Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.
Aviso: hice un cambio de narrativa. Espero no les moleste, en estos días me pondré atenta para lograr modificar los capítulos anteriores y así la historia no se miré mal.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 17
Edward
Llegamos a Arizona después de dos días de vuelos. Isabella no quiso descansar en ningún hotel sino que estaba ansiosa por conocer el que sería nuestro nuevo hogar.
Me empeñe en elegir la mejor casa. La más espaciosa y acogedora para que estuviera feliz.
No me equivoque cuando bajamos del auto y corrió hacia la entrada.
― Espera… ―la detuve suavemente del brazo antes de que cruzara la puerta, fácilmente la cargué en brazos.
Soltó un pequeño jadeo mientras su rostro se tornaba lleno de sorpresa. Sus ojos no eran capaces de mentir, se veía emocionada al estar en mis brazos.
― Quiero ser muy tradicional ―expresé―. Bienvenida a su casa, señora Cullen. Puedes hacer los cambios que tú quieras.
― Me gusta ―aseveró ensimismada en las altas paredes y la decoración de la sala de estar.
Mis comisuras se elevaron, me complacía verla feliz.
― Gracias, Edward. Creo que será difícil pensar en que esto no es real.
― ¿A qué te refieres?
Hizo un gesto para que la bajara de mis brazos. Una vez que la ayudé a estar de pie, sus ojos seguían fijos en mí.
― Eres demasiado complaciente conmigo ―aseguró― siempre pides mi opinión para todo, estás al pendiente de mí y mi comodidad ―sus cejas se juntaron― me haces sentir valorada y te prometo que no puede existir una mujer que no se sienta halagada con todos tus detalles.
― Eso quiere decir que estoy siendo un buen esposo ―me jacté.
Sonrió tímidamente. Nuestras manos se unieron a la vez que nuestras miradas seguían enganchadas. Algo buscábamos el uno del otro y por hoy parecía que habíamos puesto puntos suspensivos porque no sabíamos lo qué era.
― Eres el mejor, lo prometo.
Asentí vehemente. Quería creer lo que decía, en mi interior sentía una necesidad imperiosa de que sus palabras fueran verdad.
― Iré a conocer la casa ―dijo―, ¿me acompañas? ―tiró de mi mano llevándome con ella.
Hablamos de nuestro dormitorio; decidimos mover la cama de alguna forma para que el sol nos despierte con los primeros rayos de un nuevo día, elegimos nuestro espacio en el enorme vestidor, también nos pusimos de acuerdo y seguiremos entrenando kickboxing por las mañanas.
Fue uno de los tantos planes que hicimos esa mañana.
Juntos fuimos acomodando cada mueble de casa hasta que ambos estuvimos de acuerdo y fuimos abordados por el deseo de estar juntos una vez más. Quizá no teníamos suficiente del otro.
Porque terminamos tumbados y desnudos en el afelpado tapete de la sala de estar, sin mucho ánimo de movernos.
― No quiero irme ―exhaló suavemente mientras sus uñas se arrastraban por mi pecho― pero necesito ir al consorcio.
Olí su cabello con aroma a coco y aspiré muy hondo. Pegando su cuerpo más cerca del mío, entrenando su cabeza seguía apoyada en mi pecho.
― Iré contigo.
Isabella levantó su mirada. Su melena despeinada y rizos desordenados enmarcaban su rostro haciéndola lucir seductora.
― Estás desesperado por enfrentarte a Sam ¿verdad?
― Sí, quiero ver su cara cuando me vea contigo. ―Debería decir que es más importante que me vea presente y sepa que estaré sobre él sin ningún tipo de contemplación, no obstante me causaba más emoción restregarle a ese infeliz que Isabella es mía y que no tiene oportunidad para volver acercarse a ella.
― Vamos ―arrastró su nariz contra la mía― quiero llegar a la hora que estén en la reunión, será más emocionante.
Estaba a punto de levantarse y tiré de su mano dejándola encima de mi cuerpo. Sus ojos se abrieron ante la sorpresa y antes de que hiciera preguntas, con mis manos acuné su cara, besándola sin contemplaciones.
No se resistió. Nos fundimos nuevamente en una pasión descontrolada. Ella montándome con torpeza.
Estaba aprendiendo; su cuerpo subiendo y bajando, enterrándose en mí falo, mientras mis dedos estaban en su cadera, guiándola.
Su molesto celular empezó a sonar.
No quería detenerme. Necesitaba más.
Observé su rostro, tenía los labios entreabiertos y los ojos fuertemente cerrados. Estaba tan concentrada que no era capaz de escuchar su móvil.
Jadee. Su cuerpo empezó a sacudirse y de inmediato se refugió en mí, había terminado y yo estaba lejos de hacerlo.
Hice una mueca de enfado al ver mi celular sonando de la misma manera que el de Isabella.
― Tú no terminaste ―musitó en mi oído― puedo ayudarte.
En otra ocasión podría decirle que sí, que estaría encantado. No hoy, no podíamos seguir en casa.
Sentado encima del tapete, abracé su menudo cuerpo.
― Debemos ir a con tu padre ―le recordé.
El puchero que se formó en sus labios fue demasiado tierno. La besé de nuevo
― ¿Nos duchamos juntos? ―propuse. De algún modo quería que dejara de sentirse mal porque no pude alcanzar mi orgasmo.
― Bien ―susurró con su mirada llena de ilusión.
.
La vi bostezar por tercera ocasión en el breve tiempo que estacionaba.
Isabella definitivamente estaba agotada por nuestra faena matutina.
― ¿Estás cansada por el viaje o por nuestro maratón de sexo?
Meneó la cabeza. El rubor cubrió su cara y le dio un bonito tono a sus mejillas, Empezaba a amar la manera en que se abochornaba con facilidad ante mis palabras.
― Compórtate ―rumió en medio de otro bostezo.
Soplé un beso en su dirección y bajé del auto. Con precisión caminé hacia la puerta y la abrí para ella, ofreciéndole mi mano.
Aceptó con gusto. Me di mi tiempo para escudriñar su semblante y noté el nerviosismo en su cara, empezó a mordisquear sus labios mientras seguíamos nuestro camino más allá de las puertas de cristal.
Mi mano nunca soltó la suya.
Estaba determinado a brindarle mi apoyo para que ella no flaqueara.
Sentí las miradas conforme avanzabamos. Supuse que eran compañeros de Isabella, a los segundos empecé a escuchar los cuchicheos.
Su nerviosismo fue evidente al ver la postura de su cuerpo; sus hombros se habían hundido.
Decidí pasar mi brazo por sus hombros y así usamos el ascensor que nos llevaba al tercer piso.
― No sueltes mi mano, Edward ―murmuró cuando las puertas se abrieron.
― Nunca ―prometí, viéndola con una cálida sonrisa.
Nos encaminamos hacia una joven mujer rubia. Ella se incorporó manteniendo sus ojos azules muy abiertos.
― Bella ―balbuceó― no puedes entrar… el señor Swan…
Isabella no escuchó a la mujer. Decidida abrió la puerta de par a par.
Swan se puso de pie. Tenía el rostro como si hubiera visto un fantasma, estaba por completo pálido y a punto de desvanecerse. Pero Sam Uley y Leah no tenían un mejor semblante, los tres estaban con la quijada a punto de caer al piso.
― Hola, papá ―articuló Isabella―. He vuelto, traigo un nuevo integrante al consorcio ―me dio una rápida mirada, mientras yo le doy un suave apretón a su mano― él es mi esposo, Edward Cullen.
Sonreí petulante.
Disfrutar de ver la cara de perdedor de Sam Uley será mi nuevo deporte.
Hola, así empezamos la segunda etapa. Edward es un amor con Bella, pero aún no descubren lo que ambos sienten, ¿quieren otro capitulo?
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Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: ALBANIDIA, Valeria Sinai Cullen, Pepita GY, Isis Janet, Flor McCarty-Cullen, Lily Pattinson Stewart, Cassandra Cantu, Adriana Molina, mrs puff, Karo29, Jade HSos, Daniela Masen, Jimena, Diannita Robles, LOQUIBELL, Ary Cullen 85, Dulce Carolina, Antonella Masen, kasslpz, Yoliki, diana0426a, Car Cullen Stewart Pattinson, Cary, Elizabeth Marie Cullen, Smedina, danymoli1795, Verónica, Mapi13, The Vampire Goddess, Lili Cullen-Swan, rociolujan, Natali, Andrea, Kiss, Noriitha, krisr0405, saraipineda44, Maryluna, Adriana Ruiz, y comentarios Guest
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