Karasuma antes era un instructor de vuelo en el ejército, luego se unio al gobierno, todo eso lo llevo a este lugar, es su primera vez siendo profesor de un grupo de niños, bueno adolescentes pero siguen siendo considerados legalmente cachorros según las leyes japonesas.
Quien diría que el destino lo terminaría arrojando aquel lugar, el antiguo campus que años atrás era el salón principal donde diferentes niños venían aprender, el lugar donde inició la carrera de su esposo y donde el deceso de su cordura empezó.
Un lugar tan importante que en cierto tiempo odio por todo la historia que tenia detrás de esas maderas, dejo ese sentimiento infantil en el olvido, debía de enfocarse en el presente y no el pasado.
Y si quería tener un futuro como del todo el mundo debía de asegurarse de que los niños cumplirán su entrenamiento para que pudieran matar al pulpo.
Había muchos aromas en el aire, flores y frutas que chocaban entre ellos de manera ligera a diferencia del fuerte aroma de Irina, la omega olía a rosas frescas y hasta aquí lo podía oler.
Su hora de entrenamiento termino cuando la campana sonó, mando a todos a cambiarse mientras regresaba a la sala de profesores.
Un suave aroma ha menta golpe su nariz, de manera inconsciente fue más rápido hacia la sala de profesores, esperaba ver la figura de su esposo.
En cambio se topo con una maceta que tenía menta...
"A Karasuma, que te parece esta planta para decorar la sala y que no se vea tan muerta" El pulpo amarillo le dijo con una sonrisa mientras dejaba la maceta cerca de su lugar.
"Se que te gusta mucho la menta" La cara de ese pulpo se puso rosada, acaso él lo sabía?
Es un secreto que esta casado con el director del lugar, fueron muy discretos para que alguien los notará.
"No se de que hablas, no hagas payadas"
"Pero que cruel! Yo solo quiero que seamos amigos!"
"Rindete jamas lo lograrás y ya deja de marcar sujetadores en estas revistas! Pulpo pervertido!" Irina le reclamo mientras saca una de las revistas rayadas.
Karasuma decidió ignorarlos para hacer algo productivo, abrió su lapto pero su atención se desvío hacia la planta de menta.
El aroma es suave pero de alguna manera es diferente al aroma de Gakuho.
La primera vez que olio el aroma a menta fue una sensación que jamás había sentido, algo que no podía describir.
Exótico, llamativo pero a la vez tranquilo, calculador, el aroma de menta de Gakuho lo describía a la perfección.
Al principio el aroma lo abrumo, lentamente se volvió en un aroma acogedor qué había logrado relajarlo en uno de sus malos días, días tan raros que no se debía permitir pasar.
La menta se volvió uno de sus aromas favoritos con el tiempo, otro de sus aromas favoritos es el de fresas dulces, aún no entiende como funcionan los aromas, menta más romero es igual a fresas, pero que lógica tenia eso?
Romero y menta, que combinación más peculiar para crear el aroma a fresas.
Gakuho huele a menta y él huele a Romero, son peculiares a su manera de ser, su hijo Gakushuu huele a fresas por alguna razón.
Dejo de mirar la planta de menta para volver a su trabajo, no apartó la maceta de su lugar, cuando por error el pulpo lo movió al salir a velocidad march 20, lo regreso a su lugar con desimulo.
Irina se pintaba las uñas, no iba a mencionar que Karasuma había acercando mucho esa planta a su lugar, ya había monopolizado la planta sin que se diera cuenta.
La maceta se mantuvo cerca del alfa hasta que las clases terminaron, se aseguró de regarla y dejar en un lugar donde le diera la luz antes de irse hacia el campus principal.
"Si le gustó el regalo"
"Aún no será tu amigo" Irina le dijo al pulpo sonriendo mientras se iba del lugar soltando una risita malvada.
Karasuma hoy no tenía clases extra para enseñar alguna técnica para el que quisiera aprender más, había terminado todos sus pendientes y no tenía trabajo extra, ventajas del fin de semana.
Al ser un profesor era normal que caminara por la academia, que se dirigiera a la oficina del director, podía escuchar a los pocos maestros con los que se cruzó murmurar cosas que no quiere saber, sus aromas son normales y no fuertes.
El aroma de fresas dulces y avellana se acercaban hacia su dirección, recibió un saludo de mano de parte de Sakakibara mientras Gakushuu le daba una pequeña sonrisa para seguir con su conversación con su mejor amigo desde jardín de niños.
Los aromas se alejaron y llego al lugar, la fría puerta de madera estaba echa de un material que impedía que los aromas de interior salieran al exterior, dio unos toques escuchando el pase.
Cuando entro el fuerte aroma de menta estaba por todo el lugar, ahí estaba él, su esposo y omega.
Gakuho estaba en su lugar tan sonriente como de costumbre, sonrisa tranquila que escondía su personalidad manipuladora y controladora contra los más débiles.
"Me doy cuenta que hoy saliste más temprano de lo normal Tadaomi" Gakuho le comento con cierto aire de jugueteo.
"Las clases ya terminaron y termine todo mi trabajo, es fin de semana" El le respondió dejando salir su sutil aroma a Romero.
Sus ojos pudieron observar como los hombres siempre rígidos se relajaban lentamente ante su aroma, Gakuho es un hueso duro de roer qué no se dejaba ver de esa manera con tanta facilidad.
"A mi me faltan terminar unos reportes y hoy no tengo más reuniones programadas, con eso hecho estaré libre, ya pensantes en algunos planes?" El omega le pregunto mientras observaba como tomaba asiento cerca suyo.
"Tengo algunos en mente que podemos hablar mientras terminas de firmar esos reportes"
Gakuho le sonrió dejando salir con sutileza su aroma a menta, dejando que se combinara con el aroma de romero qué tanto le gusta.
Menta y romero, combinación peculiar, excéntrica a su punto de vista.
Karasuma se relajo lentamente ante las fragancias que se iban combinando, con varios años de casado, aún le sigue enloqueciendo ese aroma a menta como la primera vez.
