Capítulo 7: El renacer de la diosa
Pandora y los tres jueces del infierno estaban estupefactos ante la expresión mostrada por la diosa Ker. Todos estaban listos para morir en manos de su furia por el tremendo error cometido, pero ella solo observaba con encanto al errado portador del alma de Hades, quien no se imaginaba que su humanidad era el centro de interés de todos.
- ¿Quién es este hombre, Aiacos? – preguntó Ker. – Tiene un cosmos tan particular, embravecido y violento.
El juez alzó la mirada para responder a su diosa, analizando si estaba hablando en serio o con sarcasmo. No tenía la manera de inferir sus pensamientos.
- El individuo se llama Ikki, es hermano mayor de Shun, el original cuerpo elegido por el señor Hades. – respondió el espectro. – Tuve un terrible enfrentamiento con él por sus deseos de proteger a su hermano, y al final lo consiguió, pues cuando di inicio al ritual de renacimiento, él se interpuso.
- Puedo sentir que este tipo tiene alma de caballero…
- Así es, pero no posee armadura ni identidad en sus ataques. Por eso me tomó por sorpresa.
- ¿Él te hizo esa herida?
El juez se mostró molesto al recordar la humillación por la que lo hizo pasar Ikki, la que se vería reflejada en la cicatriz que iba a quedarle en el cuello una vez que sane. No lo demostraba, pero sus deseos de acabar con él seguían latentes y no podía aceptar el hecho que Hades, el dios al que veneraba con tanta lealtad, hubiera poseído su cuerpo. Esperaba ansioso que, si Ker no lo mataba, le ordenara a él cortarle la cabeza.
- Sin duda alguna, esto ha sido una desgracia con mucha suerte.
- ¿Qué? – expresó Pandora, confundida.
- Desde la era mitológica, siempre he respetado los deseos del señor Hades, pero mis hermanos y yo, muy en el fondo, nunca estuvimos de acuerdo de que eligiera como su portador al hombre más puro sobre la tierra, pues no hay nada más poderoso que la fuerza para gobernar sobre otros. – confesó Ker, colocando su mano en la frente de Ikki. – Ahora que esto ha ocurrido, lo tomo como un juego del destino a mi favor, como diosa que soy del mismo.
- ¿Eso quiere decir qué…? – preguntó Rhadamanthys, impactado con la idea que cruzó por su cabeza.
- Vamos a aceptar con agradecimiento a este portador, la nueva reencarnación de nuestro señor. – afirmó la diosa. – Su violento cosmos se fusionará con el alma del señor Hades una vez que su despertar se complete. Y así será un enemigo implacable con Athena.
Aiacos no lo demostró, pero por dentro la furia comenzó a consumirlo. Por muchos años esperó el despertar del dios, pero le molestaba enormemente que vaya a hacerlo en el cuerpo del hombre que lo humilló en batalla, a pesar de que él también lo dejó muy lastimado. Iba a tener que tragarse su furia.
- Señora Ker, con todo respeto… – intervino Rhadamanthys. – ¿Tiene presente que el alma de Hades ocupará el cuerpo de un supuesto caballero? Una cosa es que tengamos de nuestro lado a corrompidos guerreros de Athena, pero otro es que nuestro señor ocupe a uno de ellos.
- Es más que perfecto, pues eso significará un duro golpe para Athena, quien después de esto seguramente despertará por completo. – respondió la diosa. – Nos estamos apoderando de los caballeros de su ejército, y uno será el recipiente de su peor enemigo. – afirmó la mujer. – Eso será suficiente para desmoralizarla, además que continúa el ciclo del plan que el señor Hades y yo llevamos hablando por muchos siglos. ¿Imaginan lo que ella sentirá al ver a sus propios hombres levantar los puños contra ella?
Ker soltó una pequeña risa, imaginando la cara de Athena cuando vea a sus amados caballeros hundidos en la oscuridad. Sin embargo, su risa se detuvo, pues notó que Ikki tosió sangre un par de veces, pero sin recuperar la conciencia. Pandora se alarmó terriblemente ante esa escena.
- ¿Qué está ocurriendo? – preguntó la joven, acercándose a Ikki.
Ker examinó más de cerca de Ikki, quien mostraba perturbación en su semblante.
- Me imaginé que esto podría pasar…
- ¿Qué cosa? – preguntó Pandora.
- Al no ser este el cuerpo elegido, se está manifestando un rechazo, una especie de mecanismo de defensa. – dijo seria, tocando el pecho de Ikki. – Es algo complicado, pero si me muevo rápido tendrá solución.
Los presentes no dijeron nada, solo vieron como Ker comenzaba a retirarse con una mueca de satisfacción.
- Ahora que el Inframundo se está reformando, iré para allá. Voy a encargarme del asunto que permitirá al señor Hades aceptar el cuerpo de este hombre. – dijo Ker, para después mirar fijamente a Pandora. – A partir de ahora, aparte de liderar a los tres jueces, vas a ser la sombra de Ikki. Vas a cuidarlo y vigilarlo, pues es posible que ocurran situaciones indeseables a partir de ahora, pero mientras esté en este castillo y bajo la influencia del alma de nuestro dios, nada podrá hacer, por más fuerte que sea.
- Lo que usted diga, mi señora. – obedeció la joven, agachando la mirada. – Daré mi vida en su cuidado.
- Que así sea, incluso cuando nuestro señor despierte, deberás cuidarlo siempre.
Ker se desvaneció entre las sombras y se encaminó al Inframundo. En ese momento, Pandora se puso de pie y se acercó hasta la cama donde Ikki dormía.
- Retírense. Voy a curar las heridas del cuerpo de nuestro señor. – dijo la dama a los jueces.
Los jueces se retiraron de los aposentos de Hades, mientras que Pandora tomó de la habitación las cosas necesarias para sanar las heridas de Ikki. Aún seguía consternada por todo lo ocurrido, a pesar de que Ker había aceptado con gusto la nueva situación.
La mujer comenzó a limpiar la sangre de la boca del joven, sintiendo como su corazón se retorcía al ver como el destino había volcado las cosas en un segundo.
- Este es el castigo a mis ambiciones… – dijo la dama, perdida en el rostro de Ikki. – La mejor manera para sellar a Hades en el limbo era acabando con su portador en el momento de la posesión… Así es, Ikki, iba a matar a tu hermano. – expresó Pandora, entristecida y con las lágrimas acabándola. – Y ahora te tengo a ti frente a mí... precisamente a ti. El único que ha tenido para mí un trato bondadoso entre los muchos años en los que he vivido entre las sombras.
Una vez que las heridas estuvieron limpias, Pandora comenzó a vendar cada una de ellas.
- A ti nunca podría hacerte nada… y por esta terrible deuda que tengo contigo, me dedicaré a cuidarte con todo mi ser. – decretó la mujer. – Aun cuando Hades se apodere por completo de ti, incluso si es en contra de la maldita de Ker… yo te protegeré.
Cuando Pandora iba a vendar la mano de Ikki, la que estaba con puño cerrado, la abrió y se dio cuenta de que contenía un objeto conocido para ella, el medallón de estrella de cinco picos con el que maldijo el destino de Shun.
- Seguramente le arrebataste este collar a tu hermano cuando lo protegías. – manifestó la joven con pesar. – Aunque no me guste, tengo que seguir participando en esta guerra santa. No sé cómo, pero encontraré la manera en la que Hades y Ker paguen por todo el daño que me hicieron… por haberme arrebatado a mi familia. Eso lo juro.
Pandora se dispuso a colocar el collar de estrella en el cuello de Ikki, pero se sorprendió al ver ya se encontraba usando uno, el cual palpó con los dedos.
- Un ave Fénix… siento que esto es muy especial para ti, pero no lo puedes usar más. – comentó la mujer, quitando el collar del cuello del joven.
Cuando Pandora colocó el collar al nuevo portador de Hades, guardó el de ave Fénix en su bolsillo. Decidió mantenerse al lado del joven, cuidando su sueño y sus heridas.
Rhadamanthys cerró los portones de los aposentos de Hades, sintiéndose confundido e impactado por todo lo presenciado. Minos y Aiacos se mantenían callados.
- Jamás imaginé que la diosa Ker aceptaría algo como esto. – dijo Rhadamanthys. – A pesar de que las cosas no terminaron mal, no dejan de ser un fracaso.
Rhadamanthys posó su mirada en Aiacos, quien se mantenía con el semblante serio, pensando en todo lo ocurrido.
- Tanto que te burlaste de mis fracasos, cuando el tuyo fue el más nefasto, pues cometiste semejante error en la misión más importante de nuestras vidas. – se burló el espectro.
Aiacos solo soltó una carcajada ante la acusación de su compañero, disimulando su interno desagrado.
- No quieras justificar tu inutilidad con hechos accidentales. – respondió Garuda. – Sea como sea, la señora Ker se siente satisfecha con el resultado, y con eso me siento triunfante.
- ¿En serio? – intervino Minos. – No creo que sea agradable para ti saber que tendrás que servir al hombre que te hizo esa herida, la que desde ahora se nota que será una cicatriz permanente.
- Así es, la muestra de que un hombre sin armadura y cosmos inmaduro barrió el piso contigo. – continuó Rhadamanthys.
- ¡Cállense los dos! – reclamó Garuda. – En vez de decir estupideces, enfóquense en la cacería de los caballeros, en la que tampoco les ha ido tan bien como debería. No seguiré perdiendo el tiempo con ustedes.
Aiacos se retiró y dejó a sus compañeros de lado. Caminó por los largos pasillos mientras la furia lo consumía, hasta que se detuvo al sentir a alguien abalanzarse encima de él. Violeta lo había acorralado.
- ¡Lo lograste! – expresó la mujer, emocionada. – Todos los espectros pudimos sentirlo, nuestros sapuris resonaron en sintonía y nos hizo detener todas nuestras actividades. Hiciste regresar a nuestro dios.
- Violeta, yo…
La dama se separó del espectro para mirarlo a los ojos, pero su emoción se vio reducida al ver la espantosa herida de su cuello.
- ¿¡Qué te pasó!? – preguntó alarmada. – Vamos a mi habitación para curarte esa herida.
- No necesito que me cures. – respondió el hombre, alejándose. – Déjame.
- Te dije que cuando estamos solos no tienes que ser tan distante conmigo. – indicó la mujer. – Déjate consentir por mí y me cuentas lo que ha pasado.
A pesar de sentirse encolerizado, Garuda no pudo negarse a los pedidos de su mujer… nunca podía hacerlo.
- Está bien… Y antes de que sigas celebrando, tienes que saber algo.
La pareja se dirigió a la habitación de Violeta, Aiacos esperaba calmar su furia con los tratos de ella.
La mañana había comenzado hace poco, mas la despedida iba a ser eterna y dolorosa, sin solución o consuelo.
Saori tomó la decisión de enterrar a su madre a las pocas horas de su muerte, sin ceremonia ni formalidades debido a que no estaba en condiciones de darle explicaciones a nadie sobre la horrenda causa; además, nunca contó con familia o amigos cercanos, más que Shun, Ikki, y para sorpresa de ella, el desconocido caballero dorado que la había salvado.
Shion, quien vestía de negro, sin su armadura, caminó hasta donde estaba Saori, quien se encontraba velando la tumba de su madre, la que ahora descansaba eternamente al lado de su padre. Shun estaba a su lado, abrazándola, pero con la mirada perdida, pues aparte del dolor de la pérdida, seguía conmocionado por la misteriosa desaparición de su hermano.
- Ya me encargué de que todo sea lo más discreto posible. – indicó Aries a la joven. – Al menos, por ese lado, podrás estar tranquila.
Saori, con el rostro inundado de dolor, volteó para encontrarse con el hombre, quien también se sentía conmocionado por todo lo ocurrido.
- Gracias por haberte encargado de todo… a pesar de lo mal que me comporté contigo. – dijo apenada. – Te pido disculpas.
- Nada de eso, solo cumplí con mi deber. – respondió el hombre. – Además, solo los que hemos perdido a una madre podemos entender ese dolor. Es algo insuperable.
Saori tomó la mano de Shion, gesto que él correspondió, y en ese momento ambos sintieron la conexión de las vidas pasadas, el cosmos viviendo dentro de ellos, a pesar de que el de Saori seguía en letargo. Por otra parte, Shun se mantenía mirando la tumba de Alexa, mientras recordaba a sus padres y el horror que sintió cuando ambos murieron en ese fatal accidente; no sabía cuál de ambas muertes era peor. En ese momento, recordando a su madre, buscó en su pecho el collar que ella le había regalado, y grande fue su sorpresa al descubrir que no lo tenía.
- No puede ser, lo perdí…
Repentinamente, el corazón de Shun dio un gran pálpito, pues su mente se llenó de una serie de imágenes que no tenían nada que ver con el recuerdo de su madre, sino con un hecho de diez años atrás. El rostro de Pandora se hizo presente con la estrella de cinco picos.
El médico sostuvo su cabeza con confusión, para después lanzar un terrible grito. Ante ese hecho, Saori y Shion se alarmaron.
- ¿¡Qué pasa, Shun!? – preguntó la chica, acercándose a su amigo.
- Pandora… fue ella…
- ¿Qué? – preguntó Saori, confundida.
- ¿Pandora? – preguntó Shion, interesándose en el tema. – ¿Hablas de la asistente de Hades?
- Ya recuerdo… ese collar de estrellas no me lo dio mi madre, sino ella.
Shion se sorprendió ante la revelación de Shun, y no solo por enterarse de que él había sido el recipiente original de Hades, sino por el fuerte cosmos que percibía dentro de él. Ya no tenía dudas que el joven poseía espíritu de caballero de Athena.
- Shun, ¿acaso tú…?
El caballero no pudo formular su pregunta, pues sintió la llegada de las personas que ya tenía tiempo esperando.
Dohko y Shaka, siguiendo el cosmos de todos los presentes, llegaron al sitio.
- ¿Qué está pasando? – preguntó Libra, preocupado.
Ante las sorprendidas miradas de Saori y Shun por ver la llegada de más caballeros dorados, Shion se acercó hasta ellos.
- Dohko, qué bueno que regresaste. – expresó el hombre, observando con atención el nuevo caballero. – Él es…
- Soy Shaka, caballero de Virgo. – se presentó el caballero dando una reverencia. – Es un gusto haber vuelto a coincidir contigo en esta vida, maestro Shion.
- Lo mismo digo, y me alegra saber que estás a salvo. – respondió Shion, estrechando la mano del caballero. – Ya habrá tiempo de conversar un poco más, pues ha ocurrido una tragedia.
Shion comenzó a relatar a los recién llegados todo lo ocurrido, mientras Saori los miraba con atención, incapaz de poder acercarse. Aparte de la muerte de su madre, aún no cabía en su cabeza su verdadero origen, ser la reencarnación de una diosa mitológica. A su mente llegaron todos los sueños que tuvo, su extraño don de sanación o la sensación de familiaridad que le produjo el santuario de Athena, razón por la que comenzó a atar cabos, a pesar de que aún se sentía confundida.
- Yo soy… Athena.
¿Cómo ella, una simple chica, iba a afrontar un destino como ese? Solo era una persona destruida por la pérdida de un ser amado, y con todo ese dolor debía afrontar un mortal destino en contra de un dios malévolo. ¿Qué iba a hacer ante eso? Las palabras de su madre retumbaron desde el fondo de su corazón, pues antes de morir, ella le pidió ser valiente ante las adversidades.
Cuando Shion terminó su relato, se acercó con sus compañeros hasta Saori, quien los miró con suma confusión, mas no con miedo como ocurrió la primera vez.
- Mi nombre es Dohko, soy el caballero dorado de Libra. – dijo el hombre, dando una reverencia.
- Y yo soy Shaka, caballero dorado de Virgo. – continuó el joven.
- ¿Shaka? – preguntó Saori, sorprendida.
Sin entender razones, Saori se acercó hasta Shaka para observarlo mejor, incluso tomó sus manos, sintiendo en él una energía y familiaridad enormes, cosa que también tuvo el caballero de Virgo, quien se sintió conmovido de volverse a encontrar con la diosa a la que siempre le había sido fiel.
- Shaka… sí… – expresó Saori, hablando entrecortada. – Yo te conozco.
- Sé que no lo tienes aún claro, pero me es grato volver a encontrarme contigo. – expresó Shaka, serio. – Sin embargo, lamento tanto que tenga que ser en estas circunstancias. Expreso mi gran pesar por la muerte de tu madre.
- Por mi parte, también lamento tu gran perdida. – dijo Dohko.
- Por favor, permíteme expresar una oración por la partida de tu madre, para que su iluminado camino sea grato. – pidió Shaka. – Una mujer como ella, una heroína de los dioses, merece ser despedida con honores.
- Athena, yo le conté a Dohko y a Shaka todo lo sucedido, y de ninguna manera podemos dejar de agradecer el valiente sacrificio de tu madre. – dijo Shion, apenado.
- Una mártir que, sin ser un guerrero, luchó con fortaleza hasta el final, para cumplir con su misión… pero sobre todo protegerte. – continuó Libra.
Saori sintió las palabras de los caballeros enraizarse en lo más profundo de su corazón, a pesar de que recién los conocía, aunque aún no haya asimilado su destino. Sus ojos se llenaron de lágrimas por tanto reconocimiento para su madre, quien además de darle la vida y cuidarla, la protegió por sobre ella misma.
Shaka se puso de rodillas ante la tumba de la heroína de los dioses, la sacrificada ninfa de Athena, y comenzó a recitar una oración en el ancestral idioma de la India. A pesar de que Shun, Dohko y Shion no entendían nada, presentaron el debido respeto ante esta, sobre todo porque percibían en cada frase consuelo y piedad; sin embargo, para sorpresa de Saori, ella comprendió cada palabra, pues provocaron que las lágrimas salgan con más fuerza de sus ojos, como si su madre estuviera a su lado abrazándola, a pesar de no poder verla ni sentirla físicamente. No entendía cómo podía comprender el muerto idioma, pero pensó que podría tratarse de una de sus supuestas cualidades como deidad.
Una vez que Shaka terminó la oración, se puso de pie para mirar a la chica.
- No tengo palabras para agradecer todo el apoyo que me han dado en este duro momento. – expresó Saori, conmovida.
- Nosotros somos caballeros de Athena y nuestro deber es apoyarte.
- Esto va más allá de mi supuesta divinidad, la que aún no logro asimilar del todo. – dijo la chica, seria. – Agradezco que me protejan, pero este acto de humanidad lo tomo como lo que soy, una humana que ama a sus semejantes y no desea que sufran el mismo dolor que yo.
- Athena… – intervino Dohko. – Si necesitas tomarte un tiempo para recuperarte de este impacto, no dudes…
- No… no lo haré.
Los caballeros de oro se quedaron callados al escuchar la respuesta de la joven, quien a pesar de tener un semblante destruido, mostraba determinación en su mirada. Shun se acercó a ella y la tomó de los hombros.
- ¿Qué es lo que quieres hacer, Saori? – preguntó Shun, serio.
- A pesar de como me siento, no pienso permitir que la muerte de mi madre, quien dio su vida por mí, sea en vano. – afirmó la chica. – Aunque me cueste, voy a asumir mi destino en este mundo, sobre todo porque no quiero verlo destruido por las ambiciones del enemigo. No podría soportarlo.
- Admiro profundamente tu fortaleza. – dijo Dohko, conmovido.
- Si así lo has decidido, yo estaré contigo, Saori. – afirmó el médico.
- ¿Estás seguro, Shun?
- Por lo ocurrido con mi hermano, siento que estoy involucrado en esto, por eso no te dejaré sola.
- Y tienes razón…
Los caballeros de oro se acercaron a Shun, con quien no habían tenido la oportunidad de hablar con claridad hasta ese momento.
- ¿Cómo te llamas? – preguntó Shaka, serio.
- Me llamo Shun.
El caballero de Virgo presionó con fuerza su rosario al sentir energía emanar de él, no solo porque tenía una idea sobre el origen de Shun, sino por el destino que había maldecido su vida.
- ¿Qué tanto estás dispuesto a hacer por Athena?
- Saori o Athena, es lo de menos para mí. – respondió el joven, determinado. – Ella es mi hermana de alma y la protegeré.
- ¿Y cómo piensas protegerla? – siguió Shaka con las preguntas, causando que el joven se sienta incómodo, pero aún decidido a seguir respondiendo.
- No lo sé… pero sé que dentro de mí nacerá la fuerza para hacerlo.
- Muchacho… – intervino Shion, deseando retomar el tema de hace un momento. – Siento dentro de ti un cosmos alterado y confundido. Estoy seguro de que posees el alma de un caballero de Athena.
- ¿Yo? – preguntó el médico, sorprendido. – Imposible…
- Y no solo eso, Maestro Shion. – continuó Shaka. – A pesar de que dentro de él también se esconde un cosmos de caballero… también hay una sombra de oscuridad.
- ¿¡Qué!? – preguntó Saori, sorprendida. – ¿De qué hablas? Shun no es un demonio.
- Pero fue influenciado por la energía de Hades desde el momento que lo eligió como su portador.
- No entiendo nada… – dijo Shun, confundido.
- Te lo explicaré pronto, pero antes necesito preguntarte algo más que determinará tu destino. – afirmó Virgo. – ¿Hasta dónde serías capaz de llegar para salvar a tu hermano?
- Haré lo que sea por encontrarlo y entender todo este infierno. – afirmó Shun, alterando su estado de ánimo.
- ¿Y si mueres?
- Pues será después de haberlo salvado…
Shaka esbozó una pequeña sonrisa, pues con las respuestas del joven, ya sabía el camino que debía tomar.
- Shion… quiero ir al santuario. – pidió Saori. – No sé cómo hacerlo, pero necesito recuperar la vida que mi madre me mencionó.
- Claro que sí, pero antes necesitas ir al Templo de Delfos, pues hay alguien que estoy seguro te va a ayudar con ese asunto. – afirmó Shion. – Existe una conexión entre el santuario y ese sitio. Yo le ayudaré a llegar.
- Muchas gracias.
- En ese caso, procederé a transportarnos a todos para allá.
Por medio de su psicoquinesia, Shion desapareció del cementerio junto con todos los presentes. Ni el corazón apuñalado ni la angustia iban a impedir que Saori asuma el papel de su divinidad, cumpliendo así con la voluntad de su amada madre.
Una vez más, el santuario de Athena se encontraba frente a los ojos de Saori y los caballeros que la acompañaban, y esta vez, para ella, el ambiente del lugar se percibía más vivo y menos desolado. Ya no habían llegado a la entrada de la puerta sellada del pueblo de Rodorio, sino a las escaleras que encaminaban a las doce casas del zodiaco.
Los caballeros dorados se sintieron invadidos por la nostalgia al contemplar el lugar, pues sabían que regresaban al sitio que por muchas vidas fue su único hogar, dejando que sus mentes se llenen de recuerdos buenos y desagradables.
- ¿Lo percibes, Athena? – preguntó Shion, acercándose a la joven. – Las ruinas del santuario están mostrando vida porque sienten tu cosmos. Tu regreso ha sido más que esperado.
Aunque débilmente, Saori pudo sentir la resonancia del santuario llamando su presencia, deseosa de cumplir su función de fortaleza para todo el mundo.
- Lo sentí cuando estuve aquí el día de ayer. – respondió ella. – No puedo creer como la vida puede cambiar en un segundo.
- Lo sé, por eso reafirmo mi palabra y la de los demás caballeros. Siempre estaremos contigo. – dijo Aries.
- Muchas gracias. – respondió la chica, mirando a todos los hombres. – Por favor, llévame a la entrada del templo de Delfos.
Shion guio a Saori al Este, donde él conocía se encontraba el camino secreto al templo de Delfos. La dama llevaba en sus manos la estatua de Nike que su madre le había entregado, la que al igual que el santuario, resonaba con su cosmos.
No demoró mucho para que el Patriarca y su diosa llegaran hasta la misteriosa entrada, una cueva cubierta por enredaderas y flores.
- Hasta aquí te puedo acompañar, Athena. – dijo Shion. – Nosotros te estaremos esperando a los pies de las doce casas.
- Gracias, Shion.
Saori tocó las enredaderas y estas se desvanecieron al sentir su cosmos, mientras que Shion observaba como se adentraba entre la oscuridad de la cueva.
Poco después, el patriarca decidió regresar con los caballeros, quienes lo miraban expectantes.
- ¿Dónde quedó tu armadura, Shion? – preguntó Libra, curioso.
El caballero respondió la pregunta de su amigo enseñándole la placa dorada que escondía bajo el cuello de su camisa.
- Al parecer, en esta época, las armaduras se pueden transportar así. – respondió el hombre. – Siguen conservando su forma primitiva de cofres, pero ahora también poseen la capacidad de camuflarse de esta forma. Imagino también tiene que ver con la última voluntad de Athena.
- Ya veo, me parece mejor así. – dijo Dohko, sorprendido. – Y hablando de Athena, ¿crees que logre despertar su espíritu al encontrarse con el mochuelo?
- Estoy seguro. – afirmó el hombre. – Solo espero que su prueba sea más benevolente que la que tú y yo tuvimos que pasar.
Shun, un poco alejado de los caballeros, escuchaba la conversación sin decir nada, pues las traumáticas imágenes de la pelea con Aiacos y la desaparición de Ikki no dejaban de mortificarlo. No entendía nada sobre Hades y por qué lo había elegido como portador, pero lo que sí lo consumía era la culpa por la intervención de su hermano para salvarlo.
Shaka miraba a Shun desde lejos, leyendo en su perturbado espíritu cada una de sus emociones, las que camuflaban por completo el cosmos que dormía en su interior. Muchas preguntas llegaron a su mente, lo que le hizo mirar con atención su rosario de cuentas, pues recordó como este pudo impedir que Ahimsa lo corrompa.
- Shaka, pude notar que tienes un plan con Shun. – dijo Dohko, acercándose a él. – Parece aún confundido e incapaz de asimilar que él fue el elegido de Hades y que su hermano lo reemplazó.
- Tengo claro el camino que debo tomar con él para que encuentre su cosmos, pero antes de eso es necesario que Athena despierte. – respondió Virgo. – No posee el alma de un caballero de oro, así que su proceso necesita de una preparación compleja… por no decir mortal.
- ¿Mortal? – preguntó Libra, alarmado.
- Así es, pues si no posee una férrea voluntad para la dura prueba a la que será sometido, lamentablemente morirá.
Shaka volvió su atención a su rosario de cuentas, para después mirar a Dohko con atención.
- Maestro Dohko, según lo que me contaste, he analizado las características de tu incompleta corrupción y la que yo estuve a punto de sufrir por culpa de Atavaka. – dijo el joven. – Lo que me ha hecho intuir que quizás haya otros caballeros que lamentablemente hayan caído víctimas del poder de Hades.
- Es una posibilidad. Por eso debemos encontrar a todos los caballeros que han renacido en esta era cuanto antes. – dijo Libra, preocupado.
- Y en caso de que tengamos que encontrarnos con ellos bajo esa terrible influencia… creo que este rosario puede ayudarnos.
- ¿Hablas en serio, Shaka? – preguntó el hombre, sorprendido. – ¿Conoces la manera de revertir esa situación?
- No la conozco, pero creo saber cómo encontrarla. – afirmó. – Solo necesito estudiar algunas cosas con el señor Shion y Athena.
Los caballeros notaron que Shion se encontraba atento hacia una dirección, por lo que se acercaron hasta él para averiguar de qué se trataba.
- ¿Sucede algo, señor Shion? – preguntó Shaka.
Shion se encontraba observando con suma atención una montaña que conocía a la perfección.
- Estoy mirando la colina Estrella…
- Ese sitio es donde el Patriarca observa el movimiento de las estrellas y guarda toda la historia del santuario. Un sitio exclusivo para él. – dijo Dohko.
- Así es… Y voy a ir para allá.
- ¿Para qué? – preguntó Shaka con curiosidad.
- Yo también debo prepararme para recibir a Athena.
Y con su última frase, Shion se desvaneció del lado de sus compañeros, rumbo a la colina Estrella.
A medida que Saori daba pasos en el templo de Delfos, el césped iluminaba sus colores, mientras las flores se abrían con gracia y perfumaban su camino; todo producto del cosmos en su interior. A pesar de impactarse ante esos hechos tan irreales, Saori los recibió como si se tratara de algo común, dispuesta a seguir con su camino, con Nike en sus manos.
- Por fin llegas, querida Athena.
La dama detuvo sus pasos frente a un árbol de olivo, el que también iluminó sus colores cuando sintió su presencia. En una de las ramas se encontraba descansando el mochuelo blanco.
- ¿Tú fuiste quien me habló? – preguntó la joven, sorprendida.
- Así es, y me siento dichosa de volver a verte. – dijo el ave. – Soy el mochuelo que te ha acompañado desde la era mitológica, y por si no lo has notado, me encuentro encima del árbol de olivo que diste de regalo a los Atenienses, hace miles de años.
- Este árbol… – Saori se acercó hasta el tronco para tocarlo, mientras cerraba los ojos para emanar su aroma. – Lo recuerdo.
- Es un honor que estés aquí para asumir tu destino, a pesar del terrible dolor que cubre tu corazón. – dijo el ave. – Cariclea fue una mujer sublime, valiente entre valientes al haber asumido el reto de protegerte a costa de su vida.
- Ella no solo cumplió con su misión, sino que me dio la vida, me amó como la maravillosa madre que fue, y sobre todo me abrió los ojos a mi destino. – respondió la dama, seria. – Ella me enseñó a amar a todos los humanos, y es por eso que, por más devastada que me sienta, voy a seguir con sus enseñanzas para que su muerte no sea en vano. Voy a proteger esta tierra con mi alma y corazón de las garras del mal y a ejercer justicia para los inocentes.
- La batalla que te espera no será nada fácil, Athena, sobre todo porque los designios del destino se han retorcido. – dijo el mochuelo. – Hades, tu gran enemigo desde la era mitológica, ha renacido en un nuevo cuerpo, a pesar de que aún no ha despertado. Tendrás que detener sus oscuras ambiciones sacrificando sangre y lágrimas.
- Si este poder me ha sido otorgado, la única que sacrificará sangre y lágrimas seré yo, pues no estoy dispuesta a ver morir a más humanos. – respondió Saori, determinada, sorprendiendo al ave. – Fui criada para amar a todo este mundo, y pienso protegerlos a costa de mi propia vida.
- Recuerda que no estarás sola, pues tu principal misión es encontrar a los caballeros que han renacido en esta era para proteger la Tierra, pero antes debes impedir que las garras de Hades los alcancen.
- Yo protegeré a todos los que me rodeen, sea como sea, pues para eso soy su diosa.
En ese momento, Nike se iluminó y levitó frente a Saori, quien comenzó a sentir una calidez saliendo desde su corazón hasta el resto de su cuerpo, más poderosa que la que percibió desde que tenía uso de razón.
- Nike te está reconociendo como Athena, la diosa a la que sirve desde la era del mito para llevar a la victoria. – dijo el mochuelo. – Eleva tu cosmos al máximo y enlázate con ella para despertar.
Saori tocó a Nike, lo que provocó que su cuerpo se vea invadido de un dolor punzante, como si miles de dagas la estuvieran atravesando. No pudo evitar gritar debido al terror y el dolor.
- Supera esta dura prueba, Athena. Recupera tus vivencias, tu verdadera esencia.
A pesar de la tortura, Saori no retiró la mano de Nike, pues se dispuso a dominarla.
- Nike, diosa de la victoria… – pidió Saori, hablando con dificultad por el dolor. – Sé mi instrumento de victoria… sé mi aliada en la batalla.
El cosmos de Saori se elevaba cada vez más, mientras una serie de imágenes invadían su mente con violencia, en la que vio varios rostros conocidos, paisajes de distinta época y majestuosos palacios en el cielo, como las historias griegas que le contaba su padre antes de dormir.
Pasó poco tiempo para que la dama se diera cuenta de que lo evidenciado eran recuerdos de todas las veces que había renacido en la tierra, desde el origen del mito. Sonrió dichosa ante escenas agradables, pero lloró desconsolada al verse rodeada de sangre y muerte, consecuencias por defender su amado mundo, la razón de su existir.
- ¡Yo soy…! ¡Yo en realidad soy…!
El cosmos de Saori resplandeció inmensamente, causando que el árbol de olivo produzca flores y frutos, lo mismo que todo el ambiente del templo de Delfos.
El brillo del cosmos se fue apaciguando, mostrando a la renacida diosa de la guerra.
- Athena ha regresado. – dijo el ave, emocionada.
Saori, la reencarnación de Athena, ya no usaba la ropa negra de su duelo, sino un largo vestido blanco sin mangas y un corsé dorado con piedras preciosas, mientras su cabello se encontraba adornado por una peineta del mismo tono. Sin embargo, su mitológico ropaje no era lo más impresionante, sino la nueva forma de Nike, pues había dejado de ser una estatua para transformarse en un báculo dorado, el que descansaba con empoderamiento en su mano derecha.
Las lágrimas de la diosa seguían saliendo de sus ojos, pero esta vez de felicidad de haber recuperado su vida, tal y como su amada madre lo dispuso. Todo lo ocurrido se lo dedicaba a ella por completo.
- Ahora sé que soy Athena… He vuelto. – dijo la deidad, emocionada.
- Agradezco a los dioses no haber sido la única en presenciar semejante acto. – dijo el ave, emocionada.
Athena se mostró confusa ante lo que dijo el mochuelo, hasta que comenzó a sentir varias presencias acercándose hasta ella, las que venían desde las sombras de los árboles. Por un momento creyó que se trataba de los caballeros que la esperaban en el santuario, pero se dio cuenta de que sus cosmos eran distintos.
Para sorpresa de Saori, llegaron cinco personas, un hombre y cuatro mujeres, quienes se colocaron de rodillas ante su presencia. Una de las féminas vestía un quitón griego, mientras que las otras portaban armaduras y máscaras cubriendo sus rostros. Sin embargo, el más llamativo era el varón, quien relucía con grandeza su armadura dorada.
- Me siento honrado de haber presenciado el regreso de Athena. – dijo el hombre de veintiocho años, levantando la mirada y mostrando unas cuentas lágrimas de emoción. – Mi nombre es Aioria, caballero dorado de Leo, y entrego mi vida a ti.
- Yo soy Shaina, caballero de plata de Ofiuco. – se presentó la primera mujer, de veinticinco años, de cabello verde y de mediano largo. – Y me emociona estar ante tu presencia, diosa Athena.
- Mi nombre es June, caballero de plata de Camaleón. – saludó la segunda, de veintitrés años, de cabello rubio y largo. – Esperé por muchos años este momento.
- Yo me llamo Marin, caballero de plata del Águila. – se presentó la tercera, de veintiocho años, una mujer pelirroja y de mediano largo. – Me siento honrada de estar a tus pies.
Athena observó emocionada la presentación de los recién llegados caballeros, hasta que la mujer sin máscara y armadura tomó la palabra. En ella también se evidenciaban las mismas lágrimas de emoción que el caballero de Leo.
- Mi nombre es Erii, y he renacido en este mundo para ser tu sacerdotisa. Mi cosmos te guiará en la búsqueda de tus caballeros y mis oraciones les brindarán fortaleza en esta batalla. – dijo la mujer, de veintitrés años, de cabello rubio hasta los hombros. – Gracias por haberme regalado la evidencia de tu renacer, diosa Athena.
Athena, entre una mezcla de confusión y alegría, comenzó a caminar cerca de sus nuevos caballeros y sacerdotisa para tomar sus manos, sintiendo en cada una de ellas familiaridad y simpatía. Ahora que su memoria se encontraba despierta, los recordaba perfectamente, viviendo así un hermoso reencuentro.
- Los recuerdo a cada uno de ustedes. – dijo la diosa, tomando las manos de Aioria, quien fue el último al que se le acercó. – Por fin me he reunido con ustedes, y sobre todo contigo, que diste tu vida por mí múltiples veces.
- Lo mismo digo, Athena. – respondió Leo, sonriendo. – Una vez más, nuestros caminos se han encontrado.
Saori no cabía en la emoción de ver a los recién llegados caballeros, pero al mismo tiempo sintió dudas sobre el origen de todos.
- Athena, nosotros somos el producto de la dedicación y entrenamiento del caballero dorado de Sagitario, Aioros. El hombre que con solo quince años de edad descubrió su destino y fue en búsqueda de tu madre para hablarle del tuyo. – informó Leo. – Desde hace cinco años, él nos ha preparado a todos nosotros, nos ayudó a despertar nuestro cosmos y a reencontrarnos con nuestra armadura… Y aparte de eso, él es mi hermano mayor.
- Aioros es nuestro querido maestro, al que le debemos lo que somos ahora, pues personalmente nos buscó por todo el mundo para enseñarnos nuestro camino. – dijo Marin.
- ¿Y dónde está Aioros? – preguntó Saori. – ¿Por qué no ha venido con ustedes?
La diosa vio como los rostros de todos se desencajaban ante su pregunta, lo que causó que su corazón se sobresalte.
- ¿Qué pasa, Aioria? – preguntó preocupada.
- Athena… Mi hermano está desaparecido desde hace un año, y por más que lo hemos buscado, no hemos podido encontrarlo. – respondió Leo, mortificado. – Es un tema que no me deja dormir, y sobre todo porque no fue el único que se esfumó.
- ¿Qué…?
- Dentro de nuestro grupo también se encontraban dos caballeros de plata, cuyos cosmos igualan a de los caballeros dorados. – respondió Shaina, mostrando pesar. – Sin embargo, participando en la búsqueda de Aioros, desaparecieron de la misma manera.
- No sabemos nada de ellos. – continuó hablando June. – Y lo más triste de todo, es que el señor Aioros desapareció en medio de una gran mortificación.
- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Saori.
- Señorita Athena. – intervino Erii, entristecida. – Debes saber que, a pesar de su poderoso cosmos y de todo lo que hizo por nosotros, el maestro Aioros no logró despertar su constelación, es decir, reencontrarse con su armadura.
- Así es, ese fue el gran dolor de mi hermano. – dijo Aioria. – Logró que todos nosotros lo consiguiéramos, pero a pesar de tanto esfuerzo y concentración, nunca logró nada en sí mismo. En la última conversación que tuvimos, él iba a encontrarse con un posible caballero dorado… y sospecho que eso se relaciona con su desaparición.
- No puede ser… – expresó la diosa, mortificada. – Sea como sea, hay que encontrarlo, pues Aioros puede estar en peligro. Además, sé que él tiene la respuesta sobre un caballero muy afín a mí.
Ante lo indicado por Athena, Marin dio un paso al frente para resolver su duda.
- Si te refieres al caballero de Pegaso, no te preocupes. Yo misma lo traeré contigo en pocos días. – afirmó la mujer. – Lo tengo perfectamente ubicado.
Por alguna extraña razón, Saori se emocionó al escuchar las palabras de Marin. Necesitaba enormemente reencontrarse con aquel caballero que, desde que su madre se lo mencionó, le provocó extraña curiosidad.
El mochuelo, habiendo otorgado el tiempo suficiente para el reencuentro de la diosa y sus guerreros, decidió intervenir.
- Athena, ya poseerás la sabiduría suficiente para encontrar a tus aliados, pero ahora lo más importante es que estés protegida, pues tu presencia es indispensable para la protección del amor y la justicia en la Tierra.
- Te doy las gracias por haberme guiado en este despertar, milenaria ave. – dijo la diosa, sonriendo. – De no haber sido por ti, seguiría perdida.
- Mi deber siempre ha sido guiarte y acompañarte, mi querida diosa. Y lo seguiré haciendo, pero esta vez desde otro plano.
- ¿Qué?
El cuerpo del mochuelo se iluminó hasta que su esencia se dirigió hasta el báculo de Nike, fusionándose con él como última misión de su existencia. Athena sintió su cosmos llenarse de su compañía.
- Muchas gracias por guiarme hoy y siempre, querida compañera. – expresó conmovida, acariciando su báculo.
- Athena, en nombre de todos, manifiesto nuestro pesar por la muerte de tu madre, noble y valiente ninfa de los dioses. – dijo Erii, acercándose a ella. – Y admiro tu valentía por asumir tu divinidad en un momento como este.
- Gracias por sus condolencias, pues ahora me encuentro cumpliendo con su voluntad, y es por eso que he tomado una decisión con respecto al camino de esta guerra
- ¿Decisión? – preguntó June.
- Regresemos al santuario, pues ahí hay más caballeros que nos esperan.
Los caballeros siguieron a su diosa por el camino indicado, sintiendo como sus cosmos resonaban con la proximidad con el santuario.
Los caballeros dorados y Shun comenzaron a evidenciar un hecho imposible, mientras un peculiar cosmos se acercaba hasta ellos. De la tierra brotó verde pasto, mientras que las ruinas del santuario comenzaron a restaurarse y a unir sus piezas, como si de un rompecabezas se tratara. Shun, Dohko y Shaka no concebían lo ocurrido.
- ¿Qué es esta calidez que siento? – preguntó Shun, con lágrimas en los ojos. – Las heridas que me provocó Aiacos se están sanando, mientras siento que mi pesar es más llevadero.
- Esta sensación se asemeja tanto a lo que sentí la primera vez que contacté con Buda. – dijo Shaka, tan conmovido como Shun. – Es sublime y poderosa, mi cuerpo se siente liberado del dolor.
- Mis heridas se han cerrado gracias a este cosmos tan noble. – continuó Dohko, con lágrimas en los ojos. – No cabe duda que es algo fuera de este mundo.
- Comparto el mismo sentir, compañero.
Shion, quien también había llorado de la emoción, regresó junto a sus compañeros, pero no portando su armadura. Ahora se encontraba usando un tuxedo blanco con filos dorados decorando su cuello y mangas; también llevaba el casco del patriarca en la mano derecha.
- Maestro Shion… Quiero decir, Gran Patriarca. – dijo Shaka, sorprendido.
- Ahora sí estoy listo para recibir a Athena como se debe.
El santuario en poco tiempo estuvo restaurado, listo para darle la bienvenida a su diosa.
Athena, rodeada de su poderoso cosmos, llegó hasta donde se encontraban los caballeros en compañía de sus nuevos aliados, lo que causó gran sorpresa en Shion y los demás, sobre todo porque reconocieron a uno de ellos.
- Ese es el caballero de Leo. – dijo Shion, sorprendido.
- Aioria… Caballero dorado de Leo. – reconoció Shaka.
Shion se acercó hasta Athena para darle la bienvenida, colocándose de rodillas para rendirle respeto, acción que Shaka y Dohko imitaron. A pesar de la formalidad, se sentían sumamente emocionados de tener a su diosa frente a ellos.
- Athena, como el patriarca que asistirá cada uno de tus pasos, te doy la más cordial bienvenida. – dijo el hombre, mirándola con una sonrisa. – Por favor, bendícenos con tu presencia y guíanos a la victoria en esta batalla.
Athena observó con nostalgia la reverencia de sus caballeros, renaciendo en su corazón la devoción que siempre mostraron por ella en todas las vidas que tuvo. Shun también se acercó hasta ella, y al igual que los demás, se puso de rodillas para rendirle honor.
- Shun… – habló la diosa, sorprendida.
- Sea como sea, ahora tengo otro motivo para proteger a mi mejor amiga. – dijo el joven, emocionado. – Cuidaré a mi diosa a costa de mi propia vida.
Athena se sintió conmovida ante tal gesto, a pesar del inmenso dolor que embargaba su corazón, el que se había convertido en el impulso para comenzar su camino como diosa de la guerra y sabiduría.
- Mis queridos caballeros, no tengo palabras para expresar lo que siento en estos momentos, pues no solo he despertado mi verdadera esencia, sino que me encuentro rodeada de valiosos aliados. – dijo la joven, con voz determinada. – Y quiero que sepan que, a pesar de que aún tenga que fortalecer mi cosmos, seguir desarrollándome como diosa, voy a protegerlos con todas mis fuerzas. Esta vez… en esta nueva vida… No voy a permitir que nadie muera.
Los caballeros se impactaron ante la intención de Athena, pues aunque se escuchara maravillosa, era totalmente irreal. Ellos existían por y para ella, por lo que dar su vida en la batalla era para lo que estaban destinados.
- Nuestro destino es morir por ti, Athena. – intervino Aioria. – Es el deber y destino de todo caballero.
- Y mi voluntad está por sobre eso. – afirmó la diosa, intimidando a todos los presentes. – De ninguna manera volveré a cometer los errores de mis pasadas vidas, pues mi deber es proteger a todos los seres vivientes de este mundo, mucho más si tienen personas a quienes aman. No permitiré que ninguno sufra el mismo dolor que yo.
Aioria quedó impactado y en silencio por la sentencia de Athena, al igual que los demás.
Una vez que terminó su discurso, Athena pidió a cada uno de los nuevos caballeros que se presente. Los caballeros dorados se reconocieron entre sí, por lo que se saludaron como si nunca se hubieran separado. En el caso de la sacerdotisa y las guerreras con máscara, lo hicieron con más distancia, lo que no ocurrió con una de ellas.
- Mi nombre es June… Un gusto. – saludó la joven.
Shun, al estrechar la mano de la caballero, se vio invadido, una vez más, por la familiaridad y la nostalgia. Con todos tenía la sensación de conocerlos desde antes, pero en el caso de esta muchacha era distinto; algo parecido a lo que sintió con su hermano cuando volvió a verlo después de tantos años. No podía describir tal emoción, la cual mantuvo escondida.
- Yo soy Shun. – respondió el joven, nervioso. – ¿Tú me conoces de algún lado?
- Puede ser…
Su máscara cubría toda emoción, pero aparte de la nostalgia, June sintió tristeza al ver que el joven no percibía la misma familiaridad que ella logró crear en todos los años de recuerdos que despertó al estar bajo el mando de Aioros. Sin embargo, entendió las circunstancias actuales del médico, pues aún no había despertado por completo.
- Yo también siento que no es la primera vez que hablamos. – respondió ella, agachando el rostro.
- Yo… – Shun se sintió extraño ante la joven, cosa que no comprendía en él. – Siento familiaridad al verte, pero…
- No te presiones. – pidió June. – Te aseguro que poco a poco recuperarás tu vida. Yo te voy a ayudar.
Shun sonrió ante su ofrecimiento, mientras se dejaba llevar por la comodidad que la llamativa chica le transmitía. El joven se mantuvo tan perdido en sus pensamientos, que no notó que alguien más se había acercado.
- Shaka… – se acercó June. – ¿Necesitas algo?
- Sí, tengo entendido que vienes de la isla Andrómeda. ¿No es así?
- Así es.
- Por favor, búscame mañana en la casa de Virgo, pues necesito pedirte algo importante.
- Como ordenes. Ahí estaré.
Shaka se alejó de los jóvenes, dejando a Shun sorprendido con la petición a June.
- ¿La isla Andrómeda? – preguntó Shun.
- ¿Te suena familiar?
- Sí, sin duda alguna…
- Pues pronto la conocerás.
Shun deseaba hacer más preguntas, pero de reojo vio como Saori cayó de rodillas al suelo, sosteniéndose con su báculo. Inmediatamente corrió hacia ella.
- ¡Saori! – gritó Shun, acercándose a su amiga.
- ¿Qué te sucede, Athena? – preguntó Erii, sosteniendo los hombros de la chica.
- Me siento… muy cansada.
Antes de que Shun llegara hasta ella, la cabeza de la diosa se posó en el regazo de Erii, mientras sus ojos se cerraban con pesadez. El médico se iba a disponer a revisarla, pero Shion lo detuvo.
- No te preocupes, no tiene nada. Solo se ha quedado dormida.
- ¿Dormida? ¿Cómo puedes estar seguro de eso? – preguntó Shun.
- Ahora que ha despertado como Athena, el poder de su cosmos se ha incrementado y ha drenado toda su energía. – explicó el patriarca. – Solo necesita dormir unos días para que su cuerpo se acostumbre a ese cambio. Han sido demasiadas emociones en muy poco tiempo y las debe asimilar.
- Entiendo…
- Yo la llevaré a sus aposentos para que descanse, mientras Erii le hará compañía. Te aseguro que estará más que cuidada. – indicó Shion, tomando en brazos a la dormida diosa. – Tú debes encargarte de ti mismo, pues como te dije antes, eres un caballero que aún no ha logrado despertar, y si quieres proteger a tu amiga, es necesario que lo hagas.
- Así será, señor Shion. – dijo el joven, bajando la mirada. – Y aprovecho este momento para agradecerte que nos haya salvado.
- Solo cumplí con mi deber. – respondió el patriarca, sonriendo. – Cuando despiertes tu cosmos, tú y yo hablaremos.
- Lo que digas.
Shion comenzó a subir las escaleras del santuario para llevar a Saori a sus aposentos, mientras que Erii iba junto a él, llevando el báculo de la diosa.
Dohko llegó a la casa de Aries, donde sabía iba a encontrar a su amigo. Ya no portaba su armadura, sino uno de sus trajes tradicionales chinos con los que practicaba artes marciales.
Cuando llegó a la primera casa, encontró a Shion examinando su armadura, la que ahora se encontraba en su original forma de carnero.
- ¿Qué haces? – preguntó Dohko. – Aún no amanece.
- No podía dormir, así que me puse a examinar la armadura, cosa que me tocará también hacer con las demás. – respondió el guerrero. – Tendré que cumplir esta función hasta que el verdadero caballero de Aries esté con nosotros.
- Él está dentro del grupo de todos los que debemos encontrar antes que Ker lo haga.
- Durante estos tres días, Athena ha seguido dormida, algo normal debido a su reciente despertar como diosa. – dijo Shion. – Durante todo este tiempo, cada caballero ha tomado posesión de la casa del zodiaco que le corresponde, mientras que los caballeros de plata han reactivado la fuente de Athena, donde no solo se encuentra el refugio de ellos, sino que servirá como sitio de sanación para cualquiera de nosotros. Erii ha sido la más preocupada en eso, es una chica bastante lista y comprometida, además que ha cuidado de Athena con verdadera devoción.
- Nunca dejaré de sorprenderme de la grandeza del cosmos de Athena, pues es lo que ha hecho posible el renacer de este lugar, secreto para los ojos comunes. – dijo Dohko.
- En este tiempo me he dedicado a hablar con todos ustedes sobre la situación actual, pues ahora que Hades ha tomado un cuerpo equivocado, no sabemos qué estrategia crear. Por eso, Shaka me ha informado de sus planes, pues si regresa por Shun, debemos prevenirlo con su verdadero despertar. June también apoyará en esa causa.
- También tenemos pendiente encontrar a Pegaso.
- Marin ya está preparada para eso. – dijo Shion. – Y Aioria me lo confirmó cuando me puso al tanto del caso de Aioros y los otros caballeros desaparecidos.
- Viendo que las cosas se van acomodando poco a poco, tengo algo que pedirte... – dijo Dohko, algo nervioso.
- ¿Vas a regresar a tu casa? ¿Es eso? – preguntó Aries, soltando una carcajada.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Libra, sorprendido.
- Porque sé lo preocupado que estás por tu familia, es normal que quieras ir a verlos.
- Pensé que no lo verías bien…
- Independientemente de lo que yo piense, respeto que los caballeros de esta época, a diferencia de mí, hayan hecho su vida. – dijo el hombre en tono serio. – Sin embargo, no me imagino cómo sus familiares aceptarán algo como esto.
- Es lo que tengo que enfrentar, pues sin paz no hay familia a la que cuidar, y la única manera de protegerlos es involucrándome en esta batalla. – afirmó Libra, determinado.
- De todas maneras, no me gustaría estar en tus zapatos…
- Cuando tengas hijos, me entenderás.
- Eso… no va a ocurrir nunca.
- ¿Qué piensas sobre lo que Athena dijo hace unos días? – preguntó Dohko, confundido. – Sobre que nadie morirá en esta guerra.
- Pienso que es un deseo hermoso, pero irreal. – afirmó el patriarca. – Por más que esas sean sus intenciones, nosotros como caballeros nacimos para dar la vida por ella, y en una guerra siempre hay sacrificios.
- ¿Y si esta vez es diferente? – cuestionó Dohko, pensativo.
- ¿Qué?
- Quizás esta nueva versión de Athena marque la diferencia entre las demás reencarnaciones, pues yo noté a Saori muy decidida a superarse a sí misma. – dijo Dohko, mirando hacia la estatua de la diosa. – Quizás en esta era su poder llegue a niveles inimaginables y su madurez sobrepase las expectativas.
- Eso no lo sabremos hasta llegar a las últimas consecuencias. Mientras tanto, nuestro ideal será protegerla por sobre nosotros, y yo me encargaré de prepararla en todo lo que necesite.
- Sé que harás una buena labor como patriarca, querido amigo. – afirmó Libra, alejándose de Shion. – Ha llegado el momento de irme, prometo estar de regreso lo más pronto posible.
- Toma el tiempo que necesites, pues sé que si algo ocurre, contaremos contigo. Que tengas buen viaje.
Dohko comenzó a alejarse del santuario, mientras que Shion tomó sus herramientas para seguir revisando su armadura.
Después de largas horas de viaje, Dohko llegó en la noche al Pico de los Cinco Ancianos, el lugar en donde vivía con su esposa y su hija de veinte años. Durante todo el trayecto, pensó en miles de maneras de cómo iba a contarles sobre su verdadera identidad, pero sobre todo las ausencias que iba a tener para cumplir con su deber.
Al hombre le iba a doler separarse de su familia, pero de ninguna manera iba a permitir que ellas sean víctimas de la destrucción a la que Hades quería llevar a la tierra, pues de nada iba a servir la paz si no se luchaba por ella.
- Desde que me casé con Mei, nunca me he separado de ella por tanto tiempo. – dijo preocupado. – Y en cuanto a…
- ¡Papá!
Dohko detuvo su paso al escuchar la voz de la hermosa joven que se había abalanzado a abrazarlo.
La chica era de mediana estatura, y a diferencia de su padre, su piel era blanca y sus ojos más grandes y llamativos. Sin embargo, su característica más llamativa era su largo cabello negro trenzado, que caía con gracia sobre su espalda.
- Papá, por fin estás de regreso. – dijo la joven, emocionada.
- Shunrei… Solo fueron pocos días. – dijo el caballero, devolviendo el abrazo.
- Lo sé, pero mi mamá y yo hemos estado preocupadas, pues cuando te fuiste te veías nervioso. – reclamó la chica. – Sabes que a mí no me puedes engañar, yo sé que algo te ha pasado.
- Sí… mi viaje tuvo un motivo y de eso vengo a hablarles.
Shunrei se sorprendió de ver la seriedad de su padre, pues tal y como intuyó durante todos esos días, la razón de su viaje era algo más allá de un simple trámite.
- Sea como sea, yo he orado mucho por ti, y por eso estoy tranquila de verte de regreso.
- Gracias, hija. – dijo Dohko, sonriendo a su hija y colocando una mano en su cabeza. – Tus oraciones siempre han tenido un poder que nunca he podido comprender, por eso he tenido buena suerte, sobre todo en mi oficio marcial. No ha habido nadie que me haya hecho un rasguño en todos estos años gracias a que siempre oras por mi victoria.
- Hablando de eso…
- ¿Qué pasa? – preguntó el hombre, extrañado.
- Lo que pasa es que… hoy llegó un hombre a retarte. – dijo la joven, nerviosa. – Y está aquí, esperándote.
- ¿A esta hora? Estoy cansado, no lo voy a atender. – negó ofuscado.
- Lleva aquí desde la mañana, papá, y dijo que no iba a irse hasta conocerte. – informó la joven, preocupada. – Ha pasado la tarde con nosotras, incluso para disculparse por tu tardanza, mamá lo invitó a almorzar y a cenar.
- ¿¡Qué!? ¿¡Pero quién es ese insolente que se atreve a quedarse solo con dos mujeres!? – cuestionó el hombre, furioso. – Y ustedes son unas inconscientes al dejar entrar a nuestra casa a ese tipo.
- Te aseguro que es un joven muy educado. Ven para que lo conozcas.
Shunrei tomó el brazo de su padre y lo obligó a ir con ella hasta la cascada, lugar donde lo esperaba su nuevo retador. Una vez que cruzaron la cueva, se encontraron con él observando el caer de las aguas.
- Es él, papá. – señaló la joven.
En ese momento, el joven de largo cabello negro volteó y dio una reverencia al padre de Shunrei.
- Buenas noches, maestro. Lo he estado esperando.
- Pero… si tú… tú eres…
Dohko se quedó de piedra ante la imagen del hombre frente a la imponente cascada de Rozan.
Ni un minuto antes ni después, Seiya llegó al coliseo del santuario de Athena. A diferencia de la vez pasada, se sorprendió con la facilidad que pudo entrar, e incluso sentía una cálida energía embargar todo el ambiente, como si el sitio hubiera revivido.
- No puede ser que este lugar ya no se sienta pesado. – dijo el joven. – Es como si una fuerza descomunal lo haya restaurado de un instante para otro. No lo entiendo.
Por un momento, llegó a sentir miedo, pues varias emociones nostálgicas comenzaron a invadirlo hasta el punto de hacerlo dudar en seguir. Sin embargo, al instante cambió de opinión, pues su deseo de encontrar a su hermana era más fuerte que cualquier temor.
- No entiendo por qué este santuario, sea como sea, se termina cruzando en mi camino, pero no me queda más que avanzar.
Seiya continuó, y sin entender cómo, llegó al coliseo. Comenzó a caminar hacia el centro de la arena, esperando que quien lo haya citado lo pueda ver mejor, pero se detuvo al ver que alguien ya se le había adelantado.
Lentamente comenzó a acercarse, tomando precauciones por si se trataba de algún delincuente, o en el peor de los casos, un espectro como el que lo había atacado días atrás. Sin embargo, sus ojos se sobresaltaron cuando la figura del individuo se comenzó a hacer más clara, mostrándole un cabello y silueta muy conocidas por él.
Después de cinco años su búsqueda había terminado.
- ¿Her…? ¿Hermana? – preguntó el joven, con lágrimas en los ojos.
La sombra se acercó más a Seiya, causando que su emoción se apague drásticamente, pues el rostro de la hermana que tanto anheló encontrar estaba cubierto por una misteriosa máscara, lo que le hizo dudar sobre su identidad.
- Pon fin llegas… Caballero de Pegaso.
Comentarios finales:
Hola, he regresado con este nuevo capítulo, el que terminé a tiempo para intentar quitarme el shock por el agridulce final de Next Dimension. Sin palabras…
Bueno, dejando la depresión de lado, quiero pedir disculpas si mis capítulos les parecen largos. Mi límite en la escritura es un poco menos que esto, pero ahora son algo más extendidos porque manejo varios personajes y no quiero dejar huecos argumentales en ellos. No es la primera vez que hago este tipo de historias, pero siempre es algo retador, y lo que me saca de la zona es lo que me permite crecer como escritora. Espero que para ustedes sea agradable el hecho de leer un poco más, pues me ha pasado a veces lo contrario, que me reclaman cuando los capítulos son muy cortos.
Entrando de lleno a la historia, este capítulo se ha centrado más que todo en el despertar de Athena y la llegada de nuevos caballeros que han sido preparados en secreto por Aioros, quien está desaparecido junto con otros dos plateados. ¿Por qué? Creo que se lo imaginan, pero el asunto será más complejo de lo pensado, pues como leyeron, Sagitario se sentía frustrado e iba a encontrarse con un supuesto caballero de oro, del que ni su propio hermano tiene idea. El misterio no tardará en ser resuelto, pues el conflicto principal de esta trama, aparte de lo obvio (vencer a Hades/Ker), se centrará en encontrar a los caballeros de Athena y fortalecer su propio ejército. Como pasó en el capítulo de Destiny, Ker quiere asegurar la victoria de Hades atacando el santuario desde adentro.
La idea de que Athena se ha propuesto que ninguno de sus caballeros muera me nació por el manga Dark Wing, pues eso mismo dijo la diosa de esa época a sus dorados y todos la tacharon de ingenua, pero Aries dijo que talvez ella iba a marcar la diferencia. Quizás parezca descabellado algo como eso, pues en la guerra siempre hay muerte, pero cree esta historia precisamente porque en la serie original todos se mueren, y no quisiera repetir lo mismo, sino más bien centrarme en los dramas personales de los personajes y en que Saori, como protagonista, sea capaz de proteger a sus caballeros a costa de lo que sea, y eso lo hará con varias estrategias, pues a diferencia de Ares, Atenea representa a la guerra estratégica y sabia. Sin embargo, les aseguro que también pondrá en su sitio a sus enemigos. Ya con lo ocurrido con su madre ella hará justicia.
Sobre Ikki, a él le espera un camino tortuoso, pero Ker va a mantener a raya ese asunto con un recurso que tomé de la mitología griega, el cual revelaré en el próximo capítulo.
Espero que les haya gustado la entrada de los caballeros entrenados por Aioros. Decidí que June sea caballero de plata para que esté al mismo nivel de Shaina y Marin. Y sobre los shippeos, creo que es obvio que ella será emparejada con Shun, de la misma manera que Erii con cierto Cisne y Aioria con Marin. Al menos, en la mayoría de los casos, todo se dará paso a paso, pues por más que "se recuerden", tienen que conocerse mejor. En otras circunstancias el romance será una sorpresa, pues hay caballeros que guardan secretos de su vida personal, como lo pueden imaginar.
Y sobre el joven que llegó a los Cinco Picos a retar a Dohko… creo que no necesita presentación.
Muchas gracias por leer y comentar. De verdad, esta historia se ha vuelto un proyecto muy valioso para mí y me esfuerzo para que les agrade.
Saludos y abrazos.
