Hola:
Tema del día 9.
Gracias por leer, comentar y seguir.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión.
Día 9: Dedos/Fingering
El uso de los dedos para estimular.
[Minos x Anna]
Inframundo, Tribunal del Silencio.
Aquel día, el enorme edificio estaba casi vacío. No había almas para juzgar y los otros jueces se habían retirado temprano. Pero Minos decidió terminar el reporte mensual, así que se quedó un poco más, permaneciendo en el despacho de los jueces.
Anna no lo sabía, así que se sorprendió cuando entró sin precaución a la oficina.
—Perdón señor, no sabía que estaba aquí— dijo al verlo en su escritorio.
El Grifo le dirigió una mirada rápida y continuó escribiendo.
—Haz tu trabajo. —
Sin decir nada más, la mujer asintió y se puso manos a la obra.
…
Una hora después.
Ya había concluido con casi toda la oficina, sólo faltaba el espacio que ocupaba Minos. Pero éste continuaba su trabajo sin inmutarse. Ella soltó un suspiro aburrido, pues tendría que acercarse y hablarle. Esa no era buena idea, porque desde hace rato había notado que le miraba el trasero cada cierto tiempo.
Y cuando él mostraba interés en ella, era porque algo quería.
—Señor, perdón, pero quisiera saber si puedo asear su escritorio, o prefiere que lo haga después. —
Minos escribió algo más, y luego plasmó su firma con elegancia al final de la hoja del libro.
—Ya terminé el reporte— la miró con una sonrisa. —Ven, quiero que limpies de una vez— palmeó su muslo, dándole una clara indicación.
Ella rodó los ojos con disimulo.
—Aquí vamos de nuevo— pensó.
Sin rechistar, se acercó y tomó asiento en su regazo, dispuesta a intentar limpiar un poco, antes de que él la manoseara como de costumbre. Se acomodó sobre el faldón del Sapuri, empezando a sacudir con un plumero la superficie del escritorio. Casi de inmediato sintió las manos del juez rodeando su cintura.
Minos tenía cierta fijación por jugar con la monja, a cualquier hora y en cualquier lugar. Hoy no sería la excepción, así que, sin importarle distraerla de sus labores, comenzó a recorrer sus costados. La sintió estremecerse cuando descendió por el lateral de sus caderas, entreteniéndose con su amplia forma. Posteriormente, desvío las manos hacia sus muslos, comenzando a levantar la tela del hábito.
—Espere señor… debo hacer… mi trabajo— se expresó inquieta.
—No te estoy agarrando las manos— respondió con malicia, levantando buena parte de la falda para dejar descubierta una de sus piernas. —Continúa, quiero ver hasta dónde eres capaz de mantener la concentración. —
El juez principal era sádico en diferentes grados. Bien podría torturar a un enemigo por largo rato, rompiendo cada uno de sus huesos por cada minuto que pasase. Pero también le gustaba atormentar con inquietante parsimonia a su marioneta favorita.
Los dedos de sus manos eran versátiles. Con ellos asesinaba sin piedad, manipulando sus mortales hilos de cosmoenergía. Y, al mismo tiempo, era capaz de otorgar un tremendo placer, moviéndolos magistralmente. Anna lo aprendió casi desde el principio, cuando fue convertida en su concubina. Y también sabía que no tenía caso resistirse.
La palma del juez se posó sobre su muslo descubierto, comenzando a palpar su piel con cierta suavidad, dirigiéndose hacia su entrepierna. Ella no pudo evitar jadear por las cosquillas que le producía, y aunque tuvo la intención de mantener cerradas las piernas, no lo consiguió. Minos fue deslizando la mano, obligándola a separarlas, y no se detuvo hasta rozar la pampanilla con las yemas de sus dedos.
La sintió respingar, mientras jadeaba entrecortado. Anna era muy sensible, así que éste tipo de caricias la alteraban fácilmente. Cosa que el Grifo disfrutaba, puesto que el matiz de sus gemidos, era una encantadora melodía para sus oídos.
La monja liberó un sonoro gimoteo cuando la caricia del juez se enfocó en dibujar el contorno de su sexo sobre la tela. No pudo continuar limpiando, pues las sensaciones crecieron, y más cuando la fricción encontró el punto exacto donde su cuerpo la traicionaba.
El juez torció su sonrisa, sintiéndola estremecerse, a la vez que notaba la humedad filtrándose. Era muy divertido tenerla así.
—Quiero escucharte— susurró cerca de su oído, a la vez que hacía a un lado la pampanilla.
El toque de los dedos masculinos directo sobre sus pliegues, hizo que Anna se sobresaltara incluso más, liberando un coro de sonidos voluptuosos.
Minos era jodidamente hábil, pues con el sutil roce logró que su sexo se contrajera con malestar. La monja no podía creer lo rápido que su cuerpo se había acostumbrado a él. Aunque quisiera negarlo, era imposible ocultar la reacción física del deseo.
Sintió que el aire le faltaba cuando un par de dedos inició una estimulación en su entrada, incitando su lubricación, buscando dilatarla un poco más.
—Anna, que rápido perdiste la concentración, muy mal, te falta práctica— masculló ladino.
Otro jadeo le impidió responder a la mujer. Sus manos soltaron el plumero, para aferrarse al borde del escritorio, dejándose llevar por aquel lascivo acto. Él la mantenía rodeada de la cintura con el otro brazo, mientras continuaba penetrándola con los dedos, disfrutando el tenerla así, tan sumisa y anhelante.
Cuando la escuchó resollar con dificultad, supo que era momento de permitirle terminar. Entonces retiró sus dedos del interior femenino, y los arrastró hasta llegar a su botón de placer. Con fino tacto, acarició aquella sensible porción de carne, logrando que la monja gritara ahogadamente. Sólo bastaron un par de suaves toques para que el orgasmo explotara con fuerza.
El juez se deleitó con el clamor femenino y la sacudida de todo su cuerpo. Su adorable marioneta era su juguete favorito, pues respondía demasiado bien a sus perversos juegos. Por ahora la dejaría tomar un respiro, ya que debía ir al Castillo de Hades. Pero más tarde volvería para continuar.
Dejó de acariciarla y se puso de pie, sosteniéndola lo suficiente para luego dejarla sentada en su sillón.
—Ya puedes continuar limpiando— sonrió cínico.
Anna lo observó marcharse, mientras intentaba recuperar el aliento.
Gracias por leer.
9/Octubre/2024
