Notas Iniciales: Por alguna razón escribir esto con el Personality Swap me pareció muy erótico. ¿Será porque ya he leído suficientes cosas sensuales con el universo normal?
Día 23.
Intoxicated
«Soy yo quien no te gusta a ti. Siempre es sobre Leyley y tú. Pues te tengo noticias. Leyley está muerta.»
Esas palabras le habían dolido, en verdad lo hirieron. Causaron que un calor terrible se distribuyera por todo su cuerpo hasta alcanzar la cima. Esa ira tan conocida, hirviente, derritió su cabeza, volviéndolo tan desafiante como siempre había sido. Lo convirtió en un mocoso dispuesto arrancar la mano que le era tendida en auxilio, de modo que no pudo arrepentirse de lanzarse a la batalla en busca de perforar (o siquiera causar una grieta) en su enemigo.
«Tienes toda la razón. Realmente no me gusta Ashley.»
La expresión de su hermana se había agriado en consecuencia, obteniendo justo lo que quería cuando esa mirada oscura y rebelde se inclinó más hacia él, aumentando la tensión que ya pesaba sobre ellos. Por lo que cuando su hermana menor extendió la mano hacia su rostro y sujetó su barbilla, rozando sus labios, Andrew apenas registró la sensación de las yemas de sus dedos.
«Lamento mucho escuchar eso… porque "Ashley" es lo único que tendrás.»
Ahora esa idea parecía absurdamente candente pero también inquietante. Ashley no le temía, no le guardaba ningún respeto pero por eso mismo era que en esos instantes se sentía acorralado bajo su peso en la cama de ese motel. Andrew ya estaba respirando pesadamente mientras los dedos de su adorada hermana jugaban con su cabello, dibujando círculos con los rizos naturales, genética de su familia. A ella siempre le había gustado jugar con su pelo negro de esa manera; desde que tenía memoria Ashley siempre lo consolaba así, le brindaba ánimos o lo mimaba. En esos instantes podría ser un poco diferente debido al momento que estaban atravesando, ya que a pesar de su clara experiencia lucía nerviosa, temerosa de cruzar la línea establecida.
Andrew sintió el impulso de burlarse de ella pero las palabras no salían, ni siquiera eran capaces de formarse en su garganta, así que justificó el hecho de tragar espeso saliva bajo la mirada turquesa e intensa de la menor de los Graves, cuyas pupilas seguían cada mínimo movimiento con una precisión terrorífica. ¿Qué podría estar pensando? ¿Realmente lo quería? Andrew había perdido la capacidad de leerla desde que ella se cizañó con su apodo de infancia, desde que ese sobrenombre se convirtió en la representación de todos sus defectos y debilidades. Despreciaba a Leyley tanto como odiaba a Andy. Pero, ¿qué atractivo encontraba en Andrew si para el aludido eran una misma entidad? ¿Qué separaba ambas realidades? ¿Cómo podía ser tan diferente el pasado del presente? El mayor de los Graves no era capaz de encontrar la respuesta.
—Andrew… —el terciopelo adornando su voz emergió plagado de duda. Una confusión que Andrew prefirió tomar como provocación.
— ¿Le temes a esto o a mí?
—Yo…
— ¿Te he lastimado tanto?
—Siempre lo haces, incluso ahora. Deberías sentir asco de esto, apartarme, actuar como si todo hubiese sido una broma de mal gusto pero, por supuesto, debes quedarte quieto y esperar lo que sea que decida darte. Nunca me has dado elección, desde que somos niños yo no he sido más que la chica que te acompaña, la que sigue cada uno de tus pasos. Tu sombra, tu juguete más valioso, ese que querías meter en la caja para aislarme de todos. Pero, ¿ahora? Ahora permites que sea yo la que cruce la línea. ¡Odio que hagas eso! Si me dieras la orden, entonces yo no tendría qué pensar que soy yo quien ha perdido el juicio.
— ¿Es eso lo que te preocupa? Oh, Ashley. Mi pobre, dulce y pequeña Ashley. Te has obsesionado tanto con la normalidad que buscas la manera de que sea yo quien cargue con toda la culpa. ¿No te das cuenta que eso es despiadado? ¿Cruel? ¿Anormal?
—Cállate —susurró Ashley sin fuerzas, inclinando la cabeza de modo que evitasen cruzar miradas, por lo menos hasta que su mente torturada encontrara las fuerzas para enfrentar a su hermano.
—Yo puedo llamarte por el nombre de tu preferencia, puedo aceptar toda culpa que desees tirar sobre mí, pero eso no será suficiente para limpiar tu frágil consciencia. Mientras más te aferres al juego de la víctima, menos libre vas a sentirte. En su lugar quedará una masa viscosa de culpa que te consumirá lentamente. Te sentirás un fracaso, aún si consiguieras librarte de mí.
—Basta. ¡Detente! —Ashley atrapó entre sus puños el suéter negro vistiendo a su acompañante, sabiéndose temblar por el acierto en sus palabras—. No quiero oírlo. ¡He tenido suficiente de toda esta mierda! No quiero que simplemente aflojes la correa, necesito que la rompas, sólo entonces podré demostrarte quién soy en realidad, decirte cómo me siento. Hasta entonces no cederé.
—…Si es así, ¿por qué continuas encima?
—Quiero que uses tu fuerza. Eres bueno es eso, sólo así sabré que no lo he arruinado, porque significa que todavía puedes resistirte a lo que sea que haga y no intentarás alimentar una fantasía que no compartes.
— ¿Fantasía?
—Fue porque el demonio nos mostró esa visión falsa que comenzaste a ser tan insistente, porque crees que sólo de esa manera no me marcharé de tu lado.
—…No sé de qué hablas —espetó Andrew desviando la mirada, estaba orgulloso de su habilidad de reprimir emociones pero todo indicaba que hubo un indicio de nerviosismo en su rostro ya que la sonrisa de Ashley sólo se hizo más pronunciada.
—Está bien, hermano. No necesitas esforzarte demasiado. No iré a ninguna parte. Prometiste guardar mi secreto y yo nunca te dejaría solo. No romperé nuestro pacto, puedes estar tranquilo. Además, no es como si una mujer débil como yo pueda luchar contra alguien de tu talla.
Andrew no pudo evitar temblar un poco con la vista que su hermana menor le entregaba, incapaz de dilucidar desde cuándo era que su tranquila y racional Ashley había aprendido a mantenerlo bajo control de esa manera tan sutil. Era una sensación extraña, considerando cuan acostumbrado estaba a que fuera Ashley quien se sometiera a sus demandas. La mera idea de que se hayan invertido los papeles, por algún motivo le resultó tan desagradable como excitante. Desagradable porque ella podría encontrar una brecha por donde escurrirse fuera de alcance, y excitante porque estaba conociendo una parte de su hermana que nunca en su vida habría imaginado existía.
Con una sonrisa triunfal, Ashley estaba dispuesta a desmontarse pero el abrupto reajuste de sus cuerpos la obligó quedarse paralizaba, pues debido al movimiento su sexo había terminado entrando en contacto con la erección de Andrew, quien ahorrándole la vergüenza de verse las caras la había capturado en un abrazo y ahora dejaba que su aliento caliente penetrara en sus oídos mientras le susurraba inquieto, ansioso.
— ¿Crees que no soy capaz de distinguir los tipos de deseo? Porque hay una razón por la que siempre he odiado a muerte tus pretendientes, hermanita. No ha sido sólo para protegerte como tu hermano. Quiero que seas mía también en ese sentido. He pensado en ti de esa manera tantas veces que perdí la cuenta. No eres la única, es por eso que no te he alejado.
—A-Andrew… no… no digas eso, por favor… —casi suplicó, mortificada.
Pero el temblor de su cuerpo le ayudó darse cuenta de la contradicción. Ella lo quería pero atada como estaba a la moral estaba convencida de que no debía quererlo. Y Andrew estuvo listo para hacerla cambiar de opinión, así que fue él quien la besó primero, un beso breve pero firme, el cual bastó para que las chispas en los ojos turquesa de Ashley se incendiaran al igual que el rubor en sus mejillas. Los irises fucsias la contemplaron. Se veía tan tierna así.
—Muéstrame cuánto te frustro. Quiero saber cómo lo hiciste con él mientras pensabas en mí.
Fue un movimiento arriesgado, era consciente de que sus palabras podrían hacer lo contrario de lo que buscaba lograr. Sin embargo, todo indicaba que la suerte estaba de su lado cuando Ashley quebró todas y cada una de sus inhibiciones, para emerger de las profundidades como una bestia hambrienta por la manera en que volvió a juntar sus bocas y se apoderó de sus labios, lamiéndolos y mordiéndolos con una pasión arrasadora. Andrew jadeó en reacción, no resistiéndose al peso de su hermana para caer de vuelta al colchón, sintiendo que divagaba por la manera en que Ashley comenzó a frotarse contra él. Y aunque sabía su corazón herido porque alguien más hubiera tomado las primeras veces de su Leyley, se aseguraría de que no necesitara a nadie nunca más.
La intoxicaría en su totalidad.
Fin
