Capítulo 10: Caminos divididos

Pandora se quedó de piedra al ver que los ojos de Ikki se habían abierto. ¿Ante quién estaba? Podía sentir el fiero, pero noble cosmos del joven, pero al mismo tiempo podía percibir la oscuridad de Hades manifestándose con una fuerza inmisericorde. No comprendía exactamente lo que estaba ocurriendo.

- ¿Dónde estoy? – preguntó Ikki, alterado. – Yo…

En ese momento, el joven comenzó a vomitar sangre, causando que Pandora se altere y se apresure a auxiliarlo. Ikki no entendía lo que le estaba pasando, solo que no se sentía como antes, sobre todo por la perturbación de su cosmos. Fue ahí que a su mente llegó el recuerdo de su hermano menor y Saori.

- Shun… mi hermano… – pronunció confundido, tomando su pecho. – Hades…

Inmediatamente, posó su mirada en Pandora, quien llamó por completo su atención, y no únicamente por esa mirada profunda e inquietante que tenía, sino porque llegó a sus recuerdos dormidos.

- Yo te conozco… tú estuviste con mi hermano hace diez años. – aseguró Ikki.

Pandora, a pesar de estar preocupada, mostró ante Ikki un carácter firme, pues como su futura mano derecha y la Comandante de los tres jueces del infierno, no podía mostrarse vulnerable.

Pandora ya había tomado una decisión. Si se ganaba la confianza de Hades verdaderamente, la iba a beneficiar, y con eso podría vengarse de Ker. Su corazón ya no sangraba ni dolía, pues ya no había la posibilidad de un futuro lleno de paz y felicidad para ella.

Una sobreviviente… nada más.

- Veo que ya me recordaste, mi señor. – dijo la joven, sonriendo con soberbia.

- ¿Señor? – preguntó Ikki, sorprendido.

- Solo debes notar los cambios que se están dando en ti…

Mientras Ikki mantenía la mano en su adolorido pecho, se dio cuenta del collar de estrella de cinco picos que tenía, el que supuestamente le pertenecía a su hermano.

- Este collar es de mi hermano, fue regalo de nuestra madre. – afirmó serio. – Y el que yo tenía…

La mente de Ikki se quedó en blanco, pues se olvidó lo que iba a decir. Pandora lo notó, por lo que decidió darle una explicación.

- Ikki, ahora tu vida no te pertenece, y a partir de ahora comenzarás a olvidar cada una de tus videncias y sentimientos, pues un dios no los necesita. – dijo la mujer, seria. – Debido a tu imprudencia, impediste que Shun, tu hermano, cumpla con su destino como el portador de mi Señor, y por eso, ahora a ti te tocará cumplir con su voluntad.

Ikki, espantado, escuchó las palabras de Pandora, asociando todo con la pelea contra Aiacos y las razones por las que él quería apoderarse de su hermano.

- No… imposible. – expresó aterrado.

Ahora entendía perfectamente las pesadillas que lo invadían desde hace años, donde su hermano era poseído por un ente oscuro, mientras él no podía hacer nada para impedirlo. Por esa razón, decidió ausentarse de su hogar, para hacerse más fuerte. El haber conocido a su maestro le abrió el camino y conocimientos sobre el propio poder que él desconocía.

Sin embargo… todo había sido en vano. Ahora estaba ante una situación que como humano se le hacía imposible manejar.

- Ese collar nunca fue regalo de tu madre, sino que fue otorgado a tu hermano por mí, porque Hades, el dios del Inframundo, lo volvió a elegir como su cuerpo elegido.

La mente de Ikki era un caos, la cabeza le reventaba de dolor, por lo que comenzó a alterarse cada vez más.

- ¿Tú… le diste el collar a Shun? ¿Tú fuiste la que marcó su destino?

- Así es, pues solo soy una servidora de Hades, la que reencarna una y otra vez para hacer su voluntad, en un ciclo sin…

Las palabras de Pandora fueron silenciadas de manera abrupta, pues Ikki comenzó a ahorcarla debido a lo furioso e indignado que se sentía. La maldecía por haber marcado a su hermano, pero más que eso, se sentía molesto consigo mismo por qué no había sido capaz de ver sus intenciones diez años atrás. En ella solo vio a una hermosa joven perdida y asustada, a quien no dudó en acompañar hasta que encontrara su lugar seguro.

- Ikki… – habló Pandora con dificultad, tomando las manos del joven.

- Maldita mujer… nos arruinaste la vida. – expresó el joven, encolerizado. – No me importa si Hades ahora vive dentro de mí, pues sea como sea lo voy a expulsar de mi existencia… y a ti te mataré con todo mi poder.

El cosmos de Ikki se percibía intenso, sin embargo, debido al influjo del dios, comenzó a decaer. Hades, aun si despertar, ya estaba haciendo su voluntad. Fue en ese momento que Pandora aprovechó para atacar a Ikki con una de sus poderosas técnicas. Campo de Vacío.

- ¿Qué pasa...? – preguntó el joven, sintiéndose débil y cayendo al suelo.

- Por la deuda que tengo contigo y con tu hermano, protegeré el cuerpo y la vida que ahora pertenece al señor Hades. – afirmó Pandora, mostrándose altiva, pero al mismo tiempo muriendo de ansiedad. – Por ahora, no puedes moverte, y hagas lo que hagas, no podrás abandonar este castillo, pues la barrera de mi Señor lo protege.

Al sentir que su cosmos no respondía, Ikki comenzó a caer en la desesperación, por lo que había tomado la más radical de le las decisiones. Él no iba a permitirse lastimar a los que más amaba, sobre todo a su hermano y a Saori, a quien en el momento de su posesión, descubrió como la reencarnación de Athena.

- No… tú no vas a retenerme. ¡HADES NO VA A SALIRSE CON LA SUYA!

- ¿¡QUÉ!? – expresó Pandora, espantada al ver que Ikki se había recuperado.

Por alguna extraña razón, el cosmos de Ikki comenzó a regresar, y esta vez percibiéndose sumamente poderoso… o al menos eso parecía.

- ¡Este cosmos no es de este hombre! – exclamó espantada.

Fue en ese momento, que para su desdicha, notó que la mayor cantidad de energía se concentraba en la mano izquierda, específicamente donde estaba la pulsera de flores. Pandora sintió frustración consigo misma al no habérsela quitado a tiempo.

- ¿Qué tiene esa cosa? – dijo ella, acercándose. – ¡Voy a destruirla!

Sin embargo, cuando Pandora tocó la pulsera, sintió un cosmos abrumador que no le permitió dañarla. Aquel poder era inconfundible.

- Este cosmos es de...

La joven no pudo terminar de hablar, pues con un rayo de cosmos incandescente, Ikki derribó la puerta de los aposentos de Hades y huyó del lugar.

- ¡Ikki! ¡Mi Señor Hades! – gritó Pandora, viendo como el joven se alejaba. – ¡Regrese, no puede salir de aquí!

Pandora corrió tras Ikki, preguntándose cómo Athena fue capaz de reactivar un cosmos que ya se estaba apagando.

- ¿Acaso el cosmos de Athena y Hades están entrando en conflicto en la vida de este joven? – preguntó Pandora, corriendo detrás de Ikki. – No… imposible, no puede ser que este tipo contenga la esencia de dos dioses de tal magnificencia.

Ikki corrió por todo el castillo buscando la salida, perdido en tiempo y espacio, pero decidido a evitar toda la tragedia que estaba a punto de darse por medio de su cuerpo. No iba a permitirlo.

- Tengo que encontrar a Saori… A Athena. – dijo desesperado. – Solo ella puede terminar con todo esto.

Su cosmos estaba comenzando a perderse, mientras la influencia de Hades lo llenaba cada vez más. Aun no despertaba el dios, así que aún estaba a tiempo.

- ¡Pero si tú eres…! – gritó una voz desconocida.

Minos había salido de sus aposentos al sentir un cosmos extraño invadiendo el sitio, por lo que se sorprendió al ver a Ikki.

- ¡Señor Hades! – exclamó el espectro, sorprendido. – ¿Pero qué...?

- Fuera de mi camino… – dijo Ikki, comenzando a enfurecerse. – ¡TE ORDENO QUE TE DESAPAREZCAS!

Ikki se impactó ante las involuntarias palabras que dijo, las que no eran nacidas de la furia, sino de algo más. Hades estaba comenzando a atormentarlo y a manifestar su voluntad ante sus súbditos.

No… él no quería ser una marioneta de sus bajezas.

Al sentir tal grandeza, Minos no tuvo más opción que arrodillarse y agachar la cabeza, pues a diferencia de Pandora, él solo pudo percibir el cosmos de su dios manifestándose, aunque sea en baja intensidad.

- Lo lamento, mi Señor. – dijo el hombre, apenado. – No quise importunarlo.

Ikki no dijo nada más, solo siguió corriendo hacia la salida, dispuesto a no regresar nunca más a ese espantoso castillo.

Pandora llegó tarde para evitar la huida de Ikki; se asomó a la ventana y no logró ver rastro de él. Los nervios la traicionaron, por lo que, consumida por la rabia y el terror, comenzó a gritar, pues si Ker se enteraba de lo ocurrido, la enterraría viva junto con el castillo de su familia.

- Señora Pandora… – dijo Minos, sorprendido.

- ¿¡Por qué lo dejaste ir!? – preguntó enojada, casi al borde del colapso. – ¡Ikki estaba huyendo del palacio y no hiciste nada para impedirlo!

- Porque sentí el cosmos del señor Hades manifestarse dentro de él, y yo no soy nadie para evadir sus órdenes.

- ¡Imbécil! – reclamó la dama, enfurecida. – Si Ikki pudo salir de este palacio, pasando toda la barrera que lo protege, es porque Athena, de alguna manera, lo ayudó. – explicó furiosa. – El cosmos de esa maldita diosa se encuentra en conflicto con el de Hades, quizás por eso percibiste solo a nuestro señor, pero aún no despierta del todo. Es como si el recipiente se encontrara en un limbo.

Al escuchar las palabras de Pandora, Minos reflexionó en silencio, para después esbozar una sonrisa arrogante. La joven no entendió ese cambio.

- No importa lo que Athena haga, pues nada impedirá el despertar de nuestro señor en ese hombre. – dijo Minos. – La señora Ker sabía eso y por eso se fue al Inframundo a buscar la solución para evitar el rechazo. Además, mis libros se han actualizado y el destino de Ikki ya está escrito.

- Yo sentí el cosmos de Athena…

- Yo no, pero quizás usted sintió eso porque Athena acaba de despertar, por lo que cuando llegue a ser una supuesta amenaza, Hades ya habrá convertido este mundo en un cementerio.

Pandora se quedó analizando las palabras de Minos, decidiendo si debía alegrarse o preocuparse. Sin embargo, ahora su prioridad era encontrar al joven y traerlo de regreso al castillo.

- Ya que los jueces no son capaces de atentar contra Hades, iré yo, como su persona más cercana. – dijo la joven, seria.

- ¿Está segura que quiere ir sola?

- Es mi deber, pues sea como sea, a mí se me escapó.

Pandora chasqueó los dedos, causando que el colgante de su cuello brille. En ese momento, su cuerpo quedó cubierto por su sapuris; de la misma manera, su tridente se posó en su mano derecha.

- Es la primera vez que la veo portar su sapuris, señora Pandora. – expresó Minos, sorprendido.

- La señora Ker me la otorgó el día que llegó a esta casa, la creó especialmente para mí. Desde ese día he entrenado arduamente para portarla. – dijo la dama, recordando con amargura aquel nefasto día. – No sé con lo que me encontraré en el camino, pero tengo que estar preparada por si me toca defender a nuestro señor.

Pandora comenzó la retirada, pero se detuvo para preguntarle algo a Minos.

- ¿Cómo va la misión de los jueces en la cacería de caballeros?

- Hemos detectado el despertar de cuatro caballeros, uno en Siberia, dos en Francia y uno en China, por lo que estamos analizando con exactitud la zona exacta en la que se encuentran por medio de su inmaduro cosmos. – dijo el juez. – Por lo pronto, Aiacos y Violate harán un recorrido por los alrededores de Paris. Ahora que el alma del señor Hades ha regresado con nosotros, usaran su poder para cumplir con su voluntad.

- ¿Te refieres a…?

- Así es… la muerte comenzará a invadir este planeta, poco a poco.

Pandora se quedó en silencio, sabiendo perfectamente que la promesa de Hades se cumpliría, pero no esperó que podría hacerlo sin siquiera haber despertado del todo; con eso, quedaba más que demostrado su poder. De todas maneras, nada de eso le importaba, iba a servirlo hasta el final con tal de salvar su pellejo, y quizás así ganarse su confianza para que quite a Ker de su camino.

- Ahora más que nunca Athena necesita menos aliados. – dijo Pandora, seria. – Aunque… con los que ya están de nuestro lado, tenemos ventaja.

- Athena, sobre todo algunos de sus caballeros, se querrán morir cuando sepan la identidad de ellos, falta poco para eso. – dijo Minos, sonriendo con orgullo.

- Minos, sobre mi misión de traer a Ikki de vuelta… te callas. – advirtió la Comandante. – No quiero que nadie sepa que el señor Hades está fuera de este castillo.

- Usted sabe que, como Juez del Tribunal del Silencio, mis labios están sellados. De todas maneras, si algo necesita, me lo hace saber.

- Está bien.

Pandora salió del castillo decidida a encontrar a Ikki, sin importar lo que se le cruzara.


El cuerpo de Marin se movía frenéticamente, a medida que lanzaba palabras sin sentido. Shaina, preocupada, comenzó a acariciar su cabeza para que se calme.

- Marin, tranquila…

- No… Seiya… yo no quise…

La caballero no completaba sus frases, a excepción del nombre de "Seiya". Al poco tiempo, Aioria llegó a la fuente de Athena, por lo que cuando vio a la joven en ese estado, no dudó en acercarse.

- Marin… – habló Aioria, tomando la mano de la mujer. – No pasa nada, despierta.

La voz de Aioria pareció ejercer control en la mujer, quien de manera abrupta se despertó de un salto, hasta que se quedó sentada en la cama, tomando su agitado pecho.

- Seiya…

- No has dejado de repetir el nombre de Seiya, Marin. – dijo Aioria, riéndose. – Tranquila, él está bien.

- La que quedó muy mal con el ataque de Seiya, fuiste tú, Marin. – dijo Shaina, aliviada de ver que su amiga había despertado. – Por suerte y no te envió al otro mundo.

- Y es preciso que descanses para que te recuperes pronto, pues el Patriarca me envió a una misión relacionada con Aioros, y tú me vas a acompañar.

Marin aún seguía confundida sobre su estado actual, sobre todo cuando vio que vestía una ropa de dormir casual y no llevaba su máscara.

- ¿Qué hago con esta ropa? – preguntó curiosa.

- Pues te la puso Aioria. ¿Quién más? – afirmó Shaina, riéndose.

- ¡Cállate! ¡Te pueden escuchar! – reclamó alterada.

Aioria solo rio por lo bajo, causando que Shaina solo cruce los brazos, pues sus expresiones no podían ser vistas.

- Ya, Marin, nadie nos está escuchando. – se quejó Ofiuco.

- Además, ya le conté todo al Patriarca Shion. – afirmo Leo.

- No puede ser… – expresó la mujer, sorprendida. – ¿Y cómo lo tomó?

- Pues con normalidad, como debe ser… y así deberá ser poco a poco con los demás.

- De todas maneras, podía haberme quitado la armadura Shaina, June o Erii. – reclamó Marin. – No debemos llamar la atención.

- Tan exagerada, mi querida Marin. No iba a dejarte con la armadura mientras te sanabas. – dijo Aioria, aun sosteniendo la mano de la guerrera. – Sin embargo, ya que tanto te preocupa tu identidad, te sugiero que te coloques la máscara, pues Seiya viene para acá.

- ¿¡Qué!?

Aioria salió de la habitación, causando que Águila se sienta sumamente nerviosa, como si fuera a tener un reencuentro especial con alguien, lo que no era mentira. Sin embargo, su deber era mantenerse seria ante cualquier situación emocional, más si se trataba de Seiya.

Unos segundos antes de que Pegaso, en compañía de Aioria, entrara a la habitación, la mujer ya se había colocado la máscara.

- Marin… – saludó Seiya, sonriendo emocionado.

- Seiya… – respondió la joven, nerviosa detrás de la máscara.

- Nosotros nos retiramos para que charlen tranquilos. – le dijo Shaina a Pegaso. – Seiya, te le encargo.

- Gracias, Shaina.

Shaina tomó el brazo de Aioria para retirarse, cosa que no le gustó para nada al León.

- No quiero perderme algo como esto… – dijo en voz baja.

- Esto es solo entre los dos, no debemos meternos. ¡Andando!

Los caballeros salieron de la habitación, dejando a Seiya y a Marin a solas. Pegaso fue el primero en tomar la palabra.

- ¿Cómo te sientes, Marin? – preguntó el joven, preocupado. – Lamento mucho que mis golpes te hayan causado esas heridas.

- No son nada si cumplí con mi misión. – afirmó la joven. – No solo me he preparado para proteger a Athena y a la humanidad, sino que me fue encomendada la búsqueda y despertar de Pegaso.

- Aun así, a pesar del mal momento, te agradezco por haberme devuelto mi identidad. – agradeció Seiya, sonriendo. – Sin ti, seguiría viviendo con dudas sobre mí, como ha sido toda mi vida.

- Lo sé…

- ¿Qué? – cuestionó el joven, sorprendido.

- Lo sé porque me pasó algo parecido, hasta que descubrí mi destino como caballero. – respondió seria. – A un así… lamento el amargo momento que te hice pasar, pero fue el único camino con el que ibas a despertar como Pegaso.

- Pegaso es el encargado de proteger lo más valioso de este mundo, y a veces necesita un empujón por si se descarría del camino.

- ¿Ah?

- Oh… esa última frase siempre me la dijo mi hermana cuando no quería hacer caso en algo. – dijo Seiya, riéndose. – A veces me decía que me comportaba como un caballo descarriado… ¡Y ahora soy Pegaso! ¡Qué cosas! ¿No? JA JA JA.

Marin agachó la mirada ante el comentario de Seiya, rogando que los desbocados latidos de su corazón no se escucharan. El joven dejó de reírse y se quedó mirándola en silencio, confundido sobre un tema que lo martirizaba.

Comenzó a acercarse a Águila, dispuesto a tomar su mano.

- Marin, sobre mi hermana…

- ¡Seiya! ¡Shun ha regresado!

Para desgracia de Seiya, Shaina abrió la puerta de la habitación para anunciarle el regreso de su amigo.

- ¿¡Ya regresó Shun!? – preguntó Seiya, animado.

- Y como el caballero de Andrómeda. – afirmó Shaina, igual de emocionada.

- ¡Iré a verlo en este momento! – expresó el joven, para después mirar a Marin. – Retomaremos este tema más adelante. Descansa.

Shaina siguió a Seiya, dejando sola a Marin, quien suspiró con alivio ante la retirada del caballero.


Seiya estrechó la mano de su amigo con determinación y orgullo. El caballero de Andrómeda siempre había sido cercano a Pegaso, por lo que verlo usando su armadura le provocó nostalgia.

- Lo lograste, Shun. – dijo Seiya. – Me alegro mucho.

- No fue fácil, pasé por una prueba muy dura, pero al final encontré la luz.

Shun posó sus ojos en June ante la última frase, por lo que la caballero agradeció al cielo estar portando su máscara, pues por dentro le quemaba el rostro debido al sonrojo.

- June me va a ayudar a seguir fortaleciendo mi cosmos, para así estar listo para la misión que el Patriarca Shion nos otorgó; buscar pistas de mi hermano.

- Por mi parte, estoy entrenando mi cosmos para alcanzar el octavo sentido, por lo que también quiero pedirle a Marin que me asesore con eso. Tomará unos días.

Seiya comenzó a mirar a los alrededores, cosa que intrigó a Shun.

- ¿Y Shaka? – preguntó Pegaso.

- Se fue a la India. – respondió June. – Dijo que tenía algo importante que ver ahí, aparte que lo tomará como su sitio de entrenamiento para llegar al octavo sentido. Athena le dio su permiso.

- Ya veo. Saori… es decir, Athena y yo estamos por el mismo camino.

Los jóvenes se retiraron a sus respectivas actividades, pero antes, Shun y June fueron a ver Athena y al Patriarca para enseñar la nueva identidad de Andrómeda.


El gran portón de la mansión ubicada en Mumbai se abrió sin explicación alguna, por lo que el encargado, un hombre de piel trigueña, de cincuenta años, corrió a verificar lo sucedido, pues nadie más que él tenía acceso a la casa y los empleados se encontraban en sus días libres.

Grande fue la sorpresa del mayordomo al ver al recién llegado.

- ¡Joven Shaka! – gritó el hindú, sorprendido.

- Hola, Arin. Ha pasado mucho tiempo. – saludó el caballero, sonriendo.

El hombre, sin aguantar más, corrió a abrazar a Shaka, quien le correspondió con la misma emoción. En diez años, solo lo había visto un par de veces que fue a visitarlo al templo.

- ¡Muchacho ingrato! – reclamó el hombre, con lágrimas en los ojos. – Me enteré de que fuiste expulsado del templo y desde ese día he estado esperando noticias tuyas. ¡Desapareciste sin decir nada!

- Lamento haberte preocupado, pero desde ese día han ocurrido demasiadas cosas en mi vida… que son difíciles de explicar.

- ¡No hay excusas! – se quejó el hombre. – Después de tus progenitores, te he criado desde que naciste y fuiste incapaz de avisarme. Y ahora que te veo… estás tan cambiado. Ya no vistes esas esos harapos y te ves más decente.

Shaka había dejado atrás las típicas ropas de templo. Ahora portaba un elegante, pero moderno conjunto de Kurta color azul oscuro. Hace muchos años que no se vestía así, y aunque se sentía extraño, reconocía estar cómodo.

- La Kasaya no es un harapo, simplemente es una vestimenta modesta para honrar a Buda. – aclaró el joven, serio. – Ya no soy un monje, así que ya no tengo por qué usarla.

- ¿Para qué regresaste? ¿Ahora sí vas a tomar las riendas de esta casa y del legado de tus padres?

- Quizás… pero por ahora, no. – respondió el caballero. – No tengo tiempo para eso.

- ¿Dónde has estado? ¿Qué has estado haciendo? – preguntó preocupado. – Mínimo merezco saberlo.

- He estado en Grecia.

- ¿¡Qué!?

- Lo único que te puedo decir es que he encontrado otro camino para servir a mi prójimo, regresando también a mi estilo de vida mundano. – respondió Virgo, serio. – He vuelto a casa por… unos asuntos, entre esos, encontrar la paz para meditar.

- ¿Meditar? – preguntó sorprendido.

- Sí, porque tengo que llegar al oc… – se calló Virgo, al saber que iba a cometer una imprudencia. – Quiero decir, para acercarme un poco más a la iluminación. El hecho de que me hayan expulsado del templo, no quiere decir que he dejado de lado las enseñanzas de Chenrezig.

- Shaka, tú y tus cosas raras. – se quejó el hombre, colocando una mano en su frente. – Cada tantos años sales con algo nuevo. ¿Y qué pasará con esta casa y los negocios de tu padre?

- Por eso te firmé el poder para que te encargues de todo, y sé que lo has hecho maravillosamente, sobre todo por la cantidad de personas a las que se ha beneficiado.

- El primer beneficiado en el que tendrías que pensar es en ti, muchacho. – dijo el hombre. – Ahora que no eres monje, deberías sentar cabeza… ¡Cásate y llena esta casa de niños!

Shaka sonrió nervioso, al mismo tiempo que su rostro se sonrojó, por lo que se dio la vuelta para que su mayordomo no lo vea, cosa que fue inútil, pues él lo notó.

- Por cierto… Sujata vino a preguntar por ti hace unos días. – dijo el hombre, sonriendo.

Shaka se dio la vuelta al escuchar el nombre de su amiga, mientras su pecho dio un fuerte pálpito de emoción.

- ¿De verdad? – preguntó impactado.

- Así es, y sin la compañía de sus padres. – indicó el hombre, preocupando a Shaka. – Tú sabes que es mal visto que una mujer salga sola a la calle, así que de seguro se esforzó mucho para venir hasta acá sin ser descubierta. Deberías ir a verla.

- Cla… claro que iré a verla. – respondió Shaka, nervioso.

- Y de una vez pídele matrimonio…

- ¿¡Qué cosa!?

- ¡Ya! ¡No dije nada! – exclamó el hombre, dándose la vuelta. – Voy a seguir con mi trabajo. Tu habitación está igual que siempre.

- Muchas gracias. De todas maneras, no me quedaré muchos días.

- El tiempo que sea será una dicha tenerte aquí, en tu hogar, hijo.

Shaka se sintió agradecido de tener un representante de sus padres preocupándose por él, aparte del afecto que Sujata había demostrado en su ausencia. Como caballero de Athena, tenía clara sus prioridades… pero como hombre, por más que quisiera, no podía dejar de lado su corazón.


A la llegada del ocaso, Shaka llegó a la casa de Sujata, quien se encontraba cultivando semillas de flores en su jardín, sin saber que la estaban observando.

- Sujata…

La joven reconoció la voz de inmediato, por lo que dejó lo que estaba haciendo y se levantó para encontrarse con su amigo. Shaka, sin aguantar más, la abrazó, olvidando que no era correcto tener ese acercamiento con una mujer que no era su familia, pero no pudo evitarlo. Después de todo lo que había vivido, se dio cuenta de que la extrañó más de lo pensado.

- ¡Lo siento! – se disculpó el joven. – Es que hace tiempo no nos vemos y…

- Shaka, estás tan cambiado… – expresó la joven, sorprendida.

- Bueno, es que…

- ¡No digas nada, Shaka! – respondió la joven, sonrojada. – Y gracias por el abrazo. A esta hora no pasa nadie por aquí, además nuestra amistad es aprobada por mis padres.

Amistad que hace tiempo había pasado esa línea, y Shaka, ahora que no tenía la barrera de sus creencias en medio, quería hacerla evolucionar. Sin embargo, con su nueva vida no se atrevía, además que no quería que la joven se ofenda. Si sus padres no la ofrecían en matrimonio era porque no contaban con los medios para una dote, y su propuesta podría ser tomada como una humillación.

¿Qué era más deshonroso para una mujer de la India? ¿Ser soltera a una "edad madura" o no tener para "comprar" un esposo? Creencias con las que el caballero de Virgo nunca estuvo de acuerdo.

- Lamento haberme ausentado por tanto tiempo. – dijo Shaka, apenado. – Sin embargo, en nombre de nuestra amistad de tantos años, contigo no puedo tener secretos. Ni siquiera a Arin le dije la verdad.

- ¿Me estás asustando, Shaka?

- He encontrado al dios al que debo servir, pero sobre todo, mi camino a la iluminación para salvar al prójimo. – afirmó Shaka. – Ahora soy un caballero de Athena.

La joven se quedó impactada con la confesión de Shaka, pensando por un segundo que estaba jugándole una broma, pero lo conocía bien, así que sabía que no estaba mintiendo.

- Quédate a cenar. Entremos a la casa para que me cuentes todo, mientras mi madre está en la cocina. – pidió la joven.

- ¿Estás segura? No quiero molestar.

- Tu presencia en nuestra casa es grata. Mis padres estarán felices de verte con una imagen fuera del templo.

- Muchas gracias.

Los jóvenes entraron a la casa. Shaka, a pesar de siempre mostrarse sereno, enviaba abajo esa coraza cuando se encontraba cerca de la mujer que más quería.


Terminada la cena, los jóvenes estaban sentados en el jardín, observando como las estrellas se encontraban en su máximo brillo. Shaka supuso que Shion estaba observándolas, lo que le recordaba la importancia de su misión.

- ¿Me crees? – preguntó el caballero, serio.

- Completamente. – afirmó Sujata. – Sin duda, lo que más me ha impactado, es lo ocurrido con Ahimsa y tu viaje al Inframundo.

- Por eso vine hasta acá, pues necesito la tranquilidad de mi tierra para encontrar el octavo sentido… pero más que todo tu bendición.

- ¿Ah?

- Hasta que esta guerra dure, estaré ausente por mucho tiempo, pero antes de cada misión que comprometa mi vida, requiero de tu bendición para salir bien librado.

- Shaka… ¿Qué podría hacer una mujer humilde como yo por un caballero tan poderoso como tú?

- Me salvaste la vida hace diez años y me enseñaste a encontrar el camino de la compasión, así que ahora no será distinto. – afirmó el joven, tomando la mano de su amiga. – Además, será una buena excusa para vernos.

Shaka, cometiendo otra imprudencia, besó la mano de su amiga, pero esta vez no quiso disculparse, pues lo hizo por voluntad propia. Desde que había aceptado su destino como caballero de Athena, se sentía más libre, sobre todo porque no quería repetir los errores del pasado, hundirse en el hermetismo y la arrogancia. La frialdad solo sería para sus enemigos, no con su alma.

- Yo… – la joven se emocionó y sonrojó ante tal gesto. – Siempre tendrás mi bendición, Shaka. Eso no lo dudes.

- Muchas gracias, mi querida Sujata. – dijo el joven, soltando la mano de su amiga.

- ¿Y qué pasará con Ahimsa? – preguntó preocupada. – Sé que en el pasado casi me mete en problemas, pero aunque sea un joven problemático, no merece estar en la oscuridad.

- Lamentablemente, él tomó una mala decisión al haber aceptado el alma del espectro, pero aun así, quiero salvarlo, por la vieja amistad que tuvimos hace años. – dijo Shaka, apenado.

- Voy a orar por los dos, pero más por ti, pues temo que se quiera vengar porque quedó ciego de un ojo.

- No lo sé… pero algo me dice que pronto nos volveremos a enfrentar. – dijo preocupado. – ¿Me pregunto qué tendrá en mente?

Shaka, pensativo, siguió observando el cielo, preguntándose si su fortaleza como caballero le permitiría cumplir con su misión.


En la colina Estrella, Shion estaba observando las constelaciones, pero ahora no lo hacía solo. Athena y Erii lo acompañaban. Saori estaba sorprendida de ver que entendió el movimiento de las estrellas a la primera, como si siempre las hubiera analizado; eso se debía a su despertar como diosa, el que solo le estaba regresando los conocimientos y recuerdos de sus vidas desde la era mitológica. El caso de Erii era distinto.

- Veo que lees las estrellas a la perfección, no he tenido que explicarte nada. – dijo Shion, sorprendido.

- Desde la generación de mi bisabuela, las únicas mujeres nacidas en la familia, podemos leer las estrellas. – contó la joven. – Aunque ellas lo hacían para ver el futuro.

- He escuchado sobre eso, pero no lo creo. – afirmó Shion, mostrando malestar en sus palabras.

- No es mentira, maestro. – defendió Erii. – Las estrellas nunca se equivocan, y aunque la vida tome caminos distorsionados, el destino siempre se cumple.

Shion no dijo nada, solo cerró los ojos debido a un pensamiento angustiante que lo invadió, un recuerdo doloroso.

- Yo no leo el futuro, por eso mi madre siempre me dijo que mi caso era especial, pues puedo percibir los sentimientos de las estrellas. – continuó contando la joven. – Nunca lo comprendí hasta que conocí al maestro Aioros. Él me enseñó que el corazón de los caballeros de Athena representa su constelación.

- Aioros… – expresó Saori, suspirando. – Tengo miedo por él… un mal presentimiento.

- Es por eso que Aioria y Marin van a investigar su desaparición. No tienes que preocuparte, Athena. – dijo Shion.

Los tres siguieron observando el cielo, hasta que Erii identificó a las cuatro constelaciones que se mostraban activas. Cerró los ojos y juntó sus manos, mientras la calidez de su cosmos rodeaba su cuerpo.

- La primera constelación es la del Dragón. – afirmó la joven. – Y se encuentra en China, en el Monte Lushan.

- Lo sabía... – afirmó Shion.

- Además, cerca de él percibo dos cosmos, uno, sin duda, es del señor Dohko. – dijo la sacerdotisa. – Pero el otro… es parecido al de él, pero al mismo tiempo no.

- ¿Otro cosmos? – preguntó Saori, curiosa. – ¿A qué te refieres con "parecido"?

- Es difícil de explicar. Es parecido al del señor Dohko, pero no posee la fiereza que lo caracteriza como caballero dorado. – respondió la chica. – Más bien… es como el mío.

- Es extraño lo que dices, pero aquí lo que importa es que no es un cosmos maligno, además que esto confirma que, efectivamente, Dohko encontró al caballero de la constelación del Dragón. – dijo Shion, aliviado. – Ahora, lo importante es que ese joven despierte su identidad y venga al santuario cuanto antes.

Con el primer caballero localizado, Erii siguió con su misión.

- Percibo el cosmos de dos constelaciones en la fría ciudad de Mouthe, en Francia. – dijo la joven. – Acuario y Escorpio.

- Ambos se encuentran cerca. – afirmó Saori. – Eso significa que viven juntos.

- No lo sabemos, pero lo que es un hecho es que son cercanos. – dijo Erii.

Saori se quedó pensativa ante las palabras de Erii. Como Athena, aún seguía asimilando sus recuerdos, pero algo dentro de su corazón le decía que ella había determinado bendiciones para el alma de sus caballeros, y al escuchar sobre Acuario y Escorpio, sintió que entre ellos creó un lazo irrompible y especial.

Estaba segura de que en el pasado ella escuchó el deseo de los corazones de esos caballeros para marcar un destino.

- La última constelación que percibo despertando es la del Cisne. Se encuentra en Siberia. – afirmó la sacerdotisa. – Y con eso confirmo mis sospechas.

- ¿Sospechas? – preguntó Shion.

- Creo que conozco al joven que es la reencarnación de ese caballero. – respondió la joven, con las mejillas sonrojadas.

- Eso es una gran ventaja, así no te costará trabajo convencerlo. – afirmó Shion.

- Bueno, en realidad…

- Ahora que contamos con esa información, es necesario que Shaina y tú se preparen para su viaje. – dijo Shion. – Ella deberá seguir entrenando y fortaleciendo su cosmos para enfrentar a los espectros que quieran apoderarse de los caballeros, y tú para que puedas seguir localizando a más de ellos y asistir a Athena en lo que necesite, sobre todo ahora que se está preparando para ir al Inframundo.

- Así será, señor Shion.

- Ahora que todo está dicho, debemos retirarnos a descansar. – dijo el Patriarca. – Nos esperan días de grandes hechos y decisiones.

Shion transportó a Saori y a Erii hacia los aposentos de la diosa, mientras que él decidió quedarse un tiempo más en la colina meditando sobre su vida… sobre las estrellas.

No lo mencionó porque no venía al caso, pero él había estado su adolescencia con una persona sumamente especial que sabía leer las estrellas, pero a diferencia de Erii, para ver el futuro. Su corazón estaba plagado de los recuerdos de esos días, donde esa joven vaticinó con los astros que estarían juntos y felices para siempre.

- Las estrellas no decretaron nuestra separación…

Shion no entendía como, con el paso de los años, no podía sacarse de la mente y corazón a ese amor de juventud… quien al igual que él, ya no era una joven, sino una mujer con paradero desconocido.

- No… ahora más que nunca debo dejar atrás mi pasado.

Aries no tenía idea que las palabras de Erii eran más que certeras, pues las estrellas no se habían equivocado en su destino.


La cama de Athena estaba lista para que ella descanse, pues Erii la arregló con suma dedicación. Saori se sentía agradecida por el cuidado de todos, pero personalmente no estaba habituada a tantas atenciones, sobre todo porque su madre la crio con independencia.

- Te tomas demasiadas molestias por mí. – dijo Saori, apenada. – Yo podía haber preparado mi cama.

- No es molestia, lo hago con mucho gusto. – afirmó Erii, sonriendo. – Nosotros nacimos para servirte y es todo un honor. Esto va más allá de un simple deber.

- Y lo valoro mucho… Gracias.

- Oh, espera... – dijo la sacerdotisa. – Antes de que te vayas a dormir, tengo algo que darte.

Erii se retiró de la habitación de Saori, para luego regresar con una canasta en las manos.

- Eso es…

- Son las flores que me pediste recoja en el templo de Delfos. – dijo la joven. – Me esmeré escogiendo las más bonitas.

- Muchas gracias, Erii. – dijo Saori, tomando la canasta.

- ¿Qué piensas hacer con ellas?

- Intentar redimir mis errores pasados… – afirmó Saori, seria.

- ¿Ah? – cuestionó la joven, sin entender.

- Ya verás. Con esto, mi amor y protección los acompañará por siempre. – dijo Athena, sonriendo. – Ve a descansar, pues nos esperan días pesados.

La sacerdotisa se despidió de Athena y se fue a su habitación. La diosa comenzó a acariciar las flores que le trajo; se sentía tan feliz de tenerlas en sus manos que hasta derramó lágrimas de felicidad sobre ellas.

- Mamá… tal y como me enseñaste, voy a transmitir todo el amor y cuidado que me diste a quienes más me importan, pues siempre hay que ser recíproco con los que te brindan protección.

El cosmos de la diosa, comenzó a llenar de calidez sus aposentos.


Los días transcurrieron como el viento; suave, gentil, abismal e implacable, pero con la determinación de seguir su curso siempre que un camino se lo permitiera.

En la India, Shaka, gracias a la concentración de su cosmos, pudo alcanzar el octavo sentido, además de que la compañía de Sujata lo había fortalecido. Ahora estaba más seguro de su amor por ella, por lo que cumplir su deber como caballero y acabar con los enemigos era lo que necesitaba para cumplir con ese sentir. Y, aun así, si la vida le era arrebatada, no se iba a arrepentir de nada, pues por primera vez estaba sirviendo a los demás más allá de sus creencias, sino con su mente, cuerpo, cosmos y corazón. Nada iba a apartarlo de sus convicciones.

Con el dolor de su alma, tuvo que despedirse de Sujata y de Arin. El futuro de los caballeros corrompidos dependía de él.

Para el caballero de Virgo, quien se había entrenado fuera del santuario, las cosas le habían salido aparentemente bien. Sin embargo, para Dohko no estaba ocurriendo de la misma manera.


El santuario se encontraba despierto en la madrugada, a pocas horas del amanecer, el momento más tranquilo para alejar los ojos curiosos que pudieran hacer preguntas que los caballeros no podían responder.

Todos se encontraban en la sala del Patriarca, listos para escuchar indicaciones. Shion portaba su armadura dorada, pues también tenía una misión que cumplir.

- Esta nueva guerra contra Hades es diferente a la anterior, pues no solo tenemos que invertir fuerza, sino estrategia e inteligencia. – dijo Shion, serio. – El plan de Ker es robarnos a nuestros aliados para tener más poder, y es más que seguro que ya lo ha logrado, lo que se relaciona con tantos hechos que desconocemos, como la desaparición de caballeros.

Aioria mostró pesar ante las palabras de Shion, temiendo que su hermano o los dos caballeros de plata hubieran caído bajo corrupción, o en el peor de los casos, hayan muerto. No tenía más remedio que averiguar los pasos que Aioros dio un año atrás, sobre todo en su reunión con el supuesto caballero dorado que localizó.

- Aiora y Marin seguirán el rastro de Aioros y de los otros dos caballeros de plata. – dijo el Patriarca, mirando a los jóvenes. – Los van a estar siguiendo, eso es seguro, así que tengan cuidado.

- Así será, señor. – dijeron Marin y Aioria al mismo tiempo.

- Shun y June averiguarán todo lo relacionado a Ikki, pues es necesario conocer sus motivaciones para proteger a su hermano, sobre todo cómo encontró su poder.

- Estamos listos para partir cuanto antes. – dijo Shun, serio.

- Shaina y Erii viajarán a Siberia, en Rusia, y a Mouthe, en Francia. – continuó Shion.

- ¿Dos mujeres viajando solas? – preguntó Seiya, cometiendo una imprudencia. – ¿Está seguro, maestro Shion?

- ¡Oye! – reclamó Shaina. – ¿Acabas de llegar y comienzas a decir tonterías? Con el enfrentamiento que tuviste con Marin puedes hacerte una idea de los alcances de mi poder. ¡No me busques!

- ¡Tranquila! – se quejó Pegaso, colocando una mano detrás de su nuca. – Solo me preocupé por ustedes.

- Seiya, gracias por preocuparte. – dijo Erii, riéndose. – Pero con Shaina me siento muy segura, es sumamente poderosa, además no le gusta depender de nadie, menos de los hombres.

No es que Shaina odiara a los hombres, pero desde un hecho doloroso de su pasado, juró que nunca más iba a poner su confianza en manos de uno, por lo que el comentario de Seiya se le hizo desatinado.

- No te enojes, Shaina, tómalo como una broma. – insistió Seiya.

- ¡Está bien! ¡Ya déjalo ahí!

- Bueno, dejando de lado este malentendido. – continuó Shion, intentando no reírse. – Athena, Seiya y Shaka partirán al Inframundo, mientras que yo iré a China a encontrarme con Dohko.

- Me preocupa que aún no haya regresado. – dijo Saori, cabizbaja. – Al parecer las cosas con el caballero que ha encontrado no han salido bien.

- Aparte de eso, tengo un mal presentimiento, por eso voy a ir a verlo. – dijo Shion, preocupado.

Saori se levantó de su trono para dirigir unas palabras a sus caballeros.

- Seiya, Shaka y yo estamos listos para partir al Inframundo. – dijo la joven. – En este mundo solo hay dos caminos para ingresar; el castillo de Hades que se encuentra en Alemania, o en Épiro, en la península Balcánica, donde está el templo construido en su honor. Por estrategia y cercanía, el que está aquí, en Grecia, es el más adecuado. El octavo sentido ya se encuentra despierto dentro de nosotros, pero el momento de probarlo es solo ingresando a los terrenos de Hades.

- Yo confío en la fortaleza de nuestra diosa, así que, con su protección, estoy seguro de que podremos sobrepasar esta prueba. – dijo Seiya, sonriendo a Saori.

- Muchas gracias, Seiya. – respondió ella, sonrojada.

Una vez terminó de hablar, Saori dirigió su mirada a Erii.

- Por favor, trae lo que te dije.

- De inmediato.

Erii se ausentó de la sala por unos minutos, hasta que regresó y le entregó a Saori la canasta de flores que le había dado días atrás, aunque con algo diferente.

- Mis apreciados caballeros, hay algo que quiero entregarles. – indicó ella, sonriendo.

Exceptuando a Seiya y a Shun, Saori comenzó a acercarse a cada uno de sus caballeros y le colocó en la muñeca izquierda una pulsera de flores, tal y como lo había hecho con Shun e Ikki en su infancia, y hace poco con Seiya.

- Athena… – dijo Shion, sorprendido y observando su mano. – ¿Por qué nos entrega esto?

- Porque quiero protegerlos a todos. – afirmó seria. – Sé que aún no desarrollo todo mi poder, pero como lo dije antes, me he propuesto evitar que los más cercanos a mí mueran. Han sido siglos, desde la era mitológica, que ustedes se han sacrificado por mi causa, por lo que esta vez les debo más de una vida. No puedo cuidar a la humanidad si mi ejército no es prodigado por mí.

- Pero Athena… – expreso Shaka, conmovido. – Has invertido gran cantidad de tu cosmos en esta protección, puede ser peligroso para ti.

- No me importa, pues solo así puedo compartirles un poco de mí para la lucha que van a emprender. – dijo la diosa. – Estas pulseras no solo los protegerán, sino que se complementarán con su cosmos.

- Athena, puedo sentir todo tu amor y protección en esta arma que has creado para nosotros. – dijo Aioria.

- Posees el hermoso don del arte, Athena. – dijo Erii, observando su mano. – No imaginé que me habías pedido las flores para esto.

- Gracias, Athena. – agradecieron Shaina y Marin.

- ¡Gracias! – exclamaron todos, conmovidos.

Saori se sintió emocionada al ver la expresión de sus caballeros, pero se contuvo para no perder el enfoque. No dijo nada para no preocuparlos, pero como Athena, sabía que debía entregar más que flores para proteger a los suyos, pero para eso aún debía seguir reconociéndose como deidad.

- A medida que un nuevo caballero llegue a mi vida, lo protegeré de la misma manera. – dijo la joven. – Ahora podré seguir con mi misión en paz.

Todos en la sala se despidieron y comenzaron a retirarse, sin embargo, Saori dio una última orden.

- Que los caballeros femeninos se queden, quiero hablar con ellas a solas.

Marin, Shaina y June obedecieron, aunque se intrigaron de los motivos por lo que Saori solo quería conversar con ellas. Las cuatro se quedaron solas en la sala.

- ¿Qué deseas, Athena? – preguntó Shaina, nerviosa.

- Buscaba la oportunidad para hablar con ustedes, de mujer a mujeres. – dijo Saori, sonriendo.

- ¿Sobre qué? – preguntó June.

- Desde tiempos remotos, he admirado mucho la fortaleza de las guerreras a mi cargo, quienes han tenido que abandonar su vida, pero sobre todo su feminidad, para servirme.

- Eso nuestro deber como caballero. – dijo Marin, seria. – Lo hacemos con gusto.

- Y lo agradezco… pero de nada me sirve tener excelentes guerreras si no puedo ver el reflejo de su alma.

- ¿Ah? – cuestionó Shaina.

- Quítense la máscara. – ordenó Saori. – Quiero ver los rostros de las valientes mujeres que me han jurado lealtad.

Las mujeres se sintieron sorprendidas ante la petición de Athena, pues iba totalmente en contra de las enseñanzas que habían recibido, ya sea en su vida actual o todas las que tuvieron que sobrellevar.

- Pero… – expresó Marin, nerviosa. – La ley de las máscaras…

- Queda abolida por obsoleta. Si van a usarla, que sea por decisión propia, no por evitar violar una ley opresora. – afirmó Saori. – No necesitan renunciar a su corazón de mujer para demostrar su valía, pues al igual que yo, son humanas con sueños que desean hacer realidad, y para eso están luchando en esta batalla. La fuerza de un caballero está en el cosmos, en su alma, no en un rostro anónimo con expresiones apagadas.

Las caballeros estaban estupefactas, sin saber qué decir.

- Vamos… Quítense la máscara. – pidió Saori, dando confianza a las mujeres.

Después de unos segundos de duda, Shaina tomó la iniciativa y se quitó la máscara, mostrando su verdadero rostro. June, más segura con la acción de su compañera, la imitó.

- Tal y como lo imaginé, son muy hermosas. – dijo Saori, encantada. – Ahora veo algo más que máquinas de guerra; solo chicas de mi edad con quienes tengo cosas en común.

- Muchas gracias. – dijo June, sonrojada. – Pero…

- Agradecemos que nos hayas liberado de este yugo, mi querida Athena. – dijo Shaina, agachando la mirada. – Pero por un tiempo, creo que lo más prudente es usarla. Al menos yo, no quiero llamar la atención en el viaje que emprenderé.

- Yo tampoco deseo eso. – dijo June, nerviosa. – Me siento extraña mostrando el rostro después de años. Si el maestro Aioros nos viera de seguro se enojaría. Él nos entregó la máscara desde el primer día de entrenamiento y nos educó bajo las estrictas normas que nos corresponde como caballeros femeninos.

- Cuando Aioros llegue a mí, estoy segura de que entenderá mis motivos. No se preocupen por eso.

Saori miró a Marin, quien aún seguía estática y con la máscara puesta. No es que quería desobedecerla, pero había algo en su corazón que la perturbaba enormemente.

- ¿Podemos hablar a solas, Athena? – pidió Marin.

Saori miró a June y a Shaina para insinuarles que se retiren, por lo que las mujeres se despidieron y se digirieron a sus respectivas misiones.

- ¿Pasa algo, Marin?

- Te voy a mostrar mi rostro… para después explicarte muchas cosas. – dijo Marin, nerviosa. – Cosas sobre mi vida… sobre Aioria… pero sobre todo, de Seiya.

- ¿De Seiya? – preguntó la diosa, sorprendida.

La caballero se quitó la máscara y mostró su verdadero rostro, impactando enormemente a Saori.

- Tú… tú eres…


La cascada de Rozan se escuchaba como un dulce canto de arrullo en la madrugada… pero no a todos podía hacer dormir. Shiryu se encontraba fuera de su cama, obnubilado con el ambiente de la noche, pero al mismo tiempo por las perturbaciones de su alma.

- Estoy incompleto…

Los días pasados en los Cinco Picos, por un lado, habían sido maravillosos, pues se sentía acogido en la casa de su ahora maestro; la pareja lo trataba como a un hijo más, mientras que la amistad con Shunrei se había fortalecido, hasta el punto de convertirse en encantamiento y atracción. Claro está, intentaba tomar las cosas con calma, pues nunca antes había experimentado tal sentir.

- Shunrei, los días contigo han sido lo más agradable de estos días, además de las enseñanzas del maestro Dohko. – se dijo a sí mismo, emocionado, para después cambiar su semblante. – Sin embargo… eso no resuelve mi problema. Mi posible identidad.

El primer día de entrenamiento formal, Dohko le reveló a Shiryu su identidad como caballero de Athena y la alta probabilidad de que él compartía ese destino, cosa que le impactó en sobremanera. Inicialmente, no quiso creerle, pero cuando el hombre le mostró su armadura dorada, sintió dudas, pero mucho más cuando escuchó el nombre humano de Athena y de los caballeros que ya estaban activos.

- Seiya, Shun, Saori… – pronunció el joven, obnubilado. – Esos nombres me provocan nostalgia, emoción y tristeza. No los conozco y siento por ellos el aprecio de una profunda amistad y hermandad. ¿Por qué?

¿Cómo él iba a ser un caballero? En todos los días que entrenó con Dohko fue incapaz de despertar su verdadero poder. El dragón de su espalda estaba incompleto, algo le faltaba en su anatomía, y tal como le dijo su abuelo, esa era la fuente de su fortaleza. Como supuesto guerrero de Athena, ¿cómo iba a defender a la humanidad con semejante mediocridad? Él no se había preparado años para algo como eso.

- ¿Fracasé, abuelo? – se preguntó mortificado. – Viajé desde muy lejos para hallar mi camino, y a pesar de que encontré a la persona correcta para que me ayude a hacerlo, soy un incapaz. ¿Y así el maestro cree que soy uno de los caballeros de Athena?

Dohko también le había dado la opción de no aceptar su destino, tal y como Athena lo había decretado desde hace siglos. Por un instante estuvo tentado tomarle la palabra, pero algo le impedía hacerlo, pues sentía deseos de proteger a esa joven con todo su corazón.

- Saori… Athena. ¿Qué es ese impulso que tengo de protegerte? Como si fueras una hermana que perdí en el camino. – se preguntó angustiado. – ¿Cómo te voy a servir? Yo, un dragón sin furia y sin escamas.

- Un dragón inservible e incapaz…

Impactado, Shiryu se puso de pie al escuchar una extraña voz hablarle, descubriendo que a unos pasos de él se encontraba un hombre alto, rubio y con mirada perturbadora.

- No eres más que un dragón sin escamas y sin raíces.

- ¿Quién eres tú? – preguntó el joven, colocándose en posición de defensa. – No te sentí llegar.

- ¿Cómo va a sentirme llegar un dragón caído? – preguntó el hombre, arrogante. – Aunque ni a eso llegas, pues ni el vuelo fuiste capaz de emprender.

- ¡RESPONDE MI PREGUNTA! – cuestionó el joven, ahora enfurecido. – Tu aura es siniestra, por lo que dudo mucho que estés de visita.

El hombre lanzó una ligera risa, para después chasquear los dedos, causando que un objeto colgando en su cuello brille. A los pocos segundos, su cuerpo se encontraba cubierto por una armadura oscura… en forma de dragón.

- Soy Rhadamanthys de Wyvern, de la estrella celeste de la Ferocidad.

- Wyvern… – mencionó Shiryu, sorprendido. – Tú eres un…

- Un dragón, así es… pero uno de verdad, no uno incompleto como tú. – dijo el hombre, acercándose más al joven. – ¿Y sabes por qué? Porque desde la era mitológica he servido fielmente al único dios que me ha dado el poder para hacer mi voluntad, para someter al mundo a mi ferocidad. Y no solo eso, pues también me ha permitido ser uno de los jueces de sus dominios.

Al escuchar la explicación del hombre, Shiryu entendió inmediatamente de quién se trataba, por lo que su defensa se intensificó más.

- Eres un espectro de Hades… – mencionó, mostrando rabia en sus palabras.

- Así es, imbécil. Y he venido hasta acá para cumplir tu sueño, pues a partir de ahora, te convertirás en un dragón del Inframundo.

- ¡No lo voy a permitir!

- ¡Rugido de Oscuridad! – exclamó el juez.

Shiryu estaba dispuesto a comenzar con el ataque, sin embargo, sintió que un espantoso rugido se adentró en sus oídos y lo inmovilizó. No era un sonido que se escuchara en el ambiente, sino dentro de su propio cerebro.

- Este espantoso rugido solo puede ser escuchado por mi víctima, por eso no puedes moverte. – dijo el espectro, colocando un dedo en la frente del joven. – A partir de ahora vas a servirme siendo un dragón de verdad.

- Suéltame…

- Nada podrá impedirlo, mocoso, pues tus propias dudas y angustias son los que te impiden enfrentarme. Ahora me servirás solo a mí.

- No… no puedo respirar…

Shiryu comenzó a ahogarse, al mismo tiempo que un espantoso dolor de cabeza lo atormentaba. Un aura oscura empezó a invadirlo y a adentrarse por cada poro de su piel.

- Esto fue fácil... nada mejor que un mocoso inseguro.

- ¡SHIRYU!

Un aura dorada se iluminó detrás de Rhadamanthys, sin embargo, este ni se inmutó y sonrió porque ya lo esperaba. Dohko se había despertado al sentir el oscuro cosmos del juez, por lo que de inmediato fue en su búsqueda.

- ¡Suéltalo! – grito el caballero, abalanzándose hasta Wyvern.

- ¡Muy tarde, estúpido!

Poco faltó para que Dohko llegara hasta Rhadamanthys, sin embargo, un espectro "salido de la nada", se interpuso. Libra, en pleno forcejeo, lo miró impactado, pues lo reconoció de inmediato.

- ¿Me recuerdas, caballero de Libra? – preguntó el espectro, irónico. – De no haber sido por esa maldita ave que interrumpió la corrupción, ya estarías siendo mi esclavo.

- Tú eres…

- Soy Giganto de Cíclope, de la estrella terrestre de la Violencia. – se presentó el espectro. – Y esta vez no vas a escapar de mí.

- Mátalo, Giganto, y esta vez no arruines las cosas. – dijo Rhadamanthys. – Yo ya hice mi parte, así que me voy.

- ¡No! ¡Rhadamanthys! – gritó Dohko.

Con Shiryu inconsciente y envuelto en oscuridad, Wyvern se despareció de los Cinco Picos. Dohko, impotente, observó la trágica escena. Lo que él había experimentado, su mayor miedo, ahora se estaba cumpliendo en su apreciado discípulo.


No supo en qué momento salió del santuario, pero Shun sintió la necesidad de caminar sin rumbo, pensando en todo lo que había ocurrido con su vida en tan pocos días. Ahora era un caballero al servicio de su mejor amiga, de su hermana de alma, y también le tocaba investigar a su enemigo mitológico, pero al mismo tiempo uno de los seres que más amaba.

- Ikki…

Desconocía la postura de los demás caballeros, pero sabía que tanto para él como para Saori iba a ser un golpe duro e irrecuperable de enfrentar. ¿Acaso tendría que matar a Ikki? ¿Athena lograría cumplir con su promesa? Su amor de hermanos contra la salvación de la humanidad.

¿En qué momento el destino se volvió tan fatídico e insostenible?

- Shun…

El joven, con el corazón desbocado, se dio la vuelta al escuchar la voz del dueño de sus pensamientos, de su actual pesadilla. Ikki se encontraba frente a él, consternado, pero al mismo tiempo con una mirada amable para él.

- Hermano… – habló Andrómeda, al borde de las lágrimas.

Ikki no dejó que su hermano menor siga hablando, pues corrió hacia él para abrazarlo con fuerza, a pesar de las dolorosas intenciones con las que lo había buscado. De ninguna manera iba a dar su brazo a torcer.

Los jóvenes, durante el efusivo abrazo, evadían totalmente de que Saori los había descubierto, pues se acercó hasta el lugar al sentir un cálido, fuerte, pero al mismo tiempo, perturbador cosmos.

- Ikki… – dijo Saori, impactada y con dolor en su mirada.


La tormenta obligó al joven a cerrar la puerta de su casa con fuerza, temiendo que la ventisca arruine la calidez de su casa.

- Hace más frío que de costumbre en Mouthe… No es normal. – dijo el hombre, sorprendido.

El joven, de treinta años, piel pálida, cabello azul marino y ojos azules dejó su abrigo negro en uno de los muebles de la sala, para después subir con ansiedad las escaleras hacia las habitaciones. Se sentía dichoso, pues ese día había sido el mejor de su vida, el más feliz y anhelado.

- Ojalá la noticia que voy a darle le alegre… y quizás así las cosas mejoren.

Ansioso, abrió la puerta de la habitación, esperando ver a la persona con quien quería compartir su felicidad, pero se encontró con una imagen preocupante… con la que, sin saber motivo, llevaba años lidiando.

- No… Milo.

Un joven, de veinticinco años, de cabello azul y piel ligeramente bronceada yacía dormido en su cama, pero con sangre saliendo de su nariz y boca. El joven supo lo que estaba ocurriendo en su organismo, por lo que de inmediato fue a ayudarlo.

Siempre estaba dispuesto a salvarlo en silencio, sin que él se imagine nada…

- Milo, otra vez te has intoxicado con ese maldito veneno. – dijo el hombre, nervioso. – Pero no te preocupes, pues ya estoy aquí.

El joven colocó una mano en la muñeca izquierda del enfermo y de la misma comenzó a emanar un aire frío, el que poco a poco le fue devolviendo la vitalidad a la intoxicada víctima. A los pocos minutos, el proceso se vio finalizado, por lo que el receptor comenzó a despertar y fijó su mirada en su salvador.

- Milo… hermano. – dijo el hombre, mostrando alivio.

- No me llames así, Camus.

Milo empujó la mano de su hermano mayor con desprecio, causando en el joven malestar. Desde hace unos años soportaba esa clase de tratos, pero aun así no se acostumbraba ni los aceptaba.

- Eres mi hermano menor, por eso te llamo así. – dijo preocupado. – Te estabas intoxicando y yo solo…

- Hace años que tengo esto bajo control, así que no entiendo por qué has venido a mi habitación a molestarme. – dijo el joven, fastidiado. – Ni que tú pudieras resolver mi problema.

Camus decidió ignorar los desprecios de Milo, sobre todo porque la dicha que lo embargaba no podía ser opacada. Además, lo que más soñaba era recuperar el cariño y admiración de su hermano, el que por circunstancias injustas había perdido.

- Vine a contarte una gran noticia, hermano… – dijo Camus, dejando el tema de lado y sonriendo.

- No me interesa.

- Sinmone y yo nos vamos a casar. – dijo Camus, emocionado. – Mi amigo Surt, su hermano, aceptó nues…

- ¡Te dije que no me interesa, Camus! – reclamó Milo, enfurecido. – Y por milésima vez, deja de llamarme "hermano".

- ¡No me hables así, estúpido! – preguntó Camus, molesto y consternado. – Siempre te he dicho que si somos hermanos de sangre es porque nuestras almas se eligieron desde antes de nacer. Así que no deberías…

- De niño quizás me convenciste con ese cuento infantil barato, sueño o como quieras llamarlo... pero ahora no es así. – expresó Milo, ácido y airado. – Además, yo nunca he soñado esa estupidez, así que para mí no eres nadie.

- ¿Cuándo dejarás de ser injusto conmigo? – preguntó Camus, molesto.

- Nunca… pues jamás olvidaré que por tu culpa murió papá.

El alma de Camus se despedazó ante la injusta acusación de su hermano menor.


Comentarios finales:

Hola, espero que todos se encuentren bien. Poco a poco se está evidenciando cómo se dará la posesión de Ikki, pues lo que tengo planeado es algo en donde Hades pueda tener el protagonismo que en las obras oficiales no ha tenido (al menos en las que yo he leído/visto), pero también que Ikki sobresalga, pues no olvidemos que el Fénix duerme en su interior. Con Pandora, creé para ella una sapuris propia, diferente a la que usa la versión de TLC, la que le pedí a un amigo ilustrador me ayude a diseñar. Apenas la podamos tener lista, se las mostraré. La técnica que ella usó la saqué del juego Saint Seiya Awakening, en el que el personaje tiene un nivel S, el mismo que los dorados. Lo mismo apliqué con el ataque de Rhadamanthys a Shiryu, y también lo haré con los demás personajes; dioses, caballeros y espectros. Los ataques originales del manga también tendrán su aparición.

Quise que el primer espectro en aparecer en batalla, aparte de los jueces, sea Giganto, pues tengo pensado a futuro momentos especiales para la llegada de otros más emblemáticos, como Valentine, Lune, etc. No diré más por el momento.

Dejando de lado el papel de los demás personajes del capítulo, creo que el que se lleva la mayor atención es la aparición de Camus y Milo, y esta vez no como mejores amigos, sino como hermanos biológicos. Decidí esto por un motivo especial que ya lo conocerán, además que la amistad que ellos han mostrado en la obra me agrada mucho, por lo que quise convertirla en un lazo más fuerte. Sin embargo, ya se dieron cuenta de que ese vínculo está roto, y es en el desarrollo de ellos y en el despertar de su identidad que lo arreglarán. Adicional a eso, el caballero de Cisne también estará en medio de eso, pues en la obra se relaciona emocionalmente con ambos jóvenes.

Y, por cierto, por si no se dieron cuenta, Sinmone no es un OC, sino que es la hermana de Surt de Eikschnir, dios guerrero de Asgard, quien fue el amigo de la infancia de Camus en Soul of Gold; y a quien le entregó su lealtad porque de niños, por accidente, provocó la muerte de su hermana menor. Por alguna razón me hice en la cabeza un HC donde Camus y Sinmone, si es que ella no hubiera muerto, habrían estado juntos como pareja al crecer, por lo que quiero aprovechar esta historia para incluirla, como adulta, claro está. Surt aquí no será un caballero ni dios guerrero, sino que tendrá otra función secundaria.

Espero que el capítulo les haya gustado. Ya estamos en el diez, por lo que me siento muy emocionada.

¡Un abrazo a todos!