Las cosas en el Inframundo estaban muy movidas. Diablos y diablas vestidos de sirvientes estaban yendo de un lado para el otro, acomodando y preparando todo lo necesario para la reunión masiva que se daría en menos de unos minutos, por orden directa de Naruto.
Todos los diablos del Inframundo, sin importar si eran parte de los 72 pilares, súcubos, íncubos o simples diablos sin un apellido de renombre, debían estar en Lilith, la ciudad-país central de todo el Inframundo, al lado del territorio del Castillo Lucifer.
Para curiosidad, enojo y miedo de algunos, todos los Ángeles Caídos y los propios Ángeles estaban llegando a la reunión, guiados por los Cadres, los Arcángeles y los Serafines.
Estos, a su vez, eran escoltados por los Maou principales, más que nada para asegurar que no habría peleas estúpidas.
Naruto fue muy claro con su orden.
Era una reunión al aíre libre, en donde todos podrían ver y oír al Lucifer. Para curiosidad de los ángeles y caídos más poderosos, habían historiadores famosos de todas las razas, artistas, entre otros, que parecían listos para marcas está historia como una nueva parte de la biblia.
Pasada una media hora, con guardias de alto rango manteniendo el orden entre las facciones, y sin que falte ningún habitante sin justificación. Dicho caso sean de las personas en hospitales, o en condiciones que no les permitía estar ahí.
Había un escenario a varios metros de alto sobre ellos, con los Maou de pie al lado de una escalera que bajaba del imponente castillo detrás del mismo.
Miguel, Gabriel, Uriel, Rafael, Metatron, Sandalfón, Raguel, Raziel, Azrael y Ramiel. Todos ellos estaban al frente de todos los Ángeles, manteniendo la tranquilidad en todos. La mirada triste en los ojos de todos ellos era inevitable, pero los ángeles de los variados rangos no entendían porque.
Azazel, Shemhazai, Baraquiel, Penemue, Kokabiel, Armaros y Tamiel estaban frente a todos los caídos. Muchos estaban socializando con los diablos, y otros parecían organizar una fiesta con alegría pura.
Los diablos, por su parte, tenían frente a ellos a Sirzechs, Ajuka, Serafall, Falbium y Ruval, con todos los Lord y Lady detrás de ellos, y seguidos de los mismos el resto de pilares. Los diablos que no estaban entre estos, estaban detrás de los mismos, con muchos celebrando la vuelta de su rey.
Pasados unos cinco minutos, las puertas del Castillo se abrieron con un fuerte sonido. El silencio se hizo presente.
Un sonido de un zapato tocando el suelo fue suficiente para todos.
Desde el más débil al más fuerte, sin importar la raza, todos se hincaron en una rodilla, bajando la cabeza con respeto.
A pasos lentos y serenos, Naruto bajó por la escalera del castillo, viendo con tranquilidad a todos los presentes en el territorio de Lilith. Podía sentir que todos estaban arrodillados y con la cabeza baja, y eso lo hizo sonreír.
'Ni siquiera debo pedírselos'.
Detrás de el, Trihexa y Lilith bajaban flanqueando sus lados, y por el medio, tanto Runeas como Katerea los seguían.
Naruto lleva puesto un traje negro con un chaleco, y una camisa blanca abierta en la zona del pecho. El cuello de la camisa estaba abierto sobre el cuello del saco. Un collar dorado resaltó en su pecho, con el símbolo de Lucifer colgado de la fina cadena.
Un reloj de oro y pequeños diamantes estaba en su muñeca izquierda, con un anillo en el dedo anular de la misma mano, único símbolo de que debía estar casado. En su muñeca derecha lleva una pulsera de plata, y un anillo en los dedos índice y medio.
En el bolsillo del saco lleva un pañuelo blanco.
Las mujeres detrás de el tenían vestidos elegantes, con el correspondiente anillo y la argolla de matrimonio en su dedo anular izquierdo, a excepción de la misma Trihexa.
El vestido de Lilith es de un color lavanda, el cual llega hasta sus tobillos, y complementa bien con su cabello blanco y resalta sus ojos dorados.
El vestido de Katerea es de un color marrón, el cual realza su tono de piel y complementa la intensidad de sus ojos morados, ahora sin gafas. Dicho vestido le llega hasta la parte superior de las rodillas.
El vestido de Runeas es de un color negro, ayudando a resaltar la vibrante combinación de colores que son su cabello carmesí y sus ojos lavanda. Su vestido de igual forma le llega hasta una zona cercana a las rodillas.
Trihexa estaba igual que cuando se transformó. Una expresión serena y una sonrisa suave estaban en su rostro, como si fuese de la misma realeza.
Una vez llegó al final de la escalera, los Maou, a excepción de Leviatán, le dieron una reverencia a su hermano/líder. La Maou solo se paró al lado de Lilith, mientras su esposo se adelantaba para pararse cerca del final del escenario, con las manos en su espalda baja.
Sabía que estaban transmitiendo todo por círculos mágicos a la gente con condiciones que no les permitía estar, así que amplió su voz con magia.
"Pueden ponerse de pie".
A los pocos segundos, todos se habían levantado, y ahora lo veían desde abajo.
Un sentimiento de satisfacción invadió su cuerpo por eso.
"Comenzaré por lo principal. Dios ha muerto por mis manos, y me ha dejado el trono a mí".
Una exclamación de felicidad resonó entre los diablos y muchos caídos. Como solía ser costumbre, los poderes demoníacos y las lanzas de luz estallaron en el cielo, algo que hizo sonreír a Trihexa, que veía el espectáculo de luces como una niña.
Al minuto se detuvieron, ignorando magistralmente la tristeza que emanó de los ángeles.
"Como Rey de los Demonios, empezaré ordenando todo. Y cuando digo todo, es TODO".
Recalcó la palabra "Todo", algo que los hizo guardar silencio y escuchar atentamente.
Levantó su mano derecha en un puño. El primer dedo que asomó fue el pulgar.
"Primero. NO habrá diablo, caído ni ángel que pueda tener a alguien bajo su yugo. No habrá más esclavitud. Todo me pertenece, y solo yo puedo hacer y deshacer. Debajo de mí solo mis esposas, y el resto en el subsuelo. Tendrán que pedir permiso para acciones de cierta importancia, sea a mí o a mis esposas, los Maou, y la gente que yo designe".
Podía sentir la queja de muchos, pero no estaban listos para dar su palabra. No les convenía interrumpirlo.
Levantó su dedo índice.
"Segundo. Ya no se medirá el valor de nadie por su clase, sino por su poder y lealtad hacía su rey, antes de tomar en cuenta otras características".
Iba a avanzar al siguiente punto, pero se detuvo.
"Aunque no tengo porque explicarles esto, lo voy a hacer porque se que la inteligencia de muchos es bastante limitada".
Hubo miradas de vergüenza por eso, en particular de los que sintieron que les hablaban a ellos.
"La dichosa sangre pura no merece prestigio. Su sangre ni siquiera es tan pura como creen. La verdadera sangre pura es la de los demonios. Lilith, Leviatán, Belcebú, Asmodeus y yo, Naruto Lucifer, y nuestra descendencia. Los que descienden de nosotros son la Élite, la sangre más pura de todas".
Hasta los Arcángeles y Serafines entendieron eso. Los diablos solo eran una minúscula parte de la sangre original de su hermano demoníaco, y el resto de los ángeles y caídos no eran "Sangre Pura".
La sangre más pura de todos estaba personificada en los más fuertes de sus facciones.
Naruto levantó el dedo medio.
"Tercero. Entre los diablos, todas esas influencias y alianzas serán descartadas. Tendrán que volver a hacerse su nombre sin depender de otros, y demostrar lo que ya he mencionado antes".
Muchos Lord asintieron ante eso, y otros suspiraron con resignación. Los menos preocupados eran los líderes de los clanes cuyos hijos ganaron renombre por algunas acciones en la reciente guerra, y ahora deberían aumentar todo al doble o triple incluso.
Ahora, Naruto levantó cuatro dedos, bajando el pulgar y levantando desde el índice al meñique.
"Cuarto. No habrá consejos de ancianos o estupideces así. El poder político es todo mío y de mi gente de confianza, no de vejetes que ya no tienen erecciones sin magia".
Hubo muchas risas por lo último, pero cesaron al instante que tenía los cinco dedos levantados.
"Quinto. En caso de querer tener sirvientes, estos se contratarán si ellos quieren, con un salario bien pagado y al menos unos días de descanso cuando el mismo lo pida o cuando tenga problemas que resolver. Incluso así, les voy a recordar otra vez que NO se permite la discriminación, porque todos ustedes a partir de hoy y hasta que el universo explote son del mismo rango, y ninguno es superior".
Para sorpresa de casi todos, levantó la otra mano, ahora con el dedo índice como primero.
"Sexto. Conectaré el Inframundo, Grigori y el Cielo, cada uno en su propia dimensión, mediante portales en distintos puntos de las mismas, para que puedan vagar donde quieran. Estos van a ser supervisados por mis sirvientes más leales, que estarán bajo mi protección".
Eso era un pase directo a crear una guerra directa, para muchos, un movimiento estúpido. Sin embargo, no dijeron nada porque Naruto levantó otro dedo, listo para recalcar otro punto.
"Séptimo. Como la paciencia es una de mis virtudes, curiosamente, me tomaré la misma para crear un espacio único donde irán los rebeldes que se atrevan a causar el mas leve indicio de discriminación o batalla sin mi permiso. Lo mismo si hay una falla provocada a propósito en los portales, como ataques mediante los mismos".
Movió su mano derecha y, para miedo de todos, se mostró lo que Naruto tenía planeado.
Un páramo lleno de fuego, ogros de más de 2 o 3 metros, musculosos y obesos, algunos vestidos y otros desnudos, otros con armas y otros con garras capaces de desgarrar un cuerpo en cinco pedazos de un zarpazo.
"El Purgatorio. Antes de ser enviados ahí, su alma será separada de su cuerpo físico y sufrirá un tormento eterno de ser necesario, hasta que se arrepienta de querer alterar todo".
Aunque querían estar en contra, Miguel y Metatron, dos de los tres ángeles más poderosos, sabían que su padre había pensado algo similar para pecadores como lo eran los violadores, adoradores de su hermano, pedófilos, entre otros crímenes imperdonables.
Era el castigo adecuado para muchos, y si eso traía calma, así sea falsa, serviría hasta que se provoque una unión verdadera.
Con un movimiento de su mano, Naruto sacó la proyección y estiró sus manos al lado de su cuerpo.
"Mi único fin es juntar a las tres facciones bíblicas, y que seamos lo que debimos ser desde el principio. Los más poderosos del mundo, y que mantienen la paz en todo el universo".
Naruto empezó a levantar levemente su brazo derecho.
"Juntos, alcanzaremos la Era de Oro del Panteón Bíblico. ¿Están de mi lado?"
Lento pero seguro, todos fueron levantando su brazo como lo hacía Naruto.
En menos de 10 segundos, todos tenían su brazo estirado y levantado a una altura superior a la de su hombro, al igual que Naruto.
"¡Pro gloria Naruto Luciferi, pro anima nostra, spiritu et corde, juramus honorem regi!"
"¡Salutate ad victoriam!"
"¡Vivat Naruto Lucifer!"
Por segunda vez, los poderes de todos estallaron en el aíre, festejando finalmente la llegada del nuevo Rey de todos.
Naruto bajó su brazo y se giró para ver a sus esposas, y sus hermanos. Rizevim se paró al lado de Belcebú, que estaba sereno, con una leve sonrisa.
"Mi trono está esperando. Organizaré las cosas en este tiempo, y luego podrán hacer lo que quieran de su vida".
Belcebú y Asmodeus asintieron, sabiendo que eso fue parte de un trato que hicieron.
Si completaban su plan, estarían aún ligados a Naruto, pero tendrían más libertades, así como en el Inframundo. Trabajarían en lo que debían, y ayudarían cuando les correspondía.
Naruto desplegó sus alas, y empezó a volar, sin importarle los poderes que ni siquiera lo tocaban, si no que rebotan y estallaban contra otro poder que pasaba por su lugar.
Trihexa empezó a flotar cerca de el, siendo la única que podía seguirlo, ya que el resto aún eran demonios y no podían entrar en el Cielo sin permiso.
Los Arcángeles y Serafines fueron llevados junto a los Cadres por los Maou y las esposas de Naruto al interior del castillo, donde discutirían lo que faltaba con ellos.
Claramente, una distracción para que no molesten con el lugar de Dios.
…...
[Cielo – Séptimo Piso]
Naruto subió por las nubes lentamente, antes de guardar sus alas y caminar por las mismas. Miró el trono que pertenecía a su padre.
"… Que aburrido se ve. Nada extravagante".
Una escalera guiaba el camino hacía un trono de plata ubicado sobre nubes doradas. Dicho trono no tenía nada más que eso, era como sentarse en una silla con reposabrazos.
Trihexa, que estaba detrás de el, asintió.
"Lo modificaré luego".
La mujer del Apocalipsis se quedó bajo las escaleras, y Naruto subió lentamente hasta el trono, sintiendo que el camino se abría ante el.
Podía recordar el día que quiso subir para abrazar a su padre, pero el mismo trono lo rechazó.
Lo había empujado para atrás, y su padre se disculpó, puesto que el trono no permitía eso.
Ahora le importaba una mierda.
Ahora, este era su Cielo.
Se sentó en el trono lentamente. Inclinó su cuerpo hacía la derecha, apoyando el codo derecho en el reposabrazos, y su puño en su mejilla del mismo lado.
Sus piernas estaban abiertas, expandiendo su cuerpo en todo el lugar sin problema.
Trihexa empezó a subir, sintiendo que podía pasar sin problema. Naruto miró eso y sonrió.
Ahora era su voluntad, y haría lo que se le pase por la cabeza todo el rato.
Una vez llegó al trono, se sentó en la entrepierna de Naruto, meneando un poco sus caderas mientras se apoyaba contra el, dejando su cabeza en el hombro izquierdo del mismo. Usó su mano para acariciar su pierna derecha, subiendo y bajando hasta la cintura del mismo.
"Supongo que ahora puedo decirte… Dominador Celestial".
Naruto sonrió, poniendo su mano izquierda en el estómago de Trihexa, que lo miró con una expresión digna de la mujer más seductora de todas.
Le había sorprendido que haya tomado la personalidad de Lilith y de la Afrodita en sus recuerdos, de aquella mujer insatisfecha con los miembros de los griegos, que buscaba consuelo en el sexo, y había cambiado para bien gracias a el.
Tal vez eso fue el que lo llevó a cambiar.
Que incluso sin quererlo, terminaba ayudando a muchos.
Solo suspiró. Se acomodó nuevamente, expandiendo su poder por todo el séptimo piso, antes de hacerlo bajar para bajar por todos.
Tenía mucho trabajo que hacer.
