En el camerino, Akari se preparaba para la audición que estaría por comenzar en unos minutos. Sobre la mesa tenía extendidas varias cartas de Dreamy Crown. Apenas se decidía por cuál usar. Todos eran vestidos absolutamente hermosos, reflejos de la pasión que Sena había puesto en cada uno de ellos. Cerró los ojos, y con la mano palpó sobre el conjunto. Tenía la esperanza de que el diseño indicado llegaría a su mano por el azar. Tomó una carta entre todas y al levantar los párpados, comprobó que eran los zapatos del coord de Pulgarcita, uno de los primeros que Sena le había entregado. Con una sonrisa satisfactoria, completó el coord y guardó el resto.

Al salir por la puerta, chocó con alguien que pasaba. El impacto tiró a ambas al suelo. Akari levantó la vista, y comprobó que la compañera caída era Tsubaki, aquella idol obsesionada con Dreamy Crown que había conocido tiempo atrás. Le pareció un poco extraño verla allí, ¿Acaso estaba siguiéndola de nuevo?

Tsubaki se levantó y le extendió la mano para ayudarla. Cuando ambas estuvieron en pie, la perfectísima le explicó que venía a buscarla, pues tenían que hacer la audición juntas. Akari levantó ambas cejas. No sabía por qué nadie le había informado de eso, pero ya daba completamente igual, tenían que salir al escenario y dar lo mejor de sí.

Corrieron hasta el salón de los auditorios, donde ya habían dos Aikatsu Machine esperándolas. Vió a Tsubaki sacar un coord de Spicy Ageha, lo que le pareció lo más extraño del mundo.

– ¿No traes un vestido de Dreamy Crown? –preguntó, sin poder aguantar la curiosidad.

– Los pocos que tengo son pirateados – confesó la perfectísima Tsubaki, con amargura. – ¡Ni uno solo es premium!, Hablé con mi príncipe, ¿Y sabes qué me dijo?

Akari recordó recordó que "mi príncipe" era la forma exagerada en que aquella se refería a Sena. Una expresión de indignación cruzó el rostro de la perfectísima.

– ¡Me dijo que yo estaba loca!, ¡Que no pensaba darme ni uno de sus coords!, ¡Que no quería alimentar más mi obsesión!, ¿En serio?, Ozora, ¿Yo tengo cara de loca?

Akari, con sus ojos rosa, miró como las pupilas de Tsubaki parecían querer salirse del límite de las córneas. Le daba pena admitir que sí llevaba una expresión sádica, así que negó con la cabeza. Aquella suspiró de resignación.

– No sabe mi príncipe lo que yo daría por tener uno sólo de sus vestidos premium. Sería capaz hasta de matarte a ti, con tal de que ya no seas más su idol favorita.

Akari aguantó la respiración. No apartó la vista de los ojos desquiciados de Tsubaki. La perfectísima se dio cuenta de como las manos de su compañera comenzaban a temblar. Se cruzó de brazos, sin poder creer en tanta ingenuidad.

– No hablaba en serio.

La de los ojos rosa soltó una bocanada de aire, sintiéndose más aliviada al escuchar eso. Con sus cartas en mano, se preparó para colocarlas en el Machine. Como le era costumbre, las besó.

– ¡Oye!, ¡Eso es una falta de respeto! – le reprochó la perfectísima. – Verás, cuando mi príncipe Sena diseña esos vestidos, a veces dice pensamientos en voz alta y caen partículas microscópicas de su saliva sobre las cartas. Cuando las besas, esas partículas entran en tu boca, así que a nivel molecular, eso se cataloga como un intercambio de saliva. Sería como si le dieras a Sena un beso con lengua estilo francés.

Akari se puso roja, tan roja como un tomate. Se imaginó en esa clase de situación junto a su diseñador y eso la hizo avergonzarse aún más. Se sentía como expuesta en medio de una acción comprometedora. Decidió no pensar más en eso, y concentrarse. Colocó las cartas en el Machine. Ambas idols comenzaron su concierto.

Más tarde, la de los ojos rosa regresó a Starlight. Caminaba encorvada, aún no se le había quitado de la mente el beso con lengua estilo francés. Se sentía como si aquella fuera una verdad que todos conocieran excepto ella misma hasta hace unos minutos. Se fue a su habitación. Tenía cierta intriga por saber qué tipo de beso era ese. Tomó el Aikatsu Phone y lo buscó en Google. Le salió una lista con unos cuantos videos, con el corazón latiéndole del nerviosismo, reprodujo uno.

En la pequeña pantalla, vió una introducción, luego la demostración. El rostro se le ponía más rojo entre más veía. Aquella pareja del vídeo se daba una clase de beso exagerado, que parecía que se querían comer las caras. Tan sólo pensar que Tsubaki había comparado eso con el hecho de besar un coord, la hizo ponerse más nerviosa.

– ¿Akari?

La chica apagó su teléfono y se volteó. Sumire estaba allí.

– ¿Qué estabas viendo? – preguntó la recién llegada. Luego dejó escapar una risa nerviosa. – ¿Una novela de amor?

– ¡Sí!, ¡Eso mismo era!

La idol vidente se sentó a su lado.

– No es nada para avergonzarse. A mí también me encantan. Te recomiendo "Sortilegio".

– Gra-Gracias. – respondió Akari, aún nerviosa.

– ¿Cuál estabas viendo?

La de los ojos rosa se atragantó. Intentó pensar en algún nombre que conociera, pero con la ansiedad no logró recordar ninguno. Se rindió.

– ¡Ya!, ¡Te diré la verdad!, Era un video sobre cómo hacer besos con lengua estilo francés.

Sumire levantó las cejas. Abrió la boca como si fuera a decir algo, pero la volvió a cerrar. Se quedó par de segundos procesando la información.

– ¿Para qué quieres saber eso? – interrogó, en voz baja.

– Es que Tsubaki...

Sumire se tapó la boca. Miró Akari con los ojos muy abiertos.

– ¿Qué te hizo Tsubaki? – preguntó en un tono tembloroso, y reflejando cierta angustia.

– Me dijo que cada vez que yo besaba un coord de Dreamy Crown era como si le diera un beso indirecto a Sena-san.

La idol vidente se quitó las manos de la boca y se las llevó al pecho, como pensando "¡Ay, mi corazón!". Soltó un suspiro largo, agradeciendo que ninguna de las atrocidades que le pasaron por la mente resultó ser la realidad.

– ¿Para qué le haces caso a Tsubaki?, ¡Ella está loca! – exclamó. – Por cierto, Sena-san me pidió que te dijera que tiene un coord nuevo para ti. Ve a la sede Dreamy Crown cuando puedas.

Akari asintió con la cabeza. Deseando romper el ambiente intenso que se había creado en la habitación, se apresuró a irse de allí.

En la tarde llegó a casa de Sena. El diseñador la recibió, y la dejó pasar a la sala. Sentada en el sofá, vio sobre la mesa un par de cartas. Como siempre Sena se había lucido con el diseño. Era un vestido inspirado en el cuento de las siete princesas bailarinas.

El chico regresó de la cocina con dos tazas de té. Le dejó una a ella, y se sentó en el sofá de al lado. Akari dio las gracias. Estuvo a punto de tomársela, pero dudó.

– Sena-san, ¿Usted usa estas tazas?

– Pues claro, son mías.

– ¿Y...?, ¿Pega los labios en ellas? – preguntó, en voz baja.

Sin entender a qué venía esa pregunta, el diseñador frunció el cejo.

– Pues sí, sino ¿Cómo podría tomar té sin derramarmelo encima?

Akari dejó la taza sobre la mesa.

– Oye, yo sí las lavo.

– ¿Con agua o con detergente?

– ¡Con ambos!, ¿Acaso me consideras un cochino?

Ella negó con la cabeza. Se volteó a su taza de té, y la volvió a agarrar. Con una timidez inusual, le dio un sorbo. Sus mejillas se tiñeron de rojo. La insinuación de Tsubaki seguía rondando su mente. Cerró los ojos, sin poder soportar más la pena.

– ¿Por qué te comportas tan extraño? – preguntó Sena, aún mirándola, algo estupefacto.

– Es que..., ¡Me siento avergonzada!, ¡Siento como si le estuviera dando a usted un beso indirecto!

Sena abrió mucho los ojos, reflejando algo de sorpresa. También se puso rojo, pero tratando de disimular, le dio un sorbo a su propia taza de té.

– ¿Por qué lo piensas?, O sea, ¿Quién te dio esa idea?

– Tsubaki... – murmuró ella, avergonzada.

Sena encorvó los ojos, fastidiado por tener que escuchar ese nombre de nuevo.

– Sabes que ella está loca, ¿Verdad?, Y más que loca, es una desquiciada, patética y con mucha necesidad de atención.

Akari asintió.

– No te preocupes por eso, Ozora. Lo de los besos indirectos es una exageración de Tsubaki. Ella ve cosas donde no las hay.

– ¿No estás molesto conmigo?

Sena negó con la cabeza. Ella sonrió, le dio las gracias, y se fue con el coord. El diseñador y se quedó mirando como ella se marchaba.

– Así que besos indirectos... – murmuró, mientras tomaba la taza que Akari había dejado sobre la mesa y le daba un sorbo.