[Cielo – Entrada]

Sentado en el borde de las nubes, Miguel miró hacía la tierra con serenidad, respirando de forma consciente el aíre purificado del Cielo.

Podía ver a los humanos rezar, no importa si era al muerto Elohim o otros dioses de los demás panteones.

Sabía que ahora los rezos llegaban a su hermano mayor… menor…

Ya no sabía siquiera como decirle.

Recuperar los recuerdos borrados fue algo que le había dejado un pequeño shock por los siguientes días, y hace poco se había recuperado por completo.

Había cambiado su apariencia, y volvió a ser el arcángel que era. Rubio, ojos azules serios, facciones un poco más masculinas, y una toga blanca cubriendo su cuerpo hasta sus rodillas, dejando al descubierto parte de su torso.

Aún sentía el dolor en el pecho por recordar que su propio Padre lo eliminó y solo dejó algunos recuerdos mezclados con los de su yo más… infantil.

Levantó su mano y la miró. Ahí estaba una cicatriz vieja, hecha por su propio hermano, Naruto, cuando estaban entrenando en el vacío hace eones.

Por un mal movimiento suyo, Naruto terminó atravesando su mano con su lanza, y aunque la retiró al instante y se acercó a sanarlo, el se dejó la cicatriz.

Una leve sonrisa se formó en su rostro.

"Tengo que ir a esa reunión…"

Se levantó del lugar. Un círculo mágico se formó bajo sus pies, y fue consumido por el mismo antes de desaparecer.

….

En el Séptimo Piso, los Arcángeles aparecieron en una rodilla, incluida Gabriel y Miguel.

Naruto los miró, levantándose del trono y bajando hasta el final de la escalera con lentitud.

Claramente notó que Miguel volvió a su apariencia anterior, y el resto seguía igual, a excepción de Gabriel que estaba tal y como la dejó cuando vino a él.

"¿Han procesado bien sus recuerdos?"

A excepción de Gabriel, Miguel, Azrael y Metatron, el resto negó. Aún era visible la duda y la confusión en su mirada.

Naruto asintió lentamente. Dejó colgando sus manos a sus lados, y miró uno por uno fijamente, algo que los puso nerviosos.

"¿Alguna pregunta?"

Rafael levantó la mano. Naruto lo miró, notando que su apariencia era igual que siempre. Cabello rubio pálido, ojos verdes, físico atlético bajo la toga blanca que solo dejaba descubierto su pecho y su abdomen, ya que sus piernas tenían unas botas doradas que cubrían hasta debajo de sus rodillas.

"Habla".

"¿Cómo… supiste que algún día buscaremos la forma de derrocar a padre, o al menos calmar los actos que estaba cometiendo? El hermano Miguel nos habló sobre tus palabras el día de tu caída".

Naruto miró a Miguel con una leve sonrisa, antes de volver a ver a su hermano menor.

"Yo no soy tan malo, y padre no es tan bueno. Todos cometen actos impulsivos, muchas veces guiados por el enojo o el deseo de venganza. Además, ningún Dios es bueno en absoluto".

Uriel levantó la mano. Naruto le dio un asentimiento, dándole un leve vistazo a su apariencia.

Cabello de un rubio algo oscuro, ojos amarillos, y un físico atlético promedio. Luego, solo la típica toga que usaban los demás.

"Disculpa, pero no comprendo el significado de tus palabras…"

Naruto lo miró fijamente por unos segundos, ignorando que el mismo Uriel se removió levemente, antes de hablar.

"Los dioses no son tan benevolentes como les dicen. La gran mayoría vela por si mismos, algo que no crítico, pero Padre era bastante hipócrita al creerse mejor que los demás solo porque se transformó en una blanca paloma embarazó una joven árabe de la que salió un Semidiós blanco".

Todos se pusieron a procesar las palabras de Naruto ante los ojos del mismo, que suspiró al notar que, incluso luego de lo sucedido, sigan confiando tanto en Elohim.

Sin embargo, los dejó pensar por el próximo minuto.

'Aunque esa es la forma menos… estúpida que he oído. Zeus se transformó en lluvia dorada, Poseidón en agua de río…'

Un gruñido en forma de risa salió de su garganta, antes de notar que todos sus hermanos habían despertado de su trance.

"Como les he dicho en la otra reunión, ustedes serán los soldados de mayor rango de todos. Su poder y experiencia no la tiene nadie más que los dioses, Belcebú y yo. Se encargaran de entrenar a los ángeles para la batalla, o de colaborar en otras áreas del ejército".

Pensar en política aburría a Naruto desde que cayó del Cielo. No le iba a dar poder político a nadie, y en el realmente extraño caso que necesite una segunda opinión, simplemente se clonaría y lo discutiría con un "Naruto Lucifer" de distinto pensamiento.

Así había sido antes que Belcebú se aprenda al derecho y al revés todo lo relacionado a política, y ahora sería básicamente el investigador, científico y demás del panteón.

Naruto miró a uno de sus hermanos, que estaba mirándolo con serenidad.

"Rafael".

La mirada sería de Naruto lo hizo enderezarse.

"Trabajarás en el sector de investigación, sea científica, médica, o de cualquier caso que lo requiera".

"Cumpliré mi deber con gusto, her… mi Lord".

Naruto sonrió ante el leve desvío de Rafael. Estaba por llamarlo hermano.

Tras unos minutos, todos recibieron sus órdenes a cumplir.

Miguel seguiría siendo el líder del ejército, y se encargaría de brindar entrenamientos que forjen a la mayor defensa y ofensiva del Universo.

Uriel se encargaría de entrenar la mente de todos, teniendo en cuenta que fue creado por su padre como un asociado a la sabiduría, la iluminación y la claridad mental. Junto a el trabajaría Raziel, que haría el siguiente nivel de entrenamiento al estar más asociado al conocimiento oculto y la sabiduría divina.

Raguel tenía el trabajo de vigilar que todo vaya bien, y no haya descarriados entre los ángeles. Aunque Naruto podía saberlo, aún no tenía dominio total del Cielo.

Ramiel, que era asociado a la misericordia divina y la revelación de los secretos de Dios, trabajaría junto a Metatron para la correcta mediación entre Naruto y la humanidad. De igual forma, Metatron seguiría siendo un guía espiritual, protector, y quién tomaría registro de las acciones humanas.

Sandalfon, considerado uno de los Arcángeles más altos por los judíos, asociado a la oración y la música celestial, fue el único al que Naruto no sabía que trabajo darle.

Al final, lo dejó como futuro animador de eventos que se organicen, sea en cualquier territorio de las razas presentes en el panteón, o los que involucren a todos.

Azrael seguiría encargándose de las almas, esta vez en todo el panteón. Se encargaría de enviar a los que debían al purgatorio, y el resto limpiaría su alma y espíritu antes de la reencarnación, sea como humano o como algún sobrenatural.

No sería la primera vez que pasa algo así.

Gabriel sería la mensajera para cosas importantes, en este caso, de cualquier orden o deseo de Naruto, además de sucesos importantes en el panteón, y en el mundo sobrenatural o humano.

Todos trabajarían junto a los Cadres de Grigori, y cualquiera que ofrezca su trabajo en alguna área.

…..

[Monte Olimpo]

Hera estaba molesta.

No, molesta era poco. Estaba furiosa, llena de asco y repulsión.

Nuevamente, y para su nula sorpresa, Zeus se había fugado del Olimpo para cazar su nueva presa. Dicho sea, el ángel más bello del cielo, Gabriel.

Solo la noticia de que murió Elohim fue suficiente para que el Rey del Olimpo quisiera partir a cumplir su objetivo desde que vio por primera vez a la hija preferida del Dios bíblico.

Hace milenios, sino unos pocos eones que había sido profanada por su hermano menor, razón por la que tuvo que casarse con el.

Lo hubiese aceptado, si no fuese porque Zeus no podía mantenerlo dentro de su toga, y para colmo, ni siquiera se dignaba a tocarla a ella.

Habían tenido a Ares, Hebe, Ilitia y Hefesto, antes que deje de tocarla incluso con la ropa puesta.

Se miró en su espejo, con molestia pura en su rostro.

Su cabello castaño estaba recogido de forma elegante, con un adorno de oro en el mismo. Sus ojos color miel brillaban, incluso si estaban levemente oscurecidos por la sombra que se formaba culpa del sol entrando por su ventana.

Sus labios estaban pintados de un color morado oscuro, que solo resaltaba el tamaño de estos, y que contrastaba con su piel lechosa.

Un largo vestido blanco cubre su cuerpo, con una toga morada que baja de su hombro derecho hasta sus caderas, y también está enrollada en el antebrazo.

Las joyas de oro y gemas preciosas en sus brazos y piernas, enganchadas a un adorno dorado que pasaba por el valle de sus senos y debajo de los mismos, marcando a través del vestido que no usaba sostén y, aún así, se mantenían firmes.

No podía entender que veía Zeus en tantas mortales como para que no se le pase por la cabeza el estar con ella, una diosa no menos.

Estaba cansada de tantas infidelidades, y ya se había cansado de llorar y enojarse por eso. Había hecho demasiado mal castigando por su molestia a los hijos, hijas y amantes de Zeus, cuando la gran cantidad de culpa recaía en él.

Ni siquiera los hombres se atrevían a cortejarla, aún si ella se negase por no poder ser infiel debido a su dominio.

No se había enamorado nunca, y el único tipo de amor que sintió fue familiar, y el de una madre a sus hijos.

Hestia, Hebe, Hades, Ilitia, y su madre, Rea.

Había arruinado mucho su relación con Hefesto cuando lo maltrató por ser feo y cojo, y con Ares… Nunca tuvo relación.

Con el resto de sus hermanas y hermanos, la relación era casi nula, más allá de sus puestos como los 12 Dioses Olímpicos.

Podía decir que tenía mejor relación con Afrodita, que con Deméter y Poseidón.

No se odiaban, pero cada uno vivía en su mundo interno, y la historia del todos estaba llena de discordia.

No recordaba tener un momento de paz.

Miró su reflejo nuevamente. Chasqueó la lengua y se levantó, caminando hasta su cama, en la que entrarían unas 3 a 4 personas, y se acostó boca arriba.

El silencio reinó en su templo. Solo ella podía oír su respiración, y mirar su techo de mármol, sin alguna emoción en el rostro.

Empezó a pensar en todo el tiempo que había vivido, fuera de su época en el estómago de Cronos, y de las distintas discordias en el Olimpo.

Cerró sus ojos, y su cerebro empezó a maquinar.

…….

Una de las tantas reuniones de Dioses, y la primer reunión de los Olímpicos ahí, tras muchos años luego de la guerra contra los titanes.

Hefesto estaba bebiendo con los nórdicos algo de hidromiel, oyendo historias de batallas e intercambiando algunos consejos de herrería.

Poseidón estaba junto a Anfitrite, Susano'o, Ryûjin, Rán y Varuna, en una reunión extraña de Dioses relacionados al mar, las tormentas y dominios relacionados.

Hades estaba junto a Hel, Anubis, Yama y, curiosamente, Izanami. Todos representantes del Inframundo, o algo relacionado a los muertos en su panteón.

El resto de Olímpicos estaba dividido, todos con los dioses con los que compartían dominios o estaban relacionados, o algunos que mantenían una estrecha relación.

Hera, la Reina del Olimpo, estaba sentada sola en un trono de mármol, mientras Zeus, el Rey del Olimpo y su esposo, se dedicaba a coquetear con otras deidades femeninas, aunque muchas lo estaban rechazando de forma bastante directa.

Sus ojos como la miel observaron el bullicio de los asistentes con una mezcla de desdén y melancolía.

La reunión estaba aburrida, al menos para ella. Había estado sin dictar palabra alguna por horas, tomando algo de vino sin problema, pues el alcohol en el lugar estaba fabricado para emborrachar al más sobrio de los Dioses.

De repente, una presencia serena pero imponente tocó sus sentidos. Sus ojos se desviaron hacía dicha persona, que estaba por pasar cerca de su trono.

Cabello blanco peinado hacía atrás de forma perfecta, con un mechón cayendo por su frente hasta su ceja. Ojos rojos como rubí bastante serenos. Los aretes de oro puro destellaron en sus orejas.

Estaba vestido con una toga blanca similar a la que usaban sus hermanos, revelando un físico admirable, que solo podría comparar con el de un Titán en miniatura.

Aún si el no estaba liberando poder, ella podía verlo. Su aura sola brillaba más que las estrellas.

Hera sintió mucha intriga.

Mentiría si dijera que no estaba cautivada por la belleza de tal espécimen. Había oído que en el Cielo bíblico había dos ángeles que eran los máximos símbolos de belleza.

El Ángel más bello del Cielo, y el Ángel más bello de Dios.

"Bienvenido, Naruto Lucifer".

El mencionado se detuvo y se giró, viendo a la Diosa con curiosidad.

"Es un honor tenerlo entre nosotros".

Una presentación típica entre Dioses cuando iban a otro panteón.

Una sonrisa cálida y, para curiosidad del mismo Naruto, cautelosa.

Hera estiró su mano. Naruto la tomó suavemente, antes de doblarse y darle un beso al dorso de la misma, tomando por sorpresa a la Diosa.

Hubo un destello de curiosidad en aquellos ojos rojos, incluso tras su reverencia respetuosa.

"El honor es mío, Hera, Reina del Olimpo".

Su voz profunda y melodiosa hizo olvidar por un momento a Hera el apodo que usó el segundo ángel más longevo.

"No podía perder la oportunidad de presenciar una reunión tan extraordinaria como esta".

Hera asintió, teniendo algo de intriga por el chico de apariencia joven frente a ella, incluso si era de la época en que solo existía la progenitora de todo el Panteón Griego.

"Es un evento raro tener a tantos dioses reunidos en un solo lugar".

La diosa hizo su comentario, observando todo alrededor con una mirada reflexiva.

"Aunque… me pregunto si estas reuniones promueven la armonía entre panteones, o solo sirve como escaparate de egos divinos".

Naruto asintió con seriedad en su mirada. Comprendía la perspectiva de la Reina del Olimpo.

"Entiendo tu inquietud, Hera. La convivencia entre seres tan poderosos puede ser complicada, pero creo que eventos como este ofrecen la oportunidad de encontrar puntos en común y fortalecer lazos sin tomar importancia a las diferencias".

Ella estaba impresionada por sus palabras. La sabiduría y perspicacia del mismo no las había visto en nadie.

Había una calidez y entendimiento en su voz que la atrajeron.

"Tienes razón en eso. A veces es fácil perder de vista lo que nos une cuando nos vemos envueltos en nuestras propias intrigas y conflictos".

Ella admitió el punto de Naruto con sinceridad en todo su ser.

"Me pregunto si se podría alcanzar la verdadera paz entre Dioses".

Naruto la miró con compasión, notando un leve anhelo en sus ojos.

"La paz entre Dioses es un ideal noble, Hera, pero también es importante recordar que nuestras diferencias y conflictos son partes inherentes de nuestra existencia".

La propia serenidad en Naruto era algo que le hacia saber a Hera que él le hablaba con la verdad, al menos la de el.

"Lo importante es como elegimos enfrentar esos desafíos y si estamos dispuestos a aprender unos de otros en el proceso".

Ella asintió, antes de quedarse en silencio unos segundos, reflexionando sus palabras.

Había algo en la presencia de Naruto que la hacía sentirse más abierta y receptiva que nunca.

"Es… reconfortante escuchar eso. Creo que en medio de la lucha por el poder y la influencia, es fácil olvidar las lecciones que podemos aprender".

Naruto sonrió. Estaba apreciando la honestidad y la vulnerabilidad de Hera, algo que pocos fuera del Cielo tenían, y lo había visto en primera fila.

"La humildad es una virtud que muchos dioses pasan por alto, pero es fundamental para nuestro crecimiento y evolución".

Hera sintió una gran calidez en el pecho ante la suavidad en la voz de Naruto.

"Siempre he creído que las conexiones genuinas se forman con entendimiento y respeto a las experiencias de los demás. Una vez entiendes que no todos somos iguales, comienzas a apreciar la riqueza de la diversidad y a cultivar una comprensión más profunda del mundo que te rodea".

Hera asintió, sintiéndose cada vez más atraída por la presencia tranquilizadora del Lucifer.

A pesar de las diferencias con sus respectivos panteones, había algo profundamente reconfortante en su conversación.

La conversación entre Hera y Naruto continuó, fluyendo como un río de ideas, perspectivas, anécdotas y algunas reflexiones sobre la existencia divina.

En un momento, Hera compartió una risa genuina ante un comentario ingenioso de Lucifer.

"Es curioso. Aunque nuestras realidades son tan diferentes, parece que encontramos ciertos puntos en común".

Naruto sintió. Su mirada intensa encontró la de Hera.

"A veces, lo más interesante está en las similitudes inesperadas. Y, si me permites decirlo, Hera, eres bastante cautivadora".

La diosa sonrió, acomodando un mechón de cabello detrás de su oreja. Mentiría si dijera que no se sentía agradecida por el cumplido.

Sonaba tan honesto que le sorprendió.

Mientras la noche avanzaba y una aparente conexión se formaba entre ambos, en medio de risas compartidas y miradas algo significativas, finalmente, todo terminó para Hera.

"¿¡Que haces mocoso!? ¡Aléjate de mi esposa!"

Todos se habían detenido ante el fuerte grito, que resonó como un rayo. Se giraron, viendo al Rey del Olimpo, Zeus, gritarle al hijo preferido de Elohim.

Más de uno tomó por muerto al Dios del Rayo griego.

Naruto lo miró con una ceja alzada en confusión. Hera miró a Zeus con molestia.

"¿¡Quién te crees que eres para querer robarme a mi mujer!?"

Naruto no respondió. Sus ojos estaban puestos en Zeus, que expulsaba chispas del enojo. Al contrario, Naruto se mantenía sereno, frío como el viento del invierno.

"Deja de hablar idioteces, Zeus. Solo estábamos hablando".

"Cállate, mujer. ¿Te atreves a querer serme infiel con un simple niño?"

Hera le gruñó a Zeus, levantándose de su trono lista para confrontar a su marido, incluso si era mucho más débil que él.

Sin embargo, una mano en su antebrazo la detuvo. Se giró, viendo a Naruto que la miraba de reojo con serenidad.

"No gastes tu energía en esto".

Naruto se puso de pie y miró a Zeus, esbozando una suave sonrisa tranquila al Dios, que sintió estar a punto de estallar de la locura.

"Es bastante incoherente e hipócrita que alguien como tú, que es pariente de dos tercios de su panteón, mayormente el padre, acuse a su esposa de querer serle infiel. Sin tomar en cuenta que ella estaría faltando el respeto a su dominio al hacer eso, al contrario de ti, una decepción cualquiera".

El silencio reinó en el lugar. Muchos tenían la boca abierta en sorpresa, otros se estaban riendo en silencio, algunos tenían sonrisas capaces de cubrir todo su rostro mientras sus hombros temblaban de aguantar la risa.

Ares estaba siendo contenido por Hefesto para no hacer un comentario que termine causando una guerra, mientras Hebe estaba muy preocupada de lo que pueda suceder entre sus padres, mientras Ilitia estaba sentada detrás de la misma Hebe, despreocupada al ver los sucesos.

Apolo, Hermes, Artemisa, Atenea y Dionisio veían todo con distintas emociones. Afrodita estaba curiosa, al igual que los dioses y diosas que la acompañaban, tales como Freya, Lakshmi, Kamadeva e Inari.

"¡Vas a pagar esto, mocoso!"

Antes que Zeus se mueva, Hades y Poseidón lo inmovilizaron, usando su fuerza amplificada con magia para detenerlo.

Elohim estaba parado detrás de su hijo, teniéndolo desde los hombros. Miguel estaba de pie frente a su hermano, dándole la espalda mientras veía con seriedad a Zeus.

"No hagas una escena aquí, Zeus".

Hades, Poseidón y Zeus desaparecieron con un portal mágico debajo de ellos, producto de la misma Hades. Miguel miró a su hermano menor, notando que este ahora le sonreía a él con toda la tranquilidad del mundo.

"No necesito que me protejas, hermano, pero lo agradezco".

Miguel abrió la boca para hablar, pero la cerró y solo suspiró.

Naruto miró a Hera, que le devolvió la mirada con algo de arrepentimiento y leve vergüenza.

La música volvió a sonar, y todos volvieron a lo suyo, a excepción de Elohim y Miguel, que veían a su hijo/hermano.

"Lamento eso…"

"No te disculpes por eso. Creo que eres una mujer que tuvo la mala suerte de estar con un hombre malo, pero debes ser mejor que el. No te rebajes por tus emociones o sus actos".

Los ojos de Hera brillaron. Miró a Naruto con una nueva luz, antes de dar una sonrisa cálida.

"Gracias… ahora debo retirarme. Espero que nos volvamos a ver".

Naruto le sonrió, levantando su mano para despedirla, agitándola lentamente.

"Hasta la próxima".

……

Hera tocó su mejilla, notando que algo estaba bajando por sus ojos.

Miró sus dedos, notando que parecían mojados.

Convocó un espejo y se miró.

Estaba llorando.

Se empezó a reír para sus adentros, antes de empezar a reírse con más fuerza, ignorando las lágrimas que caían de sus ojos con más fuerza que antes.

Hebe entró al templo de su madre rápidamente, sintiendo que algo andaba mal. Cuando vio a Hera llorando, se acercó rápidamente.

"Madre…"

Hera miró a su hija, que se acercó a ella con preocupación. Se subió a su cama y posó su mano en su rostro. Hera la abrazó, sorprendiendo un poco a Hebe, que correspondió el abrazo al instante.

Dejó a su madre llorar en su hombro, mientras le daba consuelo frotando la espalda de la misma.

"Yo… soy una tonta, hija…"

Hebe no sabía que le había pasado a Hera para que la encuentre llorando, pero no la cuestionó. Sólo la dejo llorar y liberarse con ella, sabiendo que seguramente lo necesitaba.

No, seguramente no.

En verdad lo necesitaba.