Capítulo II

—Regina..—

—AUCH… Sí, sí, vamos…—

El codazo que le propinó Kat la trajo de vuelta a la realidad, se había perdido en sus ojos. Los verdes ojos de Emma Swan, la había mirado y le había sonreído. ¿Qué probabilidad había de encontrársela en ese lugar? Caminaban y la veía cada vez más nítida, Emma estaba sentada en la barra, hablando con la barman, con Ruby.

—Kat, ¿Quién es ella?, la que está hablando con Ruby..—

—Mmm.. ¿La rubia?—

—Sí, ella..—

—Ella es Emma, la mejor amiga de Ruby…—

Se habían sentado al otro extremo de donde estaba Emma, quien de pronto parecía muy interesada en su cerveza. Ruby se había acercado y había saludado a Kat, empezaban una conversación que le pareció duraría una eternidad.

—No quisiera interrumpir, pero podrías servirme un whisky en la rocas por favor.—

—Sí, claro Regina, en un momento…—

Ruby sabía perfectamente el tipo de whisky que solía beber, no era la primera vez que Kat la arrastraba a perder su muy atractivo viernes en ese lugar. La pelirroja le tendió su bebida y dio el primer sorbo, le gustaba beber, pero le gustaba hacerlo así, degustando, como el café. Emma seguía sin mirarla, Ruby se había acercado a llevarle una cerveza, ¡Cerveza!, qué podía esperar. Ahora estaba metida en su celular. Bufó y miró su reloj, a penas las 9:30, la noche iba a ser larga.

—¿A quién miras?—

—¿Qué? A nadie.—Kat la miró suspicaz.

—¿La conoces?—Ahora ambas miraban en dirección de Emma Swan.

—No… Bueno, es la persona que me prepara el café..—No estaba mintiendo. era la persona que le preparaba su café.

—¿Trabaja en Brew Brew?— Su amiga asintió sin dejar de mirar.

—Sí, —

—Excelente, déjame decírselo a Ruby, así se puede acercar a hacerte compañía..— Regina la miró y comenzó a negar.

—KAT, tú tienes que hacerme compañía, ¿Recuerdas? Ese fue el trato..—Ya había sido bastante incómoda la conversación de la cafetería como para tener que repetirla.

—Claro, cariño… Pero no puedo estar contigo en todo momento, ¿Qué sentido tendría eso?—

—No necesito que me haga compañía una extraña…-

Miró nuevamente su reloj. -Ya solo faltan cuatro horas…- Kat puso los ojos en blanco y se alejó a hablar con Ruby. Una adolescente, eso parecía, una adolescente. Lo último que le faltaba, dio un sorbo más a su bebida y lo más discreta que pudo miró nuevamente en dirección a Emma. Quien ahora sí la observaba sin tapujos, aunque en esta ocasión no bajó la mirada, se la sostuvo, tomó su cerveza, se levantó y caminó en su dirección, sin dejar de mirarla, pero esta vez no le sonrió.

—Hola de nuevo…—

—Srita Swan…—

—Regina… ¿Puedo sentarme?— Una invitación con la mano fue su respuesta. — Ahora si puedes decirme ¿Qué te ha parecido el espresso?— De todas las preguntas que podía hacerle, esa era la que le carcomía la cabeza. Su risa se hizo presente, nunca la había escuchado reír.

—Esa era la última pregunta que esperaba escuchar…— Su mirada era intensa, transparente. Sentada en el taburete pero inclinada levemente hacia ella, estaba cerca, eso era lo que tenían las barras, te permiten eliminar el espacio personal.

—¿Qué esperabas que te preguntara?— Ahora media sonrisa se dibujó en su rostro. La pequeña cicatriz sobre su labio se movió.

—Cualquier cosa…— Emma desvío su mirada. —¿Por qué es tan importante?— La rubia dio un trago bastante largo a su cerveza y sonrió.

—Me gusta hacer bien mi trabajo, además eres un cliente muy particular, ¿sabes?— Nuevamente río, el corazón le latía, le latía más rápido de lo normal, mucho más.

—¿Particular?— Emma la miró y no dijo nada por un momento, como si se hubiera quedado pensando en algo.

—Uff sí, y mira que tengo ya cinco años trabajando en esto… Jamás había conocido a alguien como tú…— Esta vez no sonrió, dio un sorbo a su bebida y pidió una más.

—Como yo, ¿Cómo soy, Swan?— Esa era la invitación perfecta para preguntar su edad, cinco años trabajando en cafeterías, o al menos eso le había parecido que se refería. Pero, ¿para qué?, ¿qué le importaba a ella cuántos años tenía?

—¿Siempre eres así?— Regina levantó una ceja invitándola a que continuara. —Evasiva…— Ruby le acercó su bebida y las miró divertida.

—Soy de pocas palabras…— Pudo ver la frustración en su rostro, le gustaba, le gustaba hacer rabiar a las personas. Acercarse a ella era difícil, lo sabía, pero ese no era un problema para ella, todo lo contrario.

—Poquísimas…— Entonces volvió a sonreír y algo se movió en su estómago. —Bueno, volvemos al principio ¿Te ha gustado el café?— Dio un sorbo a su cerveza, necesitaba calmarse.

—Volvemos al principio, sí ¿Por qué es tan importante?— Emma se encogió de hombros.

—Eres importante…— Regina la miró, esperaba que continuara. —Desde que llegué a Brew Brew todos hablan de ti como inalcanzable, nadie sabe por qué no quieres que nadie haga tu café, todos sabemos que solo Alex te atiende pero nadie sabe el porqué. Eres especial. Un reto…—

—Un reto— Dio un sorbo, Emma miraba nuevamente su cerveza. —¿Para ti?..— La rubia levantó el rostro y sus miradas se cruzaron, algo se movió, algo se movió dentro en algún lado.

—Para todos… Prepararte el café es un premio, hay que trabajar para ello. Alex dice que siempre pides lo mismo, que te gustan tus rutinas… Que hablas poco… Que conversan siempre de lo mismo. — Regina dio un sorbo y sonrió.

—Has estado preguntando sobre mí…—Emma se puso colorada, pero no bajó la mirada.

—No de esa forma…— Se ofendió, no le interesaba de esa forma, por supuesto que no había preguntado por ella por eso, era una cuestión de trabajo, de mejorar en lo que hacía. —Quiero saber qué te pareció porque creo que puedo mostrarte el mundo del café, ofrecerte nuevas experiencias. No todo en el mundo son espressos.— No se rio, se carcajeo. Algo le provocaba su risa, una sensación extraña, desconocida.

—Nuevas experiencias… ¿Qué te hace pensar que me interesa?— Ahora fue Emma la que sonrió. Dio un sorbo a su cerveza, meditando la respuesta.

—Tu gusto por el café, estoy segura que el espresso que te hice fue de los mejores que has probado.,.. soy así de buena…— Regina sonrió y por primera vez bajó la mirada. Punto para ella, el primero. —No me mal interpretes, yo también amo mis rutinas, pero cuando hablamos de café, me parece que es un desperdicio de recursos.—

—De los mejores que he probado, es verdad.— Se lo había ganado. Emma sonrió con suficiencia. —Pero hay razones por las que tomó siempre el mismo café, no estoy interesada en cambiar esa rutina en particular…— La rubia le pareció decepcionada. —Ahora dime, ¿por qué soy tan difícil?—Emma sonrió de nuevo, le gustaba, algo pasaba en sus ojos cuando sonreía.

—Mírate…— Ahora el color estaba en sus mejillas. Le gustó desconcertarla. Uno más, el segundo. —Impones. Entras a un lugar y todos te miran.— Dio un sorbo a su bebida intentando recuperarse. —Entras al café y todos te miramos. Lo sabes… Además tú no ayudas…— Regina levantó una ceja. —No hablas con nadie, y cuando alguien se dirige a ti, apenas contestas con monosílabos. Pones a todos nerviosos con solo una mirada…— Regina iba a contestar pero se adelantó. —Pocas palabras, ya lo sé, pero para quien intenta tener una conversación es duro..—

—¿Por qué intentas tener una conversación?— Emma pareció meditar su pregunta.

—Porque es la única manera que tengo de conocerte..— Regina la miraba impertérrita, o eso le pareció. Sacudió la cabeza.. —A lo que me refiero es que de saber quién eres podría ofrecerte algo que crea pueda gustarte..—Regina asintió pero sin mucha convicción.

—Estamos los que no somos fanáticos de las recomendaciones.— Emma sonrió. Brillaban, cuando sonreía sus ojos brillaban.

—Las mías son muy buenas..— Regina puso los ojos en blanco. Era la primera vez que hacía eso, quizo decir algo más que la hiciera repetirlo.

—Aún así…—

—Normas de convivencia les llaman…— Su risa otra vez, su corazón, su estómago. El miedo.

—No suelo convivir mucho…— Su mirada seguía acompañándola.

—Eso está claro, deberías intentarlo quizás te estés perdiendo de algo…— Regina levantó las cejas y apenas una media sonrisa apareció. ¿Le estaba coqueteado? No, no le estaba coqueteando. No quería que Regina pensara eso porque no era así. Además no le parecía lesbiana, ¿O sí?

—¿Cómo qué?— Terminó su whisky y le pidió uno más a Ruby.

—Un buen café.— Regina soltó la carcajada y ella no pudo evitar unírsele.

Pudo sentir la mirada de Ruby. Silencio. Habían dejado de reír y ambas se habían quedado en silencio. Se miraban, sus ojos verdes le parecían querer hablar. Ninguna bajaba la mirada.

—Eres buena con las palabras, tienes razón…— Emma desvió la mirada.

—Te lo dije…— Se terminó su cerveza y miró a su amiga que le tendió una más. Iba rápido, tenía que parar. —¿Y a qué te dedicas?— Tenía una bonita mirada, sus ojos eran chocolate pero muy cercano al negro.

—Abogada..—

—Tienes cara de abogada…—Era verdad, no solo la cara, tenía el porte, era sofisticada, se presumía inteligente y competitiva.

—¿Cómo es la cara de un abogado?—Emma ya no bajaba la mirada, le parecía que las cervezas empezaban a hacer efecto en ella.

—Como la tuya…— Preciosa era lo que habría querido decir. Regina la miraba, su cicatriz.

—¿Y tú estudias o estás tiempo completo en la cafetería?— Se estaba imaginando cosas.

—Tiempo completo…— Regina asintió y se acomodó en el taburete, —¿Cuánto tiempo tienes de conocer a Kat?—

—Mucho, desde antes de la universidad.— No le gustaba hablar de su vida, regularmente ponía un alto cuando las personas lo intentaban, no terminaba de entender por qué no lo estaba haciendo ya. —¿y tú a Ruby?—

—También mucho, desde niñas…— Un bufido. Regina sonrió. Le pareció que se burlaba.

—Entonces no es tanto tiempo…— El rostro de Emma cambió, se puso colorada. Estaba claro que no le había gustado el comentario.

—No somos tan jóvenes…— Se ofendió, no supo por qué, eran jóvenes y comparadas con ellas estaba claro que lo eran, pero se ofendió. Ella, que siempre se había encargado de puntualizar la diferencia de edad entre Ruby y Kat, estaba ahora, ¿intentando minimizarla?

—Ruby lo es…— Le gustó turbarla. Además, una vez que encontraba el punto débil en alguien le gustaba escarbar.

—Depende de quién la mire… preguntémosle a Kat…— Nuevamente el color subió a su rostro, intentó esconderlo aclarándose la garganta.

—A Kat le gustan jóvenes…—No iba a hablar de los gustos de su amiga, pero todo iba tan rápido, era como una competencia de agilidad mental.

—Y a ti… a ti ¿cómo te gustan?.— Regina sonrió pero más por ganar algo de tiempo que por otra cosa.

Tensión. Se palpaba en el aire. Estaba ganando pero Emma iba justo detrás de ella. La rubia la miraba, pero ya no sonreía.

—Definitivamente jóvenes no es la respuesta…—Le pareció ver desilusión, no podía asegurarlo. Era tarde, estaba segura, ¿Qué hora era?

—Los jóvenes tienen sus ventajas…— Regina levantó una ceja y la miró burlona.

—¿Ah sí? Dime una…—Una media sonrisa y su mirada se intensificó.

—Suelen ser preciosos… Y estar llenos de energía…—Regina no dijo nada, parecía tranquila, pero su pecho se elevaba y bajaba con rapidez. Estaba nerviosa.

No contestó, el intercambio había sido tan rápido, ninguna le había dado muchas vueltas a sus pensamientos, lo que aparecía en su cabeza salía por su boca. La morena la miró y se acercó a ella un palmo más.

—¿Estás llena de energía?—Emma se humedeció los labios, definitivamente tenía que bajarse de ese tren ya o las cosas se iban a salir de control.

—No… Es que yo no soy tan joven…— Lo había dicho despacio, parecía una insinuación, pero no la conocía lo suficiente para asegurarlo.

—Definitivamente eres muy buena con las palabras…— Desvío la mirada buscando un respiro.

—Somos…— Regina sonrió. —Aunque seas de pocas ..— Nuevamente su risa.

—Creo que es hora de marcharme… mañana trabajo temprano y son ya las…—Miro su reloj, marcaba las 11:30 pm, ¿Cómo es que había pasado tan rápido el tiempo?

—¿De verdad tiene que irte?—

—Sí… necesito irme…— Lo había dicho despacio pero no muy segura de ello. Le costó dejar de mirarla para buscar a Kat, quien estaba recargada al otro extremo de la barra, hablando con Ruby, hablando muy de cerca con Ruby. Se giró y se topó nuevamente con los ojos verdes de Emma Swan.

—No creo que Kat quiera irse…— Le gustaban sus ojos chocolate, bueno, no en ese sentido, pero tenía ojos bonitos. —Y la verdad es que no la culpo..—

—¿No la culpas?— Emma la miraba.—Además… Ella no tiene que irse…—

—No, la noche está resultando mucho más interesante de lo que pensábamos…— Regina dio un sorbo, invitándola a seguir. —Además algo me dice que no la dejarías sola…—

—Tienes razón, más en lo segundo que en lo primero…— Emma sonrió. —Pero resulta que mañana tengo que trabajar…—

—Siempre un café puede ser la solución…— Regina sonrió.

—¿No lo vas a dejar ir?…— Emma sonrió a modo de respuesta. —Un espresso querrás decir…—

—Un espresso, sí. Pero puedo hacer muchas cosas más… si me lo permites…—

—¿Muchas cosas?—

No se habían dado cuenta pero tenía ya unos minutos observándolas, se había percatado que su amiga había dejado de contar cada minuto para marcharse. Parecía estar disfrutando de esa conversación con la rubia.

—Hola Emma…— La rubia se giró a mirarla un tanto desubicada, estaba tan inmersa en su conversación con Regina que le parecía se había olvidado de todo a su alrededor.

—Kat…— Sacudió la cabeza y se levantó a saludarla. —¿Cómo estás?—

—Bien, estoy bien…— Se sentó a un lado de su amiga. —No sabía que conocías a Regina…—

—No nos conocemos…— Sintió su mirada. —Bueno, la he visto, claro está…— Kat arrugó el entrecejo, Regina dibujó una media sonrisa, su corazón palpitaba. —Lo que quiero decir es que lo que se dice conocer a un persona la verdad es que no pero…—

—La has visto…—Regina soltó la carcajada y el rostro de Emma se volvió rojo. —No te burles…— Su amiga solía causar eso en las personas, imponía y eso hacía trastabillar a cualquiera. —La has puesto nerviosa… ¿Qué le has hecho?—

—No he hecho nada… Emma me prepara el café, es todo…—

—Eso…— Estaba avergonzada, no era alguien que soliera amedrentarse ante nadie, todo lo contrario, era buena en situaciones desafiantes.

—¿Trabajas en Brew Brew?— Emma asintió. —¿Eres tú quien la ha hecho rabiar las últimas semanas?— Una sonrisa apareció en su rostro, mientras su amiga ponía los ojos en blanco.

—¿Rabiar?— Regina se llevó la mano al puente de la nariz, era la primera vez que hacía eso. Le gustó.

—Kat…— Era una advertencia.

—Es verdad, cariño… Llevas semanas quejándote del despido de Francie, semanas declarándole la guerra a la pobre suplente…— La sonrisa de Emma se ensanchó. Y su amiga la miraba amenazante. —¿Eres tú la pobre suplente?—

—Soy yo la pobre suplente…— Kat rio, pero Regina la miró y se sumó un punto más en el rubor de sus mejillas. —Además, a Francie no la despidieron… Ella renunció…—Sus ojos chocolate le escrutaban el rostro. —Es verdad… Además, seamos honestos, soy mejor que ella…—

—Eres más engreída, eso seguro…— Emma rio, pero su amiga seguía sin decir palabra.

—No lo soy… Puedo probarlo, es más, deberías venir, deberías traerla, Regina…— La morena la miraba impasible, al menos eso proyectaba.

—Lo haré… ahora creo que debo irme…— Sintió la mirada de Kate.

—Cariño, no puedes dejarme sola…— Su amiga le devolvió la mirada, su actitud inescrutable, pero sus ojos, esos le parecía sí le estaban diciendo algo.

—Tengo que trabajar mañana, Kat…—

—Eres la directora, técnicamente no tienes que trabajar…— Regina ni se inmutó, pero Emma, ella era transparente.

—¿La directora…? por su puesto que eres la directora…—Nuevamente esos ojos en blanco, dio un sorbo a su cerveza.

—¿Qué significa eso?—Emma se tomó su tiempo sin dejarla de mirar.

—Tienes cara de ser abogada y directora….— Regina levantó una ceja y ella no pudo evitar sonreír.

—Es verdad, basta mirarte para saberlo…— Emma asintió. —Eres preciosa, porque lo dices por eso, ¿no, Emma?—

—Kat…— Dio un sorbo a su bebida ignorando la mirada de Emma.

—Sabes que estoy bromeando, cariño…— Le guiñó un ojo a su amiga quien relajó un poco el ceño.

—No lo decía por eso…— Regina levantó la mirada y una media sonrisa apareció, una media sonrisa bastante burlona. —No lo niego… pero no fue por eso— Sintió el rubor en sus mejillas. —Nunca he tenido una conversación con ella en la cafetería, no una mayor a dos minutos plagados de monosílabos, pero si la he observado a la distancia, muchas veces a decir verdad…—Regina la miró impertérrita.

—¿Y te parece que tiene cara de directora?—

—Me parece alguien inteligente, autosuficiente, disciplinada y sobre todo exigente, características que tendría la directora de una empresa importante, y referente a la profesión, siempre viste elegante, impone.— Regina había dejado de mirarla, parecía muy interesada en el estado de sus uñas.

—Creo que describiste muy bien lo que uno puede pensar al ver a Regina, pero también es generosa, empática, cariñosa y muy leal…—

—Basta…— Kat la miró sonriente.

—Pero muy pocas personas pueden ver ese lado…— Regina se terminó de un trago su whisky y se puso de pie.

—Me marcho…—

—Está bien, vámonos… De todas formas parece ser que Ruby tendrá una noche mucho más atareada de lo que pensé…— La pelirroja seguía preparando tragos, el lugar de pronto parecía lleno. —Un gusto saludarte, Emma…—

—Señorita Swan…— No quiso mirarla, no quiso darle la importancia que ciertamente no tenía.

—Regina…— Le parecía que estaba molesta, pero no la conocía y no estaba segura del todo. No la miró.

—,

Hacía tan solo un día había despertado en paz, todo en su vida fluía de acuerdo a lo previsto, su nuevo trabajo, su nuevo departamento, su no relación con Lily, ¿no relación?, pero ella sí quería una relación, a menos eso pensaba hacía tan solo un día. Se levantó necesitada de cafeína después de la espantosa noche que pasó, quería pensar que habían sido las cervezas, quería pensar que nada tenía que ver con otra cosa, con otra persona… sacudió la cabeza y dio el primer sorbo, ¿Qué había sucedido la noche anterior?, era como si otra persona hubiera ocupado su cuerpo. Un sorbo más, se había levantado temprano porque necesitaba reflexionar, necesitaba re acomodar sus pensamientos, a ella no le gustaba Regina, no sentía absolutamente nada, lo de la noche anterior había sido una consecuencia del alcohol y la necesidad que tenía conseguir la aprobación de cada persona que probaba su café. Suspiró, el café le supo a mentira. Regina era mayor, mucho mayor, de ese tipo de mayor que a ella particularmente no le resultaba atractivo. El recuerdo de Regina entrando al bar le cruzó por la cabeza, otra mentira, evidentemente era atractiva, pero no para ella, a ella le gustaban mujeres de su edad, como Lily, Lily era muy atractiva, en todos los sentidos que ella necesitaba.

La iba a ver nuevamente, y se iba a poner nerviosa, pero era normal, todo lo que había pasado la noche anterior daba pie a ello, no era porque de pronto sintiera atracción por personas que le sacaba por lo menos diez años de diferencia, diez años no era tanto si lo pensaba mejor, sacudió la cabeza, recordó la noche anterior, recordó cómo Regina y Kat de reían de ella. Los tragos la traicionaron. No sabía por qué le estaba dando tantas vueltas a las cosas, probablemente Regina ni siquiera fuera lesbiana, y mucho menos se hubiera percatado de todo lo que había pasado la noche anterior.

Respiró profundo. Se iba a limitar a hacer su trabajo, y lo iba a hacer espectacular, lo sabía, independientemente de que se lo reconocieran o no.

—,

Pocos días, podía contarlos con una mano, en los que sus pensamientos resultaban ser más ruidosos que su música. Eran apenas las 8:30 de la mañana y su día ya se clasificaba como uno particularmente largo, le había costado dormir, le había costado ejercitarse, le había costado meditar. Estaba molesta, no, más que molesta, estaba dispersa. Necesitaba cafeína.

La noche anterior Kat le había dado un poco de tregua y había conseguido llegar a casa sin responder una sola pregunta. Pero su cabeza no daba tregua, Emma Swan era su opuesto, en muchos sentidos, no solo en la edad. Algo muy extraño había ocurrido en el bar, algo que no solía ocurrirle. Suspiró y estuvo tentada a apagar la música. Sus pensamientos se volvían cada vez más ruidosos. No quería seguir dándole vueltas a algo que nunca volvería a ocurrir. Esa noche había estado condicionada por una serie de eventos, uno más extraño que el siguiente, pero el más peligroso había sido definitivamente el alcohol, más en Emma que en ella, unos tragos más y probablemente esa rubia habría terminado arrojándosele encima. Sintió acelerársele el corazón. ¿Qué habría hecho si eso hubiera llegado a ocurrir? Burlarse de esa adolescente y por supuesto huir en dirección contraría. ¿O no?

Sin apenas recordar qué canciones habían pasado llegó a Brew Brew, una sacudida en su estómago. Podría empezar a catar nuevamente cafeterías hasta encontrar su favorita, justo como lo había hecho con Brew Brew, negó y se miró en el espejo retrovisor, lucía impecable, como siempre, no, mejor.

—,

Eran las 8:45 de la mañana y su corazón le parecía un tanto agitado, Regina estaba a punto de entrar al local y no pudo evitar mirarse el delantal en busca de alguna mancha, bien podría pedir un receso y no mirarla, pero quería mirarla. Se miró en el espejo del pasillo y se percibió nerviosa, sonrojada. Sacudió la cabeza y escuchó la puerta, Regina atravesaba el local en dirección a la caja, que tenía apenas un cliente. No la miró, o al menos eso le pareció, se formó detrás del joven y tomó su celular. Respiró profundo y se acercó a tomar la orden, apenas un latte que no le tomó más de un minuto. Apenas despacharle se giró a mirar a Alex que inmerso en una llamada le hizo señas de atenderle ella.

—Regina…— La morena levantó la mirada de su celular y todo se movió. Se veía diferente. No había sido el alcohol, apenas mirarla lo tuvo claro.

—Señorita Swan…— La rubia sonrió.

—Puedes llamarme Emma, Regina..—Regina desvió la mirada apenas un segundo, le gustaban sus ojos, eran obscuros, todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada.

—No te conozco lo suficiente…— La rubia apenas le sonrió.

—Sí que me conoces…— Regina levantó la ceja esperando que continuara. —Pero tienes razón, no lo suficiente.— Le gustaron sus ojos en blanco, le gustó cómo cambió de posición apenas la escuchó. —¿Qué tal tu mañana?— Regina se encogió de hombros. —Vamos, dame algo…— Le pareció turbarla, no estaba segura.

—Productiva, como siempre…— En eso tenía razón, a pesar de todo y sin importar que situación estuviera atravesando siempre tenía mañanas productivas, le gustaba su disciplina, le gustaba ser dueña de sus acciones aunque no siempre lo fuera de sus pensamientos.

—Sí, tienes cara de ser una persona productiva…— Regina sonrió con autosuficiencia.

—¿Así como cara de ser abogada?— Emma puso lo ojos en blanco, eso nunca lo había hecho.

—Más bien cara de ser directora y abogada…— Le sonó a deja vu.

—Y preciosa si no mal recuerdo…— Eso lo había dicho Kat, pero quizo probarla. Emma le provocaba algo, algo distinto.

—Definitivamente preciosa…— Recorrió su rostro, ¿qué le estaba pasando? Alguien entró y se formó detrás de Regina. Hubo un silencio que le pareció un tanto incomodo, como si de pronto se hubieran perdido en los recuerdos de la noche anterior. —¿Tienes algún evento especial hoy?— La morena pareció salir de sus pensamientos.

—¿Cómo?—

—Si, hoy te ves— Pasó de sus ojos a su cicatriz, para después volver al chocolate. —Diferente …— La carcajada inundó el espacio. Regina se sonrojó y ya por eso valió la pena la cara desencajada de Lily al otro lado del local.

—¿Diferente?— Puso lo ojos en blanco. Estaba perdiendo. —No, nada especial en el trabajo.—

—Y fuera… del trabajo—Regina se tomó el puente de la nariz.

—Te encanta jugar con las palabras…— Emma sonrió —¿Eres siempre así?—

—No, no siempre…— Sintió la mirada de Alex que le pareció había terminado su llamada. —¿Espresso o sorpresa?— Le pareció que realmente lo estaba meditando.

—Tentador… pero me quedo con el espresso…— Emma asintió, le parecía mucho más sería que antes.

—Está bien, quizá mañana… me esmeraré esta vez…— Tomó un vaso y escribió. —Espresso cortado… Leche deslactosada… Un croissant natural… Todo para llevar, bien sellado para evitar accidentes…¿Correcto?—

—Correcto…— Emma asintió. Estaba claro que la cercanía de Alex era la causa de esa seriedad.

—Serían 10.99 por favor…—

—Apple Pay…—

—Perfecto…—

Mecánico, todo le parecía mecánico, menos por esa sonrisa que le dedicó apenas acercó la terminal, hizo lo mismo con su celular.

—En un minuto sale tu pedido…—

Esta vez no sintió la mirada de Regina, al menos no de lleno como la vez anterior, ahora le parecía furtiva. Pesó, hidrató, molió y extrajo. El café inundaba sus sentidos. Pesó, hidrató, molió y extrajo por segunda ocasión. Calentó el croissant. Cortó el espresso. Tapó el Long Black. Se acercó al final de la barra y se cruzó nuevamente con su mirada.

—Listo…— Regina se percató de los dos vasos.

—¿Y esto?— Emma la miraba sonriente, le gustó.

—Ese va por mi parte…— Regina se cruzó de brazos, sin sonrisa.

—Swan..— Emma se mordió el labio.

—Pruébalo, ya me contarás mañana— Le gustó Swan, le gustó cómo se lo dijo. —Es un Long Black, te va a encantar.— No hubo ojos en blanco, ni media sonrisa, ni siquiera se tocó el puente de la nariz, esta vez todo estaba en sus ojos. Se dio media vuelta con dos cafés en las manos y una croissant en la bolsa, algo estaba cambiando.