"The bird building her home on your windowsill

Has had every nest destroyed before.

The spider that is delicately weaving a silken masterpiece

Has had every single thread broken before.

And despite it all,

They try again."

Nikita Gill, Where Hope Comes From


PARTE 1: ABRIGO

Capítulo 1

—Ponme una copa bien cargada.

Husk levantó la vista del inventario que había estado revisando y arqueó una ceja. La petición en sí no tenía nada de particular, era una frase que escuchaba prácticamente a diario como barman del Hazbin Hotel. Lo extraño era quién la había pronunciado.

Charlie Morningstar, princesa heredera al trono del Infierno y promotora principal del hotel, acababa de sentarse en una de las banquetas del bar y había dejado caer la parte superior de su cuerpo, desmadejada, sobre la barra.

Husk dejó a un lado el lápiz y la libreta que había estado usando y buscó una copa limpia.

Normalmente, la princesa solo se acercaba al bar para intentar convencerlo de que participara en una de sus dinámicas de grupo, y el trago más arriesgado que había pedido hasta entonces había sido un café doble.

—¿Todo bien, princesa? —tanteó Husk—. ¿Qué nuevo marrón se nos viene encima? ¿Otro Exterminio?

—¡No, no! No es eso —respondió la princesa, con una sonrisa nerviosa que era de todo menos tranquilizadora—. Bueno, ¡no lo sé! La Embajada Celestial no ha pronunciado ni palabra desde el día en que repelimos su ataque. El contador de la Torre de la Embajada no ha vuelto a ponerse en marcha desde entonces.

—Eso es… bueno, ¿no?

—No lo sé, no sé qué significa —confesó Charlie. Husk tuvo que admitir para sí que esos tres ceros inmóviles durante días y días en el contador de la Torre no eran exactamente halagüeños—. No están respondiendo a mis preguntas y lo único que mi padre ha conseguido que le digan es que están "reevaluando la situación". Todo el mundo quiere saber qué va a pasar a partir de ahora y yo no sé qué decirles.

Husk terminó de mezclar la bebida y se la ofreció en silencio a la princesa. A menudo, eso era lo único que él podía hacer por los moradores del hotel.

Se sorprendió pensando que no le gustaría estar en la piel de Charlie. Sentirse responsable de tantas almas, y a la vez tan desempoderada ante el silencio del Cielo. La victoria frente a Adán y sus huestes había sido esperanzadora, pero a su vez había costado un alto precio y no era garantía de nada. Los ángeles siempre podían decidir pegar más fuerte. Eran quienes tenían la sartén por el mango y sobre eso no había vuelta de hoja.

Era una sensación muy familiar para Husk.

—Hoy emiten la entrevista, ¿no? ¿Es eso lo que te tiene preocupada?

Hacía una semana que Charlie había acudido a los estudios de televisión para grabar una entrevista en diferido tras los eventos ocurridos el día del Exterminio. La princesa se la había preparado concienzudamente y volvió bastante satisfecha con el resultado.

Lo mejor de todo aquello había sido ver a Alastor rezongar por activa y por pasiva sobre los terrores de la televisión, sin que nada de ello hiciera cambiar de opinión a la princesa.

—Sí, en parte me preocupa entrevista —respondió Charlie, tras saborear con timidez un pequeño trago de su bebida.

—Tal como yo lo veo, tu trabajo ya está hecho —opinó Husk, encogiéndose de hombros—. Lo que salga hoy en la tele ya no depende de ti.

—Lo sé, pero Alastor no para de advertirme que lo tergiversarán todo. ¿Y si tiene razón?

—Alastor dice muchas cosas. Y ya conoces su cruzada personal contra todo lo audiovisual.

Optó por dejar que la princesa llegara por sí sola a la conclusión lógica de sus palabras: «No te lo tomes en serio.» Con lo que había dicho en voz alta ya se la estaba jugando bastante, y especialmente ahora que Alastor se había vuelto más celoso de su intimidad y estaba más preocupado por lo que se decía o dejaba de decir de él.

Al principio, justo después de enterarse de la derrota que había sufrido Alastor a manos de Adán, Husk pensó que disfrutaría un tiempo viendo a su jefe tener que apañárselas en peores condiciones de lo normal.

Nada más lejos de la realidad: a Alastor la humillación no le había sentado nada bien, y lo compensaba siendo especialmente cruel con Husk cuando nadie más estaba mirando.

La herida en su pecho no había tardado más que unos días en sanar; al fin y al cabo, ser un Señor Supremo le confería poderes de regeneración muy superiores a los de un demonio cualquiera. La herida en su ego era más complicada, y con Lucifer alrededor recordándole a menudo cómo él (¡junto con Niffty!) había logrado acabar con Adán, lo raro era que no salieran pústulas.

Y aun así, eso no era lo peor de todo. Lo peor era la constante sensación de que algo estaba terriblemente mal cada vez que Alastor buscaba inconscientemente algo que sujetar con sus manos, y ante el vacío que encontraba acababa enlazándolas a la espalda, o apretando los puños en su regazo si estaba sentado.

Nadie había vuelto a ver su báculo desde la noche del Exterminio.

Alastor se había limitado a responder con evasivas al respecto. Además, por el ruido estático que emitía involuntariamente cada vez que alguien lo mencionaba, podía adivinarse que el tema lo tenía más que contrariado. Los habitantes del hotel no tardaron en captar que era mejor no hablar ni intentar hacer averiguaciones sobre el báculo que hasta entonces Alastor había lucido consigo a todas horas, y el asunto quedó como uno más de sus misterios.

Por supuesto, Husk sabía perfectamente lo que había sucedido y por qué Alastor prefería no compartirlo con los demás, pero no le estaba permitido revelar esa información.

Tomó un trago de su propia botella a la vez que Charlie apuraba su copa.

—Verás, Husk, la verdad es que… hay otro tema que me inquieta.

—¡Charlie! ¡Aquí estás! Te estaba buscando.

La princesa giró en la banqueta para encontrarse con su pareja, que caminaba, aliviada, hacia el bar. Inclinó su cabeza para apoyarla sobre el pecho de su novia y suspiró dramáticamente.

—¡Ah, Vaggie! No puedo más. Me he dado a la bebida —confesó Charlie, señalando su copa ya vacía. Vaggie arqueó las cejas y miró a Husk de forma acusadora.

—¿Qué le has puesto?

—¡Le he pedido la bebida más fuerte que tuviera! —intervino Charlie.

—Le he servido un Malibú con piña —respondió Husk, impávido. Luego, acercando su rostro al de Vaggie, añadió en voz baja—: Era casi todo piña.

—Gracias a Dios —exclamó Vaggie—. Venga, Charlie, ¿qué te pasa? ¡Hoy es el gran día!

—Sí, pero … Angel todavía no ha vuelto.

—Aún quedan un par de horas para la emisión —ofreció Vaggie.

—Y aún es pronto para que Angel esté de vuelta del trabajo —añadió Husk tras consultar la hora en un reloj de pared. En días normales, Angel llegaba justo a tiempo del noticiario nocturno. Si, por el contrario, el rodaje se alargaba, no era extraño verlo llegar de madrugada.

—Lo sé, pero me dijo que hoy podría venir antes, y… ¿Y si le he vuelto a causar problemas?

Vaggie ajustó una banqueta, bajándola hasta que estuvo a su altura, y se sentó en ella con un suspiro.

—Cari, ya lo hemos hablado, tú no has hecho nada malo… Husk, ¿puedes ayudarme con esto?

—No sé qué más puedo hacer —arguyó.

—Husk, tú y Angel sois muy cercanos, ¿verdad? —inquirió Charlie lentamente, como si le hubiera costado atreverse a preguntar.

La pregunta cogió de improviso a Husk, que se quedó unos instantes sin saber cómo responder.

—Supongo —contestó finalmente, desviando la mirada—. No sé si diría tanto. Ya lo conoces, es muy entrante con todo el mundo.

—"Entrante" es una curiosa manera de describirlo —observó Vaggie, con una media sonrisa—. Te he visto usar peores palabras.

—Bueno, quizás ahora lo conozco mejor —admitió Husk—. ¿Qué pasa con Angel?

—Verás, llevo un tiempo pensando en cómo echarle una mano —explicó Charlie—. Sé que no está del todo satisfecho con cómo van las cosas en su trabajo, y que su jefe deja bastante que desear.

«Eso es quedarse muy corto», pensó Husk, pero prefirió no interrumpir a la princesa. Sabía que a Angel tampoco le agradaba airear sus penas delante de todo el mundo. Ya había sido un logro conseguir que, de vez en cuando, se las confiara a él.

—Pero ya he aprendido que no debo inmiscuirme directamente —se apresuró a añadir Charlie, como disculpándose—. El caso es que hace dos semanas, Asmodeo promulgó una nueva ley que después ratificó mi padre, y entonces el contrato de Angel…

—Espera, espera —intervino Husk—. A lo mejor es que soy muy lento, pero apenas entiendo nada de lo que me estás contando. ¿Qué tiene que ver aquí Asmodeo? ¿Acaso no gobierna en otro Círculo?

Husk aún recordaba algunos detalles sobre la jerarquía del Infierno de los tiempos en los que él había sido Señor Supremo, cuando aquellos nombres y cargos eran relevantes para él. Ahora hacía ya tanto tiempo que Husk no era nadie, que muchos de esos datos se habían ido diluyendo en su memoria. Pero no todos. Sabía quién era Asmodeo, pero no acertaba a entender qué pintaba él en todo esto.

—Charlie, ¿por qué no vas un poco más despacio? —sugirió Vaggie, apoyando una mano delicadamente en el hombro de su novia. Charlie asintió, dedicándole a Vaggie una débil sonrisa.

—Efectivamente, Asmodeo es la encarnación de la Lujuria y por lo tanto el regente de ese mismo Círculo—confirmó la princesa—. Y, al igual que el resto de Pecados Capitales, puede promulgar leyes que afectan a todos los contratos firmados dentro de su Círculo, siempre que estos no estén blindados.

—¿Blindados? —se extrañó Husk.

—Si en un contrato se recoge explícitamente que sus términos no se verán afectados por normas promulgadas con posterioridad, entonces es un contrato blindado. En cualquier otro caso, no lo es —explicó Charlie.

—Comprendo —asintió Husk, frunciendo el ceño. Y era cierto, comprendía muchas cosas de repente. El día en que él había firmado su contrato con Alastor no le había dedicado demasiado tiempo a leer la letra pequeña, pero luego había tenido tiempo de sobras para repasarlo. Aquella cláusula sobre las "normas promulgadas con posterioridad" (porque Alastor la había incluido, por supuesto que lo había hecho) siempre le había parecido redundante. Ahora entendía por qué estaba ahí.

Pero debía volver a centrarse: esto no iba de él, sino de Angel. Lo que hacía que le surgiera otra duda.

—Pero entonces las leyes que promulgue Asmodeo solo aplican al Círculo de la Lujuria, ¿no?

—Sí, pero en caso de que una de esas leyes sea ratificada por el Rey del Infierno (es decir, mi padre) pasa a poder aplicarse en los Siete Círculos. Y resulta que hace dos semanas, mi padre ratificó una ley de Asmodeo sobre condiciones laborales de los trabajadores sexuales ¡que podría afectar a Angel! —concluyó Charlie.

—A mejor, o eso pensamos —aclaró Vaggie.

«Es difícil que vaya a peor», reflexionó Husk.

—Así que —continuó Charlie— le pregunté a Angel si quería que revisáramos su contrato juntos, por si había algún vacío legal que pudiéramos aprovechar. Al principio se mostró un poco reticente, pero al final aceptó y ¡nos dimos cuenta de que su contrato no estaba blindado!

—Vaya. Me alegro por él —celebró Husk. Típico de alguien como Valentino olvidarse (o ignorar por completo) un detalle como ese. Aunque, ¿quién era él para juzgar? Husk también había tenido almas contratadas en el pasado y era la primera vez que estaba escuchando todo esto. Llevaba a pensar hasta qué punto los Supremos jugaban con un poder que no comprendían del todo.

—Eso es muy importante, porque quiere decir que Angel tiene derecho a disfrutar mejores condiciones de trabajo de las que tiene ahora —prosiguió Charlie—. Estuvimos haciendo cuentas y, entre otras cosas, tiene acumulados cuatro meses de vacaciones. Y, con la ley en la mano, podría hacerlos valer.

—Hm. Pero a Valentino no le hará ninguna gracia —presagió Husk—. Se resistirá todo lo que pueda a cumplir esa ley. La cosa se podría torcer fácilmente para Angel.

—Sí… —coincidió Charlie, apesadumbrada— eso mismo pensé yo. Por eso, lo que hice fue reunir toda la información y dársela, para que él pudiera repasarla y decidiera si quería sacar el tema o no con Valentino… o cuándo hacerlo. Esto fue ayer, y hoy me dijo que ya estaría aquí para esta hora, y… tengo miedo de que por mi culpa haya tenido otra vez problemas con su jefe… ¡Ay, perdón!

La atención de los tres se dirigió de repente a las manos de la princesa: la servilleta de papel que había estado retorciendo distraídamente mientras hablaba acababa de entrar en combustión espontánea, y ahora ella se afanaba por apagar los rescoldos con sus manos.

—No pasa nada. Mientras el fuego no llegue a la repisa del alcohol, estamos a salvo —la tranquilizó Husk. Usó un trapo húmedo para limpiar los restos de la servilleta de la barra y retiró el vaso vacío de Charlie.

—¿Tu qué opinas, Husk? Tú lo conoces bien, ¿crees que Angel puede haberse metido en un problema por este asunto?

Husk sopesó por un momento la pregunta. A decir verdad, lo que le extrañaba de todo aquello era que Angel no le hubiera contado nada. Charlaban un buen rato casi cada día después del trabajo, ¿y Angel no lo había considerado un tema lo suficientemente importante como para al menos mencionarlo? Estaba claro que Husk no lo conocía tan bien como las chicas pensaban. O como él mismo había creído.

Así eran las cosas con Angel Dust: por mucho que uno se acercara, Angel siempre se guardaba algo que no mostraba. Intentar conocerlo de verdad era como perseguir el horizonte.

¿Qué iba a saber él? Estaba claro que Charlie estaba más al día de los asuntos de Angel que Husk. Y, sin embargo, allí estaba ella preguntándole su opinión, vaya usted a saber por qué.

Hizo un esfuerzo por llevar su mente de vuelta al tema de conversación y, al final, se encogió de hombros.

—Es posible que se haya metido en un lío. Por lo que sé, su jefe es como un barril de pólvora, nunca sabes cuándo va a saltar la chispa que lo haga estallar. Y eso de pedir meses enteros de vacaciones… bueno, es más que una chispa.

Charlie hundió la cabeza entre sus manos y Vaggie lo miró enfadada.

—¡Husk! ¡Se suponía que ibas a animarla!

—¡Le he dicho la verdad! —se defendió, dando un paso atrás sin darse cuenta. Las miradas no mataban, por suerte, pero el ojo de Vaggie podía llegar a ser casi tan afilado como su lanza de acero angélico—. Y no me has dejado terminar. Angel es perfectamente capaz de salir de cualquier lío igual que entra, y conoce bien a su jefe. Estoy seguro de que elegirá el mejor momento posible para plantearlo. Aun así no será fácil, pero tenéis que darle un voto de confianza, él sabe manejar esas situaciones. No le queda otro remedio.

—No lo sé, Husk. Solo he estado una vez en el estudio, pero si algo me quedó claro, fue que… —Charlie se detuvo un momento. Estaba claro que le costaba encontrar las palabras adecuadas para describir lo que había presenciado—. Bueno. Dejémoslo en que Valentino no lo trata nada bien.

—Y, a pesar de eso, consigue volver al hotel cada día de una pieza —«aunque sea con golpes y cortes por todo su cuerpo», añadió una voz dentro de su cabeza—. Hoy no tiene por qué ser diferente —«Hoy no será diferente», corrigió la voz.

Demonios. Y la gente decía de él que era brutalmente honesto. ¿Qué dirían si supieran lo que callaba?

—Tienes razón, Husk —coincidió Charlie, haciendo un esfuerzo por recomponerse—. Tengo que confiar en Angel. Él es una de las personas más resilientes que conozco. ¡Seguro que sabrá apañárselas!

—Seguro que sí.

—Gracias, gracias de verdad. Sabía que venir a hablar contigo me ayudaría —la princesa tomó las grandes zarpas de Husk entre sus delicadas manos pálidas—. Todo el mundo dice que sabes escuchar muy bien y que das muy buenos consejos, y acabo de comprobar que es cierto.

Husk notó cómo el rubor subía a sus mejillas y retiró las zarpas. Buscó algo que hacer con ellas y comenzó a fregar el vaso usado de Charlie.

—Eso es lo que se dice de todos los barman —replicó, sonriendo a su pesar—. En realidad, el truco es el alcohol.

—Es más que eso —insistió Charlie—. Estoy muy contenta de tenerte entre nosotros, Husk. Eres una parte indispensable del hotel.

Husk levantó la vista, sin saber muy bien qué responder a eso, y se encontró con la princesa que lo miraba con ojos brillantes y una sonrisa soñadora de oreja a oreja. Hasta Vaggie parecía haberse contagiado de sus sentimientos y lo miraba con algo que parecía aprecio. Sintió que una fuerza invisible le aguijoneaba el corazón.

Maldición. Eso había dolido. Charlie no tenía derecho a decirle esas cosas, y menos aún ahora, cuando no tenía claro cuánto tiempo le quedaba en el hotel. Había llegado a trabajar en él por voluntad de Alastor, y cuando se marchara tenía claro que tampoco sería por voluntad propia.

Por eso había intentado en un principio mantenerse distante y no entablar amistad con nadie. Pero por supuesto que el grupo de raritos, raritas, parias y marginados que habitaban el hotel no le iban a dejar salir de allí con el corazón indemne. Husk ya se había rendido hacía tiempo a la evidencia. Pero eso no significaba que dejara de doler.

—¡Tengo una idea! —exclamó Charlie de repente—. ¡Voy a preparar una pancarta enooorme para Angel que ponga FELICES VACACIONES! ¡Ahora vuelvo!

—Pero, cari, mejor no la cuelgues hasta que…ahg— Vaggie calló cuando se dio cuenta de que su novia ya corría hacia su habitación en busca de materiales de papelería. Después, se volvió hacia Husk con una sonrisa cansada—. Gracias.

El barman le dedicó un leve pero elegante saludo con su chistera.

—A mandar.

Observó con un suspiro a las chicas alejarse escaleras arriba y volvió a sus quehaceres. Quedaban unas cuantas copas por fregar.

Desde que Lucifer había reconstruido y mejorado mágicamente el hotel, contaba en el bar con un lavavajillas de última generación. Pero rara vez lo utilizaba. Le relajaba fregar a mano. Notaba que mantenerse ocupado en alguna tarea manual le hacía consumir menos alcohol al cabo del día, y eso había empezado a parecerle importante, por alguna extraña razón. Además, con el tiempo las copas no quedaban igual de brillantes si usaba la máquina. Husk nunca había sido especialmente quisquilloso, pero Alastor le hacía cumplir con unos estándares de calidad muy altos, así que había aprendido por necesidad a cuidar los detalles.

Aprovechó el momento a solas para reflexionar.

Tenía que reconocer que no estaba tan tranquilo acerca de Angel como le había hecho creer a Charlie. Era verdad que Angel era avispado y muy capaz de salir de situaciones comprometidas, pero Husk sabía mejor que nadie que cuando alguien posee tu alma, al final no importa mucho lo listo que seas: siempre, siempre tienes las de perder en cualquier negociación. Por si fuera poco, en unos días Husk ya no estaría allí para ayudar a Angel si se metía en problemas…

Justo cuando su mente volvía una vez más a aquella idea, todas las sombras a su alrededor parecieron concentrarse en un único punto. El pelo del lomo se le erizó, y el suave ruido estático que percibió con su agudo oído terminó por confirmarle que era Alastor quien se estaba materializando frente a sus ojos.

—¡Ah, mi buen Husker! —saludó Alastor, con su sempiterna sonrisa—. Siempre fiel a tu puesto.

—Qué hay.

—No he podido evitar darme cuenta de que has estado de charla con nuestra aguerrida princesa.

—Bueno, ya sabes. Aquí viene todo el mundo a contar sus penas.

—Cierto, cierto —los dedos de Alastor tamborileaban sobre la barra. Husk se apresuró a servirle un whiskey con tal de darle algo que sujetar y poder dejar de ver sus manos tan terriblemente ociosas. Si se lo hubieran dicho antes del Exterminio, Husk no hubiera creído que iba a llegar a echar tanto de menos el báculo de Alastor. Tenía la constante sensación de que algún día esas garras se cerrarían alrededor de su cuello simplemente por tener algo que hacer. Sin quitar la vista de Alastor, buscó a tientas la botella de licor barato de la que había estado abusando a ratos y volvió a beber de ella.

—Espero que no la hayas molestado hablándole de nuestros planes —advirtió Alastor, jugueteando con su bebida entre las manos—. Esa absurda entrevista de hoy la tiene muy nerviosa. Es preferible que no hagamos ninguna revelación antes de tiempo.

—No le he dicho nada de ese tema.

—Bien. ¿Tienes listo el inventario?

—Eehm… está casi acabado —mintió Husk. Lo cierto era que desde que había llegado Charlie al bar se le había olvidado por completo, y aún lo tenía a medias. Tendría que quedarse por la noche a terminarlo.

—Estupendo. Ah, no sabes cómo me hubiera gustado ahorrarle a nuestra querida Charlie el desengaño que sufrirá esta noche a manos de la despiadada industria televisiva —meditó Alastor entre trago y trago—. Pero ya sabes cómo funcionan estas cosas. A veces tienes que dejar que tus pupilos vuelen lejos de ti, aunque sepas que van directos a estrellarse contra un muro. Al final solo puedes limitarte a observar cómo se revientan sus dulces cabecitas contra la pared. Una, y otra, y otra vez.

—Yyyyya.

—Igual que lo haría una mosca contra un cristal. Condenada sin remedio al fracaso más absoluto.

—Sí, lo he pillado. Oye, Alastor…

—Dime, Husker, ¿qué te preocupa?

Husk se mordió el labio inferior. Tenía que pensarse bien cómo formular cada observación para no meterse en un lío.

—En algún momento tendremos que contarlo, ¿no? Quiero decir, que habrá que ver qué pasa con el bar —argumentó.

—¡Desde luego! —coincidió Alastor—. Simplemente hay que buscar el momento correcto, no debemos convertirlo en ningún secreto. Hagámoslo mañana mismo.

—¿Mañana?

Alastor asintió.

—Mañana, cuando todo el revuelo haya pasado, les anunciarás tu marcha del hotel.


'Y ahora, lamento decirles que damos paso a la sección "QUÉ COÑO PASA EN ESTE PUTO INFIERNO", en la que nuestro querido sabueso Linus Puff intentará diseccionar un tema en profundidad y ofrecérselo bien mascadito a la audiencia.'

—¡Ya empieza, ya empieza! —exclamó Niffty, sin poder evitar que todo su cuerpo vibrara de la emoción mientras correteaba delante de la televisión.

—¡Callaos de una vez! —advirtió Vaggie.

—¡Joder, qué nervios! —intervino Cherri Bomb, la huésped más reciente del hotel, ganándose una mirada extrañada de Vaggie.

—¿No habíamos quedado en que el hotel te "sudaba la polla"? —le preguntó, imitando las comillas con sus manos.

—¡Y me la suda! —confirmó Cherri, dejándose caer en el sofá frente al televisor—. Solo estoy aquí por Angie. Pero esta tía —señaló a Niffty— ¡me pone nerviosa!

Alastor, que se encontraba sentado en un sillón apartado del resto, aprovechó que Niffty pasaba cerca para, sin decir una palabra, levantarla del suelo y sentarla en su regazo. Vaggie se sentó con un suspiro al lado de Charlie, que miraba con preocupación la pantalla, sin intervenir.

'Gracias Katie, eso ha sido… espeluznante', dijo una voz desde el televisor. En la pantalla apareció un rostro perruno, alargado y triste, que miraba directamente a cámara mientras hablaba de forma lenta y sombría. 'Buenas noches, pecadores. Soy Linus Puff y hoy intentaremos desentrañar la siguiente cuestión: ¿Estamos en guerra contra el Cielo?'

Como invocado por la pregunta, de repente se abrió un portal en medio del vestíbulo y Lucifer salió de él, apresurado.

—¡Ya estoy aquí! —anunció— Llego a tiempo, ¿verdad?

—Tarde como de costumbre, Majestad —observó Alastor desde su sillón.

—No te preocupes, papá. Está a punto de empezar —intervino Charlie. Él se acercó rápidamente para buscar un asiento cerca de ella.

Husk echó un último vistazo a la puerta principal del hotel antes de abandonar el bar para unirse al grupo. Angel aún no había llegado.

'El Exterminio que vivimos hace tres semanas fue peculiar por muchas razones, pero la más importante de ellas fue que por primera vez en la historia del Infierno, este terrible evento se asemejó más a una batalla que a una simple extraña alianza entre el establecimiento conocido como "Hazbin Hotel" y el Barrio Caníbal consiguió por primera vez repeler el ataque, hiriendo y matando a un buen número de exorcistas en el proceso; e incluso asesinando a su General.'

—¡Esa soy yo, ja ja ja ja! —exclamó Niffty señalando la tele. Estaban emitiendo de nuevo el metraje en el que se la veía a ella apuñalando a Adán, mientras Linus Puff continuaba con su exposición.

'Pero, tras las primeras horas de euforia, otros efectos algo más inesperados no tardaron en hacerse notar. Tras una batalla, todo superviviente quiere su botín, y con la confusión es difícil decir quién se ha llevado qué. El resultado fue que las armas de acero angélico fueron de repente más abundantes que nunca. Pronto, el mercado negro estuvo saturado de estas armas mortales cuyo comercio hasta hacía poco había estado controlado exclusivamente por la señora Suprema Carmilla Carmine.'

'No tardaron en aparecer las voces que acusaban a la sección caníbal del Infierno de haber sacado tajada. Carmine no ha querido ofrecer declaraciones, pero está claro que no se encuentra en un buen momento, con sus acciones a la baja e incapaz de hacer frente al tráfico de armas que ahora le hace la competencia.'

'Quien sí se ha atrevido a salir a defender su postura ha sido Rosie, la líder del Barrio Caníbal.'

El rostro familiar de la Suprema Caníbal apareció en televisión, con gesto consternado.

'Me parece muy injusto todo lo que se está diciendo sobre mi gente. ¿Quién estaba allí ese día para hacerles frente a las exorcistas? De todo el infierno, solo el Barrio Caníbal y nuestros queridos aliados del Hazbin Hotel se atrevieron a luchar, mientras los que ahora nos critican se escondían como ratas. No, no sé dónde están las armas, pero después de haberles pedido a mis conciudadanos que arriesguen su vida no voy a ir registrando sus casas una a una para encontrarlas. ¿Y qué si se llevaron algún souvenir?'

El rostro apesadumbrado de Linus Puff, mirando directamente al espectador, volvió a llenar la pantalla.

'Mientras se dirime la disputa entre las dos Supremas, el tráfico de armas de acero angélico ya ha tenido sus consecuencias: las tasas de crimen han aumentado un 50% solo en Ciudad Pentagrama, y la violencia callejera, bastante común por otra parte, causa ahora más muertes definitivas que nunca. Según nuestros primeros datos, el número de víctimas por esta causa podría estar acercándose ya al de un Exterminio normal.'

'Tras todo esto solo cabría hacerse una pregunta: ¿para qué?'

Charlie se hizo un ovillo en su asiento. Nadie osó decir una palabra, y Linus, al otro lado de la pantalla, continuó, mientras se superponían imágenes de archivo de violencia callejera en la ciudad.

'Y lo que quizá sea aún más importante: ¿en qué lugar nos deja esto frente al Cielo? ¿Es posible que tomen represalias? ¿Volverá a haber Exterminios? ¿Y si es así, qué aspecto tendrán? ¿O bien, estamos ya en guerra abierta contra el Cielo, sin saberlo?'

'Hablamos de todo ello con la promotora del Hazbin Hotel y del Movimiento de Resistencia, la princesa heredera al trono del Infierno, Charlie Morningstar.'

La pantalla pasó a mostrar al mismo Linus sentado en un escritorio junto a Charlie.

'Alteza, podría decirse que usted estuvo actuando como nuestra embajadora de facto ante la Corte Celestial en los meses anteriores al último Exterminio. ¿Qué sabemos de la posición del Cielo ahora?'

La cámara enfocó entonces a Charlie y su sonrisa conciliadora inundó la pantalla.

'Bueno, lo cierto es que llevan desde entonces sin hacer ninguna declaración, y…' hubo un corte casi imperceptible en la grabación, tras el que Charlie concluyó:'… no sabemos nada.'

—¿QUÉ? ¡NO! ¡Yo no dije eso! —exclamó Charlie, consternada—. ¡Le expliqué muchas más cosas!

'Por desgracia, las declaraciones de la princesa no fueron ni claras ni tranquilizadoras', continuó Linus Puff, desde el televisor. '¿Cuándo tendremos más información? Es difícil de decir. Mientras tanto, recuerde contratar su dispositivo ANGELIC SECURITY de VoxTech para su protección y la de sus seres queridos. Hasta aquí nuestra edición de hoy de QUÉ COÑO PASA EN ESTE PUTO INFIERNO. Hasta pronto.'

—¡Ja! —la exclamación de Alastor rompió como una flecha el denso silencio que se había creado en el vestíbulo—. No quiero decir "te lo dije", pero ¡te lo dije!

—¡Vaya puto desastre! —rio Cherri.

—Pero, pero… ¡estuvimos hablando media hora! —se defendió Charlie—. ¡Le conté que teníamos contactos en el Cielo con los que podíamos trabajar! ¡Que estábamos intentando ponernos en contacto! ¡Le expliqué cuáles fueron nuestros argumentos en nuestra audiencia en la Corte Celestial, y que los propios ángeles no se ponían de acuerdo entre sí! ¡Y le estuve contando muchísimas cosas sobre el hotel!

Lucifer se levantó del sofá con un suspiro, dudando unos instantes qué hacer, hasta que finalmente posó una mano sobre la espalda de su hija.

—Lo siento, Charlie. Me temo que por una vez tengo que darle la razón a Alastor. ¡Estos tíos de la tele son una gentuza! Te preparas una buena entrevista, y mira lo que hacen con ella. No te puedes fiar —se lamentó el rey.

—Chica. Al menos el eyeliner lo llevabas perfecto.

Todos se giraron rápidamente para descubrir que era Angel quien había hecho esa observación.

—¡Angie, joder! —exclamó Cherri—. ¿Cuándo has llegado?

—Hace un rato. Estabais tan entretenidos que no he querido interrumpir —respondió Angel, encogiéndose de hombros. A Husk no se le escapó que llevaba una chaqueta con la cremallera subida hasta arriba sobre su revelador traje, enseñando tan poca piel como le era posible.

A pesar de las señales de alarma, era tranquilizador tenerlo de vuelta.

—Siento que haya ido mal la entrevista, corazón —dijo, dirigiéndose a Charlie—. Me encantaría quedarme a comentarlo, pero estoy reventado. Voy a darme una ducha y ya hablamos luego. ¡O mañana! Igual me desmayo en cuanto vea la cama.

Husk lo observó encaminarse a su habitación sin decir nada. Tenía la postura erguida, pero se abrazaba a sí mismo con sus dos pares de brazos, como si le costara mantenerse de una pieza. No le había dedicado una sola palabra, lo que era… extraño, pero aún sucedía de vez en cuando, en los días malos. Husk había aprendido a no tomarlo como algo personal pero, aun así, le preocupaba.

—¡Angel, espera! —lo llamó Charlie, haciendo que se detuviera al pie de las escaleras—. ¿Cómo ha ido? ¿Pudiste… sacar ese tema? —preguntó con precaución.

—Ah, sí. Casi se me olvida —Angel se giró, les hizo a todos cuatro peinetas a la vez y exclamó—: ¡Estoy de vacaciones, perras!


Notas:

Gracias por llegar hasta aquí. ¡Si os está gustando, decídmelo porfa! :D

El ritmo de publicación será aproximadamente un capítulo al mes. Tengo super poco tiempo libre, sorry!

Podéis encontrarme en i.g., allí soy makuwritesfic. Ponedme algún mensajito por allí si os apetece charlar. :)

Estoy creando una playlist para este fic que iré revelando conforme las canciones sean relevantes para la historia. La primera es Sinner's Saloon de The Bridge City Sinners, que para mí representa perfectamente al Hotel.

¡Ah! Se me olvidaba decir que esta historia también está crossposteada por mí misma en la otra web de fics, allí soy 'Maku'. Por si la veis en dos sitios, que no os extrañe jeje.

¡Hasta la próxima! ¡Nos vemos en el Infierno! :3