Tras que Miles saliera del motel, usando como siempre sus zapatos y jean negros, camisa blanca y suéter amarillo, se mantuvo parado y quieto frente al lugar dando una respiración profunda, absorbiendo la energía de la luz del sol, con parsimonia, pues no quería que la oscuridad se apoderara de su alrededor delatando su naturaleza.

Una vez hubo terminado, continuó su camino con normalidad, pasando por un local llamado , que él sabía que era operado por el secuaz del doctor Robotnik, Stone. Le preocupaba que él estuviera allí, tan cerca de Sonic, pero por otro lado no había hecho nada malo en todo el tiempo transcurrido desde que el erizo fue descubierto por su pueblo, así que podía dejarlo ser, pero no estaría mal echar un vistazo ahora que podía, por lo que cruzó el umbral del sitio, descubriendo un entorno, de hecho, bastante agradable, con una estética combinación de asientos verdes y paredes de madera.

—Bienvenido a , ¿qué desea pedir? —preguntó el barista, Stone.

—Un capuchino con vainilla, por favor —respondió el rubio extendiendo el dinero.

Tras haber obtenido su bebida, Tails le dio un sorbo, disfrutándola, pues se trataba de las pocas veces que consumía comida, pues lo consideraba una pérdida de tiempo ya que si bien lo que comía se convertía en energía dentro de su cuerpo era capaz de obtenerla mucho más rápidamente de la luz de las estrellas, pero aun así podía disfrutar del sabor, y la verdad era que le gustaba mucho la combinación de dulce y amargo.

Era tal su disfrute que no notó a otra mujer distraída yendo en dirección contraria a la suya.

¡Crash! —ambos chocaron desparramando las cosas que la otra persona llevaba.

—¡Ay, perdón! —dijo con quien el zarco había colisionado.

—No, yo lo siento —respondió el garzo—, iba distraído cuando sabía que podría haber alguien entrando o en la fila.

Ambos flexionaron sus rodillas para acercarse al suelo y recoger las cosas de quien el maestro desconocía. Se trataba de una mujer en sus veintes de pelo rubio cenizo y rizado que llegaba hasta sus hombros, con piel blanca y ojos ambarinos con unas cuantas pecas casi invisibles que iban de mejilla a mejilla, pasando sobre su nariz. Usaba una camisa de botones verde claro cuyas mangas llegaban un poco más debajo de sus hombros, un pantalón negro y zapatos del mismo color.

Tras terminar de recoger los objetos de la fémina y pararse, conformados por cuadernos, carpetas y papeles, el de pelo largo se enfocó en un documento en su mano que rezaba:

—Debe ser la nueva profesora de matemáticas —supuso el extraterrestre.

—Gracias por su ayuda —dijo la mujer alargando el brazo para pedir las cosas que el más bajo sostenía.

—De nada —respondió el varón entregando el documento—, lamento haber husmeado, pero preguntaré: ¿trabaja usted en la Preparatoria Green Hills?

—Uhm, sí —contestó la veinteañera—, bueno, en realidad este va a ser mi primer día allá.

—Mmm, yo también trabajo allí —informó el profesor—, si quiere podemos ir juntos.

—¡Oh! —se sorprendió la mujer—, bueno, eso sería muy amable, solo déjeme comprar un americano.

—Así que —inició el de suéter—, ¿de dónde viene?

—Vengo de Bismarck en Dakota del Norte —respondió la de verde—.

—¿Dónde estudió? —continuó el de pelo con color más intenso.

—Hmm, la Universidad de Nueva York —informó la humana algo incómoda.

—¿Por qué está aquí? —exigió saber el menor, ignorando la incomodidad de su acompañante.

—Hmm, bueno, siempre fue mi sueño ayudar a moldear mentes jóvenes —dijo la docente añadiendo con más ímpetu—, y mejor la manera en que eso se hace.

—Mmm, un propósito noble —calificó el de mezclilla.

Ninguno de los dos siguió hablando durante el resto del trayecto, aunque el educador sí pensó mucho.

—Tal vez me pasé con mi interrogatorio, y ni siquiera le pregunté su nombre, pero debía saber si ella es una amenaza para mi misión, lo que no parece, mas no por eso debo dejar de tener cuidado —razonaba el zorro.

Llegaron entonces a la institución, tras cuya encontrada se encontraba la directora Adara.

—¡Profesor Prower! —exclamó la dirigente al verlos—, veo que ya conoció a la profesora Kitty Underwood.

—Así es, directora —respondió Miles—. Bueno, iré por el material para mi clase. Nos vemos luego, profesora Underwood.

—Eso fue bastante incómodo —se dijo Tails—. Ella no sabe que yo conozco su propósito, pero podría suponer que lo sé por la reducción de mi trabajo, y entonces el estar junto a la nueva maestra podría haberse visto como una amenaza. Sea como sea, estoy seguro de que podré mantenerme mediante la actualización que hice en mi método de enseñanza.

El blondo llegó a la sala de profesores, donde encendió el monitor que le habían asignado y accedió a un drive en su correo institucional, cargado con exámenes que tenía preparados para ese día, los cuales envió a imprimir, siendo por ello que a continuación se dirigió a la impresora.

Mientras esperaba a que todas las hojas salieran, sintió una presencia acercársele desde atrás.

—¡Profesor Prower! —escuchó la voz del enfermero escolar Henry Foreman—, ¡no esperaba verlo aquí…tan temprano!

El vulpino intuyó lo que el médico quería decir y buscando no tener tensiones con él respondió.

—Esperabas que me expulsaran —dijo el de piel blanca a modo de afirmación— eso es bueno —agregó antes de voltear y ver al auxiliar de salud extrañado—, me alegra que te preocupes por los estudiantes —explicó—, muchos quienes viven de la docencia o trabajan en una escuela no lo hacen —se volteó entonces para recoger sus impresiones, más unas del sanitario, a quienes se las entregó diciendo—, no tiene que confiar en mí, pero prometo no volver a agredir a un estudiante.

Tras eso, volvió a la oficina para sacar su computador portátil de su escritorio y dirigirse a su primera clase, con el grupo con quien había tenido su última clase el viernes que hirió a Brad. Tomó un suspiro profundo y cerró los ojos por unos segundos previo a abrir la puerta del salón.

—¿Viste el último video? —escuchó decir a una voz, concretamente Mike.

—Hubiese sido imposible no hacerlo, salió en todas las noticias —respondió Alexander.

—¿No fue genial como acabó con las golondrinas? —preguntó Josh.

—A mí me pareció un poco grotesco —opinó Mary.

—¿En serio no sabes nada de ese zorro, Sonic? —interrogó Kevin al extraterrestre azul.

—No, pero me gustaría conocerlo —contestó el alienígena—. ¡Sería genial luchar junto a él! Aparte de que tampoco sabemos cómo llegaron los otros mobianos aquí.

—Mmm, Sonic parece algo perturbado —pensó Miles—, bueno, después de todo, es la primera vez en mucho tiempo que ve a alguien de su naturaleza, pero a la vez está tan alejado y confuso, espero que Tom y Maddie lo ayuden, aunque puede que no sepan exactamente qué decir, ya que la situación les es nueva, así como a todos los humanos, supongo,…ojalá pudiera hablar con él acerca de eso, pero sería muy sospechoso.

El maestro decidió entonces caminar hasta su escritorio y dar un sonoro aplauso para llamar la atención de sus alumnos.

—¡Buenos días, clase! —dijo con voz fuerte e imponente—, el día de hoy continuaremos repasando mediante actividades los temas vistos durante las semanas anteriores, sin embargo, no empezaremos sin que les diga algo primero.

Todos permanecieron callados y expectantes ante lo que diría el profesor mientras lo veían caminar hasta quedar al frente y al centro del pizarrón, pues hasta entonces siempre había sido severo e inflexible.

—Como pudieron ver, el viernes anterior tuve un arranque violento contra su compañero Brad Davis —empezó—, y pese a que su comportamiento no era adecuado, eso no justifica al mío. Ya le pedí una disculpa a él, por lo que ahora les pido una disculpa a todos por portarme como un docente al que deberían temer, pero quiero que sepan que esa nunca fue mi intención, y que en verdad deseo tener su confianza. Eso es todo.

El rubio dio entonces una reverencia de noventa grados por unos segundos antes de levantar de nuevo su torso, echándose su pelo sobre la espalda y viendo a todos sus estudiantes sorprendidos y extrañados.

—Parece que hice un cambio, pero no es algo que pueda arreglar con palabras, mas tengo acciones.

El educador regresó entonces hacia su escritorio y tomó algunos de los papeles que había traído.

—He decidido traer unos cuantos ejercicios personalizados para que cada uno interiorice los tópicos vistos hasta el momento, los cuales realizarán en solitario, tras una hora, formarán los grupos que yo escogí con el fin de resolver problemas planteados al estilo convencional y tras treinta minutos de ello, gastaremos la media hora restante en un examen individual que contendrá ambos tipos de ejercicio —indicó el blondo—, pueden hacerme preguntas durante la primera hora de la clase. Ahora repartan estas hojas.

Después de que las actividades fueron repartidas, Miles se sentó y puso atención a varios estudiantes. Parecía que les iba algo mejor con los planteamientos individualizados, y sin embargo notó unos cuantos ceños fruncidos que sabía que no solicitarían su apoyo, así que decidió tomar cartas en el asunto y preguntarles él mismo.

Se acercó con discreción a Cindy y tocó su hombro, provocando que la chica diera un pequeño brinco de miedo.

—Lamento haberte asustado —se disculpó Tails—, pero me pareció que estás en aprietos y quiero saber si puedo ayudarte.

—Mmm, bueno —la chica entonces, algo incómoda, volvió la vista a su examen—, aquí se me dice que un tarro cilíndrico de pigmento para maquillaje debe traer veinte mililitros de contenido, y siendo así se me pide conocer las dimensiones que permiten obtener un menor precio por el material del envase siendo que cada centímetro cuadrado vale veinte centavos —leyó el problema—, bueno, la verdad es que me parece curioso lo descrito, porque creo que es mejor comprar una paleta que un solo color, además de que ni siquiera se incluye un pincel, pero… —la fémina notó entonces la mirada de su maestro y se enfocó otra vez—, como sea, no sé como proceder. Sé que es un problema de optimización y debo hallar el punto de la función en que la derivada es cero, pero no sé cómo encontrar la función siquiera.

—Bueno, vamos por partes —inició el zarco—, ¿cómo se calcula el volumen de un cilindro?

—Hmm, es como área de la base por la altura, y cómo la base es un círculo, sería pi por radio al cuadrado multiplicado por la altura.

—¿Conoces el volumen de un cilindro?

—Hmm —pensó la colegiala confundida—, ah, sí, el del ejercicio que es de veinte mililitros, aunque la respuesta se me pide en centímetros cuadrados.

—¿Cuántos mililitros son un centímetro cuadrado?

—Hmm, uno —respondió la estudiante muy obvia—, ah, sí, entonces serían veinte centímetros cúbicos —dijo la chica escribiendo en una hoja.

—Bien, ahora, ¿cuál es el área superficial de un cilindro?

—Bueno, debe ser la base y la tapa más las paredes —razonó la joven—, la tapa y la base son iguales, y son círculos, así que sería dos veces pi por radio al cuadrado, mientras que para las paredes…

—Espera —dijo el maestro tras unos segundos de espera, yendo a su escritorio por una hoja de papel y regresando—, mira lo que hago —pidió tomando la hoja y uniendo sus vértices.

—¡Ah, claro!, es un rectángulo cuya base es el perímetro del círculo y su altura es la altura del cilindro, así que sería dos pi por radio al cuadrado por la altura —concluyó emocionada Cindy copiando en su hoja— ya tengo la función del área superficial, aunque…tengo dos variables.

—¿Puedes escribir una en términos de la otra? —inquirió el maestro.

La chica hizo silencio por unos segundos para luego llevar su cabeza hacia la ecuación que hizo antes.

—¡Sí! —exclamó—, como pi por radio al cuadrado por la altura es veinte, puedo escribir la altura, como veinte dividido entre pi por radio al cuadrado y si reemplazo en la función del área superficial —dijo la chica escribiendo en su hoja—, ¡queda dos por pi por radio al cuadrado más cuarenta dividido entre el radio!, ahora solo tengo que hallar la derivada y ver en qué punto vale cero, para luego hallar el valor del radio que tiene la derivada en ese punto. ¡Gracias, profesor Prower!

—De nada, Cindy —agradeció el garzo previo a añadir—, pensé que aprenderías mejor con un planteamiento que involucrara maquillaje, pero creo que aún debo pensar mejor.

—Oh, no, profesor —lo tranquilizó la alumna—, la verdad, pienso que el que se tratara de maquillaje me hizo concentrarme más. Gracias nuevamente.

El profesor fue a por el siguiente colegial tras asentir, un poquito ruborizado.

Tras que su clase terminara, y puesto que no tenía otra durante la hora siguiente, Miles se encontraba corrigiendo los exámenes y actividades que realizaron los estudiantes tras la primera hora de su clase.

—Parece que las actividades personalizadas mejoraron su desempeño con los planteamientos regulares —pensó al terminar de calificar—, bueno excepto por alguien.

Extrajo de la pila de papeles frente a él uno marcado con trazos ágiles y delgados que creaban el nombre:

—Una vez más pasó con la menor nota —habló en voz alta el rubio—. No supervisé la educación que se le dio, por lo que no puedo estar seguro de la calidad de la enseñanza de sus padres y los maestros que le enseñaron las cosas básicas, pero al fin y al cabo, lo cierto es que tiene una desventaja frente a sus compañeros, por lo que estas notas son, de hecho, impresionantes, pero debo lograr que todos estén a la par.

Antes de que el blondo pudiera pronunciar otra palabra, sus sensibles oídos percibieron un ruido leve y agudo: Llanto.

El maestro entonces se levantó de su silla y siguió el sonido, recorriendo los pasillos de la institución hasta llegar a la parte trasera de la misma, vislumbrando un cabello rubio cenizo que había conocido ese mismo día.

—Maestra Underwood —llamó el más bajo hacia la mujer que se encontraba en cuclillas con la cara entre las rodillas—, no es mi lugar, pero si me dice por qué se encuentra en ese estado tal vez la pueda ayudar.

La educadora gimió antes de levantar la cabeza y ver de quien se trataba, tras lo que la volvió a bajar.

—No tiene de qué preocuparse —dijo la fémina entre lágrimas queriendo mantenerse formal—, esto es personal, le aseguro que me repondré en unos minutos.

—Tratar de evitar el dolor solo genera más sufrimiento —dijo el de pelo largo sentándose junto a su compañera—, pero no hay razón para enfrentarlo solo.

Sus palabras parecieron llegar a la docente, mas aun así se limitó a decir:

—Es solo ansiedad —dijo la mujer—, se me pasará.

—¿Qué le causó? —insistió el zarco.

—Me abrumé con las preguntas de los alumnos —le contó la dama—, soy tan patética, sabía que esto pasaría y de cualquier forma decidí venir hoy.

—Tuvo la valentía de hacerlo, eso es algo —la reconfortó el garzo—, solo necesita encontrar una manera de poner orden.

—¡Pero debería saber cómo hacerlo! —se exaltó la de ojos negros calmándose un instante después—, lo siento, es solo que, siempre fue mi sueño ser una educadora, y aunque haya entrado en una de las mejores universidades del país para convertirme en una, la verdad es que todo se volvió muy difícil allí. Por poco y no me gradúo, e incluso así esperaba tratar con niños pequeños, pero solo pude hallar este lugar.

Tails la miró por los varios segundos anteriores a hablar de nuevo:

—No es tarde para arrepentirse y buscar otra carrera o profesión—afirmó Tails—, pero usted debe decidir qué desea.

—¡Sé que deseo! —espetó con determinación la mujer—, ¡quiero ser maestra! Y de cualquier forma no es como que pueda darme el lujo de abandonar este trabajo.

—En ese caso, debe buscar la manera de mejorar su enseñanza —le indicó Miles—, yo puedo ayudarla, si gusta.

La mujer se volvió para mirar a su compañero previo a preguntar:

—¿Por qué lo haría? —interpeló— soy su competencia, ¿no? Es raro que una preparatoria tan pequeña tenga más de un maestro de una misma materia y usted, o sea que me contrataron a mí para tratar de buscarle un reemplazo, y si deciden que usted basta, me echarán a mí.

El extraterrestre cayó por unos minutos antes de abrir la boca otra vez.

—Eso es cierto —afirmó él—, pero si me permite contarle un secreto, la verdad es que dudo estar aquí por mucho tiempo, pero me preocupo por los estudiantes, así que me gustaría saber que seguirá habiendo un maestro competente una vez que me haya ido.

Dieron otra vez vida al silencio hasta que la profesora decidió matarlo.

—Está bien —aceptó—, la verdad es que en realidad necesito este empleo. No podría tener más suerte.

—Perfecto —comentó el alienígena—, en ese caso, le escribiré con el fin de que decidamos cuando vernos y de qué forma mejoraremos su método —estableció para luego pararse y ofrecer: —, y ahora que se encuentra bien y la hora del almuerzo iniciará pronto, ¿me acompañaría a la cafetería?

—Está bien —dijo Kitty tomando la mano de su congénere para levantarse.

Lo cierto era que hasta entonces les había dicho a sus compañeros que comía en el salón de clases en el que estuviera en el instante en que sonara el timbre que indicaba el inicio de la hora del almuerzo para poder corregir exámenes y actividades mientras comía, y hasta ahora había funcionado, mas ya no lo haría tan fácilmente si era visto comiendo allí por primera vez, pero por alguna razón, sintió que valía la pena perder ese beneficio y pensaba que disfrutaría esta comida.

Creo que fue algo vago por mi parte sólo tomar un poco más del estilo de enseñanza de Koro-Sensei de Assasination Classroom y decir que el sistema educativo sería mejor si se preocupara un poco más por la forma de aprendizaje más óptima de cada alumno y sus interes, ya que cuando escribí pensé que sería una buena idea, pero hoy no creo que eso provoque una mejora significativa en la cantidad de información retenida por los alumnos, mas como una persona que sueña con escribir historias originales, estoy feliz de haber aprendido que la mayoría de los fenómenos son multifactoriales y no sale tan bien simplificarlos tanto.

Sea como sea, espero que les haya gustado este capítulo, especialmente el personaje de Kitty.