Disclamier : Losnpersonajes son de S. M, yo solo hago hostorias para salir de la vida cotidiana.

L@s invito a mi grupo de Facebook : Las Historias De May Jhonson, donde estatr subiendo fotos y las actualizaciones.

Al principio, sus labios son gentiles; incluso el beso se siente casi inseguro. Cierro los ojos con fuerza y, sin pensar, me dejo llevar. El contacto es cálido, y siento cómo mi corazón empieza a latir cada vez más rápido a medida que el beso se intensifica.

Dejo de pensar, y todo a mi alrededor comienza a desvanecerse; por ahora, solo estamos él y yo.

La habitación está en completo silencio, excepto por el sonido de nuestras respiraciones y mi corazón retumbando en mis propios oídos.

Edward rompe el beso por un breve instante y me observa detenidamente a los ojos. Me quedo inmóvil mientras también lo miro. Sus ojos verdes se oscurecen, reflejando un deseo que me acelera el pulso aún más.

Con una lentitud casi intencional, Edward acerca una de sus manos hasta mi rostro y la desliza, trazando una línea desde mi mejilla hasta el cuello. Involuntariamente, cierro los ojos de nuevo e inclino un poco la cabeza hacia un lado para darle más acceso. Me dejo llevar por la calidez de su toque.

Sus labios vuelven a encontrarse con los míos. La cercanía entre nosotros aumenta, y cada roce de nuestras bocas envía una oleada de calor que parece envolvernos .

Gimo sobre su boca cuando una de sus manos aprieta mi cadera con suavidad. Ese toque es como un detonante de lujuria, y después de eso, todo se vuelve más rápido y salvaje.

Su boca me consume con avidez, como si el tiempo y el espacio hubieran desaparecido. No sé quién empuja a quién, pero de pronto me doy cuenta de que estoy apoyada en una pequeña mesa de metal que sostiene algunas macetas.

Edward me sostiene y me levanta lo suficiente para que quede medio sentada.

Intento jalarlo de su remera; una mano lo consigue, pero la otra se cuela debajo y toca la parte baja de su abdomen. Puedo sentir la dureza de sus músculos bajo mis dedos.

¡Por Dios!

Mi mano va un poco más abajo, hacia la cinturilla de sus pantalones.

¡Mierda! Estoy a punto de cruzar la línea.

Edward murmura contra mi boca.

—Ahora no —susurra cerca de mi oído.

Su voz es tan ronca y sensual que me hace estremecer. Entonces, recuerdo lo que pasó en su habitación: cuando me besó, cuando tocó mi piel, cuando estuvo a punto de... Ahora sí no puedo contener el estremecimiento.

Es claro que no estoy pensando con claridad, y, en este momento, tampoco me importa demasiado. Llevo una de sus manos hasta mi pecho, y él lo aprieta; no puedo contener un gemido que escapa sin control.

—Más —susurro, abriendo las piernas para que él se acomode entre ellas.

Él vuelve a hacerlo, y vuelvo a gemir. Esta vez, Edward se separa lo suficiente para mirarme a la cara.

¡Demonios!

Está despeinado, sus ojos irradian deseo, y su boca está un poco hinchada por lo que estamos haciendo.

—¿Estás segura de esto? —me pregunta, y ahora la mano que tiene libre está en el elástico de mis pantalones cortos.

¡Benditos pantalones cortos con resorte!

Asiento solo una vez, abriendo un poco más las piernas y acercándome al borde de la mesa para darle un mejor acceso. Por suerte, entiende rápido y su mano se cuela dentro de mis pantalones.

Estoy completamente excitada, así que mis fluidos ayudan a que Edward introduzca un dedo dentro de mí con facilidad. Lo jalo hacia mí, y nuestras bocas vuelven a encontrarse.

Mientras tanto, Edward comienza un vaivén lento que va aumentando de a poco. Hacer esto con ropa no es lo ideal, pero no me estoy quejando en absoluto porque realmente lo estoy disfrutando. Cuando agrega otro dedo, no puedo contener el pequeño grito que surge desde lo más profundo de mi garganta.

Me estremezco de placer, y mis caderas reaccionan por sí solas, pidiendo más.

Mi cuerpo comienza a sentir ese cosquilleo que empieza en la punta de los dedos de los pies y sube hasta llegar al centro de todo. Y de pronto, estoy en el punto más alto, convulsionando de placer. Es verdaderamente intenso.

Algún tiempo después, me doy cuenta de que mi frente está apoyada en su hombro. Él está quieto, y sus manos ya no están tocándome.

¿Qué he hecho?

La culpa comienza a carcomerme. Necesto salir de aquí.

—Yo… —comienzo a decir, cuando noto el gran bulto en sus pantalones.

—Será mejor que te vayas —dice él, con la respiración un poco agitada.

Ni siquiera me muevo de donde estoy.

—Yo no… —vuelvo a intentarlo, pero las palabras siguen atoradas en mi garganta.

—Vete. Ahora —gruñe.

Lo empujo lo suficiente, bajo y acomodo mis pantalones cortos. Luego, sin decir nada más, salgo de la habitación y me dirijo hacia la puerta.

Camino lo más rápido que puedo hasta llegar a mi cuarto.

Por la noche, pensé que dormir iba a ser un problema, sin embargo no lo fue. El sueño vino rápidamente y dormí sin siquiera tener sueños.

Al día siguiente, me desperté muy temprano. Me preparé tranquilamente y bajé media hora antes de las nueve.

—¿Vas a desayunar?

—Sí, por favor.

La mujer sirve un par de panqueques, un vaso de leche y uno de jugo.

Cinco minutos antes de las nueve, Seth aparece en la entrada de la casa.

—Buen día, señorita Isabella.

—Buen día, Seth —saludo animadamente.

—¿Estás lista? —pregunta.

Le sonrío.

—Claro.

Seth me acompaña a la camioneta y abre la puerta trasera para mí.

—Gracias.

Subo, y al poco rato estamos en marcha.

Al acercarnos al hotel, comienzo a ponerme nerviosa.

¿Qué voy a hacer cuando lo vea? ¡Oh, Dios! Ni siquiera lo había pensado desde anoche.

Después de pensarlo por algunos minutos, me digo a mí misma que no debo preocuparme, que seguramente él no estará ahí.

—Hemos llegado, señorita Isabella.

Asiento un par de veces con la cabeza.

—Entonces, supongo que te veré más tarde.

Al salir de la camioneta, noto que hay un grupo de personas dispersas. En cuanto me ven, se agrupan y comienzan a dirigirse hacia mí.

¡Mierda!

No sé bien qué hacer.

—¡Oye, Isabella! ¿Todavía Edward Cullen y tú están saliendo? —pregunta una mujer.

—¿Es cierto que estás embarazada? —pregunta un hombre.

La gente no me deja avanzar. Intento caminar, pero nadie se mueve; todos me rodean.

—No tengo nada que decir —digo lo suficientemente alto como para que quede claro y se aparten de mi camino.

—¿Estás segura de que no tienes nada que decirnos, Isabella? ¿Qué pasó con Tanya? ¿Es cierto que le quitaste el novio?

Trato de mirar por encima de ellos para ver si alguien puede ayudarme, pero ellos siguen haciendo preguntas desagradables.

¡Mierda! Se supone que todo iba a estar aclarado y que iban a dejarme en paz.

No tengo alternativa. Tendré que salir de aquí por mis propios medios. Así que comienzo a avanzar con pasos pequeños. Al principio es difícil, pero poco a poco van cediendo.

Sin embargo, la pregunta que colma mi paciencia es la de una chica rubia que no conozco.

—¿Cómo está tu hermana?

Aquella pregunta me paraliza.

¿Cómo es que saben de ella? De pronto me siento furiosa. Aprieto las manos en puños y estoy a punto de decirle que puede irse a la mierda. No es lo más recomendable, pero estoy muy enojada.

—Tú...— comienzo a decir con los dientes apretados. Pero alguien toma mi mano. Me sorprendo. Al sentir su toque, sé perfectamente de quién se trata.


~~~~~~~

Paparazzi

Hola de nuevo, vengo con un nuevo capítulo. Espero que les guste. ¿Me cuentan que lesnpareció?

Gracias a todas las personas que me dejan un comentario. De verdad que me animan mucho para seguir con esto.

Nos vemos para el miércoles, porque mañana subo el último capítulo de vampiresa.