Desde que me enteré que Hermione estaba embarazada no he hecho otra cosa que mimarla, cuidarla y protegerla.

Bueno y también controlarla.

Para qué nos vamos a engañar.

Necesitaba controlar cada paso que daba para comprobar que estaba bien.

El control siempre ha sido muy importante en mi vida y a pesar de que cuando me reencontré con ella en New York todo se salió de control…al enterarme de su embarazo, esa parte de querer controlar todo volvió con más fuerza que nunca.

Lo tenía todo pensado; Hasta el nombre que quería para nuestro hijo. ( siguiendo por supuesto las tradiciones de mi familia de llamar a sus primogénitos con nonbres de constelaciones).

Pero ni si quiera hemos podido discutirlo pues ella no se atreve a pensar más allá del día a día.

Y la entiendo. Entiendo su postura y el miedo que tiene.

Por eso tengo que controlar yo todo.

Está vez ella no tiene que preocuparse de nada porque estoy aquí para hacer lo que sea para que ella esté tranquila.

Y eso incluye que no sepa nada de Astoria.

Hace meses que se presentó en mi despacho del ministerio(porque sí, Hermione me obligó a retomar mis jornadas laborales) para decirme que estaba embarazada.

Y que yo era el padre.

¿De verdad Astoria me cree tan estúpido?

La eché a patadas de allí sin darle ni si quiera una explicación del porqué sé que ese hijo no es mío.

Pero ella volvió a insistir.

Incluso Daphne ha intentando hablar conmigo pero en cuanto le enseñé el tapiz dejó de presionarme.

Y así hemos llegado hasta hoy. Es mi último día de trabajo pues he cogido un mes antes para estar con Hermione en casa.

No veo la hora de que sean las Tres y marcharme a casa para acurrucarme con Hermione y acariciar su tripa mientras mi hijo ( porque estoy seguro que es un niño) patea la barriga de su madre una y otra vez, demostrando que está ahí esperando por salir.

Pero una vez más, Astoria se interpone entre mis planes y cuando la veo aparecer por la puerta de mi despacho la fulmino con la mirada.

—Voy a tener que prohibirte la entrada…ya estoy cansado de lidiar contigo.—digo recogiendo los pergaminos que tengo sueltos por mi mesa para dejar todo lo más ordenado posible y también para evitar mirarla de nuevo.

—Vengo por nuestro hijo, no voy a parar hasta que lo reconozcas como tú heredero.

—Me da pena el hombre al que hayas engañado y lo que estás haciéndole a tu hijo…jugando con su existencia de esta manera tan ruin.—digo con hostilidad.

—Tú eres su padre. Este niño es un Malfoy y no voy a permitir que lo apartes—dice ella con el labio temblando y echándose a llorar.

—¿Enserio, Astoria? ¿Vas a ponerte a llorar?

—Draco por favor…es tu sangre…tu madre estaría muy decepcionada contigo si nos apartas.

—¡BASTA!—le grito porque estoy cansado de sus teatros, estoy cansado de que intente engatusarme en sus artimañas y porque ha mencionado a mi madre y ha hecho que me hierva la sangre de pensar en que están confabuladas—TE VUELVO A REPETIR QUE NO ES HIJO MÍO.

—¿CÓMO ESTÁS TAN SEGURO?—ella también grita y lanzó un muffiato antes de que toda la oficina se percate de lo que está pasando.

—¡PORQUE NO SALES EN MI TAPIZ ASTORIA! ¡EL ÚNICO HIJO QUE VOY A TENER ES EL QUE ESPERO CON HERMIONE!

—¿PREFIERES UN MESTIZO A UN HEREDERO DE SANGRE PURA?

—¡NI SE TE OCURRA!—intento controlarme porque soy capaz de hacerle daño y está embarazada…el bebé no tiene culpa de la clase de madre que tiene, así que cierro los ojos y bajo el tono—Astoria, márchate o te juro que te arrepentirás.

Pero cuando abro los ojos veo a Hermione que no sé en qué momento ha entrado en el despacho agarrada al brazo de Astoria con el rostro desfigurado por el dolor y la espalda encorvada mientras se agarra con la otra mano la tripa.

Y se me olvida todo.

El rencor se va de mi cuerpo.

Y lo único que queda es la preocupación.

Así que doy un salto por encima del escritorio y aparto a Astoria mientras cojo a Hermione como un novio cogería a una novia para entrar por la puerta de casa tras casarse.

—Tranquila amor, voy a llevarte a San Mungo—digo presa del pánico porque estoy aterrado.

—Draco no…no quiero un hospital mágico—dice con un tono de voz débil—la otra vez…no...no quiero uno mágico.

—Iremos a uno muggle—digo mientras salgo con ella en brazos de mi despacho olvidándome completamente de Astoria y su empeño por endosarme un niño que no es mío.


El olor de los hospitales muggles nunca me ha gustado. No es que haya estado muchas veces en uno…pero las pocas que he estado, ese olor a antiséptico y a algo viejo y rancio me repugna.

Llevan media hora con Hermione dentro y no me dejan pasar y juro por Salazar que si en diez minutos no me dicen nada, entraré varita en mano y los aturdiré a todos.

Me importa una mierda el puto código ético de hacer magia en presencia de muggles.

Quiero saber que está pasando.

Pero tienen suerte estos muggles porque justo cuando pasan cinco minutos, un médico con bata blanca y mascarilla sale a hablar conmigo.

—Señor Malfoy, su mujer está estable y ya puede pasar a paritorios para estar junto a ella; Acompáñeme.

Y yo no tengo ni idea de qué es eso de paritorios pero estoy deseando de verla.

Así que me llevan por un pasillo y me dan una especia de bata color verde para que me la ponga antes de entrar.

Lo único que me gusta de este atuendo muggle es que es de color verde así que prefiero no pensar en qué llevo puesto y me dirijo a donde está Hermione.

Y cuando entró y la veo en una camilla, con cables por todos lados y una gran pantalla parecida a las teles muggles siento miedo.

Miedo de que haya pasado algo con mi bebé y yo no he podido protegerlo porque me han dejado fuera y como un estúpido ni si quiera he protestado.

—¿Dónde estabas?—me pregunta en cuanto me ve aparecer.

—No me han dejado entrar antes, lo siento. ¿Cómo estás?

—Tengo miedo Draco—dice ella alargando su mano para que la coja.

Agarro su mano y noto que está temblando.

Me acerco a ella y acarició su frente que está impregnada de sudor.

—Tranquila, ya estoy aquí .

De repente entran dos mujeres hablando entre ellas y comienzan a preguntarle cosas a Hermione como si yo no existiese ahí.

Y cuando escucho que tiene que prepararse porque va a nacer el bebé me quedó paralizado.

Esto no estaba planeado.

Esto no tenía que pasar hoy.

Miro a Hermione y me sorprendo lo entera que parece. A pesar de haberme confesado que tenía miedo parece como si se fuese esfumado y está totalmente concentrada, como cuando estudiaba en la biblioteca de Hogwarts…

Miro a las dos mujeres que están explicándole algo de pujar a Hermione delante de la pantalla esa que parece una tele muggle y siento que mi corazón está golpeando mi pecho violentamente.

Estoy aterrado.

¿Y si algo no sale bien?

¿Por qué la he traído aquí?

Si hay complicaciones la magia puede intervenir pero estando en un hospital muggle…el riesgo es mayor.

—Nos vamos—digo de inmediato y todos me miran como si estuviese loco.

—Señor Malfoy, acabamos de ponerle medicación para inducir el parto…no puede llevársela.—dice una de las mujeres mientras me mira muy seria.

—Draco por favor…confía en mí, necesito que sea aquí.—me dice con ojos suplicantes y tengo que asentir a regañadientes.

Así que no me queda otra que confiar en estos muggles e intentar entender lo que me están explicando sobre como ayudarla a que puje para que nazca nuestro hijo.

Supuestamente, tenemos que contar hasta veinte y cada vez que Hermione tenga una contracción debe empujar fuertemente.

Parece una tarea fácil pero cada vez la veo sufrir más mientras intenta empujar como le dicen las mujeres.

Tengo los nervios desquiciados. Me duele verla así y las mujeres no paran de decirle que siga empujando, que no llore, que tiene que ser más valiente.

¿Qué coño sabrán esas mujeres quién es ella?

¿Qué coño saben de lo que ha pasado?

—Vamos Granger, no querrás parecer una Hufflepaf.—digo sonriendo—vamos mi leona, demuéstrame lo Gryffindor que eres.

Ella me mira por un segundo y vuelve a empujar fuertemente mientras grita de dolor.

Esto es insoportable. Enserio no se qué clase de tortura es esta pero juro por Salazar que no voy a hacerle pasar por esto nunca más.

Han pasado cinco horas. Cinco malditas horas y el bebé sigue sin salir.

Hermione está totalmente agotada y yo ya no sé si lanzarle un cruciatus a las mujeres o lanzármelo a mi mismo para sentir el dolor que siente Hermione.

—Si no hay progresión tendremos que hacer una cesárea—escucho que dicen las mujeres y yo no sé qué coño es eso pero no suena nada bien.

—¿Una qué?—pregunto mirando a las mujeres.

—Una cesárea Señor, una intervención quirúrgica. Tendremos que sacar al bebé haciendo un corte en el abdomen de su mujer.

Y siento que me mareo.

¿Estás muggles quieren hacer una carnicería con Hermione y sacar a mi hijo como si fuese un animal?

—Granger por Merlín, empuja más fuerte—digo desesperado.

—¿Y que coño crees que hago Malfoy? ¡No me digas lo que tengo que…¡ahhhhh!

Y de repente el grito desgarrador de Hermione mientras empuja se mezcla con los ánimos y gritos de júbilo de las mujeres.

Y Hermione se aferra a mi mano tan fuerte que siento como mis dedos crujen.

Pero no me importa.

Porque estoy viendo como sale una cabeza con pelusa rubia.

Estoy viendo como está saliendo por fin mi hijo.

Y cuando Hermione empuja dos veces más, por fin sale al completo.

Y es la cosa más hermosa que he visto en mi vida.

Y cuando escucho su llanto siento como toda la presión que tengo en mi pecho se afloja.

Las mujeres ponen al bebé en el pecho de Hermione y veo como ella y el bebé lloran a la par.

Y no hay sonido más perfecto.

No hay nada en el mundo que se compare con lo que estoy viendo.

—Draco está llorando…el niño llora—dice Hermione entre hipidos y pequeñas carcajadas así que no distingo si está riendo o llorando.

Pero no puedo contestar; Estoy totalmente sin palabras.

Lo único que puedo hacer es mirarlas.

—Es una niña—dicen las mujeres.

Y veo que es una niña realmente.

Una niña preciosa.

Mi niña.

Mi luz.

Y en este momento me he vuelto a enamorar por segunda vez en mi vida, con una intensidad abrumadora.

Me acerco a ellas y las beso.

No puedo creer que algo tan hermoso haya salido de mí, tiene la tez blanca y algo sonrosada por el esfuerzo del parto; su poco pelo es rubio platino y la nariz es igual a la de su madre…esa nariz pequeña respingona.

Tiene los ojos oscuros. Aún no se aprecia de qué color serán pero para mí son los ojos más bonitos del mundo y rezo a Merlín porque sean del mismo color que los de su madre.

Tiene unas manos tan pequeñitas…y sus pies son tan perfectos que dan ganas de comértelos a besos.

Pero lo que más me gusta de mi hija es su brillo, porque emana un brillo especial; Hay una magia especial en mi hija que se puede respirar en el ambiente,( hasta las muggles se han tenido que dar cuenta porque no paran de admirarla) es la hija de dos personas que se han amado durante tantos años sin saberlo y que el destino no ha hecho más que presentarles oportunidades, es la hija engendrada gracias a un ritual de magia ancestral por una hija de muggles y un sangre pura…la hija de una mujer que se rindió y nunca más pensó en ser madre.

La hija de Hermione Granger y Draco Malfoy.

Y por primera vez voy a romper la tradición de los Black de llamar a sus hijos como constelaciones…por primera vez va a nacer una bruja mestiza en los Malfoy.

Pero aún así, mi hija es pura, blanca y brillante y por eso, su nombre tiene que englobar estos tres calificativos.

Así que os presento a todos a mi heredera: Bianca Malfoy.


N/A: ¡Hola a todos! llegamos al final de la historia. Perdón por la semana de retraso, hubiera querido terminarla la semana pasada pero no me da la vida.

Esta historia empezó siendo un short-fic y hemos llegado a los 39 capitulos!

Mil gracias a todos los que habéis seguido esta historia junto a mí, pues ha sido muy especial escribirla ya que sin saberlo ha sanado algunas cosas en mí que tenía ocluidas...

Y nada, agradecer en especial a esas personas fieles a todas mis historias y que siempre comentan dejándome sus impresiones y alegrándome el día(L) :

Saúl — MrsMMalfoyB — Nena Taisho.

Un abrazo a todos y nos vemos en el epílogo en esto días.

No tardaré tanto como con La Semilla, prometido;)