Para Naruto, la imaginación era un poder que se les otorgaba a todos los seres vivos, sin importar si era Dios, humano, monstruo, etcétera.
Un poder que dejaba en ridículo a muchos otros tipos de magia, y más aún si tu mente no paraba de maquinar en todo el día.
Cuando creó el Inframundo, no pensó en hacer algo similar al Cielo, con diferentes pisos para "castigar" gente, o algo como lo era actualmente el Inframundo griego, con divisiones entre los campos Elíseos, el Tártaro, y lo demás.
Uso de referencia al Planeta Tierra, con el mismo diámetro, tamaño, y todo aquello relacionado a la medición y la gravedad.
Lo único que cambió fue que no había océanos ni nada de tal tamaño, solo lagunas y ríos. El resto era tierra, gran parte de esta bastante fértil.
Ahora mismo, flotando en plena oscuridad, estaba maquinando como crear El Purgatorio.
La idea que demostró a todo el panteón era solo una proyección de lo que pensó en ese momento, pero quería hacer algo distinto.
Sus manos brillaron en un aura dorada. Las levantó y las juntó frente a el, chocando las palmas.
Cerró sus ojos, expulsando poco a poco más poder.
'Altura, profundidad, ancho y tiempo… perfecto'.
Lentamente, un aura dorada con tintes oscuros se expandió.
Un minuto después, Naruto abrió sus ojos y bajó sus manos. Una sonrisa se expandió en su rostro, viendo lo que había creado.
Un cielo totalmente rojo. Muchas tormentas estaban ocurriendo en distintos lugares a la vez, y el aíre que se respira es muy tóxico. Dañaría los pulmones de cualquiera que lo inhale solo una vez.
El tiempo estaba pasando bastante rápido, y las tormentas desaparecieron. Ahora, hacía un calor infernal, tal vez de una temperatura cercana a la del sol.
Al minuto, la temperatura cambió. Un frío increíblemente helado, de muchos grados bajo cero, con el mismo viento siendo congelado, ahora presente.
Levantó nuevamente sus manos, creando distintas esferas en las mismas. El color rojo, gris, negro y dorado destellaban en las esferas, variando entre todas.
Flotaron hasta varios metros frente a el, y brillaron con fuerza, antes de tomar una forma humana, y crecer a una más monstruosa.
Unos segundos después, las criaturas, siendo como Naruto había dicho, ogros de dos a tres metros, entre musculoso y obesos, algunos con togas oscuras cubriendo su intimidad, y otros desnudos.
Debido a que fueron creados por el, soportarían las condiciones del lugar, sean quemaduras, heladas, gases tóxicos, etcétera.
No los hacía inmortales, más allá del tiempo y el lugar. Claramente podrían morir.
Se pusieron en una rodilla, sin notar que estaban repentinamente en el suelo junto a Naruto, de pie frente a ellos.
"Ustedes, hijos míos, estarán a cargo de castigar a todo tipo de ser que sea enviado aquí. En caso de que alguien quiera invadir este lugar, yo les diré si deben ponerlo a prueba o no".
Distintos tipos de armas cayeron frente a los ogros, que las vieron, mientras Naruto estaba satisfecho con las mismas.
Armas para asesinar, y para torturar.
"Tomen lo que necesiten. A medida que pase el tiempo, más de ustedes nacerán sin necesidad de reproducirse. Ante cualquier problema, he creado portales al Cielo, Grigori o el Inframundo, donde solo pasarán si en verdad tienen algo por lo que salir de aquí".
"¡Como ordene, padre!"
No le dio importancia a eso. Asintió con una leve sonrisa y empezó a flotar, poniendo sus manos juntas en su espalda baja, antes de emprender vuelo hacía arriba.
Se detuvo a mitad de camino y cerró sus ojos, antes de chasquear los dedos.
En otros destellos de distinto color, algunos diablos y caídos aparecieron, poniéndose en una rodilla frente a su padre/rey.
"Ustedes protegerán los portales. Cualquier mínimo problema me avisan, y puede que venga a encargarme yo, o alguien de confianza. Tienen mi propia confianza para este trabajo de suma importancia, no me decepcionen".
"¡No se preocupe, Lord Naruto! ¡Cumpliremos nuestro deber con nuestra propia vida!"
En un borrón, todos fueron divididos en distintos lugares del Purgatorio, en donde estaban los portales.
Un portal se abrió detrás de Naruto, por el cual pasó, saliendo del nuevo mundo que había creado.
…..
[Cielo – Séptimo Piso]
Naruto salió por el portal, sonriendo ante las modificaciones que hicieron Trihexa, Lilith y Leviatán.
Su trono ahora estaba tallado en obsidiana negra, con incrustaciones de rubíes rojos intensos y zafiros azules a lo largo de los apoyabrazos y la parte trasera del trono.
En los mismos apoyabrazos están tallados distintos diseños de estrellas en el universo, algo que encaja con el color negro de la obsidiana, y en la parte trasera se encontraba tallado un diseño de alas de ángeles entrelazadas con llamas del averno.
Habían propuesto el uso de Obsidiana por su color negro intenso y la superficie reflectante, y porque daba una apariencia imponente y un simbolismo con la oscuridad y lo misterioso.
Los rubíes y los zafiros eran para representar su dualidad entre su lado como ángel y su lado demoníaco. El rubí de color rojo intenso para reflejar la pasión y el fuego demoníaco, y el zafiro azul para algo más celestial.
El diseño de las estrellas era por sus apodos, como Estrella de la Mañana, Lucero, entre otros.
La escalera que guiaba hacía su trono seguía hecha de mármol, y su trono estaba flotando sobre nubes doradas.
Todo el paisaje del Séptimo Piso fue cambiado al de un amplio cielo, con lo que parecía ser el cielo del mismo, representando el universo.
Todo el suelo era blanco por las nubes que hacían de Cielo en el sexto piso, pero tenía distintos caminos que despejaban las nubes, en los que parecería que caminabas por el aíre.
Naruto caminó y se paró al borde de las escaleras. Levantó sus manos, y el poder emanó de las mismas.
Sentía que algo le faltaba para terminar, y ya sabía que.
En dos potentes luces blancas, dos figuras hechas de mármol se formaron, ubicándose a los lados del inicio de la escalera, sin interrumpir el paso.
Una de ellas era Elohim, tal y como estaba en el momento de su reencuentro con Naruto.
La otra era Satanás, tal y como Naruto lo recordaba. Piel totalmente negra y quemada, con un físico de músculos atléticos pero tan delgado que se veían sus huesos, y un rostro sin piel, con sus dientes visibles. Ojos de color rojo en su totalidad, y cuatro cuernos en la cabeza, con dos más largos y puntiagudos, y otros dos más cortos y doblados.
Asintió satisfecho y subió la escalera. Se sentó, notando que habían hecho una tela del mismo color de la obsidiana, la cual brindaba comodidad a su espalda y al asiento.
Abrió sus piernas, tiró su cuerpo hacía el respaldo, apoyó su codo en el apoyabrazos, y su dedo índice en su sien.
Una luz brilló bajó su trono, de la cual salió Gabriel, aún vestida de la forma casi desnuda en la cual andaba siempre. No entendía como su padre la dejaba así.
Ella miró a su hermano, que la veía con serenidad y la típica soberbia de sus ojos. Gabriel se mantuvo serena, aún procesando los viejos recuerdos que había recuperado.
"¿Por qué te vistes así, Gabriel? Pareces una prostituta".
Un chasquido de dedos.
Solo eso fue necesario de parte de Naruto para cambiar a Gabriel.
Ahora, un vestido blanco cubría su cuerpo, revelando bastante escote de igual forma, pero con menos obscenidad que sólo ropa interior. En las piernas había dos aberturas que dejaban ver sus piernas, pero la parte que cubría su entrepierna bajaba hasta sus tobillos, al igual que lo que cubre el exterior de sus piernas y el trasero.
Su cabello fluye por su espalda, bajando hasta cerca de sus rodillas. Sus ojos se volvieron azules, tal y como los tenía antes de que Elohim la elimine.
Un collar dorado se formó en su cuello, con una gema verde que bajaba hasta su pecho con las finas cadenas que conformaban el collar.
Gabriel miró su nueva apariencia, sonriendo con mucha felicidad por volver a ser como era.
Hizo una reverencia hacía su hermano y rey, que levantó su mano libre y le hizo un ademán para que suba.
Gabriel hizo caso, acercándose lentamente a su hermano, ignorante de como este miraba con muy disimulada lujuria el balanceo de caderas que hacía inconscientemente al subir, además del movimiento de sus senos.
'Si algo has hecho bien, padre, es darle ese cuerpo. Joder, hasta Afrodita sentiría envidia de esos senos'.
Ahora entendía porque el apodo del Ángel más bello del cielo.
Sin embargo, el siempre sería…
El Ángel Más Bello de Dios.
"Eh… No se como debería llamarte…"
El Lucifer suspiró. No les había ordenado que lo llamen hermano, rey, padre o algo así.
Naruto sonrió, viendo a los ojos a su hermana menor.
"A ti te daré el honor de llamarme como gustes, querida".
Estiró su mano libre, y Gabriel entendió lo que quería. Ella tomó la mano de Naruto, que la atrajo suavemente hacía el, sin notar incomodidad o algo en ella.
Lento pero seguro, Gabriel se sentó en el medio de las piernas de su hermano, ignorando que su trasero estaba apegado a la entrepierna de Naruto, que tenía una fina e indescifrable sonrisa.
Abrazó la cintura de Gabriel, apegándola más a el, algo a lo que ella no se negó, sintiendo reconfortante el calor que la invadía por el cuerpo de su hermano, ahora su rey.
Un leve recuerdo pasó por su cabeza.
….
Edén, años antes de la creación de Lilith.
Gabriel estaba paseando por el jardín, sonriendo cálidamente a los animales a su alrededor, que estaban encantados con su presencia.
Miró a un árbol, sintiendo que alguien estaba ahí, y no era Adán. Caminó junto a los animales, viendo finalmente quién era.
Su hermano mayor, Naruto Lucifer, vestido solo con una toga blanca que cubría la mitad de su torso y sus piernas hasta las rodillas, con un cinturón dorado que mantenía dicha toga sin caerse o soltarse.
Los aretes dorados en sus orejas y las distintas piedras en su toga resaltaban quien era, porque nadie más vestía así en todo el cielo.
Naruto estaba acostado debajo de un árbol, con las manos juntas detrás de su cabeza. Sus ojos estaban cerrados, y su pecho subía y bajaba con su respiración.
Aún le parecía curioso que respire, teniendo en cuenta que ellos no necesitaban respirar para vivir, como los ángeles poderosos que eran.
El resto si necesitaba, curiosamente.
Los animales la dejaron para acercarse a Naruto. Unos zorros se acercaron a lamer su rostro, algo que lo despertó. Sus ojos rojos se abrieron, resaltando como dos rubíes.
Miró a los zorros, que se movían alegres ante su presencia. Una suave, amable y verdadera sonrisa se expandió en su rostro, antes de acariciar la cabeza de los dos zorros con cariño, que parecieron relajarse totalmente ante su toque.
Otros animales se acercaron y buscaron las caricias del Lucifer, que con total serenidad y amabilidad acarició el pelaje de aquellos animales a su alrededor, sin borrar esa sonrisa de su rostro.
Gabriel se acercó una vez que los animales se movieron y se recostaron a lo largo del árbol, dejando libre a Naruto.
"Hermano Naruto…"
Él le sonrió cálidamente a Gabriel, que sintió su corazón latir con mucha fuerza en su pecho. Sus mejillas estaban algo rojas cuando su hermano estiró su mano hacía ella, que la tomó con cuidado.
Como Naruto estaba sentado, Gabriel se acercó a el y se sentó en medio de sus piernas, con la espalda recostada contra su pecho. Su hermano abrazaba su cintura con cuidado, brindándole un calor que ni la presencia de su padre emanaba.
"¿Cómo estás, querida Gabriel?"
Ahí estaba.
Al principio le solía llamar hermana, antes que su relación sea siquiera existente más allá de ser creados por el mismo padre.
Con los siglos pasando como un parpadeo, se habían vuelto hermanos que se adoraban con el alma, y se protegían el uno al otro.
Aunque ella era mucho más débil que Naruto, cuyo poder crecía con cada segundo que pasaba, y no buscaba pelear nunca.
Al contrario, incluso si entrenaba en ocasiones, solo había peleado contra un dragón extraño que residía en la Brecha Dimensional, y lo había vencido con una demostración magistral de su espada.
"Estoy bien. Creía que estabas con padre, organizando la próxima reunión con los otros dioses principales".
Cada tantos milenios se juntaban los dioses de cada panteón, o al menos los que no estaban en conflicto, y hacían una reunión en la que bebían, hablaban de su actualidad, bailaban, etcétera.
Una fiesta entre Dioses, mayormente aburrida para ella.
Tal vez porque los bíblicos eran los únicos que no bebían ni hacían algo, y se quedaba en el Cielo con su hermano mayor, paseando por todos los pisos del Cielo y el Edén, tomados de la mano y sonriendo.
Naruto era otro que no iba, puesto que la última vez casi entran en conflicto con los Griegos, ya que Naruto había estado hablando amistosamente con Hera, la Diosa del matrimonio y la Reina del Olimpo, y dicho acto causó los celos de Zeus, que amenazó a Naruto con querer robarse su esposa, y a Hera le reclamó el que supuestamente sería infiel al mismo Rey del Olimpo.
Claramente, a su hermano le importó poco, y solo le sonrió, antes de llamarlo hipócrita, incoherente y decepción.
Habrían peleado de no ser porque tanto Elohim y Miguel como Hades y Poseidón detuvieron a ambos, aunque solo detuvieron a Zeus, puesto que Naruto solo iba a esperar el ataque y contraatacar en respuesta.
"Padre dijo que, como no voy a ir, podía descansar por este tiempo".
Gabriel se acurrucó más contra Naruto, que sonrió al sentir el olor a flores y pureza de la rubia.
"¿Puedo quedarme contigo?"
Naruto besó la cabeza de Gabriel, antes de acostarse en el suelo, con Gabriel girándose para acostar su cabeza en el pecho de su hermano.
"Siempre tendrás un lugar conmigo, Gabriel".
Ella sonrió, rodeando el torso de su hermano con sus brazos, mientras el la abrazaba de la cintura con un brazo, y usaba su mano libre para acariciar la mano de Gabriel que reposaba en el pectoral del mismo.
"Te amo, hermano".
Naruto sonrió, cerrando los ojos lentamente, recostándose por completo en el pasto bajo el árbol.
"Y yo a ti, mi querida Gabriel".
Ambos se habían dormido al poco tiempo, disfrutando del calor de ambos, ignorantes de cuanto tiempo pasaba o si sucedía algo en el Cielo.
Solo estaban ellos dos, y nadie más.
…...
Una leve lágrima bajo del ojo izquierdo de Gabriel, que se giró para abrazar a Naruto, que la dejó llorar en su hombro.
La única forma de liberarse de sus sentimientos sobrecargados ahora.
"¿Por qué padre nos haría eso? ¿Por qué tuviste que irte?"
Entre sollozos, Gabriel sentía que se cerraba su garganta, mientras las lágrimas salían con más fuerza de sus ojos.
Naruto frotó la espalda de Gabriel, apegándola más a el para que sienta el calor natural de su cuerpo.
"¿P-por qué ~sniff~ por qué me dejaste?"
El Lucifer solo siguió consolando a Gabriel, viendo hacia debajo de la escalera, que estaba Lilith viéndolo con una sonrisa divertida.
Podía leer los pensamientos de su esposa, y solo sonrió levemente, antes que Lilith salga caminando de forma silenciosa hasta detrás del trono para volver a la habitación.
Acarició la cabeza de Gabriel, masajeando con sus dedos los largos cabellos rubios de la misma, que no parecía calmarse con nada.
Suspiró levemente, sabiendo que esto sería para un largo rato.
