Época moderna.

Apoyó sus manos sobre la fría tierra, al mismo tiempo en que aquellas primeras dos lágrimas caían en el medio de las dos palmas. Su semblante estaba completamente ensombrecido mientras sus cabellos caían a ambos lados de su rostro.

¡Si yo no hubiese caído en estos tontos sentimientos hubiera estado a su lado y ella jamás hubiese dudado de mi!

Podía escuchar aquellas palabras como si él mismo estuviese gritándolas frente a ella. Sin embargo, nuevas palabras reemplazaron aquellas, doliendo aún más.

Quiero... conocerte más, compartir... mi vida, contigo

- ¿Por qué? - murmuró finalmente, dejando que más lagrimas cayeran. - ¿Por qué dijiste todo eso?

¿Por qué hiciste todo eso por mi? ¿Por qué me hiciste creer que no amabas a Kikyo? ¿Realmente fue sólo para...?

- No... no pudiste haber hecho eso, Inuyasha... ¿o si? - hizo una pausa. - No... no entiendo nada.

Tapó su boca con una de sus manos, manteniéndose en cuclillas, llorando sin más.

- Te odio, Inuyasha... ¡Te odio! - gritó, abrazándose a si misma, sintiendo que su alma intentaba escapar de su pecho.

¿A quien quiero engañar? No puedo odiarte...

- No puedo odiarlo porque...

Porque lo amo.

- Pero se supone que el amor no duele y yo... siento como si no pudiese soportarlo.

Se sentó en una de las esquinas del pozo, escondiendo su rostro en sus rodillas mientras el llanto parecía no tener intenciones de detenerse. Fue como si el tiempo se hubiese detenido, pero al elevar su mirada se sentía perdida, sin tener idea de cuanto permaneció allí. Se puso de pie, limpiando sus mejillas y suspiró.

- Tengo que olvidarme de Inuyasha y de aquella época, es lo mejor para mi y para todos.

Casi como si sólo se hubiese tratado de un sueño... Uno del que me tocó despertar.

Ascendió por una de las paredes y, de un salto cayó al otro lado. Intento irse en ese instante, pero se detuvo y miró por sobre su hombro. Metió la mano en el bolsillo de su falda y abrió sus ojos ante aquel contacto.

- ¿Qué? - lo sacó. - ¿Un fragmento de la Perla? Pero... ¿por qué no pude sentir su presencia?

¿Será que no funciona en esta época o mi mente esta tan perturbada que se distrajo?

Apretó ligeramente su agarre sobre el.

- Como sea, ya no interesa. - suspiró. - Aún así tengo que devolverlo.

Nuevamente se lanzó al interior del pozo, sin embargo no logró traspasarlo.

¿Qué? ¿No puedo volver?

Época feudal

Maldita Kagome, siempre busca una excusa para enojarse conmigo, sólo estaba molesto por toda la situación.

Pensaba, con su espalda apoyada en el pozo y su mirada fija en el suelo.

¿Y si realmente no regresa?

- Bah... - meneó su cabeza. - Eso no tiene que ser un problema para mi, después de todo eso significaría que las cosas están como deben estar, yo aquí con Kikyo y ella en su época.

¿Entonces por qué me siento tan nervioso?

- Inuyasha. - elevó la mirada ante la voz que lo llamaba y se encontró con Miroku y Shippo. - ¿Has visto a la señorita Kagome? - giró su cabeza, cerrando sus ojos. - ¿Sucedió algo?

- No.

- ¿Entonces por qué tienes esa expresión de perro triste?

- ¿Por qué lo dices, enano? - gruñó.

- Shippo tiene razón, te ves bastante mal.

- ¡Eso no es asunto de ustedes!

- Como sea, ya dinos en donde está Kagome. - continuó el niño.

- Ella no está.

El monje y el pequeño zorrito compartieron una mirada de preocupación.

- Eso ya lo sabemos, dinos donde podemos encontrarla. - insistió.

- ¡Ya les dije que no está aquí! ¡Se marchó a su época! - la última frase la pronunció a regañadientes.

- ¿No te dijo cuando va a volver? - meneó la cabeza.

- ¡¿Y que demonios estás esperando para ir por ella?! - gritó el niño. - ¡Seguramente que hiciste que se molestara contigo y por eso se marchó!

- ¡¿Y por qué piensas eso?!

¿Para que decir que no estaba enamorado de ella si desde que llegamos sólo ha buscado estar a su lado?

Las palabras que le había escuchado decir a la estudiante, antes de sentarse a su lado frente a la cabaña de Kikyo, pasaron por la mente del pequeño yokai.

- Inuyasha... - pronunció con seriedad, llamando la atención de ambos hombres. - Tú... ¿volviste con Kikyo?

- ¿Por qué dices eso, Shippo? - indagó Miroku.

- Porque... yo escuché a Kagome decir que él estaba enamorado de ella.

- ¿Qué? - susurró el peliplata y, sin pensarlo dos veces se puso de pie, tomándolo por la cola y elevándolo. - ¡¿EN QUÉ MOMENTO LA ESCUCHASTE DECIR ESO?! - gritó.

- ¡Antes de venir en esta dirección! - le respondió en el mismo tono, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. - ¡¿Cómo pudiste hacerle eso a Kagome?!

- ¡¿De que demonios hablas?! ¡Yo no le hice nada!

- ¡Desde que despertaste de ese árbol sólo has sabido correr detrás de ella! ¡¿Acaso no estabas enamorado de Kagome o sólo fueron mentiras?!

- ¡YO NO TENGO NADA QUE DECIRTE A TI! - lo lanzó en dirección del bosque. - ¡Y ni se te ocurra volver a hablarme!

- ¡No pienso hablar con un perrucho traidor como tú! - escupió. - ¡Por tu culpa ya no volveré a verla nunca más! ¡Por culpa tuya y de Kikyo!

- ¡No metas a Kikyo en esto!

- ¡Inuyasha eres un idiota! - corrió en dirección de la aldea, dejando al hanyo gruñir mientras lo observaba.

- Entiendo que quizás estés molesto, Inuyasha, pero no creo que descargarte con Shippo sea la mejor opción.

- ¡¿Tú también vas a culparme, Miroku?! - volteó, observándolo.

- Sólo quisiera saber que sucedió entre tú y la señorita Kagome. - se sentó sobre el pozo. - Es evidente que tuvieron una discusión.

- Keh... - se sentó, con sus piernas cruzadas y sus brazos en el interior de su haori. - Ella no comprende lo que está sucediendo.

- ¿Y que está sucediendo? - el híbrido no respondió. - No te conocí antes de que fueras sellado, sin embargo la señorita Kagome me habló mucho sobre ti y lo mucho que te quería...

- ¡Ya dejen de decir eso!

- Aún así, no veo muchos rastros del Inuyasha que ella me describió... - hizo caso omiso de sus palabras. - Inuyasha, ¿Qué te sucedió al despertar?

¿Qué me sucedió al despertar?

Cuando Kikyo me selló, caí en un profundo sueño, sin embargo en algún momento logré retomar mi conciencia y escuché su voz.

El odio que he comenzado a sentir, está fortaleciendo el sello. Jamás serás liberado... no mientras yo no abandone estos sentimientos negativos hacia ti.

Estaba confundido, no comprendía porque ella me había condenado de esta manera y eso, sumado al hecho de escucharla decir que me odiaba, despertó una profunda rabia en mi, rabia que permaneció hasta la tarde en la que Kagome me liberó.

Recuerdo que... al despertar mi mente estaba nublada y sólo quería deshacerme de la mujer que me había traicionado, sin embargo... en algún momento dejé de ver y, al despertar, Kagome estaba a mi lado, sangrando.

Yo... no sólo la había lastimado a ella, si no que verdaderamente había estado a punto de asesinar a Kikyo, realmente había estado a punto de matar a una persona sólo por rencor. Luego supe de la existencia de Naraku y que, en realidad, ella había sido una victima más de su juego, uno en el que murió y, de no ser por el fragmento que Kagome rescató y puso sobre sus heridas, con toda probabilidad ella no estaría en este mundo.

Y fue entonces cuando comprendí la gravedad de mi traición... Kikyo fue engañada para sellarme, sin embargo yo estaba consciente en el momento en que me enamoré de Kagome. Yo rompí la promesa que le hice a Kikyo al fijarme en otra mujer y, si eso no hubiese sucedido, nada de esto estaría pasando. Todos estamos sufriendo y es por mi culpa.

- Inuyasha. - sus miradas se encontraron. - ¿En que piensas? Te quedaste callado de repente.

Se debatía internamente sobre si decirle o no a Miroku lo que sentía, después de todo estaba seguro de que iba a juzgarlo por su decisión, sin embargo al mismo tiempo era un peso bastante importante sobre sus hombros, uno que quería alivianar de alguna manera.

- De acuerdo. - respondió entre dientes. - Sólo cállate y escúchame.

- Lo haré. - asintió.

Mientras tanto, en el bosque, la niña y la joven se encontraban disfrutando del atardecer. El día se había ido demasiado rápido entre las labores y el incidente con Royakan, por lo que estaban aprovechando aquel pequeño instante para relajarse.

- Kaede, ¿puedo hacerte una pregunta?

- Claro, Rin. - respondió, sin apartar la mirada del cielo.

- ¿La señorita Kikyo y el señor Inuyasha son pareja?

- Bueno... es complicado, ¿por qué preguntas?

- Porque él se mostró muy cercano a ella cuando regresaron de la pelea.

Inicio del flashback.

- ¡Señorita Kikyo! - gritó la joven, quien se había quedado junto a Shippo en la cabaña, al ver llegar al híbrido con ella en brazos. - ¡¿Qué sucedió?!

- No te preocupes. - le sonrió la mujer. - Estoy bien.

- Rin. - la niña se dirigió a la zona en la que poseían sus elementos de curación. - ¿Podrías ayudarme a curar sus heridas?

- Si, señor Inuyasha, por favor déjela sobre el tatami. ¿Puede salir?

- No me iré. - respondió tajante. - Puedo mirar para otro lado si lo desean, pero voy a quedarme aquí.

- Inuyasha. - murmuró. - No es necesario.

- No te dejaré Kikyo, no insistas.

Fin del flashback.

- Si, él se veía muy preocupado.

- Si, sin embargo...

La imagen de la sacerdotisa y Sesshomaru, abrazados a las afueras del templo aquella noche, pasó por su mente.

Si ellos son pareja, entonces ¿por qué abrazó al señor Sesshomaru de esa manera tan cercana?

- ¿Sin embargo...?

- ¿He? - se sorprendió. - Nada, ¿tú que piensas? - trató de cambiar el tema.

- Bueno... - la niña se mostró incómoda ante su pregunta, por lo que decidió omitirla. - Ya está anocheciendo, creo que lo mejor sería regresar. - se puso de pie y comenzó a caminar. - ¿No vienes?

- Si, sólo... quiero quedarme un poco más aquí.

- ¿Segura? - asintió. - Sólo ten cuidado. - se alejó.

Un pequeño suspiro abandonó los labios de la joven, quien volvió a posar los ojos sobre el cielo casi nocturno, pero por más que trataba de apartar aquellas imágenes de la sacerdotisa y el demonio, le era imposible.

¿Realmente estoy sintiendo celos de la señorita Kikyo?

Meneó la cabeza.

- Que tonta. - murmuró. - Ni siquiera puedo compararme con ella.

- ¿No te da miedo estar aquí sola?

Miró hacía uno de los laterales, abriendo ampliamente sus ojos al encontrarse con su mirada dorada.

- ¿Señor Sesshomaru?

Mientras tanto, al lado del pozo...

- Y eso es todo. - suspiró. - Asique ya no vuelvas a molestarme.

- Bien, comprendo. - hizo una pausa de unos segundos. - Sólo déjame preguntarte... Inuyasha, ¿tú estas enamorado de la señorita Kikyo?

- ¿Qué parte de que no quiero que me molestes más no entendiste? - respondió hostil.

- Entonces supongo que no hay más nada que decir. - se puso de pie. - No olvides que Naraku sigue suelto y debemos encargarnos de él.

Estaba dispuesto a irse cuando un ruido proveniente del bosque los alertó.

- ¿Qué es eso? - el híbrido se puso de pie y tomó la empuñadura de su arma.

- No lo se. - respondió seriamente. - No percibo ningún tipo de energía demoníaca... ¿Una mujer?

Ambos se sorprendieron al ver a Sango emerger de entre las plantas. Sus ojos se mostraban perdido y su andar cansado les indicaba que su estado no era el mejor.

- Ayuda. - murmuró antes de caer inconsciente a metros de ambos hombres.