Para los Dioses, los humanos no son más que hormigas.

Seres que los alaban, que buscan su ayuda en sus peores momentos. Algunos solamente les dan su rezo cada día, cada hora, cada instante.

Fanáticos capaces de pelear contra aquel que no crea como ellos, o incluso dude de su existencia.

Había una creencia popular entre los dioses más soberbios. Tan llenos de si mismos, incluso si no eran más que garrapatas ante los verdaderos dioses del mundo.

Los dioses no se unen. Los dioses no conspiran. Los dioses no confían en los demás. Un dios no necesita ejércitos, aliados, o amigos. Un dios no se deja llevar por emociones humanas.

Así es como un Dios debe ser.

Una existencia perfecta desde su nacimiento.

Para él, que representaba los 7 pecados capitales. Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, y pereza…

Esto no era más que idioteces.

Los dioses se dejaban llevar por sus emociones, incluso si hacían lo posible para no hacerlo ver.

Su propio padre causó un genocidio universal porque no le hicieron caso, en resumidas cuentas. Además, eliminó a sus hijos sin el conocimiento de los demás ángeles, para crear unos nuevos que sean tontamente devotos a el.

Zeus, el dichoso Rey de los Dioses, era un violador en potencia, arrogante, paranoico y miedoso incluso de su propia sombra. Las infidelidades que cometió hacía su esposa eran incluso superiores a las que él cometió.

Amaterasu, la Diosa del Sol. A pesar de ser una mujer fuerte, tenía muchos comportamientos infantiles y caprichosos por cosas menores. Su hermana era igual a ella en pocas ocasiones, y ni hablar de su hermano.

Shiva… Bueno. No podía encontrar algo malo de ese tipo. Es el único cuyo poder más se acerca a los primordiales. El punto destacable es que tiene 3 esposas, pero no tenía un historial lujurioso malo como lo tiene casi toda la totalidad del panteón griego, o incluso él y su hermano menor.

De los demás panteones, incluso entre los dioses principales o cercanos a los mismos, siempre va a haber alguno que tenga comportamientos humanos, infantiles, arrogantes, lujuriosos.

Nadie se salva.

Incluso él seguiría siendo tan bastardo como lo era hace más de 100 mil años, si no fuera porque sabía que no se acercaría ni a la suela del poder que tenía su padre si no tenía enfoque en su objetivo.

Incluso siendo el pecado original, en carne y hueso, tenía virtudes como la paciencia, diligencia, y muy pocas veces llegaba a tener las demás.

Casi inexistentes, si hablaba en serio.

Las pocas veces que tocó la virtud de la humildad, fue cuando dejó de lado la importancia a todo lo que había conseguido, y reconoció sus defectos y errores.

Razón por la que se volvió más poderoso de lo que era, incluso si no dejó su arrogancia luego.

No la dejó siendo ángel, menos siendo el primer ángel caído y el demonio más poderoso en el universo.

¿Generosidad? Dio tiempo personal, trabajo, dinero, armas y quien sabe cuanta cosa más, sin esperar nada a cambio. Lo único que solía pedir era un buen trabajo a todos los diablos e incluso a sus compañeros Maou.

La lealtad estaba en cada uno.

Templanza… No. Tenía autocontrol para lo que quería, pero luego vivía a base de excesos, sin importar si es alcohol, drogas, sexo, o peleas.

¿Control de la violencia y la venganza mediante la práctica de la no agresión y el perdón? Basura.

¿Mitigación de la arrogancia mediante el cultivo de humildad y modestia? Basura.

¿Dominio de excesos como el lujo extravagante y el derroche? Basura.

¿El temple de la ira o el anhelo a través de la calma y el autodominio?

Basura.

¿Diligencia? El único ejemplo que tenía era cuando le dio poderes a los 72 pilares y los ayudó en sus primeras etapas, o cuando quiso entrenar a Rizevim.

Nada más que no haya sido en el Cielo.

Hace más de dos mil años que tuvo que pedir ayuda para algo que necesitaba si o si para vencer a su padre.

No era solo una cosa, sino dos.

Aún debía esos favores, pero no le podía importar menos. Eran cosas que pagaba con el tiempo, y no era dinero.

Con más razón podría no importarle si fuera así. Tenía suficiente dinero para hacer billonario a cualquier Dios existente las veces que quiera.

No… estos favores que le iban a cobrar debían ser extremos, o sumamente necesarios.

…..

[Inframundo – Castillo Lucifer]

Ojos rojos como la sangre. Únicos rubí pertenecientes a él, dichoso hijo rebelde.

Torso desnudo, revelando aquél físico con el que fue dotado, y que solo llevó a un punto más alto con su entrenamiento. Sólo la sábana cubría su entrepierna.

Hombros redondos cuál coco. Tríceps grandes y un bíceps perfecto. Antebrazos gruesos y fuertes, marcados en venas por su porcentaje bajo de grasa.

Tatuajes en forma de estrella en la parte superior derecha de su espalda, que abarcaban desde su escápula hasta su hombro.

Su visión estaba puesta en sus manos. No reflejaba nada, ninguna emoción visible.

Incluso para un ser perfecto como el, sus manos tenían claras señales de pelea y guerra en ellas.

Callos y cicatrices que no se habían borrado ni con su propia curación a niveles inimaginables.

Aquella vez que quiso detener la espada de su padre con sus propias manos.

Y lo hizo.

¿A que costo?

El fuego de la espada del mismo lo quemó. Un fuego parecido al primordial, pero no igual.

Un fuego que quemó su cuerpo, mente y alma.

Mismo fuego que no apagó con nada, y solo aumentó su dolor tras su caída.

Había intentado detener una espada de la misma Amaterasu hace millones de años, una vez que la había molestado por todo el aburrimiento en el inframundo, y que quiso seducirla.

Mismo resultado, solo que el de ella le hizo arder hasta el alma. Incluso tenía una pequeña cicatriz en su pecho por lo mismo.

Suspiró.

Ahora solo se acostaba con otras mujeres cuando las metía en su cama a pedido de su propia esposa cuando quería cambiar su aburrido día en el castillo por más diversión.

Por eso se había acostado con Leviatán y Asmodeus transformado en mujer.

Era algo que hacían cada tantas reuniones, y Lilith se involucraba en un cuarteto de 3 mujeres contra 1 hombre.

Además, Lilith tenía conocimiento de cada acto pervertido que estaba pasando en el inframundo.

Si alguien pensaba en un pene o una vagina, Lilith lo sabría. Si pensaban en senos o traseros, ella lo sabría. Si pensaban en masturbarse, Lilith lo sabía. Si alguien tenía sexo o se masturbaba, Lilith lo sabía.

El era el pecado encarnado, y ella la lujuria encarnada.

Hace 5 mil años arreglaron que dejarían la infidelidad y el poco cariño a un lado. Aunque claro, cada pareja que llegaba a la cama del Lucifer era a consciencia de Lilith y su fantasía de ver constantemente a su hombre con otra en la cama.

Lo que sí, Lilith asumió su papel y guardó su deseo de sexo al único hombre capaz de complacerla.

No quería terminar como Afrodita, incluso si ya era considerada la lujuria encarnada. La diosa ni siquiera hizo el intento, y tanto Naruto como ella estaban aburridos de lo monótono que era todo en el Inframundo.

Los que conocían su relación actual, sabían que pasaron de ser una pareja tan disfuncional como lo son Zeus y Hera, a una pareja funcional, si descartabas la mente de ambos y sus ideas perversas.

Nuevamente, la vida volvió a los ojos de Naruto, que apenas notaba se quedó en trance.

Miró nuevamente sus manos, antes de invocar en partículas moradas una katana.

Funda negra con adornos de bronce. Mango blanco con rombos negros, y huesos de dragón rodeando los mismos.

Sin embargo, había un detalle en el mango. Más exactamente, en los rombos.

Piedras. Gemas con forma de un ojo que cubrían los mismos rombos.

La energía que desprendían esas gemas era increíblemente poderosa, incluso para los propios Dioses.

Energía Cósmica.

No era una energía que provenga de la fuerza física, o la fuerza espiritual, ni una mezcla de ambos.

Es una energía que proviene del mismo universo.

La energía cósmica hace referencia a una fuerza mística o espiritual que emana de la vastedad del universo y de los cuerpos celestiales, como las estrellas, galaxias y otros fenómenos cósmicos.

Es una energía que se percibe como pura, elevada y conectada con los aspectos más amplios y trascendentales del cosmos.

En muchos contextos esotéricos, la energía cósmica se asocia con la espiritualidad, la iluminación y la conexión con fuerzas superiores.

La energía cósmica puede tener propiedades curativas, potenciadoras o incluso la capacidad de desafiar las leyes normales de la realidad.

Las gemas en el mango absorbían dicha energía de forma pasiva. Aunque no estaba casi nunca en sus manos, sino en el mismo universo, absorbiendo energía de forma tranquila.

Una katana hecha con un procedimiento minucioso, y no por sus manos.

Incluso si tenía el conocimiento, no tenía las habilidades para hacerla.

Fue la única vez que acudió a alguien extranjero a su panteón por ayuda.

Hace más de dos mil años.

Un día que visitó al Dios del fuego, los herreros, los artesanos, los escultores, los metales, la metalurgia, la artesanía y el volcán.

Hefesto.

Aquél dichoso hijo feo de Hera, era el único al que podría acudir en caso de necesitar un arma.

No era un dios al que le tenga mucho respeto, pero le dio el punto a favor por ser de los mejores herreros del mundo, sino que el mejor.

Fuerza y poderes divinos, gran intelecto, dominio del fuego y el calor, inmortalidad, reflejos, resistencia, y el dominio de cualquier arma.

Había creado las Botas de Hermes, y esas cosas hacían al Dios mensajero correr de forma que el solo corría con todo su poder sin transformarse.

En la forja del mismo podía crear objetos con poderes increíbles, y que él necesitaba.

Sin el conocimiento de Zeus, Helios, Apolo, Hermes, Artemisa o cualquier Dios que supiese de su llegada, Hefesto estaba en desventaja.

Al contrario de atacarlo y obligarlo, lo pidió como un favor que el Dios luego se podría cobrar, sea con dinero, mujeres, un lugar en el Inframundo bíblico, o lo que se le antoje.

La idea de Naruto tocó un punto sensible en la mente de Hefesto, y decidió empezar su trabajo casi al instante.

Tras 50 años, había hecho la primer katana para Naruto. Un trabajo que podría haber tomado menos, pero que hizo de forma muy minuciosa y que no podía tener errores.

No los tuvo, pero ambos habían pensado lo mismo.

No era suficiente.

Hefesto, luego de miles de años, se cobró un favor. Un favor que incluso costó.

La diosa del Inframundo, Hades.

Tenían que hacer la forjadura de la espada en un terreno que absorba tantos poderes oscuros como sea posible, para que se equilibre con el de Naruto, y así puedan crear una espada capaz de cumplir con los deseos de ambos.

¿El problema?

La Reina del Averno odiaba a los diablos.

No… mejor dicho, despreciaba a los bíblicos. Los veía a todos como si fuesen otra imagen de sus propios hermanos, todos estúpidos arrogantes y llenos de si mismos, como aquellos diablos y caídos que entraron a su territorio para llevarse a Cerbero e incluso pensaron en violarla, o los ángeles de Dios que se metieron para querer "purificarla".

Lo último que haría sería darle su ayuda a un bíblico tan relevante como lo era Naruto Lucifer.

Adoraba a su hermana Hestia, a Rhea, y a Hefesto, justamente porque eran los más cercanos a ella. Hasta quería más a Cerbero que a sus hermanos.

Al final, luego de semanas, la paciencia de Hades se acabó y decidió pagar ese favor, aunque lo hizo solo porque tomó como prueba el que Naruto no la haya querido seducir.

Aunque si intentó usar su labia de plata, no por un intento de seducción que la llevaría a la cama. Solo para tenerla como aliada y que le de el permiso a Hefesto y él para lo pedido, como un favor que debía pagar a Hefesto.

El proceso de creación de la misma katana se hizo en las profundidades del Tártaro. Pasó por las llamas del Tártaro, por la oscuridad del mismo, e incluso pareció absorber leves fragmentos del poder que provenían de los titanes encerrados ahí.

Sin embargo, dicho poder pasaba una etapa de cambio en manos del propio Hades y de Naruto, llenando dicha magia del poder oscuro de ambos.

Un día, cuando iban a la mitad del proceso, fueron llevados lejos.

Muy lejos.

….

Naruto abrió los ojos con molestia, viendo que estaban en el universo mismo.

No… no era el universo que el conocía.

Era muy distinto.

Parecía una dimensión a la que fue enviado.

"Joder…"

Naruto se giró para ver a la diosa del Inframundo, que se levantaba con precaución. Sacó unas armas similares a garras, algo que llamó la atención de Naruto, el cual silbó.

El cabello blanco de un leve tono rubio se meció con el movimiento de su cabeza. Sus ojos miraron el dichoso universo con seriedad.

Hefesto se levantó rápidamente.

El Dios, de casi tres metros de altura y músculos masivos, largo cabello y barba de color carmesí, miró hacía su tía y su compañero.

Los brazaletes en sus muñecas se transformaron en un martillo de casi su misma altura, listo para la pelea en caso de que sea necesario.

"Quién nos convocó aquí es muy poderoso".

"¿Te parece, Naruto Lucifer?"

La primer Katana que Hefesto le hizo fue convocada repentinamente, cortando un pequeño sol que venía hacía el.

Miraron hacía el frente, viendo a la figura que apareció frente a ellos.

La mirada de Hades y Hefesto se removió, mostrando preocupación.

Naruto, en cambio, se puso extremadamente serio.

"Lady Caos".

Largos cabellos rojos caían por la espalda de la diosa, con un flequillo cubriendo su frente y sus cejas. Un vestido del mismo color adornaba su cuerpo.

Los ojos de la primordial, que parecían el universo mismo, vieron a Naruto con serenidad, notando que este no había bajado su cabeza.

Tal y como decía el relato.

Hades y Hefesto solo bajaron levemente la vista, antes de levantarla nuevamente, por la propia voluntad de la primordial.

"He sentido una presencia que no debería estar aquí, justamente como dictan las leyes dictadas entre Dioses, y creí que sería conveniente ver quién podría ser el causante de una guerra estúpida, pero divertida a fin de cuentas".

Naruto levantó la mano infantilmente, sonriendo como si fuese un niño curioso.

"Ese soy yo".

Caos flotó hasta estar frente al Lucifer, que la veía fijamente, con una tenue sonrisa.

"Aunque ya conozco tu razón para estar aquí, no recuerdo el fin de esto".

Él la miró como si fuese algo obvio.

"Mi espada murió con mi caída. Se hizo añicos cuando mi poder se redujo por dejar de ser un ángel, y solo aumentar mi energía oscura fue lo que me devolvió a la normalidad e incluso me hizo más fuerte".

Caos asintió. Hefesto no recordaba esa parte de la historia, justamente porque nunca le habían interesado mucho los demás panteones, y solo conocía sobre las principales figuras de autoridad y los más poderosos.

Hades era otro tema. Ella conocía sobre Naruto, justamente porque había oído que el primer ángel caído creó un mundo aparte que llamó "Inframundo".

La historia de Lilith, los diablos, los poderes y demás, fue algo que descubrió por Afrodita y lo curiosa, mejor dicho chismosa, que era.

Quitando claramente a Apolo, Hermes y, en ocasiones, Helios.

Miró a Naruto. Los ojos recién infantiles se volvieron serios, fríos como el mismo averno.

"Mi único fin es tomar el trono que me corresponde, aquél que mi padre debió darme e irse a descansar por la eternidad junto al resto de polvo estelar. Incluso podía irse con la Bestia del Apocalipsis si lo deseaba".

Caos estaba a la altura de Naruto solo porque flotaba. Aún así, Naruto la miró con tal soberbia que le pareció incluso superior a la del mismo Zeus.

Era obvio, porque Zeus habría agachado la cabeza ante ella, así como hicieron Hades y Hefesto recientemente, y solo su voluntad las levantó.

"… Aunque quisiera decirte que no me sorprende, me sorprende. No pudiste ni siquiera acercarte en tu caída, y no peleaste contra Miguel. ¿Qué te hace pensar que podrías ganar ahora?"

"Elohim ha asesinado a mis hermanos. Los creó nuevamente, pero no son ni una pestaña mía para compararse, y no tienen el libre albedrio que teníamos los demás. El único objetivo es Elohim".

Hades y Hefesto se sorprendieron levemente ante eso.

El Dios Bíblico, Elohim, Yahveh, entre otros, era retratado como un Dios benevolente, bondadoso y comprensible. No creerían que eliminara a sus hijos así como si nada.

Aunque a Hades esto solo le dio un leve recuerdo de su propio padre.

Cronos.

"Hm… aún así, Tártaro ha permitido que fabriquen esa dichosa espada en su lugar. Zeus debe estar con alguna humana, y el resto sigue en su mundo interno".

Unas pequeñas gemas salieron volando hacía Hefesto, que las agarró con cuidado al ver que iban hacía él.

Caos miró a Hefesto. Paso a Hades, y luego miró fijamente a Naruto.

"Te daré mi ayuda. Aunque no debería, estoy seguro que unos compañeros míos estarán agradecidos de que le des un descanso. Sin embargo, me debes un favor enorme por esto".

Naruto asintió, estirando su mano para que la Diosa primordial la tomé. Miró la mano, y luego a Naruto con una ceja alzada.

La tomó en un fuerte apretón, incluso si su mano era más pequeña que la de Naruto por su cuerpo.

No por nada ella representaba el universo en si. Su fuerza era superior a la de cualquier Dios que no esté a su altura.

"Esas gemas están hechas de mi poder y energía cósmica. Deberías ponerlas en el mango, o un lugar donde puedan absorber energía sin el riesgo a romperse por un choque".

Luego de eso, la Diosa les explicó sobre la energía cósmica, y sus beneficios así como desventajas.

Sin embargo, las desventajas eran fácilmente evitables. Era cuestión de hacer las cosas bien.

"Si la katana maneja tu energía, deberás buscar la manera de hacer que ambas funcionen. Hazlo desde aquí…"

Un dedo de la Diosa tocó la frente de Naruto, en su cerebro. La mano bajó, y se detuvo en su pecho, sobre su corazón.

"… Y aquí".

Los dos dioses griegos y el demonio sintieron que eran arrastrados hacía atrás.

…...

Cuando volvieron, Hefesto tenía una voluntad renovada.

Tomó cerca de 100 años hacer la katana, y 20 años de revisiones atómicas a la misma.

El estrés que tuvo esos años lo estaba por volver loco.

Ver átomo a átomo si la katana estaba bien, o rehacer nuevamente otra.

Finalmente, ante Naruto, Hades y Hefesto, estaba el arma más poderosa creada por el Dios Herrero.

Muchos nombres habían pasado por la mente de Naruto, teniendo en cuenta que él debía elegir el nombre de la misma.

Sin embargo, fue Hades quien le dio nombre a la creación de su sobrino.

"Astrum".

Estrella en Latín. Una sugerencia a su apodo, Estrella de la Mañana.

También era una sugerencia a la conexión con la energía cósmica, y su poder celestial oscuro.

Una espada demoníaca forjada en las profundidades del Tártaro por el propio Hefesto, dotada de grandes poderes oscuros y energía cósmica. Imbuida con una gran cantidad de poderes mágicos.

La desenvainó lentamente, viendo su reflejo en la hoja.

Una vez fuera, la miró con sumo cuidado.

El filo nunca se arruinó.

La hoja podía cortar cualquier cosa.

Había partido diamantes, planetas, núcleos, estrellas, y el mismo sol de otro sistema solar con la misma.

Nunca se arruinó.

Si Hefesto hubiese sido mujer, estaba seguro que lo hubiese hecho su esposa. De eso no tenía ninguna duda.

A su mente llegó la imagen de una mujer grande, unos 3 metros, golpeando con un martillo grande mientras hacía una espada.

Unas telas cubriendo sus senos, y una falda griega cubriendo debajo.

Un rostro femenino, sexy, que dejaría en ridículo a la misma Afrodita, y unos labios que seguro succionarían la mitad de su cara en un beso.

Unos senos del tamaño de 3 sandias, y…

Sintió unas manos tocar sus hombros, masajeando suavemente.

Envainó la katana y la hizo desaparecer en partículas moradas, antes de girarse para ver de reojo a Lilith.

Estaba despeinada, y parecía algo dormida. Sin embargo, estaba sonriendo.

"Estabas teniendo pensamientos lujuriosos~… No irás al campo sin darme mi premio de consuelo, ¿no?"

Incluso desarreglada y recién despierta, a Naruto le encantaba ver a Lilith.

La demonio tenía una belleza natural que lo encantaba. Un cuerpo digno de una diosa en la carne de la Reina del Inframundo, y emanaba sexualidad y juventud por todos sus poros, incluso si tenía miles y miles de años.

"Obviamente no. Zekram ya no molestará, así que en caso que yo muera y me sigan Belcebú, Leviatán y Asmodeus, tu quedas a cargo sobre Rizevim, junto a Runeas y Katerea. Son mis dos concubinas por tu pedido, así que se harán cargo".

Lilith solo asintió, viendo con leve cariño a su esposo.

Aunque era la lujuria encarnada, solo Naruto superaba su propia lujuria.

Aún así, podía contar las veces que ambos conectaron de verdad cuerpo, mente y alma, y no solo se revolcaron porque si, y no le sobrarían dedos.

"Al menos déjame tu recuerdo si vas a morir…"

Naruto entendió lo que quería decir.

Tomó su mano y le dio un beso. Empezó a subir por su brazo, hasta llegar a su hombro, acercándose a Lilith, y luego subiendo por el cuello de la misma, llegando a su mejilla.

Puso su mano en la mejilla de Lilith y la besó lento, mientras seguían ahí.

….

[Cielo]

Elohim estaba de pie, con los brazos cruzados.

Una proyección frente a el mostraba los campos de batalla, donde estaba perdiendo terreno ante la presencia repentina de su único nieto de sangre y el mayordomo del mismo.

En otro lado, veía a sus hijos caídos pelear contra los únicos descarriados que siguieron a Naruto con plena lealtad.

Asmodeus contra Kokabiel.

El demonio de la lujuria tomaba terreno rápidamente, abrumando al caído con aburrimiento.

Kokabiel, aunque poderoso, estaba atacando a matar, y Asmodeus estaba tranquilo y fresco como lechuga.

Aunque podía sentir el poder de Asmodeus subir mientras Kokabiel hacía lo mismo, para no quedarse atrás.

Azazel estaba del otro lado, peleando contra Leviatán a pleno. El aura de ambos estaba siendo liberada con algo de fuerza.

Entre Baraquiel y Penemue estaban peleando contra Belcebú, pero no le podían hacer ni cosquillas en la ropa.

Lo entendía, después de todo, él era quien estaba apenas detrás de Naruto en casi todo aspecto, menos en la inteligencia.

No por algo era el demonio de la gula.

Sus hijos estaban peleando contra los demás cadres y algunos grupos de diablos.

Sin embargo, no sentía a Naruto en ningún lado, así que supuso lo obvio.

Debía estar follando, o preparándose para salir.

Desplegó dos alas doradas de su espalda, y empezó a volar hacía abajo, atravesando las nubes del cielo para bajar lentamente hacia el campo.

Era hora de hacer salir a su hijo.