Capítulo 55

6 años después...

Miré por la ventana y suspiré, sentía el estómago revuelto y unas enormes ganas de vomitar, pero me obligué a mí misma a permanecer sentada con la mirada clavada en el horizonte de Los Ángeles. Me había puesto mi falda nueva y estrenado aquellos zapatos con un tacón temible que Alice me regaló en mi último cumpleaños, mi blusa blanca estaba impecable y mi chaqueta perfectamente doblada sobre el sofá para que no se le hiciese ni una sola arruga. Era un día especial y nada podía salir mal, absolutamente nada... aunque Edward no parecía estar de acuerdo con eso, me miraba de un modo condescendiente desde el otro lado de la mesa de mi despacho, tenía los labios fruncidos y los brazos cruzados a la altura de su pecho, parecía molesto, puede que realmente lo estuviese, pero tenía demasiadas cosas en las que pensar sin preocuparme de esas minucias.

— ¿Me estas diciendo... —su tono de voz era serio e imperturbable y me miraba un poco enfadado— que se te ha olvidado ir a la clínica? —asentí y él resopló—. Te lo recordé esta mañana antes de que salieses de casa.

— He tenido mucho en que pensar... —desvié la mirada a mis manos que jugueteaban nerviosamente con la esquina de un papel.

— Princesa... el resultado de esa prueba es importante.

Me tragué el bufido que estaba deseando dejar salir y le miré entre mis pestañas, intentando fingir un poquito de arrepentimiento.

— Iré a la hora de comer...

— Déjalo —se puso en pie y rodeó la mesa para darme un beso en la frente—, tengo que ir a los tribunales y ya los recojo yo.

— Se supone que eso es confidencial —añadí con una sonrisa de suficiencia.

— Para mí no, soy tu esposo... ¿recuerdas? —una deslumbrante sonrisa se dibujó en sus labios y entrecerré los ojos—. Te amo... —fue lo último que dijo antes de desaparecer tras la puerta cerrada.

Suspiré de nuevo y me dejé caer contra el respaldo de mi sillón, en mi despacho, mi propio despacho...

Acabada de licenciarme, por fin era abogada y mi regalo por parte de Edward había sido mi despacho y un trabajo en el bufete... la sucursal de Cullen&Swan de Los Ángeles por fin tenía al Swan, aunque en la puerta podía "Isabella Cullen". Miré al techo y me impulsé con mis pies para que la silla comenzase a dar vueltas, a la tercera vuelta comencé a sentirme mareada y me detuve mirando por mi ventana, tenía ante mí una preciosa panorámica de la ciudad, algo por los que muchos pagarían millones y yo tan solo tenía que girar mi silla y ya podría verlo.

Escuché como llamaban a la puerta y esta se abría, también el sonido característico de unos caros tacones contra el mármol que quedaron silenciados al llegar a la alfombra que había frente a mi mesa. Giré la silla lentamente para observar a mi amiga y ella tenía una enorme sonrisa en su rostro y parecía a punto de ponerse a dar saltos de emoción.

— ¡Tienes tu propio despacho! —estaba completamente segura de que el chillido de Alice pudo haberse escuchado en kilómetros a la redonda.

Otra sonrisa se dibujó en mis labios y la miré fijamente mientras asentía, ella parecía exactamente igual que años atrás, con la misma alegría, el mismo brillo en su mirada y la misma energía, aunque su cabello estaba un poco más largo y sus caderas un poco más redondeadas, pero era la misma Alice que conocí cuando llegué a Chicago.

— Esta noche saldremos a celebrar y no admito un 'no' como respuesta —entrecerró los ojos y alzó un dedo amenazadoramente señalando en mi dirección.

— Allie... la fiesta es mañana y necesito descansar, la tesis final ha acabado conmigo —dejé que mi labio inferior sobresaliese un poco para darle pena y parece que funcionó, su gesto se suavizó y se sentó en la silla frente a mi mesa.

— De acuerdo, pero de mañana no te libras... tienes que beber hasta caer inconsciente para celebrarlo.

Mi ceño se frunció, pero intenté que todos esos pensamientos que llevaba días arremolinados en mi mente no se reflejasen en mi rostro forzando una sonrisa, Alice pareció convencida de mi actuación y se puso en pie de un salto.

— Me voy, tengo el juicio de la señora Mellman en una hora —"contaba con ello" añadí en mi mente y sonriendo de verdad por primera vez en la mañana—. Nicolle está fuera con Irina —mi sonrisa se borró, pero Alice avanzaba hacia la puerta y no se percató de ello—. Le dije que no te molestase, pero ya sabes como es, si no es Edward el que se lo dice no hará caso a nadie.

Mis pensamientos comenzaron a volar a la velocidad de la luz ¿Qué iba a hacer con ella? Él no podría verla, al menos no así... Alice me mataría y yo querría morirme también por haber sido tan estúpida y dejar que eso sucediese del peor modo posible.

— ¿Bells? —la voz de Alice me trajo de vuelta y parpadeé sorprendida—. ¿Te encuentras bien? Pareces un poco distraída.

Sonreí forzadamente de nuevo y me encogí de hombros.

— Mañana llegan todos y estoy ansiosa por verlos después de tanto tiempo —expliqué una verdad a medias.

— ¡Que bien que Tanya venga también! —exclamó una vez más y esta vez no puedo evitar dar un pequeño bote—. Hace tres años que no la vemos.

— Sí, es genial —volví a sonreír con sinceridad y ella salió por fin de mi despacho tras despedirse con la mano.

Pasé una mano por mi frente y una ligera capa de sudor comenzaba a perlarla... ¡maldita sea! Había pasado los exámenes finales con todas esas estúpidas y difíciles leyes sin ningún problema y ahora un simple contratiempo me estresaba. Bebí un poco de agua y salí de mi despacho mirando a ambos lados en cuanto crucé la puerta, Irina, la recepcionista y secretara del bufete, estaba en su puesto de trabajo archivando algunos expedientes, pero no había rastro de Nicolle por ningún lado.

— Irina —ella alzó la mirada y me sonrió cordialmente, nos llevábamos bien, aunque nuestra relación era un poco distante—, ¿dónde está Nicolle?

— Con el señor Smith, no tiene trabajo esta mañana y dijo que la llevaría a dar un paseo.

— Gracias... —contesté.

De nuevo me metí en mi despacho, volví a sentarme tras la mesa y miré el reloj de la pared... faltaban tan solo cinco minutos y si continuaba siendo tan puntual como de costumbre no tardaría en llegar. Pasé una mano por mi cabello con nerviosismo y pensé en ir al baño para comprobar mi aspecto, quería demostrarle que, pese a todo, había salido a delante, pero me reprendí a mí misma recordando que me había visto en mis peores momentos, así que no podía estar tan mal si me veía un poco despeinada o con el maquillaje un poco corrido, no era para tanto. Pero... una mirada al espejo no le hacía daño a nadie, me puse en pie y di un par de pasos, el sonido del interfono casi me hace dar un brinco cuando la voz de Irina rompió el silencio de mi despacho.

Señora Cullen, su cita está aquí.

— Hazle pasar —contesté de inmediato y dejándome caer de nuevo en la silla.

¿Señora Cullen? ¡Mierda! ¿Por qué no había pensando antes en eso? Miré mi mano izquierda con terror, aquella alianza dorada parecía brillar más que nunca en este momento e incluso se burlaba de mí. Intenté quitármela lo más rápido posible pero la muy hija puta parecía pegada a mi dedo con adhesivo industrial... quizás tuviese mucho que ver que mis dedos pareciesen longanizas porque estaban un poco hinchados... tenía que ser por el estrés, los exámenes finales, la tesis, la fiesta del día siguiente, las visitas... solo era estrés.

Todavía me estaba peleando con la estúpida alianza cuando la puerta se abrió y sus ojos se cruzaron con los míos, me puse en pie como impulsada por un resorte y, mal disimuladamente, escondí mi mano izquierda en mi espalda. Él avanzó hacia mí aunque me quedé petrificada en mi posición, como si me hubiesen pegado al suelo, sus movimientos eran lentos y calculados y aquella sonrisa, mi sonrisa, surcó sus labios obligando a los míos a hacer lo mismo. En cuanto estuvo frente a mí no puede evitarlo y me lancé a sus brazos, él me rodeó con los suyos torpemente y me estremecí al oler su esencia... lo había echado tanto de menos...

— Estas preciosa... —susurró en mi oído provocando que el sonido de su voz llenase mis ojos de lágrimas que me moría por derramar, pero me contuve lo mejor que pude.

Me alejé para poder mirarle y él hizo lo mismo conmigo, yo continuaba siendo igual, quizás tuviese los pechos un poco más hinchados que hace unos años, pero continuaba siendo la misma chica extremadamente delgada y con poca gracia que años atrás. En cambio él estaba diferente, había cortado su cabello y no estaba utilizando gel para peinarlo, haciendo que sus rizos rubios coronasen su cabeza salvajemente, su sonrisa era genuina, como tanto la adoraba y muy pocas veces la había visto, y su mirada... me quedé hundida en sus ojos, brillaban como nunca y casi podía jurar que estaban más claros de lo que recordaba. Su rostro era más adulto y unas pequeñas arrugas los rodeaban, después de todo ya pasaba de los treinta y eso era normal.

— Te he echado de menos Jazz... —confesé a media voz y dando un ligero golpe en su estómago con mi puño cerrado.

— Yo a ti también... —contestó enseguida y pasó un brazo por mis hombros para arrastrarme hacia uno de los laterales de mi despacho, donde había un precioso sofá blanco con una mesa baja de cristal frente a él.

Nos quedamos en un silencio extraño, no era incómodo, pero tampoco tranquilo, era como esa calma que precede a algo importante, sabes que pasará y estás preparado para ello, casi deseándolo, pero a la vez es como si no quisieses que ese momento no llegase nunca porque pasará demasiado rápido para disfrutarlo.

Nos miramos a los ojos y sonreímos... y ahí comprendí que Jasper no solo había cambiado físicamente con el paso de los años, algo dentro de él también había cambiado y casi podía visualizarme a mí misma rezando de rodillas en el suelo para que el divorcio con María fuese una de esas cosas diferentes.

— ¿Cómo has estado? —su voz suave rompió el silencio y cualquier rastro de nervios que pudiese sentir se disipó por completo.

— Un poco estresada por los exámenes y la tesis, pero ya se ha acabado por fin... —él también sonrió y yo me sentí pletórica de tener a ese Jasper a mi lado y no solo la sombra que dejé cuando abandoné la mansión Hale años atrás—. ¿Y tú... hay novedades en tu vida?

— Te sorprenderías de cuantas cosas han cambiado... —aseguró con solemnidad—. Pero la que te hará más feliz es saber que vuelvo a ser un hombre soltero, hace tres años que María y yo nos hemos divorciado.

La noticia, aunque era la mejor que había escuchado en mucho tiempo, me tomó por sorpresa y solo reaccioné descolgando la mandíbula y mirándolo con incredulidad.

— ¿Qu... qu... qué? —balbuceé torpemente—. ¿Cómo?

Volvió a sonreír atenuando las arruguitas en torno a sus ojos e irónicamente pensé que, en los escasos diez minutos que llevaba a su lado, había sonreído más que en todo el tiempo que viví con él en Chicago.

— Ella no estaba muy de acuerdo al principio, me lo puso un poco difícil y aquel contrato prenupcial que firmamos me tenía con la soga al cuello, pero las cosas se solucionaron inesperadamente y solo tuve que darle una buena cantidad de dinero para que se sintiese complacida... —explicó sin dejar de mirarme, pero con una tranquilidad pasmosa y muy poco propia de él.

— Vaya... —murmuré todavía aturdida y procesando toda la información— ¿dónde está ella ahora?

Él se encogió de hombros con despreocupación y frunció los labios durante un segundo.

— Creo que ha vuelto a México con su familia, pero no estoy seguro.

Sus palabras me calaron y por fin asimile que María ya no formaba parte de su vida, ni de la suya ni de nadie de la familia y si era verdad que se había ido a México incluso nadie de todo Estados Unidos la vería... sentía la necesidad de celebrarlo con una botella de champán, uno de los más caros y exclusivos porque esa noticia de verdad lo merecía, pero fruncí el ceño al recordar a Edward... se molestaría si se acercaba mi nariz a una copa para olerlo... estúpido Cullen.

— Y tú... —su ceño se frunció y desvió la mirada ligeramente— ¿tú que tal estás con Edward?

Quería gritar "¡Enfadada!" pero tampoco tenía un motivo de peso para estarlo, así que simplemente me encogí de hombros y susurré un suave 'bien' que Jasper no pareció creerse del todo, pero lo ignoró.

— ¿Qué es eso de señora Cullen? —preguntó haciendo que me atragantase con mi propia saliva...

Lo miré de reojo intentando respirar para no morirme y me sonrió para tranquilizarme.

— Verás... es... es... es complicado... —balbuceé.

— ¿Os habéis casado?

— ¿¡Qué!? —mi cabeza se giró bruscamente en su dirección—. ¿Quién te ha dicho eso? —pregunté apresuradamente.

— Bella no... no tienes que ocultarme cosas nunca más, estoy trabajando en ello y no voy a explotar como aquella vez... eso fue un error y no volverá a ocurrir —de nuevo sus palabras fueron tranquilas y suaves, muy poco que ver con su forma de ser, al menos con la que recordaba—. ¿Te has casado con Edward? —volvió a preguntar con firmeza.

Asentí mordiendo mi labio inferior soportando de nuevo las ganas de llorar, él se estaba abriendo conmigo, me estaba mostrando la persona en la que se había convertido durante ese tiempo y yo todavía continuaba ocultándole cosas.

— ¿Cuándo? —preguntó de nuevo.

Me removí incómoda en mi parte del sofá y él ocultó una sonrisa, no sabría si podía acostumbrarme a esta nueva actitud que tenía, aunque era muchísimo mejor que la anterior, debía ser sincera.

— Hace seis años... cuando... cuando... —carraspeé para liberar el nudo de mi garganta y comencé a jugar con nerviosismo con el dobladillo de mi falda—, cuando firmaste mi emancipación.

Una ligera sombra oscureció sus ojos pero tan solo duró un par de segundos, enseguida volvieron a su brillo anterior.

— ¿Después de ver mi experiencia con María, te aventuraste a un matrimonio siendo tan joven?

— Ya ves que sí... —en esta ocasión fui yo la que se encogió de hombros haciendo que su sonrisa se ampliase.

— ¿Y va todo bien con él?

Su curiosidad era evidente, pero no me sentía del todo cómoda contándole mis cosas... aunque era Jasper, mi verdadero Jasper el que estaba allí, así que me obligué a mí misma a ser realmente sincera con él y conmigo misma por primera vez.

— No voy a engañarte, hemos pasado malos momentos y hemos discutido mucho... pero lo hemos superado todo poco a poco y ahora estamos mejor que nunca.

— Ninguna relación es fácil... —añadió.

— No... y nosotros siempre hemos tenido muchas trabas —suspiré—, pero parece que con el paso del tiempo todo va cayendo por su propio peso y las cada cosa está en su lugar.

— Entiendo que no me hayas invitado a tu boda... —dijo después de unos segundos de silencio— ¿cómo fue? ¿Muchos invitados?

Una risita nerviosa se me escapó sin querer y él me miró con curiosidad una vez más.

— Nos casamos en un juzgado de paz... Edward llevaba el esmoquin que solía utilizar para las cenas con el bufete y yo un vestido que Alice me obligó a comprar y no me gustaba demasiado —recordé ese día con una sonrisa y le miré directamente a los ojos—. No había nadie allí más que los testigos, solo dos personas además de nosotros... fue increíble, muy intimo y tranquilo.

— Imagino la reacción de Esme al enterarse...

Se me escapó otra risa nerviosa, esta un poco más escandalosa y demente.

— Esme no lo sabe todavía... nadie lo sabe en Chicago... —aclaré— solo Tanya y Alice y porque fueron los testigos, sino ni siquiera eso.

— ¿Alice? —su ceño se frunció y aquella expresión torturada que muy bien recordaba en él volvió a cubrir su rostro—. Alice... —susurró a media voz— ¿has sabido algo de ella todo este tiempo?

Volví a removerme incómoda, no quería llegar ahí, no quería mentirle y decirle que no la había visto, pero tampoco podía decirle la verdad, no era yo quien tenía que hacerlo. Pero ella no quería ni siquiera hablar de él, en cuanto lo nombrabas se cerraba completamente y no daba su brazo a torcer por muchos argumentos válidos que le dieses. Por eso había planeado mi cita con Jasper cuando estaba segura de que ella no estaría aquí, no quería obligarla a nada haciéndole una emboscada, ella sabía que Jazz iría a la fiesta del día siguiente y se estaba preparando para ello, pero decir que encontrárselo en mi despacho sería incómodo para ella sería quedarse corto.

— Solo... yo solo... —Jasper comenzó a hablar de nuevo al ver que me mantenía en silencio totalmente perdida en mis pensamientos— solo quiero pedirle disculpas, hace años me porté muy mal con ella y sé que ya será muy tarde, pero quiero pedirle perdón.

— Ella estará mañana en la fiesta —susurré mirando de nuevo mis manos, no sabía por qué pero estaba sintiendo eso como una traición a mi amiga, aunque no lo era... creo.

Jasper se relajó en ese momento y su expresión volvió a ser tranquila y sosegada.

— Espero poder hablar con ella...

"Suerte con eso" quise decir, pero sería dar demasiada información y no quería ser demasiado entrometida en ese asunto, era algo que solo ellos podían solucionar.

— Te han sentado bien estos años... —murmuré distraída—, no solo físicamente, que pareces más hombre, también personalmente, te veo mas... centrado y tranquilo, supongo que alejarte de María ha tenido mucho que ver con eso...

Jasper volvió a sonreír y pasó una mano por su cabello con nerviosismo, era la primera muestra de ansiedad que tenía en todo el tiempo que estuvimos hablando, era como si no se sintiese cómodo de repente por algo.

— Dejar a María me ha beneficiado... sin duda, pero solo en una pequeña parte. He estado yendo a terapia —confesó—, era algo que realmente necesitaba, no estaba contento conmigo mismo y lo pagaba con los demás... Rose, tú, Edward, Alice... desviaba mi propia frustración hacia los que me rodeaban y eso no era sano...

— ¿Terapia? —pregunté sin poder creérmelo.

— Sí... —sonrió— la terapia me ha ayudado como no te imaginas... eso y la entrada de alguien en mi vida.

El aire se me atoró en la garganta y mi boca se abrió y se cerró varias veces sin saber muy bien que decir... ¿Jasper salía con alguien? No era algo descabellado, pero quizás... nada de quizás, era algo que tenía claro desde hacía mucho tiempo, esperaba que al dejar a María, Jasper se diese cuenta de que Alice era todo lo que él necesitaba en una mujer y que estarían juntos por fin... además tenían un pasado en común con una consecuencia de carne y hueso...

— ¿Estás saliendo con alguien? —pregunté y mi voz sonó más temblorosa de lo que me hubiese gustado.

— No... —rio como si estuviese disfrutando de una broma privada y me miró con diversión—. Pero puedo decir que alguien ha entrado en mi vida y la ha cambiado por completo.

Me removí incómoda y mi ceño se frunció, alguien había entrado en su vida... ¿quién? ¿Cómo? ¿Por qué?

— No entiendo... —negué confundida.

— Es una larga historia —resopló y se acomodó en el sofá. Segundos después, interpretando mi silencio como una invitación a que la contase, comenzó a hablar de nuevo—. Se llama Seth y... es la persona más increíble que he conocido nunca. Es fuerte, luchador... tiene unos ojos tan expresivos que casi puedes leer su mente sin que te diga una sola palabra y...

Se quedó en silencio y yo estaba en shock... ¿Jasper estaba con un hombre? ¿Jasper tenía una especie de... novio? ¡Dios! Yo... yo podría aceptarlo si eso lo hacía feliz, si había aceptado a la víbora de María eso no sería nada, pero de nuevo aquellas esperanzas de una posible relación con Alice se desinflaron un poquito.

— ¿Él te hace feliz? —mi voz se rompió en la última palabra y él sonrió.

— Mucho... —sonrió de nuevo con mi sonrisa y sus ojos brillaron enviando un pellizco a la boca de mi estómago, era feliz y no era con Alice— es un niño increíble.

Tardé en asimilar esas ultimas palabras y mi ceño se frunció.

— ¿Niño?

— Sí... tiene tres años y es... es maravilloso —dijo sin dejar de sonreír—. Hace solo unos meses que está conmigo pero ya nos complementamos, es como si lo conociese desde siempre y he conseguido que confíe en mí... ya me llama papá.

Papá... Jasper tenía un hijo...

— No entiendo...

— Su padre le maltrataba, a él y a su madre, ella lo denunció y yo acepté su caso por la organización de ayuda social con la que colaboro —comenzó a explicar—, pero lamentablemente ese hombre asesinó a su mujer y Seth quedó bajo la tutela de los servicios sociales... cuando fui al orfanato para comprobar su estado, no pude borrar sus ojos de mi mente durante días y cuando quise darme cuenta estaba firmando su acogida temporal. Hoy hace un mes que legalmente mi hijo... lo he adoptado.

Varias emociones se confundieron en mi pecho, admiración, alegría, felicidad... pero la que sobresalía entre todas ellas era el orgullo, me sentía tan orgullosa de ser su hermana y llevar su misma sangre... abrí la boca para contestar pero la puerta de mi despacho se abrió de golpe y los ojos azules de Fred Smith, uno de los abogados del bufete, me miraron intensamente.

— Bella yo... siento interrumpir —se disculpó y algo en la ansiedad de su rostro me dijo que no traía buenas noticias—. Nicolle se ha caído, no deja de llorar y no sé que hacer...

— ¿Se ha hecho daño? —pregunté poniéndome en pie de golpe y avanzando hacia la salida olvidando a Jasper y nuestra conversación.

— Solo se ha raspado la piel, ni siquiera se ha hecho sangre, pero... —pasó una mano por su rostro casi con desesperación y resopló— Edward va arrancarme los huevos.

Salí por fin de mi despacho y sentada sobre la mesa de Irina estaba la pequeña con las mejillas bañadas en lágrimas, avancé hasta ponerme de rodillas frente a ella y sequé sus mejillas con mis dedos.

— Preciosa... ¿que ha ocurrido? —pregunté con suavidad para no asustarla, ella no contestó y señaló su rodilla cerrando los ojos con fuerza provocando que un par de lágrimas rodasen de nuevo por sus mejillas.

— Vamos a mi despacho que allí tengo un botiquín... ¿puedes caminar?

Ella asintió y de un salto bajó de la mesa y caminó hacia mi despacho con lentitud, se sentó en mi silla y abrí el cajón inferior donde Edward me dijo que tenía un neceser con cualquier cosa que pudiese necesitar. Saqué unas gasas y un desinfectante para limpiar la pequeña herida y lo hice con mucho cuidado de no lastimarle, después le puse una tirita azul y la miré con una sonrisa.

— ¿Te sientes mejor ahora? —le pregunté.

La pequeña asintió y todavía hipó un poco antes de sorber por la nariz, busqué un pañuelo desechable y limpie su rostro de cualquier rastro de llanto y besé la punta de su nariz.

— Ya está, princesa... —susurré.

Pero ella no me estaba prestando atención y miraba fijamente algo a mi espalda, fruncí el ceño y seguí el rumbo de su mirada y mi boca se abrió por la sorpresa... ¡mierda! Había olvidado a Jasper...

— No es lo que piensas... yo... yo... —balbuceé sin saber muy bien que decir, sus ojos, que iban de Nicolle hacia mí parecían tristes y a la vez enfadados y entendí perfectamente bien lo que podía estar pasando por su cabeza en ese momento aunque no podía ser consciente de la magnitud. No todos los días sabes que tienes una hija y que no lo has sabido durante los últimos cinco años.

— ¿No lo es? —preguntó en un susurro ronco y helado.

Me enderecé con un poco de dificultad, mis rodillas temblaban y no sabía muy bien que decir, me incliné un poco y besé la frente de Nicolle, removí un poco su cabello castaño, sus ojos se clavaron en mí e intenté sonreír con tranquilidad.

— Nick cariño... ¿por qué no vas a buscar unos papeles a la mesa de Irina y dibujas algo para mamá? Tengo que hablar con este señor de aquí —ella sonrió mostrando sus dientes y salió correteando de mi despacho dejándome sola ante el peligro, pero era mejor así, Jasper podía haber cambiado mucho y la terapia podía haber hecho milagros con él, pero continuaba siendo Jasper y la vena de su frente estaba tan hinchada como recordaba cuando se enfadaba.

— ¿Soy solo un señor para ella? —preguntó reflejando un poco de dolor en su voz.

— Jazz, no...

— Bella... yo... yo ¡Mierda! Entiendo que aquella vez mi reacción con Rose fue desmedida, ella no planeó un embarazo y yo... estaba realmente ofuscado y encabronado en ese momento de mi vida —dijo atropelladamente—. He hablado con ella y Emmett para disculparme y aunque las cosas están un poco frías todavía, hemos avanzado mucho. Pero... Bells... entiendo lo de la boda, no le has dicho nada a nadie, pero... pedo dudo mucho que le hagas ocultado a todos en Chicago la existencia de esa niña... ¿por qué a mí sí?

Parpadeé confundida y de repente toda la habitación comenzó a dar vueltas, me dejé caer sobre la silla y sujeté mi cabeza con ambas manos.

— No me corresponde a mí darte las explicaciones Jazz... lo siento —dije con voz cansada.

— ¿Cómo que...? ¿Cómo qué... no te corresponde darme las explicaciones? ¿Quién tiene que decirme que tengo una sobrina? —preguntó con voz afilada.

¿Sobrina? ¿Qué parte de la conversación me había perdido? Alcé la cabeza lentamente y mis ojos se cruzaron con los suyos.

— ¿Qué sobrina?

Él resopló y se pasó una mano por su cabello cambiando su peso de un pie a otro intermitentemente.

— Mi sobrina Bella... esa niña que acaba de salir de aquí... tu hija... —exclamó haciendo aspavientos con sus brazos.

Di un brinco en la silla y olvidando mi mareo me puse en pie y avancé hacia él.

— ¿Tú creíste que...?

— Tiene tus ojos... y su cabello es una mezcla del tuyo y el de Edward... es tan frustrante que... —se detuvo y tomó aire, parecía dispuesto a hablar pero alcé una mano para detenerlo.

— No es mi hija... no... no niego que la quiera como tal, pero... te aseguro que no es mía ni de Edward... —aclaré.

Varias emociones surcaron su rostro en solo unos segundos, pero la que predominaba entre todas ellas era la incredulidad.

— ¿Cómo que no...? —su voz se apagó y me miró intensamente—. Pero sus ojos... son los ojos Swan, son marrones y profundos como los de Charlie... esa niña es una Swan.

— Jazz... yo no... —negué con la cabeza y cerré los ojos unos segundos, me moría de ganas de gritarle lo que pasaba realmente, pero no debía, yo no...— lo siento... no puedo...

— Ese Fred es un inútil —escuché la voz de Edward por la puerta abierta de mi despacho y sonreí—. ¿Princesa? —escuché como llamaba a Nicolle.

— Edward... no seas tan melodramático —¿Esa era Alice? ¡Oh, mierda!—, los niños se caen y se hacen heridas, es así como aprenden —continuó hablando y su voz se escuchaba cada vez más cerca.

Miré a Jasper con los ojos extremadamente abiertos y él me devolvía la mirada sin saber muy bien lo que estaba ocurriendo.

— Iré a ver a Bella —dijo Alice de nuevo y entré en pánico.

En tan solo un segundo pensé en tirar a Jasper por la ventana, pero estábamos en séptimo piso, esa opción quedaba completamente descartada, también pensé en encerrarlo en el baño, ya le explicaría después... lo sujeté del brazo dispuesta a arrastrarlo hacia allí pero mis pies se enredaron entre ellos y él tuvo que extender las manos para sujetarme. Mientras intentaba ponerme en pie para llevar a cabo mi plan, los tacones de Alice se escuchaban cada vez más cerca y entendí que era demasiado tarde, cerré los ojos ante la avalancha que se me veía encima y apoyé mi frente en el pecho de mi hermano volviendo a sentirme mareada de nuevo...

— Bells... Nicolle me ha hecho un dibujo precioso y me ha dicho que tú le... —su voz se detuvo de golpe así como el sonido de sus pasos, intenté mirarla pero con solo pensar en moverme mi cabeza daba más vueltas así que no me moví y simplemente esperé...

Pasaron unos largos segundos en silencio, era como si el mundo se hubiese detenido y todo a nuestro alrededor estuviese sostenido en el aire. Jasper tensó sus brazos que me rodeaban la espalda con torpeza y un suspiro con el sombre de Alice escapó de entre sus labios. No lo estaba viendo, pero podía asegurar que su mirada tenía aquel brillo psicótico de cuando pensaba demasiado, las piezas debían de estar encajando una a una en su mente y no sabía cual podría ser su reacción...

Decidí ser intrépida y mirar lo que me rodeaba, me alejé de Jasper con lentitud y le miré a los ojos... bien, solo estaba viendo doble... Edward tendría mucho que decirme sobre eso, volví mi mirada a Alice y toda la habitación dio un vuelco como si quisiese caerse sobre mí, mis piernas perdieron su fuerza y las manos de Jasper me sujetaron en el último segundo antes de caer al suelo.

— ¡Bella! —exclamó sorprendido.

Genial... me dejé sentar en la silla y me incliné hacia delante, intentando inspirar profundamente, aunque todo lo que había a mi alrededor era una tensión tan cortante que casi no podía hacerlo. Mis sienes latieron y mi estómago decidió hacerse notar en ese momento, tragué saliva compulsivamente intentando alejar las nauseas y una voz demasiado conocida me susurró cerca del oído.

— ¿Te encuentras bien? —la voz de Edward se escuchaba con preocupación e intenté alzar la mirada para poder verle, pero eso era algo imposible.

— No... —gemí lastimosamente.

— Vámonos de aquí... —sentí como me tomaba en brazos y avanzaba conmigo durante un buen trecho, pero no veía nada, tenía mi rostro enterrado en su cuello aspirando su aroma e intentado calmar las nauseas lo mejor posible. Escuché una puerta cerrarse y mi cuerpo descansó sobre una superficie mullida, un sofá... abrí levemente los ojos y reconocí su despacho, que estaba justo al lado del mío.

— Jasper y Alice... —dije sin fuerzas.

Edward pasó una mano por mi frente alejando algunas hebras de mi cabello y sonrió, mi visión comenzaba a estabilizarse y pude apreciar algo de preocupación en su mirada.

— Algún día tendrían que hablar —asentí sin saber muy bien que decir—. ¿Te encuentras mejor?

Me incorporé lentamente y estiré un brazo hacia él invitándolo a acercarse, se sentó a mi lado y me envolvió en sus brazos.

— Ahora estoy mucho mejor... —musité contra su camisa.

Él besó la parte superior de mi cabeza y se removió metiendo la mano bajo la chaqueta y sacando un sobre blanco que puso sobre sus rodillas. Lo miré con los ojos entrecerrados y suspiré.

— Tenemos que saberlo... —susurró simplemente.

— Lo sé... pero estoy asustada —murmuré enderezándome—. Soy muy joven todavía y... quería trabajar un par de años antes de esto...

— Conozco tus planes y los apoyo... pero tienes todos síntomas... y un evidente retraso. No hay nada que podamos hacer ya.

Mordí mi labio inferior y sentí los nervios apretando mi estómago.

— Ese retraso es por el estrés, han pasado muchas cosas últimamente y creo que... seguro que es negativo —intenté convencerme más a mí misma que a él.

— Abre el sobre y saldremos de dudas... —me instó.

Lo miré de reojo y suspiré.

— ¿Estarás conmigo? —pregunté con un hilo de voz.

— Siempre... —sonrió y besó mi sien.

— Y... ¿cuando me ponga gorda e insoportable como lo estaba Alice?

Rio y me abrazó con fuerza, buscó mis labios y me besó son dulzura, clavando sus ojos en los míos justo después.

— Te amo... embarazada o no, eres mi esposa y si realmente vamos a tener un hijo, solo me hará amarte el doble.

Cerré los ojos y empujé su pecho levemente para alejarlo, sujeté el sobre con ambas manos y lo rasgué por un lateral sin pensar demasiado en el resultado...

— Vamos allá... —susurré desplegando el papel.