Un nostálgico aroma

Inuyasha

- ¿Cómo? - me miró confundida.

Cierto, ese no es tu nombre en esta época.

- Himari. - traté de continuar normal. - Buenos días.

- ¿Se conocen? - Urasue intentaba hacerse la desentendida.

- Si, bueno, nos conocimos en la fiesta del hospital. - respondió ella.

- Que coincidencia. - sonrió. - Los Taisho han sido amigos de nuestra familia desde hace mucho tiempo, ¿verdad Inuyasha? - asentí. - Sólo que la vida se encargó de desencontrarnos.

Miré disimuladamente a Kahori y noté que estaba sonrojada, algo que me hizo sonreír internamente, ya que me traía demasiados recuerdos.

- ¿Por qué no van a almorzar juntos? - preguntó, observando la hora, la cuál se había ido más rápido de lo que pretendía.

- Mamá, no es necesario, estoy segura de que el joven Inuyasha tiene muchas cosas que hacer.

- La verdad no. - fui sincero, ya que ya había dado por perdido mi día en la oficina. - ¿Te gustaría ir a comer?

Su sonrojo aumentó y sus ojos grises se desviaron, sin embargo aceptó mi propuesta.

- Iré... iré a cambiarme. - Urasue y yo asentimos mientras ella se perdía por el pasillo que, yo suponía, llevaba a su habitación.

- ¿Por qué lo hiciste? - me preguntó.

- ¿De que hablas? Tú lo sugeriste.

- Inuyasha, es evidente que aún sientes algo por ella, lo noto en tu mirada, sin embargo... ese amor ya no es tan intenso como antes, ¿verdad? - me quedé en silencio. - El Inuyasha de aquella época no hubiese dudado en tomarla entre sus brazos y no dejar que jamás se marchara.

- Ya te dije que pasaron cientos de años.

- Y yo ya te dije que eso jamás sería un impedimento. - se inclinó en mi dirección. - ¿Cómo se llama?

- ¿He?

- Alguien más está en tu corazón. - no fue pregunta, fue afirmación. - ¿Te has enamorado nuevamente?

- Deja de decir tonterías. - desvié mi rostro, tratando de ocultar lo avergonzado que estaba. - Mi vida no es de tu incumbencia, asique... - me puse de pie.

- Ya... estoy lista. - mis ojos se encontraron con los de Kahori y mentiría si no dijera que mi corazón no amenazaba con salirse de su pecho.

Llevaba puesta una camisa manga ancha, similar ala que vestía en la época feudal, con la única diferencia que, en lugar de su hakama, llevaba puestos unos jeans negros. Su cabello lacio cayendo a ambos lados de su rostro, sus ojos grises iluminados por aquel brillo y sus mejillas levemente sonrojadas eran una combinación fatal para mi.

- Y... lamento haber sido tan descortés al no saludarlo correctamente. - extendió su mano, la cual yo tomé sin apartar mi mirada de la suya. Su imagen se intercaló con la de aquella época y me fue inevitable no sonrojarme yo también.

- Mi niña, siempre tan hermosa. - Urasue se puso de pie y se acercó a ella, acariciando sus mejillas.

- Mamá. - susurró, notablemente avergonzada.

- Tranquila, él ya me conoce. - sus ojos se dirigieron a mi. - Cuídala bien, Inuyasha.

- ¿Tienes dudas de mi?

- Ninguna. - me sonrió. - Bien, que se diviertan.

Asentí al mismo tiempo en que Kahori abría la puerta y salía despedida de su casa.

- La avergüenzas, ¿lo notaste?

- Le gustas. - respondió con cierta melancolía. - Su alma jamás dejará de amarte.

- Urasue. - aquellas palabras sólo lograban hacerme sentir demasiado incómodo y eso era lo que menos necesitaba en ese momento.

- Inuyasha, escúchame bien. - su tono serio no me agradó. - Las almas que se enamoran y son separadas a la fuerza raramente tienen la posibilidad de volver a encontrarse.

- Urasue...

- No, déjame hablar. - elevó su mano. - No pienso dejar que Kahori recupere la memoria. No quiero que ella vuelva a arriesgar su vida, no ahora que puede ser una mujer normal. Por favor, si tú ya no la amas como el aquella época, no juegues con sus sentimientos.

- ¿Entiendes lo que estás diciendo? - la miré seriamente. - Yo sería incapaz de jugar con ella.

- Tu mirada te delata.

- ¡Tú no tienes idea de cuantas noches lloré por ella, Urasue! - grité bajo el riesgo de que Kahori me escuchara. - ¡Ella murió en mis brazos y lo único que pude hacer fue dejar su cuerpo cerca de la aldea para que la encontraran! ¡¿Tienes idea de como me sentí en ese momento?! ¡¿Tienes idea de lo mucho que me dolió perderla!?

Si yo hubiera buscado ayuda, lo más seguro es que me hubiesen acusado de haberla asesinado y eso si que no iba a poder soportarlo.

- No dudo de eso, Inuyasha. - me respondió con calma. - Jamás dudaría de que tu corazón se rompió ese día, sin embargo has seguido tu vida y aunque quieras negarlo, es evidente que alguien más ha aparecido.

- Kahori me está esperando. - miré hacía la puerta. - Volveré a hablar contigo, no dudes de eso.

No esperé su respuesta, simplemente salí.

Ella se encontraba parada en la acera con sus brazos cruzados y su mirada fija en el suelo. Aún en esa posición podía notar el ligero rosado de sus mejillas. En ese momento mi corazón comenzó a latir con fuerza, después de todo, ¿de que se supone que hablaría con ella? ¿Debería tratar de indagar un poco en su vida?.

- Disculpe a mi madre. - pronunció cuando me acerqué. - A veces puede ser un poco... desorganizada con sus palabras.

- Descuida. - le sonreí. - Y por favor, no me trates de usted, me hace sentir viejo.

Por primera vez soltó una pequeña carcajada y una calidez invadió mi pecho, quizás la calidez de los recuerdos atados a aquella risa.

- Lo siento, ¿Inuyasha entonces?

- Inuyasha está bien, Himari.

Desvió la mirada y las palabras de Urasue cobraron un significado diferente, ¿verdaderamente le gustaba después de verme sólo una vez?

Su alma jamás dejará de amarte.

Suprimí aquel pensamiento de mi mente y decidí enfocarme en el instante.

En este momento en el que sólo somos dos desconocidos conociéndose nuevamente, sólo que en un lugar diferente y atravesados por emociones diferentes.

Ambos nos dirigimos al auto y por supuesto que le abrí la puerta.

- Muchas gracias. - nuevamente nuestras miradas se encontraron y noté que no podía sostenerla sin desviarla a sus labios.

Los mismos labios que había anhelado durante tantos años, ahora se encontraban frente a mi.

Ingresó y rodeé el auto, subiendo a mi asiento.

- ¿Hay algún lugar al que te gustaría ir?

- Bueno... si, hay uno, pero no se si será de tu agrado, Inuyasha.

- Yo sólo soy el piloto. - le sonreí. - Tú dices.

- Bien, si lo dices de esa manera... podemos ir a Nora.

- ¿Nora?

- No me sorprende que no lo conozcas. - rio. - Es un pequeño café con un ambiente bastante diferente al que suelen ir ustedes.

- Eso me agrada. - puse en marcha el auto. - Me gusta conocer lugares nuevos, sobre todo si son alejados de mi estilo de vida.

- Entonces quizás este sea de tu agrado, podría apostarlo.

- ¿Quieres apostar? - nuevamente nuestros ojos se encontraron.

- ¿Y que ganaría? - murmuró al mismo tiempo en que un rosado se apoderaba de sus mejillas. Yo permanecí en silencio, perdiéndome en sus ojos grises que tanta nostalgia me producían.

- ¿Te parece que almorcemos lo que quieras si ganas?

- Claro. - aquella sonrisa realmente me ponía bastante nervioso.

Como si los sentimientos comenzaran a regresar después de tanto tiempo.

Nos dirigimos hacía el lugar, guiándonos por el GPS y alguna indicación de ella. Al llegar noté que tenía razón en lo que decía, el ambiente era completamente diferente a los lugares que yo acostumbraba, casi como si un aroma hogareño emanara de el.

Era pequeño y con una puerta de madera con su nombre grabada en ella, casi como si sobresaliera de la misma, sólo que su color blanco con pequeños brillos plateados que contrarrestaban con el oscuro color de su material. Al ingresar lo primero que noté fue la sencillez de la presentación del lugar, el cual poseía mesas y sillas a ambos lados y, al final, el mostrador para realizar los pedidos y en donde se veían exhibidos diferentes tipos de pasteles.

- ¿Te gusta? - la voz de Kahori me regresó a la realidad.

- Si, es muy acogedora. - respondí, sonriendo.

- Bien, entonces gané la apuesta.

- Y ahora que lo mencionas... - entrecerré mis ojos, jugando un poco. - Nunca me dijiste que ganaba yo.

- Nunca me dijiste que no te gustaría. - sonrió, cerrando sus ojos y me quedé observándola.

Aquella manera de hacerme caer en sus juegos... Kahori, sigues siendo la misa, ¿verdad?.

- Bien, ¿Dónde pedimos el Tsukemono?

- ¿Qué? - se detuvo, observándome completamente sorprendida. - ¿Cómo lo sabes?

- ¿Qué cosa? - traté de hacerme el desentendido al saber que había hablado de más.

- Ese es mi favorito.

- Bueno, entonces coincidimos en algo. - sonreí, mintiendo para pasar desapercibido.

- Tienes suerte de eso entonces.

Inicio del flashback.

- ¿Qué es esto? - pregunté al ver la cantidad de cosas que traía en aquel pedazo de madera.

- Te presento al Tsukemono. - sonrió, arrodillándose a mi lado. - No me digas que no lo conoces.

- Feh, por supuesto que lo conozco. - crucé mis brazos.

- Entonces deberás saber que es mi favorito. - sonrió, tomando una de las verduras y comiéndola sin más mientras yo me quedaba contemplándola. - ¿Sucede algo? - preguntó con su boca llena.

- No, sólo... que te ves hermosa.

Se quedó inmóvil, con aquel rosado cubriendo sus mejillas y nuevamente me sonrió.

- Te amo, Inuyasha.

Fin del flashback.

Con aquella imagen en mente me acerqué a pedir la comida mientras ella buscaba una buena ubicación. En mi interior convergían una decena de emociones contradictorias entre las que más se destacaba era la nostalgia. Volví mis ojos a ella y la vi observando el menú. Por un instante no podía creer estuviera nuevamente frente a mi y me fue inevitable el no preguntarme si acaso no se trataba de la vida que me estaba dando una segunda oportunidad.

- En unos momentos le entregaremos su orden.

- Muchas gracias. - asentí y regresé hacia la mesa.

Me senté frente a ella y me mantuve en la misma posición por los siguientes minutos mientras ella continuaba leyendo el menú.

Kahori, ¿Qué se supone que tengo que hacer?

- Bien, ¿Qué te parece el lugar?. - nuestros ojos se encontraron.

- Es muy lindo. - miré a mi alrededor. - Se siente acogedor.

- Asique... Inuyasha. - su sonrisa era algo con lo que me costaba un poco lidiar. - ¿Cómo es posible que conozcas a mi madre y jamás nos hayamos visto?

- Ella ya te lo respondió, simplemente nos alejamos y nunca volvimos a vernos.

- Si tu lo dices...

- ¿Qué hay de ti? ¿Qué es de tu vida?

- Bueno... soy estudiante de historia en la universidad. - respondió orgullosa.

Vaya, que ironía.

- Y... lamento que mi madre te haya obligado a que vinieras a comer conmigo.

- Oye, ¿Qué dices? nadie me obligó, vine por lo que quise.

- ¿De verdad? - al parecer mis palabras si la sorprendieron. - Bueno, entonces puedo decir que a mi también me agradó la idea.

Ahora fui yo quien permaneció en silencio y, por suerte, en ese instante nos trajeron la comida. Los primeros minutos transcurrieron en silencio y luego comenzamos a hablar de cosas triviales como todo lo referente a mi trabajo en la oficina de mi padre o las materias de su carrera. Pagué la cuenta luego de discutir con ella por no querer dejarme que me hiciera cargo de la situación, como en los viejos tiempos, y salimos del lugar.

- Aún es temprano. - verdaderamente no tenía ganas de regresar al trabajo o de irme a mi casa y, si debía ser honesto, no me molestaba pasar más tiempo a su lado. - ¿Quieres ir a algún lugar?

- No quiero molestarte, estoy segura de que debes tener otras cosas que hacer.

- Te estoy invitando. - sonreí. - ¿Hay algún lugar en el que te sientas cómoda?

- ¿Algo así como mi lugar en la ciudad? - asentí. - Bueno... si, lo hay. - entrecerró sus ojos con una pequeña sonrisa y supe que se venía una propuesta divertida. - Pero... no quiero que uses el GPS, yo te indicaré como llegar.

- Bien, me agradan los desafíos. - ingresamos al auto. - Te escucho.

Comenzó a darme las indicaciones pertinentes y pude notar que todo de ella seguía siendo igual a como lo recordaba: sus expresiones faciales, su manera tan tranquila y calidad de expresarse, incluso alguno de sus chistes.

Sigue siendo mi Kahori.

Minutos después llegamos a aquel parque, por lo que estacioné en el lugar correspondiente y descendimos.

- Me encanta. - sonrió.

- Y entiendo el porqué. - respondí con sinceridad, ya que los colores vibrantes de este sitio podían alegrar el día de cualquiera.

- Ven. - tomó mi mano y me sorprendí notoriamente, sin embargo no tuve intenciones de apartarla, por el contrario, dejé que me guiara hacia el lugar que deseara.

En este momento me iría a su lado hasta el fin del mundo.

Llegamos a una pequeña laguna y noté que su sonrisa se incrementó, haciéndome sonreír a mi como por décima vez esa mañana.

- ¿No es hermosa?

- No tanto como tú. - murmuré aquellas palabras pero, al parecer, fueron lo suficientemente audibles para que ella las escuchara. Sus ojos se posaron en los míos y se sonrojó de inmediato.

- Lo siento. - soltó mi mano. - No quise...

Kahori.

- Himari. - por suerte el inconsciente no me traicionó. La tomé por los hombros pero no supe que más decir. Nuestras miradas estaban fijas en la del otro y, antes de darme cuenta me estaba acercando a su rostro con la intención de besarla.

De volver a dejarme llevar por aquellos labios que tanto había extrañado.

Mi mano se posó sobre su mejilla, pero otra voz se interpuso en aquella acción que casi logró su objetivo.

- Inuyasha.

Me detuve y ambos miramos hacía nuestro lateral. Sus ojos castaños estaban abiertos de par en par y la sorpresa era visible en la manera en la que sus labios se habían entreabierto levemente.

- Kikyo. - me aparté sutilmente de Kahori. - ¿Qué estás haciendo aquí?

- Lamento interrumpirte. - cruzó sus brazos. - Acabo de agendar una cita con el médico.

Sus palabras provocaron un vacío en mi pecho, pero mantuve la compostura.

- De acuerdo. - asentí. - ¿Cuándo es la cita?

- Mañana por la tarde.

- Bien, ahi estaré.

- Eso espero. - noté como llevó sus ojos a Kahori, quién se encontraba mirando en otra dirección, completamente avergonzada. - Te llamaré.

- De acuerdo.

Y se alejó, provocando que soltara el aire que tenía contenido.

- ¿Es su novia? - preguntó sin observarme.

- No, es una amiga.

- Pues... la molestia en sus ojos no parecía la de una amiga celosa.

- Es complicado Himari. - suspiré. - Lamento haberte incomodado.

- No, yo lamento haber causado una molestia entre usted y esa joven.

Estuvo a punto de marcharse, pero la tomé del brazo y la abracé fuertemente. Estaba seguro de que ella no comprendía el porqué de mi accionar, pero la realidad era que me había contenido demasiado por encerrarla en mis brazos e inhalar su preciado aroma.

- ¿Puedes dejar de disculparte? - acaricié su cabello. - Estoy aquí porque me gusta estar contigo, ¿acaso no lo entiendes?

- ¿Inuyasha?

Sentí como sus brazos me envolvieron y luché internamente por no ceder ante el llanto.

Su aroma me trae muchos recuerdos... yo... la extrañé tanto.

Permanecimos en esa posición durante unos momentos, sin embargo sabía que lo mejor era apartarme.

- Creo que ya es hora de regresar.

- Si. - noté que sus ojos esquivaban los míos.

Regresamos en silencio a mi auto y así permanecimos hasta llegar a su casa.

- Muchas gracias por el desayuno y el paseo. - pronunció abriendo la puerta.

- Himari. - tomé su brazo. - Quiero verte de nuevo, ¿Cuándo crees...?

- Yo... puedo enviarte un mensaje. - me sonrió.

Le devolví la sonrisa y le di mi número de celular. Esperé a que entrara y me fui. No sabía exactamente hacía donde ir, ya que en mi pecho convergían una marea de sensaciones y emociones encontradas, pero continué manejando.

¿Por qué me siento tan extraño? Me sentí muy bien al lado de Kahori, pero...

El rostro de Kagome pasó por mi mente y recordé que debía ir al día siguiente a la oficina.

¿Qué se supone que debo hacer?

- Ella decidió que lo mejor era estar separados y yo lo acepté. - hice una pausa. - Supongo que no hay nada de malo en seguir con mi vida.

Aún cuando mi deseo era el estar a su lado... no puedo no permitirme el vivir, mucho menos ahora que mis sentimientos por Kahori...

Meneé la cabeza y suspiré, tomando la decisión de que lo mejor era regresar al trabajo, aún cuando eso significara tener que soportar los regaños de Sesshomaru.