—¡Pum! —el estruendoso sonido de un golpe invadió el ambiente.

Se trataba de Amy y Tails, quienes nuevamente se hallaban entrenando en la arena de combate de su hogar.

El zorro llevaba grandes burbujas en los extremos de sus colas, las cuales a su vez habían sido alargadas, permitiéndole impactar a su rival a larga distancia tan solo moviendo un poco su cadera.

La muchacha por su parte, se limitaba a dirigir su mazo hacia donde sea que provinieran los ataques de su compañero, mas eso no duró mucho, pues solo esperó a una oportunidad que pronto llegó, y es que cuando su amigo se puso ambicioso y lanzó sus dos colas desde arriba al mismo tiempo, ella rodeó su puño con una burbuja que expandió e hizo explotar al tiempo preciso para que no solo la defendiera del embate, sino que también enviara lejos los apéndices de su amigo, creando así una abertura que aprovechó al correr con gran rapidez y, después, golpear al vulpino, quien recuperó el equilibrio en el aire.

—Podría propulsarme y caer contra ella, pero es probable reviente de nuevo su burbuja para repelerme —meditó el chico desarrollando una idea gracias a sus pensamientos—. ¡Reventar una burbuja!, ¡eso es!

El raposo se deshizo de las esferas en sus colas queriendo crear una nueva en la palma de su mano, que después agarró con su cola, que usó para acelerar el proyectil, al cual la de ojos verdes solo tuvo tiempo de reaccionar levantando sus brazos y martillo con el fin de cubrirse.

Una vez hecho eso, Miles retomó su plan original e hizo de sus rabos una hélice y se propulsó en una línea vertical hacia el suelo, para curvar su ruta y volverla horizontal con el propósito de luego impactar con la superficie y dirigirse a la espinosa, quien se hallaba escondida por la nube de polvo que levantada por el disparo del rubio. Recobrando las grandes burbujas, el zarco dio un giro sobre la punta de sus pies justo cuando llegó frente a la chica, con el fin de asegurar la efectividad de su movimiento, mas sus apéndices traseros solo dieron con el aire, disipando la polvareda, permitiéndole al canino ver sobre su hombro como la roedora había cambiado de forma sus piernas, haciendo de ellas resortes que utilizó con el fin de evadir su táctica.

El más bajo apenas tuvo tiempo de encarar de nuevo a su contrincante antes de que ella, en un despliegue de creatividad, inflara una burbuja que lanzó hacia el aire en los segundos anteriores a pegarle con su arma y enviarla hacia su amigo, cuyos nervios ante la velocidad del ataque provocaron que hiciera algo inesperado:

Tiró una burbuja desde su brazo mientras que a la par uno de los extremos de su cola se dirigían hacia la munición de su adversaria, lo que resultó en que la burbuja amarilla abriera un agujero en su superficie y se doblara sobre sí misma, envolviendo a la fucsia, previo a que ambas fueran enviadas en dirección contraria a la de la primera, es decir, hacia Amy, quien de forma similar a Miles, motivada también por la urgencia, creó otra burbuja que envolvió a las dos iniciales en los segundos antecedentes a enviar las tres de regreso a su amigo, quien repitió la maniobra, la cual pronto se volvió más una especie de juego de tenis entre ambos, uno en que la pelota se hacía cada vez más grande, hasta que finalmente explotó en medio de ambos, emitiendo un ruido muy intenso.

—¡Eso fue increíble! ¿Cómo se te ocurrió? —preguntó la joven tras el estallido.

—¡Ni siquiera yo lo sé, pero estoy seguro de que será útil! —comentó el muchacho compartiendo la fascinación de la erizo.

Las sonrisas de ambos se tornaron en seños desconcertados, en el instante en que un sonido ensordecedor invadió el aire, un sonido que Tails conocía, y esperaba que no significara lo que él creía que significaba, mas confirmó su sospecha cuando Amy dijo:

—¡La alarma de un gran ataque! —dijo la espinosa—, Harry el vuervo las emite desde un antiguo centro de comunicaciones —explicó a su compañero—, significa que hay muchos puristas en el pueblo.

Los pasos veloces sobre el suelo, solo reafirmaron las palabras de la de pelo rosa, pues pronto el maestro de ambos mobianos apareció:

—¡Amy!, ¡Miles! —llamó Celian—, lamento no haber tenido más tiempo para prepararlos, pero el deber nos llama y no hay tiempo que perder. Síganme.

Los dos semi—animales siguieron la indicación del más alto y corrieron fuera de su vivienda hacia la plaza del pueblo.

—¡Esta vez son enemigos reales, así que apliquen algo más de violencia! ¡Si encuentran piedras de gente, encapsúlenlas y envíenlas a casa, luego veremos si son de puristas o no—dijo el educador, antes de correr y saltar lejos, dejando solo cuatro palabras a sus pupilos—, ¡ya saben qué hacer!

La de vestido invocó otra vez el arma de la que se había deshecho con anterioridad y saltó hacia la refriega poco después.

—¡Yo puedo! —habló para sí, Tails, decidiendo seguir las señales que llegaban a sus orejas.

El ruido lo condujo hacia las afueras de uno de los tantos edificios residenciales del lugar. Había dos puertas en el primer piso, ambas abiertas a la fuerza, una tenía un número, por lo que debía ser el apartamento de la planta, mientras que la otra era una reja cuya misión era bloquear el paso hacia unas escaleras. El garzo se dispuso a atravesar la entrada marcada cuando un zumbido penetró en sus oídos, incitando en el zorro el reflejo de crear una burbuja a su alrededor, la cual pronto estalló.

El raposo se volvió para observar a una criatura alada. Pelo negro cubría su cuerpo excepto por el blanco de su abdomen y hocico, del que salían largos colmillos, arriba de los cuales, y de una pequeña nariz negra, resaltaban ojos rojos acompañados de una pequeña pupila negra, sobre los cuales había un copete. La apariencia de por sí algo intimidante de la criatura se veía realzada por sus grandes alas con terminaciones picudas y apenas un poco reducida por sus guantes blancos y zapatos rojos que le hacían similar al resto de seres que Miles había conocido y el pañuelo blanco que colgaba en su nuca, identificándolo como purista.

Sin perder tiempo, el quiróptero planeó hacia el vulpino, girando su cuerpo en el último segundo para asegurarse de asestarle un golpe con los pies, del que Miles se defendió creando una burbuja alrededor de su antebrazo y protegerse la cara con él, de manera que la suela de su atacante dio con la esfera y esta reventó alejándolo, mas eso no duraría mucho, pues al colmilludo le bastó deslizarse unos milisegundos en el aire con la pretensión de retomar su técnica desde otro ángulo. Tails en otra ocasión se defendió usando una burbuja más, ante lo que el de pelaje azabache repitió también su movimiento, comenzando un juego en que los adversarios realizaban repetidas veces las mismas acciones.

—No puedo tardar mucho aquí, de seguro hay personas en peligro dentro —pensó el blondo—, será mejor que aplique más violencia como dijo el maestro Celian.

Cuando el murciélago se lanzó de nuevo, el garzo infló y tiró una gran burbuja de manera que impactara a su contrincante, dejándolo aturdido el tiempo suficiente para que el pequeño héroe alargara sus colas y girando sobre un pie mientras levantaba el otro las lanzara hacia su enemigo, de tal forma que estas se enredaron sobre su torso, conteniendo sus alas.

Miles entonces giró su cadera y aflojó el agarre de sus apéndices traseros con la idea de lanzar hacia arriba al de ojos carmesí y después dar forma de resorte a estos mismos, destinándolos a propulsarlo. En medio de su desplazamiento recobró las grandes burbujas en los extremos de sus colas, para después usarlas a modo de martillo, aplastando con ellas al murciélago, cuyo cuerpo quedó aplastado entre ambas antes de explotar, dejando caer una gema roja con forma de corazón que debía de haber estado en la espalda del mobiano, puesto que Tails no había alcanzado a verla.

Tras encapsular la joya y enviarla a su hogar, el zorro se introdujo en la morada. Cruzó la sala de la casa, que lo debía de ser por los muebles, y halló una mesa junto al que debía ser su mantel yacían en el piso, junto a un conjunto de frutas esparcidas por lo que debía de ser una cocina, creando una escena aterradora gracias a la falta de luz en el sitio. Fue entonces que Tails escuchó un grito, el cual lo guio por un corredor que poseía puertas a ambos lados y se doblaba hacia la izquierda al final, donde el raposo vio, acostado en el piso, un alto armario, que parecía en un inicio haber escondido el acceso a otra habitación, a la cual el vulpino se internó.

De espaldas al rubio, había en el sitio un chico zorro, de pelo naranja, y una dama erizo, con pelo grisáceo, quienes llevaban atados en sus brazos pañuelos albos y rodeaban a una zorrita que usaba un vestido rojo y poseía una dismorfia consistente en un par extra de brazos, habiendo uno que surgía del hombro derecho de la fémina y reposaba sobre aquel ubicado de manera común y otro más que estaba bajo el brazo izquierdo y salía del torso de la chica, quien guardaba en las palmas de su duplo de brazos comunes una gema rómbica amarilla y otra redondeada y grisácea.

Los puristas se dieron vuelta al escuchar al zorro entrar y no pasó un segundo antes de que atacaran. La roedora corrió en dirección al blondo entretanto la joya color escarlata en su antebrazo brilló, proporcionándole una espada, mientras que su compañero apuntó hacia él una especie de pistola que extrajo de un cinturón que llevaba.

Al estar en un espacio cerrado, Miles supuso que no habría sentido en moverse hacia los lados por lo que prefirió subir dando de nuevo a sus colas forma de resorte para impulsarse con rapidez hacia el techo, donde su intuición lo llevó a rebotar nuevamente y caer sobre una pared, donde volvió a impulsarse con el fin de dirigirse a otra, logrando despistar a sus adversarios, quienes no podían seguirle el ritmo.

El otro vulpino trató de predecir sus movimientos, lográndolo cuando Tails se detuvo por unos segundos con sus piernas flexionadas sobre una de las esquinas de la sala, por lo que disparó una pequeña esfera desde su arma, mas no contaba que el detenimiento de aquel con dos colas se debía a que decidió acabar con él, tomándose el tiempo de comprimir mucho sus colas para lanzarse con gran velocidad y fuerza, girando su cuerpo en el aire con la pretensión de evadir el proyectil de su enemigo entretanto creaba dos burbujas en sus manos destinadas a impactar sobre su enemigo mientras se lo llevaba hacia una pared, la cual agujeró, logrando desintegrarlo.

La espinosa vio allí su oportunidad de atacar, corriendo hacia el canino que estaba de espaldas a ella, pero el raposo también había planeado su fin, pues llevó sus colas a la altura del piso y las hizo serpentear hasta agarrar uno de los tobillos de la muchacha y comenzar a azotarla contra las paredes y el piso de la habitación hasta liberarla solo para rematarla con la explosión de dos burbujas.

—¿Te encuentras bien? —preguntó jadeando el zorro tras que su rival explotara.

—Mmm, sí —respondió impactada la cánida—, pero escuché muchos gritos provenientes de arriba mientras estaba aquí.

—Lo sé —respondió con simpleza el chico mientras se apresuraba a encapsular las piedras de los atacantes—, ¿conoces algún otro lugar en qué esconderte?

—Hay un búnker justo debajo de este edificio —respondió la chica—, Mis padres crearon este escondite porque pensamos que el búnker sería lo primero que atacarían, pero ahora parece lo más seguro. Puedo llegar a él mediante el agujero que abriste en la pared.

—Bien —dijo Miles antes de disminuir la longitud de sus colas para volar—, sostente.

Tails entonces tomó los brazos comunes de la chica mientras que ella ponía las gemas que resguardaba en sus manos extra y atravesaron el hueco en la pared, descubriendo un espacio hueco en el edificio por el que entraba luz desde un solar en el techo, la cual bañaba el espacio subterráneo en Miles dejó a la chica junto a otros mobianos.

—Por favor, mi hijo y esposa siguen allá arriba —dijo un gato verde al ver al zorro bajar—. Vine aquí porque me hallaba en la calle cuando sonó la alarma, pero ellas estaban allá arriba y de seguro las atacaron previo a que pudieran bajar. Puedes entrar por la ventana que ves allá arriba ventana. ¡Por favor, sálvalos!

—Eso haré —prometió el garzo en los segundos anteriores a volar de nuevo hacia el sitio mencionado.

Una vez frente al vidrio, creó una burbuja que impactó contra el objeto de silicio a fin de acceder a la vivienda, dando con lo que debía ser, a juzgar por la escoba, balde y trapeador, la habitación en que los residentes guardaban sus artilugios de limpieza y evitando el desperdicio de tiempo abrió la puerta, dando con un pasillo de cuyo extremo contrario procedían ruidos, de manera que hizo uso de sus colas para atravesarlo con rapidez, encontrando esta vez la escena de quien debía ser la esposa del felino que Miles vio en el búnker, una tejona de pelo marrón cuya roca se hallaba en su ojo izquierdo, sosteniendo junto a su corazón una joya ovalada de color cobrizo que, con gran probabilidad, pertenecía a su hija, siendo amenazada por, lo que a juzgar por las ilustraciones que había visto en el diario que leía, debía de ser un armadillo.

Resultaba curioso ver como la de rayas, siendo tan alta y a primera vista intimidante, se amedrentaba del acorazado, pues su pequeña estatura, similar a la de Tails, y su caparazón amarillo y la joya de tono similar en una de sus mejillas junto al pañuelo blanco en su rodilla restaban a la poca intimidación que el pelaje negro de la criatura blindada pudiera aportar, pero si era así debía de ser por una razón.

El quirquincho advirtió mediante sus oídos la presencia del zorro detrás de él, lo que le llevó a ejecutar un ataque consistente en dar un pequeño salto pretendiendo después pegar sus extremidades a su torso, uniendo codos y rodillas, de manera que el blindaje de su espalda recibiera el impacto al caer, el cual aprovechó con la idea de rebotar al techo y después sobre las paredes, similar a como el raposo había hecho antes mediante sus colas, poniéndolo en una situación similar a la que él mismo había puesto a sus últimos adversarios, siendo incapaz de seguir los movimientos del cusuco hasta que este dio un último golpe sobre el techo para descender hacia el vulpino, quien apenas pudo esquivar el embate realizando una vuelta de carro hacia atrás, a lo que el azabache respondió retomando su técnica, la cual el rubio copió.

La vista de Tails se volvió una maraña de líneas amarillas gracias a las estelas que él y su rival dejaban al dispararse en la habitación, lo que le hizo arrepentirse de su decisión, puesto que su plan solo consistía en aguardar el momento en que ambos chocaran, pero lo cierto era que si su contrincante había usado esa táctica al únicamente advertir su presencia, es porque debía de tenerla más desarrollada que sí, lo que se hizo obvio en el momento en que se dirigieron el uno al otro, con la diferencia de que Miles sentía nauseas mientras que el purista tenía su puño listo para atacar.

—¡Pum! —Tails fue estrellado contra uno de los muros produciendo un ruido muy fuerte.

Pese al dolor, el zorro sabía que lo secuestrarían, o peor, si era derrotado, por lo que usó sus colas como resorte otra vez para regresar el suelo justo cuando el armadillo iba a impactarlo, dando como resultado que comenzara a rebotar otra vez.

—No puedo combatir fuego con fuego —pensó el raposo en el suelo—. Podría intentar atacarlo con burbujas, pero lo más probable es que su caparazón lo proteja —el chico evadió entonces por poco una embestida de su contendiente, llegando a ver su torso por unos minutos, lo que le otorgó una idea—, ¡el resto de su cuerpo es suave!, como el de cualquier otro mobiano, por lo que, si logro estallar burbujas previo a que se comprima, lo venceré.

El raposo evitó otro ataque que quebró su hilo de pensamiento en los instantes antecedentes a retomarlo.

—¿Pero cómo forzarlo a parar? —se pregunto el canino—. El tendría que decidir que continuar con su técnica es peligroso, pero con su caparazón y siendo capaz de controlar la trayectoria, es imposible que el piense tal cosa —fue entonces que una de las palabras en su mente hizo eco y recordó una técnica de la que se había olvidado—, ¡la trayectoria, eso es!

El blondo evitó una tercera acometida en el momento en que llevó a cabo su plan: Recordando su técnica, fue al estado en que se introducía a la hora de obtener energía de la luz y concentró tanto poder como pudo en la joya de su frente, liberándolo tras unos segundos en cientos de haces de una potente luz que inundó la alcoba, convirtiéndola en un espacio blanco carente de sombras.

La intensidad lumínica descendió, y el garzo pudo ver a su enemigo en el suelo, a unos cuantos metros de él, apartando su antebrazo de sus ojos y reconociendo la situación, luego de lo que espabiló y realizó el brinco con que inició su ofensiva, por lo que, sin perder tiempo, creó dos burbujas que dirigió al estómago del de pelo oscuro, de manera que fue muy tarde para el último cuando su cuerpo envolvió las esferas, que explotaron, desintegrando su cuerpo.

Miles se tomó unos instantes para jadear antes de ir a por la piedra de su enemigo y envolverla en uno de los mismos objetos que lo habían acabado.

—¿Se encuentra bien? —inquirió el rubio hacia la dama de rayas.

—Sí, gracias a ti —respondió la señora.

—Venga, la llevaré con su esposo —Ofreció Tails estirando sus brazos.

Así, igual que hace solo unos minutos, el cánido llevó a la víctima al búnker junto a los demás residentes.

—¡Kaya! —exclamó el gato al ver a su pareja segura—.

—¡Clay! —exclamó la tasugo soltando los brazos del zorro para correr hacia él.

El zorro disfrutó de ver a la pareja por unos momentos previo a que alguien le hablara.

—No todos se encuentran aquí —mencionó un mapache de pelaje celeste quien poseía la peculiaridad de que su pierna derecha se bifurcaba en su rodilla, de manera que poseía un par de tibias, peronés y pies derechos, de estos últimos reposando uno sobre el piso mientras que el otro permanecía suspendido.

—¿A qué se refiere? —preguntó el raposo.

—Nos conté —siguió el prociónido—, faltan unos cuantos residentes. Deberías revisar el techo.

—Eso haré —dijo Miles con decisión, ignorando su cansancio y hambre.

El vulpino volvió a hacer un resorte con sus colas y se impulsó hacia lo alto, golpeando la pantalla plástica que cubría el hueco mediante el que llegaba la luz y accediendo a la azotea, donde un cuadro desgarrador lo aguardaba, pues varias gemas se hallaban regadas en el suelo junto piezas de hormigón.

Pasando por alto una vez más el rugido de su estómago, aun pudiendo detenerse a absorber la radiación solar a su alrededor, el muchacho se apresuró a burbujear las piedras del sitio y mandarlas lejos. La última fue enviada justo a tiempo para eludir un pedrusco que casi rozó la palma del chico, lo que provocó que éste girara su cuello y vislumbrara a su agresor de pie en el borde de la edificación: un mono color morado quien utilizaba la tela nívea que caracterizaba a su grupo atada tras su rostro, de manera que cubriera su boca.

Miles pensó que resultaría sencillo derrotarlo lanzando varias burbujas, por lo que comenzó a materializar una, no obstante, fue interrumpido por una emboscada: Cuatro primates más, cada uno de una tonalidad diferente teniendo en común el pañuelo blanco, saltaron llevando consigo, envueltos en sus colas, pedazos de concreto los cuales aceleraron haciendo uso de sus rabos.

El canino únicamente fue alertado por el sonido de los proyectiles al momento de evadirlos obligando a sus colas a girar a gran velocidad, decidiendo en el aire que sería mejor permanecer suspendido allí.

—¡Debo terminar con esto pronto o me desintegraré por falta de energía! —pensó el zorro sintiendo la vibración en su vientre y viendo como los simios se reunían y tomaban más pedazos de argamasa, lo que le dio una idea—, ¡Tal vez sí pueda combatir fuego con fuego aquí!

El raposo procedió entonces a gastar parte de la poca energía que le quedaba con el propósito cambiar de forma, alargando sus colas en el tiempo en que éstas aún viraban, creando así un remolino que succionó a los macacos junto a varios de los guijarros de concreto, de manera que bastó con que el vulpino frenara el movimiento de sus apéndices traseros y girara sobre sí mientras caía, causando que éstos golpearan a los micos, quienes impactaron contra el tejado de la construcción para después recibir una lluvia de escombros que logró evaporarlos a todos, excepto por aquel de pelo lila que se paró y evadió los cantos para, en un ataque de furia no razonado, embestir a Tails en medio de su caída, terminando gracias a ello por caer ambos adversarios.

En medio de su estrés, el blondo logró maniobrar para ubicarse bajo el mono y reducir la longitud de sus colas antes de hacer de ellas una hélice en otra ocasión, evitando así colisionar con la tierra, donde el simio, todavía rabioso, lo jaló por los mechones blancos de su cara mientras los hacía a ambos rodar, haciéndolos entrar a un restaurante que parecía haber sido abandonada cuando el ataque de los puristas dio inicio, siendo las pruebas de ello las sillas mal colocadas y la comida a medio terminar.

Allí el macaco soltó al cánido, a quien la falta de vigor empezaba a pasarle la cuenta, pues su cuerpo por instantes perdía opacidad y su cabello empezaba a desaparecer.

—Pierdes energía, ¿verdad? —advirtió el mico sonriendo previo a cerrar la puerta y correr las cortinas de la única ventana del lugar.

—No… —a penas alcanzó a susurrar el cuarzo cetrino intentando pararse solo para caer sobre una rodilla.

—Oh, como voy a disfrutar esto —dijo el purpúreo acercándose al amarillo y levantando una de sus garras enguantadas.

—No, no puedo perder ahora —hablaba Miles dentro de sí a la par que perdía su opacidad—, no después del esfuerzo del maestro Celian, no después de la ayuda de Amy, ¡no después de encontrar un hogar!

—¡Muere, bastardo defectuoso! —gritó el primate lanzando su puño.

Sacando fuerzas de flaqueza, Tails sostuvo con ambos brazos el de su atacante, y fue entonces que algo sorprendente comenzó a pasar: La piedra en la frente del muchacho liberó un leve brillo mientras su cuerpo recuperaba solidez y su pelaje regresaba.

—¡¿Pero cómo… —exclamó el mono antes de notar algo más—, ¡ah!

Ahora era el simio quien se hacía transparente mientras su vello se volvía en pequeñas volutas de luz que se encaminaban hacia la joya de Miles.

—¡Espera!, ¡para! —rogaba el violáceo—, ¡suéltame!

Tails, realizando la acción contrario a la pedida por su contrincante, incrementó la presión en su agarre entretanto recuperaba sus fuerzas, lo que aceleró el proceso que sufría el simio, cuya cuerpo se llenaba de huecos al igual que un colador mientras la masa que perdía se iba en forma de esferas luminosas hacia el zorro, quien enfocó sus ojos en el rostro de su rival cuando sus gritos cesaron debido a que perdió su garganta, y pudo ver los ojos aterrados de su adversario en los segundos anteriores a que estos mismos desaparecieran, una mirada que pensó que nunca volvería a ver.

La ropa y joya, que debía de haber estado sobre el coxis del macaco, cayeron, por lo que Miles, sintiendo una mezcla de descanso e incertidumbre, se movió como un autómata para encapsular la piedra.

—¿Qué fue eso? —se preguntó el raposo adquiriendo algo de temor—, ¿acaso me comí a ese mono?

El vulpino tocó el cristal en su frente con millones de preguntas en su cabeza a las que quería responder, mas un grito con una tonalidad conocida le recordó la situación que lo había llevado a la fuente de sus interrogantes.

—Tendré que dejar esto para después, ¡pero hallaré una respuesta! —se prometió.

El zarco entonces se dirigió a la calle, hallando una carretera baldía, a excepción de su amiga Amy y un ave mobiana de especie desconocida para él, quien permanecía a metros del piso, probablemente gracias a unas alas de agua que salían de su espalda. Poseía un largo y puntiagudo pico amarillo, similar a su propia cabeza emplumada y cian con forma de cono bajo la cual descansaba aquel trapo albino y en que yacía el detalle particular de un ojo izquierdo cuya pupila estaba reemplazada por una pequeña joya celeste con forma de lágrima. Su torso, seguro de color turquesa como su rostro, estaba cubierto por un overol blanco con líneas ultramar a sus costados, dejando descubierto solo los brazos y unas plumas que fungían como cola en la criatura. Sus piernas estaban cubiertas por largas botas color marrón mientras que sus manos lo estaban por guantes similares en tono, con los que sostenía un palito color cielo como su plumaje.

Cuando la de pelo rosa, la cual empuñaba su mazo, corrió y saltó para golpear al pájaro, ésta se detuvo en medio del aire, empero, no por su propia voluntad, ya que permanecía inerte en lo alto, sin mover un solo músculo, ante lo que el zorro se pasmó.

—Tu debes ser uno de los erizos por los que me contrataron para atrapar —mencionó con una voz altiva y elegante el ovíparo—, yo me esperaba un reto mayor, pero no puedo culparte por caer ante mí tan pronto.

El raposo, aprovechando que no había sido visto aún y actuando con gran urgencia, puesto que podía perder a su amiga, realizó una burbuja más en sus apéndices traseros para acelerarla lo más rápido posible hacia el plumífero, quien, con una vista y velocidad de reacción sorprendente, apuntó su varita hacia la burbuja del canino, soltando a la espinosa.

—¿qué?... —dijo la chica ahora en el suelo, recobrando la consciencia mientras sentía un dolor de cabeza por el que puso una mano sobre sus ojos, quitándola poco después para ver a su compañero—, ¡Tails!

—¡Amy! —gritó el muchacho en respuesta—, ¿te encuentras bi…

La pregunta del vulpino fue interrumpida por el plumoso, quien, aprovechando la falta de guardia de sus contrincantes, aplicó al rubio lo que había hecho con la roedora.

—Mmm, de ti no había oído, ¡pero te capturaré por haberte atrevido a lastimarme! —juró el de botas algo iracundo.

—¡Tails! —gritó nuevamente la de ojos verdes para saltar hacia su amigo.

—¡No otra vez! —exclamó el ave luciendo altivo para lanzar su rehén hacia quien trató de salvarlo.

El cuerpo del zorro empujó al de la fémina, provocando que ambos se estrellaran contra la vitrina de una modistería, llevándose consigo los maniquíes hacia el interior de la misma.

—Ay… —gimió el blondo levantándose para ayudar a su camarada a pararse también—, lo siento, debí haber estado más atento a mis alrededores.

—Está bien, yo tampoco pensé mucho en el momento en que te atrapó —admitió la chica previo a adquirir determinación—, ¡pero no podemos quedarnos aquí lamentándonos cuando el maestro Celian está luchando y pueden quedar ciudadanos en peligro! —estableció y luego sonrió—, Es claro que esa ave viene tras nosotros, por lo que tendrá que entrar si no salimos, y aquí dentro con tantos objetos que le impidan atraparnos con ese aparato suyo y sin espacio para moverse podremos derrotarlo.

—¡Bien! —clamó el más bajo absorbiendo parte de la determinación de su colega—, ¡¿qué tienes planeado?!

—¿Recuerdas lo que hicimos antes de que el ataque iniciara? —inquirió la dama sabiendo que la respuesta no era necesaria.

En ese momento, como la muchacha predijo, el pájaro se introdujo en el local, ante lo que los socios iniciaron su plan corriendo a esquinas inversas del espacio.

—¡Ja! ¿Acaso creen que el que estén separados ayudará? —se burló el azulado apuntando su dispositivo hacia Amy.

Diferente a lo que aquel con una sola pupila esperaba, no logró atrapar a la erizo sino a un maniquí similar a ella.

—¡¿Qué rayos?! —se preguntó el mobiano volteándose para ver al zorro y sus colas más largas de lo que eran en un principio, sosteniendo una otro modelo.

La distracción de la criatura alada sirvió para que su antiguo objetivo creara una burbuja que lanzó hacia su compinche, quien tiró la estatua que sostenía a su enemigo, quien detuvo el ataque con su herramienta, dejando pasar la burbuja que a su vez fue encerrada en otra burbuja por el cánido y devuelta a su amiga.

El pajarraco, algo enojado por la incertidumbre, lanzó el muñeco a quien se lo tiró, mas su ataque fue desviado por otro proyectil antropomórfico arrojado por la de vestido, que atrapó las esferas para envolverlas en otra más y reenviarlas a su amigo.

El de overol, desconociendo su estrategia pero sabiendo que tenía que ver con las cápsulas, decidió apuntar su artilugio hacia ellas, no obstante, su mano fue desviada por una de las burbujas que intentaba cazar, las cuales llegaron sanas y salvas a manos del zorro, que agregó una más e hizo uso de sus colas con la pretensión de transportarlas con gran rapidez hacia la usuaria de mazo, quien las disparó con su arma hacia el alígero, contra el que liberaron suficiente fuerza como para llevarlo junto a un montón de maniquíes, entre los que quedó atrapado inconsciente, lo que provocó que soltara su vara, que rodó hasta los pies de Tails, quien la tomó curioso.

—¿Cómo funcionará? —se preguntó el zorro, mas fue otra pregunta que tendría que dejar para después.

—¿Te gustaría hacer los honores? —preguntó Amy sosteniendo otra burbuja.

—Por supuesto —respondió Miles encapsulando también el dispositivo alargado.

Ambos procedieron a repetir la técnica que habían utilizado hace tan solo unos instantes, apilando capa tras capa de burbujas para que la chica gritara:

—¡Ahora!

Ante lo que el vulpino disparó con una de sus colas hacia los maniquíes, donde el emplumado apenas volvía en sí cuando vio la munición y venir hacia él y forzarlo a perder su forma física.

La de pelaje rosa se apresuró a encapsular la pequeña piedra de su enemigo antes de volverse hacia su amigo.

—¡Vamos!, creo que ya quedan pocos puristas, pero es mejor asegurarnos —declaró la jovenzuela empezando a correr con su compañero detrás de ella.

Atravesaron varios caminos desiertos, recogiendo las gemas que veían, contemplando los vidrios rotos y quemaduras sobre las afueras de los edificios, hasta doblar la última esquina para dar con una cancha techada.

Las líneas de pintura eran casi imperceptibles, las mallas de los arcos oxidadas y las gradas algo desvencijadas, mas el aspecto de aquel campo no era importante. Lo importante eran los mobianos que se hallaban allí: un erizo azul alto y lleno de raspones cuya roca se hallaba en su pecho y una gran criatura roja de ojos morados y cabello espinoso con grandes manos adornadas con púas y una piedra color bordó en su pecho, rodeada por un aro de pelo blanco.

—¡Maestro Celian! —gritó la erizo femenina al reconocer a su instructor.

—¡Quédate donde estás, Amy! —gritó el profesor tras desviar sus ojos por un momento para percatarse la presencia de sus alumnos—, ¡este es un tipo muy duro!

Los pupilos confirmaron las palabras de su profesor al notar como el cuerpo de su aparente rival despedía rayos rojos que dejaban una estela cuando disparaba sus puños, los cuales el azulado siempre evadía por centímetros, agachándose, lanzándose hacia atrás o saltando.

El de iris purpúreos embistió, lo que otorgó al mentor una oportunidad para hacerle algo de daño, comenzando por brincar sobre su enemigo, quien con una agilidad sorprendente levantó un pie y aprovechó el impulso de su anterior movimiento con la idea de girar sobre los dedos de la otra pata e interceptar al pedagogo con un puñetazo, mas no contaba con que éste a su vez contaba con que él haría eso, pues el roedor se colgó de su brazo y usó la fuerza de su caída con la idea de virar y golpearlo con la suela de sus zapatos, alejándolo unos metros mientras el educador volvía al aire, donde pasó sus manos tras su cabeza a fin de extraer de su cabello algunas espinas que lanzó hacia el escarlata, logrando que éstas se enterraran en sus brazos cuando los llevó sobre sus ojos pretendiendo protegerlos, pero no bastó, ya que simplemente apartó sus antebrazos de sus párpados queriendo darle una mirada llena de odio antes de llevar sus manos junto a sus piernas, liberando una onda de energía con la que se arrancó las púas, previo a correr hacia el de pelo cobalto, quien ahora se encontraba en tierra.

El preceptor, no encontrando otra salida, aceptó la confrontación directa por lo que se extrajo unas cuantos pinchos más con el propósito de usarlos a modo de garras con que acelerar hacia el de grandes palmas, logrando por su mayor velocidad reaccionar primero y arañar el rostro de su adversario, quien se vio obligado a cerrar sus ojos, de lo que el espinoso tomó ventaja para iniciar una lluvia de zarpazos veloces que llenaron el cuerpo de su oponente de rasguños y lo condujeron poco a poco hacia una pared del polideportivo.

—¡Ya lo tiene, maestro! —gritó Amy desde el exterior del sitio.

Un mobiano cualquiera hubiese perdido entonces, pero éste no era un mobiano cualquiera, pues poseía una motivación, y no menos importante, un gran poder: El estrés del ser color rubí ante la posibilidad de perder lo dominó, lo que provocó que los rayos emitidos por su cuerpo comenzaran a condensarse sobre él, de manera que ante el contacto del puño de Celian con éstos provocó una gran expulsión que llevó lejos al erizo, a quien esperaba una dolorosa caída sobre concreto, pero fue reemplazada por los, aun más dolorosos, golpe de dos enormes espinas e impactó con una red metálica cuyo cuerpo agujereó, enviándolo a unos metros de la locación de sus estudiantes.

—¡Maestro! —gritaron Amy y Miles al unísono para ir junto a su instructor.

—¡Cough!, ¡cough! —tosía el maestro sobre el piso.

—¡Maestro, venga, lo llevaremos a un lugar seguro! —aseguró la chica tratando de poner el brazo de su instructor sobre sus hombros.

—No, no, no podemos poner en peligro a los ciudadanos —se negó el mayor.

—Peligrarán más si usted nos deja, maestro —intentó razonar el más joven.

—Te equivocas. Entre las cosas que dijo ese mobiano, me dejó claro que me quiere a mí en específico —explicó el más alto—, si me llevan a otro lugar nos seguirá, así que debemos derrotarlo aquí.

—Pero si usted no pudo con él, ¿cómo podremos nosotros —preguntó el más bajo.

—Hay una forma —afirmó el educador—, el arma que trajiste cuando llegaste aquí por primera vez. Está en el hospital, en el cajón bajo la mesa junto a mi cama.

—¡Pero está muy lejos de aquí! —avisó la de vestido.

—Lo sé, por eso debes correr y traerla mientras Tails lucha —estableció el de pelaje añil.

—¡¿Qué?! —se sobresaltó el de colas largas—, pero…¿no sería mejor que se quede Amy? Ella tiene más experiencia.

—Sí —concordó el adulto—, y también es la más rápida, por lo que es mejor si es ella quien va por él.

—Pero no sé si pueda…—dudó el zorro.

—Miles —llamó el maestro sosteniendo una de las manos de Tails y mirándolo directo a los ojos—, me ha sorprendido todo lo que has logrado desde el día que llegaste aquí, de la devoción que has mostrado a nuestra causa. Estoy orgulloso de ser tu maestro y sé que puedas contra ese mobiano, al menos el tiempo suficiente como para que Amy regrese. Además…te lo pido con la idea de ser capaz de seguir viéndote.

—Yo… —dudó Miles por menos de un segundo, antes de adquirir seguridad en su mirada—, prometo que lo haré, maestro.

—¡Bien! —liberó el maestro con una pequeña sonrisa.

La expresión en el rostro del erizo pronto desapareció ante la llegada del mobiano que lo había dejado en ese estado, quien saltó a través del agujero hacia fuera de la cancha.

—¡Entréguenme a ese erizo! —gritó la criatura rojiza.

—¡Ya saben qué hacer! —gritó el preceptor desde el piso—, ¡confío en ustedes!

La alumna mayor asintió decidida antes de correr dejando una estela rosa tras sí, mientras el raposo se volteó pretendiendo encarar a su contrincante, quien se dirigía hacia él, por lo que se apresuró a crear dos burbujas que arrojó al carmesí, logrando frenarlo, y luego lanzó una mucha más grande con el fin de regresarlo a la cancha, a donde también se introdujo, encontrando al rojizo en una pose de pelea, con sus puños apretados frente a su cara, listo para atacar.

Miles decidió usar nuevamente sus esferas con la idea de frenar a la criatura a medida que se acercaba, empero, ésta se había adaptado pronto y usaba sus garras para proteger su rostro mientras desviaba las pompas y se apresuraba hacia el vulpino, por lo que el último decidió utilizar una estrategia diferente al darle la espalda a su contrincante y alargar sus colas queriendo hacerlas serpentear y capturar el tobillo de su rival, de modo que puediera así proceder a azotarlo contra una pared, no contando con que éste crearía una burbuja bajo sus pies con la pretensión frenarse y aprovecharía el estallido como un impulso de regreso hacia él.

El zarco entonces se protegió con premura creando tres burbujas a su alrededor, una alrededor de la otra, logrando la suficiente fuerza como para alejar a su agresor, quien cayó en cuatro a unos metros de él, levantando una nube de polvo, la cual el rubio aprovechó con el fin de posicionarse tras una de las columnas que sostenían el techo del campo y que a su vez estaba a espaldas de su enemigo.

—¿Por qué haces esto? —preguntó el canino tratando de confundir a su rival mientras se sostenía de la columna con sus colas y creaba una burbuja en sus manos.

—Ese erizo que tratas de defender es un criminal genocida —aseveró en gritos el pelirrojo mientras movía sus ojos de un punto a otro y giraba.

—¿De qué hablas? —interrogó de nuevo el más pequeño mirando de reojo a su hostigador entretanto saltaba de una columna a otro para permanecer a espalda de su enemigo mientras cambiaba de forma, obteniendo una trenza llena de espinas tras su cabeza.

—Yo pertenecía a la honorable tribu de los equidnas, alguna vez dueños de la Esmeralda maestra con que un solo guerrero podía vencer ejércitos enteros —contó el de ojos violáceos.

—Tú no pareces poder acabar con un ejército entero —provocó Miles mientras subía por una de las columnas y se sacaba púas que ensartaba en su burbuja.

—¡Eso es solo porque nos la robaron! —vociferó iracundo el equidna.

—¿Quiénes? —inquirió otra vez Tails comenzando a volar muy despacio para evitar hacer ruido.

—¡Los malditos búhos! —bramó el de pelo bermellón por segunda vez—, escondieron la esmeralda maestra en otro planeta, pero obtuvieron su merecido con la extinción de su especie.

—¡Eso no tiene nada que ver con mi maestro! —voceó ahora el cánido al por fin lanzar su ataque desde el aire, consistente en la burbuja llena de espinas que explotó en el piso, liberando decenas de los objetos puntiagudos.

El taquiglósido, quien se había volteado al advertir el ruido del aire desplazado por la burbuja, sufrió otra vez las punzadas en sus brazos que usó con el propósito de proteger su cara, lo que el zarco no perdió tiempo en aprovechar al caer mientras cambiaba de forma y creaba dos nuevas burbujas para sus ahora grandes y extensas colas con que dio un golpe directo al espinoso, que fue mandado junto a otra de las paredes del polideportivo.

—Pequeño…—dijo el equidna entreabriendo los ojos.

Temiendo que cesar sus embates significaran la derrota, el zorro dirigió en una ocasión más sus apéndices traseros sobre su rival, mas éste llevó sus manos a su pecho y creó una burbuja, que con su gran fuerza empujó hasta hacer reventar y de esa manera alejar las de su enemigo, para después caer al piso de concreto y sacar fuerzas de flaqueza con la idea de acelerar hacia el raposo.

De esa manera, comenzó una batalla a corta distancia en que los contendientes enviaban y bloqueaban los ataques del otro.

—¿Por qué no continuas con tu historia? —instó el más bajo, bloqueando un ataque, tratando de que la distracción le otorgara una apertura.

—Mi especie persiguió a los búhos por años hasta que solo quedó una —reanudó el más alto protegiendo su cara—, quien cuidaba a un niño erizo azul.

—Acabaron con esos búhos, ¿y mi maestro es el genocida? —inquirió Tails saltando y girando en el aire para tratar de asestar el pecho del colorado, sin éxito.

—¡Cuando mi gente trató de capturarla ella acabó con todos excepto conmigo porque no fui! —dio el equidna un grito en que Miles vislumbró el dolor del que provenía e incluso pudo ver lágrimas saliendo de los ojos de su rival, lo que le provocó empatía pero que sabía que debía ignorar por el momento.

—¡Eso no justifica el daño que has hecho! —gritó el vivíparo aprovechando la desconcentración nacida del dolor de su agresor para asestarle un golpe que lo devolvió a la pared—, ¡el maestro Celian se preocupa por todos aquí!, ¡todos aquí son amables y buenos! ¡y tú quieres arrebatárselo solo porque tú perdiste algo!

—¡¿Algo?! —gritó con voz quebrada y furiosa el pelirrojo, acompañado de una mirada triste y húmeda mientras sus rayos se condensaban otra vez— ¡tú al menos tienes algo!, ¡yo perdí todo ese día!

Una explosión de luz y energía incluso mayor que la anterior llenó la cancha, acabando con lo que quedaba de las gradas y doblando las columnas más cercanas al equidna. Tails apenas se pudo proteger creando una veintena de burbujas a su alrededor que explotaron una tras otra por la fuerza del estallido enérgico hasta dejar indefenso a Miles, aunque para su fortuna eso había sido suficiente, pues pronto la luz disminuyó y pudo ver caer otra vez el cuerpo de su enemigo, quien se sostuvo con sus rodillas y manos mientras una lágrima más corría por su rostro hasta humedecer el piso.

—¡Tails! —escuchó el aludido, por lo que volteó para ver a su amiga con el desestabilizador en su mano antes de que se lo lanzara—, ¡toma!

—¡Gracias! —gritó Tails sin tono al atrapar el arma, no sabiendo en realidad cómo debía sentirse tras lo que había contemplado.

El raposo caminó lento hacia su contrincante, quien realmente ya no lo era cuando levantó su cabeza para verlo y la bajó de inmediato.

—¡Adelante! —clamó—, solo termina con esto.

—Yo… —empezó Miles indeciso—, no sé qué es perderlo todo, pero sé lo que es no tener nada y es…horrible, así que prometo que te ayudaré a tener…algo nuevamente.

No parecía que el mobiano estuviera escuchando por lo que el vulpino solo procedió a apuntar y disparar, sintiendo algo de remordimiento de haber creado esa arma cuando vio como las extremidades del equidna se separaban de su torso y su cabeza caía con una mirada que, excepto por un poco de tristeza, no reflejaba ningún sentimiento previo a explotar.

El cánido tomó la joya del pecho de la criatura junto a su ropa y la envió a su hogar para luego exhalar y decir:

—Se terminó.

Me sentí genial al escribir este capítulo porque fue un frenesí de batallas, escenas dramáticas y emociones que extasiaron mi imaginación. En serio anhelo haber logrado trasmitirles algo de la pasión y euforia que sentía en aquel entonces.

En cuanto a inspiraciones, el pájaro cucú está inspirado en el género de las aguamarinas de las gemas de Steven Universe.

Espero que la introducción de otro personaje original de la franquicia de Sonic incremente su emoción y que les haya gustado la reescritura que hice a su historia para que se acoplara a la mía y la forma en que lo presenté, aunque si no, agradecería mucho sus opiniones.

Sin nada más que escribir por hoy, me despido.