Día 22.

Seeing Ghosts

Era noche de brujas y los hijos del matrimonio Graves estaban listos para salir a pedir dulces. Aunque su familia no participara directamente en la actividad junto a otros adultos, Renee los enviaba para aprovechar su tiempo a solas con su esposo, además de la ración de dulces gratuita que evitaría que Ashley la molestara con sus antojos una temporada. Disfrazados con atuendos cutres y poco reconocibles, Leyley apuró a su hermano para que salieran del departamento a las calles de la ciudad, donde muchos otros niños llamaban a las puertas de otros hogares. La recolección había iniciado temprano, aunque como cada año no habían tenido mucha suerte. Todos estaban enterados de la existencia de esos hermanos, así que los adultos participantes buscaban la manera de no recibirlos. Por desgracia Ashley siempre encontraba la manera de colarse a grupos grandes de niños, motivo por el que los desafortunados no tenían más opción que depositar en su rallada cubeta unos cuantos ejemplares.

—No deberíamos seguir haciendo eso, Leyley —se quejó el hermano mayor, profundamente avergonzado por las miradas reprobatorias que estuvo obligado soportar toda la noche.

—Ellos son los que se niegan a darme dulces si vamos solos. Además no dejabas de quejarte porque les robaba sus calabazas a otros niños.

—Eres imposible.

— ¿Tienes una mejor idea? Sólo escucho quejas y cero soluciones, Andy.

—Bueno, supongo que esta vez no puedo culparte. Si mamá comprara dulces para regalar como todos, los demás adultos no nos verían mal.

— ¿Ves?

— ¡Al fin los encontramos! —La voz de Nina atrajo la atención de los hermanos Graves enseguida, motivo por el que se detuvieron. Ella venía vestida de la clásica bruja con escoba y sombrero mientras que Julia vestía de bailarina de ballet—. Teníamos miedo de no verlos esta noche.

— ¡Hey! ¿Por qué sus cubetas tienen más dulces que las nuestras? —reclamó Leyley.

—Humm, ¿quizás por el disfraz? —Nina trató de adivinarlo—. Los adultos siempre dan más dulces cuando les gusta el atuendo. ¿De qué se vistieron ustedes? ¡No puedo distinguirlo!

—Tonta. ¡Es obvio que soy Freddy Krueger y Andy es Jason!

— ¿Q-Quién es Freddy o Jason? —inquirió Julia intrigada.

—Ya sabes, ¿esos asesinos que regresan de la muerte para vengarse? Salen en películas de terror. ¡No puedo creer que no los conozcan! Si hasta estamos manchados de sangre y todo.

—Bueno… es que eres la única niña que mira esas películas, Ashley —señaló Nina indignada.

— ¡Andy también las ve!

—P-Pero Andrew es un niño, es normal que a los niños les gusten esas cosas.

—No me gustan, las veo porque Leyley me obliga a verlas —renegó Andy, lo que de inmediato puso a la menor de los Graves a la defensiva.

— ¡Eso no fue lo que dijiste el día que mamá las rentó!

—Como sea, ¿vamos a seguir pidiendo dulces o no?

—Claro que sí, no seas tonto, Andy. ¿Por qué más estaríamos aquí?

— ¡Vayamos juntos! —propuso Nina—. Así quizás reciban tantos dulces como nosotras.

— ¿Sólo nosotros cuatro? No, eso no ayudará a que obtengamos más dulces. Mi plan es mejor.

— ¿Q-Qué tiene de malo? Es más divertido cuando pedimos dulce o truco entre amigos —dijo Julia con todo el entusiasmo que le permitía su timidez natural.

— ¡No nos darán dulces así!

—Tal vez ellas tengan razón, Leyley. Míralas, tienen disfraces brillantes, ir con ellas garantiza simpatía para nosotros también.

— ¿Qué? ¿Ya te estás poniendo de su lado? ¡Yo soy tu hermana!

—Estoy viendo lo que es mejor para los dos, Leyley. Si seguimos tu plan no reuniremos suficientes dulces para la media noche.

Leyley sintió que lágrimas de frustración se acumulaban en sus párpados inferiores, sintiéndose humillada por la idea de que unos trajes bonitos fueran la razón de una colecta de dulces exitosa. ¿Qué tenían de malo sus disfraces de asesinos? Las brujas y las bailarinas como Nina y Julia ni siquiera daban miedo. ¡Era Halloween! Se suponía que los mejores atuendos debían ser lo que eran un poco espeluznantes, por ello era su fecha favorita.

— ¿Vienen? —Nina se impacientó un poco por la falta de respuesta, así que Andy no tuvo más opción que insistirle a su hermana.

—Vamos, Leyley. Se hará tarde. —La menor de los Graves continuaba sin poder responder—. Si quieres podemos ir tomados de la mano.

—…No te gusta ir tomado de la mano conmigo —refunfuñó.

—Puedo hacer una excepción hoy. Anda, vamos por esos dulces.

No del todo convencida, Leyley accedió caminar junto a las otras niñas mientras yacía tomada de la mano con su hermano. El calor de sus dedos la consoló un poco cuando se detenían ante una puerta y ellas gritaban con una gran sonrisa "dulce o truco". Fue frustrante pero de verdad su presencia ayudó que obtuvieran más golosinas de lo acostumbrado, a pesar de que los adultos seguían dedicándoles miradas aprehensivas. El sabor del chocolate derritiéndose en su boca también controló los celos un poco, después de todo continuo el recorrido sosteniendo la mano de Andy, a diferencia de esas dos niñas con trajes perfectos que a menudo miraban dicho gesto con envidia.

Con cubetas llenas de dulces, los cuatro se acomodaron junto a un árbol. La charla no fue nada de interés para Ashley, pues estaba muy ocupada disfrutando de su paleta y de la calidez de los dedos de su hermano todavía agarrado a ella. Al menos así fue hasta que surgió el tema de los fantasmas. A pesar de su problema de asma, a Nina le fascinaba el tema de espíritus y seres inmateriales, así que sus ojos siempre tenían este brillo eufórico al hablar de apariciones.

—Para alguien a quien le gustan los fantasmas, sabes muy poco sobre películas de terror —se quejó Ashley poco impresionada por los relatos que acababa de contarles. Andrew no estaba nada afectado tampoco mientras que a Julia se le veía muerta de miedo.

—Mamá me prohibió ver muchas de esas películas porque si me sorprendiera mucho, tosería demasiado por culpa de mi asma.

—Excusas.

—D-De todas formas, no creo que tú seas capaz de mirar un fantasma y no salir corriendo.

— ¡Ja! En realidad si yo viera a uno lo invitaría a embrujar nuestro departamento, haría las cosas más divertidas en casa. ¿Verdad, Andy?

—…Esas son tonterías, los fantasmas no existen.

— ¡Eso dices porque no has visto ninguno! —exclamó Leyley—. Estoy segura que si tú los vieras te orinarías en los pantalones como la perra miedosa que eres.

— ¡Hey! Cuida esa boca, pequeña mierda.

En lugar de reírse, Nina comenzó a sentirse incómoda por el intercambio de esos dos. Ashley siempre sacaba a relucir el lado violento y malhablado del niño que le gustaba, por eso no podía evitar despreciar un poco la compañía de la menor de los Graves, aunque ya comenzaba a resignarse de que estarían juntos a donde quiera que fuera uno u otro. Mientras el altercado intensificaba, casi estuvo agradecida cuando la voz de la hermana de Julia las llamó, así que ambas se despidieron de los Graves para ir junto a sus familiares que habían ido a recogerlas. Una vez solos, Leyley y Andy también pudieron respirar. Con una mirada estuvieron de acuerdo en volver a casa también donde se repartirían los caramelos y chocolates de modo que estuvieran equilibrados, aunque ambos sabían que Leyley acabaría siendo la dueña de la mayoría de golosinas.

Fin


Notas Finales: Mi idea original era que mientras recolectaban dulces, los cuatro niños acababan metiéndose a una casa abandonada para comprobar si había fantasmas pero me llevaría tiempo construir la tensión, así que reduje todas mis ideas y se convirtió en esto. Igual fue divertido escribirlos disfrutando de un paseo nocturno sin supervisión adulta.