Hace años que no escribo fanfics. Un poco la vida, con todo lo que significa, me ha mantenido lejos. Pero esa misma vida ha tenido esta historia dándome vueltas en la cabeza, a pesar de que hace tiempo no veo ni leo nada sobre Captain Tsubasa.

No sé por qué, pero a pesar de toda la carga que tengo en estos momentos, siento la necesidad de escribirlo.


Fuerza.

Por Alisse.


La bomba había explotado esa misma mañana.

Una vez, había escuchado por ahí que para crecer había que reconocer las propias debilidades y defectos. Si bien se había sacado esa idea de la cabeza lo más posible, en un momento lo alcanzó como una sombra que no lo dejaba en paz, por mucho que intentara ignorarlo.

Lesión tras lesión. Dificultad tras dificultad. Obstáculo tras obstáculo.

Llega un punto en que tienes que ser sincero con tu persona. Amaba el fútbol, era parte de su vida y era también una pasión que compartía con la gran mayoría de sus amigos, si es que no, todos sus amigos. Fue la forma en que los conoció durante su niñez, el pilar con el que se desarrolló en su adolescencia y a lo que le gustaría dedicarse en su adultez.

Pero la vida no es tan fácil para algunas personas.

Una vez, hacía un tiempo atrás, su hermana pequeña le había preguntado si es que se arrepentía de lo que había hecho por ella para evitar que la atropellara ese camión. Él inmediatamente le dijo que no, que no pensara esas cosas. ¿Cómo podía ser que prefiriera que ella fuera atropellada a que él herido?

Eso estaba completamente descartado. Pero tampoco podía pensar que estuviera feliz por cómo estaba su presente.

Su teléfono celular comenzó a sonar otra vez. Ya había perdido la cuenta de las veces que su sonido familiar había terminado con el silencio de su departamento… por momentos pensó en silenciarlo definitivamente, pero tampoco deseaba terminar con la única conexión que tenía en esos momentos con un mundo que seguía avanzando, a pesar de su tristeza y desilusión.

No estuvo seguro de cuánto tiempo estuvo esa música sonando. Anteriormente le parecía agradable, por algo la había escogido, pero en esos momentos lo irritaba bastante. Quizás ya era tiempo de cambiarla otra vez…

Al momento que el silencio volvió al lugar, pensó en quién habría sido esa vez. Su padre, Tsubasa, Genzo o incluso Pierre… cualquiera de ellos incluso pidiendo una explicación sobre la decisión que había tomado y que estaba seguro de que ninguno de ellos entendería.

Recordaba que después del accidente y del sacrificio que había hecho durante el World Youth, todo había ido cuesta arriba. Por lo que había significado un instante, pensó en que había logrado superar y que por fin podía prácticamente volar y disfrutar nuevamente del fútbol. Casi se le escapa una sonrisa al pensar en la ironía de toda la situación.

Se sabe que ser deportista profesional es complejo, sobre todo si se arrastra una lesión de su nivel siendo tan joven. Había un momento en que el esfuerzo y el optimismo no era suficiente y ahí la realidad te aplastaba con toda su fuerza.

Hacía poco alguien le había preguntado si tenía considerada más opciones en caso de que le fuera imposible jugar. Recordaba que al momento de decirlo y, quizá por su expresión y las de las personas que los acompañaban, esa persona había enrojecido y pedido disculpas por su imprudencia. Él, por supuesto, se había sentido ofendido… había considerado que en esos momentos el fútbol era su única opción posible y se había cerrado a cualquier otra posibilidad.

Pobre iluso…

El sonido del teléfono celular nuevamente sonando volvió a interrumpir el agradable silencio que lo acompañaba. Esta vez, cerró los ojos y soltó un suspiro, apoyando su cabeza en la pared que tenía detrás y la cual la sentía como un tipo de refugio en contra del mundo indolente fuera de esas cuatro paredes.

Estuvo unos segundos sentado en esa posición, considerando si era bueno o no apagar definitivamente su celular. Después de sopesarlo brevemente, se puso de pie, caminando con desánimo hacia la cocina. Pasó por el lado del aparato, ignorando cómo seguía sonando y sonando sin piedad; finalmente llegó al refrigerador y lo abrió, sacando la única lata de cerveza que le quedaba en esos momentos.

Sin sentir ningún tipo de resentimiento, se dirigió al pequeño balcón de su departamento. Ya no pensaba en las llamadas de celular por parte de sus cercanos, seguramente preocupados por prácticamente enterarse por la prensa de una decisión que le cambiaba la vida, tampoco pensaba en que en algún momento tendría que ser capaz de tomar otra decisión mucho más importante que la anterior, sobre qué iba a hacer de su vida de ahora en adelante.

Estaba agotado.

Simplemente deseaba sentarse a esperar a que pasara el tiempo, probar si es que en algún momento la herida que tenía podía sanar, aunque fuera un poco.

Ya en el balcón, se sentó nuevamente en el suelo. Por algunos momentos, le pareció casi surrealista que fuera de su departamento la vida continuara igual… los autos avanzando por la calle, los niños jugando en la plaza que estaba en la calle del frente, las personas volviendo a sus hogares después de una ardua jornada laboral. Le dio un trago a su cerveza, deseando no tener que pensar demasiado y simplemente continuar de esa manera.

La vida podía ser compleja, sobre todo en momentos así. Desvió su mirada hacia el cielo, tratando de pensar en otra cosa.

¿Cómo reaccionarían sus amigos? No sabía si se molestarían más porque no les contó los problemas que tenía o porque prácticamente los estaba ignorando en esos momentos… Pero el saber que ellos no entenderían por lo que estaba pasando evitaba que los quisiera escuchar. Por más comprensivo que Tsubasa podía parecer o incluso empático, por más valiente y obstinado que Genzo lucía también, en esos momentos no era lo que necesitaba.

Le dio otro trago a la cerveza. Tenía que reconocer que una parte de él, una oscura y envidiosa, sentía rabia que por más que se esforzó, finalmente tuvo que dejar sus sueños de lado porque su cuerpo no fue capaz de sobreponerse. No quería pensar en cómo sería ver a sus amigos en algún futuro representar a su país o simplemente jugando un campeonato local o internacional y él simplemente observando todo desde el televisor, sin poder ser parte de toda esa magia que representaba para él ese deporte.

Era algo que le gustaría poder saltarse, de verdad.

En esos momentos pensó si en algún momento de su vida Misugi se habrá sentido de esa manera cuando niños. Desde que lo conoció cuando eran niños él presentaba la enfermedad del corazón que lo tuvo durante algún tiempo con imposibilidad de jugar. ¿Era mala persona por considerar injusto que él sí pudiera dedicarse al fútbol a pesar de su enfermedad?

El teléfono celular volvió a sonar, imprudente en el silencio del departamento. Taro Misaki, sin saber qué decir, pensar o hacer, simplemente se quedó sentado en el balcón de su departamento.

Deseaba que lo dejaran en paz. ¿Cómo no eran capaces de darse cuenta de que, en esos momentos, no quería enfrentarse a nada? Simplemente deseaba quedarse ahí, en silencio, sin pensar ni sentir.

El mundo se lo debía por haber roto sus sueños.

Sus amigos se lo debían porque ellos iban a ser capaces de continuar, sin él, los sueños de su juventud.

Su familia se lo debía… porque sí. Le dolió el corazón el pensar en ellos.

Cerró los ojos por unos momentos y luego los abrió, volviendo su mirada hacia la calle mientras daba otro trago a su cerveza. Qué indolente se veía el mundo exterior que continuaba girando sin detenerse un minuto, mientras algunas vidas caían a un abismo difícil del que salir.

Esta vez, la llamada fue mucho más corta, aunque ni eso logró que dejara la posición en la que estaba. Miró al cielo, de un brillante color anaranjado, y pensó que quizá era egoísta al sentirse de esa manera. Muchas personas tenían problemas mucho peores, y ahí estaba él, comportándose prácticamente como un bebé, porque las cosas no salieron como él deseaba en la vida.

Bueno, era su vida, de todas formas.

Sabía que el día de mañana tendría que tomar el teléfono y comunicarse con el mundo. Volver a explicar, quizás con palabras más sentidas que las de la conferencia de prensa, que ya había asumido que su cuerpo no daba para más y que en realidad, por mucho que se esforzara, no iba a poder ser el jugador de fútbol que alguna vez deseó.

Sabía también que tendría que disculparse por haber preocupado a todo el mundo, por mucho que no lo sintiera en realidad. Al menos, tenía esa ventaja de vivir en París mientras sus amigos y familia estaban en otras partes del mundo: podrían dejarlo tranquilo mientras recuperaba los pedacitos de su vida rotos y esparcidos por el departamento.

Aunque no sería tan así si ese celular dejara de sonar cada tanto…

Pero aún así, decidió no apagarlo. El sonido lo ayudaba a darse cuenta de que, a pesar de todo, había una vida afuera que necesitaba retomar en algún momento… seguramente mañana.

Porque en esos momentos, deseaba que todo se detuviera. En la tranquilidad de su departamento, agradeció que su pérdida, su duelo, pudiera vivirlo de esa manera. Sin hablar, sin compartir, sin llorar incluso… sólo la tranquilidad del silencio mientras terminaba de asumir que ya no podía seguir igual.

Pero él se adaptaría, siempre lo había hecho. Era parte de su esencia poder adaptarse a los cambios que hubo en su entorno desde que era un niño pequeño.

Pero en esos momentos él no deseaba adaptarse, simplemente deseaba estar solo, poder pensar. Pasar su duelo de la forma que más le acomodara, aunque fuera sentado en el balcón de su casa, tomando la única lata de cerveza que tenía y mirando el cielo que cada vez estaba más oscuro.

Ya tendría más días para pensar, para hablar con los demás y para finalmente decidir qué iba a ser de él de ahora en adelante.

En esos momentos, sólo deseaba quedarse así. Pensando en todo lo que finalmente había perdido.

Ya tendría días para seguir luchado.

Por al menos esa noche, deseaba que el mundo lo dejara tranquilo.


Bien, ahí está.

Obviamente, y como ya indiqué más arriba, hace tiempo que no me actualizo en CT. Sé que han ido a las Olimpiadas, pero más allá no he tenido tiempo de revisar.

En fin, espero que no haya sido tan desastroso, al menos en la redacción. No quise revisarlo a propósito, porque escribirlo fue como vomitar una cantidad de sentimientos de superación y esperanza, mezclado con un agotamiento mental.

Saludos a quienes lo leyeron.