Out Take 2 — El lado Swan

Cuando Jasper planeó ese viaje a Los Ángeles tenía todo muy claro, sabía que debía hablar en serio con su hermana y pedirle disculpas, tal y como Emily, su terapeuta, le había aconsejado, debía de cerrar los capítulos abiertos de su vida para poder escribir los nuevos sin ningún error, o al menos con los mínimos.

Había planeado ir solo, pero mientras preparaba las maletas los ojos de su hijo lo convencieron de lo contrario, Seth tenía una de esas miradas que te calan hondo, sus ojos negros eran profundos y muy expresivos, eran dos pozos oscuros que te hablaban sin decir ni una sola palabra. Además, el niño todavía se estaba adaptando a su nueva vida, irse durante varios días y dejarlo solo no parecía ser bueno para él. Así que, con Sue como niñera, se llevó a Seth a Los Ángeles y prometió comprarle un helado enorme en cuanto aterrizasen.

El vuelo en avión no se le hizo largo, pero Sue y Seth se quedaron dormidos y tuvo mucho tiempo para pensar, para poder poner todo su pasado en orden y así poder emprender un camino menos pedregoso en el futuro. Pensó en María, en los errores que había cometido con ella, en el enorme error que era ella misma y lo que se prometió cuando por fin tuvo el certificado de divorcio: nunca más. Sería soltero por lo que le quedaba de vida, podría enamorarse, podría vivir al lado de la persona que amase con locura, pero nunca más se ataría a alguien. Había aceptado ser un humano con sentimientos, pero después de un horrible matrimonio y una traumática separación, no quería saber nada de alianzas, jueces o sacerdotes.

Pensó también en Alice, su Alice... no sabía el motivo, pero desde que había hablado con Bella tan solo unos días antes, había soñado con ella y con aquella noche que calificó de error pero que nunca pudo olvidar. También le debía una disculpa a ella, no merecía su perdón por haberla utilizado del modo en que lo hizo, pero tenía que intentarlo al menos.

Ya en su hotel, con Sue y Seth disfrutando de un paseo por los alrededores del edificio, se puso ropa ligera para soportar el calor de California y salió caminando hacia la dirección que su hermana le había dado. Se dejó empapar por el ambiente de la ciudad, de las personas caminando por la calle, del bullicio de los coches y el incipiente sol que lo atacaba con insistencia provocando que varias gotas de sudor comenzase a humedecer su ropa.

El edificio de oficinas al que tenía que ir era una imponente torre de cristal en el Down Town que podía verse desde cierta distancia, a medida que se acercaba a él paseando por la acera, el edificio se hacía más grande y más majestuoso, no le costó imaginar a Bella trabajando en ese lugar, sabía que su hermana podría lograr todo lo que se propusiese, así fuese dedicarse a la abogacía como estaba haciendo, o colocar un puesto ambulante de artesanía en un pueblo de Texas, ella lograría triunfar en todo lo que creyese posible, era de ese tipo de personas que había nacido para luchar y conseguir sus metas, muy diferente a como lo era él, que tan solo siguió la senda marcada sin salirse del camino.

Suspiró pesadamente intentando alejar ese tipo de pensamientos de su mente, Emily le había dicho que no le ayudarían en su recuperación y estaba de acuerdo con ella, pero en ocasiones era muy difícil no dejarse vencer por esos pensamientos derrotistas. Cruzó las puertas del hall del edificio y el frescor del aire acondicionado le hizo sentir mejor al instante, buscó el ascensor y subió al piso siete, tal y como su hermana le había dicho. Aprovechó ese corto viaje para tranquilizarse, después de seis años sin verse y casi no hablar por teléfono, se sentía un poco ansioso por verla, por saber como le había tratado la vida y lo más importante, verla feliz.

Cuando por fin encontró las oficinas de Cullen incluso el aire de esa zona del edificio era más fácil de respirar, como si allí se encontrase esa tranquilidad que le faltaba para equilibrar su vida del todo. Buscó la oficina de Bella, habló con su secretaria y por fin la vio... allí estaba. Más adulta, mucho más mujer y preciosa de lo que había estado nunca, sus ojos, iguales a los suyos propios, eran claros y brillantes, su cabello más largo y lacio y su sonrisa tan sincera que contagió la propia. Era su hermana y la había echado de menos, pero nunca imaginó cuanto hasta que la vio y pudo abrazarla y oler ese perfume característico que siempre tenía su cabello.

Hablaron mucho, le contó las novedades de su vida, le habló de la ausencia de su exmujer y de Seth... era consciente de que el orgullo de padre le salía a borbotones por los ojos en cuanto hablaba de él, de su niño... él era la persona que más había equilibrado su vida en los últimos meses, él con su inocencia le había mostrado a Jasper los límites de la vida, había ido desde la desdicha absoluta por verse solo y hundido a tenerlo todo solo por estar a su lado y verlo sonreír, Seth lo era todo para él, sin él estaría perdido.

Se alegró por su hermana, por sus éxitos en la vida y en los estudios, se alegraba de haber trabajado duro para que el bufete siguiera como siempre y ella pudiese optar a un futuro, la admiraba por la fuerza y el coraje que tenía para enfrentarse al mundo entero para defender su amor por Edward. La había echado tanto de menos que la conversación era larga y fluida, sabía que el tiempo se le escapaba de las manos y tarde o temprano debería regresar a Chicago dejándola allí, dejando esa parte importante de él en esa ciudad.

Pero mientras hablaba con Bella apareció aquella niña, Nicolle... Jasper no pudo evitar la curiosidad y tuvo que acercarse a ella, sentía como un magnetismo que lo obligaba, se sentía igual que cuando conoció a Bella o al propio Seth, algo lo impulsaba a mirarla e intentar ver más allá. El color de los ojos de esa niña le inquietó, le hizo recordar su infancia, cuando se miraba al espejo e intentaba encontrar un motivo por el que su abuelo no le quería, él culpaba su ojos marrones porque nadie más que él los tenía en la familia y Nicolle tenía también esos ojos, con ese brillo de picardía e inocencia infantil. Algo en ella le resultaba familiar, algo en su gesto de morder el labio inferior con timidez mientras lo observaba con atención, también en como se apartaba el cabello del rostro con ese movimiento de muñeca tan característico de... de Edward.

Mordió su mejilla para no enfadarse, contó hasta veinte para no gritar y cerró las manos en puños para no golpear algo, respiró profundamente para tranquilizarse, inspiró y exhaló unas cuantas veces antes de hablar, pero no podía evitar que a cada palabra que abandonaba sus labios estuviese teñida con un poco de reproche, le habían ocultado la existencia de esa niña, de su sobrina... pero no, Bella decía que no lo era y eso lo confundía, Nicolle era una Swan, lo gritaban sus ojos de ese color marrón del chocolate fundido, su rostro fino y delicado como el de su hermana.

— No es mi hija... no... no niego que la quiera como tal, pero... te aseguro que no es mía ni de Edward... —Bella hablaba pero no podía creerla, no era que no confiase en ella, pero había visto a esa niña, la había tenido frente a él y no era posible lo que le decía.

— ¿Cómo que no...? Pero sus ojos... son los ojos Swan, son marrones y profundos como los de Charlie... esa niña es una Swan —tenía que ser así, no había ninguna posibilidad de que estuviese equivocado con eso.

— Jazz... yo no... —en sus ojos podía ver dolor, como si quisiese hablarle pero había algo que se lo impedía— lo siento... no puedo...

Se escuchó una voz que recordaba como la de Edward y Bella sonrió confirmándoselo, sus ojos se iluminaron y durante un segundo sintió envidia por su hermana, por poder sentir algo tan fuerte y grande como lo que tenía con el que fue su amigo. Pero fue la siguiente voz la que desestabilizó su mundo y le dio un vuelco al estómago, la que lo hizo temblar y volver a recordar esa noche, Alice...

— Edward... no seas tan melodramático, los niños se caen y se hacen heridas, es así como aprenden.

Todo pareció ir a cámara lenta desde ese momento, Bella le miraba con una disculpa en los ojos, casi con terror, no fue consciente de nada más hasta que ella apareció en la puerta y le miró, entonces todo se detuvo, los relojes, la tierra, el universo entero colapsó cuando Alice unió su mirada a la suya.

Bella se escurrió entre sus brazos, podía sentir como temblaba y estaba asustado por ella, pero solo pudo sujetarla a vez que gritaba su nombre, Edward apareció de la nada y miró la escena un par de segundos antes de llevársela, dejando todo convertido en un caos inmóvil, donde todo se había detenido y perdido su significado.

Pasó tiempo, no podía asegurar si mucho o poco, hasta que dio un paso al frente, quería verla mejor, quería comprobar si sus recuerdos de ella le hacían justicia a la realidad. Era Alice... con unos años más, pero conservaba su sonrisa y aquella mirada azul tan limpia e hipnótica aunque su cabello era un poco más largo de lo que recordaba y su ropa parecía más práctica que glamurosa. Pero el único paso que él avanzó, ella lo retrocedió pegando su espalda a la puerta cerrada tras su espalda. Frunció el ceño ante su miedo, porque tan solo podía ver miedo en sus ojos... podía entenderlo, en el pasado no se había portado bien con ella, la había utilizado aquella noche y después la despachó sin remordimientos aparentes. Podía recordar las palabras exactas que había pronunciado y cada una se clavaba en su pecho justo a la altura de su corazón:

"Tener sexo contigo estuvo genial, pero no volverá a suceder, tengo una esposa y le debo respeto"

Respeto... respeto a María... lo que estaba era muerto de miedo ante lo que sentía, ante ese sentimiento que había destruido a su madre y que prometió no sentir jamás...

Mientras esos pensamientos cruzaban su mente la mirada de Alice no cambió, continuaba aterrada y el miedo en sus ojos era igual al de Bella cuando le preguntó sobre Nicolle, pero la diferencia es que Alice parecía mucho más asustada, hasta su barbilla temblaba.

Las palabras de su hermana minutos antes comenzaron a pesar en su conciencia.

"No me corresponde a mí darte las explicaciones".

"¿Qué sobrina?"

"¿Tú creíste que...?"

"No es mi hija... no... no niego que la quiera como tal, pero... te aseguro que no es mía ni de Edward..."

Casi podía vislumbrar cada una de esas frases grabándose a fuego en su mente y mezclándose con las suyas propias.

"Pero sus ojos... son los ojos Swan".

"Son marrones y profundos como los de Charlie".

Jasper cerró los ojos y los frotó con los dedos índice y pulgar sintiendo un repentino dolor de cabeza, era imposible lo que estaba pensando... completamente imposible. Si Nicolle fuese hija de Alice... hasta pensarlo le daba vértigo y torpemente se sentó en la silla sujetando su cabeza con ambas manos.

Imposible... era completamente imposible.

¿Pero por qué Alice parecía tan asustada? ¿Por qué Bella no le dijo quien era esa niña para ella? ¿Por qué...?

"Esa niña es una Swan", se escuchó decir claramente y entonces estuvo claro...

Aquella noche comenzó a repetirse escena a escena en su cabeza, sintió un fuerte pellizco en su pecho, a la altura de su corazón, cuando recordó la voz de Alice gritando su nombre, el tacto de su piel, su cabello enredado entre los dedos mientras la besaba, el calor de sus ojos fundidos con los suyos.

Y Nicolle...

Los ojos Swan... pero aquella barbilla fina y de duende que siempre había hecho especial el rostro de Alice, su cabello oscuro pero con algunas hebras doradas entremezcladas, su piel blanca... era hija de Alice, estaba seguro. Pero los ojos... esos ojos... cuando cerraba los suyos podía verlos a la perfección tal y como le había pasado con Seth, le taladraban desde dentro.

Recordó de nuevo aquella noche, su despacho, el alcohol, la rabia... ¿el condón? Jadeó poniéndose en pie y buscó los ojos de Alice con desesperación, continuaba con miedo y al ver la resolución en su mirada los cerró y dejó escapar un par de lágrimas.

— Lo siento... —exhaló ella sin fuerzas y dejándose caer al suelo, abrazando sus rodillas y llorando en silencio.

Jasper la observó unos segundos todavía asimilando toda esa información, si estaba en lo cierto, si Nicolle era su hija, si Alice se la había ocultado todos esos años... ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo debía reaccionar? Él la había utilizado e ignorado, le quitó importancia a lo que había sucedido entre ellos, casi podía sentir que se lo merecía pero eso iba en contra de lo que Emily le había obligado a creer. Aunque...

Era el padre de esa niña, esa niña era... suya. Tenía derechos, tenía todo el derecho de saber, derecho de poder decidir si estar en su vida o no, derecho de decidir sobre su nombre, derecho de... dejó salir un suspiro tembloroso y se obligó a tranquilizarse y pensar, no podía dar nada por hecho sin estar seguro de sus sospechas, tenía que preguntarle a ella. Avanzó hacia donde estaba, todavía acurrucada en el suelo y llorando, se acuclilló frente a ella y buscó su mirada, pero los ojos de Alice rehuían de los suyos y finalmente los cerró.

— Alice... —la llamó con voz ronca y cansada, tenía un fuerte nudo cerrando su garganta y no sabía como siquiera era capaz de respirar.

— Lo siento mucho... —volvió a exhalar como si pronunciar cada palabra le costase un mundo.

— Alice yo... no... no pue... verás... es... —resopló frustrado por no ser capaz de hilar una frase coherente y frotó su rostro con ambas manos—. Habla... di algo por favor... yo... no entiendo nada...

Alice abrió los ojos y lo miró de nuevo, en esta ocasión no había terror en ellos, tan solo resignación, era algo que debía hacer y estaba dispuesta a hacerlo. Esperó unos segundos, como si estuviese reordenando sus ideas y finalmente su boca se abrió.

— Sé que tenía que habértelo dicho, lo sé... pero estaba asustada y tú... tú estás casado con María y...

— Ya no estoy casado con María —la interrumpió hablando precipitadamente.

Alice parpadeó sorprendida por la información y suspiró.

— Lo de María era lo de menos en el fondo, tan solo era una excusa —se quedó en silencio unos segundos, parecía que quería darse valor para continuar hablando, se secó las lágrimas y le miró directamente por primera vez—. Te conozco Jasper... o lo hacía, si te decía lo que estaba pasando había dos posibles reacciones de tu parte y ninguna de ellas me hacía sentir bien.

Él la escuchó en silencio, procesó sus palabras durante un largo minuto y, con un movimiento fluido, se sentó a su lado, en el suelo y con la espalda apoyada en la puerta también.

— Entonces... —dijo él con suavidad— ¿es mi hija? —Alice asintió y él contuvo el aliento durante un instante para soltarlo de golpe justo después—. ¿Qué reacciones eran esas? —decidió dejar las emociones para más tarde y centrarse en la información, ya tendría tiempo de asimilar y sentir cuando conociese toda la historia.

Alice lo miró de reojo y cerró los ojos unos segundos antes de comenzar a hablar.

— Cuando Rose te habló de que estaba embarazada... la echaste de tu casa, la dejaste sola y desamparada... la odiaste a ella y a Ethan.

— No la odiaba —la interrumpió de nuevo—, nunca podría odiar a Rose.

— No quería que me odiases a mí —continuó como si no lo hubiese escuchado—, no quería que me odiases porque eso me haría odiarte y... tampoco quería hacerlo.

Otro silencio se interpuso entre ellos, uno denso que parecía cubrirlos y opacar cualquier posible haz de luz dejándolos en penumbras.

— ¿Cuál era la otra opción? —preguntó rompiendo ese silencio.

— Dejarías a María por mí —la voz de ella salió sin emoción—, no estarías conmigo por los motivos adecuados, para ti sería una obligación y querer a un hijo no es una obligación, es un regalo.

Quizás unos años antes, cuando Alice se alejó y se llevó a Nicolle con ella sin que él supiese de su existencia, Jasper no entendiese esas últimas palabras. Para él un niño era una consecuencia del sexo, algo que ocurría si no tenías cuidado y eras imprudente, pero en ese momento de su vida esas palabras fueron directamente a su corazón y se quedaron allí, los hijos son un regalo, no una obligación. Debes disfrutar de ellos, no soportarlos. Debes protegerlos, no solo cuidarlos... Seth le había enseñado eso día a día, con sus muestras de cariño y sus sonrisas, con los abrazos de buenas noches y cuando lo llamó "papá" por primera vez entre sueños...

— Me lo he perdido todo... —suspiró sin fuerzas y golpeando la puerta con su cabeza— yo no estaba allí para ella, soy un completo desconocido... solo soy "ese señor de ahí" —la amargura de las últimas palabras era palpable sin siquiera mirarlo, pero todavía le dolía que su hermana le nombrase señor frente a Nicolle... frente a su hija.

— Lo siento... —Alice volvió a cerrar los ojos y otra lágrima descendió por su mejilla—. Sé que he sido egoísta por alejarla de ti, pero creí que era lo mejor, nos protegí a ambas...

Lo siento... Alice se lo había dicho varias veces y cada una que lo escuchaba le dolía, no porque no se lo creyese, si no porque sentía que no merecía sus disculpas... él era el primero en reconocer sus errores en el pasado y con Alice había cometido tantos...

— Intento odiarte en este momento, te lo prometo, pero no puedo... —su voz reflejaba tanta frustración como sentía en ese momento—. No puedo odiarte porque me lo merezco... entonces no hubiese sido capaz de apreciar lo que me dabas, no sabría aceptarlo...

Alice le miró con incredulidad... ¿dónde estaba el Jasper que recordaba? No solo había un cambio físico en él, Jasper en el pasado nunca hubiese reaccionado con esa tranquilidad, ocultarle algo hubiese sido algo catastrófico, una bomba atómica en mitad de una gran ciudad. Pero en cambio en ese momento estaba sentado a su lado, encontrándole sentido a sus palabras e intentando ponerse en su lugar, entender su situación.

— ¿Qué ha cambiado ahora? —le preguntó con un hilo de voz.

Él le dedicó una mirada tierna, el recuerdo de Seth acudió su mente y sus labios se estiraron.

— Muchas cosas, muchas... nos debemos una muy larga conversación —Alice no pudo evitar corresponder a esa sonrisa—. Háblame de ella —pidió en un susurro—, no sé nada de ella...

Alice volvió a sonreír y se tragó la sorpresa que le provocaba ver esa actitud en Jasper, no era como le recordaba cuando se fue, se parecía más al Jasper que conoció y que consiguió enamorarla. Apoyó mejor su espalda en la puerta y cruzó sus piernas sentándose sobre ellas.

— Nació el 23 de septiembre —comenzó a hablar—, y ya tenía una buena mata de cabello, pero era mucho más oscuro que ahora, se ha aclarado un poco con el tiempo. Apenas pesaba tres kilos y era muy pequeñita, toda la ropita que le habíamos comprado le quedaba enorme y le tapaba las manos —sonrió con melancolía y continuó hablando con adoración—. Desde muy pequeña siente una predilección especial por Bella, en cuanto entra en su campo de visión capta toda su atención y dice que de grande quiere ser como ella, además es a la única persona que le permite que la llame Nick, para los demás es Nicolle... Edward es el único al que hace caso, cuando yo la regaño o la castigo me ignora, pero cuando lo hace Edward obedece al instante —Jasper soltó una risa y ella lo imitó—. A mí también me costó creer que Edward tuviese mano para los niños, pero tienes que ver como es con ella... simplemente se adoran.

— Eso tengo que verlo —dijo él con diversión.

— Cuando comenzó a caminar —continuó Alice—, tuvo un pequeño accidente y le pusieron tres puntos en la barbilla, ahora tiene una pequeña cicatriz. Le tiene alergia a los frutos secos y a los cuatro años tuvo la varicela porque su amiga Anne se la pegó. Dice que Alec, un compañero de su colegio, es su novio y cuando sean grandes se casarán e irán de viaje a la Luna —rio y negó con la cabeza—. Es cariñosa y dulce, siempre va detrás de la gente diciéndoles que les quiere, hace unas semanas que me suplica que le compre un perrito y siempre le digo que no... entonces se enfurruña y me dice que cuando vaya a la luna no me traerá un marciano de recuerdo.

Ambos estallaron en carcajadas que se fueron apagando poco a poco hasta acabar en un profundo silencio.

— ¿Le has hablado de mí? —preguntó Jasper con cautela.

Alice sonrió y lo miró directamente.

— Cuando tenía tres años una de las profesoras de la guardería me dijo que cuando son más receptivos los niños es a la hora de dormir —explicó sin alejar su mirada de él—, cualquier cosa que les cuentes la recordarán con mayor facilidad si lo haces en ese justo momento. Desde entonces antes de que se duerma le hablo de ti... sabe que tiene un papá y que algún día podrá conocerlo, pero le he dicho que ahora está lejos trabajando mucho... ella sueña con verte, me lo dice muchas veces y aunque no me lo ha confesado sé que siente envidia porque sus amigos tienen un padre y ella no. Está Edward, siempre ha sido como un padre para ella, pero no es lo mismo... algún día tendrá sus propios hijos y las cosas cambiarán entre ellos.

— Le has hablado de mí... —aseguró con una sonrisa— gracias.

Ella negó con la cabeza y sonrió correspondiendo su gesto.

— Es lo menos que podía hacer, tú me has dado la posibilidad de tenerla... sin ti no sería posible.

Otro largo silencio se interpuso entre ellos, pero en esta ocasión fue necesario, Jasper necesitaba absorber toda esa información, necesitaba relajarse y dejar de pensar para que los sentimientos fluyesen, cerró los ojos y dejó que la dicha de saber de la existencia de Nicolle lo empapase. No quiso pensar en los años que perdió ni en el motivo de eso, se centró al cien por cien en pensar en todo lo que podría ganar a partir de ese momento. Sintió que después de todo no quería dejarla atrás, no quería volver a Chicago y olvidar lo que había ganado con ese viaje. Tenía una hija, una hermana para Seth...

— Tengo un hijo... —dijo sin abrir los ojos, pero podía suponer que el rostro de Alice estaba tan sorprendido como el de Bella cuando le dijo lo mismo—. Se llama Seth y tiene tres años... es un niño increíble —abrió los ojos por fin y la miró, Alice estaba boquiabierta y lo observaba con incredulidad—. Hace solo un mes que lo he adoptado legalmente, pero hace casi un año que lo tengo en acogida...

— ¿Has... has adoptado un niño?

— Sí... —Jasper sonrió ampliamente— lo adorarás en cuanto le conozcas, es tan especial... y muy inteligente, siendo tan pequeño a veces me sorprende todo lo que sabe.

— Tienes un hijo... —balbuceó aturdida— adoptado... ¿dónde están sus padres?

Jasper endureció el gesto al recordar la historia de Seth, pero se recompuso enseguida porque eso formaba parte del pasado, su hijo ahora era feliz y estaba seguro.

— Su madre falleció y su padre... —tragó en seco y desvió la mirada— su padre está en la cárcel.

— Pero...

— Es una larga historia... —la interrumpió.

Alice asintió, entendiendo que no era el momento, pero no podía quitar de su mente sus últimas palabras. Él tenía un hijo, no era de sangre pero eso la hacía sentirse un poco celosa, egoístamente creía ser la única que tenía esa exclusividad, ella tenía a la única hija de Jasper. Pero ahora estaba ese niño, Seth, llegaba su vida y se estaba llevando todo el cariño que era para Nicolle.

— Muchas gracias... —la voz de Jasper la sacó de sus pensamientos y lo miró confundida—, gracias por aquellos documentos, no sé... no sé que habría sido de mí sin ellos.

Ella sonrió recordando que le había pedido a Edward que le diese a Carlisle la llave de aquella caja fuerte del banco, donde había guardado unos cuantos documentos falsificados que le vendrían muy bien a Jasper si decidía separarse de María. Le miró de reojo y negó con la cabeza.

— No tienes nada que agradecer, me debían un favor y simplemente me lo cobré con esos papeles —explicó y se encogió de hombros.

— Tenías que haber visto la cara de María —comenzó a reírse él—, cuando presenté esos documentos ante el juez y vio que no le correspondía absolutamente nada de mis bienes, se puso hecha una furia.

— Habría pagado por ver eso —rio Alice también.

— Ojalá lo tuviese grabado en vídeo... ¿Cómo...? ¿Cómo los conseguiste? Eran falsos pero... no lo parecían —preguntó él removiéndose un poco incómodo.

Alice suspiró y sonrió avergonzada.

— El tiempo que estuve trabajando con James aprendí a hacer negocios turbios —comenzó a explicar—, Jenks es un notario que trabajaba para ellos y era capaz de falsificar fechas sin que nadie lo notase. Solo redacté un nuevo contrato prenupcial y le pedí que lo hiciese efectivo anulando el que habíais firmado antes... fue fácil.

— Me salvaste el culo... —admitió con una risita— y le diste una buena paliza a su orgullo, pensaba quedarse con la mansión Hale y la mitad de mi herencia... al final solo se llevó un pequeño pellizco y una desilusión.

— Solo con saber eso me siento satisfecha —Alice se puso en pie y pasó una mano por la parte trasera de su pantalón para limpiarlo, Jasper sonrió al ver que su amor por la ropa no había disminuido—. Nicolle tiene que almorzar, tengo que ir a... —su voz se apagó y se dio la vuelta dispuesta a irse, pero Jasper se puso en pie y la sujetó del brazo para impedirlo.

La miró fijamente unos segundos, estaba mucho más cerca que antes, tan cerca que incluso podía ver las pecas de su nariz que el maquillaje no ocultaba del todo... un estremecimiento recorrió su espalda por los recuerdos de aquella noche y cerró los ojos con fuerza para alejarlos.

— Alice... yo... —comenzó a balbucear y dio un paso atrás— sé que no tengo derecho pero... ¿podría ir con vosotras? Necesito que...

— Está bien —susurró ella cortando sus balbuceos—, puedes venir pero... debemos ir con cuidado, no podemos decirle nada todavía no... no quiero asustarla.

— Entiendo... —Jasper se alejó un poco más y metió las manos en los bolsillos de su pantalón con nerviosismo— poco a poco.

— Vamos... estará hambrienta —rio ella.

— ¿Podemos ir primero a mi hotel? —la interrumpió él atropellándose con las palabras—. Quiero que conozcas a Seth... y también quiero que Nicolle conozca a Seth.

— ¿Lo has traído a la ciudad contigo? —preguntó sorprendida.

— Sí... está con Sue en el hotel, seguro que volviéndola loca con sus travesuras.

Alice sonrió ampliamente y Jasper casi pudo imaginarla como años atrás, emocionada y mostrando su entusiasmo sin vergüenza ante cualquiera.

— He echado mucho de menos a Sue —admitió reprimiendo un saltito—, tengo ganas de verla... ¿querrá comer con nosotros?

Jasper también sonrió y asintió.

— Estoy seguro de que le encantará.

— ¡Genial! —exclamó abriendo la puerta y saliendo mientras gritaba el nombre de Nicolle.

Él salió tras ella, sonriendo y negando con la cabeza divertido... esa era la Alice que recordaba y le alegraba que no hubiese cambiado con el paso del tiempo.

Segundos después Alice y Nicolle cruzaron una puerta tomadas de la mano, hasta ese momento no se había fijado en la pequeña más que en su rostro. En ese momento vestía un vestido azul muy ligero para soportar el calor y unas sandalias blancas, ya no tenía la tirita que Bella había puesto en su rodilla y ahora podía verse una pequeña línea roja de piel irritada. La miró detenidamente, sus ojos, su sonrisa... sin haberse acercado, sin escuchar su voz y sin tocarla ya la sentía tan suya... su corazón se expandió abarcando todo su pecho y un calorcito suave y agradable lo obligó a sonreír.

Miró a Alice agradeciéndole con la mirada, ella le estaba dando una oportunidad, después de todo lo que había pasado y de haber perdido sus derechos al tratarla de ese modo, ella no se oponía a que conociese a su hija... la hija de ambos.

— Seth estará eufórico —dijo con una sonrisa—, no sé como lo hace pero es una bola de energía y cuando conoce a alguien siempre parece más inquieto de lo habitual. Se parece mucho a ti cuando salías de compras o bromeabas con Emmett.

— Muy gracioso —masculló Alice los ojos entrecerrados.

— No te enfades, enana... sabes que es broma.

— Ohh... ¿cómo me has llamado? Dime que no lo has hecho —la voz de Alice se escuchó ronca y amenazante, seguida de una risita por parte de Nicolle que llamó toda la atención de Jasper.

Se inclinó un poco para quedar a su altura y extendió su mano hacia ella.

— Que hermosa señorita —la elogió con voz seria—, es un gusto conocerla, soy Jasper Swan.

La niña extendió su mano con decisión y tomó la suya, pero su ceño estaba ligeramente fruncido.

— Yo también me llamo Swan —su voz infantil estaba confundida pero sonaba clara y decidida—. Soy Nicolle Swan.

Él pardeó sorprendido y una sonrisa se extendió por sus labios, miró a Alice y parecía que ella estaba conteniendo el aliento.

— Gracias... —gesticuló con sus labios sintiéndose agradecido por primera de ser un verdadero Swan.