Capítulo 27: Choque de voluntades 1/2

La guerra siempre se define antes incluso de que las primeras armas sean disparadas.


El señor de Prospero ya había logrado recuperar la mayoría de su energía, había estado durmiendo durante los últimos tres meses, su cuerpo mortal había estado descansando, mientras su mente, viajaba por el infinito, buscando a su hermano caído.

Encontró a Roboute en un sistema cercano, a solo un pequeño salto de donde él estaba, pero su hermano caído, no parecía tener intenciones de combatirlo, al menos no de momento. Era obvio que su hermano estaba planeando algo, el problema era averiguar ¿Qué? Antes de que eso les explotase en la cara.

Dejando al señor de Ultramar de lado, la invasión iba viento en popa, pronto su hermano Perturabo se abriría paso, atravesando los mundos fronterizos, seguramente la resistencia de los hijos de Ultramar se intensificaría en los mundos del núcleo exterior. Bueno, eso no importaba, él nunca había creído que conquistar Ultramar fuese posible en una única cruzada.

La reconquista de este sector tomaría tiempo, siglos, talvez milenios. Los hijos de su hermano lucharían hasta el último hombre en pie, se perderían sistemas solares enteros antes de que Ultramar regresase al redil imperial. No importaba, lo único que importaba era eliminar a su hermano caído.

Roboute a diferencia de sus demás hermanos caídos en la locura de los dioses oscuros, poseía un dominio propio en el reino mortal, poseía un poder autentico en el materium, una presencia física real, y no solo una imitación. Si se le dejaba solo Roboute podría comenzar su propia cruzada en contra del Imperio, una cruzada que no se desvanecería en el aire por la ausencia de sacrificios humanos. No, no se lo podía permitir. Cualesquiera de los otros traidores dependían de los sacrificios para mantener sus poderes de más allá del velo, por eso cortar su conexión era la forma más eficiente de eliminar su influencia en este lado de la realidad, pero Guilliman no tenía esa debilidad, él podría afectar de forma permanente a la realidad si se lo dejaba.

Por unos segundos Magnus no pudo evitar pensar en la posibilidad de que su hermano cayese al servicio de los dioses oscuros. Sería grave, un desastre en toda regla, pero, también sería, hasta cierto punto, algo, que, facilitaría sus acciones, su modo de pensar.

Magnus sabía que Roboute fue engañado, fue usado, y luego traicionado. El señor de Ultramar trato de arrepentirse, trato de arreglar el daño que había provocado, trato de negociar la paz, lamentablemente en ese momento los leales habían sufrido demasiado, solo vieron traición en las palabras de Guilliman, y actuaron en consecuencia. Fullgrim lo capturo, Alpharius lo torturo, y el Imperio derramo su odio sobre los hijos de Ultramar.

Como resultado este pequeño reino en un extremo de la galaxia, creció con el odio llenando sus corazones, con el desprecio hacia el Imperio como bandera, y con una ideología que rayaba peligrosamente en la locura. Había tantas cosas que podría salir mal con la forma en la que se hacían las cosas, que el propio señor de Prospero no se imaginaba como era que nada les había explotado en la cara hasta ahora.

El Ultramar se usaba tecnología Xeno abiertamente. Magnus no era un hipócrita, y él era el primero en admitir que el Imperio también investigaba esta tecnología, pero ellos, lo hacían de una forma mucho más moderada, asegurándose que el engaño y la traición de los Xenos no hubiese contaminados sus descubrimientos.

Los conocimientos de la disformidad no estaban prohibidos bajo pena de muerte, cualquiera podía acceder a ellos. ¡La población civil conocía los males que habitaban la disformidad! eso era una locura, como pocas. Magnus comprendía hasta cierto punto que al entregar ese conocimiento a los civiles, se evitaba que estos los descubriesen sin querer, les daba una delgada capa de protección contra el engaño y las manipulaciones ¡Pero era un peligro! ¿Qué pasaría si un trabajador inconforme tratase de pactar con un demonio a cambio de mejorar en la escala? ¿Qué desastres ocurrirían si un gobernador planetario era consumido por su codicia? ¿Quién sería el culpable si un grupo de curiosos ciudadanos abriese accidentalmente una brecha en el materium?

Magnus tuvo que tragar, si cualquiera de las leyes de Ultramar hubiese sido implementada en el Imperio, sectores enteros hubiesen sido consumidos por la locura. Entonces ¿Por qué Ultramara no lo había sido? La pregunta martillo la mente del hechicero supremo. ¿Por qué? ¿Por qué Ultramar prosperaba mientras el Imperio era consumido por la oscuridad y la ignorancia?

¿Qué era lo que evitaba que esta gente se arrojase al libertinaje de Slannesh, la rabia de Khorne, las intrigas de Tzeentch, o la podredumbre de Nurgle? ¿Acaso los dioses oscuros simplemente se habían olvidado de este lugar, o había algo más, algo que no estaba viendo?

No, no podía ser eso, la respuesta seguramente era más simple. Talvez la constante y permanente presencia de los UItramarines seguramente actuaba como un elemento disuasorio. En Ultramar deberían habitar mínimo un millón de hijos de Guilliman, por lo tanto, deberían tener una presencia constante en todos los mundos del sector de Ultramar. Un millón de Ultramarines, repartidos en unos 50 000 mundos, los cuales formaban actualmente Ultramar (planetas más, planetas menos) deberían significar que como mínimo; siempre hay una compañía de Ultramarines en cada planeta en todo momento.

Magnus gruño con rabia, en este reino simplemente había demasiados hijos de Guilliman, los Ultramarines controlaban todo, estaban en todos lados, podían responder a cualquier problema en cualquier momento. Magnus maldijo a la compatibilidad genética de su hermano, entre todos los hijos del emperador, la semilla genética del 13vo siempre había sido la más compatible con la humanidad. Cualquier humano tenia al menos un 65% de posibilidades de aceptar la semilla genética de su hermano caído, mientras esa misma persona solo tenía un 12% de posibilidades de aceptar su semilla genética.

Este era un problema matemático, uno que simplemente él no podía resolver, la humanidad era demasiado débil, ya sea de mente o cuerpo. Talvez por eso Roboute había tenido tanto éxito, los débiles se juntan a otros débiles.

Magnus maldijo a la humanidad, maldijo su debilidad, maldijo el deseo de su padre de salvarlos, maldijo…ya no tenía nada que maldecir. Por unos segundos el señor de Prospero volvió a imaginarse una humanidad psíquica, una humanidad limpia de toda debilidad, una humanidad que reclamaría su legítimo lugar en la galaxia.

No, la humanidad no podía ser salvada, no quería ser salvada, tenía demasiado miedo, despreciaban a cualquiera que fuese más poderoso, y carecían de la visión necesaria para evolucionar.

Lentamente, como un veneno muy, pero muy antiguo, las palabras de uno de sus hijos encontraron su camino hacia los pensamientos de Mangnus.

"Podría lograrse" "Terra podría ser el primer planeta de solo psíquicos" "Solo necesitamos incentivar el nacimiento de mas como nosotros" "Mover un poco las leyes" "En su lugar entregamos a nuestros hermanos y hermanas, para mantener encendido un faro, un inmenso faro que está apunto de apagarse" "Padre entregamos el futuro de la humanidad a las llamas de la perdición, como si sus almas no fuesen otra cosa más que leña"

No por primera vez Magnus sintió la mentira y el engaño en esas palabras. Un mundo de solo psíquicos no salvaría al Imperio, si, sería un avance en su lucha contra los dioses oscuros, pero nada más, no por nada los Eldars, una muy poderosa raza psíquica por excelencia, habían fracasado tan miserablemente en su lucha contra el panteón oscuro.

Sus divagaciones se vieron interrumpidas, cuando sintió como su hermano caído comenzaba a moverse, ya estaba en la disformidad, rumbo a este pequeño y muy bien defendido planeta. Podía sentir la preocupación de los navegantes encargados de navegar el barco personal de su hermano. Podía sentir el compromiso de la tripulación. Podía sentir la fría determinación de sus guerreros. Pero, más que nada, él podía sentir, la absoluta voluntad de su hermano caído, y por unos segundos casi sintió como si estuviese viendo a su propio padre.

Que voluntad tan arrolladora, incluso a esta distancia, a esta inmensa e incalculable distancia, Magnus podía sentirla, sentía como lo quemaba, la voluntad de su hermano era como un sol, un sol que lo quemaba incluso con los ojos bien cerrados. Esto era raro, Roboute no debería sentirse así. Su hermano era un traidor, un aspirante a usurpador. ¿De dónde sacaba una voluntad tan grande? ¿Qué lo impulsaba?

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Si las circunstancias fuesen otras, a Roboute Guilliman le hubiese gustado tener la oportunidad de evitar el enfrentamiento abierto con alguno de sus hermanos. La cursada que estos habían lanzado sobre su reino era una estupidez, y una prueba fragante de que estos siempre había dependido de la logística de Terra para alimentar sus guerras.

Hasta cierto punto entendía esta falla de Magnus, para el hechicero supremo cualquier problema podía y debía ser solucionado con su inmenso poder y control de la disformidad, en la gran cruzada esta falla había llegado hasta el punto en que su hermano prefería usar sus habilidades psíquicas para limpiar el óxido de sus armas. Y honestamente, después de examinar la forma en que había llevado el Imperio en los últimos 10 000 años, esta dependencia solo parecía haber empeorado. Roboute podía entender, incluso disculpar a su hermano por esas fallas, pero era algo decepcionante, pensar que su hermano Perturabo hubiese caído en la misma debacle.

Perturabo, el señor de Olympia, el señor del hierro, padre de la IV Legión. Roobute recordaba su hermano como alguien muy pragmático y diligente, un estratega nato, alguien que definitivamente no caería en la indolencia o el conformismo. Entonces ¿Por qué no había actuado? ¿Por qué había aceptado iniciar esta campaña con una línea de suministros tan limitante? Incluso si Roboute no actuaba abiertamente, el Señor del Hierro debería ser capaz de comprender que no llegaría a Macragge, no con esa sobre estirada cadena de suministros. Acaso esto era parte de su plan, mostrar debilidad mientras Alpharius actuaba en las sombras, distraerlo mientras alguien más planeaba apuñalarlo por la espalda.

Era posible. Si él no hubiese descubierto el complot que nos navegantes estaban planeando en su contra. Talvez…. aun así, era estúpido apostar todo a una única carta. ¿Acaso el Señor del Hierro tenía otra carta para jugar? Bueno, no era como si eso importase, su jugada ya estaba completa, y pronto se revelaría, obligando a todas las fuerzas imperiales a retroceder.

Aun así, la ausencia total de la XX legión le preocupaba, apenas se hubiese encargado de su hermano Magnus, debería concentrar sus esfuerzos en cazar a Alpharius, no podía permitirse que su hermano descubriese los secretos que se escondían debajo de su palacio.

Bueno, eso ya no importaba, de momento, lo mejor sería concentrarse en la tarea que tenía enfrente, debía encargarse de su hermano Magnus, y ponerle fin a esta alocada invasión a su reino por parte de sus hermanos.

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Magnus sintió como las mareas de la disformidad cambiaban, los caminos se torcían, se ajustaban, y donde antes no había nada, ahora había una ruta directa y sin escalas. Era como si los mismísimos dioses oscuros estuviesen felices de que este encuentro entre hermanos enemistados se diese de una buena vez.

El hechicero supremo no era tonto, y comprendía lo que esto significaba, los dioses oscuros estaban al asecho, esperando con impaciencia detrás del velo a que uno de los hijos del Emperador cayese. Si el caía su alma seguramente sería desgarrada y devorada por todos los demonios que alguna vez su legión había enfrentado, si era su hermano quien sucumbía, seguramente los dioses le ofrecerían una nueva oportunidad para levantarse, a cambio de todas las almas de Ultramar, por supuesto.

Magnus sabía lo delicada que era la situación, y por eso se había preparado en consecuencia.

La fortaleza donde las voluntades de ambos hermanos chocarían, era en realidad un inmenso estadio; la arena de combate era un circulo perfecto, cuyo diámetro media exactamente 3Km, la arena había sido dividida en 20 secciones, en cada una de estas secciones una estatua de la hydra (el jurado enemigo de su hermano) había sido finamente tallada por sus más talentosos hijos. Tres estatuas que representaban al fénix (el verdugo de Roboute) había sido colocadas estratégicamente en las altas paredes que rodeaban la arena, la arena misma estaba a 15m sobre el nivel del suelo. El estadio estaba rodeado por una inmensa estructura que actuaba a modo de escudo y prisión, en sus altas paredes habían sido tallados todos los sigilos que podía recordar, los guerreros del hierro no habían estado de acuerdo en su diseño, pero él les había explicado lo mejor que pudo la naturaleza de todos sus arreglos.

Todo estaba dispuesto, y Magnus no había escatimado en prepararse con todas las ventajas que pudiese obtener. Fuese estas estratégicas, o de naturaleza más arcana.

La disformidad se abrió, y todo el poder de la 13va flota llego al sistema solar.

La inmensa cantidad de naves, todas llenas de soldados aterro a Magnus, según todos los informes que había leído, la flota de su hermano estaba comprometida en varios combates contra los otros dos sarcillos de la cruzada. Entonces ¿Qué significaba esta inmensa cantidad de naves?

Miedo, miedo fue lo único que pudo sentir el hechicero supremo al contemplar la posibilidad que su hermano ya hubieses derrotado a su Perturabo y Macharius. Aun podía sentir su llama en la lejanía, pero con esa inmensa flota enfrente, no se atrevió a lanzar su conciencia al vacío en búsqueda de respuestas.

Las naves de su hermano rodearon su flota. Magnus aun poseía una ligera ventaja numérica, pero esta ventaja se traducía en un pequeño número, demasiado pequeño para que importase en cualquier enfrentamiento.

Magnus trago saliva, agradeciendo su decisión de llevar el enfrentamiento contra su hermano a un terreno ya preparado con antelación.

El señor de prospero elevo su presencia, y acarician delicadamente las almas de todos los mortales que lo habían seguido, seguramente ellos también estaban asombrados, por la inmensa demostración de poder, y aterrados, al conjeturar el triste final de los demás sarcillos de la cruzada.

No solo la flota de su hermano comenzó a moverse, los defensores de este mundo, los hijos de Anteno, quienes habían estado en silencio, inmovilizados por la inmensa tormenta que él había invocado sobre el planeta, comenzaron a moverse.

El choque entre ambas fuerzas era inminente.

Magnus trago saliva, mientras se preparaba para lo que vendría, esta batalla sería mucho más difícil y decisiva de lo que esperaba en un inicio, además la ventaja que había esperado tener en un principio, había sido una ilusión. Podía sentir como sus hijos se preparaban, podía sentir como el miedo florecía en los corazones de los meros mortales, podía sentir como sus corazones comenzaban a bombear con mayor rapidez.

Las primeras capsulas de desembarco comenzaron a caer al planeta, todas cayeron a una distancia prudente de la fortaleza que él había preparado. Luego comenzaron a descender las armas más grandes, tanques, y todo tipo de artefactos de guerra descendieron sobre el planeta. Incluso ese maldito titán modelo imperator que los había expulsado del planeta la primera vez que trataron de desembarcar había regresado.

Las fuerzas de su hermano, eran mucho más numerosas de lo esperado. No solo eso, Magnus no pudo evitar notar algo raro en los hijos de su hermano caído, estos no eran los típicos guerreros bendecidos con el poder de su hermano, había algo más, estos marines espaciales, eran más grandes, más fuertes, algo, o alguien los había potenciado.

¿Su hermano ya había caído? No, no había rastros del poder de los dioses oscuros. Estos nuevos guerreros no estaban relacionados con el panteón oscuro. ¿Entonces qué? ¿Qué les había dado más poder?

Las fuerzas de su hermano rodearon su base, siempre manteniéndose a una distancia segura, pero asegurándose que no hubiese una ruta de escape. Planeaban atraparlo en este punto. Este lugar seria donde cientos de sus hijos lucharían por última vez.

Los preparativos llevaron tiempo, pero su hermano no parecía estar apurado. En órbita la situación era similar, la flota de Ultramar se contentaba con rodear la posición de sus naves. Esto podría ser algo bueno. Si su flota concentraba su poder en un único punto podrían romper el bloqueo. Claro que esa era una opción que él no podía tomar. Este era el punto donde uno de los hijos del Emperador tendría que morir, ya fuese él mismo o su hermano, ambos estaban atados a lo que ocurriese en este lugar.

Ya habían pasado casi 32 horas, cuando la capsula personal del señor de Ultramar golpeo al planeta. Magnus sintió la llegada de su hermano, su presencia era un sol, uno que quemaba, incluso a la distancia.

Aun así, la batalla no comenzó. Era claro que su hermano quería terminar sus preparativos antes de enfrascarse en un enfrentamiento.

Magnus espero, mientras sentía como su hermano se movía por la superficie del planeta. No sabía que estaba haciendo, ni le importaba. Su concentración estaba en mantener fuerte el espíritu de sus hijos, y los soldados del astra militarum que lo acompañaban. Usar sus poderes para esta tarea no era difícil, pero sí muy cansado, eran demasiadas almas. ¿Talvez ese era su plan, agotarlo mentalmente? Bueno, si ese era el caso, su hermano estaba a punto de recibir una gran decepción. 10 000 años luchando en millones de frentes distintos le habían dado a Magnus una gran experiencia administrando su poder.

Finalmente, Roboute dio un paso al frente, y comenzó a acercarse a la fortaleza que había preparado.

Aunque la forma en que su hermano se acercó no era para nada como él lo había planeado.

Roboute se acercó solo, únicamente dos marines en armadura de exterminador lo acompañaban, ambos marines cargaban con orgullo el estandarte de su señor y el hechicero supremo podía sentir como la devoción a su padre genético llenaba sus almas. Ningún truco mental podría ser usado contra estos dos guerreros.

Cuando el primarca de la 13va legión entro en el rango de sus armas, Magnus tuvo que usar todos sus trucos mentales para evitar que unos muy entusiasmados soldados Imperiales disparasen imprudentemente sus armas. No había forma en que el fuego de unos pocos morteros lastimase a uno de los hijos del Emperador, y a los mejor esto era algo que Magnus podía usar a su favor.

Roboute Guilliman se acercó, a las fortificaciones que su hermano había preparado, y cuando estuvo lo suficientemente cerca para que su vos se escuchase, pidió paso.

Magnus sintió como su ingenio le fallaba, había calculado todas las posibilidades inimaginables, había planificado al menos 10 000 maneras distintas de tentar a su hermano para que este lo enfrentase en la arena preparada. Pero ni una única vez se imaginó que este estuviese dispuesto a simplemente ingresar por cuenta propia.

Roboute Guilliman grito al menos otras tres veces, en todas el mensaje era el mismo, exigía que le dejasen entrar, y le permitiesen parlamentar con su hermano, antes de que uno de los hijos de Magnus lograse abrir alguna de las puertas (todas previamente selladas) de su fortaleza. Y se le concedió el paso.

Roboute Guilliman, señor de Ultramar, padre de la 13va legión, ingreso tranquilamente a la fortaleza que su hermano Magnus había preparado, seguido únicamente por sus dos portas estandartes.

Magnus estaba visiblemente incrédulo cuando una puerta se abrió y su hermano caído ingreso tranquilamente, únicamente acompañado por dos de sus hijos. Este escenario se había repetido tantas veces dentro de los planes del hechicero supremo, pero ni en sus más locas fantasías, se imaginó que esta posibilidad existiese.

El había imaginado que harían falta una serie de tretas y provocaciones para convencer a su hermano de asaltar este lugar. Incluso había preparado un discurso, para provocar a su hermano cuando las hostilidades iniciasen, pero, no, su hermano estaba allí, al otro lado de la arena, caminando tranquilamente, sus portas estandartes se habían quedado en el filo de la arena, a una distancia considerable entre sí ¡Eso no importaba!

Magnus se pasó la mano por la cara, tratando de quitarse el asombro e incredulidad que lo consumían. La mitad de su plan estaba listo, había atrapado a su hermano en esta arena, este campo de batalla previamente preparado, si, la batalla aun no había iniciado, pero eso no importaba, ahora… ¿Por qué su hermano había traído solo a dos de sus hijos? Nuevamente la mente del hechicero supremo regreso a los dos portas estandartes de su hermano. ¿Por qué parecían ser tan importantes? Por muy poderoso que sea un marin espacial, y por muy poderosa que sea la armadura de exterminador que estos portasen, su presencia no cambiaba nada, entonces ¿Por qué se sentía tan inseguro en su presencia?

Los pensamientos del hechicero superno se vieron interrumpidos cuando su hermano hablo.

-Es agradable verte frente a frente hermano.

Magnus se rio de buena gana.

-Me sorprende que vinieses hasta este lugar por tu propio pie, había asumido que necesitaría convencerte.

-Normalmente no me gusta luchar en territorio enemigo, pero construiste un mandito estadio para nuestro encuentro, tenía que venir.

La declaración de Guilliman llamo la atención de Magnus, y lo regreso a la realidad. Su hermano no se había parado justamente frente a él, su hermano había elegido una posición un poco extraña, parado sobre una de las veinte líneas ley que partían la arena, no solo eso, Roboute no lo estaba viendo directamente, no estaban enfrentados.

Magnus trago saliva, sintiéndose increíblemente incomodo, él estaba en el centro exacto de la arena, las veinte líneas ley que había preparado en la arena convergían en este punto exacto, este era el punto de más poder, este lugar había sido diseñado para empoderarlo, para garantizar su victoria absoluta sobre su hermano caído. Y, aun así, algo estaba mal, Magnus podía sentirlo.

La posición de su hermano era peculiar, parado sobre una de las líneas, su inmensa espada gladius clavada en el piso, mientras su mirada parecía perderse en algún punto lejano del firmamento.

Magnus estuvo tentado a atacar, a comenzar la lucha que decidiría sus destinos, no se atrevió. Era imposible que su hermano hubiese llegado a este punto sin tener un plan, adelantarse podría ser un error fatal.

-Magnus. –Comenzó Roboute con una voz cansada. -He visto el Imperio que ayudaste a crear, he visto las atrocidades que ignoras, he visto el sufrimiento que consume más de un millón de mundos. Y por eso te pregunto ¿Cómo, en nombre de todo por lo que alguna vez luchamos, cómo pudiste permitir que esto pasase?

Magnus agito su cabeza, casi como si su hermano lo hubiese golpeado con es inmenso puño de poder que tenía en su brazo izquierdo, obviamente eso no había pasado, ambos estaban muy lejos el uno del otro como para atacarse, pero el dolor estaba allí. Hasta cierto punto se podría decir que su hermano lo había golpeado, solo que este golpe dolía más que un golpe meramente físico.

-Es fácil criticar hermano. –Las palabras salieron antes de que Magnus pudiese pensarlas. –La herejía dejo al imperio hecho trisas. Incluso después de 10 000 años muchas de esas heridas no se han curado.

Eso no era una excusa, no lo era. La destrucción que la traición de Dorm había sido tan absoluta que incluso después de todo este tiempo, el Imperio no había podido recuperarse, talvez nunca pudiese hacerlo. La traición que sufrió la humanidad era una herida en el alma misma de la humanidad, una herida que incluso hoy en día sangraba.

-Herejía la cual, en parte, tu ayudaste. -Magnus se sintió extrañamente satisfecho al saber que le había regresado el golpe.

-No voy a negar mis fallas hermano, así que no niegues las tuyas. –Guilliman apretó el agarre de su espada. –Han pasado milenios, miles de años, y mira que ha sido del Imperio de nuestro padre, idolatría, ignorancia, sufrimiento, y miseria, todo en nombre de un dios que nunca deseo ese título.

Este nuevo insulto golpeo a Magnus con la fuerza de un proyectil de thunderhuk.

Magnus quiso gritarle a su hermano, reclamarle por sus fallas, remarcarle todo lo que él y sus hijos habían entregado para proteger al Imperio. No se atrevió. Cualquier palabra que él dijese en este momento no sería otra cosa más que un tenue intento de mitigar sus fallas.

-Le fallaste a tus hijos, y ellos por su parte le fallaron a la humanidad. ¿Quién fue el que dijo que nuestro padre buscaba la divinidad? Se hizo una rebelión en base a esa afirmación, ¿Te imaginas como se regodearía nuestro hermano caído en este momento?

Magnus asintió, casi podía escuchar la risa burlona de Dorm, el tiempo le había dado la razón. Él nunca lo considero, no, nunca quiso considerarlo, pero frente a las palabras de su hermano caído, él no podía negar que las acusaciones del architraidor habían sido proféticas.

-Esto no es lo que nuestro padre quería, pero ¿Qué opciones había? Con el imperio rodeado de enemigos, herejes, traidores, mutantes, y xenos. Todos atacando al mismo tiempo desde cada dirección posible. Salvamos…Salve todo lo que pude, trate de reparar todo, pero al final, era imposible.

Magnus y Roboute asintieron, sabiendo que eso era verdad, rescatar más habría sido imposible. Y entonces el momento paso.

- ¿Por qué estoy respondiendo ante ti? Tú, quien nos traicionaste, por tu culpa las legiones leales fueron masacradas en Isvan III por tus fallas las legiones XVII y la XX fueron incapaces de regresar a Terra. -Tu Magnus levanto su arma, listo para atacar.

-Y esas fallas me atormentaran eternamente hermano, no lo dudes. Pero mi error no es solamente mío ¿Por qué nuestro padre nunca nos enseñó sobre el caos y sus peligros?

Magnus trago saliva, esa era una pregunta que el hechicero supremo no había parado de hacerse en todos estos milenios.

-Supongo que esperaba mantenernos a salvo.

- ¡Nos mantuvo ignorantes! ¡De una amenaza que ya había consumido a otras razas en toda la galaxia!

Magnus asintió, reconociendo la falla de su padre. Si la situación hubiese sido ligeramente diferente, él mismo podría haber caído en las tentaciones de los dioses oscuros.

-No somos quien para juzgarlo….

- ¿Y quién puede juzgarlo entonces? ¿O acaso solo ignoramos sus crimines?

-Nuestro padre hizo todo lo que pudo por el bien de la humanidad, incluso ahora el sacrifica su energía vital para mantener vivo el astronomicon.

Magnus noto como los porta estandartes de su hermano no estaban donde el los había visto en un principio, las banderas seguían allí, pero sus portadores no estaban con ellas.

- ¿Lo mejor hermano? –Roboute levanto su espada, y comenzó a caminar, a rodea a Magnus. –Sistemas estelares enteros fueron quemados, sus poblaciones enteras "purificadas", el conocimiento de la vieja noche fue borrado con fuego y bolter.

Nuevamente las acusaciones de Roboute, obligaron a Magnus a centrarse en su hermano caído.

-No finjas demencia hermano, sé que tú al igual que yo, encontrarse estos comportamientos de lo más preocupantes.

Roboute tenía razón, Magnus no podía negarlo, muchas veces las ordenes de su padre fueron, "extrañas"

-El solo buscaba protegernos, proteger al Imperio de cosas que era mejor olvidar.

- ¿Olvidar? Es que nunca has escuchado que aquel que olvida su pasado, está destinado a repetirlo. Olvidar es la razón por la cual la humanidad esta como esta.

La ira se apodero del señor de Prospero, y apretó los puños en un gigantesco esfuerzo de auto control, pequeñas llamas y truenos disformes danzaron en sus manos, por unos segundos Magnus se imaginó lanzándose sobre su hermano, destrozarlo con sus poderes, quemar la carne de su hermano con los dones que su padre le otorgó. No se atrevió, no vaya a ser que alguno de sus hijos pudiese ver a través de su fachada. No, no podía demostrar debilidad alguna en esta oscura hora.

- ¿Y qué sugieres, tu quien ha pasado la mayor parte de la historia del Imperio encerrado bajo tierra, castigado por sus muchos crímenes contra el Imperio? No me vengas con tus bromas sin sentido, incluso si padre te hubiese perdonado, no podría haber hecho nada.

-Yo, hubiese construido algo distinto…. Si no puedes reparar algo, construye algo más, algo nuevo, algo que pueda reemplazar lo que se rompió.

Magnus llego a su límite con esa declaración, abandono su posición y ataco a su hermano. Su inmensa arma silbo en el aire antes de estrellarse contra la espada de su hermano.

- No me vengas con estas estupideces ¿Construir algo nuevo? -Golpe. - ¡No me jodas! Que gran solución. –Golpe. - ¿Por qué no la pensé antes?

Roboute bloqueo el último golpe de su hermano y con su mano lo saco de balance, obligándolo a abandonar su envestida.

- ¿Realmente crees que no lo intente? Hice todo lo posible por tratar de crear algo nuevo, por tratar de reemplazar lo perdido, pero cada proyecto, cada idea termino en nada…. ¡Los orkos destruyeron mi proyecto de reconstrucción de Medusa! ¡Los altos señores de Terra dinamitaron mi iniciativa para reconquistar la puerta debajo del palacio Imperial! En todos estos años lo he intentado, he intentado de mil formas diferentes mejorar la situación del Imperio, pero siempre hay alguien que me lo impide.

Magnus se calló en ese punto, había dejado que la rabia lo consumiese, había abandonado el centro de la arena. Trago saliva sabiendo que había perdido la ventaja.

Roboute por su parte solo camino, manteniendo una distancia prudente con su hermano.

- ¿Qué es lo que planeas Guilliman? ¿Qué es lo que realmente deseas? –No, la situación no estaba perdida para Magnus, solo necesitaba regresar al centro, y podría retomar el control del ritual.

-Voy a rehacerlo, voy a destruir todo, y lo hare de nuevo.

Magnus trago saliva.

- ¿Acaso crees que puede imitar a nuestro padre? ¿Acusas a nuestro padre de algo que tu planeas realizar? Eres un hipócrita.

-No hermano, yo no voy a crear un imperio de mentiras como lo hizo nuestro padre, el reino que voy a crear, estará fundado sobre la verdad, y no cometerá los errores del pasado. Un imperio de humanos, para los humanos.

Magnus se rio, la locura de su hermano caído había alcanzado un nivel que jamás se había imaginado posible.

- ¡Estas loco!

-Entonces respóndeme hermano ¿Qué vale la pena conservar de este…Imperio? Cada humano que nace en el Imperio es solo un peón desechable en esta interminable guerra, desde jóvenes entrenados para solo seguir ordenes, sin voz, sin voto, sin criterio ¿Es que acaso los humanos del Imperio solo son simples armas creadas para la guerra? Sin sueños, sin futuro, sin ambición ¿Acaso eso no te aterra?

Magnus trago saliva, y por un momento sintió el peso de cada una de las palabras de su hermano. La declaración de su hermano sobres formar su propio imperio sobre las ruinas del de su padre, no eran los delirios de un loco que había perdido la cabeza hace tiempo, era una meta, un plan para crear algo que pudiese cambiar el deplorable estado actual de las cosas. Y por unos segundos sintió que era una meta noble.

Claro que eso sería imposible, sin el Imperio para luchar contra las amenazas de la galaxia, estas se esparcirían rampantes por todos lados, consumiendo sectores enteros en cuestión de unos pocos años. Incluso si su hermano lograba reunir una fuerza lo suficientemente grande como para luchar contras los interminables horrores del vacío, Ultramar era muy pequeño como para que pudiese hacer algo. La galaxia entera ardería antes de que su hermano pudiese logar algún cambio. Eso asumiendo que los dioses oscuros no lo devorasen antes.

Magnus pudo ver a uno de los porta estandartes de su hermano caído, estaba muy lejos de su posición inicial. Al parecer el hijo de su hermano, había estado caminando por el borde de la arena, clavando estandartes con la marca de Ultramar cada cierta distancia ¿Por qué?

Roboute Guilliman avanzo contra su distraído hermano, y lo golpeo con su inmenso puño de poder en el estómago.

-Talvez tengas razón, talvez sea un sueño imposible, pero lo prefiero a ver como la humanidad es obligada a caminar hacia una picadora de carne.

Magnus detuvo el segundo golpe, y con su arma lanzo un contra ataque, Roboute paro está contra con su inmensa gladius, y ambos hermanos lucharon brevemente antes de volver a separarse.

Magnus camino por la arena tratando de regresar al punto de inicio, mientras Roboute se sacaba el casco, y por primera vez, ambos hermanos pudieron verse a los ojos. Magnus fue el primero en desviar la mirada, avergonzado. Había esperado tanto, cualquier cosa, menos lo que ocurrió.

Por unos segundos el hechicero supremo contemplo una nueva salida.

-Ríndete hermano, regresa a Santa Terra conmigo, déjame hablar con padre, talvez….

- ¿Talvez qué? No, lo siento hermano, ese camino ya fue quemado.

Magnus asintió, complacido, la situación ya era demasiado extraña, si su hermano caído hubiese aceptado rendirse, el realmente no habría sabido cómo reaccionar, las ordenes de su padre habían sido claras. Roboute Guilliman, señor de Ultramar, debía morir.

Magnus finalmente logro regresar al centro de la arena, y dio inicio al ritual que había preparado. La fuerza de todos los hijos escondidos debajo de la arena viajo por tola la estructura hasta concentrarse en su persona.

Magnus bebió profundamente de lo que tenía frente a él; La voluntad, el miedo, las dudas, sus sueños, de todos los hijos de su legión.

Para cuando el hechicero supremo volvió a abrir su ojo, ya no era solo un primarca, había ascendido a algo más, algo más poderoso, a algo más capas de negarle la voluntad al penteon oscuro.

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Roboute Guilliman se sentía extraño, este reencuentro con uno de sus hermanos, había sido toda una experiencia, y la había aprovechado, había gritado sus inseguridades y sus dudas.

Era triste que un encuentro tan esperado, solo se había dado en estas extrañas circunstancias. En otra línea de tiempo, una donde él era un traidor. Aun así, Roboute se sentía satisfecho. No estaba seguro que algo como esto se podría repetir en su propia línea de tiempo, y poco como iban las cosas lo más seguro era que eso fuese imposible.

Fue entonces que su hermano realizo su jugada, y sumo a su ya de por si inmenso poder, el poder de sus hijos, el ritual en si era algo simple, todos los hijos de su hermano estaban debajo de la arena, canalizando su poder a su padre, quien estaba sobre la arena.

El ritual era tan simple, que incluso alguien como él, un total ignorante de la disformidad y sus secretos, podía entenderlo. En otras circunstancias esto podría ser muy malo, pero él había venido preparado.

Aún era pronto para que se revelase su carta ganadora, así que ganaría algo de tiempo jugando otra, una que había querido usar desde el mismo momento que le fue entregada.

Roboute Guilliman guardo su espada gladius, y luego desenfundo la espada de los príncipes gemelos.

Tan pronto como esta antiquísima arma fue liberada de su funda, Roboute sintió como su alma era consumida, el arma estaba hambrienta, y exigía alimento, la sangre de sus enemigos o el alma de su portador.

Cualquier simple mortal hubiese sido consumido por la locura, pero él no era cualquier mortal. Haciendo acopio de su voluntad obligo a las voces que salían del arma a retroceder. Él era quien estaba a cargo, no esa maldita espada.

Las voces de la espada gritaron en indignación, maldijeron su nombre, amenazaron, pero el primarca no cedió. Él no sería arrastrado a ese torbellino de locura y muerte. Esta espada no tenía poder sobre él. Era él quien tenía el control sobre la espada.

El ritual de Magnus termino. Y ahora un ser de inmensa energía y poder se alzaba amenazante.

Roboute podría haberse sentido intimidado por la trasformación de su hermano, si no fuese porque ya se había enfrentado a algo similar en Luna, algo que incluso llevaba el mismo nombre.

-MAGNUS.

-GUILLIMAN.

Ambos hermanos chocaron, y con este choque la pelea entre ambos ejércitos que esperaban dio inicio.


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bye