Hola:
Tema del día 24.
Gracias por leer, comentar y seguir.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión.
Día 24: Negación del orgasmo/Orgasm Denial
Detener el estímulo o negar la opción de llegar al clímax.
[Rhadamanthys x Pandora]
Lienzo Perdido, Templo Maligno de Saturno.
Pandora caminaba con paso firme hacia la entrada del edificio. Iba sumergida en sus pensamientos, molesta al recordar los últimos eventos en Atlantis. Rhadamanthys había fallado en su misión de obtener el Oricalco, y aunque no toda la culpa era de él, la líder del ejército de Espectros no lo veía de esa forma. Si el juez hubiese derrotado a los Santos dorados, el valioso mineral con el poder de Poseidón ahora sería de su propiedad.
Entonces, esto ameritaba un castigo. Y Pandora se encargaría de darle un escarmiento al Wyvern antes de que fuese a su audiencia con el señor Hades.
Llegó al sexto Templo Maligno e ingresó como si nada, adentrándose en la estancia y tomando asiento en un elegante diván. Sólo tuvo que esperar un momento, pues el juez hizo acto de presencia rápido. Ella lo contempló con frialdad y altivez.
—Mi señora, ¿En qué puedo servirle? —
—Acércate, debemos hablar de tu audiencia con el señor del inframundo— dijo con simpleza.
El Wyvern lo hizo, aproximándose hasta quedar frente a ella, arrodillándose con sumo respeto.
—¿El señor Hades ha aceptado recibirme? — interrogó, alzando un poco el rostro para mirarla.
La mujer se puso de pie, observándolo con cierta molestia.
—Sí, ha aceptado recibirte— colocó su mano bajo el mentón del hombre, sosteniéndolo con firmeza. —Y de paso, también me ha reprendido por el fiasco de Bluegrad— entrecerró los ojos. —Así que, antes de ir con él, mereces un castigo de mi parte. —
Los ojos dorados del hombre se mantuvieron fijos en ella, sin expresar nada en absoluto. Ya sabía que Pandora era muy voluble y caprichosa. Para ella, el fracaso no fue mutuo, si no culpa total de él. No había nada que hacer, ya fuese que usara las descargas de su tridente, o las serpientes de cosmos de su anillo, esto dolería inevitablemente.
Sin embargo, Rhadamanthys no se esperaba lo que sucedió después.
La mujer dio un jalón al agarre de su barbilla, forzándolo a levantarse de inmediato, cosa que él hizo sin protestar. Aunque era más alto, ella no lo liberó, por el contrario, casi lo atenazó de la mandíbula. Ciertamente, apretaba con fuerza, pero no al grado de provocarle alguna molestia al juez.
La otra mano de la mujer se posó sobre el peto del Sapuri, a la vez que hacía una sonrisa socarrona.
—Si esperas un castigo de los que te he dado antes, estás muy equivocado— sus dedos tamborilearon sobre la armadura, bajando despacio.
El hombre tragó saliva con dificultad cuando ella se detuvo a la altura de sus caderas, justo sobre la coraza puntiaguda que cubría su área genital.
—Retira esta pieza— ordenó Pandora.
La duda se reflejó en su mirada, pero la opción de protestar quedaba fuera de discusión. Le dio la orden al Sapuri con una sutil vibración de cosmos y el metal obedeció, desprendiéndose únicamente la parte solicitada. La vestimenta que portaba por debajo fue alcanzada por la mano femenina, posándose con cierta delicadeza.
—Señora Pandora, yo… — quiso decir algo al respecto, ya que no entendía lo que estaba sucediendo.
—¡Silencio! — ordenó ella, sin dejar de sonreír con malicia. —He dicho que mereces un castigo. —
El Wyvern sintió una sacudida cuando los dedos de Pandora comenzaron a acariciar la tela, justo por encima de su entrepierna. Tuvo que sostener su respiración para no permitir que un jadeo ronco escapase de su boca cuando aquel manoseo empezó a dibujar sus contornos con interés.
Era muy obvia la intención de la líder de los Espectros: Tocarlo para provocarle una erección.
¿Por qué lo hacía?, pues ella misma lo dijo, era un escarmiento por la misión fallida.
Rhadamanthys no pudo continuar divagando, pues la mano que lo sostenía de la mandíbula, lo hizo volver a la realidad con otro apretón. Éste movimiento fue hecho para que bajase la cabeza y observara de forma directa a la mujer, todo mientras ella lo masturbaba.
El cálido tacto de la palma femenina alcanzó su carne, apartando fácilmente la prenda que lo cubría. De inmediato se enfocó en estimularlo para conseguir una mayor dureza fálica. Al juez no le quedó más remedio que apretar los dientes e intentar sostenerle la mirada a su señora.
—¿Te gusta? —
Él no pudo contestar, ya que un gemido entrecortado fue su respuesta.
Pandora sabía cómo tocarlo, pues la cercanía de ambos no era en vano. Su relación ya llevaba tiempo perdurando entre las sombras, así que se conocían bien el uno al otro. Y en esta ocasión, simplemente fue una mala coincidencia: El mal humor de ella y el "fracaso" de él. Tal vez era un juego cruel, pero los dos lo disfrutaban.
—Promete que no volverás a fracasar— exigió la mujer, aumentando la fricción de aquella virilidad.
El Wyvern gruñó por lo bajo, apretando los párpados, pues la estimulación fue tan precisa, que el clímax empezó a gestarse en el centro de su vientre. Tomó una gran bocanada de aire e intentó responder.
—¡P-Prometo… n-no fallar d-de… nuevo…! — jadeó.
La líder del ejército de Hades sonrió con satisfacción, pues tenía al juez justo donde lo quería. Su mano continuó masajeando su miembro un poco más, a la vez que prestaba atención a los gestos de su rostro. Sintió la tensión de su mandíbula, anunciando la proximidad de su culminación, y en ese momento, se detuvo.
Liberó el agarre de ambas manos, apartándose un par de pasos. Pudo ver el gesto de frustración de Rhadamanthys cuando éste abrió los ojos y se percató de su intención final. Aquella carne pulsante, húmeda y endurecida hasta el límite, latió con trémulo dolor, provocándole un castigo físico al juez que no pudo disimular.
—Más te vale no volver a perder ante los Santos de Athena— habló con frialdad, dándose media vuelta, negándole el orgasmo al Espectro. —Te recomiendo que te desfogues pronto, ya que el señor Hades está esperándote en su taller. —
El hombre apretó los párpados de nuevo, gruñendo con mayor enojo, pues la abrupta interrupción del placer, generaba más dolor en su cuerpo que un golpe real. El sonido de los pasos femeninos le dijo que ella había abandonado los aposentos.
Maldita mujer.
Ahora tendría que atenderse solo y rápido, antes de ir con el señor Hades.
Y a pesar de todo, no podía dejar de amar a Pandora.
Gracias por leer.
24/Octubre/2024
