INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA ASÍ
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ADORABLE CONFUSIÓN
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CAPITULO 5
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DEDICADO A BENANI0125
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― ¿Cómo es que va a trabajar en exclusiva en una casa de ricos en Tribeca? ―las manos de Koga temblaron al preguntar aquello mientras cortaba unas zanahorias y fingía desinterés.
Y el único que podía responderle era su colega en el trabajo que también era su superior inmediato, Jakotsu el jefe de cocina de Minglan.
―Para tenerle manía a Kagome, realmente tienes curiosidad ―rió Jakotsu mientras freía un arroz en la sartén.
― ¿Quién le tiene manía a quién? ―una voz femenina irrumpió.
Era Janice buscando unos pedidos de la mesada.
―Mesa 55 y 78 listos ―anunció Jakotsu, quien al ver que Koga cortaba irregularmente las zanahorias, le dio un coscorrón en la cabeza―. Presta atención si no quieres ser degradado a lavaplatos.
Janice los miró con sospecha, pero no tuvo más opción que recoger las bandejas y marcharse. El restaurante estaba a tope y la cocina trabajaba a toda máquina.
Koga se recompuso y trató de volver a concentrarse en los vegetales. Le había tomado muchos años ascender a ayudante de cocina y no podía perderlo. Pero no podía evitar tener estos episodios de desconcentración desde que Kagome fuera despedida del restaurante.
Se sentía estúpido, pero no podía evitar sentir curiosidad.
Inclusive estuvo espiándola en su nuevo trabajo, en las oficinas de Services and Clean. Nunca la vio llegar a pesar de esperarla por una hora hasta que, al pasar frente a la oficina de esa empresa, oyó un extraño chismorreo entre dos empleadas que hablaban del llamativo contrato que acababan de hacerle a una empleada reciente para cumplir funciones de mucama a tiempo completo y de forma exclusiva en un lujoso triplex de la zona de Tribeca.
Koga era conocedor de su gran atractivo físico para las mujeres, por su porte y sus enormes ojos celestes que siempre llamaban la atención y no dudó en utilizar dichos encantos para sonsacarles información a las mujeres que fumaban fuera de la oficina.
El nombre de aquella contratada era Kagome Davis y no hubo forma de que otra de las empleadas fuera opción para el contrato, porque el empleador pidió exclusivamente por ella.
―Las madres solteras son las peores, vino a vender lastima aquí y caza a un millonetas a la primera oportunidad ―fue otro comentario de aquella chismosa.
―Y en especial ella ―fue el último y lapidario de Koga antes de marcharse a cumplir su turno en el restaurante.
Siguió cortando las verduras que le ordenó Jakotsu, con cierto descuido, que cuando el chef vino detrás a ver su trabajo, un dudó en volver a sermonearle.
―Koga, sólo tengo una pregunta ¿tú eres así o sólo te dan apagones cerebrales? ¿Cuantas veces te he dicho que cortes esto con el cuchillo de ensalada? ¡Despierta tonto!
Estúpida Kagome, siempre que se trataba de ella, perdía el control de hasta su trabajo.
―Y deja de pensar en Kagome, que ahí perdiste la oportunidad por pelmazo ―fue el último comentario de Jakotsu
―No estoy pensando en ella ni mucho menos, sólo me parecía extraño que alguien que acaba de ser despedida, pudo conseguir que la contraten tan bien. Su trabajo no vale tanto ―Koga mintió un poco en su respuesta para que Jakotsu no volviera a sospechar que sus preguntas tenían un trasfondo.
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Kagome miró la preciosa casa de tres plantas y verificó que el numero fuera el que tenía escrito en el celular.
Recordaba haberla visto alguna vez, de pasada y lo admiró por su preciosa fachada. Sin duda perteneciente a algún millonario de la ciudad que nunca se encontraba. Siempre le dio curiosidad saber cómo podría ser por dentro una casa de estas e imaginaba que necesitaba un pelotón de sirvientes para limpiarla y mantenerla.
Coincidentemente se encontraba en el barrio de Tribeca y en otra casualidad, su antiguo trabajo, el restaurante Minglan sólo se encontraba a dos calles al norte.
Se acercó a la puerta y notó que la cerradura era electrónica, de esas que se ingresa con algún código y un sistema de portero eléctrico de los más sofisticados.
Creyó haber visto alguno parecido en una de las novelas coreanas más recientes que solía ver Jakotsu mientras comía un ramen y lloraba por el galán de la misma.
Kagome no había tenido más opción que aceptar y cumplir el contrato.
La señora Park fue enfática en decirle que, si ella no aceptaba, no podría tenerla en su plantilla.
El contratante le ofrecía beneficios sociales adicionales y un salario interesante, muy por encima de la media.
―El cliente aduce que le gustó tu desempeño en la fiesta del otro día y que deseaba una mucama igual de confiable para su casa. Necesita discreción y mucha reserva. Ya sabes cómo son estas personas de clase alta.
Al principio Kagome se asustó.
¿Podría ser algún depravado?
Pero la señora Park le dijo que no, que los contratantes son de una respetable familia de banqueros británicos.
Pero Kagome, además del salario, había aceptado fundamentalmente por otro motivo: la señora Park le dijo que, si ella no era capaz de proveerle el pedido a ese cliente, podría ser motivo de perdida de otros contratos.
―Ya sabes cómo es esto, las voces corren muy rápido en este mundillo. No te obligaré, pero no podré mantenerte en mi nomina si lo rechazas. Lo siento, Kagome, no es personal. Son sólo negocios.
Kagome prometió responder al día siguiente.
Esa noche le pidió consejos a Jakotsu, quien fiel a su carácter libre, fue bastante tajante.
―Con ese dinero, podrás alquilar un piso tú sola y ahorrar ―Jakotsu señaló a Alec que dormía en un improvisado moisés―. Te quiero, Kagome, pero ese niño no podrá vivir en pisos compartidos toda la vida y peor aún, sé que no querrás que termine como ninguno de nosotros, sin estudios ni buenos trabajos.
Toda la noche lo pensó.
Era una madre soltera y no podía esperar indefinidamente la ayuda de sus amigos por siempre.
Si ella no lo logró, al menos soñaba que Alec pudiera demostrarle a su abuela Naomi que él si podía lograr algo con su vida.
―No seré como mi madre…―pensó la mujer. Fue ahí que decidió que aceptaría el trabajo.
Ella era perfectamente capaz de limpiar, hacer la colada y atender una casa. Y estaba acostumbrada al trabajo duro.
Apretó su pequeño bolso bajo el brazo y tocó el timbre. Al cabo de unos segundos, la puerta hizo un sonido y se abrió sola.
Kagome ingresó y se topó con un luminoso lobby.
Típico recibidor lujoso este tipo de casas. No imaginaba como sería el resto de la planta, sin contar que aún le faltaban dos.
No se atrevió a ir más allá del pasillo, pero le llamó la atención que sobre el recibidor hubiera un IPad de último modelo incorporado. No imaginaba que función podría tener.
En eso, un hombre joven de impecable traje cruzó el pasillo.
―Señorita Davis, si no estoy equivocado ―la saludó con un acento británico llamativo.
Kagome se apresuró en pasarle su identificación y la nota que le diera la señora Midoriko. El joven apenas la miró.
―Soy Hiten, el asistente de los dueños de casa y voy a darle una pequeña guía de sus tareas ―le informó ―. Sígame.
El hombre tenía pasos largos y Kagome tuvo que hacer un esfuerzo para seguirle.
―Sepa que el señor Spencer es un hombre muy exigente y gusta que la casa esté impecable en todo momento ―le señaló el IPAD―. En él va a encontrar toda la lista de tareas del día y que deben cumplirse sin posibilidad de retraso, ya que al señor no le gustan las demoras y las cosas medio hechas. En la planta baja se encuentran los recibidores y salas sociales, un piso más arriba se encuentran un par de habitaciones y el gimnasio, pero la última planta es la importante porque es el ala privada de los dueños de casa.
Kagome iba tragando saliva a medida que caminaban por la casa y el hombre le iba explicando.
―La zona de servicio se encuentra en planta baja ―le iba diciendo el asistente subiendo las escaleras―. Los servicios contemplados en su contrato hablan de cocina básica, porque los señores nunca están en casa, pero sepa que la preferencia radica en comida mediterránea y detestan los procesados americanos. También le daré una clave de acceso diario porque las cerraduras son electrónicas ―le siguió explicando Hiten.
Kagome intentaba tomar nota de todo.
Ya tenía claro que los dueños eran ingleses y parecían tener cierto desprecio por la gastronomía local y ciertas costumbres.
Y que todas sus funciones del día se le enviarían al IPad, que sería lo primero que debía revisar al llegar.
―Una cosa más, señorita Davis ―echándole una ojeada indiscreta
― ¿Señor?
―Necesitará un uniforme y no se le ocurra iniciar las labores sin tener eso puesto. Es una regla básica en esta casa.
―No tengo uniforme…
―Claro que no, le facilitaremos uno ―quitó un papel con un código QR de su carpeta―. Irá a retirar uno de esta tienda a cuatro calles de aquí.
― ¿Ahora?
―Ha sido un error que le dejaré pasar, pero usted hará lo posible para repararlo yéndolo a buscar en este instante. También debe saber que sus horarios de entrada y salida se controlaran por el marcador de la cerradura.
Kagome pensó que se trataba de una broma, pero no. Debía ir corriendo a buscar el uniforme porque el cronometro ya estaba en marcha.
―Iré de inmediato ―anunció ella antes de salir rápidamente a buscar el dichoso uniforme.
Al cruzar el recibidor, no pudo evitar cruzar su mirada con una bandera pequeña colgada al costado. Una bandera británica.
Su memoria traicionera hizo de las suyas al verla.
Malditas banderas que traían recuerdos tan inapropiados.
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DIECIOCHO MESES ANTES.
Kagome lo conoció por error hacía un par de semanas cuando lo confundió con un conductor de Uber. Al día siguiente vino a cobrarle el viaje y una cosa llevó a la otra.
Ya llevaban saliendo cuatro veces.
Se llamaba Bankotsu y en efecto era un conductor británico de coches de lujo que le dijo que trabajaba para unos inversionistas ingleses.
Lo que inició como un cruce de voluntades, terminó en un divertido intercambio.
Ese hombre la hacía reír con ese humor inglés, que sólo veía en series europeas y que jamás pensó que aplicaría en su vida.
La llevó al cine, a comer al barrio irlandés y hasta de paseo por el Central Park.
―Este sitio es bonito hasta que ves el Hyde Park ―le dijo él.
― ¿Qué es eso?
―Perdono tu ignorancia por tus raíces americanas…sólo por esta vez. Es un fantástico parque público en Londres que no huele a caballo o a restos de comida rápida ―decía él entre risas.
Él venía a buscarla apenas acababa su turno diciéndole que había robado el coche de su jefe para dar largos paseos por la ciudad.
Conocer a ese hombre fue como un bálsamo que se apoderó de Kagome, aun sensible por su ruptura con Koga. Pero lo que tenía con Bankotsu no se comparaba ni remotamente con la relación de años que tuvo con Koga.
No era de extrañar que cada vez que Bankotsu venía a buscarla al acabar el turno, Koga no desaprovechara para lanzar sus indirectas y Janice, feliz de colaborar con él.
Pero nada de eso empañó la novel sensación que nacía en Kagome.
Hasta su madre le dijo en una ocasión que se veía diferente, con un brillo extraño.
Eso fue justamente luego de que Bankotsu la haya besado luego de una función en el cine. Comenzó con un roce de manos y terminó en un tierno juego con los labios.
Kagome se había quedado algo atontada luego de aquello, como si fuera una adolescente indecisa ante su primer amor. Los que más la apoyaron en esto fueron Jakotsu y Sango, quienes parecían felices de que al fin su amiga pudiera liberarse del yugo de Koga y la horrible espiral de su toxicidad.
Es como si el príncipe azul europeo de los cuentos hubiera irrumpido en su vida de modo fortuito cuando más lo necesitaba.
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ACTUALIDAD
Kagome se limpió la lagrima traicionera y abrió la puerta para ir a buscar el bendito uniforme y debía apresurarse si quería comenzar su día.
Todavía debía leer las instrucciones del IPad y esperaba poder ejecutarlas al gusto de los dueños de casa.
Alec se merecía el sacrificio que se estaba imponiendo.
―Mamá va a esforzarse para que tengas todo lo que yo no pude…―pensaba mientras corría.
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Dejó de ver la pantalla cuando ella desapareció de escena. La vio correr para buscar un uniforme que él mismo ordenó lo dejaran en una tienda, cuando siempre los dependientes solían dejarlas en la casa.
Quería que la pasara mal en aquella corrida apresurada.
Las tres plantas de la casa siempre tuvieron cámaras de seguridad, pero desde que decidió que ella debía trabajar para él, ordenó a Hiten que se colocaran más.
Quería observarla y vigilarla atentamente.
Bankotsu apretaba sus puños con rabia.
Nunca creyó que volvería a encontrarla arrastrándose como siempre. Con sus habilidades, mismas que usó para engañarlo podría haber engatusado a otro tonto.
Ahora la tenía en sus manos, gracias a la estratagema que utilizó para prácticamente obligarla a trabajar en su casa.
Era su oportunidad de vengarse y darle una lección a esa mentirosa y estafadora.
CONTINUARÁ
Hermanitas ¿Cómo están?
Se viene una maratón porque estuve un poco mal por un cochino resfrió, así que el capítulo 6 lo tendrán enseguida.
Por supuesto seguiremos viendo parte del pasado de ellos y porque no tienen buenos recuerdos uno del otro.
Gracias hermanitas PAULITA, LUCYP0411, BENANI0125, VALENTINE HIGURASHI, TERECHAN 19, CONEJA, NEFFER por sus preciosos comentarios. La quiero montón.
PAOLA.
