Obligada a tener sexo

Capítulo 30

Ren acariciaba el abultado vientre de la omega, ambas estaban acostadas en la cama viendo una película, Mei comiendo palomitas mientras que Ren comía dulces, disfrutando de su momento a solas.

Mei:-Tengo sueño-. (Murmuró la omega, tomando las sábanas y quitando cualquier cosa que se encuentre en esta, la alfa ladeó la cabeza, mirando a su omega, quien se acurrucó en las sábanas).-Tu bebé es muy imperativo, no me deja dormir-.

Ren sonrió cuadradamente, bastante feliz por lo que había dicho la pelirroja, se acercó a ella y depositó un beso en su mejilla.

Ren:-Descansa, te amo…-.

Mei:-Sí, está bien, ve a hacer comida que también tengo hambre…-.

Ren:-Ya que estamos en la hora de las complacencias, ¿No quieres que también vaya al baño por ti?-.

Mei rodó sus ojos, escuchando como la alfa salía de la habitación.

Para ser sincera si le agrada estar esperando un bebe de Ren, se sentía cómoda al estar con la pelinegra, se sintió tan bien el sentir la primer patadita del bebé, le encantaba estar acurrucada en la alfa y más esos meses que necesitaba a toda costa a su alfa, sentirla, y tener su aroma en ella, sobre todo el sentirse protegida. Estar todo el día, absolutamente todo el día con Ren Hazuki.

Pero en parte no le gustaba demasiado la idea; le estaban dando tantas cosas que odiaba como vómitos; dolores de cabeza; mareos; sus pies se hinchaban y los antojos en cada momento. Y bien aceptaba que se estaba volviendo muy caprichosa y exigente con la alfa, pero tenía que también hacerla sufrir lo que estaba pasando, tenía que ponerse en sus zapatos, que estuviera agobiada al igual que ella. Además de que iba a abandonar sus estudios por cierto periodo de tiempo para poder criar a su bebé, ya que sus madres ya no quisieron saber nada de ella al enterarse que estaba en cinta y su abuela estaba muy ocupada atendiendo su restaurante y bien, la familia de Ren parecía ocupada.

Su burbuja de pensamientos fue rota al escuchar como la puerta era abierta, bostezó y se negó a levantarse de la cama, sintiendo como su bebé despertaba de su siesta, gruñó en bajo y comenzó a acariciar su pequeña barriga.

Para tener cuatro meses no estaba tan gorda, eso le gustaba porque después no quedaría con tantas estrías.

La puerta de su habitación fue abierta, asomó su cabeza entre las sábanas notando a su mejor amiga.

Natsumi:-¿Estas despierta?-.

Mei:-No-.

Natsumi rodó los ojos y se adentró en la habitación, mirando cómo Mei se acurrucaba en la cama.

Natsumi:-¿Cómo se ha comportado el pequeño bebecito?-. (Murmuró la pelirrubia. Acariciando la barriguita de su amiga, quien se acurrucó en ella, ronroneando por las caricias que estaba recibiendo).

Mei:-No me ha dejado dormir bien…-.

Natsumi negó y acarició más la barriguita de la menor, quien poco a poco se iba quedando durmiendo.

Mei no sabía si le agradaba o no la idea de ser madre tan joven.

Continuará…