Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 22

Escuché ruidos. Me negué a abrir los ojos y me acomodé mejor en la suavidad y frescura de las sábanas, no me levantaría temprano un sábado por la mañana.

― Amor… ―la cama se hundió, sonreí al momento que sentí el peso de Edward encima de mí― quedamos en ir a correr, lo prometiste.

― Mmm, no ―me quejé de forma infantil.

Descubrió mi rostro, quitando un poco las sábanas y empezó a repartir besos en mi cara, apreté mis labios porque no deseaba que se horrorizara con mi aliento mañanero.

― Quiero dormir un poco más ―gruñí, sin abrir los ojos.

Escuché la suave risa de Edward rebotando en mi cara, ¿por que tenía que oler a menta? Mientras seguramente mi aliento era a caño.

― Últimamente duermes mucho ―comentó en voz baja―. Estoy pensando que no debo desvelarte tanto, tenemos que parar las lecciones de sexo.

Me descubrí por completo y lo miré forrorizada.

― ¡No! ―me atraganté en gritar―. No es necesario que dejemos nuestro juego nocturno.

Edward sabiéndose victorioso se tumbó junto a mí y me envolvió en su brazo.

― Me gusta esto ―confesó.

― ¿Mi cuerpo desnudo junto a ti?

Río.

― Sí, también me gusta tu cuerpo. Solo que yo hablo de lo que estamos logrando juntos.

Exhalé suavemente mientras miraba con detenimiento el techo en color blanco.

― Tengo miedo ―susurré― si descubren los documentos falsificados te pueden meter a la cárcel.

― Todo en la vida es un riego, amor ―me apretó con más fuerza.

Bostecé nuevamente.

― Despiertame cuando sean las nueve ―susurré― tengo que ir a casa de mi madre.

― Faltan quince minutos para las diez.

Abrí los ojos y pateé las sábanas saliendo de la cama.

― Quedé en ir a desayunar con mi madre, le dije que llegaría a las diez.

Edward pasó su mirada por mi cuerpo y relamió sus labios.

― Tu madre puede esperar un poco más ¿no? ―abrió sus brazos invitándome a ellos.

No fui capaz de negarme y terminé por meterme a la cama nuevamente.

.

El silencio en la casa era abrumador.

Recorrí lentamente la entrada y sentí que desconocía por completo el lugar; la sobriedad de los muebles me parecía aburrida al igual que la decoración tan triste, ya no lo sentía como mi hogar, quizá era porque ahora parecía un lugar desolado o probablemente era porque no me sentía cómoda.

Seguí mi camino hacia el taller de mi madre. Era el único lugar donde podía estar cuando Charlie se hallaba lejos de casa.

Crucé los brazos bajo mi pecho y la miré: tenía sus manos manchadas de arcilla, moldeando lo que pienso era un florero.

Estaba concentrada en su molde, con su ropa salpicada de arcilla y una pequeña sonrisa adornando sus labios.

Quería reclamarle. Gritarle y exigirle explicaciones del porqué había acompañado a Leah.

Sin embargo, negué con la cabeza. Solté una respiración profunda y no lo hice.

Renée no era libre de opinar. Tampoco de decidir y quizá su sumisión me arrastró siempre a reprimir mis pensamientos, a callar mis opiniones y jamás refutar a mi padre.

Lo había aprendido de ella.

― Hola, mamá.

El estremecimiento de su cuerpo me hizo fruncir los labios.

― Bella ―su voz indicó sorpresa, limpió con rapidez sus manos en el delantal atado en su cintura y luego se dio la vuelta para lavarse bajo el chorro de agua―. No estuvo bien… ―negó con la cabeza, al girarse. Estaba segura qué algo distinto vio en mí porque se mantuvo con la boca abierta mientras me evaluaba― Estás más hermosa ―mencionó― tienes un brillo distinto.

Volvió a sacudir la cabeza.

― No debiste desaparecer ―continuó― tu padre está muy enojado.

― ¿Por qué acompañaste a Leah? ―increpé―. ¿Cómo pudiste apoyarla sabiendo lo qué me hicieron?

Mamá desvió su mirada y desatendida de mi presencia, acomodó por tamaños unos maceteros que estaban perfectamente ordenados.

― Fue un favor ―respondió entre dientes y sin darme la cara.

― No es verdad ―protesté―. Lo hiciste obligada porque así lo exigió mi padre. No te detuviste a pensar en lo que me dolería, no fuiste consciente que aceptar estar con ella era una burla para mí ―tomé suavemente su antebrazo y la hice mirarme―. Yo soy tu hija, no Leah.

Asintió lentamente con su mirada perdida. Como si estuviera meditando mis palabras.

― Tú también te casaste y no fuimos requeridos al enlace matrimonial ―expresó molesta―. Tu padre dice que ese hombre es un vividor que quiere arruinarnos.

― ¿Y tú le crees a Charlie? Él siempre ha querido que hagamos su voluntad, pero tú podías negarte, me debías eso, mamá.

Su nerviosismo se manifestó cuándo restregó los dedos perfectamente limpios en su delantal.

― ¿Hasta cuándo permitirás que mi padre gobierne tu vida, mamá? ―pregunté.

― Basta, Bella ―susurró, caminando fuera del taller.

La seguí. Caminé lentamente detrás de ella, y sin dejar de vociferar todo lo que quería decirle.

― No mamá, ningún basta. No pretendas callarme cuando sabemos que te faltó coraje para llevarle la contraria a Charlie, para defenderme y darme la confianza que nunca tuve.

― Ya conoces a tu padre.

― Estuviste de su lado cada que yo quise increparle, me decías que me callara y que obedeciera. No fue justo, mamá.

Volteó a verme. Me desconcertó sus ojos azules empañados por lágrimas retenidas.

― Hoy eres libre, Bella ―argumentó―. Y aunque no me creas estoy muy feliz por ti; pudiste abrir tus alas y liberarte del yugo Swan y de ese infeliz de Uley, eres libre cariño.

― ¿En serio eres feliz por mí?

Sus lágrimas escurrieron por su piel blanquecina mientras sus labios temblaban. Me observó detenidamente y aprecié cómo suspiraba entrecortadamente.

― Soy tu mamá, tal vez me faltó carácter para protegerte y no permitir tantas injusticias, pero eso no implica que no te ame, Bella. Aún con mis limitaciones yo te amé desde que supe que te esperaba.

Sonreí ante la emoción de sus palabras. Era la primera vez que entablamos una conversación sin filtros, Renée siempre se escondía como un ciervo asustado cuando no quería hablar de situaciones donde me tocaba exponerla.

Era consciente que vivía gobernada por mi padre y tenía terror no darle gusto.

― ¿Me invitarás a desayunar? ―quise saber.

No quise agobiarla más y decidí no presionarla para hablar de Leah.

― Esta siempre será tu casa, el desayuno está listo ―mencionó―. Sigues levantándote tarde ¿verdad?

Rodé los ojos.

― ¿Me Hablarás de Edward Cullen? ―indagó―. ¿Cómo fue tu boda?

Suspiré.

Caminamos juntas hacia el comedor. Desayuné un delicioso omelet y platicamos de cosas triviales como el clima en la ciudad, no tuve confianza para mencionar a Edward, sabía que mi padre podría valerse de cualquier artimaña para irse contra él, así que preferí pausar el tema.

Hubo abrazos, besos y una despedida corta con Renée. En las más de cinco horas que estuve con ella Charlie nunca apareció, lo que mantuvo a mi madre más relajada.

.

Esa misma noche Edward estaba por salir. Debía reunirse con amigos que habían llegado a la ciudad. Su semblante apesadumbrado me hacía pensar que no queria asistir, nunca lo había visto tan desanimado como hoy.

― No quiero ir ―se quejó en la puerta.

Tampoco deseaba que se fuera. Necesitaba tenerlo cerca, medité unos instantes y supe que no era normal estar todo el tiempo juntos, lo que menos necesitaba era desarrollar apego emocional por él.

― No seré una esposa tóxica ―bromee mientras empujaba suavemente su espalda― no regresaras tarde, solo tienes algunas horas.

― ¿Me estás dando permiso medido en horas? ―preguntó sonriente.

― Lo hago ―seguí empujándolo― te quiero aquí antes de la medianoche.

Se giro hacia mí.

― Quizá llego antes ―me lanzó un beso antes de acercarse y besarme como era debido.

Fue entonces que se alejó y cerré la puerta. Miré la televisión y pensé en buscar alguna serie o documental interesante, así haría tiempo para esperarlo despierta.

Empecé a hacer zapeo frente al televisor cuando el timbre sonó.

Arrugué la nariz. No pude evitar esbozar una sonrisa engreída, estaba segura que Edward había cancelado.

Muy segura de mis pensamientos abrí la puerta y mi sonrisa se borró.

― Sam, ¿qué haces aquí?


No olviden leer el pequeño adelanto que envié en el grupo de Élite, espero les guste. Por ahora quiero saber sus opiniones, ya se hicieron una idea de que Renée no tiene voz ni voto.

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Gracias totales por leer 🌹