necesidad de recurrir a la más mínima violencia.
- Me siento mal… Todo me da vueltas. – dijo Shun, dejando caer su cabeza en el hombro de Pandora.
- Tranquilo, quizás necesitas un poco de aire. – sugirió ella con fingida sorpresa. – Pareces estresado, así que caminar nos hará bien.
Pandora tomó la mano de Shun y se alejó de la escuela, adentrándose con él a un profundo y solitario callejón, el que sabía los llevaría a un abandonado parque que había descubierto hace poco. A medida que avanzaban, el chico iba sintiéndose mejor, pero aun con la confusión molestándolo.
Shun no comprendía en qué momento pasó de salir de su escuela a caminar de la mano con una total extraña; tenía presente la típica advertencia de sus padres, nunca hablar con desconocidos, pero por alguna enigmática razón no podía separarse de ella, pues lo atraía como un imán violento y despiadado, dispuesto a hacer lo que ella quisiera.
- ¿Ya te sientes mejor? – preguntó Pandora.
- Sí… un poco mejor. – respondió Shun. – Gracias por haber evitado que me desmaye.
- ¿Cómo te llamas?
- Shun.
- Yo me llamo Pandora. – respondió, esbozando una cálida sonrisa. – Soy de Alemania, y hace poco vine de vacaciones con mi familia a conocer esta ciudad, es muy hermosa… Salí a dar un paseo y me encontré contigo de casualidad. ¿Qué hacías en la escuela a esta hora?
Shun comenzó a sentirse más confundido a medida que seguía caminando con la chica, y se sintió peor al saberse dispuesto a responder su pregunta, como si fuera alguien de confianza.
- Estaba en mi clase de defensa personal – dijo Shun, mostrando mueca de desagrado.
- Parece que la clase no te agrada…
- No me gusta pelear, así sea para defenderme, pero estoy ahí por presión de mis padres, pues mi hermano, no sé cómo, los convenció de que me inscriban a ese curso. – respondió el joven, frustrado.
Pandora escuchó con atención el dolido rechazo de Shun hacia la violencia, cosa que le hizo percibir con más fuerza la pureza de su corazón, corroborando así el cometido de su misión. No había dudas de que no se había equivocado en detectar al elegido de Hades.
Mientras tanto, Shun seguía perdiéndose y mareándose por la mirada de Pandora.
- ¿Hay algo que quieras decirme? – preguntó la joven, conteniendo la risa ante el estado de su víctima. – Me miras de una manera extraña.
- Es que… – Shun intentó responder, pero varias ideas pasaban por su mente y no las podía ordenar. – No entiendo qué hago aquí y por qué estabas por mi escuela.
- Me perdí… – mintió, fingiendo angustia. – Salí a dar un paseo por mi cuenta y ya no sé cómo regresar al hospedaje. ¿Podrías ayudarme?
Shun iba a responder, pero se silenció al ver que había llegado con Pandora al parque abandonado que ella ya tenía como objetivo para quedarse a solas con él.
- Este lugar está abandonado, no deberíamos estar aquí. – comentó el chico, preocupado.
Pandora no hizo caso a su advertencia, pues apretó con más fuerza su mano y lo obligó a seguirla, hasta que llegaron a una parte del desgastado jardín que estaba lleno de coloridas flores.
- Aun te ves cansado, siéntate conmigo. – ordenó la chica, sentando al joven en el césped. – No entiendo cómo puede estar abandonado este parque tan lindo, tiene flores de hermosos colores.
- Sí… nunca las había visto… son hermosas…
El mareo de Shun comenzó a intensificarse, mientras su mirada comenzaba a nublarse. Sin duda alguna, sabía que su vida corría peligro, sin embargo, ni las fuerzas ni la voluntad le daban para alejarse de Pandora, pues seguía perdiéndose en la hipnosis de su mirada.
- Tranquilo, pronto vas a estar bien. – dijo Pandora, tomando con sus manos el rostro de Shun.
- Yo… yo…
Un hilo de sangre salió de los labios de Shun, mientras sus palabras se convertían en balbuceos; finalmente se desmayó en los brazos de Pandora, quien sonreía satisfecha ante el resultado de sus acciones.
- Esto fue demasiado sencillo. Ahora…
Sin embargo, la mueca de victoria de Pandora se desvaneció al sentir los latidos del corazón de Shun, acompañados de una extraña energía dentro de su ser, tan inmensa y cálida que la transportaba a la paz y felicidad de los días que vivió en su infancia.
- ¿Un cosmos? – preguntó impactada. – No puede ser… Este chico me transmite una paz que hace mucho tiempo no siento. ¿Qué significa esto?
Intentó luchar contra sus sentimientos, pero la compasión se apoderó de ella al sentir la enorme bondad del muchacho, la que le hizo preguntarse a sí misma si estaba siguiendo el camino correcto. ¿Cómo era posible que ella fuera el nexo para arruinar la vida de un ser humano tan bueno? Pensó que su corazón ya se había desprendido de emociones tan mundanas, pero al parecer aún quedaba algo.
- No, no puedo detenerme ahora. – dijo con conflicto y remordimiento. – Si quiero terminar con todo esto, el ciclo debe seguir sin interrupciones. Shun, lo siento, pero esta es la voluntad de un dios.
Con cuidado, Pandora recostó el cuerpo de Shun y limpió el hilo de sangre de sus labios con la punta de los dedos; colocó una mano en su cuello para maldecirlo con su destino, con el colgante de estrella de cinco picos que lo iba a enlazar con Hades por toda la eternidad.
- "Tuyo por siempre". – leyó Pandora como leyenda del collar. – A partir de ahora, tu cuerpo le pertenece al señor Hades, eres su reencarnación. En pocos años, se romperá el sello de su alma y vendrá por ti, y nada ni nadie podrá impedirlo.
Pandora siguió contemplando el calmado semblante de Shun, quien ni siquiera se imaginaba el espantoso destino que se había marcado en su vida.
- Una vez que abras los ojos, no vas a asociar este collar ni con Hades ni conmigo, hasta que llegue el tan esperado día. – decretó, mientras colocaba un dedo en la frente de Shun. – Y todo el que se relacione contigo caerá en el mismo enredo.
Una vez más, el remordimiento quiso apoderarse de ella; colocó una mano en la mejilla del joven, mientras que el maldito colgante resplandecía al sentirse cerca de su legítimo portador.
- Lo siento tanto…
- ¡SHUN!
El corazón de la muchacha se disparó al escuchar aquel grito, pues pensó que el parque estaba totalmente solo. ¿Cómo pudo cometer semejante error? Había calculado todo para que su ritual no se vea interrumpido.
Al inconsistente niño se acercó un joven de veinte años, dos más que Pandora. Por su terrible preocupación, estaba segura de que se trataba de su hermano, del que solo conocía su existencia, mas no su aspecto físico.
- ¿¡Qué le hiciste a mi hermano!? – reclamó el muchacho, enfurecido. – ¿¡Por qué estás con él en este lugar!?
Pandora no supo qué responder, pues aparte del miedo que le provocaba, tuvo una sensación conocida al tenerlo cerca por la fiereza de su mirada, por el apasionamiento de sus reclamos. Ya había visto esos ojos y desordenado cabello azul en la corta vida que le fue arrebatada en el pasado.
- Es él… ¿Cómo pude olvidarlo? ¿Cómo no lo tuve presente en la vida de Shun? – pensó impactada, mientras su corazón latía con prisa y emoción.
- ¡Responde! – reclamó el hermano de Shun.
El alterado joven se calmó al sentir movimientos en el cuerpo de su hermano, quien comenzaba a recuperar el conocimiento. Pandora seguía enmudecida e inmóvil ante la imagen de ambos.
- Ikki… – habló Shun, sonriendo al ver a su hermano.
- ¡Shun! – exclamó con emoción el joven, abrazando con fuerza a su hermano menor. – ¡Por fin reaccionas! ¿Qué te pasó? No entiendo qué haces aquí con esta chica.
- ¿Cómo supiste dónde estaba? – preguntó el muchacho.
- Tú sabes que puedo sentir cuando estás en peligro. – dijo Ikki, sonriendo a su hermano. – Siempre ha sido así...
Ikki volvió a mirar con furia y desconfianza a Pandora, quien aún seguía en su impactado estado.
- Ella me ayudó, hermano. – afirmó Shun, incorporándose y colocando una mano en el hombro del alterado Ikki.
- ¿Qué?
Pandora puso especial atención a lo que Shun iba a contarle a su hermano, para comprobar si su técnica había resultado exitosa.
- Esta mañana, a lo que llegué a la escuela, me di cuenta de que había perdido el collar que mamá me regaló.
- ¿Collar? – preguntó Ikki, confundido.
Shun enseñó a su hermano su colgante de estrella, y tal y como Pandora lo había planeado, la confundida mirada de Ikki cambió a una de familiaridad, como si ese objeto fuera común para él. El hechizo de la joven no solo confundía a su víctima con una vida ficticia, sino que haría lo mismo con cualquier persona con la que se relacionara.
Hermanos, padres, amigos o conocidos de Shun, cualquiera se convencería de que el origen de ese collar no era más que una herencia familiar.
- Qué bueno que encontrarse el collar de mama, Shun. – dijo Ikki, mostrando alivio, para después volver a mirar con desconfianza a la desconocida muchacha.
- Cuando salí de la escuela para buscarlo, me encontré con esta chica llamada Pandora. – dijo Shun, presentándola a su hermano, como si se tratara de una gran amiga. – Ella viene de Alemania y está de vacaciones con su familia, pero salió a dar un paseo y se perdió.
- ¿Y eso qué tiene que ver con todo esto?
- ¡Hermano, no seas impulsivo! – rogó Shun, pidiendo a Ikki que le permita seguir con su relato! – No puedes ser tan desconfiado, pues en este mundo aún hay gente buena.
Pandora volvió a sentir malestar por el relato de Shun. A pesar de que esperaba una mentira para cubrir sus acciones, no se imaginó que el joven la defendería con tal convicción y bondad. Sin duda alguna, su noble corazón traspasaba cualquier mala intención o maldad.
- Ella prometió ayudarme a encontrar mi collar, y como en la mañana pasé por este parque, se me ocurrió buscar por aquí.
Ikki no comprendía por qué su hermano había pasado por el camino del parque abandonado, pero la inconsciente confusión que tenía, a causa de Pandora, no le permitió preguntar nada más.
- Pandora encontró mi colgante, pero no sé qué me pasó, comencé a sentirme mal y me desmayé. – dijo Shun, sonrojándose debido a la vergüenza.
- ¿Te desmayaste?
- Perdón por intervenir… – dijo Pandora, nerviosa ante la intensa mirada de Ikki. – En el camino, Shun me contó que ha estado entrenando muy duro, así que por eso se sintió mal. Creo que, como su hermano mayor, deberías vigilar que no se exija tanto a sí mismo.
- Si no hubiera sido por Pandora, quizás me habría roto la cabeza del golpe. – dijo Shun, mirando con simpatía a la muchacha. – Así que no seas grosero y pídele una disculpa.
Ikki cerró los ojos para asimilar todo lo que su hermano le había contado, mientras la vergüenza lo invadía. Poco después, se acercó hasta Pandora.
- Disculpa mis modales, pero me preocupé mucho por mi hermano menor y no supe cómo actuar al verlo con una desconocida.
Pandora solo asintió, pues no podía moverse al perderse en la mirada de Ikki, más avasalladora y determinante de lo que sus vagos recuerdos le mostraban.
- Vamos por un helado… – dijo Shun.
- ¿¡Qué!? – expresó Pandora, confundida al ver el abrupto cambio de tema.
- Cuando mi hermano se porta mal, siempre compra helado para mí y mi mejor amiga, así que ahora debe hacer lo mismo. ¿No es así? – dijo el joven, notando sonrojo en las mejillas de Ikki.
- Así es, es un compromiso adquirido. – dijo el joven, dejando de lado su seriedad para sonreír y mirar a la muchacha. – Vamos primero por el helado, y después te acompañaremos a tu hospedaje para que llegues segura.
El rostro de Pandora se sonrojó terriblemente ante tal proposición, podía ser la más sencilla, pero jamás se la esperó. Sin embargo, su corazón volvió a ser envuelto por esa calidez de afecto y bondad que perdió años atrás con la llegada de Ker, la que le provocaba inmensas ganas de llorar.
Por un breve instante, su vida dejó de verse gris desde los apasionados y bondadosos ojos de Ikki.
*.*.*.*.*
La mente de Pandora regresó a su oscuro presente, dejando atrás los recuerdos de diez años atrás. A sus actuales veintiocho años no había vuelto a experimentar una emoción semejante, el que alguien se preocupara por ella o le invitara a comer algo agradable. Era algo impensable.
A pesar del paso de los años, la sonrisa de Ikki, acompañada de esa mirada tan determinada, no se iba de su cabeza.
- Ya estoy aquí, señorita Pandora…
La chica esfumó sus ridículos recuerdos, mientras cerraba la cortina del ventanal de su despacho. Ahora debía centrarse en quién había enviado a llamar para seguir con las órdenes de la diosa Ker.
- Tardaste demasiado, Rhadamanthys. – expresó la dama, molesta.
Frente a Pandora se encontraba arrodillado uno de los tres jueces del infierno, letal y sanguinario; un hombre de aproximados cuarenta y cinco años, de apariencia atractiva, ojos ámbares y cejas pobladas, pero de mirada agresiva, seria y tosca, y a pesar de su postura, se podía distinguir su cuerpo atlético y gran estatura. Vestía ropa formal y sencilla; pantalón y chaqueta larga, color negra, y camisa gris por dentro.
- Lamento la tardanza, pero regresé hace poco porque logré despertar a otra de mis estrellas malignas.
- ¿Y este nuevo espectro también va a fallar? – preguntó la chica con sarcasmo.
- Señorita Pandora… – el juez infernal, humillado, no supo qué responder. – Sobre el caballero dorado…
- ¡Lo ocurrido con el caballero de Libra fue inaceptable! – reclamó la joven, enfurecida, causando que el juez se sienta intimidado. – No sé a qué espectro inútil habrás enviado, pero es imperdonable que hayas permitido que escape.
- ¡Sé que no tengo excusa! – se disculpó el juez, agachando la mirada. – Según el informe del espectro, todo iba bien en el corrupto despertar de ese caballero, pero algo ocurrió que lo hizo desaparecer, algo o alguien lo salvó.
- ¡No me interesa! – reclamó Pandora. – No te ordeno que aniquiles a ese inservible espectro porque aún no despertamos a todas las estrellas malignas, pero al siguiente fracaso, lo asesinas. ¡Más te vale que así sea!
- Así será… No tenga dudas de eso.
- Te voy a encomendar lo más importante, Rhadamanthys. – dijo Pandora, bajando sus niveles de furia. – El sello del señor Hades está a punto de romperse, así que tenemos que tener en nuestro poder su cuerpo elegido, cuanto antes. Ya sabes cómo localizarlo, pues el poder de su colgante de estrella te permitirá encontrarlo donde quiera que esté, así sea en otra galaxia.
- ¿Se refiera al muchacho que vive en Grecia?
- Así es, me refiero a Shun. – afirmó Pandora. – Tráelo de inmediato.
El juez se puso de pie, determinado a seguir con la misión que su señora le había encomendado.
- Según sus propias palabras, el cuerpo elegido del señor Hades no es más que un mocoso pacifista y tranquilo. – expresó el hombre, sonriendo con burla. – No será difícil atraparlo.
- Yo no estaría tan confiado, Rhadamanthys. Por eso fracasas tanto.
Un nuevo hombre había llegado al despacho de Pandora, de aproximados treinta y cinco años, pero en un estado físico igual de fuerte que el de Rhadamanthys. Poseía ojos color morado, cabello negro y violáceo hasta la altura de los hombros; sin embargo, más que sus atributos físicos, se distinguía más por su mirada sanguinaria y humor fastidioso, el que parecía irritar a su par, pues también se trataba de un juez del infierno.
Vestía de una manera similar a Rhadamanthys, con la diferencia de que su chaqueta era de cuero, más corta, y en su cabeza tenía una boina negra.
- Aiacos… – habló la chica, sorprendida.
- Disculpe la interrupción, señorita Pandora. – dijo el hombre, arrodillándose con educación. – No pude evitar escuchar su importante orden, así que, por favor, le pido que me la encomiende a mí.
- ¡Maldito Aiacos! – cuestionó Rhadamanthys, enfurecido. – ¡Esta es mi misión! ¿¡Cómo te atreves a intervenir!?
- Rhadamanthys, esta misión es muy delicada y la estás subestimando solo porque se trata de un simple chico. – dijo el juez, sin perder la compostura. – Ni siquiera pudiste traer de nuestro lado al caballero de Libra y dejaste escapar la valiosa oportunidad de contar con el poder de ese hombre.
- ¡Cállate! No me importa lo que digas, yo soy el que se encargará de esto.
- Minos y yo ya contamos, cada uno, con un caballero de Athena bajo nuestras órdenes… y los que faltan... – presumió el juez. – En cambio, tú…
- ¿Acaso te haces el idiota? Sabes que de mi lado tengo a uno de los caballeros más poderosos y letales de todos… – refutó el juez.
- Él no cuenta, pues tú no lo corrompiste, él llegó a ti hace años como un compasivo regalo. – continuó Aiacos, disfrutando de la furia de su compañero. – ¿O ya olvidaste que la diosa Ker…?
- ¡Basta! – reclamó Pandora, enfurecida. – ¡Me harté de escuchar estupideces! ¡Dejen de discutir y centrémonos en lo importante!
- Lo siento, señorita. – dijeron los jueces al unísono.
- Aiacos, mi decisión está tomada. Rhadamanthys se encargará de traer el cuerpo del muchacho aquí para que el señor Hades lo posea.
- En ese caso, quiero pedirle un favor.
- ¿Qué cosa?
- Si Rhadamanthys fracasa, permítame a mí encargarme.
- ¡Imbécil, no voy a fracasar! ¡Te vas a quedar sentado esperando!
- Permiso concedido, Aiacos. – dijo Pandora, causando una mueca de desagrado en Rhadamanthys. – Pero espero que no sea necesario, pues nuestra anhelada vida eterna depende de eso. Si comentemos un solo error, la diosa Ker nos cortará la cabeza. ¡Téngalo claro!
- ¡Sí, señorita!
- ¡Ya vete, Rhadamanthys! – ordenó Pandora. – ¡Espero resultados!
Los dos jueces del infierno dieron una reverencia y se retiraron del despacho, mientras que Pandora se dirigió a contemplar una de las pinturas que se encontraba en el sitio, una que reflejaba el pasado más profundo y doloroso de su vida. Se vio a sí misma en la imagen, mientras sonreía en compañía de sus padres y hermano menor.
Movió el cuadro ligeramente, exponiendo una entrada secreta que escondía un arma, la que le fue entregada años atrás por la diosa Ker para cumplir con su destino.
- Con este tridente acabaré con todo esto… por eso nada debe salir mal.
La dama abrazó el arma con fuerza, mientras las lágrimas se asomaban a atormentarla.
Shun sabía que haber entrado por la puerta prohibida fue una pésima idea, pero al igual que su amiga Saori, una fuerza le obligó a hacerlo, como si una verdad sobre sí mismo se encontraba cercana a él para encararlo con su realidad, como si tuviera que recuperar un pedazo desgarrado de su alma y corazón.
- ¿Cómo pude perder de vista a Saori? – se preguntó a sí mismo, preocupado, mientras seguía corriendo por el camino.
Shun comenzó a gritar el nombre de su amiga, esperando recibir una respuesta y así terminar con la angustia. Minutos, que parecieron horas, solo evidenciaron silencio.
- ¡Saori!
Finalmente, su ansiedad se vio calmada al haber encontrado a la dama, pero en circunstancias distintas a las pensadas, pues estaba desmayada en los brazos de un extraño joven.
- Tú… Tú eres…
Por milésimas de segundos, Shun sintió una extraña sensación de familiaridad por el hombre que tenía frente a él. Sin embargo, rápidamente salió de su trance y regresó al contacto con la realidad.
- ¿La conoces? – preguntó el joven con la muchacha en sus brazos.
- ¡Sí, ella es mi amiga! – expresó Shun, preocupado y acercándose hasta el muchacho. – ¿Qué le pasó?
- No lo sé, se desmayó y alcancé a detener su caída. – respondió el chico, preocupado.
- Gracias por haberla ayudado. – dijo Shun, intentando tomar a la joven en sus brazos. – Permíteme, la voy a sacar de aquí.
- ¡Por favor, déjame ayudarte! – expresó el muchacho, sin intenciones de soltar a la dama.
- No… No tienes que hacerlo… Yo…
- Por favor… No voy a quedarme tranquilo hasta ver que está bien.
El muchacho no comprendía la razón por la que se sentía preocupado por la desconocida joven, pero, aun así, no quería deslindarse de la situación, deseaba ayudarla a ella y a su angustiado amigo. No era la primera vez que intervenía en asuntos ajenos, pero ahora este lo sentía diferente, casi como si fuera suyo. Además, al igual que Shun, también lo percibía como alguien conocido.
- ¿Nos hemos visto antes?
Shun se sorprendió ante la pregunta del joven de cabello castaño, pues él sentía lo mismo, pero su mente no era capaz de descifrar aquella sensación. Lo que sí estaba seguro, es que no se trataba de una mala persona.
- No lo creo, pero si estás aquí no debe ser casualidad, así que aceptaré tu ayuda. – dijo el joven, sonriendo con calidez. – Mi nombre es Shun.
- Yo me llamo Seiya.
Los jóvenes volvieron a sentir su alma tambalear al escuchar el nombre del otro, pero no tuvieron tiempo de decir más al escuchar la débil voz de Saori.
- Seiya… – mencionó Saori, totalmente inconsciente de sus acciones.
- Vaya, parece que reaccionó al escuchar mi nombre. – dijo Seiya, lanzando una carcajada. – No le soy indiferente.
- ¡No es momento de bromas! – expresó Shun, preocupado, aunque por dentro tuvo deseos de reírse. – Saquémosla rápido de aquí. ¿No dijiste que ibas a ayudarme?
- ¡Tienes razón, Shun! – dijo Seiya, avergonzado. – Saquémosla de este sitio que… es extraño.
- Yo soy su médico, así que voy a ver qué le sucede.
Entre los dos jóvenes, cargaron a Saori y salieron del misterioso santuario, sin saber que el lugar, en ese momento, había comenzado a dar señales de vida.
La vida es preciada y efímera, al igual que la última llama que brilla débilmente en el reloj de fuego del santuario, el que ha estado marcando hora por hora el trascender del dolor, la traición, vergüenza y muerte.
Me costó entender el motivo de este doloroso camino, y es por eso que en estos momentos me encuentro haciendo mío el dolor de un amigo, de un hermano que desde hace más de dos siglos me ha acompañado en cada etapa de mi vida, feliz o dolorosa.
Shion, nunca me imaginé que volvería a verte para enfrentarme a ti en una guerra a muerte, donde las heridas del alma superaron a las físicas. Recuperé mi juventud, pero al parecer algo de inexperiencia se filtró en mi espíritu, pues fue incapaz de identificar tu sufrimiento y las invisibles lágrimas de sangre que resbalaban por tus mejillas sin parar, durante estas doce horas de tormento.
Amigo, mis brazos serán tu soporte hasta que tú lo necesites, hasta que sientas que tu alma va a trascender.
Con dificultad, decides dar un último esfuerzo para incorporarte y mirar todo lo que te rodea.
- ¿Qué ves? – pregunté con curiosidad.
- El santuario… y todo en este mundo. – respondiste con voz tranquila y serena.
A pesar de que el santuario se está desmoronando por la ausencia del cosmos de nuestra diosa, tú lo contemplas como si se tratara de un paisaje, mientras el alba está a punto de cubrirlo.
- Así es. – respondí serio, intentando mantener la calma. – Los caballeros de bronce tuvieron que volver a pelear en nuestro lugar.
- Quiero ofrecerles disculpas... – dijo Shion, apenado.
- Nada ni nadie habría sido capaz de detenerlos. – respondí, soltando una pequeña risa. – Sin embargo, lamento no haberlos podido ayudar a despertar el octavo sentido.
- La única forma de llegar al mundo de los muertos con vida y de no estar sujeto a las leyes de la muerte. El cosmos final.
- Esos muchachos han elevado sus cosmos hasta el infinito, incluso más que nosotros…
En ese momento, escucho un quejido de dolor saliendo de ti, lo que significa el poco tiempo que te queda. Me acerco para volver a prestarte mi hombro y que te apoyes, brindándote así el último abrazo de despedida.
- Dohko, antes de irme, quisiera hacerte una pregunta…
- Te escucho…
- Si llegamos a reencarnar algún día, ¿qué es lo que más desearías?
En mis más de doscientos años, nunca me había cuestionado algo como eso, sin embargo, ahora que he conocido a muchas personas, experimentado tantas emociones y perdido a seres queridos, tengo una respuesta.
- Me gustaría tener personas a quienes amar y proteger. – respondí serio. – Quizás esa familia que no pude lograr en estos dos siglos.
- ¿Tú? ¿Un padre de familia? ¡No me hagas reír!
- ¡Para que lo sepas, yo sería un excelente padre! – respondí riéndome, a pesar de que la tristeza me consumía. – Por algo adopté a esa joven a la que he criado y eduqué a mi discípulo con tanta dedicación.
A pesar de su estado, Shion también se rio, lo que causó que le devuelva la pregunta.
- ¿Y tú? ¿Qué deseas hacer?
- Lo mismo que tú… siempre lo quise. – respondió serio. – Amar, tener algo mío y protegerlo para siempre. Incluso se lo comenté a mi discípulo antes de despedirnos.
- Hasta en eso nos parecemos…
La llama del reloj de fuego comienza a debilitarse con rapidez, lo que corroboro al sentir que tu cuerpo se está volviendo más ligero, casi transparente.
- Dohko… – me llamaste, mientras mi hombro se iba sintiendo menos pesado. – Desearía seguir hablando contigo, pero…
- No te preocupes… – respondí soltando una risa, aunque por dentro me estaba destrozando. – Pronto volveremos a vernos.
Me separo de ti para ver tu rostro el poco tiempo que se pueda, y veo que sigues con la misma cálida sonrisa de siempre.
- Tienes razón… Esperamos doscientos cuarenta y tres años, un poco más no significa mucho.
- Así es... Ese tiempo no es nada.
En ese momento, el cuerpo de mi hermano del alma se ve envuelto por luz dorada, mientras que su cosmos se desfragmenta en polvo de estrellas que viaja hasta el cielo, desapareciendo poco a poco. Es ahí donde las lágrimas que llevaba reprimiendo por tanto tiempo salen a flote, reviviendo, una vez más, el dolor de perder a un ser querido.
- Shion, mi querido amigo, nos volveremos a ver… Hasta pronto.
…
El intenso dolor de cuerpo le obligó a levantarse, mientras su corazón latía con prisa. Dohko, confundido, tocó su rostro, no solo para sentir que sus ojos estaban llenos de lágrimas, sino que su frente estaba manchada de sangre, como si hubiera sido víctima de una agresión.
- ¿Qué… qué pasó?
En ese momento, su mente comenzó a rebosar de imágenes y recuerdos de su pasado y presente, causando que un dolor de pecho lo martirice por pocos segundos, pero que para él parecieron eternos. A pesar de haber llenado muchos espacios de su vida, siempre sintió que debía recuperar algo, y ahora su mayor deseo se estaba dando, pero de una manera traumática y dolorosa.
- Yo... yo… Ya sé quién soy…
Lamentablemente, la manera en la que recordó los hechos no fue la más óptima, pues cuando se encontraba de camino a Grecia, fue brutalmente atacado por un enemigo desconocido, el que lo lanzó de manera violenta a su verdadera realidad, al punto de casi corromper su alma.
- Ya recuerdo… – mencionó Dohko, agarrando su cabeza con fuerza. – Yo salí del Pico de los Cinco Ancianos para encontrarme con el Mochuelo de Athena, y me atacó ese monstruo espantoso… Luego de eso comencé a recordar cosas, hasta que me encontré con…
Su corazón se tambaleó con violencia al recordar el enfrentamiento que había tenido momentos antes, el que logró devolverle la cordura. Después de cientos de años, volvió a encontrarse con el amigo que vio desvanecerse frente a sus ojos en aquella vida llena de guerra y sangre que le tocó afrontar.
Shion, su hermano de alma, lo había salvado de las garras de la oscuridad.
- No… No puede ser… ¡Shion!
Desesperado, el hombre se puso de pie para encontrar a su compañero, quien aún seguía en el suelo inconsciente, con sangre y lágrimas cubriendo su rostro. Dohko se acercó hasta él para reanimarlo, pensando lo peor.
- No… No pude haberlo matado… – expresó conmocionado, mientras movía los hombros de su compañero para que despierte. – ¡Maldita sea, Shion! ¡Despierta!
Los violentos movimientos causaron que el caballero de Aries comience a abrir los ojos lentamente, causando que el alivio invada a su compañero.
- Dohko… – llamó Shion con dificultad debido al dolor, pero sonriendo. – Ya estás bien, qué gusto me da.
- ¡Imbécil! ¿Por qué no despertabas? ¡Creí que te había matado! – reclamó Libra, con lágrimas en los ojos.
Dohko ayudó a Shion a ponerse de pie, mientras aún seguía asimilando lo que había pasado; todos los recuerdos que invadían su alma y se hacían uno solo con su vida presente.
- ¿Tú? ¿Matarme? – preguntó Shion, limpiando con sus dedos la sangre de su rostro. – Un anciano como tú, ¿qué podría hacerme?
Libra quiso darle un golpe a su amigo, pero en lugar de eso, se conmovió y lo abrazó con fuerza, causando que Shion también le devuelva el gesto, mientras las lágrimas lo acompañaban. Los grandes compañeros de armas habían vuelto a reunirse, y esta vez sin tiempo limitado, sin traiciones ni con el peso de la edad encima. Todo era un nuevo empezar.
- Te dije que nos volveríamos a ver. – dijo Dohko, tranquilizándose y separándose del abrazo.
- Así es, y veo que no has cambiado en nada. – dijo Shion. – Sigues siendo el mismo impulsivo y sensible de siempre.
- Tan sensible que te recibí con la paliza de tu vida…
Shion cerró los ojos, avergonzado, pero no pudo refutar nada de lo que su compañero le dijo, pues aún seguía sufriendo las secuelas de los golpes de la lucha.
- Gracias por haberme salvado, Shion. – dijo Dohko, colocando una mano en el hombro de su amigo. – A pesar de que estaba fuera de mí, recuerdo absolutamente todo lo que pasó.
- Lo sabía, siempre supe que estabas consciente, a pesar de no poder controlarte. – respondió Aries. – Seguramente fue espantoso.
- Fue terrible… lamento todo lo que te hice pasar.
- Gracias a eso pude recuperar mi vida y renacer mi cosmos. Fue necesario.
- Así es, fue totalmente necesario…
Los hombres se dieron la vuelta para encontrarse con el Mochuelo de Athena, quien se había posicionado en uno de los pilares para hablar con ellos. Ya con las cosas más claras y saber que el ave se relacionaba con la diosa, decidieron arrodillarse ante ella para rendirle respeto, pero sobre todo para escucharla.
- Lamento tanto que dos buenos amigos hayan tenido que enfrentarse. No era lo que tenía planeado, pero al final el resultado fue el deseado. – dijo el búho, con seriedad. – Shion, el Patriarca apoderado de Athena, por fin ha regresado; y Dohko, el caballero dorado de Libra, su mano derecha, y el representante de la balanza de la justicia en el santuario de la diosa, ha renacido para cumplir con su destino. Ustedes dos son claves para el éxito de esta empresa, para apoyar a Athena en esta nueva guerra contra Hades, quien ha regresado no solo para llenar al mundo de oscuridad, sino para vengarse.
- Creí que Athena, al haber destruido su cuerpo físico, lo habría sellado para siempre. – dijo Shion, preocupado. – Sin embargo, los dioses nunca mueren, así que era de esperarse.
- Ker, diosa de los destinos malditos, hermana menor de Thanatos e Hypnos, ha decidido apoyar en esa venganza. – dijo el ave, preocupada. – Hace 500 años, antes de que Athena se despida del mundo terrenal, ella dispuso nuevas vidas para todos sus caballeros, pero aun así, Ker intervino de muchas maneras en el destino de cada uno de ellos, y eso es algo que irán descubriendo en el camino. Sin embargo, lo más terrible, es que está causando que los caballeros que fueron fieles a nuestra diosa, sean corrompidos a favor de Hades, queriendo así humillarnos a todos.
- Tal y como lo intentaron conmigo. – dijo Dohko, enojado e impotente, mirando al ave. – Aun no puedo creer que recuerde todo lo que me pasó. Ni siquiera vi venir al espectro, simplemente se abalanzó a atacarme y no me dio oportunidad para defenderme. De todas maneras, gracias a ti no pudo corromperme por completo.
- Lamentable eso no pudo evitar que escape. – respondió el búho. – Aún sigue con vida.
En ese momento, el rostro de Dohko palideció de pánico, cosa que su amigo notó de inmediato.
- ¿Qué tienes, Dohko?
- ¡Ese maldito me atacó cerca de mi hogar! – exclamó aterrorizado. – ¡Mi esposa y mi hija estaban ahí!
- No tienes nada que temer, él se marchó de la región. – respondió el ave. – Seguramente ha sido castigado o asesinado por haber fallado en su misión.
Un largo suspiro de alivio salió de la boca de Dohko, el alma le había regresado al cuerpo al saber que su familia estaba bien. Shion observó esa imagen con curiosidad, pero sobre todo melancolía, pues recordó cuando él y su amigo desearon reencarnar con una vida diferente a la anterior, con personas que amar y una familia que proteger.
Lastimosamente, en el caso del caballero de Aries, las cosas no fueron así…
- ¿Shion?
- ¿Ah? – el hombre volvió en sí al llamado de su compañero. – Me distraje por un momento, lo siento.
- Aries, hay algo que debes saber sobre tu posición actual.
Shion puso atención total atención a lo que el ave iba a decirle.
- Shion, tu destino es ser el Gran Patriarca al servicio de Athena, el que siempre irá a un paso de ella y guiará a la victoria, como líder, a los futuros caballeros. – indicó el ave. – La armadura que tienes solo es temporal…
- ¿Temporal? – preguntó extrañado.
- Así es, hasta que encuentres a su legítimo dueño. – afirmó el ave.
- Pero...
Shion se sintió muy confundido ante la revelación del búho, pero decidió no hacer preguntas para no terminar peor.
– Ninguno de ustedes recuerda la apariencia o el nombre de los caballeros que lucharon con ustedes en el pasado, pero eso se aclarará una vez que los encuentren, y eso será por medio de su constelación.
- ¿Constelación? – preguntó el patriarca, sorprendido. – Yo pude ver la constelación de Aries cerca de mí, y gracias a eso pude recuperar la armadura.
- Como ustedes saben, las armaduras tienen vida propia, y cada una de ellas ha estado durmiendo por todo este tiempo en lo más profundo de su alma y corazón. – dijo el búho. – Una vez que recuperaron su vida, su constelación protectora los reconoció cuando sus cosmos se encendieron con fuerza, y por eso logró separar la vestimenta de ustedes, convirtiéndola en algo independiente, pero al mismo tiempo complementario.
- ¿Eso quiere decir que el alma de la armadura sigue dormida en otros caballeros y ni siquiera lo imaginan? – preguntó Dohko.
- Así es, y esa fue otra disposición de Athena, para así evitar que malas intenciones intenten robarlas. – confirmó el mochuelo. – Es por eso que los espectros están interesados en apoderarse de los caballeros, pues dentro de ellos se encuentra despertando el cosmos, lo que significa el renacer de la armadura y el completo poder de ellos.
Dohko y Shion se miraron preocupados, sabiendo que habían pensado lo mismo.
- ¡Eso quiere decir que hay caballeros en peligro de ser corrompidos! – exclamó Dohko, espantado.
- Actualmente, hay dos dilemas, el cual tendrán que resolver. – dijo el ave. – Hay un hombre que, a pesar de que aún no ha despertado su cosmos por completo, lo ha desarrollado increíblemente con el paso de los años. Incluso más rápido que ustedes.
- ¿¡Qué!? – preguntaron los hombres, horrorizados.
- El otro dilema, es que la vida de Athena también se encuentra en peligro, pues ella es muy cercana al cuerpo elegido para la reencarnación de Hades, y es cuestión de tiempo para que la asesinen.
- ¡No! ¡Tenemos que evitarlo como sea! – exclamó Dohko, alterado.
- ¡Tranquilízate! – pidió Shion. – Primero tenemos que analizar el primer paso a seguir. Así no podremos hacer nada.
El ave apareció ante Shion un pergamino, el que al abrirlo descubrió una serie de mapas y constelaciones casi inentendibles. Como patriarca, solo él podía descifrarlo.
- Caballero de Aries, concéntrate en descifrar los secretos de ese pergamino. – ordenó el ave. – Ahí encontrarás todas las respuestas para la misión encomendada, y recuerda que la única guía para eso es el cosmos.
- ¿Con cuánto tiempo cuento para eso?
- El tiempo es solo cuestión de ti…
Sin decir nada más, el ave se retiró, dejando a los dos compañeros solos con la preocupación.
Shion estaba dispuesto a llegar al fondo del asunto con relación al pergamino, pero antes quería verificar que su amigo se encontrara totalmente sereno, pues como su mano derecha, lo necesitaba muy involucrado en la misión.
- ¿Ya te sientes más tranquilo con respecto a tu familia?
- Sí. Me aterroricé al pensar que ese espectro podría haberles hecho daño, pero me alegra saber que no fue así.
- Dohko… cumpliste tu sueño en esta época. – dijo Shion, cerrando los ojos, conmovido.
- ¿Lo recuerdas? – preguntó Libra, emocionado. – Fue uno de nuestros últimos deseos antes de morir, y me siento muy feliz de haberlos cumplido. Por cuarenta años he tenido una vida tranquila. Me dedico a la agricultura, pero además soy maestro de artes marciales y varios jóvenes errantes me buscan para retarme y medir su fuerza. Estoy enamorado de mi esposa desde hace veinte años y tengo una hermosa hija de la misma edad. No he tenido riquezas, pero el destino ha sido muy bueno conmigo.
- Me alegro mucho por ti…
- ¿Y tú, Shion? – preguntó Dohko. – ¿También lograste formar esa familia que tanto querías?
El rostro de Shion cambió radicalmente ante la pregunta, mientras su alma se quebraba al recordar todo el camino de espinas que le tocó recorrer desde los dieciséis años, hasta aquella marca de separación y soledad que en la actualidad lo perseguía.
Aún podía escuchar los enfurecidos los gritos de su progenitor… el día que lo marcó totalmente.
- ¡Prefiero verte muerto antes que enredado con esa maldita mocosa! ¡No la volverás a ver!
- Te lo suplico, papá… Yo la amo, no puedo separarme de ella.
- Ya tengo otros planes para ti… Ese será tu castigo por haberte burlado de mí…
Nunca iba a perdonar a su padre los maltratos emocionales y físicos, pero sobre todo el que lo haya separado de lo que más amó en su vida.
Shun tuvo la intención de regresar al hotel para poder revisar mejor a Saori, sin embargo, en el camino, ella comenzó a recuperar el conocimiento, por lo que detuvieron su andar y se sentaron para esperar a que despierte por completo.
- Por fin despiertas… – expresó Shun, más tranquilo al ver que su amiga comenzaba a recuperar la conciencia. – ¿Cómo te sientes?
Seiya se encontraba detrás de la muchacha, mientras la sostenía por los hombros. Shun revisaba que su pulso se estuviera normalizando y la respiración se encontrara estable; para su tranquilidad, todo estaba en rangos normales.
- ¿Qué me pasó? – preguntó confundida.
- Sufriste un desmayo, pero ya estás mejor. – respondió Shun, sonriendo. – Mientras te cargábamos, comenzaste a despertar.
- ¿"Cargábamos"?
Fue en ese instante que Saori sintió unos brazos sostenerla, por lo que, alarmada, se levantó con prisa y se encontró con la mirada del nuevo integrante de su grupo.
- Me alegra ver que ya estás mejor. – dijo el muchacho, nervioso al ver a la chica.
- Yo… Yo…
- Él te encontró desmayada y evitó tu caída. – dijo Shun a su amiga. – Su nombre es Seiya.
El cuerpo de la dama comenzó a temblar, pero no sabía si era debido a que aún se sentía débil o por la imagen del joven que se encontraba frente a ella, sobre todo por su nombre. No había duda que le transmitía sensaciones terriblemente conocidas, como si fuera un amigo del pasado o algo más cercano y sagrado.
- Seiya… – pronunció la joven, estirando su mano para saludarlo. – Yo me llamo Saori.
Seiya tomó su mano para devolver el saludo, sin embargo, sintió su rostro sonrojarse al percibir nostalgia y viejos recuerdos en la dama, sobre todo por su nombre. Sus incógnitas sobre por qué había querido ayudarla se acrecentaron aún más, al mismo tiempo que la confusión por verla.
Entre ellos se estaba llevando a cabo un milenario y desconocido reencuentro desde lo más profundo de sus corazones.
- Muchas gracias por haberme ayudado. – dijo Saori, avergonzada y sonrojada. – Es una pena que hayas tenido que dejar tus asuntos por mí.
- Este… yo… – Seiya comenzó a balbucear, sin saber cómo seguir la conversación. – Yo solo quise ayudar, nada más.
- Nunca debimos entrar a ese sitio, Saori. – dijo Shun, mostrando un poco de molestia. – Nos diste un gran susto.
- Lo lamento tanto... – dijo ella, apenada.
- ¿Qué estaban haciendo dentro del santuario? – preguntó Seiya.
- Solo quise ver como era por dentro, nada más… – respondió Saori, respondiendo algo que ni ella misma entendía.
- ¿Y tú, Seiya? – preguntó Shun. – ¿Por qué estabas ahí?
Seiya no se había dado cuenta, pero hasta ese momento, seguía sosteniendo la mano de Saori, por lo que soltó una avergonzada risa y la dejó de inmediato, causando que la joven se sonroje. Las razones que lo llevaron a ese sitio eran igual de desconocidas, pero algo en su interior le señalaba que podía confiar su triste historia al par de jóvenes que acababa de conocer.
- La verdad… Me llamó la atención que la entrada estuviera prohibida, me dio curiosidad, así que entré, pero luego me perdí. Es complicado de explicar. – respondió Seiya, colocando una mano detrás de su nuca.
- ¿De dónde eres?
- Nací aquí, en Atenas, pero mi familia y yo nos mudamos a Japón cuando yo era bebé, ni siquiera me acuerdo de eso. – comenzó el joven a relatar su historia. – Y bueno, he regresado aquí después de veinticinco años porque estoy buscando a alguien.
- ¿A quién? – preguntó Saori, temiendo meterse más de la cuenta en la intimidad del joven.
Seiya se quedó callado por unos segundos para volver a meditar si era conveniente seguir con su relato, pero la pureza en la mirada de Saori lo cautivó por completo, hasta el punto de darle miedo. Nunca en su vida se había topado con unos ojos tan hermosos, tan profundos que deseaba perderse para siempre en ellos.
- Busco a mi hermana mayor. – respondió Seiya, apenado.
El joven sacó una fotografía de su hermana para enseñársela al par de amigos, pero estos, apenados, negaron con la cabeza el haberla visto.
- Se llama Seika, y desde que murieron mis padres, hace diez años, es todo lo que tengo. – comentó el joven, intentando no mostrar malestar en su voz. – Ella y yo nos hemos dedicado al boxeo profesional, y hace cinco años, cuando finalizamos un torneo, simplemente desapareció. Solo me dejó una carta para decirme que debía irse porque necesitaba hacerse más fuerte, nada más.
Shun sintió empatía por el relato de Seiya, sobre todo porque lo entendía a la perfección, pues también su hermano había desaparecido en esa misma época y por razones bastante similares. Por un momento, la casualidad de la situación le pareció extraña, pero no quiso darle tanta importancia.
- Lamento mucho la desaparición de tu hermana. – comentó Shun, apenado.
- ¿Y qué te hace creer que tu hermana puede estar por aquí? - preguntó Saori.
En ese momento, el semblante de Seiya cambió a uno molesto e incómodo, y en el fondo, hasta podría interpretarse como cómico.
- Hace tres meses me llegó una carta sin remitente, pero por la letra supe que era de este país. – comentó enojado. – Ahí me informaron que mi hermana se casó.
- ¿¡QUÉ!? – exclamaron Shun y Saori al unísono, sorprendidos.
Seiya iba a seguir quejándose, sin embargo, se detuvo al ser invadido por una sensación extraña, espantosa y peligrosa, lo que provocó que su sentido de alerta se agudice.
- ¿Qué pasa, Seiya? – preguntó Shun, preocupado.
- ¡CUIDADO!
Para su espanto, Seiya vio como una especie de tentáculos se colocaron alrededor de Shun para atraparlo, lo que provocó que tome de la mano a Saori y empuje a Shun a un lado para alejarlo de la extraña amenaza.
Los tres jóvenes cayeron al suelo, adoloridos y confundidos, pues no comprendían lo que estaba pasando en ese momento.
- JAAAAA JA JA JA JA JA JAAAAAAA
Una carcajada siniestra invadió la arboleda, causando que los jóvenes se llenen de terror ante lo que estaba apareciendo frente a sus ojos. Un hombre deforme, vestido con una armadura oscura y con varios tentáculos saliendo de su tronco.
Nunca en su vida se habían cruzado con un ser tan extraño. Por un momento, los jóvenes creyeron estar soñando.
- ¿¡Qué es esa cosa!? – preguntó Seiya, confundido.
Los tentáculos volvieron a atacar hacia donde ellos se encontraban, pero esta vez en dirección a Shun, cosa que él notó. De inmediato, el joven médico esquivó el ataque para evitar que pudiera lastimar a Seiya o a Saori.
- JAJAJAJAJAJAJA – volvió a reír el asqueroso ser. – ¡Por fin te encontré, mocoso!
- ¿Qué es lo que eres? – preguntó Shun, asustado y alejándose más. – ¿Por qué nos atacas?
- Soy Raimi de Gusano, de la estrella terrestre de lo oculto. – se presentó el monstruo. – Soy un espectro de Hades y vengo por ti…
- ¿Qué? ¿Hades?
- ¡Shun, cuidado! – gritó Saori, aterrorizada y confundida.
El espectro se disponía a lanzar uno de sus gusanos para atrapar a Shun, sin embargo, se incapacitó al recibir un golpe en la cara de parte de Seiya, quien se había reincorporado. Enfurecido, Raimi lo agarró del brazo, incrédulo de que la agresión le hubiera causado dolor.
- ¿¡Cómo te atreves a intervenir, engendro!? – preguntó el espectro, apretando con fuerza el brazo de Seiya.
- ¿¡No tienes espejo!? ¡Tú eres el engendro! – preguntó Seiya, burlándose del monstruo, pero aguantando el dolor de su brazo debido a su tentáculo. – No sé qué clase de cosa seas, pero no dejaré que lastimes a mis amigos.
- ¿Cómo es posible que un tipejo como tú haya podido golpearme? – preguntó ofendido. – ¡Te mataré antes de llevarme el cuerpo del mocoso!
- ¡Suelta a Seiya! – gritó Shun, ahora enfurecido ante el espectro. – ¡No permitiré que le hagas daño!
Con una fuerza y determinación que no comprendía, Shun asestó otro golpe en el rostro del espectro, causando que este se enfurezca más y hasta se olvide de la misión por la que había sido invocado. Fuera de sí, lanzó a Seiya sobre Shun, enviando a ambos a golpearse contra un árbol, provocando que queden inconscientes.
- ¡Seiya! ¡Shun! – gritó Saori, desesperada, mientras corría hasta donde se encontraban ellos.
La joven comenzó a llorar debido al terror que la invadía, sobre todo al ver las heridas sangrantes en los cuerpos de sus amigos. ¿Qué clase de monstruo era el que se encontraba frente a ella? Y más que eso, ¿por qué ella se alteró al escuchar el nombre de Hades?
- ¿Qué he hecho? ¡Soy un imbécil! – expresó el monstruo, cerrando los ojos con impotencia. – No puedo lastimar el cuerpo de ese chico. ¡El señor Rhadamanthys va a matarme! Tengo que llevármelo de una vez. Nunca creí que perdería tanto tiempo con seres tan débiles.
Raimi comenzó a acercarse hasta el árbol para llevarse a Shun, sin embargo, una terrorífica sensación lo detuvo, la que llegó a erizarle incómodamente su áspera piel.
- No des un paso más…
- ¿Qué?
El espectro se quedó de piedra al ver que Saori se había posicionado frente a los jóvenes, y contrario a lo que creía, no la veía nada asustada. La joven mostraba fiereza y determinación en su mirada, incluso enojo. No comprendió por qué, pero comenzó a llenarse de inmenso miedo.
- ¡Muévete, estúpida! – gritó el espectro, enojado. – Si no lo haces, te tomaré con mis gusanos y te haré gritar de terror, y no hay nada más placentero para mí que escuchar los gritos de dolor de las mujeres.
- No permitiré que lastimes a ninguno de los dos…
Raimi quedó de piedra al sentir que el terror de él crecía, sobre todo cuando Saori se vio rodeada por un aura dorada, una energía poderosa y enigmática que le durmió la lengua.
- ¿Qué es este cosmos? ¡Es enorme! Es tan parecido al de… No… No puede ser… ¡Es tan gigantesco como el de un dios!
El espectro sintió satisfacción al haber descubierto el misterio, uno que jamás imaginó encontrarse en su "sencilla" misión.
- JAAA JAAA JAAAAAA ¡Ya sé quién eres! ¿Cómo no pude darme cuenta antes? – rio el espectro, complacido. – Llevaré tu cabeza ante la diosa Ker y me ganaré la gloria. Hasta puede ser que me asciendan a juez.
Saori miró con extrañeza al espectro, pero de ninguna manera bajó la guardia ante él. Estaba dispuesta a lo que sea para que ni Seiya ni Shun sean lastimados.
- ¡MUERE, MALDITA!
Un gusano se aproximaba para arrancar la cabeza de Saori, quien ni se inmutó ante su cercana muerte. Sin embargo, un grito desgarrador invadió todo el perturbado ambiente.
- ¡AAAAAAAARHG!
El cuerpo de Raimi se vio rodeado por incandescentes llamas, causando que sus gritos se vuelvan más aterradores con el paso de los segundos, hasta que su cuerpo desapareció por completo. Sin embargo, el fuego seguía encendido con intensidad sobre sus cenizas.
- Un gusano no es rival para las terribles llamas del infierno…
Entre las llamas comenzó a materializarse un cuerpo, el dueño de la voz que había llegado a salvar a los tres jóvenes, pero sobre todo, la que causó que la inconsciencia de Shun se desvanezca por completo.
Aun en el suelo, Shun creyó estar soñando ante la imagen frente a él, una que añoraba volver a ver desde hace varios años… Y ahora, por fin, se había vuelto realidad.
- I… Ikki…
Aun dentro de las llamas, el joven reconoció a la perfección aquellos ojos azules que siempre lo cuidaron.
Las cuerdas del arpa fluían con gracia y nostalgia en la sala de música del castillo Heinstein, siendo Pandora la creadora de su hermosa, pero desgarradora melodía.
- ¿Quién está ahí?
Detuvo su actividad al sentir que alguien se aproximaba, cosa que le sorprendió, pues ella dio instrucciones claras de no ser interrumpida.
- Disculpe la impertinencia, señorita Pandora. – dijo el recién llegado. – Permítame informarle algo muy importante.
Un hombre de la misma edad de Aiacos, se había arrodillado educadamente ante ella. Se trataba de Minos, el último juez del infierno bajo sus órdenes, y al igual que sus pares, compartía la misma antítesis de sus físicos, atractivo, pero letal y maldito. Sus ojos color naranja, cubiertos por lentes, combinaban con su larga y desordenada melena blanca; portaba un traje parecido al de sus pares, pero con un saco negro con patrones de cuadros.
El hombre se encontraba entusiasmado debido a un gran descubrimiento, por lo que no pudo evitar interrumpir a Pandora para compartírselo.
- ¿Qué deseas, Minos? – preguntó Pandora, quien continuó con la melodía de su arpa.
- Quiero decirle que he descubierto dos cosas muy interesantes, por lo que pido su autorización para trasladarme hacia donde se encuentran.
- ¿A qué te refieres?
- No solo he detectado al próximo portador de una de mis estrellas malignas, sino que, en el mismo lugar, he identificado el cosmos casi desarrollado de un caballero sumamente poderoso, el que podría ser muy valioso en nuestro ejército.
- En ese caso, búscalos cuanto antes, pues puedo sentir cada vez más perceptible el cosmos de Athena. – dijo la dama, aun obnubilada en su música. – Si cumples con tu misión antes de que el señor Hades esté entre nosotros, se sentirá muy complacido.
- Lo sé… – manifestó el hombre con satisfacción. – Por eso voy a partir cuanto antes.
- ¿A dónde te vas a dirigir?
- Tanto el futuro espectro, como mi próxima marioneta, se encuentran en la India.
Minos se relamió los labios solo de imaginar lo atrayente de su misión…
Comentarios finales:
Hola, estoy de nuevo por aquí.
Estoy bastante inspirada con esta historia, por lo que, hasta ahora, estoy cumpliendo con la publicación de dos capítulos al mes. Espero seguir con este ritmo, y sobre todo seguir contando con su apoyo.
Este capítulo lo considero bastante importante, pues han aparecido personajes claves, como Seiya y los jueces del infierno, sobre todo Rhadamanthys, quien se ha ganado el premio al personaje más amado/odiado por la saga, por su descaro, maldad, fuerza y al mismo tiempo cobardía. Los tres jueces del infierno van a tener mucha relevancia en esta historia, pero él un poco más que los demás, incluso por eso es el mayor y más experimentado de todos.
La personalidad de Seiya está inspirada más o menos en cómo se ha comportado siempre en el anime/manga; un chico algo entrometido, impulsivo y bromista, pero justo y decidido para defender a sus amigos. Es por eso que decidió a ayudar a Saori y a Shun sin "conocerlos", además, de sentir familiaridad al estar cerca de ellos. De eso se trata la afinidad de almas cuando se conocen desde vidas pasadas. Yo, en mi realidad, creo firmemente en eso.
Adicional a lo indicado, decidí que la profesión de Seiya sería el boxeo, como una referencia al personaje de Ryuji Takane, del manga "Ring ni Kakero", también obra de Masami Kurumada. Seiya es idéntico a Ryuji, así que considero que le queda bien.
Todos los caballeros (y espectros), de alguna manera, cuentan con un buen estado físico y bases de lucha para poder lidiar con su destino. Hasta en eso Athena intervino. Aunque lo más bonito que ella dio como regalo para todos ellos, es el amor y construir sus relaciones. En cada capítulo entenderán mejor su significado.
Amé relatar la despedida de Shion y Dohko, es una de las escenas, a mi parecer, más tristes de Saint Seiya, y mucho más con la música tan desgarradora que tiene de banda sonora, hasta el día de hoy me hace llorar. En esta historia, le puse mi toque personal al narrar los sueños que tenían cada uno para su próxima vida, pues no todo se iba a limitar a que vuelvan a verse. ¿Adivinan quién es la hija del caballero de Libra? Creo que eso es bastante fácil de saber, pero de todas maneras no falta mucho para que se descubra.
Como ya se dieron cuenta, aunque el fanfic sea dramático, también tendrá sus momentos cómicos. Cada personaje, sea bueno o malo, mostrará lo más relajado y gracioso de su personalidad.
Muchas gracias por leer y comentar. Me hace muy feliz leer cada opinión de mi historia, la que escribo con mucho cariño para ustedes.
Un abrazo,
Artemiss
