10 /10 / 2024
Prompt: Falso Embarazo
Circular
Platinum tachó un día en el calendario, la marca número diez desde que, según sus cálculos, debía llegar su periodo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al ver la multitud de días que no había tenido su periodo, se tocó el vientre, asustada, deseando que llegara en cualquier momento y pudiese respirar tranquila.
Se sentó en el sofá de su balcón, mirando a la hermosa ciudad, en alguna parte de aquella urbe estaba Diamond, ajeno al maremoto de emociones que Platinum sentía en ese momento. Una extraña sensación de miedo que le hacía sentir una presión en el pecho y su corazón latir con gran intensidad.
—No, solo estoy exagerando —se dijo, tomando un poco de té para calmar sus nervios—. ¿Verdad? Diamond y yo hemos sido muy cuidadosos con eso, siempre hemos usado preservativo, siem…
Un recuerdo fugaz cruzó su mente. En una noche, cuando estaban en medio de aquella unión que tanto gozaban, Platinum tuvo la idea de hacerlo sin condón, al menos por un rato. Diamond no quiso en un inicio, pero la insistencia de Platinum le hizo aceptar al poco rato. El solo recordar la sensación de aquella noche le hizo sentirse completamente tonta. No habían consumado el acto, pero Platinum sabía de la existencia del líquido preseminal.
—Es absurdo, las probabilidades son muy bajas —dijo, aunque una pequeña comezón en el cerebro le hizo adicionar—. Aunque también lo es que te caiga un rayo, y hay gente que les cae un rayo…
La preocupación le hizo soltar el café. De inmediato puso atención a las reacciones de su cuerpo. Pensó en las características principales de aquello: mareos, náuseas y antojos. De inmediato se centró en su cuerpo. Se levantó y pudo sentir como su vista se nublo ligeramente, un movimiento apenas perceptible, además de unas molestias en su estómago y sus intestinos, el colmo fue ver la panera de la cocina repleta de pan dulce, lo que le hizo salivar. Al sentir todo aquello se tapó la mano con la boca. Debía estar embarazada.
Sin embargo, necesitaba una confirmación, y sabía bien dónde pedirla. Aunque se sentía ajena al cliché de la chica rica yendo por una prueba, pues en ese momento lo que menos le preocupaba era que la gente supiera eso, prefirió pedir una prueba de embarazo y algunas otras cosas por una aplicación de delivery. La chica se sentó con el corazón en la garganta, mirando como el icono de la motocicleta de su repartidor se acercaba a su domicilio.
Una vez llegó, Platinum bajó las escaleras como si su vida estuviera en juego. Con la prueba en mano, solo la destapó y fue a probarla, dejando la envoltura tirada en el suelo. Había leído muchas de esas cosas para saber cómo usarlas, dejándolas en el fregador una vez tomada la muestra y esperando. Sus pies estaban inquietos mientras esperaba, llevándose las manos a la barbilla, respirando con gran agitación y buscando calmar sus ganas de saltar y ver la prueba. Cuando pasó el tiempo, la chica tomó la prueba y pudo ver en la pantalla las dos líneas reflejadas en el display.
—Ay no…
De inmediato sintió como su cuerpo se volvía tan ligero como una pluma, cayendo al sofá con una mirada perdida al vacío. Era como si el mundo se desmoronaba de golpe, un sudor frío que caía por su espalda y le hacía temblar ante lo que se venía.
—¿Qué rayos vamos a hacer? —preguntó Platinum a la nada— Apenas tenemos dinero para pagar las cosas y algunos lujos. Ay no, eres una estúpida —dijo, dándose un golpe en la cabeza—. Todo por querer probar esa tontería.
De inmediato comenzó a pensar en cómo serían los siguientes meses. Su estómago crecería y perdería toda la figura que había alcanzado a tener, se volvería mucho más lenta, posiblemente tendría que dejar su trabajo y dejar que ese idiota de contabilidad tome su puesto, y sus pechos también crecerían, aunque eso no era algo malo para ella, siempre quería incrementar un poco su copa de sostén.
Pero también tendría que sufrir el parto. Lo había visto, sabía que era el dolor más grande del mundo. Aunque soportaba relativamente bien el dolor, imágenes sacar el equivalente a una sandía de su cuerpo le hizo apretar las piernas y comenzar a transpirar, agitando su respiración. Además, como rayos pagarían los pañales, las citas al pediatra y las obligatorias clases de inglés y piano, si iba a tener descendencia debían ser igual o más listos que ella. Además, qué clase de hijo tendría. ¿Sería un niño o una niña? Los niños son más difíciles de controlar, son unos demonios que la traerían de un lado para otro, una niña era lo mejor. Pero con una hija tendría que soportar la etapa rebelde donde no la respetaría, donde se iría de fiesta a alcoholizarse con sus amigas, y seguramente los chicos se aprovecharían de ella, y no estaba dispuesta a permitir que ningún patán de salario mínimo y moco terroso tocara a su hija, hasta que saliera de la universidad. ¿Pero qué es lo que estudiaría? ¿Cómo le iría en este mundo que cada día parecía irse al carajo?
Su mente dio vueltas y vueltas en los mismos pensamientos, sintiendo la presión de cómo pagar la vida de un hijo, como educarlo, que vestido debería escoger cuando se case. Sin que ella lo supiera, su mente comenzó a divagar hasta que finalmente la puerta del departamento se abrió, revelando a Diamond con un rostro confundido al verla con su cabello alborotado y cientos de libretas en el suelo.
—¿Qué pasó, Platinum? —preguntó Diamond, preocupado.
—¡Dia! —Platinum se levantó de golpe.
Con todas sus preocupaciones sobre el futuro había olvidado algo más simple: decirle la noticia a Diamond. Su cuerpo se tensó, temblando ante la posible reacción de su pareja. El chico se acercó a ella con una mirada preocupada, y Platinum solo pudo sentirse mucho más nerviosa, rascándose el brazo y mirando hacia otra parte, buscando la forma de cómo decirlo.
—Dia… —Platinum tragó saliva, asustada—. Estoy embarazada.
Diamond se quedó congelado. Platinum cerró los ojos, esperando sus primeras palabras ante la noticia. Pensó en que reaccionaría igual que ella, asustado, nervioso, pidiendo explicaciones, o tal vez respondería con enojo, diciendo que lo engañó, o tal vez fingiría calma y después iría por cigarros, ella se quedaría sola, una madre soltera de un Titanium Berlitz, tendría que volver a la casa de sus padres, recibir sus regaños y cuidar de su hijo hasta que él embarazara a otra chica y el ciclo se repetiría. Cuando se vio rodeada de nietos, Platinum abrió los ojos para regañar a Diamond por pensar en dejarla, sin embargo, el chico respondió tomándola de la cintura y levantándola en el aire.
—¡Es una excelente noticia! —dijo Diamond, alegre— ¡Vamos a ser papás!
Platinum estaba confundida, sonrojada, pero profundamente extrañada por la reacción de Diamond.
—Pe-pero Diamond… —dijo Platinum, desde arriba— ¿No tienes miedo? No sabemos si podemos ser padres.
—No, pero si decides tenerlo, seguro seremos los mejores —Diamond abrazó a Platinum, dándole un pequeño beso—. Te prometo que si quieres tenerlo daremos lo mejor, serás una gran madre, y si no, también te apoyare en todo el proceso —Diamond le miró directamente—. Sea cual sea la decisión, haremos lo mejor.
Platinum abrió los ojos por completo al mirar el brillo en sus pupilas, sintiendo un pequeño calorcito dentro de ella. Si, sin duda Diamond podría ser un buen padre, alguien con el que dejar a Margarita en la casa para continuar en el trabajo, o que aconsejara a Titanium a no embarazar a alguien. Platinum sonrió, besando a Diamond.
—Serás el mejor padre de todos, Diamond —confesó Platinum, para luego mirar a otro lado—. ¿Pero cómo pagaremos el doctor, el hospital cuando nazca, el pediatra, el…?
—Tranquila, señorita —Diamond sonrió—. Mejor vayamos poco a poco, las cosas irán saliendo bien. Sé que le teme al futuro, pero podemos enfocarnos primero en lo inmediato, como limpiar la sala y preparar hamburguesas con tocino.
Las palabras de Diamond le hicieron detener un momento sus pensamientos, centrándose en sus ojos calmados y el tierno beso en la frente que le dio. Se sintió en calma, ayudando a las labores del hogar, con el embarazo seguramente tendría ganas de comida deliciosa, y para su suerte estaba con el mejor cocinero de la región.
Mientras limpiaban, Diamond tomó la prueba de embarazo, quería guardarla como recuerdo, sin embargo, al ver la caja y leer un poco sus pupilas se contrajeron de golpe.
—Emm… Platinum —dijo Diamond, incrédulo—. Sacaste dos líneas, ¿verdad?
—Si, ¿pasó algo? —preguntó Platinum, acercándose.
—Bueno, la marca que escogiste maneja el sistema al revés —el chico le mostró la caja.
Platinum arqueó una ceja, confundida. Tomó el envoltorio y el texto descrito en la imagen le hizo sentir un extraño alivio, además de un sentimiento de inutilidad. Revisó la caja muchas veces, la prueba de embarazo, pero en ambos casos decían la verdad.
—No estoy embarazada… —dijo, mirando a Diamond—. Pe-pero, mi periodo viene retrasado, y tengo mareos, náuseas y ganas de comida, y…
—Platinum, ¿cuándo empezaste a sentir estos síntomas?
—Pues cuando… —al darse cuenta de que todo aquello había aparecido apenas ella empezó a cuestionar sus síntomas, Platinum suspiró, rascándose el codo y bajando la mirada— Maldita ansiedad —admitió. Aunque estaba feliz de no estar embarazada, se sentía completamente estúpida por no haber sabido que todo aquello era su propia ansiedad—. ¿Ya no harás esas hamburguesas?
Diamond sonrió con una sonrisa comprensiva, acercándose a ella y abrazándola.
—Claro que lo haré —sonrió—. ¿Quieres una malteada o café frio?
—Dame lo más dulce que tengas.
