Las leonas se movilizaron ante la primera orden del rey y defender sus tierras de los exiliados. Los principies miraban todo desde las alturas de la Roca del Rey, de los dos, Kopa era el menos contento por tener que quedarse y no ir al lado de su padre. No solamente su hermana ha desaparecido (seguramente escapado), sino que también Nadia con ella (cómplice de Kiara, seguramente) y, no conforme con eso, su padre los deja a ambos en la Roca del Rey como última defensa.

Kion estaba más que capacitado para dar órdenes. De haber sido el mayor habría sido un gran rey, pero el menor de los hermanos nunca se atrevió siquiera a pensar en dicha posibilidad, se conformaba con ser un estratega y un protector. Kopa se abstuvo de rodar los ojos cuando una de las amigas de Kiara, Zuri, se quejó de tener como compañera a Fuli en lugar de su hermana.

No es momento para tales caprichos. La animosidad entre ambas, si es que hay alguna, en especial por parte de Fuli que poco le presta atención a la leona cuando bien podría discutir con ella; es irrelevante en este momento porque sabe que no es momento.

El menor las despacho a ambas a sus puestos, sin réplicas.

–Envíe a Ono a vigilar a papá de cerca. Cualquier eventualidad nos lo dirá –comunicó Kion mirando las praderas por unos segundos antes de volverse a su hermano, suspiró –. Sabes porque no nos dejó acompañarlo.

–Lo sé –dice –, pero eso no lo hace más fácil.

–Hace lo mejor que puede para mantenernos a salvo.

–Y aun así estamos esperando que el enemigo llegue –replicó Kopa. La brisa acompañada de la lluvia meció su melena –. O mejor dicho, dejamos que el enemigo entrara hace mucho.

Kion frunció el ceño.

–Creí que te agradaba.

–Lo hace…Lo hizo…No sé qué pensar –confesó –. Nadia estaba muy segura al intervenir. Puedo entenderlo por parte de nuestro tío, pero ¿Kovu? A ese ni lo conoció bien.

–Si te soy honesto, tampoco sé que pensar –Kion se sentó a su lado. Era mucho más bajo que su hermano con la melena corta, pero pronto crecería y lo alcanzaría –. Las circunstancias en las que Kovu llegó fueron…extrañas, por decirlo suavemente. Demasiada coincidencia. Pero –añadió rápidamente antes de que Kopa hablase –, puede que nos hayamos equivocado con él.

Si bien, Kion sospechaba en cierta medida hacía Kovu, puede admitir abiertamente que paso breves momentos con él. Momentos agradables, donde pudo apreciar un atisbo del verdadero Kovu, al menos, el que se escondía en esa coraza de león misterioso y rebelde. Sí, no hizo nada por defenderlo, su padre estaba herido y lo acusó de traición; acusación que Kovu negó pero que nadie le creyó.

Mientras Kion se sumía en un silencio pensativo, Kopa se sentía cada vez más…inútil. Y no, no es una sensación de ahora sino de hace mucho tiempo. Kiara será reina (si es que Zira no conquista el reino), y Kion pese a ser el menor encontró una forma de servir al reino y así mismo darse un propósito con que el sentirse orgulloso de cumplir, mientras que él es solo el mellizo de la princesa heredera, el hijo del medio, el que pudo haber muerto de no ser por la intervención de Nadia en ese aparente destino.

Porque sí, Kopa a veces cree que su destino fue interrumpido y dado otra oportunidad, pero, ¿para qué exactamente? Era un príncipe que no tiene ninguna responsabilidad real aparte de ser el suplente, el segundo hijo.

–Desearía poder ayudar de alguna manera.

–Eso haces –quiso tranquilizarlo Kion.

Kopa solo suspiró largamente y mirar al frente. Su hermano solo miró el cielo en busca de apoyo, el que sea. Este conflicto tendrá resultados catastróficos, no importa quien gane o no. Todos están separados, desunidos. Como si el viento le susurrase, Kion habla de nuevo:

–Debes ir.

Su hermano mayor abrió los ojos aún más por sus palabras.

–Uno de los dos debe quedarse –aclaró de inmediato –. Ve con nuestro padre o busca a Kiara para tratar de detener esto.

– ¿Estás bromeando?

–No soy de los que bromea, eso es más cosa tuya y de Bunga –desdeño Kion al no ser tomado en serio.

Kopa se quedó en silencio y sin moverse por unos segundos, sopesando sus siguientes pasos. No había mucho que pensar, si era honesto consigo mismo. Estaba ansioso por hacer algo, ayudar de alguna manera, pero ser apartado junto a su hermano para "protegerlos", es desalentador considerando que puede ser más útil. Y no, no es que resguardar la roca no sea importante, peor al igual que su hermano la sensación de que este conflicto ha de ser detenido es imperioso.

Aunque claro, necesitaba encontrar a su hermana. Por suerte, es bueno rastreando el olor de Nadia. Si la humana estaba con su hermana (lo que es muy probable) las encontraría e iría a ayudar a su padre. No es el mejor plan, no, pero era mejor que nada.

–Volveré pronto –le aseguró –. Y si algo pasa…

–No pasará nada –cortó Kion, negándose a tal posibilidad –. La unión nos hace fuertes o eso he oído. Ve rápido, Kopa, no hay mucho tiempo. Ve.

Con el ánimo renovado y la expectativa de poder aportar más a la causa, Kopa se fue corriendo dejando atrás la roca del rey. Kion sonríe levemente y vuelve a mirar el cielo oscurecido por un momento, la lluvia caía suavemente en su pelaje.

Tiene un buen presentimiento y, por eso, esperaba lo mejor. Aunque igual se preparará por si acaso. Mejor prevenido que ser tomado desprevenido.

El príncipe volvió su mirada al cielo gris por un momento más. Las nubes se movían de manera inquietante, la brisa no ayudaba, menos el ambiente tenso por las noticias. Pero, si prestaba atención, podía ver la silueta de un rosto robusto, familiar y con una mueca parecida a una sonrisa paternal. Siempre lo ve en momentos difíciles como si le dijera que todo saldrá bien o, en su defecto, saber que estaba siendo acompañado y no desamparado.

Kion casi sonríe.

Nadia caminaba a paso rápido, casi trotando, a nada de echarse a correr hasta llegar al lugar donde se desarrollaría el conflicto. Scar estaba cerca, pero lo suficientemente lejos para darle espacio, algo no andaba bien con la humana pero le daría el espacio suficiente hasta que sea momento de intervenir.

Kovu y la princesa se adelantaron corriendo a toda velocidad sin un plan aparente, para incredulidad de Scar. ¿Esperaban esos dos jóvenes enamorados solucionar el conflicto con palabras bonitas y ya?

– ¿Puedo montarme en tu lomo y así ir más rápido?

–No vayas a hacer lo que creo que piensas o, mejor dicho, no cedas a ese impulso, Nadia –siseó.

Ella se detiene de pronto en medio del pastizal. Scar vio como ella apretaba los puños tanto que podría clavarse las uñas, temblaba un poco, no por frío, sino por ira contenida. Seguramente estaba apretando los dientes con fuerza, quizá no la suficiente para romperlos, pero sí para dolerle un poco.

Scar espero, paciente, a que respondiera, a que le gritara; lo que sea que ella pueda responder.

Nadia no se vuelve a encararlo, de hacerlo, le diría que no tiene derecho a dar advertencias cuando bien que él sucumbió a la oscuridad creciente en su corazón. Que no tiene la moral o autoridad siquiera para decirle si sucumbir a su ira o no. Lentamente, se volvió al león que la miraba de manera indecidible, algo que antes le encantaba analizar y ahora, en este momento, le irrita de sobremanera.

–Scar, mpenzi –Nadia vuelve la cabeza lentamente para mirarlo por encima del hombro –, yo no soy como tú. No te atrevas a darme lecciones, no lo hagas, porque lo que voy a hacer no es ni de cerca lo que tú hiciste.

– ¿Eso piensas? –Scar se jacta casi soltando una risa, pero, en lugar de eso hizo una mueca –. Dudo que puedas cargar con algo así. Adelante –sus ojos brillaron –, a ver como esa luz que te caracteriza se empañe. Nuka no…

– ¡No te atrevas a nombrarlo! –se vuelve por completo a encararlo por completo –. Lo dejaste solo. No lo sacaste de ahí, lo dejaste para ser comida de buitres. Que lo nombres ahora es bajo, incluso para ti. Además, no tienes por qué preocuparte, mi enojo e irá es más hacía mí misma por no poder haber hecho algo o estar allí.

Ella quiso gritar, llorar de nuevo, maldecir a Zira hasta quedarse sin voz; pero también se culpaba a sí misma por no haber hecho más. Por no haber intervenido más. Pudo apelar a que Nuka se quedará con su padre, incluso a Vitani y a Kovu, pero no lo hizo y se arrepiente profundamente. Porque sí, odiaba a Zira, pero no la recriminaba tanto como así misma.

Lamentarse por lo que pudo o no hacer no cambiará nada, lo sabe, pero no puede dejar de recriminarse por ello. Pensar en ello no le dará paz, solo la hará sentirse miserable.

–Hiciste más de lo que piensas, Nadia. Le diste a Nuka lo que ni yo pude darle; amor, atención, por muy breve que haya sido, lo quisiste como tuyo –declaró Scar con un nudo en la garganta, es una suerte que lo haya podido decir –. Cuando acabe esto, si es que se de manera pacífica, prometo mostrarte donde dio su último aliento.

Nadia posó sus manos en su pecho, sintiendo algo de alivio ante la presión al que ha estado sometido desde que se enteró de lo que le paso a Nuka.

–Quiero que este con sus antepasados, en donde enterraron a tu hermano.

–Así será –juró Scar –. Mufasa ha de estar cuidándolo.

– ¿Se lo encomendaste? –Preguntó con cierto asombro.

Por supuesto, no esperaba tal cosa viniendo de él. La relación entre ellos es compleja. Scar no siempre le dirá todo lo piensa, pensara, lo que hace o hará, independientemente de lo mucho que la aprecie seguirá guardándose cosas que solo a él mismo le concierne. Pero, de igual forma, se alegra lo suficiente de que ya no desprecie el recuerdo de su hermano ni lo siga maldiciendo después de muerto.

Scar la miró por unos momentos antes de dar un par de pasos por delante de ella.

–Súbete –dice en cambio –, debemos llegar a tiempo con los jóvenes que ya nos llevan ventaja. Se han de estar matando.

–Bien –se sube de inmediato afianzando sus manos en su melena con excesiva fuerza –. Pero hablaremos de esto, ¿de acuerdo?

–No podría ser de otra forma.

La lluvia ha cobrado fuerza acompañada de centellas en los cielos, vientos que mueven ramas y hojas y animales corriendo alejándose del conflicto que esta por desarrollarse. ¿Cuándo fue la última vez que se han enfrentado dos manadas por las tierras del reino? Seguramente hace mucho tiempo, demasiado para ser recordado, salvo que seas un elefante viejo cuya memoria sigue y seguirá intacta hasta que su ciclo de vida concluya.

Las cebras y antílopes corrieron despavoridos alejándose lo más que podían del encuentro. Uno de ellos, casi choca al príncipe Kopa, que lo esquivo y casi cae a la tierra enlodada. Llego justo a tiempo para ver como ambos bandos se miraran cara a cara. Los buitres sobrevolaban en círculos sobre ellos ansiosos por un banquete que, seguramente, este conflicto les dejara.

Nala fue la primera en divisar a su hijo unirse a ellos. No lo riño, pero sí que le dio una mirada que atravesó al joven que solo atino a sonreír con algo de nervios antes de bajar la mirada al suelo. Cuando esto acabe hablará con él seriamente, por ahora, se concentrara en luchar como la reina que es, pese a estar preocupada por su hijo que se unió para luchar.

Ambos bandos se miraban con odio, resentimiento.

Timon y Pumba se colaron al frente para mover sus colas a modo de burla hacía los forasteros.

Zira fue la primera en hablar.

–Se acabó, Simba. Este ha sido mi único sueño durante años –declaró, su pelaje estaba por completo mojado y lleno de barro.

–Ugh. Esta necesita marido –comentó Timon por lo bajo, a lo que Pumba lo mira con desaprobación.

Simba aprieta los dientes ante la leona.

–Sigue un consejo, Zira. Vete a casa –Simba dio un paso hacia ella de manera amenazante.

La leona solo sonrío con burla y deleite. Tocar los botones para hacer perder la paciencia de Simba y perturbarlo es fácil, sencillo. ¿De verdad piensa que se ira así como así?

–Está es mi casa –declaró con una sonrisa mientras un relámpago la ilumina –. ¡Ataquen!

Las leonas que acompañaban a Zira rugieron antes de avanzar. Simba no tuvo más opción que hacer lo mismo. Al principio, el paso fue lente como si quisieran dar tiempo por si alguno se detenía, pero ninguno lo hizo. El encuentro fue inevitable.

Zira estaba sobre una roca con Vitani y otra leona a sus espaldas, aunque pronto Vitani se unió a la pelea.

–Sáquenles los ojos, partan sus quijadas, den mordidas bajas. ¡Maten! –declaró orgullosa, al ver como algunas leonas de la manada de Simba no podían contra algunas de sus contrincantes, siendo derrotadas y muy malheridas –. ¡Cumplan con su deber!

El entrenamiento y fortalecimiento ha dado sus frutos. Ganaran o morirán, pero al menos garantizó las bajas de sus enemigos hasta mermarlos.

A lo lejos Nadia miraba la escena con horror junto con Scar, Kiara y Kovu.

–Necesito una rama más grande –dice, apretando una rama lo suficientemente gruesa para no romperse después de algunos golpes.

Scar replicó.

– ¿Quién te dijo que vas a meterte ahí?

–No tú, eso sin duda –desdeño Nadia viendo como cruzar hasta que vio a un pequeño grupo de leonas perseguir a Timon y Pumba –. ¡Se los comerán!

–Gracias a los grandes reyes.

– ¡Scar! –reprendió Nadia.

Kovu y Kiara se acercaban a las manadas en un pequeño risco conectado a otro por un dique hecho de ramas y troncos que, debido por la corriente del agua fluyendo cada vez más rápido, no durará mucho siendo inestable.

Vitani se subió a una roca para ver con superioridad a Nala, la reina tenía los dientes apretados de manera amenazante.

–Nala, ¿y tú preciosa hija? –Se mofa Vitani.

– ¡Vitani! –siseo Nala, lista para pelear.

La más joven saltó en un rugido y, antes de caer sobre su oponente, fue interceptada por Kopa en ayuda de su madre. Ambos leones jóvenes se ensañaron entre zarpazos, mordidas y gruñidos.

–No quiero hacerte daño –dijo Kopa con la esperanza de hacerla desistir, aparte de que es la hermana de su amigo.

–Oh, pero yo sí –Vitani lanzó otro zarpazo que Kopa esquivo y se vio obligado a responder la agresión.

Pumba cubrió su cara contra una roca para no ver su destino final, mientras que Timon se aferraba a la pared con su pequeño pecho subiendo y bajando con velocidad preocupante soltando chillidos asustados. El suricato busco algo con lo que zafarse de esta crítica situación hasta que vio algo que lo hizo reír con deleite.

Saltó hasta tomar la cola de Pumba, la cargó cual arma mortal y apuntó contra las leonas.

–Que nadie se mueva. Esta es un arma mortal, y disparare –Las señaló una a una con la cola al lanzar la amenaza. Las leonas gritaron espantadas cuatro salieron corriendo, una fue noqueada por una barra que fue a dar a su cabeza. Timon reía aliviado por haberse salvado y de ver a Nadia bien –Hablando de los vientos de guerra –comentó moviendo la cola.

Scar rodó los ojos ante su comentario. Por el rabillo del ojo vio a la leona, le importa poco, pero Nadia uso fuerza excesiva y no quiere que comete una locura de la que no tenga retorno.

–Se te paso la mano.

Nadia se encogió de hombros.

–Sí, sí, una pena total –desdeña, luego señaló a donde se gestaba la pelea –. ¡Andando!

Zira reía desquiciadamente al ver como Simba estaba siendo atacado por un gran grupo de sus leonas. Al fin estaba obteniendo su venganza. La sentía tan dulce, tal y como la imaginaba. La victoria ya es suya. Pero no quiere que alguien se lleve el mérito de acabar con el rey, ese derecho es suyo.

–Simba –Zira salta hasta bajar de su roca donde contemplaba todo acompañada de dos leonas a sus espaldas –, eres mío.

Una vez lo tuvo cerca le dio un zarpazo que lo tiró a un par de metros. Todo se detuvo en ese momento. Las leonas se aglomeraron alrededor de sus líderes. Finalmente, todo se decidiría. Zira y Simba caminaba en círculos preparándose para dar por finalizada este conflicto de una vez por todas.

Ambos contrincantes alzaros sus garras para dar inicio, hasta que fueron interrumpidos por Kovu y Kiara, quienes se situaron en medio de ambos, para sorpresa de todos.

– ¿Kiara? –Simba sonaba confundido, preocupado, pero aliviado de ver a su hija.

– ¡Kovu! –Mientras que Zira riño a su hijo mirándolo con desprecio, ¿cómo se atreve a interrumpir su victoria? –. Muévete.

Nadia estaba presente siendo testigo junto a las demás leonas. Por el rabillo del ojo notó a Kopa, herido, pero no era nada grave. Se acercó al príncipe a revisarlo.

–Hazte a un lado –pidió Simba, no lo ordenó, solo lo pidió.

–Esto tiene que detenerse –declaró Kiara.

–Eres más débil de lo que creí –Zira siseo a lo que Scar gruño sonoramente en defensa de Kovu, ella lo ignoró –, ¡apártate!

Kovu miraba a su madre con seriedad. Estaba dolido por todo lo que estaba pasando. Estaba haciendo lo correcto, quiere que su madre entienda a razones y puedan empezar nuevamente; pero ella no lo haría, nunca lo hará. Para su madre, él es un traidor, un débil.

–No lastimaras a Kiara ni a Simba. No si yo estoy aquí –se posiciono, por si acaso, mostrando sus colmillos y flexionando sus patas preparándose para cualquier altercado.

Zira jadeo sorprendida e indignada ante su posición.

–Esto no es contigo –Simba murmuró por lo bajo.

Kiara suspiró.

–Un sabio rey me dijo un día que somos uno. Entonces no entendía eso –Kiara negó mientras una pequeña sonrisa se formaba –. Ahora sí.

–Pero ellos…

– ¿Ellos? Nosotros. Solo míralos –Kiara se volvió a mirar a las leonas, a todos allí –. Son como nosotros, ¿ves alguna diferencia? Hasta Nadia es como nosotros.

La mencionada sonrío levemente mientras apretaba la melena de Scar, este último rodó los ojos ante la palabrería. ¿Acaso ese es el grandioso plan? ¿Unas palabras bonitas que su hermano de estar vivo diría?

La lluvia empezó a cesar. Simba miraba a todas las leonas antes de volver a ver a Kiara. El sol empezó a asomarse y él levantó por un momento la vista al cielo antes de enfocarse, nuevamente, en su hija con una sonrisa de orgullo. Y la abrazó.

Conmovida, Nadia abrazó fuertemente a Scar y a Kopa rodeando a ambos con sus brazos lado a lado.

–Vitani, no –ordenó Zira ante la posibilidad de que su hija caiga en esas palabras baratas.

–No, madre. Kiara tiene razón –se vuelve hacía Kiara y Kovu, su hermano la miraba sorprendido. Apretó los dientes y bajo la mirada por un segundo; caminó hasta posarse junto a su hermano –. Es suficiente.

Ante esto, las seguidoras de Zira se miraron sorprendidas. La hija de su líder, la segunda al mando, decidió lo que era correcto y así salir de ese círculo vicioso de odio y muerte.

La traición de su hija enfureció a Zira.

–Si no quieres pelear, entonces morirás –Zira sentenció a su hija.

Scar rugió en advertencia, Nadia cogió nuevamente la vara y las leonas compartieron miradas, ahora es más que claro lo que deben hacer.

Zira observo como sus leonas se iban del lado enemigo.

– ¿A dónde van todas? ¡Regresen! –ordenó.

Nadia se burla.

– ¿Para qué? Para morir por una causa perdida –suelta una risa amarga –. Hasta sentenciaste a tu hija. ¿No fue suficiente con Nuka? –Nadia iba a acercase pero fue sujetada por Kopa –. Tienes la oportunidad de cambiar, una, y aun así sigues consumida.

–Deja el rencor, Zira. Ya es tiempo de que olvidemos el pasado –dijo Simba.

–Es la mejor opción que te queda, Zira –agregó Scar poniéndose entre ella y Vitani –. Ríndete. No todos los días mi sobrino será tan benevolente.

– ¡Jamás lo olvidaré! –Exclamó.

El estruendo de unos troncos chocando por el río distrajo a Simba lo suficiente para que Zira aprovechara y atacara a traición.

–Esto es por mí –siseo antes de abalanzarse.

Kiara y Nadia se movilizaron para proteger a Simba. Las tres rodaron y cayeron por el risco, terminaron separándose al golpearse con las rocas, rodando sin parar.

– ¡Kiara! –Kovu y Simba gritaron al unísono.

– ¡Nadia! –Scar gritó saltando junto con Simba.

Las tres dejaron de rodar; Nadia se sostuvo apenas con una roca saliente, Kiara se sostuvo con sus garras y Zira quedó más abajo apenas sosteniéndose con sus garras.

– ¡Sujétense, chicas! –Gritó Nala al borde del precipicio.

– ¡¿Qué crees que estamos haciendo?! –Nadia gritó devuelta resbalándose un poco –. No, no, no. No de nuevo, no.

En eso, Nala levanta la mirada al oír el correr del río furioso que llevaba consigo trocos y ramas. Preocupada, sin saber qué hacer.

–Simba –susurró mirando el río y el risco –. ¡Simba, el río! –le avisó en un grito angustioso.

Tanto Simba como Scar se volvieron a ver el río, ambos abrieron los ojos con horror. Debían apresurarse.

Una vez seguras, Kiara se acercó un poco a ver si podía ayudar a Zira para desaprobación de Nadia, a quien le provoca más bien arrojarle una piedra y que se caiga.

–Zira, dame la pata –Kiara estiro su pata para que la alcance y pueda subir, pero Zira le lanzó un zarpazo, resbalando un poco más en el proceso.

Nadia bufó.

–La víbora esa prefiere morir a ser ayudada. ¡Dale la pata ahora a menos que quieras morir ahogada! –En un intento por ayudar, Nadia estira el palo para que se sostenga y así cuidarse de sus zarpazos –. Aquí, para que no tengas que tocarnos si tanto te da asco.

Pero Zira dio otro zarpazo que terminó con el palo cayendo del risco.

–Te jodiste –Nadia masculló de mala gana.

–Zira, dámela –volvió a pedir Kiara –. Yo puedo ayudarte.

En eso, la cara se Zira hace una mueca desquiciada.

–No, no puedes.

Dicho esto, ella se suelta y cae sin cambiar en ningún momento esa expresión terrorífica de su rostro. Zira terminó ahogada en ese río.

–Ella nunca quiso cambiar, Kiara –Nadia intentó tranquilizarla, cojeando hasta ella.

–Lo intente.

–Lo sé –susurra, abrazándola.

Simba y Scar llegaron a ellas poco después. Nadia enseguida abrazó a Scar.

–Te juró que no la arroje, por mucho que me provocara –le susurró Nadia al oído.

Scar asintió.

–No cediste.

Nadia levantó la mirada. Sí, quería arrojarla al abismo, pero hacerlo significaba ser igual o peor que esa leona.

–No, no lo hice –apretó la melena oscura con fuerza –. Tomé mi decisión, al igual que ella.

Scar volvió a asentir. Miró por un momento el río en calma como si esperara que Zira retornara que, de alguna forma, haya sobrevivido, lo que es poco probable. Se volvió de nuevo a Nadia.

–Bien –dijo –. Ahora sube, que ese tobillo se ve terrible.

Todos subieron y fueron recibidos calurosamente. Vitani se acercó a Scar de manera dubitativa, Nadia asintió instándolo a que fuera con ella.