Capítulo 54

— Hola cuñadita —la voz de Emmett me hizo dar un brinco sorprendida, lo miré por encima de mi hombro con el ceño fruncido y él me estaba sonriendo como si fuese la persona más inocente del mundo.

— No sé hasta que punto es bueno que hayas aceptado lo mío con Edward —gruñí y me recoloqué mejor en el sofá del salón de su casa, donde ya llevaba un buen rato esperando a que Rose le diese a Ethan su almuerzo.

— Si lo prefieres vuelvo a enfadarme e intento golpearlo —una de sus cejas se alzó interrogativamente y yo bufé—, pero reconoce que ahora que todo es más fácil para vosotros ya no es tan excitante estar con él.

Parpadeé sorprendida por su comentario y negué débilmente con la cabeza.

— No vas a confundirme, quiero a Edward... independientemente de su edad, de que lo nuestro sea legal o no, o de si tú estás de acuerdo —dije con voz condescendiente.

Él no contestó y volvió su atención a su teléfono móvil que tenía en las manos.

— Bells... —me llamó después de un par de minutos— ¿a qué universidad irás?

Sonreí ante su cambio de tema y mis hombros se relajaron un poco.

— A Los Ángeles... —contesté con una sonrisa que se amplió al ver la suya.

— Sol, playa, chicos guapos y en traje de baño... —rodé los ojos ante su último comentario y me miró con inocencia.

— ¿De verdad quieres que engañe a tu hermano con un californiano más preocupado de su bronceado que de otra cosa?

Emmett pareció pensarlo durante unos segundos y su ceño se frunció.

— Solo bromeaba —aclaró solemne—, sabes que si lo engañas o le haces daño de algún modo estarás desterrada de Chicago hasta el fin de los días.

— Y si... —me removí un poco fingiendo incomodidad y lo miré entre mis pestañas?—. Y si no controlo mi fuerza y le dejo marcas con el látigo... ¿también te enfadarás?

Su rostro serio se puso lívido en solo un segundo, sus ojos se entrecerraron y su mirada se endureció.

— Mierda Bella... no se puede bromear contigo... —masculló cruzándose de brazos—. Pervertidos...

Intenté ocultar una carcajada, pero creo que no lo hice del todo bien, ya que su mirada se endureció un poco más y bufó.

— Estaba bromeando... —intenté suavizarlo— es él quien controla el látigo.

Volví a reír al ver como comenzaba a ponerse de color morado y Rosalie apareció tras él dejando a Ethan sentado en su regazo, haciendo que su rostro cambiase al instante a una sonrisa boba y una mirada de adoración.

— Voy a ayudar a Bella a prepararse, llévalo al parque o haz algo con él... —dijo dejando un beso en la coronilla de cada uno de ellos

— Sí mamá —dijo Emmett imitando una voz infantil y provocando que Rose rodase los ojos.

— Bella —dijo ella en mi dirección e ignorando a su marido deliberadamente—, Alice llegará en cualquier momento y quería que ya comenzases a prepararte... ¿vamos?

Por un segundo creí que si me echaba a correr podría escapar de las garras de ellas dos, pero estaba segura que hiciese lo que hiciese acabarían encontrándome y llevándome obligada al instituto.

— Me estoy arrepintiendo de haberle pedido a Edward que me acompañase —mascullé poniéndome en pie completamente enfurruñada.

— Deja de quejarte... pareces tan niña como Emmett —añadió Rose con una sonrisa.

— Rosie, sabes que Bella y yo... —comenzó a decir el aludido pero lo interrumpí alzando una ceja,

— Emm, recuerda que domino el látigo, cuidado con lo que vas a decir —le advertí.

— Mierda Bella... —masculló poniéndose en pie y yéndose hacia otra habitación dando grandes zancadas.

Rose me miró con diversión y arrugó la nariz dando a entender que no quería saber nada del tema, le sonreí e intenté olvidar la tortura que me esperaba durante las próximas horas.

Miré a mi alrededor y me estremecí... ¿cómo se me había ocurrido semejante estupidez? Ese baile de instituto era una perdida de tiempo, lo único bueno que tenía era... nada, salvo la presencia de Edward, aunque estaba medio escondido tras una de las columnas del gimnasio bebiendo casi con desesperación un vaso de ponche.

En cuanto habíamos cruzado las puertas se soltó de mi mano y se acercó a la mesa de las bebidas alegando estar muerto de sed, sabía que tan solo era una excusa para alejarse, estaba aterrorizado por la reacción de mis compañeros cuando supiesen que estábamos juntos, aunque sería más correcto decir que le preocupaba la opinión que tendrían sobre mí en cuanto lo supiesen... me lo había confesado unos días atrás y yo le resté importancia, pero siendo Edward tal y como era fui misión imposible intentar convencerlo de eso.

Volví a mirar en su dirección y me lo comí con os ojos, estaba sencillamente espectacular, vestía uno de los trajes oscuros que utilizaba para los juicios, pero en lugar de camisa y corbata, llevaba una camiseta negra que marcaba perfectamente sus pectorales, no es que fuesen excesivamente grandes, pero estaban ahí y para mí era suficiente. Suspiré y fantaseé con la idea de sacarlo de allí y llevármelo a casa, o cualquier callejón oscuro estaría bien, para poder desnudarlo y hacer el amor con él por lo que restaba de noche, esa si que sería una buena celebración de graduación y no este estúpido baile...

¿De verdad había sido idea mía venir aquí?

— ¡Bellita! —canturreó Tanya acercándose a mí para darme un fuerte abrazo—. Acabo de ver a Edward y está espectacular... que pena que ya esté pillado —susurró en mi oído.

— ¡Tanya! —exclamé fingiendo indignación ante sus palabras.

— Sabes que es broma, idiota —se alejó y me dio un golpecito amistoso en un el hombro que, aunque fuese amistoso, estaba segura de que dejaría marca—. Pero ha venido demasiado comestible para su seguridad física, en cuando la chupoptera de Lauren lo vea va a querer darle un mordisco.

Entrecerré los ojos en su dirección y ella parpadeó con inocencia, definitivamente, mi absurda idea de venir al baile de graduación con Edward a cada segundo parecía más estúpida y patética. Miré a Edward de nuevo y estaba mirando algo en su teléfono móvil, respiré un poco más tranquila y busqué a Lauren con la mirada, la muy cerda parecía que estaba intentando ligar con el chico encargado de poner la música, Benjamin o algo así.

— Tú preocúpate de tenerlo ocupado que de Lauren me encargo yo —Tanya guiñó un ojo y le temí cualquier idea que estuviese pasando por su mente en ese momento.

— Ta... no se te ocurra hacer nada que... —y me encontré hablando sola porque ella había salido casi a la carrera en dirección a Lauren, esperaba que nada de lo que hiciese la llevase a prisión o a los juzgados para que le interpusiesen una orden de alejamiento.

Volví a mirar a Edward y en ese mismo momento él también miraba en mi dirección, me guiñó un ojo provocando que una sonrisa estirase mis labios y negué con la cabeza. Después me miró de arriba a bajo deteniéndose un largo rato en mis piernas desnudas a causa de el vestido demasiado corto que Alice me obligó a usar y movió las cejas sugestivamente dándome a entender lo que pensaba. Me mordí el labio inferior y mi vientre se contrajo de anticipación...

Maldito baile...

Desvié la mirada a mis pies y comencé a repasar mentalmente las razones para estar allí, me estrujé los sesos intentando encontrar al menos algo que justificase nuestra presencia en ese lugar y parecía que no había ni una sola que fuese coherente, así que... ¿a qué mierda estaba esperando? Tenía que coger a Edward y llevármelo lejos cuanto antes para poder desnudarlo a gusto sin tener a todos los alumnos de último curso como testigo. Los planes comenzaron a cobrar sentido dentro de mi cabeza y una sonrisa maliciosa se extendió en mi rostro, oh sí... esta sería una gran noche.

Cuando volví a mirar a Edward dispuesta a arrastrarlo para sacarlo de allí si fuese necesario, un destello rubio caminando en su dirección llamó mi atención... entrecerré los ojos en cuanto vi como Lauren llegaba a su lado y comenzaban a hablar. Fruncí el ceño y di un paso al frente dispuesta a alejarlo de ella aunque fuese a empujones y si tenía que golpearla tampoco es que fuese a lamentar, al menos yo no, ella sería otro cantar, necesitaría muletas y algunos puntos de sutura. Pero en cuanto di un paso la mano de Tanya me sujetó el brazo y le miré mal.

— Si no me sueltas te morderé un dedo —gruñí sin dejarla de mirarla.

— Guarda los mordiscos para el culo de tu marido. Espera un poco y luego entras en acción —me dijo sonriendo.

— ¿De que mierda estás hablando?

— Deja de decir mierda... mira que hablas mal, eres una mujer casada y debes tener un poco más de cuidado en mantener la compostura —dijo muy digna.

— Tanya, será mejor que te expliques o te golpearé a ti para iniciar mi calentamiento de la paliza que le voy a dar a Lauren —mascullé con los dientes apretados.

Ella solo rodó los ojos y me miró sonriendo, después miró ha Edward y a Lauren, seguí el rumbo de su mirada y me alegré de comprobar que él parecía incómodo con su presencia, aunque ella no perdía ocasión de tocar su brazo mientras le explicaba a saber que tontería.

— Deja que hable con él durante unos segundos y se confíe —me explicó Tanya y casi había olvidado su presencia a mi lado—, cuando menos lo espere te acercas y te llevas a tu hombre, la dejarás muerta y tú te irás con tu maridín a celebrar la jugada.

— No eres mi persona favorita en este momento —gruñí con la nariz arrugada.

Ella rio y me dio un empujón mientras decía algo como "dispara a la víbora y llévate el premio" la ignoré y caminé directo a Edward sin apartar la mirada del cabello de Lauren ¿siempre había tenido ese aspecto tan estropajoso? Respiré hondo un par de veces y decidí ser diplomática, si golpeaba y después preguntaba corría el riesgo de tener otra demanda por agresión, no necesitaba nada de eso en mi expediente.

Llegué al lado de Edward y Lauren apenas me prestó atención, estaba diciendo no sé qué tontería sobre que bailar era bueno para la salud... ¿era idiota? ¿Qué le importaba eso a Edward? Sujeté su brazo entrelazándolo con el mío y fue en ese momento que Lauren posó su mirada en mí, una mirada un tanto amenazante y hostil hay que añadir, pero no me amedrentó en lo más mínimo.

— Ed, cielo... —dije con voz dulce y parpadeando un par de veces— ¿bailas conmigo?

Casi pude oír como los dientes de Lauren rechinaban a la vez que una sonrisa se extendía por el rostro de Edward, puso su mano sobre la mía que en su brazo y me guiñó de nuevo.

— Precisamente Lauren me estaba diciendo que el baile era bueno para el corazón... vamos a hacer el tuyo un poco más fuerte —sus palabras sonaron elegantes y con voz suave, le dedicó una mirada a Lauren a modo de despedida y caminó conmigo hacia el centro de la pista envolviendo sus manos en mi cintura—. Si tardas cinco minutos más en aparecer tendría que salir corriendo —dijo muy cerca de oído.

Le miré a los ojos y no pude evitar sonreír.

— Sabías que iba a salvarte, hemos echo una promesa y firmado ante el juez —comenté sin darle demasiada importancia, aunque pensar en eso todavía me daba escalofríos, era esposa de alguien, mi alianza lo confirmaba aunque estaba en el cajón de mi mesita de noche al lado de la de Edward para que nadie sospechase todavía, podría estallar la tercera guerra mundial.

— Sí... soy totalmente consciente de ello, señora Cullen —un estremecimiento recorrió mi espalda y él posó su mano en la piel desnuda que el vestido dejaba expuesta dándome una sensación cálida casi al instante—. Todos nos están mirando y comienza a ponerme nervioso —murmuró mirando en varias direcciones.

Lo imité y sí, pude comprobar que éramos el centro de atención, no es como si no estuviese preparada para ello, pero no era cómodo, más si podía sentir los ojos de Lauren clavándose en mi nuca con evidentes ansias por descuartizarme, aunque ese sentimiento era mutuo.

— Ya sabes... no solo soy la chica que ha traído un universitario al baile, tú estás trabajando ya... esto es toda una novedad —intenté restarle importancia y sonreír, pero entendí que no me salió del todo bien cuando vi como su ceño se fruncía.

— Tú realmente no quieres estar aquí... ¿me equivoco? —preguntó con suspicacia y mordí mi labio inferior con indecisión.

— No sé por qué pensé que sería diferente —murmuré.

— ¿Diferente en que sentido?

— Menos personas, más íntimo, sin Lauren dispuesta a violarte y matarme si es necesario para conseguirlo... —me encogí de hombros y suspiré—, ya sabes... diferente.

— Es un baile de instituto... ¿qué esperabas? —preguntó antes de besar mi frente—. En cuanto acabe esta canción nos vamos... ¿te parece bien?

— De acuerdo... —apoyé la cabeza en su hombro y cerré los ojos dispuesta a alejarme de ese lugar, al menos mentalmente.

De repente no estábamos en el baile del instituto y nos vi bailando en la terraza de nuestro apartamento en Venice Beach, donde Edward lo había alquilado solo unos días atrás en cuanto me habían confirmado que me habían aceptado en la universidad. Era de noche, las estrellas brillaban en el cielo y podíamos escuchar las olas del mar rompiendo en la arena... algo demasiado cliché para mí, pero en ese momento necesitaba evadirme y no se me ocurrió nada mejor.

La música sonaba, las notas de Flaightles Bird de Americam Mouth eran suaves y podía sentir que flotaba sobre ellas, Edward me apretó más cerca de su cuerpo y sonreí, alcé la cabeza para poder mirarle y él también sonreía, todo parecía perfecto, no había nada fuera de lugar en ese momento, así que siguiendo un impulso me alcé en la punta de mis pies y uní sus labios a los míos. Él pareció un poco reticente al principio, pero finalmente cedió ante el beso y comenzó a corresponderme con insistencia, nada escandaloso pero si lo suficiente para que varios vítores sonasen a nuestro alrededor haciéndome recordar donde estaba.

Sentí como mis mejillas enrojecían y oculté mi rostro en el pecho de Edward, estremeciéndome ligeramente cuando los vítores y silbidos parecieron aumentar tras eso. Sentí como dejaba un beso en mi coronilla y me sujeté a las solapas de su chaqueta para mantener el equilibrio.

— ¿De verdad debemos esperar a que acabe la canción? —pregunté contra su pecho sin atreverme a alzar la mirada.

Escuché la risa de Edward y sentí su pecho vibrar a causa de ella, pero enseguida me obligó a alejarme aunque mantuve mi mirada en el suelo, pasó un brazo por mis hombros y comenzamos a caminar hacia la salida.

Cuando sentí la brisa sobre mi rostro fue cuando me atreví a mirarle de reojo y vi una sonrisa en su cara.

— ¿Por qué sonríes así? —pregunté con curiosidad.

— Pensé que sería peor —contestó con despreocupación.

— ¿Qué quieres decir? —me detuve al lado de su coche y me deshice de su abrazo para colocarme frente a él y poder mirarle a los ojos.

— Creí que sería un completo desastre, todas tus compañeras escandalizadas, tus compañeros pensando lo peor sobre ti e incluso los profesores dándonos miradas reprobatorias, pero no ocurrió nada de eso —sonrió ampliamente y me sujetó de la cintura atrayéndome hacia él—. Ahora todos saben que eres mía y que no vas a salir con ninguno de ellos.

Pude apreciar cierto matiz de celos en sus palabras y eso despertó mi curiosidad.

— ¿Quién ha hablado de mí?

Su mandíbula se apretó ligeramente y desvió la mirada.

— Un tal Newton decía que estabas muy sola y que se acercaría para hacerte compañía, así juntos os despedirías antes de ir a la universidad —las palabras salieron rápidas y cortantes, como si le costase pronunciarlas, no pude evitar sonreír.

— Newton no supone ningún peligro para ti... ¿todavía no has entendido que te amo? —pregunté poniendo mis manos sobre sus mejillas—. Me he casado contigo, vamos a irnos a vivir a otro estado juntos y estoy segura de que pasarán muchísimos años antes de que pueda sentirme un poquito cansada de tu presencia en mi vida.

— ¿Lo dices de verdad? —sonrió al hacer la pregunta, pero su mirada parecía un poco opacada por la inseguridad.

— Siempre puedes dejarme embarazada para atarme más a ti —me encogí de hombros y él rio acercándome más a su cuerpo.

— Nunca había pensado en esa posibilidad... ¿cuántos hijos quiere tener, señora Cullen? —preguntó rozando mis labios con los suyos.

— Debo acabar mi carrera antes de pensar en niños —exhalé casi sin aliento ante su cercanía y el poder que su mirada ejercía sobre mí.

— Lo sé... pero tenemos mucho que practicar para que nos salgan muy guapos... quiero tres, ¿estás de acuerdo?

— Edward... —gemí cuando una de sus manos abarcó mis nalgas y me apretó contra su erección.

— Hoy voy a hacer que grites mi nombre completo muchas veces... —volvió a apretarme y gemí una vez más sin poder evitarlo—. Sí... muchas, muchas veces... —rio antes de besarme tan intensamente que casi me dejó sin oxígeno.