Capítulo 9: Cadenas hacia la luz
Pegaso y Athena juntos, una vez más, a pesar de la muerte y el paso del tiempo, e incluso por sobre el fatídico destino que tenían que cumplir. Las estrellas los habían vuelto a reunir.
Seiya y Saori se separaron del abrazo y se pusieron de pie, momento en que el joven bajó la mirada debido a la emoción y vergüenza que sentía. Ya no estaba frente a la joven común que había conocido en su "casual" camino por Rodorio, sino que ahora estaba frente a una diosa, a quien había servido en varias vidas y con la que guardaba algunos recuerdos. Su corazón ya no tenía dudas, pues ahora iba a vivir para ella y apoyarla en la dura prueba que iba a enfrentar.
- Ahora entiendo por qué te me hiciste tan especial el día que te vi, Seiya. – dijo la diosa, emocionada. – Ya nuestras almas se habían reconocido, pero fuimos incapaces de verlo en ese momento.
- Yo… Saori… – el joven alzó la mirada, nervioso, sin saber cómo actuar ante ella. – Es decir, Athena…
- Seiya… – llamó una voz acercándose.
El joven se dio la vuelta y se encontró con Shun, sorprendiéndose de verlo en el santuario, pero mucho más cuando sintió dentro de él la misma energía que la suya, el cosmos. Con eso supo que su vida también estaba enlazada a la de él, a quien consideró su amigo desde la primera vez que lo vio.
- Shun... – saludó Seiya, estrechando la mano del joven. – Nunca creí que volvería a verte en estas circunstancias y en este lugar.
- El destino nos ha sorprendido de maneras que ni te imaginas, Seiya. – dijo Shun, sonriendo. – Pero sea como sea, me alegra compartirlo contigo, pues es bueno regresar siempre con los amigos.
- Un amigo… Y un caballero también. Puedo sentir el cosmos en tu interior.
Shun desvió la mirada, pues ya muchos le mencionaron algo como eso, pero aún no había logrado descubrirlo. El martirio de su identidad y el destino de su hermano lo estaban desquiciando, pero por Saori estaba soportándolo.
- Seiya, Shun también encontrará su camino. – dijo una nueva voz acercándose.
Shion se había acercado hasta Seiya, lo que causó que el joven se arrodille ante él.
- Por lo que veo, eres el gran Patriarca. – dijo Seiya. – Es un honor conocerte.
- Igualmente, Seiya. Me alegra ver que ahora te has unido a nosotros para proteger a Athena y a la paz de este mundo contra los planes de Hades. – dijo Shion. – Han ocurrido muchos acontecimientos, por lo que te pido que escoltemos a Athena al salón principal para ponerte al tanto de todo. Y adicional, a presentarte a los demás caballeros.
- Como digas.
- Maestro Shion. – intervino Aioria, con la caballero de Águila en sus brazos. – Antes iré a dejar a Marin en la fuente para que descanse, luego de eso estaré con ustedes.
- Está bien, eso le hará bien a ella. – dijo el Patriarca. – Apenas esté recuperada, la felicitaré por su excelente labor.
Obedeciendo la orden del Patriarca, todos comenzaron a trasladarse a la sala. Shion estaba ansioso por comenzar a ejecutar sus funciones como Líder de los caballeros.
Seiya fue presentado con todos sus compañeros, mientas Athena observaba la reunión desde el trono que compartiría con el Patriarca. Aioria, Shaina y June le contaron su historia sobre su entrenamiento con Aioros y la misteriosa desaparición de este junto con los otros caballeros de plata. Después de las presentaciones, Shion comenzó a relatar todo lo ocurrido desde su despertar y la importancia de la misión que como caballeros debían ejecutar.
- Es lamentable que el alma de Hades ahora se encuentre en el hermano de Shun, quien al parecer también es un caballero.
- Ahora que han pasado algunos días, he podido digerir un poco todo lo ocurrido con Ikki. – dijo Shun, apenado. – Sin embargo, aún no logro descifrar nada relacionado con mi fallido destino como Hades, ni cómo cambiará el curso de este conflicto ahora que él poseyó el cuerpo equivocado… Tampoco sé cómo va a perjudicar esto a la esencia de mi hermano como caballero.
- Eso es lo que vas a tener que averiguar una vez que despiertes como caballero, Shun. – dijo Shion, serio. – Vas a emprender un viaje, June de Camaleón te puede acompañar, para averiguar los antecedentes de Ikki; como dónde estuvo en los últimos cinco años, cómo descubrió su poder y otros datos que serán importantes para conocerlo mejor.
- Sus antecedentes…
- No he recibido ninguna señal sobre el despertar de Hades, por lo que quiero que aprovechemos esa ventaja. – indicó Aries. – Deben ser precavidos, pues es un hecho que los espectros los seguirán para acabar con ustedes.
- Así lo haremos, señor Shion. – dijo June.
Ninguno de los dos lo reconoció, pero Shun y June, a pesar de la delicada misión, sintieron una ligera emoción de viajar juntos. El médico sentía mucha curiosidad por conocer más a la joven, sobre todo aprender de ella como caballero; además, le provocaba mucha simpatía por la convivencia que habían tenido en esos días.
- Pronto Shun va a renacer como caballero… ya estoy enfocado en eso. – dijo Shaka, interviniendo. – Y ahora que Athena ha despertado, quisiera conversar con ustedes dos de algo importante.
- ¿Sobre qué? – preguntó Saori, interesada.
- He descubierto que mi rosario de cuentas tiene la capacidad de purificar almas oscurecidas, sin embargo, su potencial está incompleto. – indicó Virgo. – Y solo puedo fortalecerlo yendo a su origen.
- ¿Te refieres a ir a…?
- Así es, maestro Shion… partiré al Inframundo a una misión para completar su poder.
- Ten presente que se requiere del octavo sentido para ir al Inframundo. – dijo Shion, preocupado. – Y aunque ya tengas tu cosmos desarrollado, es riesgoso.
- Lo sé, pero de todas maneras lo debo hacer. Nadie más que yo puede encargarse de este asunto. – indicó el caballero. – No hay duda de que hay y habrá caballeros corrompidos, y debemos salvarlos no solo por su valioso vínculo con Athena, sino para debilitar al ejército de Hades. Si mi teoría es cierta, el rosario podrá liberarlos de la oscuridad.
- No irás solo, Shaka, pues yo iré contigo al Inframundo. – indicó Saori, hablando con determinación.
- ¿Qué? – preguntó Shaka, sorprendido. – Te lo agradezco, pero no es necesario.
- Athena, es muy riesgoso y acabas de despertar como diosa. – dijo Shion, preocupado.
- Igual que todos ustedes, y aun así ya están arriesgando sus vidas. – indicó ella, seria. – Yo también tengo un asunto en el Inframundo, pues quiero conocer su estado ahora que ha renacido bajo la influencia del dios, y averiguar más sobre Ker. Mientras Hades no despierte por completo, ella es la más peligrosa.
- Yo te acompañaré, Athena. – dijo Seiya, seguro y determinado. – Tu presencia solo alarmará a los espectros, por lo que estaré para protegerte.
- Muchas gracias, Seiya.
- Pienso que es precipitado, pero sé que aun así irán. – dijo Shion, resignado. – Solo pido que fortalezcan un poco más sus cosmos, para así rememorar la esencia del octavo sentido. Todos debemos hacerlo tarde o temprano.
- Cuando estemos listos, partiremos. – dijo Saori.
- Como digas, Athena. – respondió Shaka. – Gracias por tu preocupación.
Con esos temas cerrados, Shion continuó con las indicaciones.
- Quiero informarles que he analizado el movimiento de las constelaciones en la colina Estrella, y evidencié el temprano despertar de cuatro caballeros. Uno de ellos, posiblemente, ya fue identificado por Dohko de Libra, pero sobre los demás, no tengo idea dónde están. – dijo el Patriarca, para después mirar a la sacerdotisa de Athena. – Erii, necesito que me ayudes a descifrar la ubicación geográfica de esos caballeros, pues tu cosmos es capaz de localizarlos. Sería bueno que Athena también esté presente para que vea el proceso.
- Así será, señor Shion. – respondió la sacerdotisa. – Además… creo que ya sé dónde está uno de ellos.
- Si es así, mejor. – dijo el Patriarca. – Con eso listo, asigno a Shaina de Ofiuco para que te acompañe en ese periplo.
- Como ordenes, maestro Shion. – dijo Shaina, seria. – Estoy lista para la misión.
- Así lo haremos, señor Shion. – indico Erii.
- Ya falta poco para el amanecer, y ninguno de nosotros ha dormido nada, por lo que pido que vayamos a descansar. – indicó Shion. – Recuperen energías, coman bien y prepárense para las órdenes que daré mañana en la noche.
Todos hicieron caso a las indicaciones de Shion, por lo que se despidieron y se fueron a sus respectivos templos y sitios de descanso. Shaka y Aioria se quedaron al último, pues deseaban hablar con el Patriarca de un tema importante.
- Maestro Shion… el tema del hermano de Shun me tiene preocupado. – dijo Aioria. – ¿No crees que es mejor…?
- Ni se te ocurra terminar lo que piensas plantear, Aioria. – dijo Shion, enojado. – No sabemos dónde está ese muchacho, y mucho menos si Hades va a regresar a sus dominios en el Inframundo o al que él haya elegido en la Tierra.
- ¡Pero patriarca…! Esta sería la mejor oportunidad para…
- ¡No vamos a matarlo! Y esto es una orden. – dijo Shion, alzando un poco la voz. – No podemos arriesgarnos a que busque el vulnerable cuerpo de Shun, y lo más importante… Athena no lo sabe y no vamos a pasar sobre sus deseos.
- Como digas, señor. – aceptó Leo, frustrado.
- Seguramente, Athena sentirá remordimiento de quitarle la vida a su mejor amigo. – dijo Shaka, apenado. – Pero sé que, si no tiene más opción, aunque le duela en el alma, lo hará por el bien de la humanidad.
- Así es, no dudará en hacerlo. Sin embargo, en el corto tiempo que conocí la parte más humana de ella, en la muerte de su madre, me di cuenta de que estaba dispuesta a asumir su destino, sin miedo a nada. – defendió Shion. – Sé que la humanidad está por sobre todo, pero también desea salvar a su amigo, pues es un caballero, y como tal desea protegerlo.
- Con todo respeto, me conmueve su compasión y deseo de querernos con vida al final de la guerra. – mencionó Aioria. – Pero todos sabemos que no…
- Eso no lo sabemos. – habló Shion. – Yo también tengo dudas, pero como dijo Dohko, quizás esta nueva versión de Athena, nacida fuera del santuario, del vientre de una madre, haga la diferencia. Puede que nos sorprenda más de lo esperado. Sin embargo, vivamos o muramos, sabemos que nuestra vida le pertenece, pues protegerla a ella es cuidar el amor y la paz en la Tierra.
- Tienes razón, maestro Shion… me precipité porque me siento desesperado. – dijo Aioria.
- Por tu hermano, ¿verdad? – preguntó Shaka.
- Así es. En todos estos días se han dado acontecimientos que él soñaba ver, sobre todo conocer a Athena para dedicarle su lealtad. – mencionó Aioria, apenado. – Y ahora que está desaparecido...
Shion pudo notar que Aioria quiso llorar, pero se esforzaba por mantenerse fuerte. Así se trate de un caballero, era un hombre preocupado por su único familiar desaparecido.
- Yo entiendo lo mal que te sientes, Aioria, y la desaparición de un hombre tan valioso y leal no puede quedarse así, pues mientras muchos de nosotros teníamos una vida algo normal, él se dedicó a seguir su vocación y abnegación por Athena, entrenando a jóvenes con su mismo sentir. – dijo Shion, apenado. – Es por eso que debes encontrarlo. Esa será tu misión.
- Ni siquiera tengo idea por dónde empezar…
- Aioria, debes empezar desde el origen, como el señor Shion le indicó a Shun. – sugirió Shaka. – Tú dijiste que tu hermano desapareció el día que iba a encontrarse con un supuesto caballero dorado, por lo que tienes que averiguar todo lo relacionado con eso, desde el día uno.
- Así será. – aceptó Leo.
- Me retiro, espero puedan descansar. – dijo Shaka, regresando a la casa de Virgo.
Aioria y Shion se quedaron solos, momento en el que el León aprovechó para confesarle algo.
- Maestro Shion… hay algo que tienes que saber sobre mí… y sobre Marin.
El Patriarca escuchó atentamente todo el relato del caballero.
Cuando todos los caballeros se estaban retirando, Shun y Seiya decidieron acompañar a Saori hasta la entrada de sus aposentos. Ambos la respetaban como diosa, pero tanta formalidad y parsimonia los hacía sentir extraños con la joven a la que veían como su amiga, e incluso más que eso; el médico la tenía como una hermana y Pegaso como la persona a la que quería proteger por su simple existencia.
Llegando a la entrada de los aposentos, Seiya se enteró por Shun de la muerte de la madre de Saori, motivo por el que se apenó terriblemente, pero sobre todo se llenó de impotencia y rabia.
- Me siento tan mal, Saori… lo lamento mucho. – dijo Pegaso, dolido. – Hubiera querido estar a tu lado en esos momentos tan espantosos.
- Gracias, Seiya. – dijo Saori, intentando no hundirse. – Mi madre cumplió con su deber y tendrá justicia en el momento adecuado.
- Yo me encargaré de eso, no lo dudes. – afirmó Seiya. – Esto es una promesa de amigos.
Cuando Saori escuchó la palaba "promesa", comenzó a inquietarse debido a una sensación conocida, por lo que miró a Seiya con atención.
- Seiya, siento una energía peculiar en ti desde hace un momento, y no me refiero a tu cosmos… sino al mío.
- ¿Ah? No entiendo.
Saori se acercó a Shun y tomó su muñeca izquierda para enseñársela a Seiya, mostrando la pulsera de flores que portaba. De la misma manera, le enseñó la que ella también estaba usando.
- Eso es…
- Estas pulseras de flores fueron elaboradas por Saori para mi hermano, para ella y para mí. Las hizo cuando éramos niños como símbolo de promesa de cuidarnos siempre. – recordó el joven, conmovido. – Por alguna extraña razón, siempre sentí que nuestra amiga nos protegía con eso, y ahora que ha renacido como diosa, estoy más que convencido. Están imbuidas con el poderoso cosmos de Athena.
Seiya miró la pulsera con sorpresa, y en ese momento mostró la que él había encontrado en el cuarto de hotel donde Saori se había quedado. La joven la tomó, reconociéndola de inmediato.
- Esta pulsera también la hice yo… – dijo sorprendida. – ¿Cómo es que la tienes?
- Eh… bueno… – Seiya se puso nervioso, sabiendo los inventos a los que tuvo que llegar para dormir en la misma habitación de Saori. – Fui al único hotel que había en la ciudad y en la habitación que me asignaron, la encontré.
La dama se quedó pensativa ante tal casualidad, pero después se acercó hasta Seiya y tomó su mano izquierda.
- Ah… Saori… – habló Seiya, comenzando a sonrojarse por el acercamiento.
La sonrisa de los jóvenes se perdió entre ellos, mientras recordaban el acercamiento que tuvieron cuando se encontraron como diosa y caballero. La dama no podía creer como el destino fue capaz de hacer llegar la pulsera que había hecho para "su príncipe con alas de Pegaso" de la infancia, por lo que el enlace que sentía con Seiya era más profundo, tanto que no lo podía entender o explicar. Seiya se sentía de la misma manera, perdido en la mirada de su diosa, disfrutando el roce de su mano con la suya. La devoción a ella lo tenía obnubilado, sin saber que iba más allá de eso.
Ya saliendo de su trance, Saori le colocó a Seiya la pulsera, causando que el joven sienta con más cercanía su protección.
- De alguna manera, hice esta pulsera para Pegaso, con quien siempre soñaba de pequeña. – comentó Saori, sonriendo. – Ahora que ya la tienes, eres parte de la promesa de cuidarnos por siempre.
- Gracias por este gesto, Saori... – dijo el joven, encantado. – Te agradezco por hacerme parte de la cadena entre Shun, su hermano y tú.
- Todos serán parte de ese enlace… ya estoy trabajando en eso. – indicó la joven, pensativa. – Bueno, me despido para que vayan a dormir, pues quedan pocas horas para el amanecer.
- Como indiques, Saori. Que descanses. – se despidió Pegaso.
Shun y Seiya comenzaron a bajar las escaleras, pero en ese momento Shun se detuvo.
- Seiya, adelántate, solo voy a verificar algo… – dijo Shun.
Seiya hizo caso, por lo que Shun corrió a decirle unas palabras a su amiga.
- ¿Qué se siente haber encontrado al príncipe de tu niñez? – preguntó Shun, en tono burlón.
- ¿Qué? – preguntó la dama, sonrojada. – ¿A qué te refieres?
- Sabes bien a qué me refiero... – dijo el joven, riéndose. – Ahora entiendo ese gusto que te provocó Seiya desde el inicio.
- ¿¡Gustarme!? – preguntó espantada y con terrible sonrojo. – No es así, Shun. Solo me cayó bien, y ahora sé que fue cosa del destino el habernos conocido. Lo considero mi amigo y caballero. Nada más.
- Te conozco de toda la vida, y sé que el tiempo me dará la razón. – dijo Shun, pensativo y cerrando los ojos. – Bueno, ahora si me retiro. Que descanses.
- Gracias. Que… duermas bien.
Saori sintió su corazón estallar de nervios ante las absurdas ideas de su amigo.
Con los primeros rayos del sol, Dohko se dirigió hasta su lugar de meditación frente a la cascada, dispuesto a esperar a Shiryu para comenzar con su enfrentamiento. Sin embargo, grande fue sorpresa al ver que el joven ya estaba ahí, mirando el correr del agua con atención.
- Ese muchacho se levantó antes que yo. – dijo Dohko, sorprendido. – Se nota que está ansioso por "ganarme". Saldrá decepcionado de aquí.
- Querido…
Shaorin y Shunrei se acercaron hasta donde estaba el hombre, quien se sorprendió de verlas ahí, pues las creía dormidas.
- ¿Por qué están despiertas tan temprano? – preguntó sorprendido.
- Queremos ver el enfrentamiento que vas a tener con Shiryu. – respondió Shunrei, sonriendo.
- ¿¡Ustedes dos!? – cuestionó el caballero, sorprendido. – Pero si nunca les ha interesado ver mis enfrentamientos. Siempre dicen que son aburridos porque terminan muy rápido.
- Este será diferente, yo lo sé. – dijo la joven, riéndose.
- ¿Insinúas qué ese mocoso podrá vencerme? – preguntó el hombre, resentido. – Mi mayor admiradora me está traicionando.
- ¡No pienses eso, papá! Yo sé lo fuerte que eres. – respondió Shunrei. – Pero tú sabes que Shiryu es el retador más peculiar que has tenido, por eso me interesa ver hasta dónde va a llegar esta pelea.
- Querido, solo queremos ver, nada más. – dijo la esposa, usando el tono de voz que sabía iba a conmover a su marido.
- Está bien… pero no pienso hacerme responsable si la pelea se torna fuerte de ver. – advirtió Dohko, serio. – No voy a ser blando con mi rival, así me lo supliquen.
- No vamos a intervenir, tranquilo. – dijo Shaorin.
Dohko se alejó de su familia y se acercó hasta donde estaba el joven, quien apenas sintió su presencia, se dio la vuelta para saludarlo.
- Buen día, maestro Dohko. – saludó Shiryu.
El hombre sintió una cálida sensación al escuchar que el joven lo llamaba de esa manera, casi como si su hija le estuviera expresando una palabra de admiración o cariño. Pensó que había despertado todas sus vivencias al renacer como caballero, pero al ver a Shiryu su corazón se llenó de dudas, sobre todo por la esencia del dragón que parecía vivir dentro de él.
- Buenos días, muchacho. – contestó el hombre. – Me sorprende que te hayas despertado antes que yo.
- He esperado esto por mucho tiempo, así que estoy más que preparado para derrotarlo y demostrarle mi poder.
Dohko estuvo a punto de reírse para bajarle la moral a Shiryu, sin embargo, se detuvo al sentir dentro de él la misteriosa energía parecida a la de él, la de un caballero.
Solo había una manera de comprobar sus sospechas.
- ¡En ese caso, menos palabras y más acciones! – exclamó Dohko, determinado.
- ¡Como usted ordene, maestro!
Los dos asumieron sus posturas iniciales, mirándose fijamente el uno al otro. La tensión en el aire era enorme, y en medio del silencio de muerte, parecía ser que ninguno de los dos se movería hasta que el otro lo hiciera primero.
En ese caso, Dohko supo lo que tenía que hacer. Daría un paso al frente para que Shiryu lo atacase primero, y eso le serviría como una forma de hacer una evaluación inicial de su fuerza y habilidad. Contuvo su aliento, y se movió…
… y tal como lo esperaba, Shiryu se lanzó de frente para dar el primer golpe. El movimiento le resultó fácilmente reconocible: un golpe alto de lado dirigido hacia la cabeza, seguido de un segundo golpe más abajo hacia el costado. Shiryu retrocedió de inmediato para tomar impulso y atacar de nuevo, esta vez con un golpe de garra hacia el rostro, mientras simultáneamente ejecutaba una patada frontal.
La mayoría de artistas marciales, por instinto, se protegerían el rostro dejando vulnerable su torso, pero Dohko atrapó el primero con su propia mano, y detuvo la patada levantando la rodilla, forzando a Shiryu a tomar distancia de nuevo. El joven sin amilanarse inmediatamente volvió a la carga otra vez, lanzando un doble golpe de garra hacia los oídos, que el caballero de Libra fácilmente evadió agachándose antes de dar un doble golpe de palma al torso que hizo caer hacia atrás a su oponente.
- ¡Ugh! – se quejó Shiryu antes de volver a ponerse de pie, casi de un salto y como si nada.
- Estás telegrafiando tus ataques. – le dijo Dohko. – Tendrás que hacerlo mejor que eso.
- Esto recién está empezando… maestro.
Tomando esto como un desafío, esta vez Shiryu aproximó para dar un combo de tres patadas, alta, media y baja, en sucesión rápida. Por dentro, Dohko tuvo que admitir que estaba un poco impresionado de la fuerza física de su oponente, pero aún no podía sentir la completa energía del cosmos dentro de él. ¿Le habría dicho la verdad, realmente el Dragón le habría heredado su poder?
Por su parte, Shiryu comenzó a subir el ritmo de sus ataques, imprimiendo un poco más de fuerza y velocidad en ellos. Este hombre del que le había hablado su abuelo, sin duda era impresionante. Era capaz de leer sus movimientos para defenderse y contraatacar, como si pudiese ver el futuro. Pero aun así, no iba a dejarse vencer tan fácilmente.
En su siguiente intento lanzó una serie de golpes de garra bastante rápidos, y tras forzarlo a retroceder un poco, Shiryu abrió los brazos hacia ambos lados intentando lanzar un golpe simultáneo a los oídos, Dohko se anticipó a esto y levantó ambos brazos para cubrirse, pero este ataque resultó ser una finta para un cabezazo, que quizás podría haberle dado directo en la nariz si no hubiese retrocedido en el último momento. Esto lo tomó por sorpresa, ya que las artes marciales chinas normalmente no tenían movimientos ofensivos que usaran la cabeza, pero tuvo que admitir que fue un movimiento sorpresivo. Tal vez este joven era más habilidoso de lo que anticipó.
No debía bajar la guardia. Aunque sus ataques empezaron siendo bastante predecibles, pronto Shiryu había empezado a usar movimientos más agresivos. Ahora los golpes de garra estaban dirigidos no para impactar, sino para buscar sujetarle alguna de sus extremidades en un agarre para poder lanzarlo. En cierto momento, Shiryu esquivó un gancho de Dohko saltando hacia atrás, y usando ese mismo impulso elevó la pierna para intentar patearle en la quijada, mientras daba una voltereta. La punta del pie apenas le rozó la barbilla, pero eso fue suficiente para darse cuenta de que no podía ponerse a jugar con su oponente. Si no lo tomaba en serio, lo pagaría muy caro.
Y efectivamente, apenas aterrizó, Shiryu volvió a lanzarse a la carga, lanzando varios golpes de garra que Dohko tuvo que bloquear con sus antebrazos mientras retrocedía, y Shiryu se dio la vuelta para lanzarle una patada hacia el costado. Dohko se dio cuenta de que no podía esquivarla así que tuvo que atraparla, y le dio un tirón a la pierna a Shiryu para hacerlo caer sobre su retaguardia. Sin embargo, Shiryu pareció anticiparse y logró amortiguarse con las manos, usando el impulso del tirón para retraerse hacia atrás y luego ponerse de pie de nuevo de un salto.
Una ligera sonrisa se filtró en los labios de Dohko. El muchacho tenía talento, eso era seguro. Pero aún seguía sin demostrarle lo que quería ver.
- Aún sigo esperando. – le dijo. – Estás aún a décadas de hacerme algo, si eso es lo mejor que tienes.
Vio que Shiryu entrecerraba la mirada. Aunque no le acostumbraba tocar las fibras sensibles de sus adversarios de manera intencional, parecía que esta era la única forma de empujarlo hacia donde intentaba llevarlo.
- ¡No me subestime, maestro! ¡Aún no le muestro mi verdadero poder!
- ¡Pero hazlo! ¡Solo hablas, hablas y no ejecutas nada!
Y efectivamente, un enfurecido Shiryu se lanzó de frente con una patada voladora directo hacia el rostro. Dohko inmediatamente se cubrió con los brazos cruzados, pero se sorprendió al ver que al conectar tenía más fuerza de lo que se había anticipado, e incluso lo hizo retroceder un poco. El joven pareció darse cuenta de esto e inmediatamente decidió capitalizar en ello, iniciando una ráfaga de golpes de garra tan rápidos que para un observador normal podría parecer que sus extremidades superiores comenzaban a ponerse borrosas, o como si tuviera más de un par de brazos.
Aunque se estaba conteniendo por obvias razones, Dohko empezaba a dudar si realmente valdría la pena hacerlo. Los ataques de Shiryu se estaban volviendo más feroces y agresivos, si bien un poco erráticos lo cual evidenciaba que estaba muy al borde de perder el control. Quizás debía tomarlo con un poco más de seriedad. Este combate ya se había prolongado más de lo necesario…
Y en ese breve segundo de reflexión, bajó su guardia, apenas lo suficiente para que Shiryu le acertase con una doble palma en el pecho, que lo dejó aturdido por una fracción de segundo.
– ¡Ugh!
Shiryu no desaprovechó su oportunidad: inmediatamente agarró a Dohko por el brazo. El caballero de Libra se sorprendió de la fuerza de su agarre: los dedos se le habían clavado casi como si fuesen garras reales, y ahora estaba a punto de hacerle volar por encima del hombro.
Mientras estaba en el aire, fue como si el tiempo se hubiese congelado. No, Dohko no podía permitir que este chico, este mocoso insolente que lo había retado, lo lanzara de esa manera. Todo su cuerpo se puso en piloto automático, y primero posicionó los pies para amortiguar la caída en el suelo, al mismo tiempo que movía los brazos para invertir el agarre de la llave y con ello también usar el impulso inicial aunado al propio para utilizarlo en su contra. Antes que nadie pudiera procesar lo que sucedía, fue Shiryu el que salió volando por los aires, y estando tan cerca del borde…
- ¡UWAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!
Fue demasiado tarde: en el calor del momento Dohko no midió su fuerza y mandó volando al joven, enviándolo irremediablemente hacia el fondo de la cascada, cayendo con un fuerte salpicón. Shunrei y Shaorin lanzaron un grito ahogado al mismo tiempo, mientras Dohko se quedaba en silencio, incrédulo de lo que acababa de hacer. No había sido su intención, no quería arrojarlo a esa caída que a la altura que estaban podría ser fatal.
- ¡Shiryu! ¡Papá, ¿qué has hecho?! – cuestionó la joven, espantada.
Dohko observó a su esposa e hija. Ambas miraban horrorizadas lo que acababa de suceder. Él mismo también estaba en shock consigo mismo. Aun así, ese joven había sido muy arrogante al haberlo atacado de esa manera, forzándolo a responder para darle una lección…
Pero entonces, algo extraño comenzó a suceder. En el fondo de la cascada, un tenue resplandor verde comenzó a parpadear en el agua. Al mismo tiempo, Dohko sintió algo, algo que no había sentido hasta ese momento, hasta que el fondo de la cascada comenzó a burbujear como si estuviese hirviendo.
- Esa energía… ¡eso es…!
En un estallido enorme, como si fuera un géiser, el agua en el fondo de la cascada se elevó, provocando que el curso de esta se invirtiera, desafiando la fuerza de gravedad. Dohko tuvo que retroceder, aunque el enorme salpicón que provocó hizo que lloviera un poco sobre ellos. Y aunque fue solo por un momento, Dohko fue capaz de ver una silueta brillando de verde, ascendiendo por la cascada invertida.
– Eso… estuvo muy cerca…
Shiryu había aterrizado de espaldas a él, y fue entonces que Dohko pudo verlo. En la espalda del muchacho, había aparecido un dragón. Un dragón verde oriental, con cuerpo de serpiente y enroscado, colocando sus brazos con garras en una posición similar a la postura inicial de combate.
Pero había algo mal con él. Dohko lo había visto antes, y la imagen estaba incompleta. Debería tener una esfera de energía apareciendo alrededor de una de sus garras, simbolizando que su poder apenas estaba empezando a despertar.
- ¿A eso te referías con el poder del Dragón? – preguntó Dohko. – Ahora entiendo por qué dijiste que somos similares, así que te lo voy a demostrar.
El caballero se sacó su camisa y se puso de espaldas a Shiryu, enseñándole el tatuaje de tigre que cubría su espalda. Sin embargo, a diferencia del otro, este sí estaba completo, gracias a que el cosmos de Libra se encontraba totalmente desarrollado. El joven miró la imagen sorprendido.
- Tigre y Dragón, ambos representantes del Ying y el Yang, según la mitología china. – indicó el caballero. – Desde niño, al igual que tú, siempre tuve dudas sobre aquella imagen incompleta en mi cuerpo, pero ahora que he encontrado mi verdadera esencia, la tengo en su totalidad y brindándome poder… Y con eso, he comprobado lo que eres en realidad.
Shiryu escuchó con atención las palabras de su maestro, pero al no entender las últimas que le dijo, volvió a dejarse llevar por la fuerte energía consumiéndose en su interior para seguir con la batalla… para terminarla de una buena vez.
El aura de color verde comenzó a rodear a Shiryu con más intensidad, mientras este volvía a asumir su postura de combate, imitando las garras del dragón.
- No puede ser… esa energía… ese cosmos… – expreso Dohko, impactado. – ¡Se está fortaleciendo demasiado!
Dohko estaba tan impresionado que apenas pudo reaccionar cuando Shiryu dio un puñetazo al frente, y a pesar de la distancia a la que estaban, una ráfaga de energía verde salió disparada de su puño, que no alcanzó a esquivar, golpeándole en la frente y haciéndolo caer hacia atrás algo aturdido. En cuanto asimiló lo que acababa de ocurrir, se llevó la mano a la frente y se dio cuenta de que ese golpe le había hecho sangrar.
Shiryu todavía seguía parado donde estaba, con el puño estirado tras haber lanzado el ataque. Lentamente, el aura de cosmos que lo rodeaba se fue apagando, y bajó los brazos. Respiraba a grandes bocanadas, como si ese ataque le hubiese hecho utilizar todas sus energías. Y muy probablemente, ese era el caso, ya que aún no aprendía a regularlo.
- Se acabó… – declaró Dohko, poniéndose de pie. – Yo he perdido.
- ¿¡Qué!? – preguntó el joven, acercándose hasta Libra. – Pero si ese golpe no lo ha incapacitado.
- Una derrota no solo se da en cuerpo, sino también en espíritu. – respondió Dohko, sonriendo. – Demostraste una destreza asombrosa en las artes marciales y el inmenso poder de tu cosmos.
- ¿Cosmos? – preguntó Shiryu, sorprendido. – ¿Qué es eso?
Dohko estrechó su mano a Shiryu, quien inmediatamente y con una sonrisa en el rostro, se la aceptó, volviendo a sentir la familiaridad que lo confundía con respecto al hombre. No entendió nada de lo que le dijo con respecto al cosmos, pero se sentía feliz de haber resultado vencedor. Sin embargo… aún había dudas con respecto al origen de su extraño poder.
- No te preocupes. Después de lo que vi el día de hoy en ti, te voy a explicar todo con respecto a tu esencia, pues no eres un muchacho común.
- Maestro, yo… le agradezco tanto por esta oportunidad. – dijo el joven, emocionado, casi con ganas de llorar. – Ha sido un honor tener este enfrentamiento con usted.
- Para mí también ha sido un honor…
- ¡Papá!
Madre e hija se acercaron hasta los contrincantes, aliviadas de haber visto que el desenlace de la pelea no terminó en tragedia. Shunrei, por una parte, se sentía apenada de que su padre haya perdido por primera vez en su vida, pero por otra estaba contenta de que Shiryu hubiera ganado, pues sabía lo importante que era para él ese triunfo.
- ¡Nos dieron un gran susto! – reclamó Shaorin, alarmada. – Pero me alegro tanto que estén bien.
- Hay que curar las heridas de los dos. – dijo la joven, preocupada.
- Shunrei, te lo agradezco mucho, pero solo son unos raspones. – dijo el joven, sonrojado. – No quiero molestar.
- ¡Nada de eso, muchacho! – dijo Shaorin. – Mi hija curará tus heridas y yo las de Dohko.
- Mujer, no es para tanto…
- ¡No te estoy preguntando! – exclamó la mujer, bajando la moral del fuerte caballero. – Luego de eso iremos a desayunar, pues imagino que se mueren de hambre con tanta energía gastada en esta pelea.
- Muchas gracias, señora Shaorin. – dijo Shiryu.
Con el desenlace de la pelea y con la conversación con Shion en la madrugada, Dohko había tomado una decisión con respecto a Shiryu.
- Shiryu, quisiera pedirte algo. – dijo Dohko, serio. – Aparte de entrenar, hay algunas cosas que me gustaría contarte, por lo que te voy a pedir que te quedes unos días en casa con nosotros.
- Quedarme bajo su dirección me llena de orgullo, maestro, pero no quiero causar molestias. – dijo el joven, apenado. – Ya he abusado demasiado de su bondad.
- Como dice mi esposa… "no te estoy preguntando". – respondió Dohko, riéndose. – Será muy bueno compartir contigo estos días. Ya sabrás por qué.
- Bueno… como usted diga, maestro. – dijo el joven, sonriendo. – Muchas gracias.
Dohko y Shaorin se adelantaron en entrar a la casa, dejando solos a los jóvenes, quienes comenzaron a conversar.
- ¿Te sientes decepcionada? – preguntó Shiryu. – Por primera vez tu padre fue vencido.
- Me da algo de pena que su racha se haya roto, pero al mismo tiempo, el que haya sido con un buen guerrero como tú, sé que lo llena de orgullo, y es por eso que quiere entrenarte.
- No esperé algo así del maestro, por lo que me siento agradecido.
- Sin embargo, me siento enojada con los dos, pues me dieron tremendo susto. – se quejó la joven. – Creí que él te había matado.
- ¿Tanto te preocupé? – preguntó el joven, sonrojándose.
- ¡Sí…! O sea, quiero decir… los dos me preocuparon. – respondió la joven, sonrojada. – Siempre he orado por mi padre en estos desafíos, pero esta vez lo hice por los dos para que todo termine bien.
- ¿De verdad? – preguntó el joven, sorprendido y nervioso. – Mu… muchas gracias. Ahora entiendo por qué sentí el impulso de recuperarme. Al igual que yo, tienes un don especial.
- Shiryu…
- Eres… eres una mujer encantadora, Shunrei.
Shiryu, emocionado, colocó la mano en el hombro de Shunrei, lo que causó que los dos se sientan nerviosos. Ambos estaban emocionados de saber que, con la excusa del entrenamiento, pasarían más tiempo juntos y podrían conocerse.
- Shiryu, entremos a casa para poder sanar tus heridas. – pidió la joven, sonrojada.
- Muchas gracias por tratarme con tanta amabilidad.
Shiryu ofreció su brazo a la dama para escoltarla hasta el interior de la casa, causando que ambos se estremezcan ante el contacto de su piel, y con sus corazones latiendo por la ilusión que comenzaba a nacer en ellos.
Shun y June se encontraban alejados del Santuario, en un lugar que al médico se le hacía familiar, pero para June era mucho más que eso. Shaka los había transportado hacia la costa del sitio, donde se podía visualizar el suave movimiento de las olas del mar. Misteriosamente, había demasiada calma.
- ¿Esta es la isla Andrómeda? – preguntó Shun, mirando el mar. – Ahora que lo recuerdo, creo que alguna vez leí sobre este sitio, pero fue cuando era niño, no recuerdo mucho.
- Esta isla se llama así en honor a la princesa Andrómeda, quien según la mitología griega, entregó su vida en sacrificio por el bien de la humanidad. – relató June, melancólica. – También… este es el lugar donde yo nací.
- ¿De verdad? – preguntó Shun, sorprendido.
- Así es. – respondió la joven. – Viví en un pueblo ubicado en el Norte, con mis padres, donde tuve una vida tranquila y feliz. Sin embargo, los dos murieron en un accidente de tránsito cuando cumplí la mayoría de edad, lo que cambió mi vida por completo, pues me había quedado totalmente sola en el mundo, no tengo más familia.
- June…
- Pero todo eso cambió gracias al maestro Aioros, quien me encontró en mi pueblo y me habló de mi destino como caballero de plata. – relató la joven, pensativa. – Inicialmente, no quise creerlo, pero me fui convenciendo debido a la familiaridad que me daban los hechos que me contaba, la protección a Athena y a la humanidad. Yo amo este mundo en el que fui feliz con mis padres, así que no lo pensé más y decidí irme con él. Tomé la mejor decisión.
Shun no podía ver el rostro de June, pero si podía percibir en ella una profunda tristeza, a pesar de que ella intentaba esconderlo bajo la máscara y armadura que la cubría. Sin pensarlo mucho, se acercó hasta ella y colocó sus manos sobre sus hombros, brindándole fortaleza. La guerrera se sorprendió ante tal acercamiento, aunque no hizo nada para alejarlo.
- Lamento mucho tu pérdida y la entiendo mejor que nadie. – respondió el médico. – Yo también perdí a mis padres en un accidente, pero así como tú, tengo los mejores recuerdos con ellos… y con mi hermano.
Shun volvió a sentir malestar al pensar en Ikki; al recordar a Pandora… pero de inmediato lo dejó de lado para centrarse en la conversación con June, sobre todo en la familiar isla en la que se encontraba.
- June… Tú…
La joven alzó el rostro y le pareció ver que Shun estuvo a punto de tocar su máscara, por lo que de un salto se alejó de él. Tomó su látigo con rapidez y lo enseñó en postura amenazante, como si de un legítimo camaleón se tratara. El médico se sintió impactado, no solo por la reacción de la guerrera, sino por su propia imprudencia. Ni siquiera lo pensó, fue como si su mano se hubiera movido sola hacia el rostro de la guerrera.
- ¿¡Qué pretendes hacer, Shun!? – preguntó June, enojada y haciendo sonar su látigo. – ¿Quieres quitarme la máscara?
- ¡Lo siento, June! – se disculpó el joven, avergonzado. – No sé qué me pasó, fue un impulso.
- ¿Impulso? – preguntó la joven, curiosa.
- Bueno, a decir verdad, me gusta ver los gestos de las personas con las que converso, como médico, es algo necesario para conocerlos mejor y entender su malestar. – dijo Shun, sincero en su sentir. – Además… me da curiosidad conocer tu rostro.
- ¿¡Qué!?
- ¡No! ¡Quiero decir que…! – Shun comenzó a sonrojarse y a ponerse más nervioso. – Creo que las personas deben conversar mirándose a los ojos, y aunque en estos días nos hemos conocido un poco más, se me hace raro hacerlo con esa fría máscara entre nosotros.
La joven se mantuvo en silencio, analizando las palabras de Shun, mientras calmaba su enojo y colocaba una mano sobre su rostro… o más bien máscara.
- June, perdóname si te ofendí.
- Está bien, pero quiero que sepas que, aunque no seas aún un caballero, iba a darte tu merecido por tu osadía. – dijo la joven, seria. – Sin embargo, debes saber que nosotras, las mujeres caballero, tenemos prohibido mostrar el rostro, pues nuestra feminidad debe ser cubierta para estar al mismo nivel que los varones.
- ¿Qué? – preguntó el joven, sorprendido. – Esas son tonterías.
- ¿Tonterías? – preguntó sorprendida. – Es una ley que viene desde la era mitológica.
- Con más razón es una tontería… Y estoy seguro de que Saori, es decir, Athena, no va a estar de acuerdo con eso. Ya lo verás.
Los jóvenes se quedaron en silencio por unos segundos, analizando la conversación que habían tenido. Shun no había logrado ver la cara de June, pero la familiaridad y calidez que le transmitía llamó su atención, razón por la que se dejó llevar por su impulso. Por otra parte, June se impactó ante la curiosidad que él sentía por ver su rostro, lo que la hizo estremecer a más no poder, aunque lo haya disimulado.
Ahora ella estaba enfocaba en seguir con lo que Shaka le había pedido.
- Shun, ¿ves la roca de ahí? – preguntó la joven, señalando en su extremo. – En esa roca, la princesa Andrómeda estuvo encadenada durante su sacrificio, y una prueba similar pasó el antiguo joven que fue el portador de su armadura.
- ¿El caballero de Andrómeda? – preguntó curioso.
- Así es, y todo parece indicar que tú eres la reencarnación de ese caballero, y mi función en este lugar es mostrarte como es, para que así tu esencia comience a despertar.
- Para ser sincero, siento mucha nostalgia en este sitio, como si tú yo hubiéramos compartido vivencias aquí.
- Shun…
- También la historia de Andrómeda me ha impactado, al punto de sentir punzadas en mi pecho al imaginar el dolor que vivió con su sacrificio. – relató el joven, mostrando su malestar. – Sin embargo… no comprendo cómo me siento exactamente, soy un alma confundida, perturbada…
- O ensombrecida por la oscuridad…
Shun se sobresaltó al escuchar una conocida voz acercándose, mientras que June no reaccionó tan sorprendida, a pesar de que los nervios comenzaron a invadirla.
El aura dorada del recién llegado caballero se encontraba detrás de los jóvenes.
- Shaka… – habló Shun, sorprendido. – No me imaginé que ibas a venir aquí.
- Quise conocer la isla a donde los transporté a June y a ti, pero sobre todo, saber qué sientes al estar aquí.
- ¿Qué siento?
June se desvaneció del lugar, mas no desapareció. Solo se camufló con el ambiente, usando una de las habilidades que como caballero de camaleón la distinguían. Shun se dio la vuelta al sentir que se había ido, sin entender nada.
- ¿Dónde está June? – preguntó Shun, preocupado.
- Yo le pedí que se fuera, pues necesitas estar solo para responder a mis preguntas. – dijo Shaka, serio. – No me has confirmado si esta isla te provocó alguna sensación.
- Me causa familiaridad, como si hubiera estado aquí antes. – respondió el joven. – Lo mismo le comenté a June.
- Ya veo… no te causó nada más. – comentó Virgo, algo decepcionado. – Me imaginé que no iba a dar resultado, pero mi compasión me obligó a hacer el intento. Ahora que soy caballero de Athena, ya no debo ser así.
- ¿Qué? – preguntó Shun, sin entender nada.
- ¿Recuerdas la pregunta que te hice el día que nos conocimos? – preguntó Shaka. – Por tu salvar a tu hermano, ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar?
- Ya te lo dije… Hasta la muerte, si es necesario. – afirmó Shun, decidido.
- Me alegra saber que sigues con la misma determinación. – dijo el caballero, enfriando su semblante. – Total… es tu culpa que él se encuentre en esa situación.
Shun se impactó al escuchar las palabras de Shaka, sobre todo porque, en todos los días que habían compartido, no le había dicho algo como eso. Sus conversaciones se centraron en el sentido del cosmos, de la misión encomendada y la importancia de que él fuera a la isla para descubrir su identidad… pero no esperó algo como eso.
- Shun, desde el día que Pandora cumplió con la voluntad de Hades al marcarte como su recipiente, una sombra de oscuridad quedó dentro de ti, corrompiéndote. – explicó el caballero. – Un caballero de Athena debe tener el corazón puro, lleno de justicia contra la maldad, y alguien como tú no puede cumplir con esa función.
- Eso no puede ser… – expresó el joven, mortificado. – Yo manifesté mi cosmos cuando luché contra esos espectros, ustedes mismos lo han sentido. Me niego a aceptar que no puedo ser un caballero.
- ¿Es por salvar a tu hermano?
- No, no es solo por él, sino por Athena. – respondió serio. – Nosotros nos conocemos desde niños e hicimos la promesa de cuidarnos siempre, y eso es lo que pienso hacer.
- Con esa sombra cubriéndote, no puedo permitir que te acerques a Athena. – afirmó Shaka. – Además, como te dije, todo esto fue provocado por ti, pues de haber logrado el desarrollo del cosmos como tu hermano, habrías podido defenderlo, pero no fue así.
- ¿¡Cómo puedes decir eso!? – preguntó el joven, indignado. – Yo habría hecho lo que sea para evitar que Ikki pase por mi dolor, pero no pude hacer nada. ¿Qué iba a saber yo que era el recipiente elegido de un dios maligno? No seas injusto.
- Así es la vida, Shun, injusta y llena de dolor, y te lo digo yo, que nací en un país rodeado por la pobreza, a pesar de haber tenido un hogar privilegiado. – respondió Virgo, dándole la espalda a Shun. – Y como la vida es injusta, con Athena, hemos decidido cortar con este asunto de raíz.
- ¿Qué?
- Antes de que Hades despierte… tendremos que matar a tu hermano.
Shun sintió su alma destrozarse al escuchar semejante sentencia, más si esta venía como una orden de parte de Athena. Ella podía ser la diosa de la guerra, pero de la justa y estratégica, y por esa razón sabía que no iba a aceptar algo como eso. Y sobre Saori, ella quería a Ikki como su hermano mayor, nunca toleraría semejante atrocidad.
- Mientes, Athena nunca estaría dispuesta a aceptar eso, pues ella fue muy clara en la protección para sus caballeros, y en teoría, mi hermano también lo es. – dijo Shun, comenzando a alzar la voz. – Además, ella solo será implacable con los enemigos, y Hades lo es, no Ikki.
- Lo siento, pero en la guerra no podemos ser compasivos, pues eso solo nos llevará a la muerte. – afirmó el caballero. – Y con esa oscuridad dentro de ti, no podrás ser un caballero.
Shaka comenzó a retirarse, pero se detuvo al sentir el brazo de Shun sobre el de él.
- ¡Tú me hiciste una pregunta y ya te la respondí! – dijo Shun, serio. – Haré lo que sea para salvar a mi hermano, para convertirme en caballero y proteger a Athena… Así me cueste la vida.
- Necio.
El cuerpo de Shun salió volando hacia la misma roca que June le había contado que Andrómeda se había sacrificado. Su cuerpo estaba entumecido por el dolor, mientras sus brazos comenzaban a sangrar debido a los cortes provocados. Aun así, con esfuerzo, se puso de pie, mientras su consternado cosmos empezaba manifestarse; no solamente este era de color carmesí, sino que se entremezclaba con la oscuridad. Nadie más que Shaka había sido capaz de notar eso.
- ¿Por qué me has atacado? – preguntó el joven, consternado. – ¿Quieres pelear conmigo? Yo no deseo eso.
- Y así lo desearas, nada podrías hacer contra mí, pues mi cosmos te supera infinitamente. – dijo el caballero, en tono arrogante. – No puedes hacer nada por Athena ni por tu hermano, pues tu bondad será tu perdición. Además, la oscuridad aún vive dentro de ti, y yo no puedo hacer nada para sacarla.
- No me importa lo que me digas. – dijo el joven, serio y adolorido. – Te dije que iba a llegar hasta las últimas consecuencias, así tengas que matarme para detener mi camino. Si soy un caballero de Athena, lo necesito asumir de una buena vez.
- Athena no obliga a nadie a seguir sus ideales. Podrías vivir una vida normal.
- ¿No entiendes? Saori es mi casi hermana y eso me basta para querer protegerla, pues con su vida garantizo un mundo lleno de paz para los que amo.
- Palabras hermosas, sueños y anhelos, pero de ahí no pasan. – dijo Shaka, en tono burlón. – El alma de Hades te corrompió tanto al haberte escogido que, podría decirse, eres un ser lleno de maldad. El dios de Inframundo es muerte, violencia, decadencia y sufrimiento.
- Yo no soy un demonio…
- Pero las cosas que te acabo de mencionar si son dignas de uno, por lo que sería mejor que conozcas el sitio a donde van los demonios.
Shaka cerró los ojos y colocó sus manos en posición de Varala, mientras que Shun comenzó a sentir pavor, un miedo tan grande que le erizó la piel. El cosmos del caballero de Virgo se percibía imponente y terrorífico, nada que ver con el que había sentido en estos días.
- Seis Samsaras.
El espacio-tiempo de la isla Andrómeda comenzó a cambiar, mientras que Shun sintió como la oscuridad comenzaba a rodearlo. De repente, su cuerpo empezó a caer en un abismo sin fin, solo rodeado de negrura y silencio, hasta que unos sonidos desgarradores comenzaron a escucharse.
Shun, padeciendo el tormento de seguir cayendo, se encontró con imágenes espantosas.
- ¿¡Qué es este lugar!? – preguntó aterrorizado. Nunca en su vida había tenido tanto miedo. – ¡Esto es un infierno!
- Efectivamente, Shun, este es uno de los seis mundos de la transmigración, y como tú eres un demonio, estamos buscando el infierno ideal para ti.
- No… no… esto es insoportable.
- Este es el mundo infernal. Los que han cometieron actos nefastos contra la vida son enviados a este mundo, donde los torturan y condenan al terror permanente y sufrimiento eterno.
A pesar de que nada había tocado a Shun, este gritó con fuerza al sentir un dolor espantoso en el cuerpo, como si estuviera siendo sometido a una torturan de golpes. Incluso su cuerpo comenzó a llenarse de sangre y moretones. No podía concebir tanto sufrimiento.
- El segundo mundo es el de los fantasmas hambrientos. Este infierno es dedicado a los envidiosos, egoístas y avariciosos, y aquí son castigados eternamente con hambre y sed. Como puedes ver, se comen entre ellos, pero aun así siguen en los huesos e insatisfechos. ¿Será este el sitio ideal para un ser de oscuridad como tú?
Shun comenzó a sentir una sequedad en la boca tan terrible que sus labios comenzaron a sangrar, mientras que su estómago dolía tortuosamente debido a una incontrolable hambre. Nunca en su vida había faltado comida en su mesa, por lo que vivir esa sensación, por primera vez, le hacía sentirse fatal, sobre todo por empatizar con esos pobres seres carroñeros.
- No… esto es demasiado. No puedo. – se quejó el joven, aun cayendo en el abismo del espanto.
- Ahora hemos llegado al mundo de las bestias, donde caen los pecadores que solo han vivido bajo sus instintos. Aquí van a cazar y ser cazados por bestias salvajes en un círculo de supervivencia interminable.
- ¡AAAAAAAAAAARGH!
Un desgarrador grito de dolor salió de la boca de Shun al sentir como una bestia se abalanzaba hacia él para devorarlo, y por más que luchaba para liberarse, no podía, ni tampoco tenía con qué defenderse. Una verdadera pesadilla.
Ya habían llegado a la mitad de los mundos de la transmigración, sin embargo, Shun estaba tan aterrado que no se daba cuenta de que todo era producto de una ilusión creada por los terribles poderes de Shaka. Todos aún seguían a la orilla del mar, solo que el joven médico estaba de rodillas al suelo, gritando como si se hubiera vuelto loco.
June salió de su camuflaje al no soportar tanta tortura para él, por lo que se acercó a Shaka.
- ¡Shaka! – gritó la joven, intentando acercarse a Shun. – ¡Ya no más, por favor!
- ¡No te acerques, June! – ordenó Virgo, impidiendo el paso de June. – Ya habíamos hablado de esto, es necesario para que Shun saque de su alma la sombra de oscuridad y pueda despertar como caballero. ¿No te das cuenta de que por la influencia de Hades él no pudo sentir nada al estar en esta isla?
- ¡Esto sobrepasa a una ilusión! – reclamó ella. – ¡Está sangrando y padeciendo en este tormento!
- Aunque sea una ilusión, los daños recibidos son reales, pero necesarios para que despierte su cosmos… o muera. – dijo el caballero, apenado. – Él aceptó este desafío conociendo las consecuencias, así que por respeto a él, no lo voy a detener.
Shaka dejó de lado a la mortificada caballero para seguir con su tortuoso proceso.
- Ahora estamos en el mundo de los guerreros. Aquí llegan los pecadores que solo vivieron su vida con violencia por simple placer, donde pelearán eternamente con sus enemigos, desangrándose y matándose hasta repetir el ciclo. Nunca hay ganadores, solo perdedores.
Los gritos de Shun se intensificaron, la sangre se desbordó, pues vivió lo mismo que aquellos guerreros infernales, heridas y violencia por doquier.
- El quinto mundo es el de los humanos, donde vivirás felicidad, cólera, placer, tristeza, miseria y dolor. Todos los sentimientos mezclados en uno solo, el bien y el mal enfrentándose entre sí. Parecido al que conoces, ¿verdad? Quizás pienses que este es el ideal para ti, pero no hay nada peor que vivir en un lugar lleno de desorden e hipocresías.
Shun comenzó a llorar, a sentir felicidad, pero también confusión al experimentar ese mundo. Nunca había sentido su mente tan llena de caos, hasta el punto de casi olvidar su propia identidad.
- Y el último de los mundos, el cielo. Quizás pienses que este es el paraíso donde vas a descansar, pero nada más lejos de la realidad. Aquí no podrás respirar, mirar o hablar sin que te estén vigilando, pues al mínimo error, terminarás cayendo en cualquiera de los cinco mudos que te he mostrado. ¿Consideras que eso es la paz? Es peor que ser una marioneta.
Shun ya no pudo soportar más tanta tortura, por lo que sintió que la consciencia se le desvanecía. Sin embargo, se alarmó al sentir que el abismo se había acabado, y ahora se encontraba atado de pies y manos a una estructura sumamente dura. Intentó moverse, pero se dio cuenta de que su cuerpo estaba rodeado por cadenas. Incluso una de ellas apretaba con fuerza su cuello, quitándole la posibilidad de respirar.
- Ahora que hemos llegado al fin de los seis caminos de la transmigración, es momento que decidas a cuál infierno quieres ir. Soy generoso al dejarte escoger. – dijo Shaka, sonriendo. – Me equivoqué contigo, muchacho, pues la oscuridad de Hades nunca salió de ti, así que no tengo más remedio que lanzarte a uno de los infiernos.
- No elijo ninguno… el infierno es para los demonios y yo no lo soy. – respondió mortificado, pero aún decidido a resistir.
Shun no estaba dispuesto a aceptar ese destino, sin embargo, comenzaba a perder las fuerzas y la conciencia, por lo que cada vez escuchaba o veía menos a Shaka.
- Las cadenas que te atan, nunca te van a liberar, pues no eres fuerte. – dijo Virgo, dándole la espalda y alejándose del sitio. – Muere en paz, Shun, y será mejor así, pues por piedad, no permitiré que veas como le corto la cabeza a tu hermano, al nuevo portador de Hades.
- No… yo no voy a morir así… ¡Me niego a convivir con la oscuridad!
Volviendo a la realidad, June se alteró al ver el cuerpo de Shun tirado boca abajo y con un charco de sangre rodeándolo. Shaka, aunque no lo demostrara, se sentía sumamente preocupado al ver que el joven no reaccionaba, lo que le hizo pensar que quizás se le fue la mano. Sin embargo… ambos conocían las posibles consecuencias de este brutal desafío.
- No siento el cosmos de Shun… – se quejó Camaleón, con la voz quebrada. – No puede ser que tú lo hayas…
- Espera, no te alteres. – pidió Virgo. – Concéntrate bien y verás que aún se siente un resquicio de sus cosmos.
- Pero…
- Lo siento... pero ahora yo no puedo hacer nada. – indicó el joven. – Solo él es capaz de liberarse de las cadenas de su martirio. Si no puede hacerlo, tendrá que resignarse a morir.
June se sentía descorazonada… pero Shaka aún guardaba esperanzas.
En el mundo del suplicio, Shun aún seguía encadenado a la roca, sintiendo como las fuerzas se le iban lentamente, mientras la impotencia se apoderaba de su corazón.
- ¿Por qué nací bajo la estrella del infortunio? ¿Por qué Hades me eligió? – se preguntó mortificado. – De no haber sido por ese maldito destino, Ikki nunca se hubiera alejado de mí para protegerme. Ahora él asume lo que a mí me corresponde.
Shun, resignado, se puso a pensar a qué infierno le tocaría ir ahora que estaba muriendo, pero ninguno le parecía lo suficientemente justo para quitarle la culpa, pues por su causa su hermano estaba pagando por su destino y él no era lo suficientemente fuerte para salvarlo.
- La oscuridad se apodera de mi segundo a segundo, no tengo escapatoria. – se quejó el joven, comenzando a derramar lágrimas. – No soy lo suficientemente fuerte para defender a los que quiero, no poseo la luz necesaria para hacerlo.
- Shun… no te rindas.
El joven comenzó a escuchar la voz de June, quien en pocos días se había convertido para él en una agradable compañía. Podía percibir el dolor de la caballero al sentir que su vida se apagaba, pero al mismo tiempo determinación para que no se dé por vencido.
- Shun, rompe las cadenas que te atan a tus miedos y úsalas para alcanzar la luz. – pidió June. – Tu destino no marca tu vida, sino las intenciones de tu corazón.
Las palabras de June le recordaron a Shun una motivación muy importante con la que había crecido. Tomar los problemas y los dolores de la vida para transformarlos en oportunidades de crecer como ser humano, sobre todo para cuidar a sus seres amados.
- No… no importa que Hades me haya elegido como su cuerpo terrenal, yo nací para salvar vidas… para defender a los que quiero. – afirmó el joven, encendiendo su cosmos con intensidad. – Yo he decidido rescatar a mi hermano y defender a los vulnerables… y estas malditas cadenas no me lo van a impedir.
A medida que el cosmos se fortalecía, las cadenas se iban agrietando. Al mismo tiempo, en la oscuridad iba apareciendo un cúmulo de estrellas con forma de dama, quien invitaba al joven a alcanzarla para compartirle sus ideales, para demostrarle la recompensa del sacrificio por los seres que uno ama.
- Yo no soy un demonio… yo no pertenezco a la oscuridad… Yo soy de la luz, de la vida…
En ese instante, las cadenas se rompieron, permitiendo a Shun alcanzar la constelación que gritaba su nombre para hacerse uno con él.
- Yo… ya sé quién soy…
El cuerpo del joven expulsó la esencia oscura que desde hace años vivía en su interior, la influencia de Hades. Shaka y June miraban sorprendidos el hecho que se estaba dando frente a ellos, pues ahora el joven estaba rodeado por un aura carmesí, tan cegadora que les obligó a cerrar los ojos.
- No puede ser… – cuestionó June, sorprendida. – ¿Acaso…?
Shun aún se encontraba en la oscuridad del tortuoso mundo de los martirios, pero ahora con el verdadero destino con el que había nacido, como el caballero de Andrómeda. Su mente se encontraba libre de suplicio, recibiendo todas las vivencias de su vida pasada y enlazándolas con las del presente, mientras su armadura y cadenas relucían con esplendor.
- Estas son… las cadenas de Andrómeda.
Al reconocer las cadenas en sus manos, recordó por qué estas eran sus fieles compañeras, las que iban a llevarlo hacia el mundo al que pertenecía, donde estaban los seres a los que iba a proteger.
- ¡Leal cadena! ¡Tú, que puedes traspasar cualquier dimensión, sácame de esta oscuridad y llévame a la luz! – pidió el joven. – ¡Llévame hacia la luz de las personas que quiero proteger!
La cadena obedeció las órdenes de su dueño, por lo que de un solo traspaso acabó con el mundo onírico de los caminos de la transmigración.
- ¡Shaka, cuidado! – advirtió June.
El caballero de Virgo estaba tan sorprendido con los hechos frente a sus ojos, que no se dio cuenta cuando la cadena triangular golpeó su casco, haciéndolo volar por los aires. El impacto del choque provocó una herida en su frente, la que comenzó a sangrar hasta dejar unas cuantas gotas en el suelo.
La luz que rodeaba el cuerpo de Shun se había disipado, y ahora frente a Shaka y June se encontraba el caballero de Andrómeda, libre de toda oscuridad, con su armadura resplandeciendo y con la luz guiando su vida.
- Ahora lo sé… – dijo Shun, mirando con intensidad a la caballero. – Gracias, June… por ti pude encontrar la luz.
Aunque la máscara le cubría, June comenzó a llorar, sin embargo, poco duró su emisión al ver que Shun cayó desmayado al suelo, por lo que corrió a socorrerlo.
Shaka, ya más libre del impacto, rozó la herida de su frente con los dedos, notando sangre en ellos. Sin embargo, el dolor no se comparaba a la felicidad que embargaba su alma.
- Bienvenido a la vida, caballero de Andrómeda. – mencionó con una sonrisa en los labios.
El sol estaba próximo a ponerse, pero en el castillo de Hades eso era indiferente, pues la oscuridad siempre estaba presente, con la muerte tomando su mano.
Pandora entró a los aposentos del dios del Inframundo, encontrando a Ikki en la misma posición de siempre, inconsciente de lo que pasaba a su alrededor. Ker aún no había regresado de su misión en el Inframundo, mientras que los jueces del infierno ya habían localizado a los mismos caballeros que Shion había identificado en su lectura de las estrellas. Era una carrera contra el tiempo y todo era incierto. Con el inesperado portador del cuerpo de Hades, el curso de la guerra iba a tomar un camino distinto.
- No tengo idea cómo va a terminar todo esto, pero yo ya no tengo nada que perder. – dijo Pandora, acercándose a la cama donde Ikki dormía. – Ahora mi compromiso se centra en protegerte y serte leal, seas un ser de luz u oscuridad.
Pandora era una mujer confundida debido a todo lo que le había tocado vivir desde que Ker apareció en su vida, por lo que cuidar de Ikki como agradecimiento por haber sido compasivo con ella, se había convertido en su motivo de vida. No le importaba si hacía bien o mal, pues vivir o morir le daba lo mismo. Su plan de venganza no se dio como ella quiso, por lo que la impotencia la carcomía por dentro.
Una vida gris… no veía más matices.
- Por más que pienso en una manera de vengarme de Ker, no se me ocurre nada. – dijo mortificada. – Me siento inútil.
Obnubilada en su furia, acercó su mano para acariciar la frente de Ikki, pero se detuvo horrorizada al ver que los ojos del joven se abrieron de golpe.
Comentarios finales:
Hola, espero que se encuentren bien.
Quiero comenzar este capítulo agradeciendo a mi amigo Fox McCloude por haber narrado la pelea de Dohko y Shiryu. Le pedí de favor que la haga porque él es excelente en las escenas de acción y tiene mucho conocimiento en las artes marciales, aparte que también es muy buen escritor. Espero que les haya gustado tanto como a mí, pues enlazar sus descripciones con las escenas del antes y después, fue arte para mí.
Ahora ya contamos con el despertar de Shun como caballero de Andrómeda, y con eso cierro una etapa, pues con los demás caballeros no ocurrirá lo mismo, ni siquiera con los que faltan de bronce, sus despertares tomarán un camino diferente. En el próximo capítulo vamos a descubrir un poco más de eso, sobre todo ahora que Shion ya dio algunas directrices. A partir de los capítulos que vienen, se van a lucir cada uno de los caballeros (incluido Shion), y sobre todo conoceremos un poco más de sus anhelos o secretos personales, que es en lo que más quiero centrarme en esta historia. Las peleas son importantes, pero un fanfic siempre es para sacar a flote la imaginación y los HC que en la serie original no pudimos ver.
Sobre Ikki/Hades, les informo que tengo planeado un desarrollo de ese personaje bastante peculiar. No será algo como Alone de TLC, en el que él manipuló a Hades (medio fumado ese tema), pero si tengo planeada una fumada personal, donde Ikki lamentablemente sufrirá, pero al mismo tiempo se lucirá con su poder que, aunque es formidable, aún no se encuentra despierto en su totalidad.
Espero que el capítulo les haya gustado. Un abrazo a todos.
